Trato especial
- Iniciando secuencia de aterrizaje. Base Madre, Bienvenido a casa, Leynad. - La nave, con su bonita voz femenina anunciaba el regreso sin necesidad, pues Leynad se hallaba en la cabina de mandos, y podía ver perfectamente como las enormes compuertas del Cosmopárking estaban abriéndose para dejarle paso.
Aún así, como siempre, este agradeció el aviso.
- Gracias, Dalara. ¿Hora local? - Preguntó.
- Las 22:15.
- ooOhKei.
Mientras la nave completaba el proceso de aterrizaje, Leynad se desperezaba y terminaba de ponerse la ropa “de calle”, que había dejado colgada en la silla del copiloto, una silla que rara vez ocupaba nadie, pero que le venía muy bien para estos menesteres. Dejó de prestar atención a la ventana de visualización exterior, y se acercó a la puerta, dispuesto a volver a la “vida normal”.
La “vida normal” era normal para él, pero muy extraña para el 99,99% de los humanos vivos en su época, cuyas vidas normales, consistían en cosas muy distintas a la de Leynad. Él era un Descubridor de planetas, uno de los 38 descubridores activos que había en ese momento. O eso es lo que a él le gustaba pensar, porque en realidad, era mucho más.
La nave se posó suavemente sobre el suelo metálico del Cosmopárking y anunció el fin del viaje.
- Aparcamiento completado. Puedes salir, Ley.
- Gracias, Dalara. Volveré mañana a hacer algunas cosas. Mientras tanto, permanece en Stand By.
- Sin problema. Que vaya bien, Ley.
- Igualmente.
La nave abrió la puerta,y Leynad bajó de ella sin dificultad, con un pequeño saltito. Volvía de uno de sus comunes viajes de descubrimiento, que se había alargado 21 días, y volvía a la que había sido su casa desde que había nacido 33 años atrás: La Base Madre Interestelar de Otinev&Sorenti Space Industries, llamada comúnmente “La Bola OSSI”.
La Bola OSSI era un enorme complejo espacial que desde la lejanía tenía forma de pelota oscura llena de lucecitas tintineantes, pero que de cerca, podía verse como un esferoide compuesto a base de pequeñas piezas de forma más o menos rectangular, que al formar un todo daban un aspecto de “bola pixelada” al conjunto. Tenía algo más de 27 Kilómetros de diámetro y gravedad propia, amplificada por uno de los inventos que perpetró su ideólogo y parcial constructor, que no era otro que el difunto padre de Leynad. Pese a su enormidad, su espacio vital no era excesivamente grande ni excesivamente cómodo... ni excesivamente alegre, ya que el 90% de la misma era pura y dura maquinaria. Una maquinaria que permitía que unas 2500 personas respiraran y trabajaran en su interior, parte de las cuales tenía allí mismo fijada su residencia, al menos durante un tiempo.
Es por eso que cuando Leynad se encontraba en algún planeta y le preguntaban donde vivía,solía responder “por ahí arriba”. Esta respuesta era algo común entre las gentes que vivían en la Bola, pero sólo él, podía responder lo mismo cuando la pregunta no era “donde vives” sino “de donde eres”. Tampoco era el único que había nacido en aquella base espacial, pero sí fue el primero en hacerlo, y también, el único que después no se había marchado a fijar su residencia en un planeta.
Y es que “La Bola” tenía exactamente la misma edad que él. La conocía como la palma de su mano, así que sabía que las 22:15, era hora de que los residentes estuvieran terminando la cena,y pensando en irse a dormir... los más conservadores, o pensando en ira tomar algo, los más vividores.
De sus compañeros Descubridores de planetas no parecía haber muchos, ya que sólo una nave, además de la suya propia, aparecía aparcada en el párking, unos 50 metros más adelante. Y además era uno de los nuevos, a juzgar por el número de identificación que se veía en el costado de la nave amarilla.
Leynad anduvo por el pasillo de desembarque, y se dirigió a la puerta de salida del aparcamiento, pensando si irse directamente a su cubo-hogar, o pasar antes por la Cantina, a ver que se cocía por allí. Al ir acercándose a la nave del “nuevo”, sin embargo, empezó a escuchar voces, una de ellas femenina y otra masculina. La enormidad del cosmopárking junto a que estaba prácticamente vacío, amplificaba el eco y aunque las dos personas parecían estar hablando en voz baja, conforme se acercaba, cada vez los escuchaba mejor, y parecía que estaban teniendo una acalorada discusión.
- Te he dicho que me des tres semanas más. Otro viaje. Sabes que hay algo bueno en la zona que estamos vigilando. Has visto los mismos números que yo. Será lo mejor. - Escuchó decir a la voz masculina, con aire más o menos condescendiente, pero con voz dura y, si no juzgaba mal, algo encabronada.
- ¡No! - Respondió la voz femenina, sorprendiendo a Leynad, ya que ahora, esta voz no chillaba en susurros, sino que vociferaba a un nivel auditivo superior - ¡Ya está bien! ¡No voy a ir contigo otras tres semanas a perderme en el espacio, y menos aún te voy a esperar aquí!
Leynad esbozó una sonrisilla, parecía una discusión de pareja en toda regla. Las había visto peores. Por lo que fuera, a las parejas de los descubridores de planetas, no solía gustarles “La Bola” ni el viaje interestelar. Intentaban contratar sólo a solteros/solteras, pero inevitablemente, algunos conocían a alguien mientras estaban trabajando allí, o bien, habían mentido en las entrevistas/exámenes para acceder al trabajo.
Mientras Leynad continuaba andando sobre las rejillas humeantes del aparcamiento hacia la salida, las voces, seguían a lo suyo:
- Pero cariño... ten en cuenta que sin el dinero no podremos darle oportunidades, no podremos criarla bien. Y aún te quedan casi 3 meses para dar a luz. Sabes que si nos vamos mañana, estaremos aquí en 20 días. Pediré el permiso para anticipar la salida y nos marchamos los dos...
- ¡Que no! ¡Ve tú si quieres! ¡A ver quién te hace los cálculos! Yo me marcho a mi casa ahora mismo. ¡Me pienso ir en el Ferry de medianoche! Y si no te vienes conmigo, ¡ya veremos si te dejo venir más tarde! Como no estés cuando nazca, olvídate de mí y de ella, ¿¡me entiendes!?
Esta vez a Leynad le cambió el gesto y pasó de la sonrisilla a poner cara de :o . Aquello era más serio de lo que le había parecido en un principio. La mujer parecía estar embarazada. Eso era bastante raro.
Sabía que muchos aspirantes a descubridor mentían sobre si tenían pareja, debido a que éstos sabían que la empresa prefería que no la tuvieran. Pero una mujer de un descubridor, embarazada, era poco común. Habían habido algunas pocas, incluida una descubridora, pero solían marcharse a sus planetas de origen (normalmente, La Tierra) cuando estaban de 4 o a lo sumo 5 meses, junto a su pareja o padre/madre del niño. El ambiente en La Bola, aunque perfectamente sano y controlado artificialmente para que sus características fueran perfectas, no era el mejor para el ánimo y la salud mental. El Ser Humano necesita luz solar, necesita un ciclo de noche/día, necesita cierta periodicidad, cierto biorritmo, que era difícil de controlar allá adentro. A ello había que sumarle la incomodidad inconsciente de estar siempre en un espacio cerrado, por mucho que se hubiera construido de la forma más amplia posible para evitar precisamente la claustrofobia.
Además, la empresa daba todo tipo de facilidades y un permiso de un año entero, retribuido, en caso de ser la pareja, y de 18 meses en caso de ser la trabajadora. También estaba quien había dado a luz allí mismo, pero habían sido muy pocas, y todas eran trabajadoras fijas o parejas de trabajadores fijos, que tenían allí fijada su residencia en el momento del parto. Administrativos, economistas, “planetadores”, y/o integrantes de otros trabajos más comunes, cuyo trabajo se desarrollaba por completo o en su mayor parte dentro de La Bola y pasaban allí todo su tiempo durante el tiempo que permanecieran como empleados. Nunca una descubridora, o la pareja de uno de los descubridores, cuyos continuos viajes hacían todo más complicado.
Las características de este trabajo solían hacerlo algo temporal y muy beneficioso económicamente, lo que a su vez, hacía que quien tuviera pensado tener descendencia, lo postpusiera hasta volver a su planeta, o a un trabajo menos movido, una vez pasada su época como Descubridor. ¿Qué les pasaba a esos dos? ¿Porqué no había cogido él ya el permiso? ¿Acaso trataban de sentar un precedente? ¿Ser los primeros en algo? Era una estupidez. No tenía sentido.
Al pasar por delante de la nave del “novato”, Ley giró la cabeza y los vio a ambos gesticulando acaloradamente, y continuando con la discusión, de pie sobre las rejillas del suelo del párking, justo al lado de la puerta de la nave, que seguía abierta. El individuo masculino de la pareja, también se giró en ese mismo momento en su dirección y lo vio a él, bajando el volumen de la voz al instante, pero sin parar de hablar.
Leynad no le dio más importancia, y siguió su camino hacia la puerta, que estaba aún otros 50 metros más adelante, dejando de prestarles atención. Pero volvió a retomarla cuando estaba a punto de salir del recinto, pues oyó un sonoro “PLONK”, significativo de que alguien había cerrado la puerta de una nave de forma manual... y poco cuidadosa.
Se encogió de hombros, y flanqueó la salida, habiendo decidido ya que camino tomar: el del bar.
La Cantina no quedaba muy lejos. De hecho, estaba pegada al propio Cosmopárking, sólo tenia que andar unos pasos por el pasillo de comunicación, y abrir la primera puerta que se quedaba a su izquierda, como así hizo.
Al entrar, encontró el sitio un poco desangelado. Todas las mesas estaban vacías, y a excepción de dos chicos que bailaban en la pista la buena música tecnozumbante que solían poner allí, sólo estaba Jim, que era el regente y camarero, tras la barra.
Y hasta la misma se acercó Leynad, aupándose a uno de los taburetes y dejando caer los brazos sobre la superficie de la propia barra, que tenía una anchura generosa.
- Hey Jim, ¿Cómo va, tío? ¿Poco lío hoy, no?
- ¡Hombre! - El gerente/camarero se giró desde el fregadero, donde estaba repasando unos vasos con un paño - ¡Si es el bueno de Ley! Sí... esta semana está siendo flojilla. Hay muchos de los tuyos fuera, y ya sabes que son mis mejores clientes. ¿Dónde estabas? Hacía tiempo que no te veía.
- Acabo de llegar de una tanda... nada especial. Pero en los días libres después de la anterior no me pasé... la anterior sí que fue más intensita, necesitaba estar en mi cubo, y aislarme un poco.
- No hay problema hombre, todos necesitamos un descanso de todo de vez en cuando. ¿Te pongo algo?
En ese momento, se abrió de nuevo la puerta de la cantina, y por ella entró el dueño de la voz masculina que Leynad había estado escuchando en el cosmopárking. No tenía buena cara. Leynad lo miró sólo un momento, y se volvió para seguir con Jim.
- Sí...
- ¡Vaya! ¡Si es el enchufado! ¡Contigo quería yo hablar! - El hombre del párking le interpelaba, mientras se acercaba a él a grandes pasos y ponía, cada vez, cara de peores amigos.
Leynad se giró en su taburete, y se le quedó mirando, levantando una ceja. Pero al poco, antes de que aquel hombre llegara hasta él hecho un energúmeno, se giró de nuevo hacia el camarero.
- Ponme un TumbaLeys. Y sígueme el rollo. - Y volvió a girarse, confrontando al tipo que ya estaba solo a dos pasos de él. - ¡Hey, Hey! ¿Qué te pasa, amigo?
El hombre se paró justo a dos metros de él, y comenzó a hablarle con agresividad.
- ¿Que qué me pasa? Qué pasa contigo, mejor dicho. Tú eres el de la nave naranja, ¿verdad? Acabas de aparcar...
- Verdad.
- ¿Y por qué, si puede saberse, gozas de esa nave? La mía es como la de todos los demás. ¿Acaso eres más guapo? - Dijo, casi soltando espumarajos.
- Ah!... anda, siéntate - Respondió Leynad, de forma condescendiente y completamente sosegado, señalando el taburete de al lado - ¿Bebes?
- ¡No quiero beber! ¡Quiero que me contestes!
- Muy bien, lo haré. Pero tómate algo conmigo, anda.
- ¡Joder, está bien!, ¡Jefe! ponme un Brassico - Le chilló a Jim, que andaba preparando el vaso de Leynad. Éste, asintió con la cabeza, visiblemente molesto.
- ¿Es tu jefe, él? - Inquirió Leynad, divertido, lo cual enervó todavía más al sujeto.
- ¿Me estás vacilando? Mira que te parto la cara... - E hizo ademán de levantarse del taburete.
- Chsst chsst chsssssssst - Leynad le chistó, y le hizo un gesto con la mano, no violento pero firme, indicando que no se levantara - Tranquilo, amigo. Te he dicho que te voy a contestar. Y lo haré. Pero primero dime, si no es tu jefe, ¿por qué lo llamas así?
- ¡Joder! ¡Es una puta expresión! ¡Qué mas te da! Es un jodido camarero. - Respondió el tipo, con la voz suficientemente alta como para que Jim le escuchase.
- Pues este señor camarero lleva aquí 20 años. ¿Cuánto llevas tú? - Le respondió Leynad. - Además, es mi colega. Y si no fuera por él, ni tú ni yo nos tomaríamos ahora esta pedazo de copaza que nos vamos a tomar.
Mientras decía esto, Jim se acercó con los dos vasos. Dejando el de la bebida transparente en el lado de Leynad, y el verde, en el de su interlocutor, que tras escuchar la respuesta, volvió a resoplar.
- Si yo te digo que me estás vacilando. De verdad, no sigas por ahí, porque estoy a nada de coserte a ostias.
- Vale, mira, tranquilo, no te estoy vacilando, sólo es que no me gusta como has tratado a mi amigo, y tampoco cómo me estás tratando a mí. Dices que mi nave es especial, diferente de la tuya, y tienes razón, lo es, y ahora te explicaré porqué. Jim, apúntalos en mi cuenta - Y guiñando un ojo al camarero, agarró los dos vasos y se levantó del taburete. - Vamos a una mesa con sillón, que se está más cómodo.
Y se dirigió a una de las mesas situadas cerca de la puerta por la que ambos habían entrado minutos antes, con las dos bebidas en la mano. El tipo, todavía resoplando, le siguió. Mientras se sentaban, Leynad continuó la conversación.
- ¿Cómo te llamas?
- Carter. Y llevo tres meses aquí. Tú, supongo que llevarás más, pero eso no te da derecho a tener una nave mejor. ¡Todos tenemos modelos iguales!
- Muy bien, has acertado en algo, llevo más, sí, bastante más.
- Me da igual que lleves diez años. Conozco a compañeros que llevan más, y tienen la misma nave base que yo.
- Efectivamente - Leynad hablaba muy tranquilo, mientras al otro, se lo llevaban los demonios cada vez más. - Y dime, cuando entraste, ¿no hiciste un examen sobre la historia de la empresa?
- ¡Lo hice! ¡Y aprobé con nota!
- ¿Con qué nota?
- Un 7 y medio. ¿Te vale?
- Me vale... y a la empresa también. Pero dime, ¿Cómo mierda sacaste un puto 7 y medio, sin conocer en absoluto la nave del fundador y dueño de la empresa?
A Carter, en ese momento, se le cayeron los cojones al suelo. Quedó paralizado, con la boca semiabierta, como pareciendo que iba a decir algo... pero de esa boca no salió sonido alguno. Leynad continuó.
- Tengo entendido que aparece en el librillo que os estudiáis para hacer el examen. Hay un capítulo entero sobre ella. Y casi siempre sale alguna pregunta tonta sobre ella. Al fin y al cabo, fue el primer gran “invento” de mi padre.
La cara de Carter aún se deformó más. Se agarró la cabeza, se echó para atrás en el sofá, y habló con una voz mucho más calmada, y hasta sombría.
- Vale... la he liado... la he jodido... Oh ¡Joder! ¡Mierda! Lo... lo siento, yo... Ah! Lo siento.
- Bien, al menos ya tenemos algo claro los dos. La has liado, sí. - contestó Leynad, divertido.
- Ufff.
- Sí, uf. Sabes que podría despedirte fulminantemente ahora mismo, ¿no?
- Sí... supongo que me lo merezco. Entonces... ¿eres el hijo de Otinev?
- El mismo... Leynad Otinev. El mismo. Aunque a lo mejor, tampoco conocías mi nombre.
Carter bajó los brazos y puso una expresión aún más sombría. Se diría que le quedaba un momento para ponerse a llorar.
- No... la verdad que tampoco lo sabía. - Confesó.
- Ya. Bueno. Mira. Me has caído bien. Aún es posible que no te despida. He visto ahí afuera que no soy tu único problema ahora mismo. A juzgar por el tono de tu pareja... quizá ni siquiera soy el peor problema.
- Estoy bien jodido, la verdad. Por todos lados. - Carter se llevó una mano a la cara y se tapó los ojos, mientras con la otra agarraba el vaso verde, y se lo llevaba a la boca. Leynad hizo lo propio con su vaso, y después continuó.
- Vale. Empecemos de nuevo. Vamos a ver si podemos acabar la noche e irnos los dos contentos a casa. ¿vas a irte a medianoche?
- No... ya ni siquiera quiere que me vuelva con ella. La he cagado bien. La he jodido mucho en sólo 15 minutos, entre ella, y tú...
- No no no, no te equivoques. Conmigo no la has cagado ahora. La cagaste mucho antes, cuando pasaste el examen. ¿Qué mierda es esa que bebes?
- ¿Cuándo pasé el examen? ¿Cuál es el problema ahí? Te he dicho que saqué un 7 y medio. Pasé bien. Lo que bebo es Brassico, por cierto. Es un refresco de hierbas, de Brasil, en la Tierra.
- ¿Refresco de... ¡Oh! ¿Pero qué mierda es esa? No me extraña que la jodas tanto, Carter. Jim! Ponle a este hombre un TumbaLeys, por favor! - Leynad llamó al camarero, mientras volvía a girarse hacia Carter.
- Verás, lo primero que quiero que me expliques, es cómo aprobaste ese examen. No me importa que me hayas insultado, no me conoces, tengo una nave mejor que la tuya siendo del mismo departamento que tú, y acabas de romper con tu novia, que además, está embarazada. Es normal que estuvieras exasperado. Pero es imposible sacar un 7 medio en ese examen sin saber que mi padre inventó esa nave, y que yo, su hijo, trabajo descubriendo planetas como tú. Así que venga, dime cómo lo hiciste.
- Está bien, hice trampa. - Contestó mientras Jim le dejaba el vaso transparente en la mesa.
- Gracias Jim, apunta éste también, esta semana hacemos cuentas. - Leynad agradeció al camarero, y siguió con el empleado. - ¿Qué trampa? Tenemos vigilantes, arcos de seguridad, cámaras detectoras de metales y micrófonos, grabadoras... ¿Cómo mierda lo hiciste? ¿Tienes amigos aquí?
- No, no... fue mi mujer. Tiene... tiene muy buen pulso y letra, y... bueno, me hizo una chuleta.
- JAJAJAJAJAJJAJA. ¡Venga ya! - Leynad dio un gran trago a su vaso, Carter lo imitó - No me lo creo. Puedo admitir que tengamos algún vigilante cateto, ¿pero una chuleta? Te habrían pillado.
- Bueno... como te digo mi mujer tiene muy buen pulso y letra, y me la hizo en una plaquita de metal que llevaba puesta en el anillo. Un resumen completo del librito. Con un índice y buscador.
- ¿Un resumen completo del librillo, en una plaquita que cabe en un anillo? ¿Cómo?
- Con un grabador microscópico. Lo inventé y construí yo. Tu padre no es el único inventor del mundo...
- No, pero fue el mejor
- En eso estoy de acuerdo. Pero esto lo inventé yo. Es un grabador electrónico. Escribe letras con electrones, que quedan ordenados sobre la plaquita. No se ve nada en ella si no llevas un microscopio electrónico insertado en la córnea, claro.
- ¿Y tú lo llevas?
- Lo llevé en el examen, también lo fabriqué yo.
- Ahá... - Esta vez fue Leynad quien cambió la expresión de la cara, que cambió de divertido, a pensativo - Pero ¿porqué? El librito son apenas 75 páginas de pura prosa, nada técnico. Un tío que fabrica grabadores electrónicos y se inserta microscopios en la córnea, no debería tener ninguna dificultad para leérselo un par de veces, y las preguntas del examen son de parvulario. ¿Porqué complicarse tanto?
- No es complicarse. El grabador y el microscopio de córnea ya los tenía inventados. Yo tenía trabajo, y quería acabarlo antes de venir a hacer el examen, necesitaba el dinero. Además, y ya que estoy prácticamente en la calle, seré sincero contigo... el examen me parece una gilipollez.
- Lo es. ¡Claro que lo es! - Respondió Leynad, dejando a Carter sorprendido - Pero ¿sabes? Sólo lo hacemos para asegurarnos de un par de cosas: Que las personas que se van a dedicar a descubrir planetas, tienen interés en descubrir planetas, y no solo en el dinero que da descubrir planetas, es la primera.
- Entiendo.
- Y la segunda es deshacernos de tramposos.
- Vaya.
- Vaya. No pareces reunir ninguna de las dos condiciones, Carter. Dices que estabas ocupado, que tenías trabajo, que te hacía falta el dinero. ¿Porqué esa obsesión? A tu novia, ahora, le estabas diciendo lo mismo, lo siento, os he escuchado. ¿Tan mal vais de dinero? No me puedo creer que un tío que no ve difícil insertarse un microscopio en la córnea tenga tanta necesidad.
- Pues la tengo.
- ¿Cómo? Con esa capacidad técnica, ¿no se te rifan en la Tierra?
- ¿En la Tierra? Hace tiempo que no vas por allí, ¿verdad?
- Verdad. Quería haber ido el mes pasado en mis vacaciones, pero al final, la cosa se torció. Hará como 15 años que no voy. La última vez que estuve era un adolescente.
- Pues deberías ir, o informarte mejor al menos. En la Tierra la gente como yo está jodida. Allí solo arreglo mierdas que se rompen. Nadie quiere máquinas nuevas. No queda apenas industria. Sólo hay turismo. Si te especializas en cosas así, lo mismo puedes pillar algo, pero lo mio es la ingeniería industrial. De eso ya no hace falta en la Tierra.
- ¡Oh! ¡Vamos! No estoy tan perdido. Aún quedan empresas en la Tierra. ¿Que hay de las empresas de vehículos, por ejemplo? Estoy seguro que de esas aún hay. En la Tierra siempre han estado obsesionados con los coches.
- Sí quedan, pero cada vez hay menos, y cada vez se fabrican menos coches. Además... no se si sabrás que somos más de veinte mil millones. Creo que estás demasiado acostumbrado a ver y vivir en planetas nuevos. La competencia es feroz, y además está muy extendido el clientelismo y el enchufismo. Y yo no conozco a nadie.
- ¿Y las bases del sistema solar? ¡Vamos! No me digas que no buscan a gente como tú en Marte, o en Ío, o Ganímedes, o Titán. No me lo creo.
- Pues créetelo, en el Sistema Solar, solo hay trabajo para construir grandes máquinas que hagan más cómodo y barato investigar y esquilmar los planetas. No es verdadera innovación, es solo coger algo que ya existe y tratar de hacerlo más grande, más barato, y más duradero. No es eso lo que me atrae.
Ahora fue Leynad quien torció el morro, y se reclinó sobre su asiento. El TumbaLeys también empezaba a hacer efecto, y a demostrar el porqué de su nombre.
- “No es eso lo que me atrae” no es la respuesta de una persona que necesita dinero para comer, Carter.
- Bueno...
- Sabía que había un “bueno...” venga, desembucha.
- Yo no he dicho que lo necesitara para comer.
- ¿Entonces por qué tanta prisa? ¿Por qué implorar un viajecito más a tu mujer que, salta a la vista, no está disfrutando de los viajes?
- Verás, tengo un proyecto... tengo un primo que tiene una participación en Gallyx, un planeta de nuevo descubrimiento...
- ¿Gallyx? Sí, lo conozco, aunque no lo descubrí yo. Una minitierra de unos 7000 Km de diámetro. Sin necesidad de terraformación, con océanos, y casi preparada para “entrar a vivir” cuando la descubrió Rajja. De hecho, creo que es su mejor planeta, y se vendió bien, Rajja estuvo a punto de dejarlo después de cobrar, con uno como ese si que habrías triunfado, Carter, pero nadie ha descubierto algo así en su primer año... la experiencia cuenta mucho en este trabajo. Es un buen planeta, de los mejores. ¿Y tienes un primo con una participación? ¿Cómo?, y sobre todo, ¿cuánto?
- No es un primo cercano, pero nos conocimos en una reunión familiar y le caí bien. Y tiene visión de futuro, y me ofreció algo que para mi... bueno, sería un sueño.
- Cuenta.
- La familia de la madre de este primo emigró en una de las primeras oleadas a Hennein. Hicieron bastante dinero, como todos los de aquella generación, y luego han sabido mantenerlo. Se han ido moviendo por planetas. Tienen terrenos en varios de ellos, que luego van revendiendo tras dividirlos en segmentos más pequeños, siempre que esté permitido, claro. No hacen nada ilegal... o eso creo. No toda la familia se dedica a eso, pero, ya sabes...
- Sí, la típica familia con un “oficio” que es típico entre ellos y que se ayuda... y otras cosas. Conozco la historia. En realidad, es indiferente, ves al grano, Carter, ¿qué es lo que tu primo el ricachón terrateniente te ofrece?
- Bueno... una parcela de 5000Km2 en Gallyx, completamente virgen, transformable en nación bajo ciertas normas, con posibilidad de llevar a gente a trabajar y vivir allí y, por lo que me ha dicho, en Gallyx hay multitud de personas de poder en este momento buscando precisamente esto, gente con iniciativa, en los que poder invertir... Para poder “iniciar” el planeta lo antes posible. Allí podría vivir bien dedicándome a lo que me gusta, investigar, inventar cosas que ayudarían a crear ciudades, pueblos, canales, carreteras, comunicaciones, ¡todo! Un mundo completamente nuevo.
- O sea, ¿que estás aquí solo como puente? ¿Para acabar marchándote a Gallyx? ¿Y pretendes hacerlo en un mes? ¡pero si acabas de entrar!
- Llevo tres meses, no hace tan poco...
- ¡Tres meses! Carter, el examen en el que hiciste trampa es el último de un proceso de selección que dura exactamente eso. ¡Acabas de entrar! Nadie que pase por un proceso de selección de 3 meses se marcharía después de trabajar sólo 3 meses, a no ser que fuera por salud. Y estoy seguro de que no hiciste trampa en los otros exámenes, porque eran mucho más técnicos.
- No, no... los otros los pasé bien.
- Mira, Carter - Terminó diciendo Ley mientras se reclinaba en su sofá y apuraba su vaso - admiro tu determinación, pero tienes un proceso de toma de decisiones muy extraño. Muchos de los que entran a este trabajo saben que es algo temporal, porque no quieren pasarse toda la vida vagando por el espacio, y porque saben que tarde o temprano descubrirán un planeta que les dará pasta para vivir bien el resto de su vida. En el tiempo que llevamos haciéndolo, he visto a muchos retirarse, la mayoría felizmente, tras haber prestado buen servicio durante unos años. Unos años. Y tu coges y le prometes a tu esposa que la vas a llevar a un planeta nuevo, a construir todo un mundo con tu hija recién nacida, en tres meses. Después, me dices que tu pasión es la investigación y el inventar cosas que ayuden a desarrollar mundos nuevos, y nosotros tenemos aquí todo un departamento dedicado a ello, que publica ofertas en los mismos sitios donde se publicó la oferta para ser descubridor... ¿Porqué no te presentaste para una plaza en I+D Planetario?
Carter se quedó un poco pensativo y no respondió en ese mismo momento. Suspiró, agarró su vaso y también lo terminó. Finalmente, habló.
- Ese trabajo sería ideal... si no existiera la posibilidad de Gallyx. Y en ese departamento no podría ganar en tan poco tiempo el dinero que necesito para adquirir ese trozo de tierra en Gallyx.
- A ver... pero ¿Cuánto te pide tu primo por esos 5000Km?
- 170.000 créditos.
- Ciento setenta y... jajajajajjaja - Leynad rompió en carcajadas, y seguidamente, tras recomponerse un poco, le hizo un gesto a Jim, que estaba en la barra, para que sirviera dos vasos más. - Cárter, compañero, el mejor debutante que hemos tenido, hizo 17.500 créditos en su primer medio año. Y fue porque tuvo la chiripa de encontrarse una medioTierra en uno de sus primeros viajes. Tu querías hacer diez veces más en la mitad de tiempo. Dime, ¿qué te hacía ser tan optimista?
- En realidad ya tengo casi 90.000 ahorrados. De ese trabajo que estaba terminando antes de hacer esa última tontería de examen, en la que copié. Y... tenía... tengo ciertas esperanzas de encontrar algo en el lugar que estoy explorando actualmente.
- ¿90.000 de un trabajo en la Tierra? ¿No decías que estaban arruinados y que allí no había nada?
- ¡Ah! Tuve suerte, y vendí cierto microscopio ocular al servicio de inteligencia de una de las naciones...
- Ahá... - Leynad sonrió, mientras Jim depositaba los dos vasos llenos y se llevaba los vacíos de la mesa - sí que te pagaron bien, que no puedes decir ni cuál es.
- Era una de las condiciones del contrato, y nunca se sabe. Y la otra es que no se lo puedo vender a nadie más. Así que de ahí, poco más voy a sacar.
- Vale. Pues vayamos a la otra cuestión. Teniendo 90.000 te siguen faltando otros 80.000, y sigue siendo mucho más del récord que tenemos aquí. ¿Qué te hace pensar que vas a encontrar algo... tan... descomunal?
De nuevo, Carter se mostró pensativo, y no continuó inmediatamente con la conversación. Bebió del vaso, miró hacia la barra, y hacia los chicos que bailaban en la pista, que en ese momento estaban recogiendo sus bártulos para marcharse.
- No sólo he inventado el microscopio - dijo, al fin.
- Humm. ¿Qué tienes?
- Verás, mi mujer, aunque te haya parecido otra cosa... bueno... es una especie de apasionada de los planetas. De pequeña coleccionaba cromos de los que ibáis descubriendo, que se editaban en la Tierra.
- Ah, sí, lo recuerdo, yo era un chaval ahí.
- Pues, ella leyó mucho aquellas fichas, y después, aunque en forma de hobby, siempre estuvo interesada y leyó mucho sobre el tema.
- Ahá.
- Y después de leer y leer, y ver datos, y comparar, y hacer cosas así, se dio cuenta de una cosa: La mayoría de los planetas más “terrestres” que se habían descubierto, estaban en sistemas cuyos soles cumplían ciertas características similares.
- Pero eso no es nada nuevo, ya discriminamos soles según sus características. No perdemos el tiempo yendo a un sol con una posibilidad mínima de albergar un planeta que valga la pena.
- ¡Claro! Ahí está la cosa. También vio un documental sobre vuestra empresa, donde explicaban cómo eran las naves, y que sistemas utilizaban, y justo hacían referencia a eso. Y ahí, ella se dio cuenta de que su sistema era... ¡10 veces más “predictivo”! Vuestro sistema no tiene en cuenta cosas que el suyo sí. - Carter observó como Leynad levantaba incrédulo una de sus cejas - Créeme, no es algo claramente cuantificable, pero me lo mostró, y ambos lo mostramos a varios planetólogos de La Tierra y nos dijeron que podía estar acertado. Pero para demostrarlo habría que experimentarlo, y no existían instrumentos para detectar algunos de los parámetros que el modelo de mi mujer tenía en cuenta, y el vuestro no.
- Posiblemente por eso, nuestro modelo no los tenía en cuenta. No estoy muy al tanto, porque todo eso lo desarrolló mi padre, y esa parte nunca me interesó demasiado, yo no soy un técnico, como él o como tú. Pero sí que entiendo como y con quien trabajaba mi padre y, sin querer ser pretencioso, estoy seguro de que su modelo tuvo en cuenta esas cosas, pero no pudo implementarlas por imposibilidad técnica...
- Y ahí es donde entro yo - Cortó Carter, haciendo sonreír a Leynad, que se vio animado a tragar algo más de su vaso.
- Ahora me vas a decir que has construido algo que mi padre no consiguió hacer.
- Como tú dices, por imposibilidad técnica. Para construirlo tuve que utilizar algunas cosas que no existían cuando tu padre ideó estas naves. Lo que tu padre necesitaba eran sensores que midieran los parámetros indicados, y no existían. Ahora, existen. O eso creo, vaya.
- Eso crees. ¿Cuánto has hecho, en estos tres meses? - Leynad hizo el símbolo del dinero con los dedos.
- Algo más de 4500. Casi 5000.
- Pues no está mal. Pero no son 80.000. A este ritmo necesitarás 4 años. Eso es lo que le tenías que haber dicho a tu mujer, Carter. No 3 meses. Vamos, si llevas a tu hija a Gallyx con 4 años, tampoco va a ser un trauma para ella. Crecerá allí. Si es lo que te preocupa.
- No, lo que me preocupa es que la oferta de mi primo no es para siempre. Ya le han ofrecido 200.000. Me dice que me espera, pero el que le ha ofrecido ahora 200.000, quizá le ofrezca más en el futuro, y todo el mundo tiene un precio.
- Entiendo, pero prometer que vas a hacer algo no ayuda a hacer ese algo. Probablemente hasta estorba, por la presión. Prometer que vas a conseguir hacer en tres meses diez veces más dinero que el récord, es mentir, sin más.
- Bueno... es que no lo fiaba todo a conseguir ese dinero descubriendo un planeta.
- ¿y a qué lo fiabas, pues? Eres un Descubridor de planetas. Así, con la “D” mayúscula.
- Quiero decir que no esperaba encontrar un planeta de 80.000. Esperaba subir la “media” de créditos por planeta, o si lo prefieres, la “media de calidad” de los planetas descubiertos. Y si se me permite, creo que lo estaba consiguiendo. 4500 en tres meses está muy bien para ser los primeros tres meses. Es solo que para demostrar algo como eso se necesita más tiempo. Yo creo que si hubiera podido estar un año manteniendo ese nivel...
- Espera, espera... para. Eso no es lo que le estabas diciendo a tu mujer. Y tampoco sé como podría ayudarte a conseguir esos 80.000 más rápido el subir la media. Te llevarías más dinero, pero solo porque los planetas que descubras tendrán más valor, y seguirás necesitando 2 o 3 años para esos 80.000.
- No... porque mi sistema es externo. Tenía pensado vendéroslo.
- Entiendo. Ahora has ido al grano, Carter.
Ahora el que se quedó pensativo fue Leynad. Se reclinó de nuevo en su sofá. Cruzó los brazos, y se pellizcó el labio inferior con las uñas de los dedos índice y pulgar de la mano izquierda. Al momento, cesó y dirigió la mano al bolsillo del pantalón, sacó una especie de caramelo, lo desenvolvió, y echó el contenido, una bolita de color azul, en lo que quedaba del Tumbaleys, que se tornó azulado al momento. Leynad cogió entonces el vaso y bebió lo que restaba, dejando que la bolita de caramelo acabara en su boca impregnada del brebaje transparente. Soltó el vaso sobre la mesa y miró a Carter, con gesto serio.
- No eres el primero que hace algo así. Ya le he dicho a Tote y al consejo en varias ocasiones que deberíamos revisar estas reglas. El hecho de que cualquier mejora interna que se le haga a la nave nos pertenezca automáticamente, y si la mejora es externa, no nos pertenezca en absoluto es algo absurdo. Debería haber un término medio, y ser igual siempre. Pero no me hacen caso. Esto lleva a cosas así... Y dime, ese sistema “externo”, ¿es forzado o natural? Sé sincero, no tiene sentido andarse con rodeos.
Carter reflexionó un momento, tratando de decidir si había entendido lo que Ley le estaba diciendo.
- Creo... que forzado. Quiero decir, hay un montón de cálculos que está haciendo mi mujer con una computadora manual desconectada, que si los hiciera la nave... bueno, sería más rápida, eso seguro. Supongo que de forma natural la habría programado así. Pero la he hecho de la otra forma para que sea completamente independiente de la nave, y poder vendérosla.
- ¿Ves? Me das la razón. Así, todos perdemos. Tú descubres menos planetas porque necesitas más tiempo, y la empresa descubre menos planetas porque tú necesitas más tiempo, y como colofón, si la tecnología es buena, nos toca pagarla.
- Bueno, ¿Y que pretendes? ¿Hacer que también os la tengamos que ceder gratuitamente?
- Para empezar, no sería gratuito. Todos los planetas que descubras, toda la tecnología que inventes y agregues, no serviría para nada si no tuvieras una nave. Y sabes que sólo nosotros podemos fabricar este tipo de naves, porque somos los únicos que sabemos.
- Y vosotros descubriríais muchos menos planetas si no fuera por las mejoras que añadimos los trabajadores. Y la mitad serían piedras muertas. Tu padre estuvo en 21 planetas antes de llegar a uno con atmósfera.
- Vaya, ¿esa parte de la historia si que la estudiaste?
- Eso lo enseñan en Historia, en el instituto.
Ley masticó su bola de caramelo haciendo un ruido chasqueante y tragó los restos. Con aire serio, contestó.
- ¡Oh!. Vale, empecemos de nuevo, no lo tomemos como algo personal. A lo que me refiero, Carter, es a que no tiene sentido que tu mujer tenga que estar haciendo cálculos cuando podría hacerlos la nave, y todos ganaríamos más dinero con ello. Ahora estamos en una situación en la que todos perdemos. Lo que debemos hacer es pensar una, en la que todos salgamos ganando. En cuanto a lo tuyo, te diré lo que vamos a hacer, Carter. A partir de este momento, dejas de ser trabajador de esta empresa. Voy a ingresar 100.000 créditos en tu cuenta, y mañana a mediodía te vas a marchar a la Tierra, a buscar a tu mujer, a la que vas a recoger y te vas a llevar a Gallyx inmediatamente. Pero no vas a volver a entrar a tu nave. Y no solo eso, sino que espero que estés a disposición de nuestros técnicos para cualquier consulta que quieran hacerte sobre tu mod.
- ¿Y si mi mod termina no funcionando?
- ¡Joder, Carter!, hace 2 minutos estabas sin novia, sin hija y sin trabajo y ahora tienes una familia y un trozo de un planeta próspero para ti solo, gracias a la oferta de tu jefe medio colocado... ¡no hagas jodidas preguntas! Si tu mod no funciona, aprenderé a no hacer ofertas después de beber dos vasos de una bebida que lleva mi nombre. Punto.
- Yo... no se qué decir.
- No tienes nada más que decir, salvo tu número de cuenta. Esto va a ser una transacción entre tu y yo. No entre tú y la empresa. ¿Me entiendes?.
- Er... creo que sí.
- Te lo explico. No te voy a despedir, porque no quiero manchar tu vida laboral. Te marchas por tu cuenta, y dejas aquí la nave, a cargo de la empresa, con todas las modificaciones realizadas, tal y como indica el contrato, y ese sistema externo tuyo... y además, estás a disposición de mis técnicos para cualquier consulta técnica. Por otro lado, yo te ingreso 100.000 créditos como regalo personal, porque me sale de los cojones. El trato se sella entre tú y yo, aquí, ahora, dándonos la mano, y no queda escrito en ningún lado. E incluye que tú te largas de aquí mañana, y como he dicho, estás a disposición a partir de ahora para las preguntas que puedan hacerte mis técnicos sobre tu invento. Y en esto más te vale cumplir porque te recuerdo que el dueño de ese planeta al que vas, es cliente nuestro.
- Pero...
- Pero pollas. La alternativa es que te piras igual, pero sin un duro, y con un “invento” que no vas a poder vender a nadie. Así que tú decides. - Y extendió la mano hacia Cárter, que se quedó mirándola un segundo, y finalmente, la estrechó.
- Hecho. Pero no quiero responsabilidades, si el invento no funciona. Yo esperaba haber encontrado ya algún planeta mejor.
- Tú eres un impaciente. No las habrá, garantizado. - y soltó la mano. La metió de nuevo en el bolsillo y sacó una pequeña pantalla, que encendió. Tecleó sobre el teclado que apareció en la pantalla y en el momento, por uno de los lados, apareció un papel impreso de unos 6 x 12cm. Se lo extendió a Carter - Tu invento, por muy “externo” que sea, imagino que va anclado a la nave, ¿me equivoco?
- No, claro. Está dentro, es una consola, montada junto al cuadro de mando, a la derecha del asiento del copiloto. Todo va dentro, no hay nada conectado a la nave, salvo el suministro eléctrico.
- Perfecto. Nuestros técnicos lo revisarán y te llamarán. Asegúrate de darles toda la información que necesiten. Ingresa el cheque desde el terminal de tu cubo cuanto antes. Y vete a dormir. Descansa. Son las 12 y media, tu mujer ya está rumbo a la Tierra. Y cuando mañana vayas a reunirte con ella, sigue mi consejo, y tómate las cosas con más calma.
Carter guardó el cheque, apuró el segundo vaso y cerró los ojos, para a continuación, dar la razón a Leynad.
- Tienes razón, pero no se si dormiré muy bien... no se muy bien como tomarme esto.
- Tómatelo como lo que es. Te acabas de encontrar cien mil pavos, cuando podrían haberte despedido. Te hemos pillado copiando, bueno, más bien te has delatado, después de insultar gravemente al dueño de la empresa donde trabajas. Eres un tipo con suerte, ya está. Has recibido un trato especial porque has insultado al tipo correcto en el momento correcto. Venga, largo. - E hizo un ademán con la mano hacia la puerta, mientras él mismo se levantaba del sillón.
Carter se levantó del suyo, y volvió a tender la mano a Leynad.
- Gracias por la bebida, no la había probado.
- ¡Ja! Se hace con licor y extractos de frutas “especiales” de tres planetas distintos - contestó levantando las cejas varias veces. Acuérdate de mantenerte en contacto con nuestros técnicos. Y ya de paso, di que me avisen cuando hables con ellos, y me cuentas como te va por Gallyx.
- Está hecho. Muchísimas gracias.
Y se encaminó hacia la puerta de la cantina, mientras Otinev, tras recoger los vasos usados, cubría los pocos pasos que le separaban de la barra, y volvía a ocupar uno de los taburetes, con más cara de cansancio que la última vez si cabe, dejando los vasos sobre la misma e interpelando al camarero, que aparecía al momento desde la trastienda.
- ¿Qué te ha parecido, Jim?
- No lo sé, Ley... lo mismo se te ha calentado la mano. Muchos créditos por algo que no sabes si funciona.
- ¿Pero le has oído? Se implantó un puto microscopio en los ojos para hacer trampas en un examen de un nivel paupérrimo tras aprobar con buena nota varios exámenes técnicos de nivel superior y destacar entre cientos de candidatos. Alguien tan listo y tan gilipollas a la vez...
- Es peligroso.
- Peligroso si no lo tienes controlado, Jim. Y acabo de comprármelo. Su gilipollismo ya no creará problemas. Pero su genialidad puede dar beneficios. Lo vigilaré de cerca. Además, tú dices que cien mil es mucha pasta, y puede serlo si al final lo que tenga en esa nave resulta ser basura. Pero el tipo dice que ha hecho casi 5000 créditos en sus primeros tres meses. Ya sabes que no le he mentido, y que el récord es el de Bamutra, que se hizo 17.500 en su primer medio año...
- Sí, ¡Je! El bueno de Parvez... menuda potra tuvo. Luego no pilló otra racha igual en los otros 7 u 8 años que estuvo aquí.
- Exacto. Y también sabes que el segundo, detrás de ese récord, la segunda en este caso, es Baraia, que hizo 7700. Lo normal para un descubridor son unos 3000/4000 a lo sumo. El bueno de Parvez tuvo la potra de encontrar el puto mejor planeta de su carrera en sus primeros seis meses. Baraia era mejor, siempre tuvo mejor media, hasta que lo dejó. De las mejores hasta el momento, y fue la segunda mejor en sus primeros seis meses. A poco que este Carter hubiera hecho lo mismo que hasta ahora en los próximos tres meses, la habría sobrepasado. Y ya has visto que no es por su inteligencia emocional para comunicarse con la Inteligencia Artificial, como podía ser el caso de Baraia. Este tío es tosco como un mulo. Así que la diferencia debe andar en lo puramente técnico. Si lo que le ha puesto a la nave puede hacer que un tipo como éste haga 5000 créditos en 3 meses, Baraia podría hacer 15.000 con lo mismo, estoy seguro. Y no tenemos ahora ninguna Baraia, pero hay gente de calidad y con futuro. Sólo con ésto el invento queda amortizado en muy poco tiempo.
- Entiendo, pero si no funciona...
- Si no funciona, habré pagado 100.000 créditos y 2 cubatas por quitarme de en medio a un imbécil. Al menos, espero tener un sitio donde ir a dormir si voy por Gallyx...