El que yo amé.

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Sinopsis

Una chica que dió su amor a una persona incorrecta.

Genero:
Drama
Autor/a:
Marlyn
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Primer y único capítulo

Todo comenzó el año en que me fui a vivir a la casa de mi tía. Él era amigo de mi primo. Un día apareció buscándolo, y esa fue la primera vez que lo vi. No sentí nada en ese momento, ni siquiera atracción.

Después de ese día, empezó a frecuentar más la casa de mi tía, así que nos veíamos seguido. Nunca quise nada con él, ya que en ese entonces tenía novia, y yo la conocía bien.

Con el paso de los meses, empezamos a juntarnos más y a conversar, incluso hacíamos bromas. Hasta que una noche en la que vino a casa, me besó. Era mi primer beso. No fue un pico, fue un beso de verdad. En el momento en que se acercó y me besó, le dije:

—No, basta, tú tienes novia.

Y él me respondió con una sonrisa atrevida:

—Ese es mi problema, no el tuyo.

Y me volvió a besar. Intenté alejarlo varias veces hasta que me agarró fuertemente y ya no pude resistirme más a su beso. Ese fue el comienzo de su infidelidad... y para mí, una aventura que me causaba miedo y mucha pena. Nunca estaría orgullosa de lo que hice.

Después de ese día, él se acercaba más a mí, pero yo ya no quería eso y se lo dije varias veces. Me hablaba por redes sociales y también en persona, pero sus redes estaban repletas de fotos con su novia.

Yo tenía 12 años, y él 16. No digo que sea una excusa, pero me envolvió por completo y no supe cómo manejarlo. Nos volvimos a ver en privado un par de veces más, pero luego volví a vivir donde solía estar, a unos 40 minutos de allí.

Después de eso, obviamente no nos volvimos a ver ni le respondí más, porque sentía muchísima culpa. Meses después, él y su novia terminaron. Sé que suena horrible, pero eso me puso feliz.

Tiempo después, me volvió a hablar. Ahora estaba soltero, y como me gustaba, le contesté. Volvimos a hablar todos los días, pero no nos veíamos. Pasaron los meses y llegó octubre, el mes de mi cumpleaños. Él vino ese día, aunque llovía mucho. Solo con que viniera, me hizo feliz. Ese día volvió a besarme, y sus besos eran un dulce veneno que me encantaba y me envolvía cada vez más.

Seguimos hablando, sin tener una relación formal. Pero yo le decía que si no iba en serio, que mejor me lo dijera. Su respuesta fue que no estaba preparado, con muchas excusas más. Entonces decidí dejar de hablarle y no ilusionarme más.

Después conocí a otro chico, con el que estuve cinco meses, pero fue a distancia. Solo nos vimos dos veces. En ese tiempo, solo le hablé a Rafael el día que tuvo un accidente y me enteré por mi primo. Le pregunté cómo estaba y le deseé que se recuperara. Luego volví a alejarme.

Meses después de terminar con Manuel (el chico con el que estuve cinco meses), Rafael volvió a hablarme. Como los dos estábamos solteros, le respondí. Hablamos un mes y volví a preguntarle si quería algo serio o solo estaba jugando. Me dijo:

—Ahora no estoy listo para tener una relación porque no puedo ir a verte, no puedo andar ni en moto.

Lo tomé como un rechazo y le dije que si algún día pensaba bien las cosas y quería algo serio, que me buscara.

Meses después le di una oportunidad a Luis, quien fue el mejor novio que he tenido. Era cariñoso, me presumía, y demostraba que me amaba en todos los sentidos. Estuvimos juntos tres meses. Pero en el último mes, Rafael me volvió a hablar… y sí, le respondí.

Sé que fui una tonta, pero no sé qué tenía en la cabeza. Me pidió una oportunidad, dijo que quería algo serio conmigo.

¿Y qué hice yo?

Le terminé a Luis y empecé una relación con Rafael ese mismo día: un 1 de mayo. Lo sé, hice mal… y lo entendí tarde.

Desde ese día empezó oficialmente nuestro noviazgo, y yo me lo tomé muy en serio. Me acuerdo que fui a verlo, ya que él aún no podía andar en moto por el accidente. Estaba nerviosa y feliz de verlo después de más de siete meses, desde octubre.

Después todo iba bien, y un mes más tarde ya podía venir a verme seguido.

Yo decía que todo estaba bien… pero no sabía todo lo que hacía a mis espaldas. Meses después, mis tías que vivían cerca de él comenzaron a decirme que estaba con otra persona y que lo dejara. Yo no sé por qué, pero siempre le preguntaba, aunque sabía que lo iba a negar. Y sí, le creí a él y no a mi familia ni a mi mejor amiga, Arami, que era casi su vecina.

Me volví muy insegura. Le había dado todo: mi cuerpo, mis sentimientos, mi corazón.

Pensé que cambiaría su conducta de infiel, pero no fue así. Tal vez fue mi karma por haberme besado con él cuando tenía novia.

En ese tiempo, ya había cumplido los 13 años.

Seguían llegando cosas sobre él, y aunque todos sabían, yo no quería creer sin pruebas. Él lo negaba todo. Fui muy tonta. Lo amaba casi más que a mí misma.

Los meses pasaron y todo pareció calmarse. Hasta que un día me dijo que quería terminar, que quería estar en paz y no tener una relación seria. Me propuso tener algo solo sexual.

Obviamente me negué. Yo sabía que solo quería estar con otras y que nadie lo molestara. Le rogué, le dije que lo amaba, pero que no quería solo sexo.

Accedió a seguir conmigo, y pensé que solo había tenido un mal momento. Pero no era así...

En octubre, a los 14 años, tuve la peor tragedia de mi vida: quedé embarazada. No quería tenerlo, aún no había terminado la secundaria. Me sentí tan mal, lloré tanto. Le rogaba a Dios que me quitara a ese bebé, que sentía que arruinaría mi vida.

Aborté con pastillas. Fue horrible. Nadie lo supo, solo él, mi mamá y mi hermana. Pero solo ellas estuvieron conmigo. Él no puso ni un centavo ni vino a verme.

Después de asegurarme de que ya no estaba embarazada, terminé con él. No hacía falta dar explicaciones.

Pero aún no había sufrido lo suficiente, y volví con él después de cumplir 15. Me juró muchas cosas que ni recuerdo, porque no cumplió ninguna.

En Navidad terminamos otra vez. No recuerdo por qué. Pero no pasó un mes y volvimos. Pasamos Navidad y Año Nuevo juntos, y creí que todo estaba mejor. Ya no me sentía insegura y todo parecía ir bien.

El resto del 2024 fue tranquilo. Hasta que, casi llegando a octubre, una chica me escribió. Dijo que llevaba más de 8 meses con él y que no sabía nada de mí. Con razón: él nunca quiso que publicáramos nada en redes. Solo una vez lo hice, y me obligó a borrarlo.

No culpo tanto a la chica. Ella no sabía, pero mi familia sí… y no me dijeron nada.

Me mandó pruebas. Las pruebas que tanto pedí. Estaba destrozada. Le reclamé, y no pudo negarlo. Lo terminé. No pidió perdón. Solo dijo que ya no tenía nada con ella. Pero la chica me pasó fechas y conversaciones asquerosas.

Él siguió con excusas, y no respondí más.

Después, no sé cómo, volvimos. Pero ya no confiaba en él. Lo amaba, sí, pero estaba cansada, paranoica. Si no me respondía por una hora, hacía un drama. Me traumé.

Lo espiaba desde una cuenta falsa. Aun así, quería estar con él. Con él me sentía triste, pero sin él, peor.

Lo dejé muchas veces, y volvía porque venía con regalos o cosas que me gustaban. Pero ya no disfrutaba ni siquiera las relaciones sexuales. Sentía asco. Estaba mal, inestable. Pensaba en las otras. No fue solo una. Me hacía daño pensarlo.

Me odiaba por no poder dejarlo. Lo odiaba por lo que me hizo. Solo quería paz.

Pensé mucho. Sabía que él nunca me pediría perdón, ni cambiaría si yo no me enteraba de las cosas.

Así que decidí terminar con él.

No se lo conté a nadie, solo a mi mejor amiga, la única que no me juzga ni me dice: “¿Otra vez terminaste? Seguro vas a volver con él”.

Me sentí tan bien cuando no me dijo eso. Solo ella lo sabe… después de él y yo.



Historia basada en hechos reales.

Aurora: Marlyn777