Prólogo.
EL IMPULSO, LOS PENSAMIENTOS Y LA DECISIÓN.
Te estarás preguntando de qué va todo esto, ¿verdad? De si has invertido bien los 20 pavos que te ha costado el libro o si vas a acabar vendiéndolo en Vinted por tres euros y medio. Pues mira, ni Beta Coqueta ni Megan Maxwell te van a contar una historia como esta.
Todo empezó con una amiga mía, Sofía. Estaba organizando su boda cuando empezó a tener dudas. Y no dudas tipo “ay, no sé si poner hortensias o peonías”. No. Dudas de verdad. Porque resulta que su ex —sí, el primero, el de toda la vida— seguía pululando por ahí, apareciendo y desapareciendo, y eso, claro, te remueve. Te hace pensar si estás dando el paso correcto… o si, como en las pelis y las novelas románticas, tu destino es volver con tu primer amor.
De esas dudas solo supe yo, cuando unos meses antes de la boda me contó que Marcos, el ex en cuestión, le había dicho cosas como “No te cases” “Tu eres para mi” y otras tantas frases que bien parecían sacadas de una telenovela mexicana. Sofía parecía tener muy clara su decisión en ese momento o eso creíamos hasta que, un día, nos citó a Atenea y a mi —las únicas invitadas del grupo de amigos a su boda— que tenía algo que contarnos. Y así fue como nuestra amiga nos reveló que, finalmente había cancelado su boda para volver con Marcos. Se había jugado absolutamente todo a una sola carta que no sabía si iba a ser una buena o una mala tirada pero, yo la admiraba por ello. Había que ser muy valiente para hacer eso y si algo era Sofía era valiente, siempre lo había sido y yo me sentía muy orgullosa de la mujer que era aunque nunca se lo hubiese dicho. Ni Atenea ni yo la juzgamos por supuesto. La apoyamos pese a que pudiera ser una locura pero, la vida es demasiado corta para quedarse con las ganas. Lo mejor de esta historia secundaria a la que te voy a contar es que todo le salió a pedir de boca. Ella y Marcos ya no eran los críos que empezaron a salir juntos hacía más de diez años, habían madurado muchísimo sobre todo él y eso había logrado que un par de años después se prometieran. Y fue ahí, cuando sentí una punzada en el estomágo que me hizo acordarme de Álvaro. Sí, Álvaro era mi primer amor. Con el que había aprendido a querer pero también con quien había aprendido como no quiero que me quieran. Aún así, llevaba años soñando con el. Había atormentado a Atenea con esos sueños en los que me despertaba con ganas de escribirle y ella, inteligente y sensata me persuadía de ello una y otra vez. ¿Y porque lo hacía? Fácil, porque a parte de que sería una mala idea en todos los sentidos, yo tenía pareja y pese a que era tolerante, dudaba mucho que tolerase que mi ex y yo volvieramos a tener cualquier tipo de relación y, guardarlo en secreto no era una opción o, al menos eso pensaba en aquel momento. Durante todo un año mi cabeza le daba vueltas y vueltas a la situación de Sofía, a lo radiante que se veía en las pocas fotos que posteaba en redes sociales con Marcos, hacía mucho que no la veía tan tan feliz y me alegraba por ella con todo mi corazón pero, otra parte de mi, la envidiaba —de forma sana— porque esa parte de mi también quería vivir esa historia de amor con final feliz que leemos en los libros o que vemos en alguna serie o pelicula de televisión pese a que mi chico era un amor, lo mas bueno y noble del mundo y tenía claro que jamás lo cambiaría por nada ni nadie y mucho menos por Álvaro pero, un impulso en mi interior me decía que no podía quedarme con la duda, que al menos podía saber de él y luego…Bueno, luego seguir cada quien por su lado y con su vida y listo. Eso era lo que creía que iba a pasar pero, evidentemente, no fue lo que pasó. Si no, no estaríamos aquí.