No sabía que te amaba

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Sinopsis

En la Universidad Argent, entre pasillos repletos de voces y días que parecen repetirse sin fin, cuatro vidas empiezan a cruzarse sin que nadie lo planee. Hugo carga con un pasado que todavía lo persigue, mientras Fiona ha aprendido a caminar con responsabilidades que nunca pidió. Aria llega con la ilusión de empezar de nuevo en un lugar desconocido, y Oliver, oculto tras un carácter distante, descubre que no siempre es fácil esconder lo que uno siente. Lo que comienza con simples casualidades —una mirada fugaz, un rumor que se extiende demasiado rápido, un encuentro a destiempo— se transforma poco a poco en algo más profundo. Entre secretos, dudas y pequeños gestos que hablan por sí solos, los cuatro descubrirán que el amor y la amistad llegan cuando menos se esperan… y siempre con algo que arriesgar. Porque a veces, una vida puede cambiar no con un gran acontecimiento, sino con una palabra, un silencio… o un inicio inesperado. —¿Empezamos? —preguntó Fiona, con una sonrisa que parecía ligera, aunque sus ojos decían otra cosa. Hugo se quedó quieto, sorprendido, como si no hubiera ensayado nunca esa escena. Abrió la boca para responder, pero solo logró soltar una risa nerviosa. —Yo… supongo que sí —balbuceó, sin estar seguro de qué acababa de aceptar. Y quizá por eso, porque ninguno lo tenía del todo claro, aquel instante se sintió como el verdadero comienzo.

Genero:
Romance
Autor/a:
Suri-Chan
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

A veces, alejarse también es aprender

Una fresca brisa de primavera agitaba hojas bajo el sol del ocaso y levantaba un murmullo en el pasto. Un automóvil, iba por la carretera, casi llegando a su destino deseado, anhelante de llegar pronto... O no.


—¿Por qué la cara larga, Aria? ¿Sigue sin gustarte la idea de ir a la universidad Argent de intercambio en primavera? — Hugo la miraba de reojo, notando lo ida que estaba, mientras veía por la ventana con una cara más triste que enojada por la decisión que se había tomado.


—Sí... No me agrada nada la idea de alejarme de usted y de Keyla. ¿Qué pasará si los extraño demasiado? ¿O si algo ocurre mientras no estoy? — Aria era una estudiante brillante, pero reservada; su mundo se reducía a Keyla Briard, su compañera de cuarto, y al director de su universidad, Hugo Blanchard.


Hugo meditó unos segundos antes de responder. Sabía que la forma en que lo hiciera definiría cómo ella viviría esta oportunidad.


El director guardó silencio mientras pensaba sus palabras, conocía a su pupila, su siguiente jugada decidiría cómo vería esta nueva oportunidad. —Piénsalo de este modo... Si vas, puedes conocer a nuevas personas, ir a una biblioteca distinta, caminar por un jardín diferente. Solo cambias de ambiente, Aria, puede ser tu vida cotidiana normal, solo que... —


—Solo que en Argent.— Interrumpió la joven. —Me lo ha repetido un millón de veces, director, pero... Será sin un director al que pueda acudir cuando no sepa qué hacer... Y sin alguien con quien pueda hablar cuando quiera dialogar sobre un libro... —


El miedo de estar sola en el mundo que de tanto la han guardado. El momento en que no tenga en nadie en quien confiar... Ambos guardaron un silencio, no incómodo, sino reflexivo. Hugo la comprendía, sabía lo que estaba sintiendo, él sabía que para ella alejarse de ellos, tan siquiera unos cuantos meses, la aterrorizaba. Aria se sentía tan segura cuando estaba con ellos, que nunca había vuelto a pensar que no los tendría cuando fuera necesario.


"¿Por qué me preocupo tanto por ti, niña tonta?" Fue lo que pensó el tutor antes de hablar. —Si ese es el caso, ¿Por qué no te acercas a la directora de la Universidad Argent?— Su voz se escuchó seria, pero comprensiva. un tono que rara vez mostraba, ya que era una persona seria y reservada.


—¿La directora de la Universidad?— Repitió dudosa la joven. No sabía qué esperar de ella. "¿Era alguien arrogante? No será de esas ancianas regañonas, ¿O sí?" Estas y muchas más preguntas empezanron a rondar sus pensamientos, hasta que por fin preguntó para estar más tranquila. —¿Cómo es ella? —


—¿Ella? — Llegaron a un semáforo en rojo, pararon, y el tono del director cambió notablemente. De un serio comprensivo, a una voz suave y soñadora... Como alguien que recuerda a su primer amor. —Fiona D'amore es la persona más dulce que he conocido... Ella es muy paciente, comprensiva, amable, amorosa... Su sonrisa ilumina la habitación, y se lleva toda la tristeza de tan solo mirarla... ¿Ya mencioné lo dulce que es? —


El cambio repentino en la voz de Hugo, provocó que los tres alumnos que iban atrás, despertaran incrédulos de lo que escuchaban. —Eh, director Hugo. El semáforo ya está en verde. — Jhonn uno de ellos, lo hizo bajar de las nubes, para volver a la realidad de un semáforo y bocinas enojadas.


—Oh, gracias Jhonn. — Como si no hubiera sucedido nada, todo volvio a como era antes.


Una voz bromista y coquetamente divertida se escuchó por detrás de él. —director Hugo~ ¿Usted gusta de la directora D'amore? — Era Lucinda Ferrer, una joven conocida en su campus por emparejar a las personas, y no se detendrá hasta ver la relación florecer... O hasta que el director le llama la atención por su comportamiento.


—¿Gustar de ella? ¿Yo? — Su voz sonó severa mientras la miraba a los ojos desde el retrovisor. La joven solo movio la cabeza energéticamente mientras esperaba ansiosa su respuesta.—Lucinda, por favor no digas tonterías. — Dicho esto, todos podían ver el leve sonrojo de sus mejillas. "Oh, mi nuevo objetivo", fue lo que pensó traviesamente la joven.


El director se aclaró la garganta, y cambió el tema para olvidar lo acontecido. —Bueno, espero estén listos para Argent, porque ya llegamos.—


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El ocaso ya moría, las sombras se adentraban en la oficina de la directora Fiona D'amore, el viento jugueteaba con las cortinas, y una voz entre severa y dulce, se escuchó.—Oliver, quiero que te comportes con tu compañero de habitación. No escucharé objeciones, y espero que comprendas que esta es una gran oportunidad para Maxwell.—


Un joven de cabello castaño, de pie frente al escritorio de su tutora, habló con voz seria, pero algo suplicante y comprensiva. —Comprendo que sea una oportunidad para él... Pero sigo sin comprender por qué de todos los estudiantes de Argent... ¿Por qué él específicamente debe ir a Glamour en primavera para el intercambio anual? —


Todos los años, por el aniversario de las famosas Universidades hermanas: Glamour y Argent, se hace un intercambio entre los mejores estudiantes durante cuatro meses, y ya había llegado la fecha de la conmemoración.


—Oliver... — La mayor volteó a verlo, y su voz, antes seria y distante, cambió a una cálida, casi maternal. —Maxwell es un excelente estudiante, tiene uno de los cuatro mejores promedios de toda la universidad. A pesar de haber sido transferido a Argent a mitad del año, su rendimiento es excepcional. Tú y yo sabemos, que Max se muere por ir... ¿No? —


El pupilo guardó silencio por breves momentos, suspiró con pesar. —No prometo llevarme bien con mi compañero temporal, y espero que esté claro que no estoy de acuerdo con este intercambio, y si sucede algo mal, sabe lo que diré, ¿No? — Sus brazos cayeron a sus costados y se acercó más a ella.


—Claro, pero espero cooperes tan siquiera un poco. — coloco su mano en el hombro del joven y cerró sus ojos dulcemente.


—Dije que no prometo nada. — Escéptico, la vio sin piedad. Hubo un silencio por breves momentos, el aire frío del ocaso se filtró, moviendo sus cabellos castaños.


—Oliver...— Empezó la directora. —Solamente, no repitamos lo de los anteriores años... —Su mano apretó ligeramente su hombro, mientras su sonrisa seguía ahí, pero su voz cambió. Creando una escena aterradora. — No quiero cambiarte de compañero de habitación... Cada mes. — Sí, Oliver tenía un mal temperamento, y eso le generó migraña a Fiona, ya que era complejo encontrar a alguien que pudiera llevarse bien con el estudiante, y su solución llegó cuando conocieron a Maxwell.


Oliver no reaccionó, ni se inmutó, solamente asintió ya acostumbrado a la escena.


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El motor se apagó tras un "click". Bajaron del auto y Lucinda, estirándose, dijo. —¡Por fin llegamos! Estuvimos mil años en el auto.—


—No fue mucho tiempo... — Murmuró Aria en respuesta, mientras el director le ponía una mano en el hombro y decía. —¿Entramos? —


Las rejas negras de Argent se alzaban frente a ellos, adornadas con el emblema dorado de la universidad. Más allá, un sendero de piedra se extendía entre jardines perfectamente cuidados, salpicados de flores de primavera que contrastaban con el cielo anaranjado del ocaso.


Hugo cruzó el portón con paso seguro, pero no dejó de percibir las miradas curiosas de algunos estudiantes que descansaban en los bancos del jardín. Lucinda, siempre atenta al mínimo destello de chisme, sonrió como si hubiera encontrado un nuevo terreno fértil para sembrar rumores.


—Hermoso lugar... —comentó, aunque en su voz había más picardía que admiración.


—Es... grande —admitió Aria, recorriendo con la vista los altos ventanales y las columnas blancas del edificio principal. Sin embargo, su mano se aferró instintivamente al bolso, como si quisiera tener algo que la anclara en ese territorio desconocido.


El director se detuvo frente a la escalinata de entrada y, girándose hacia el grupo, anunció: —Bienvenidos a Argent. —


El aire frío del atardecer se mezcló con el aroma tenue de jazmines, y en el silencio breve que siguió, los pasos de otra persona resonaron desde el vestíbulo.


—Oh, director Blanchard. — Rio levemente Fiona mientras llegaba a su lado, con esa sonrisa suya que la caracterizaba. —Por favor, no me robe mi línea. —


Hugo negó con las manos torpemente, mientras perdía un poco la compostura de director distante que siempre mostraba, a uno más dulce y torpe. —No es nada de eso, directora D'amore, no pretendía quitarle su diálogo. —


—No se preocupe, director, solo estaba bromeando un poco. — El aire jugaba con su cabello castaño, mientras lo miraba a los ojos dulcemente.


Antes de que Hugo lograra responderle, ella se volteó a los estudiantes de Glamour y se acercó un poco más. —Espero me disculpen por llegar un poco tarde a su llegada. Sean bienvenidos a Argent, donde nuestro sueño, es verlos lograr sus metas juntos. —

Dicho esto, algunos estudiantes de Argent se acercaron para saludar a los recién llegados, esto ocasionó que Aria saliera casi corriendo al lado de Hugo, mientras este le ponía una mano en el hombro en señal de apoyo.


Aria lo miró un poco más tranquila, mientras sentía la brisa que le revolvía el flequillo, y le recordaba que ya no estaba en casa...


—Director Blanchard. — La castaña le había tocado el hombro a su compañero.


—¿Sí, directora D'amore? —Respondió torpemente.


—Veo que no has cambiado nada, mi querido amigo. — Dijo riendo ligeramente la mujer, notando como la joven le tiraba de la manga al que tenía en frente. —¿Puedo saber quien es la agradable señorita detrás de ti? —


-Ella es Aria. —Señaló. —Aria, ella es la directora Fiona D'amore. —


—Un placer, directora D'amore. —


—El placer es todo mío. —


El tutor sintió una mirada penetrante proveniente de un joven que, como Aria con Hugo, se escondía detrás de Fiona. —¿Quién es... El joven? —


—Él es Oliver, Oliver, él es el director Blanchard. — Presentó la instructora.


Los cuatro se establecieron en un incómodo silencio, Aria apretaba sus labios mientras inspeccionaba con la mirada a la directora y al joven que tenía detrás. Oliver por su parte, miraba a Blanchard con tal intensidad, que pareciera que con solo una mirada, podría matarlo. Hugo sentía la mirada del joven, pero se centraba más en disfrutar la hermosa sensación de tener a su directora cerca, y Fiona... Bueno, ella solo ladeó su cabeza, distraída, como si por un instante, el mundo a su alrededor dejara de existir.


No más se dió cuenta que el momento estaba tenso, propuso a Hugo entrar mientras le invitaba a pasar, ya que la noche ya era visible, y no podían quedarse mucho tiempo ahí.


Con solo unas palmadas de Fiona, los estudiantes de Argent supieron que era la señal para volver al interior, y que el toque de queda empezaba para los colegiales.


—¿Les parece bien si empezamos a asignar habitaciones para que se acomoden y puedan descansar? — La directora le dio un vistazo a su lista, mientras Hugo se posicionaba a su lado, listo para ayudarle en lo que ella le pidiera. —Hugo... —


El hombre sintió un suave tirón en su manga, su piel se le erizó, y pudo sentir cómo su rostro enrojeció un poco. Al voltear su mirada, pudo ver los ojos cafés avellana preocupados de Fiona. —¿Podemos hablar en mi oficina un momento? —


El tutor asintió levemente. La directora casi nunca lo llamaba por su nombre, ya que sus momentos compartidos eran frente a estudiantes y no a solas. Ambos directores se dirigieron a la oficina, y pidieron no ser molestados.


Por su parte, Aria estaba sentada entre las maletas de sus compañeros, evitando hablar con nadie. Solo quería estar sola, adaptarse... aunque le parecía imposible.


—¿Se encuentra bien, señorita? —Un joven rubio con uniforme impecable, se inclinó ligeramente, extendiendo la mano.


—Sí, todo en orden —susurró ella, casi inaudible. Asintió y lo dejó, caminando sin rumbo mientras buscaba a Hugo sin más. No necesito ayuda de un extraño, pensó.


—¿No te parece linda la joven que estaba como sombra del director de Glamour? Lástima que no pueda quedarme y cortejarla —susurró el rubio a Oliver, quien acababa de llegar a su lado.


—Me parece malhumorada, Maxwell... y además, ¿quién se queda pegada a su director todo el día mientras otros intentan acercarse? —Oliver la observó alejarse y pensó: Gracias a Dios que no compartiré habitación con ella...


Maxwell lo vió incrédulo, y sin humor, bufó. —El burro hablando de orejas. — Y se dispuso a buscar su maleta entre las demás.


Aria suspiró, observando cómo los otros estudiantes se acomodaban. Cuatro meses parecían una eternidad... y ella no estaba segura de estar lista para lo que vendría.