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La maldición del silencio

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Sinopsis

En un pueblo inexistente para mapas y satélites, dos niños han despertado una criatura de otra dimensión. Con cada momento, la entidad se vuelve más fuerte. Nuestra protagonista se interpone en su camino, pero quizás, para derrotarla, deba recurrir a fuerzas que no pertenecen a este mundo.

Genero:
Mystery
Autor/a:
Leonardo
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Ecos en la neblina

En el pueblo de Ciénaga Negra, la vida transcurría sin mucho alboroto. Este pequeño asentamiento, apenas habitado por unas 600 personas, estaba perdido en los mapas de la ciudad de Perote, ubicado entre la antigua normal de Perote y la hacienda de Ximonco. Elena, una niña de 14 años, era reservada y no solía socializar mucho con las niñas de su edad. Prefería pasar el tiempo con Lucas, el hijo de su vecino. Ambos se consideraban hermanos, inseparables desde siempre. Aunque sus padres no se llevaban muy bien debido a sus diferencias religiosas, hacían lo posible por mantener la paz por el bien de sus hijos.Una tarde, cuando el clima no podía decidir entre lluvia o sol, Lucas salió de una tienda de abarrotes con un paquete de galletas Oreo en la mano. Al pasar cerca de la casa del viejo Manuel, conocido en el pueblo por su avanzada edad y su fama de loco, decidió saludarlo.—B-b-buenas tardes, señor Manuel —tartamudeó Lucas.—¿Qué tal, Lucas? —respondió el viejo.—B-bien...—No me tengas miedo, Lucas. No te voy a hacer nada.—S-sí —contestó Lucas, asintiendo con la cabeza.—Acércate, Lucas. Te voy a contar una historia —dijo Manuel, haciéndole señas con los dedos para que se acercara.A pesar del miedo que sentía, Lucas se acercó. Se sentó en el suelo, sosteniendo una pequeña piedra en su mano izquierda, por si el viejo intentaba algo.—Lucas... —dijo Manuel en voz baja.—D-dígame, señor Manuel.—¿Ves aquel edificio grande?—S-sí, lo veo. Es la mansión Ashcroft...Antes de que pudiera terminar, Manuel le tapó la boca con la mano.—Jamás digas ese nombre en voz alta, Lucas —advirtió Manuel, negando con la cabeza.—¿P-p-por qué?—Esa mansión tiene algo... no sé qué es, pero definitivamente tiene algo.—¿U-u-usted cree en eso?—Sí, mi padre me contó la historia... más o menos.—¿Y cuál es?—Verás, me contó que en la época de la colonización, cuando los españoles llegaron aquí, mandaron construir una gran mansión para que ellos descansaran, junto con algunos esclavos. Trabajaron día y noche, pero la mansión siempre se derrumbaba por los fuertes vientos. Entonces, llamaron a un chamán para que calmara los vientos. Después de que lo hizo, pudieron terminar la construcción. Con el tiempo, varias personas, incluidos monjes cristianos, comenzaron a alojarse allí. Meses después, el chamán regresó para reclamar su pago. Los principales rostros del lugar se presentaron ante él, pero se burlaron en su cara. No le gustó nada lo que hicieron. Le prometieron dinero y mujeres, pero recibió un portazo en la cara. Él, en sus propias palabras, maldijo la mansión diciendo que nadie viviría allí por no haberle pagado. Días después, más de la mitad de los que vivían allí desaparecieron: esclavos, españoles y, sobre todo, monjes. Estos últimos rezaban para que el mal desapareciera, pero fue en vano. Cuanto más ruido hacían, más muertes y desapariciones ocurrían. El último sobreviviente fue un monje, malherido y aterrorizado.Los lugareños dicen que tenía una expresión traumatizada y unos ojos llenos de miedo. Su rostro estaba cubierto de sangre carmesí. Se arrastraba con una pierna amputada, dejando un rastro de sangre en el pasillo. Cuando alguien intentó ayudarlo, el monje lo detuvo. Con su último aliento, pronunció una palabra: "Ashcroft".Lucas no pudo hablar durante cinco minutos. Con una expresión de horror, salió corriendo de allí. Manuel solo pudo observar cómo se alejaba.Al llegar a casa, Lucas ignoró el saludo de Elena, dejó las galletas sobre la mesa y subió a su cuarto. Pasó varias horas procesando la historia del viejo. Eran las 16:30 cuando finalmente salió de su cuarto. Comió en silencio un caldo de verduras, sin apartar la vista de la nada.Más tarde, Lucas salió a la calle y vio a Elena jugando. Se acercó a ella con una expresión seria.—Elena, tenemos que hablar.—Dime, Lucas. ¿Qué sucede?—Estuve con el viejo Manuel.—¡¿Qué?! ¿No te hizo nada? ¿Te hizo algo? —preguntó Elena, preocupada, examinándolo de arriba abajo.—No, no me hizo nada, pero me contó algo.—¿Qué te dijo?Lucas le relató a Elena toda la historia de la mansión "Ashcroft".—No le creo. Está loco.—No lo sé... pero algo debe haber para que el edificio esté abandonado.—Sí, pero podrían haberlo vendido o algo así.—Es que... todo suena real, Elena.—No podemos confiar en un anciano loco.—Lo sé, lo sé... —dijo Lucas, llevando el dedo pulgar a su boca.—¿Qué piensas?—Quiero ir ahí.—No, no, Lucas. No nos van a dejar ir hasta allá. Además, ¿y si es verdad lo que dice ese viejo?—Por eso quiero ir. Quiero comprobarlo.—Pero, Lucas, no podemos hacer eso. Sería mentirle a nuestros padres.—Elena, no sucederá nada. Regresaremos sanos y salvos.—Mmm, no lo sé, Lucas. ¿Cuándo iríamos?—Mañana a esta hora.—Lo pensaré, Lucas.—Bien, pero yo iré mañana, pase lo que pase.Después de eso, Lucas se fue a su casa a planear cómo llegar a la mansión. No se le ocurrió nada durante horas, lo único que pensó fue en llevar un objeto sagrado, como un rosario o una cruz.Al día siguiente, a la hora acordada, Lucas salió de su casa con una mochila que contenía una linterna y un rosario casi roto. Al otro lado de la carretera, vio a Elena saliendo con una chaqueta y una pequeña linterna de mano.—¿Estás lista?—Sí, tengo un poco de miedo, pero sí, estoy lista.—Bien.Cruzaron varias calles y unas cuantas alcantarillas, avanzando con miedo hacia la mansión Ashcroft. Cuanto más se acercaban, más grande parecía. Subieron una empinada calle, donde no parecía haber alma alguna. Finalmente, llegaron al edificio.Abrieron los ojos de par en par al ver la mansión imponente, con varios pisos que se alzaban hacia el cielo. Tragaron saliva con fuerza y no pudieron pronunciar palabra alguna. Se miraron, y mientras los ojos de Elena mostraban miedo y confusión, los de Lucas revelaban curiosidad y determinación. Tomó la mano de Elena.—Quédate detrás de mí y no sueltes mi mano.Ella solo asintió con la cabeza.—Cuando entremos, no hagas ruido y no te separes de mí en ningún momento. ¿Entendido?Elena volvió a asentir.Finalmente, entraron a la mansión. Lucas abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido. Con la linterna en la mano, cruzaron el vestíbulo, dejando la puerta abierta por si necesitaban salir rápido. Recorrían el lugar, encontrando solo escombros y grafitis, nada fuera de lo común. En el segundo piso, encontraron partes del suelo roto y un cuarto con un pentagrama y símbolos extraños. Subieron al tercer piso, donde hallaron más grafitis y mensajes como "váyanse antes de que se arrepientan". En el cuarto piso, encontraron un montón de cenizas sobre un pentagrama y un pasillo con un mensaje que decía "Demasiado tarde, no hay vuelta atrás", seguido por otro que advertía "Encontramos un cadáver". En el quinto piso, las cosas empezaron a ponerse raras. Objetos comenzaron a caer, y ambos sintieron que alguien los observaba. Había muchas habitaciones, y Lucas y Elena comenzaron a explorarlas de izquierda a derecha. Mientras Lucas investigaba una túnica negra, Elena se separó de él y entró en otra habitación.En esa habitación, Elena encontró un mueble con una puerta. Con mano temblorosa, la abrió y un olor fuerte a azufre y hierro la golpeó. Al abrirla por completo, cayeron los huesos de alguien que sostenía una cruz. Aterrorizada, retrocedió tres pasos y, en su torpeza, derribó una botella de vidrio, provocando un ruido que resonó en todo el piso. Incapaz de soportarlo, lanzó un grito de terror.Lucas escuchó el grito y, al girarse, se dio cuenta de que Elena no estaba con él. Corrió inmediatamente por las demás habitaciones, pero no la encontró. Subió todos los pisos, pero no había rastro de ella. Sentía la presión y la ansiedad aumentando, y aunque deseaba gritar, no podía.Finalmente, bajó todos los pisos y corrió hacia la salida. Al ver la puerta, se llenó de nervios. Elena no estaba allí. Se dio la vuelta y, en el primer escalón, vio la cabeza de Elena sin ojos y con la boca abierta. Lucas sintió el grito formándose en su garganta, pero se cubrió la boca rápidamente, horrorizado. Una voz desconocida y atronadora resonó por todo el edificio:


—¡JA, JA, JA, JA! ¡AQUÍ NO HAY PODER DE NINGÚN DIOS!-Aterrorizado, salió corriendo de la mansión sin detenerse. Corrió hasta su casa, directo hacia sus padres. Les contó lo sucedido entre lágrimas y sollozos. Desesperados, fueron a la casa de los padres de Elena para informarles lo ocurrido, pero estos se negaron a escuchar. Los echaron sin darles la oportunidad de explicar toda la versión.


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