La Apuesta
El sol se había puesto sobre la ciudad después del torneo internacional, pero para los chicos de la Inazuma Japón, la sensación de victoria seguía rondando en sus corazones. Los días tranquilos en la escuela parecían una nueva etapa, después de tantas batallas intensas en el campo de fútbol. Algunos jugadores decidieron quedarse en inazuma a pasar el tiempo, después de todo cambiar de aire después de tantas emociones ayudaría bastantes. Aunque la mayoría de los jugadores ya se había acostumbrado a la adrenalina y la competencia.
Uno de ellos era Fubuki Atsuya, el delantero de Hakuren, quien al verse envuelto en esa calma y tranquilidad se dio cuenta de algo que lo comenzaba a inquietar. En los últimos días, su mente no dejaba de pensar en T/N, Gerente del Raimon y momentáneamente de Inazuma Japón, la chica había estado a su lado desde que llegaron al torneo internacional. Desde el primer momento, había notado su presencia y, aunque en el fondo se burlaba de su propio interés, no podía dejar de observarla, de preguntarse qué pensarían los demás si se atreviera a acercarse a ella de una manera más... personal.
Algunos ya se habían dado cuenta de lo que ocurría. Su hermano, Shirou, fue el primero en notar el creciente interés de Atsuya por la chica, aunque decidió no entrometerse. Sin embargo, no todos compartían esa misma discreción.
Y lo descubriría ese día, cuando sus pensamientos aún rondaban alrededor de la joven, Nagumo Haruya y Fudou Akio, con su carácter desafiante y su instinto competitivo, llegaron con una idea que haría que todo fuera aún más complicado.
- Atsuya, ¿Te atreverías a hacer una apuesta con nosotros? - Dijo el Pelirrojo, con esa sonrisa característica.
- ¿Una apuesta? - Preguntó extrañado y lo miró, con su habitual tono confiado.
- Hablamos de T/N - Se involucró Fudou - Sabemos que te causa mucha curiosidad, pero ella no siente la misma curiosidad por ti ¿Verdad? - Dijo en tono burlón, el chico de cabellos salmón no reaccionó de ninguna forma, pero dentro de él eso le causó una pequeña molestia.
- Lo cual es divertido si tomamos en cuenta que tu hermano atrae a cada chica que se le acerca - El de ojos ámbar rio un poco - Suponiendo que tu deberías tener esa habilidad en tu ADN, ¿Por qué no apostamos a ver si puedes hacer que se enamore de ti?
Atsuya no podía evitar soltar una risa nerviosa. Era una propuesta absurda, algo propio de su carácter impulsivo y juvenil. Pero algo en el fondo de su estómago le decía que debía aceptarla. Quizá porque, por primera vez en mucho tiempo, sentía que algo tan trivial como una apuesta podría ser el impulso que necesita para acercarse a ella.
- ¿Y qué apuestan? - Preguntó después de pensarlo mucho, mirando a sus dos compañeros con una mezcla de inseguridad y emoción.
Sus dos amigos intercambiaron miradas, satisfechos de ver que había aceptado.
- Si consigues que T/N se enamore de ti en un mes... aceptaremos que eres el mejor delantero entre ellos - Explicó Fudou con una sonrisa desafiante.
Se quedó pensativo. Después de todo, aquella discusión sobre quién era el mejor delantero ya llevaba tiempo rondando entre su grupo de amigos. Él, Fudou, Nagumo, Hiroto y Haizaki compartían más que talento en el campo: todos eran intensos, orgullosos, impulsivos y confiaban ciegamente en sus habilidades individuales. Su rivalidad no sólo nacía de la competencia, sino de personalidades similares, chocando y compitiendo por destacar en cada oportunidad.
Eran ese tipo de chicos que no soportaba perder, que convertían cualquier situación en un reto, y que encontraban en el juego y en las provocaciones una forma de demostrar quién era el mejor, no solo en el fútbol, sino también fuera del campo.
A medida que lo pensaba, el reto parecía más absurdo, más infantil, pero había algo en su interior que le decía que debía seguir adelante. T/N era encantadora, su amabilidad y su inteligencia lo atraían más de lo que quería admitir. Pero también era consciente de lo que esta apuesta podría implicar, y no estaba seguro de que estuviera dispuesto a enfrentarse a las consecuencias si las cosas no salían como esperaba. Pero...
- Acepto - dijo con una sonrisa, recibiendo dos de vuelta
La semana comenzó como cualquier otra: los estudiantes asistían a sus clases y los clubes con actividades extracurriculares se preparaban para sus respectivas jornadas. Sin embargo, para el club de fútbol, las cosas eran distintas. Las puertas estaban abiertas para recibir a equipos de otras instituciones, y los jugadores de Raimon tenían permiso especial para faltar a algunas de sus clases durante los entrenamientos, lo que hacía que el campo estuviera constantemente ocupado. Después de todo, aprovechando que algunos equipos estaban libre, decidieron realizar una especie de entrenamientos conjuntos entre ellos, todos en Raimon.
Apenas era la mañana, y los jugadores ya se estiraban para preparar un pequeño partido amistoso entre equipos mixtos. En medio del bullicio, los chicos conversaban entre ellos, formando pequeños grupos con quienes se entendían mejor. Uno de esos grupos lo conformaban Atsuya y sus amigos. Nagumo, como siempre, había sido el encargado de mantener a los demás informados sobre la apuesta, y aunque a Haizaki no le parecía del todo correcto, había decidido mantenerse al margen, observando cómo se desarrollaban los acontecimientos.
- Oye, mini-Fubuki - Lo llamó una voz burlona, con su característico rayo morado bajo el ojo - ¿No crees que es un buen momento para empezar? - Dijo señalando a T/N, que en ese momento acomodaba algunas cosas en el banquillo - Está sola.
Dudó. Miró a su alrededor. Algunos chicos de Raimon estaban cerca. La chica era parte del equipo, y si se enteraban de que él estaba jugando con ella... las cosas no terminarían bien.
- No lo sé... - Murmuró, con el ceño ligeramente fruncido.
- Si tú lo dices... - Fudou se encogió de hombros - Después de todo, es tu mes. Si decides perder el tiempo, mejor para nosotros.
Acorralado, suspiró, se acomodó la bufanda con decisión, y comenzó a caminar hacia ella.
- T/N, ¿Tienes un momento? - Preguntó con una sonrisa nerviosa. Ella levantó la vista y lo observó, con curiosidad.
- Claro, ¿Qué pasa, Atsuya? - El dio un paso hacia ella, intentando mantener la calma, pero su corazón latía fuerte.
- Quería preguntarte si... te gustaría ir a ver una película este fin de semana - Dijo con una actitud más confiada de lo que realmente se sentía.
Ella lo miró durante unos segundos antes de responder. Mentiría si dijera que no le sorprendía la propuesta. Después de todo, Atsuya Fubuki jamás había entablado una conversación directa con ella... al menos no a solas.
- Hmm... no estoy segura de que sea una buena idea - Respondió con una sonrisa suave, aunque un poco incómoda - ¿Por qué no invitas a tus amigos?
El se quedó en silencio, descolocado. ¿Era eso un rechazo? No sabía cómo interpretar la respuesta.
- E-Es que... pensé que te podría gustar la película que dan este martes - Murmuró, intentando disimular su nerviosismo con una sonrisa forzada.
- ¿Sabes las películas que me gustan? - Preguntó ella, alzando una ceja con cierta sorpresa.
- ...No - Respondió bajando la mirada - Yo... solo pensaba que sería divertido. Perdón.
Sin esperar respuesta, Atsuya se giró y regresó con su grupo, sintiendo cómo el peso del intento fallido le aplastaba los hombros. Apenas llegó, fue recibido por las sonrisas maliciosas de sus compañeros.
- ¿Qué tal, Atsuya? ¿La has convencido? - Preguntó Nagumo, con tono burlón.
- Vamos, no es tan difícil - Añadió Fudou, guiñándole un ojo, como si todo fuera un juego.
A lo lejos, T/N los observó. Se había quedado un poco extrañada por el acercamiento repentino del menor de los Fubuki. Atsuya no era de los que se le acercaban sin motivo, y menos con ese tipo de invitaciones. Sin embargo, al no encontrar nada realmente raro, simplemente volvió a sus cosas.
Aunque no pudo evitarlo: durante el partido amistoso que organizaron ese día, su mirada se desvió más de una vez hacia el delantero de los ojos grises.
Al término del primer tiempo Atsuya permanecía a un costado, apoyado contra una de las vallas, girando su bufanda con los dedos, distraído. Su mente no dejaba de volver al momento incómodo con T/N. Lo había intentado... pero ella no cayó en su encanto como él esperaba.
- ¿En serio pensaste que con una invitación random ya estaba hecho? - Nagumo apareció a su lado, con esa sonrisa de autosuficiencia tan suya.
- Fue patético, amigo mío - Añadió Fudou, lanzando un pase corto hacia él con la punta del pie - ¿Qué fue eso de la película? Hasta yo te hubiera rechazado.
El frunció el ceño y atrapó el balón con el empeine, dándole una patada hacia atrás sin mirar.
- No todos somos tan conquistadores como ustedes. - Murmuró con sarcasmo, aunque una vena de orgullo comenzaba a hincharse en su pecho.
- Vamos, no te hagas el digno ahora - Molesto el pelirrojo cruzado de brazos - Estás en esto, ¿o no? Dijiste que podías lograrlo. ¿Vas a rendirte solo porque la chica no cayó a la primera?
El de mohicano soltó una risa baja. - ¿O es que ya sabías que ibas a perder contra nosotros?
Atsuya apretó la mandíbula. No porque le dolieran sus palabras, sino porque en su interior algo empezaba a hervir. No podía dejar que esos dos se salieran con la suya. No era solo por la apuesta. No era por T/N (o al menos, no aún). Era por su orgullo. Por esa competencia silenciosa y eterna que los unía a los tres como una especie de manada de lobos incapaces de dejar que uno liderara sin luchar por el puesto.
- No pienso perder contra ustedes.. - Espetó finalmente, con una sonrisa fría y determinada.
Nagumo alzó una ceja, divertido. - Eso suena más como el Atsuya que conocemos.
- Entonces muéstranos de lo que eres capaz - dijo Fudou mientras comenzaban a caminar hacia la mitad del campo - Pero si vas a hacerlo, hazlo bien. Ya no estás bromeando, ¿Cierto?
No respondió. Solo ajustó su bufanda, se giró hacia el lugar donde T/N charlaba con unos compañeros de Raimon y exhaló con fuerza. Si ella iba a enamorarse de él, sería por su habilidad. Por su presencia. Por cómo la haría reír, pensar, enojarse y dudar. Haría que ella lo notara, que no pudiera sacárselo de la cabeza.
Ya no se trataba de desaburrirse. Se trataba de ganar.
Los siguientes días llegaron, y Atsuya demostraría que podía conquistar a T/N... o al menos acercarse a ella sin quedar en ridículo. Así que puso en marcha una serie de "tácticas", algunas mejor pensadas que otras.
Al principio, sus métodos fueron torpes, casi cómicos, después de todo no haría grandes intentos por esa apuesta.
Un día, en la biblioteca, mientras T/N hojeaba unos libros de táctica deportiva, se le acercó con una seguridad tan exagerada que resultaba sospechosa.
- Oye, T/N... ¿sabías que los goles son mejores si se hacen de a dos? - Dijo, intentando sonar encantador.
Ella lo miró, entre divertida y confundida, con una leve sonrisa en los labios.
- ¿A qué se debe esa pregunta tan... peculiar, Atsuya?, yo no soy jugadora - Pero antes de que pudiera decir algo más, él ya se había dado media vuelta y salido de la biblioteca.
Otro día, en los pasillos, intentó algo diferente. En medio de las risas y bromas después del entrenamiento, se dedicó a soltar comentarios ingeniosos solo cuando ella estaba cerca, lanzando cumplidos encubiertos como si fueran casualidades. También comenzó a mostrar ciertos gestos protectores.
Por momentos, su actitud parecía distinta. Menos el Atsuya impulsivo que todos conocían en el campo, y más alguien que estaba... Intentando conseguir la atención de alguien en específico. T/N empezó a notarlo, aunque aún no estaba segura de qué pensar. Era extraño verlo así, sobre todo si recordaba cómo se comportaba durante el Fútbol Frontier y las cosas que Someoka les comentó al equipo de su tiempo en Hakuren.
Pero entre las pequeñas victorias y esos instantes que parecían auténticos, sus amigos no tardaron en traerlo de vuelta al origen de todo: la apuesta y el poco tiempo que le quedaba.
- Vamos, Atsuya... ya llevas dos semanas. ¿No crees que deberías empezar a preocuparte? - Decía el de ojos ámbar con su sonrisa burlona habitual.
- A este ritmo, la que te va a conquistar es ella a ti, no al revés - Añadía el del mohicano riendo, chocando su hombro con el del menor de los Fubuki.
Atsuya respondía con una sonrisa nerviosa, como quien no quiere aceptar que lo están presionando... pero en el fondo ya se sentía comprometido.
Era solo la segunda semana.
En la tercera, se decidió, la conquistaría de verdad.
El lunes la vio entrar sola al cuarto donde guardaban equipación para los entrenamientos , así que decidió actuar con naturalidad.
- Buenos días, T/N. - Dijo con una sonrisa confiada, caminando junto a ella como si fuese lo más normal del mundo.
- Ah... buenos días, Atsuya... - Respondió, algo desconcertada, pero amable.
Por dentro, él se felicitó: Bien, paso uno completado. Comportarse como una persona normal.
...Hasta que casi se tropieza con la puerta por mirar si ella sonreía al alejarse.
El martes se plantó frente al espejo del vestuario y se peinó como su hermano mayor. Incluso dejó de llevar su bufanda ese día. Caminó recto, callado, con una mirada serena... elegante. Como Shirou.
Cuando se cruzó con T/N en el pasillo, simplemente inclinó la cabeza con una leve sonrisa.
- Oh... hola... ¿estás bien? - Preguntó ella, claramente confundida.
- Perfectamente. - Respondió él, con voz suave y misteriosa.
Ella parpadeó dos veces. - ¿Seguro? Es que... te ves raro.
Acto seguido, apareció Shirou con una barra energética en la mano y lo miró de arriba abajo - ¿Te estás burlando de mí o es parte de alguna estupidez con tus amigos?
El experimento terminó ahí.
El miércoles la suerte se puso de su lado, durante uno de los entrenamiento, T/N llevaba algunas botella a los jugadores y tropezó con uno de los conos que marcan la delimitación de cada sección torciéndose apenas el tobillo. Atsuya fue el primero en correr a ayudarla, esta vez sin pensar, por reflejo puro.
- ¿Estás bien? ¿Te duele mucho? - Preguntó con verdadera preocupación, tomándola suavemente del brazo.
- Estoy bien, solo fue un mal paso... - Dijo ella, algo avergonzada.
Él la ayudó a sentarse y le pasó una botella de agua sin hacer chistes ni comentarios tontos. T/N lo miró sorprendida.
- Gracias, Atsuya. No sabía que podías ser... así de amable.
Él se quedó viéndola unos segundos, luego miró hacia otro lado con las mejillas levemente rojas.
- Ni yo sabía que podía...
Un punto a favor.
El jueves quiso romper el hielo en el almuerzo y se sentó a su lado en la mesa de las gerentes. Intentó contar un chiste que había oído de Fudou. Algo de un balón, una portería y un gato con lentes.
Silencio total.
T/N lo miró con una mezcla de confusión y lástima.
- ¿Eso era un chiste?
- ¡Sí! O sea... ¡era más gracioso cuando Fudou lo dijo! - Se defendió, hundiéndose lentamente en su jugo de naranja.
Desde otra mesa, Nagumo se tapaba la cara de la risa.
Pero el viernes, durante una charla de estrategias, T/N dio una buena sugerencia táctica que incluso sorprendió al entrenador. Cuando terminó de hablar, Atsuya se inclinó hacia ella y susurró:
- Eso fue inteligente. No muchos se habrían dado cuenta de ese error en la defensa.
Ella lo miró sorprendida, un poco sonrojada. - Gracias... - Dijo, con una pequeña sonrisa.
Esta vez no hubo torpeza, ni chistes, ni fingimiento. Solo un elogio sincero. Y funcionó.
El sábado organizaron un otro mini partido mezclando los jugadores de los distintos equipos. Intentó hacer una jugada para lucirse y pasar el balón con estilo... pero se resbaló justo antes de patear.
Ella se acercó riendo.
- ¿Estás bien, gran delantero?
- Mi dignidad quedó aplastada, pero sí, gracias. - Respondió, avergonzado.
Pese a la caída, T/N lo ayudó a levantarse riendo. Algo en ese momento se volvió más natural entre ambos.
El domingo era día libre, no planeaba hacer nada... hasta que vio que T/N había subido una foto de un libro que estaba leyendo. Contra todo pronóstico, Atsuya le envió un mensaje:
~ Nunca lo he leído. ¿Es bueno? ~
T/N respondió poco después:
~ Sí, es de esos que te hacen pensar en cosas que no sabías que sentías. ¿Te interesa leerlo? ~
Sonrió frente a la pantalla. No entendía del todo qué era ese libro, pero algo le decía que sí... le interesaba.
~ Si me lo recomiendas tú, entonces sí. ~
Esa semana había dado frutos, aunque él no lo supiera del todo. Sus esfuerzos estaban funcionando en ambos sentidos: no solo lograba que la chica comenzara a fijarse más en él, sino que la simple curiosidad que sentía por T/N empezaba a transformarse en algo más.








