Ríos de Sangre

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Ríos de sangre es un poemario con más de 100 poemas en los que el lector se sumergirá en la mente del escritor, pasando desde los momentos más oscuros hasta encontrar la luz y su reconstrucción.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1


RÍOS DE SANGRE

Alejandro Camargo

——————-

Prólogo

Escribo.

Escribo porque encontré en la palabra un refugio, un abrigo para aquello que cuesta nombrar.

Este libro es un viaje hacia mis adentros: un recorrido de introspección y autoexploración.

Son preguntas hechas poema, sin rima fija, a veces crudas, siempre honestas.

Este poemario reúne fragmentos de mí: versos que le dieron nombre a la oscuridad,

y también a la luz que, de a poco, comenzó a aparecer.

Cada texto es una cicatriz escrita, una herida que busca sanar al ser contada.

Esto soy yo, en carne viva.




No sé

Cuando empezó todo

un niño tan retraído

tan envuelto en su propio mundo

que construía mundos con un lápiz y papel.

Tan curioso le parecía el mundo,

todo lo quería saber,

todo lo quería aprender.

¿Cuán corrompido tuvo que estar?

¿Por qué un niño le tendría asco a su reflejo?

¿En qué momento empezó a perder su identidad…

o acaso nunca la tuvo?

Su frase favorita: No sé.

Temió de cada grito,

de cada portazo.

Solo eran papá y mamá.

No pudo entender

por qué sus amigos se reían

de que él compartía mucho con su amiguito.

Es que no podía estar sin él.

¿Cuándo fue

que el desinterés por todo lo que alguna vez lo motivó

se adueñó de él,

dejando atrás

todo su potencial?



Veneno

Conozco de dónde viene el veneno,

y no te culpo.

La vida te tendió trampas disfrazadas de refugio,

te mostró su rostro más oscuro.

Te adentraste,

como si no tuvieses elección,

como si hubieras aprendido a escapar solamente.

Te empujó a los bordes de una cama sin luz,

una tristeza eterna,

que te ató para siempre.

Una amargura hostil,

impregnada como una segunda piel,

y la arrastraste tras generaciones,

de sangre en sangre, escurriéndose.

Hoy te lloro por dentro,

porque no te vi partir.

Me dejaste momentos de nostalgia,

retazos de quién eras cuando no estabas rota.

Y así cargo con tu herencia,

tanto tu brillo fugaz,

como el dolor que nunca pudiste soltar.

Camino con tu ausencia,

pero también con la lucidez

de quien conoce la fuente del veneno

y es ahí

donde reside la posibilidad de no dejar que siga escurriéndose.

———



Ofrenda a las estrellas

Inmovilizada, sola.

Un cuarto sin luces,

convertida en sombra,

y en tu soledad, preguntaste por mí.

Mis últimos bombones,

dulce ofrenda sin saberlo,

una despedida sin saberlo.

No sé qué fue de vos,

pero intuyo tu espera en las estrellas,

quieta, brillante, en lo alto.

Tan rota, tan inmensa,

que incluso con mis desaciertos

me vas a dar la bienvenida.



Tregua

No puedo luchar contra vos todos los días

por favor, entiéndanme:

la fatiga mental de cargar con ello

me obliga a buscar refugio en la tranquilidad de mi cama

aún cuando tengo que sacrificar el sol algunos días.

Necesito del descanso,

no por no poder, sino por tregua

para sostener una vida cotidiana, aún así me dure una semana la racha.



Curita

Un silencio entre el caos,

una palabra que alivia,

como curita sobre la herida abierta.

Veo mis pasos crecer,

y ahí estás

como uña y carne,

compartiendo el mismo álbum de fotos,

como si nunca hubiéramos dejado de ser chicos.

Con mi campera de cuero, y vos, con tu vestido árabe.

Miro con ternura y admiración,

con orgullo silencioso,

que solo nace de quien te conoce entera

como vos conocés cada rincón de mí.

A veces, la distancia o el orgullo

nos enfría un poco…

pero siempre volvemos,

al lugar de siempre,

a nuestro idioma,

a las historias que solo vos y yo sabemos,

como si el tiempo no doliera,

como si nada se hubiera roto.

Porque nada tiene más fuerza,

que lo que habita nuestros corazones.

De no ser así,

ya nos habrían devorado los de afuera.

“Nacimos de un mismo árbol.

Y aunque nuestras ramas crezcan en direcciones distintas…

siempre nos van a unir nuestras raíces”

Estoy seguro

de que la vida

siempre va a ponernos juntos.

Porque yo,

tampoco puedo sin vos.

Tal como me lo hiciste saber,

en una hoja con lapicera azul,

cuando más te necesité.



Piel de lobo

Camino a casa con el sabor amargo

de la noche pegado a la lengua.

Las calles de arena, oscuras,

me ven escupir sin descanso,

intentando arrancar el gusto a piel

que se quedó en mi garganta.

Piel de lobo viejo,

áspera, enredada en mi lengua.

Olor a tabaco rancio,

manos de leñador.

Voz gruesa que me desviste,

manos pesadas,

promesas de deseo

bajo un silencio forzado,

confidencial.

No dejo de escupir, siento asco.

El impulso me ganó

el suplicio del no

me invadió.

Y lo que pudo ser especial,

me supo agrio.

———



Carne

Quiero sentir tu respiración en mi nuca,

arañazos en mi espalda

que duelan, no importa

rojo vivo.

Haceme sentir que lo que te doy es suficiente.

Podés usar mi carne,

es lo mejor que tengo para ofrecerte.

Muchos la probaron, y así conseguí mi valor.

Eso que dilata pupilas

y me hace sentir deseado.

El éxtasis de dejar cuerpos sudados,

la fiebre de que se lleven algo de mí

a cambio de hacerme sentir como la fruta prohibida.

Podés usar mi carne. Es descartable.

Ya fue usada,

sacrílego, profanada.

Pero voy a ser lo necesario

para que no lo notes, bendecirla con lágrimas,

y así sea religiosamente tuya.



El muerto

El muerto anda solo,

cabalgando con su caballo negro

en la zona más desértica de la tierra de los muertos.

Busca a un perdido.

Un tramposo.

Uno que burló el orden de las cosas,

que escapó, por error o por arte,

del juicio final.

En los pueblos cercanos, donde el agua escasea

y el tiempo se detiene

los vecinos murmuran

que quien rompió las reglas

se esconde, disfrazado de hombre común

bebiendo en bares, rezando en iglesias.

Pero nadie lo ha visto.

Y el muerto, con su sombrero de paja

con su caballo negro,

más negro que el alquitrán,

lo buscó, sin detenerse

sin que el sol ardiente del día lo queme,

ni la noche lo enfríe.

Lo buscó por siglos.

No por venganza.

No por justicia.

Lo hace porque esa es su condena.

Porque un alma suelta en el mundo

pone en peligro el equilibrio de los muertos

y de los vivos también.



Nostalgia

Es un verso dulce,

un instante al que vuelvo cada tanto

para recordar el color de tus ojos.

Me gusta habitarla

Es linda, sí.

Pero ¡cuidado!

Cuando se vuelve un vicio

se torna una tortura,

una habitación cerrada,

y nunca encuentro la llave.

Sin precaución,

se puede volver una adicción

que te deja vivo por fuera

pero muerto por dentro,

anhelando lo perdido,

olvidando cada meta sembrada.

Un círculo vicioso

que se vuelve eterno

y es difícil de dejar atrás.

———



Valle Seco

Como le das un dulce a un niño,

y se lo quitas así sin más, sin previo aviso.

Sin precaución de que algo tan pequeño también pueda romperse.

Así sentí el arrebato.

Voy a forrar mis vulnerabilidades,

blindar las compuertas de mi alma,

y tragarme este río

hasta que se evapore dentro de mí,

que solo quede un valle seco,

un simple indicio de que estuviste ahí.

——-



Casa

En las paredes de mi casa

hay rastros de que estuve solo

lo dicen las grietas que trepan las paredes.

Por eso voy a dejar todas las luces prendidas,

tal vez así se vean mejor.

Menos mal que nadie va a escuchar mis pensamientos,

ni esas vocecitas que me susurran cuán poco valgo

al ritmo de la misma canción triste puesta en bucle,

que no deja de repetirse,

como si con su insistencia

mis lágrimas fuesen a desaparecer.

En casa,

nadie me juzga por mi ceño fruncido,

ni por caminar descalzo,

como si intentara hacer el menor ruido.

Nadie se cuestiona

mi creencia de que puedo,

aunque sea un instante

purificar mi alma

y encontrar un rincón de paz

solo con prender un sahumerio.

——-



Té Frío

¿Dónde estás?

Te sigo esperando.

Dejaste de contestar,

y de repente, una sola tilde en tus mensajes.

El té se enfría.

Debería saberlo.

Las agujas del reloj

resuenan entre las paredes

mientras el sol

sin ningún tipo de compasión

se esconde cada vez más.

Hace frío afuera,

y no sé dónde estás.

Miro tu foto,

por miedo a olvidarte.

Pasaron los días,

y sigo en la misma silla,

apuntando a la puerta,

esperando que un día

te escuche golpear.

———



Entre Agujas y Arena

La mente corrió a la par de las agujas del reloj,

mientras los granos de arena se deslizaron por los bordes,

dejando rastros de mi camino, hacia lo efímero.

En búsqueda del equilibrio, mientras tambaleo sobre la cuerda floja.

Dejo el ego atrás, para ir más liviano,

pero el dolor es al único que arrastro,

porque supo ser mi compañero.

Necesito un Dios, a ese que estuve esquivando,

para que, al fin, me garantice la seguridad de un descanso

si alguna vez pierdo la coordinación de mis pasos.



Altares de Ansiedad

Anhelada libertad

calmas mi ansiedad.

En tus brazos descubro la belleza

de la fragilidad de mi alma.

Sin rodeos, dejamos atrás la tierra,

y me elevas a tu reino de sueños,

sueños de Alplax,

donde te confieso miedos infernales.

A cambio, llenas de ríos

la cuenca de mis ojos

para exorcizar lo oscuro

y ser digno de no caer al andar.

Quiero volver a sentirme sedado

por el sabor de tus besos otra vez

caminar descalzo por el valle del prejuicio

donde no importa que tan pesadas sean mís alas.



Muerte Digna

El miedo me arropa cada madrugada,

en la que por más cansado que esté,

no puedo ceder al descanso.

La ansiedad del mañana,

y ese miedo de morir

que llegue ese día

en que la muerte toque mi puerta

y no habré logrado nada.

No fui nadie.

No dejé ninguna huella.

Ninguno de los tantos sueños que tenía de niño,

ningún rastro

de haber vivido una vida

que merezca el recuerdo,

una vida

que haya sabido morir

con dignidad.



Canasta de Manzanas

Tengo unas manzanas, apiladas en una canasta sobre la mesa.

Hace días que se pudren.

Vi cómo progresivamente se fueron machucando,

de su color rojo brillante

a un marrón oscuro.

Fui testigo de su podredumbre,

y nada hice.

Al igual que las hermosas plantas de interior que me regalaron,

que acomodé estratégicamente cerca del ventanal,

para que tuvieran sol.

Pero no abrí las cortinas,

y la luz jamás entró.

Y mis plantas, poco a poco,

perdieron sus hojas

hasta marchitarse.

También lo vi.

Y tampoco hice nada.

La casa, ahora,

huele a encierro.

Moscas merodean la fruta podrida.

El encierro que sofoca

y las hojas que nadie barrió.

Mejor que nadie entre a mi casa.

Mejor esconder la podredumbre que habito

antes que vaciar la canasta de manzanas.

———



Malestar en la mañana

Me siento mal,

y vuelve ese vacío que estruja mi estómago,

los pensamientos pesan hasta enterrarme en la cama.

La culpa; por lo que hice, por lo que no hago y por lo que debería estar haciendo mañana.

La nostalgia que rasguña mi mente, mintiendo, al susurrar que antes estaba mejor.

Activa mis ansiedades, junto a mi modo autodestructivo.

En la oscuridad me convenzo de que estoy solo.

Peor es cuando amanece y apenas abro los ojos,

¿Como me levanto si el cuerpo me pesa?

¿Cómo te doy el buen día si me siento irritable y me detesto?



Ríos de Sangre

Porque mi arte no es tan arte para vos,

y mi amor lo miras indiferente.

Mientras te desvivís por ver un río brillante,

yo me desangro.

Porque creo, como idiota

que mi sangre va a ser lo suficiente brillante

entonces abro mis venas

para que las confundas con ríos.

Pero ni aun así te das cuenta.

Y me ahogo,

pierdo fuerza

y quedo anémico.

Pero mi sufrimiento

no duele tanto para vos.

Y mi agonía no es poesía en tu ceguera.

Porque en las películas, sí

Pero cuando soy capaz de darte hasta los huesos,

te asustás.

Y me dejás,

con esta amarga indiferencia,

que me corroe,

que destruye quién soy.

Y me deja preguntando

quién quiero ser,

si yo quería ser

lo que vos querías.



Diablo

Ahora el demonio vive en mi cabeza,

cuando habitas mi cama.

Mirá el desastre que causaste,

me remontaste a viejas manías.

Me muerdo las uñas,

apago colillas con los dedos.

Mi amor, perdí la calma.

Amor, mi corazón está muriendo.

Pierdo la consciencia cuando te vas.

Amor, necesito RCP

Me consumo en llamas.

Psicótico, neurótico,

me arrastro en la cama,

buscando tu melodía.

Ahora el demonio habita mi mente,

como vos, tocando otra balada tonta.

Amor, tócala otra vez,

a ver si así quizás logres

apaciguar este fuego.



Parque de atracciones

Pareciera una línea,

un progreso en ascenso

Pero no.

Cada día es la cima,

y el mismo abismo.

Tocar el cielo,

sentir las nubes como algodón

rozando mis pies,

para luego

caer,

sentir mis músculos contraídos

en el vasto fondo

de mis pensamientos

que corren en bucle.

Soy grandioso.

Soy capaz.

Abro mi tercer ojo.

Para después… no ser nada

La miseria me corroe.

Y lloro, pero no lagrimas,

mi cuerpo se negó a darlas.

En su lugar,

un nudo salvaje en el estómago, feroz.

Y con fuerza caigo al suelo.

Y es esta impotencia,

me hace querer destruir mis obras más delicadas,

las que tracé con tanto esmero,

con estas manos

que hoy están llenas de sangre.

Pero hoy, nada importa.

Mañana, nada tendrá sentido.

Y sin embargo,

en alguna otra mañana,

me bastará ver el sol,

tocar algo sencillo,

aquello que alcancen a tocar mis manos.

Como en el paseo en un parque de atracciones

En la montaña rusa más alta,

una cima que roza las nubes,

y luego,

la caída,

sin advertencia.



Vigilia

No puedo evitar

admitir cuán obsesionado estoy.

Me mantengo en vela,

en esta vigilia que me impongo

noche tras noche,

pensando en tu llegada.

Cada día,

pienso en tu presencia,

latente.

Cuán hermosa debes ser.

Te imagino

de andar elegante,

con las palabras justas,

coherente y lógica.

Sé que pensás en mí también,

ya que hemos estado cerca en ocasiones.

Esperas nuestro encuentro,

y yo también.

Estoy preparado

para que me recibas

en tus brazos helados.

———



Estado de oxidación

El ruido me aturde

me tambalea y pierdo el equilibrio.

Escucho rechinar el vacío de mi interior

no hay nada,

solo una jaula oxidada de mariposas muertas.

Me corrompí, por puro antojo,

exilié los abrazos, sembré mi despojo.

Para darle sentido a mi agonía;

así me regalo placeres fingidos

en días que odio seguir vivo.

Espero el golpe que parta la puerta,

quizá la dama

de negro y siniestra

a quien aguardo con una taza de té

y el alma y cordura a sus manos.



Naufragio

Pienso en lo fuerte que son las emociones,

en cómo me arrebatan,

me convierten en otra cosa.

Me habitan,

como bestias sin amo.

Cuando la ansiedad me agarra,

mis pensamientos corren como cientos de caballos

corren como ratas hambrientas,

la pierna golpea el suelo

como si buscara abrir un túnel de escape.

Me vuelvo maníaco,

un temblor que nunca descansa.

La felicidad me intoxica,

sube como un veneno brillante,

una chispa inquietante que no me deja estar quieto.

Me estalla en verborragia,

me hace insoportable,

me convierte en un sol rabioso

que quema lo que toca.

Soy verborragia, carcajada,

la persona más feliz del mundo,

pero también insoportable.

Cuando la vergüenza me encuentra,

me clausura

me aprieta la garganta como una soga al cuello.

Me deja expuesto y pequeño,

una sombra que se esconde de sí misma.

Cuando la tristeza se sienta sobre mí,

me aplasta el cuerpo,

me entierra,

me llena de plomo las venas,

me arrastra al lecho como si cavara mi tumba.

Entonces todo es gris,

las rutinas son montañas,

y pensar es una tortura inútil,

me convierto en silencio.

Cuando la ira me arde,

la cara me quema,

soy impulso puro,

un golpe sin destino,

un filo que corta sin preguntar.

Y la apatía…

la apatía me vacía,

me convierte en pozo sin agua

en un frasco vacío,

un grito sin voz.

Todo es polvo.

Todo da igual.

Nada merece un gesto.

Dicen que no sé regular mis emociones,

pero yo sé la verdad:

no siempre son herramientas lo que falta.

Son tormentas químicas

que estallan en mi carne,

que me doblan los huesos,

que me arrastran al límite de mí mismo.

Yo no soy dueño de estas mareas.

Soy el naufragio.

Soy el barquito astillado.

Soy quien nombra lo que grita el silencio

cada vez que me devora el cuerpo.



Condena

La noche sostenida por velas

Luces rojas iluminaban tu mano,

esa que tendías hacía mi

invitándome a bailar.

Sin pensarlo, la tomé

y dimos vueltas por la pista.

Me advirtieron

“Nunca mires sus ojos”

“Cuando veas su rostro, todo cambiará

y no habrá vuelta atrás”

Pero lo hice.

Y entonces,

las mesas se tambalearon,

las copas estallaron,

y la espuma cubrió el suelo como un mar embravecido.

Te vi a los ojos.

Mis manos sudaban.

Supe,

desde ese momento,

que había bailado con el demonio.

Y que la llama que había en tus ojos

sería mi condena.



Daga

Tenías la daga.

Se asomaba desde tu bolsillo,

la vi, sigilosa pero abrupta.

Y el deseo me llamó

quería conocer la daga,

que tan familiar me resultaba.

Filosa, pero suave,

oscura, pero trasparente.

Quería saber

hasta qué profundidad

eras capaz de clavarla.



Un año

Un año pasó de esa noche de abril,

la noche más oscura,

donde se me apagaron todas las luces

y el silencio de las paredes

retumbaba con el caos dentro de mi cabeza.

La recuerdo por partes…

O quizás no la recuerdo en absoluto.

Mi alma se desnudó,

y me viste vulnerable.

En mi estado de inconsciencia,

te dije que no quería volver a ver amaneceres.

Perdón si me fui al límite.

Me duele no saber si llovía,

o si la noche era muda,

como una noche borrada de mis memorias.

Me gustaría decir

que el recuerdo de ese no recuerdo se fue.

Pero sigue ahí,

como una mancha de vino

en una remera blanca.

Me gustaría decir que fue la última

pero mi cabeza dura se niega a aprender

y a dejar atrás

Perdón si eso te espanta.

———



Ángel con Alas Manchadas

En una sala blanca,

entre pasillos interminables

y comidas que sabían siempre igual

te presentaste como lo celestial,

un viento de esperanza

la promesa de la salvación, pensé.

Levantaste mis esperanzas por un instante.

Llevé mis sábanas a tu cama

en uno solo nos fundimos.

Compartimos un café cada mañana que siguió, como un ritual que pudiera sostenernos.

Todo tan bien corría,

ignorando que el café sabía amargo por momentos.

¿Qué podría importar la calidad de los granos, si eras mi salvador?

El augurio por momentos se asomaba.

Lo menos que podía hacer era servirte, convertir mis extremidades en tuyas,

entregarte mi devoción,

volverme parte tuya,

ofrecerme como tierra fértil a mi redentor.

Nunca antes me sentí tan apreciado,

mi voz valía.

Pero con un pequeño soplo de viento,

un derrame de café sobre la tela más blanca,

un suspiro apenas,

para vislumbrar un horizonte diferente,

ese al que tanto le cerré la cortina para no ver.

No puedo esquivarlo por mucho tiempo,

me sigue agarrando de los tobillos, esperando el momento en el que estalle.

¿Quién habría pensado

que quien se presentó como un ángel celestial,

sería quien me conduciría a mi sentencia?

Quien quería explorar conmigo

hasta qué punto podría oscurecerse mi mente.

Lo olió en mí, tal vez con sed de caos.

Y si eso era lo que deseaba… entonces soy quien mejor supo alimentarlo.



Exiliado

Deshojaste pétalo a pétalo,

para después regalar el tallo como si nada tuviera raíz.

Jugaste a elevarlo al cielo,

solo para comprobar qué tan fuerte sonaba el golpe al caer.

Le enseñaste a dudar del reflejo en el agua,

de la risa, de su voz,

de lo que alguna vez supo ser.

Trazaste un mapa donde solo había un norte,

y borraste con esmero cada otro sendero.

Su voz se volvió eco,

Su mundo, una sala sin ventanas que solo respondía a tu latido.

Con cada estallido de tu tempestad, con cada tormenta

se desdibujaban los rostros que alguna vez le dieron un abrazo.

Hubo noches en que el tiempo se congeló,

y la sombra de cristales rotos contaron secretos que prefirió evitar.

Hubo puertas cerradas, telas destrozadas,

y una furia que lo buscaba en sus huesos.

Alguna vez vio la muerte guiñarle un ojo desde el retrovisor,

pero el miedo ya no lo frenaba.

Hoy, las nieblas del olvido y la amnesia acarician los bordes de esos días,

como si el alma, por fin, tejiera su exilio.

———



Rehén I

No te sirvió solo con arruinarme por completo que también tenes que regalar mis libros

No te sirvió con desestabilizar mi autoestima, un día alzándome como algo sagrado

Y al otro machándome, haciéndome creer que eras vitalicio para mi existencia

Que sin vos no podía

Cuestionándome desde mi sentido del humor, mi intelecto, mi identidad

Hasta mi lealtad, mi empatía y mi pureza misma

Haciéndome sentir sucio, promiscuo

Me pintaste como el enemigo a mi propia familia, alejándome

Distanciándome progresivamente, encapsulándome en solamente tu mundo

Haciéndome sentir solo si no estaba con vos

Nunca tuviste pudor en faltarles el respeto

Ni a mi familia

Ni a mi

Ni mi cuerpo.

Siendo el único testigo de más de una ocasión en la que fui víctima de tus adjetivos hirientes

De estar encerrado en un cuarto sin poder salir

Con la ropa arrancada y un espejo roto en el piso

También de querer escapar de un auto en movimiento, aún sabiendo que podría morir.

De que me empujes contra cualquier mueble

Y me hayan dolido los huesos por semanas

De que me patees en el piso, como si mi dolor te extasiara.

De apuntarme con un arma, y decirme, con los ojos vacíos, cuánto me odiabas.

Podría seguir, enumerando las veces que fui rehén de tus celos enfermizos, de tu ego frágil, de tu narcisismo.

Pero por alguna razón, mi memoria va borrando lentamente cada noche, cada grito, cada golpe.

———



Moneda de dos caras

Me mostraste el cielo

y todos sus infiernos.

Me hiciste creer

que tenía voz,

que el futuro era mío,

que íbamos a envejecer

entre logros y viajes,

con un mate amargo en la mano.

Pero más amargo fue quedarme.

Pero llegamos al último escalón

y caí sin cesar.

¿Cómo no iba a arder la ropa

si me gritaste hasta quemarme?

Deshiciste mis certezas,

me escupiste encima

todo lo que pensaba,

todo lo que era.

Ya no confío.

Me arrancaste la fe en mí.

Ya no sé si soy

ni cuándo miento.

Desde con quién me acuesto

hasta cómo pienso.

Me enseñaste a odiarme:

lo que fui,

lo que soy,

lo que no voy a ser.

Moneda de dos caras:

con vos, tocar el cielo;

sin vos,

una condena eterna.

Tu voz martirizante aún me acorrala

desde la seguridad de tu distancia,

aunque estés lejos,

aunque ya no toques nada,

seguís matando

rastros de mí.



Ruido

Tengo fe.

Fe de que todavía cruzo tu mente, y nublo tus días más claros.

Fe de que pensás en lo que me hiciste, y aunque sea, algo de culpa te enmudece el pecho.

Quiero creer que algo de culpa debe haber en tu corazón,

alguna grieta donde se filtre el remordimiento.

Me convenzo de que algo de humanidad había en vos,

porque me niego a aceptar que la crueldad se pueda personificar y caminar a la par.

Pero en la desesperada búsqueda de respuestas, de un sentido,

me pregunto si tal vez fui responsable de la reacción en cadena.

¿Fui yo quien encaminó el desenlace fatal?

¿Fui yo quien dio forma al monstruo,

alimentándolo sin saber?

¿Gocé de mi sufrir? Tal vez es donde más cómodo me sentí.

O tal vez solo es la tormenta de pensamientos disonantes quien está hablando ahora por mí,

el eco que dejó tu partida,

que desordenó para siempre mi equilibrio.

———



Veintidós

Si hubiera funcionado,

eternamente veintidós…

Amigos sin despedidas,

una familia rota

y nadie,

nadie lo habría entendido.

Ni en vida me comprenderían,

Ni siquiera al desnudar mis más profundos dolores:

porque si te los cuento, me vas a ver reír.

Y por eso no me creen.

Pero nadie me ve cuando estoy solo,

cuando las paredes se cierran

y mi mente me encierra.

Nadie siente,

aunque escuche mis palabras,

el peso de los pensamientos

cuando me atropellan en la noche.

Veintidós… o quizá veintitrés

habrían sido mi eternidad.

Quisiera tener la certeza de decir:

“Esto quedó atrás

y el futuro es para mejor”

Pero el miedo siempre está, a que regrese la tempestad.



Perdón

¿Cuánto habré roto,

sin darme cuenta?

Que hayan visto

al hermano mayor,

menor,

al tío,

al hijo.

Así,

herido.

Con sangre en sus muñecas,

la mirada perdida en un cóctel de sedantes.

Balbuceante, drogado.

Confiesa aquella idea

que siempre estuvo ahí,

pero ahora todos la escuchan.

Dice no querer vivir más.

Él llora.

Tal vez una sala blanca no sea el mejor lugar para visitarlo,

pero hay un patio,

y en él hizo amigos.

Él jura que nunca quiso

que lo vean así,

pero el dolor lo desbordó.

La copa

tan frágil

finalmente se quebró.

Él solo quiere que le recuerdes,

cada vez que la oscuridad le empañe la vista,

cuánto vale su existencia.

Y qué, aún herido,

su chispa está a su alrededor,

extendiéndole los brazos

cada que esté por caer.

———



Duele

Duele, y pesa todos los días

Está ahí, marcado

Hay días que no quiero salir de la cama

Hay días que no siento propósito

Que estoy vacío

Que estoy irritable, enojado

Que me siento perdido, o atrasado

Que me perdí en algún lado y no sé volver.

Pero a veces me freno,

Me repito que la tormenta ya pasó

Que no hay necesidad de seguir cavando

Basta de tocar fondos

Recapitulo a ese día, y no estoy solo

Estuve siempre acompañado

Obligarme a verlo

Obligarme a darme cuenta de que soy capaz de crear momentos nuevos

Hasta que lo oscuro se vuelva recuerdo

Que puedo escribir otra historia, aunque sea con las manos temblando

Y que puedo empezar devuelta las veces que sean necesarias.



Tregua

No puedo luchar contra vos todos los días

por favor, entiéndanme:

la fatiga mental de cargar con ello

me obliga a buscar refugio en la tranquilidad de mi cama

aún cuando tengo que sacrificar el sol algunos días.

Necesito del descanso,

no por no poder, sino por tregua

para sostener una vida cotidiana, aún así me dure una semana la racha.

———



Ariel

Un alma tan dulce

¿Qué hacía en las vías?

Si fuiste a ver las estrellas

tal vez te distrajo Orión.

Un alma tan bondadosa

¿A quién buscabas, tan lejos?

En el borde del sendero,

practicabas equilibrio.

Un alma tan gentil

¿Qué hacías tan solo?

Tal vez fue tu última estación

un viaje sin boleto de regreso.



Almohada

Me encuentro perdido,

en esas temporadas

en las que le encuentro el gustito

a no ver el sol,

a dejar pasar mensajes y saludos.

Entre mis mantas,

me reconcilio con las verdades más incómodas,

ese miedo a sanar

a dejar atrás esta oscuridad

que, por momentos

parece tan acogedora

ese pánico al vacío que deja la calma

cuando el alma se ha entregado al caos.

Me abrazo en soledad

mientras los platos se apilan

y los pensamientos caen como cataratas,

rumiando en silencio,

quedando atascados en la almohada.

Preguntas sin respuestas

mirando hacia el techo

mientras una gotera me salpica el insomnio.

Hasta que, al fin

la mente se rinde

y el sueño me concede

un rincón donde esconderme un rato.

———



Cadáveres

Voy a esconder los cuerpos para cuando llegues.

Quiero dejar todo prolijo,

Que encuentres la casa en calma

Como si no hubiera corrido sangre por las baldosas.

Quiero recibir tu cariño y que no te asustes

Si se me escapa un suspiro

O una lágrima

Por alguna nostalgia que no pude sepultar.

Voy a enterrar los cuerpos,

En los rincones donde no lleguen a ver tus ojos ni tu compasión

Y no te aterres

O te compadezcas de mí

Y la pena que estuve cargado.

Que yo mismo puedo,

Los cargo a hombros

Aunque me joroben la espalda y me arrastre

Con los pies y el alma cansada, sí

Pero si eso me asegura tu abrazo

Y con tal de que no me dejes, voy a fingir dejar todo en el pasado.



Desorden

Perdón si te invito a pasar y me olvidé de ordenar.

Si la taza sigue en la mesita,

aún con el saquito de té mojado,

y las colillas descansan, sin orden, en el cenicero.

Si me olvidé de correr las cortinas

y el sol se quedó esperando para entrar.

Perdón por el caos.

Es que yo soy un desorden.

No mantengo el humor por más de una hora.

Rompo promesas sin querer,

me cuesta confiar en el tiempo, y a veces también en lo que digo en voz baja.

Vas a tener que esperarme,

mientras me pierdo en mis

“empiezo de cero”.

Esos que nacen con fuerza

y mueren en la orilla.

También me olvido de comprarle comida al gato.

Y hay días en los que ni me acuerdo

por qué me tengo que levantar.

O cómo era la sonrisa de un amigo o familiar.

O andar en bici cerca del mar.

Pero a pesar de ser un desorden

Y viva de derrumbe en derrumbe

Hay algo en mí que sigue en construcción.



Pitada

Colilla que se consume

y se lleva mi aliento.

Cada pitada

un respiro menos

Me quita el hambre,

Me arranca las ansias de salir,

me entibia el frío por un rato,

me roba el aire.

Cada pitada

Se me van los años

se vuelve insaciable.

Necesito más

para tapar

aquella ausencia

que no quiero mirar.



Jaqueca

Exhausto, mareado

voy a vomitar mis palabras.

aquellas que no dije en el momento adecuado,

aquellas que enterré y me envenenaron por dentro.

Florecieron culpas,

crecieron cadenas desde mis brazos,

alucinaciones que me recuerdan;

por qué permití,

por qué me quedé,

por que mi grito no se escuchó,

Confundido.

Veo fantasmas,

Por qué volví mis posesiones en enemigos,

por qué mi único compañero,

quién me da pasos, quién me da voz,

se tornó mi enemigo.



Obra sucia

Usame

Te doy la llave,

el cuerpo,

la carne.

Te concedo el permiso:

hacé uso de mis cinco sentidos,

uno por uno, sin motivos.

Callá mi voz,

tapá mis ojos,

arráncame la piel

a voluntad propia.

Lastímame.

Sin culpa,

con arte.

Quiero ser tu mayor obra.

Tu obra más sucia.

Ayudame en esta tarea

pisar todo lo que conozco.

Guíame a romperme.

Violame

violá mi autoestima.

Cumplamos juntos mi cometido,

podes ser mi cómplice

quiero ser tu víctima.

Voy a arrancarme la piel con los dedos

y podes secar el charco de sangre

con mi dignidad.

Quiero ser tu desperdicio.

Que me habites como el odio,

que me entierres sin preludio.

Tu recuerdo amargo y tu vicio.

Sin gloria ni memoria.

———



Corona de espinas

Ya a nadie le pido.

Raspé mis rodillas contra el cemento,

me coroné de espinas

y sangré

y ni la Virgen, ni Dios

trajeron respuesta.

No hubo clemencia para mi alma

solo el demonio acechó,

duerme bajo mi ala

despierto y paciente,

esperando mi caída

para poseer mi cuerpo inerte.

¿Por qué de ser real me han abandonado?

Todo lo que supe, lo supe en falso.

Nada es real,

nada es eterno.

Y el amor no siempre salva…

a veces envenena.



En el viento

Por favor,

no me dejes ir.

El camino fue angosto,

pero te pedí que no te preocuparas.

Prometí volver,

es solo un paseo.

No voy a escribirte,

sé que no querés hablarme.

No voy a joderte.

Mereces algo mejor

y yo no soy eso.

Dije que la tercera era la vencida,

pero siempre termino perdiendo.

No puedo seguir encerrándome.

Ya probé curarme,

y no me sale.

Esta vez voy a tomar otro destino,

esta vez voy a volar.

Mi alma conocerá la libertad en la caída.

Y para que no te enojes conmigo toda la vida,

para que no me guardes rencor,

prometo dejar mi voz,

regada en los aires,

para que en cada soplo del viento,

me escuches,

recordándote que aún sigo ahí.



No vuelvas más

Lo vi

Juro no estar enloqueciendo.

Una notificación fugaz

que se desvaneció sin dejar rastro.

Rompiste el silencio.

Ese perdón que tanto anhelaba…

pero totalmente inútil,

como querer unir fragmentos

de una copa rota,

uno a uno,

y pretender que aún funcione.

Lo que ya está roto, no tiene arreglo.

Un simple mensaje

me arrojó de nuevo

a una herida que sigue sin cerrarse.

Con las manos temblorosas

y una sola pastilla

para apaciguar el caos

que sembraste en mi cabeza

con tu regreso constante:

en forma de presencia,

mensaje,

o recuerdo,

que acecha en la oscuridad

que atormenta cada día

cada que estoy vulnerable.

Un perdón no apaga

el bosque entero que incendié por tu culpa.

Contaba los días

sin ver brillar mis muñecas,

y vos me devolviste al punto cero.

Pensar en tu existencia

me lleva a caer

sin tregua

sin compasión

a un pozo constante, sin fondo

solo oscuridad.

No sé si fue real.

Lo juro: lo ví.

Te vi romper el silencio

para luego borrar todo rastro,

una vez más,

demostrando tu cobardía.

Por favor, no vuelvas más.

El recuerdo de tu existencia

me desvanece por completo.

Y mis ideas de muerte gritan

que sería lo mejor,

mientras lanzo a la deriva

todo intento de sanción.

———



Caostástrofe

Sangran

cataratas de sangre,

recuerdos borrosos

todos.

Cada uno de ellos.

Quiero extirparlos,

borrar mi memoria,

entregarme al trance,

a la amnesia.

Quiero arrancarme los ojos,

para dejar de ver

las sombras del pasado.

Sangran los recuerdos

que aún converso,

como una bola de nieve

que crece y te aplasta.

No quiero.

¡sácame de acá!

no tolero mi cabeza.

Un grito despavorido

que lanza hacia mamá,

otra vez.

una pesadilla me despierta

sudando

a las 3 am,

en medio de una oscuridad

que no deja ver

más que sombras

esparcidas en toda la habitación.

Me persiguen

¿qué quieren?

Se llevaron mi fortaleza.

Se llevaron mi inocencia.

Se llevaron mi sonrisa.

¿Qué más quieren?

Tal vez…

la búsqueda de mi descenso.

Que termine por caer

en el espiral de la locura.

Verme arrastrar la lengua por el suelo,

gritando sin voz,

con los ojos vacíos,

el alma muerta

y las venas rezando por cortarse solas.

Tal vez

esperan el final

que duerma

y nunca más vuelva a despertar.



Canción de cuna para morir

Cuánto cinismo

en mantenerme con vida,

como quien hace un favor,

tal acto de misericordia.

La soga al cuello,

presionando fuerte,

los dientes crujiendo

mientras la sangre escurre de mi boca.

Sostenido por los impulsos más mundanos

el hambre,

la ira,

la desesperación de sentir algo

así sea dolor.

He tenido que sacrificar mi espíritu adicto,

la búsqueda de la confirmación

a mis creencias más obsesivas.

Trato de no ver un puñado de pastillas

como una canción de cuna,

una promesa de anestesiadora.

Al fin,

resignado,

acepto, de una vez,

la naturaleza carnívora del hombre.

El placer de destruir lo que ama,

de incendiar lo que toca,

y escupir lo que no entiende.



Fotos Vacías

Una copa ropa

que deja solo sus cristales

regados en micro partículas,

pequeñas astillas.

¿Cómo podría definirme a mí mismo?

¿Acaso los demás mortales pueden hacerlo,

sin caer en la arrogancia,

sin volverse pedantes?

Pero si te conté por lo que tuve que pasar,

¿eso no te dice algo de mí?

¿no bastan esas cicatrices para describir mi nombre?

¿no revelan el mapa de quién soy?

Entonces, si no soy lo que me hicieron,

si no soy lo que tuve que atravesar,

si no soy mi condición,

si no soy lo que resistí,

entonces no sé quién soy.

Quizá solo soy un conjunto de recuerdos,

un álbum de fotos,

memorias y cartas apiladas,

la canción que un amigo me mostró,

el beso que algún amante dejó marcado en mis cachetes.

No soy más que una recopilación de personas que admiro,

una identidad fragmentada,

que odia el espejo,

y se pregunta si eso es suficiente para ser.



Poesía Maldita

No tolero tu partida.

Más bien, no tolero tu partida victoriosa,

que te pienses triunfal,

y tan impune

en las playas de abundantes lluvias te bañes

mientras yo, me disuelvo en pastillas de olvido.

Por eso, con esta prosa te deseo:

que de mí nombre no te olvides jamás,

que eso que te supo amargo de niño, se repita en cada amor que intentes retener.

Que aquello que te gustó jugar conmigo se vuelva tu jaula, y te encierre.

Que no hayan ojos que te miren,

brazos que te quieran,

ni sombra que te acompañe.

Que la pena te corrompa

hasta que camines vacío,

con los ojos ennegrecidos,

y el dolor y la enfermedad

te acompañen en tu descanso,

donde solo escuches mis plegarias resonando.

———-



Víctima o Verdugo

Perdón si soy un bajón.

Es lo que soy.

Te doy la advertencia,

y te dejo la puerta abierta.

No sé si vivo en un complejo de víctima,

o si realmente soy una víctima.

Viví cosas malas.

¿Pero no las tendría que haber superado ya?

¿Me estoy justificando?

¿En cuánto tiempo se supera algo así?

¿Siquiera se superan esas cosas?

¿O solo se aprende a vivir con ello?

Ir por la vida,

cargando una mochila pesada,

y cada vez más pesada.

¿Cómo hace el resto?

¿Hay un tiempo predeterminado para dejar de doler?

Porque el mundo se mueve muy rápido,

y yo me quedo atrás,

estancado en mis pensamientos más lúgubres.

¿Y si también soy victimario?

¿Ser víctima me vuelve victimario?

Dicen que hay una delgada línea

entre estar roto

y romper.

¿Quién sabe cuántos mencionan mi nombre con dolor o asco?

¿A cuánto he hecho llorar?

¿Cuántos corazones?

¿Por eso me los han roto a mí?

¿Eso me vuelve una mala persona?

¿Será esa la raíz de la culpa que cargo?

¿De este disfraz sumiso y complaciente que uso para esconder

cuán basura puedo llegar a ser?

¿O son solo ideas paranoides,

semillas plantadas por mi peor enemigo?

Quién escribe; yo mismo.



Jauría de lobos

Ofrécele un suspiro,

una brisa sin despido

una aspirina vencida

a su fiebre sin alivio.

Sácalo de la oscuridad,

encendé una antorcha en la cueva,

dale un nombre que no lo hiera,

para olvidar quién fue, quién era.

Un espíritu sin alma

no conoce resistencia,

no tiene rebelión.

Un espíritu sin alma,

está a tu disposición,

tierra fértil para tu dominio

fiel a su sumisión.

Tíralo a la jauría de lobos

que desgarren su ropa en exceso,

que le muerdan el alma y los huesos,

y le arranquen sus últimos logros.

Y del barro se va a levantar

con marcas y rasguños

con cicatrices para contar.

La cara se va a lavar,

va a decir su nombre con voz dura

recuperará su cordura

y escupirá tu figura.

Tu historia, va a sepultar.



Otro poema cliché

Otro poema cliché

Otra burda elección de palabras

para justificar mi letargo.

Adorno lo que esquivo

otro verso sin rima,

otro acto en que cedo protagonismo al demonio.

Otra frase pretenciosa,

este refugio de palabras

en el que me arropo y disfrazo

de lo que tanto placer me da representar,

una pobre víctima

de las injusticias

de los depravados

que tomaron mi carne,

mil hombres, sedientos

de quienes aprovecharon mi bondad,

de quienes mis sonidos silenciosos no pudieron escuchar.



El muerto II

Mientras una gota se desperdicia

cada vez que sopla el viento en el árido desierto,

borrachos cuentan historias

y ancianas, aquellas más devotas del pueblo

juran haberlo visto.

Todos juran haber visto su paradero,

como si el misticismo se colara entre las voces.

Sin embargo, el muerto, reacio

circunda el pueblo.

“El tramposo es astuto”, piensa.

“No me la va a hacer tan fácil”, piensa.

De tanto deambular por los bordes del caserío,

sin querer, se topa con la necrópolis

monumentos hechos arena, cruces oxidadas, nombres olvidados,

flores que ya no existen

devoradas por el fulgor del sol.

Pero algo le llama la atención:

un pozo seco.

Al bajar de su caballo,

una anciana, ya en sus últimos siglos, lo increpa:

—Yo he visto al tramposo, así como puedo verte.

El muerto no responde.

Vaya sorpresa la anciana, quien junto a él debió partir.

Pero el tramposo sigue siendo un misterio.

———



Embrujado

Qué padecimiento este querer

amar con tanta furia e impaciencia

que me obliga a apretar los dientes,

a sentir como el corazón intenta huir de mi pecho

y desear poseer cada fragmento de tu ser,

cada matiz de tu voz,

como si pudiera hacer míos

los adjetivos que pronuncias,

y convertirlos

en la definición entera

de lo que soy.

Y así me juro a mí mismo

que estoy embrujado por completo

de tu enigmática existencia.



Espíritu ausente

Estoy poseído

por un espíritu que ya no está

pero aún atormento hasta mis vísceras.

Sacudió cada ventana,

abrió grietas en las paredes cubiertas de moho.

Un espíritu que dejó eco,

sórdido y chillante,

cómo uñas afiladas sobre un pizarrón,

y manchas de sangre regadas por el suelo.

Suelo que todavía intento limpiar,

pero no hay trapo

capaz de absorber tantas lágrimas por secar.



Demonio desterrado

Caballero invicto,

supiste consumarte

en la cruenta batalla

que me despojó de toda inocencia.

Fui desterrado de la tierra

para renacer demonio,

sediento de venganza

con un único propósito;

ponerle un fin

a tu obstinada existencia,

que aún merodea los recovecos

de la oscuridad de mi cabeza.



Encantamiento maldito

Qué padecimiento este querer,

amar con tanta furia que me desgarra,

que me obliga a apretar los dientes

mientras el corazón busca huir de su cárcel.

Estoy poseído por tu espectro,

un espíritu ausente que aún habita mis vísceras,

dejando grietas,

manchas de sangre y chillidos en el aire,

como uñas desgarrando el silencio.

Fui desterrado de la inocencia

para renacer demonio,

embrujado por cada matiz de tu voz,

por los adjetivos que pronuncias,

como si con ellos me redefinieras.

Y entre ruinas,

te busco, caballero invicto,

para poner fin a tu obstinada existencia,

que aún se arrastra por los recovecos

de la oscuridad de mi cabeza.

Porque mi amor no fue conjuro,

fue condena.



Testimonio anestesiado

En la cueva a veces esconderse duele menos que salir.

Es en esta oscuridad donde las sombras me arropan, que me encuentro.

Por eso, en lo que escribo encuentro testimonio, grito, refugio y espejo.

Sentado en un sillón,

con una taza de café

y ese estado de sedación mental que me da este proceso

comienza la catarsis emocional:

doy testimonio de cada herida.

Me desconecto un poco de ello,

para que duela menos

y ablando los golpes

con palabras bellas.

Así vuelvo a diseccionar las cicatrices,

quiero entenderlas mejor,

aunque signifique esto mi tortura.

Porque no siempre

nombrar lo que duele

hace que deje de doler.



¿Quién soy?

que con tanta insistencia me busco,

desesperado en tus ojos,

tratando de hallar el reflejo de mi propia mirada.

Piso charcos,

desarmo mi silueta en el agua.

Nací en noviembre,

morí en diciembre,

pero vuelvo a nacer cada día

en que escribo mi propio pésame

y, al oír mi voz,

escucho algo más que un eco.

———-



Dormir

¿Y para qué dormir,

si es a altas horas de la madrugada cuando mis pensamientos más lúcidos salen a relucir?

Los más autocríticos también,

los que hacen desnudarme sin miedo,

donde me sobreanalizo,

y termino encontrándome en mis defectos.

Escudándome de ellos,

los justifico.

Doy respuestas sin que nadie me pregunte,

anhelando el perdón de quien, tal vez, no se lo merece.

Y ya pasó la madrugada,

pero aún así sigo escribiendo.

Aunque ya perdí el hilo.

Es que si no es para desahogar mis penas,

llorar mis pérdidas,

entonces…

¿qué más puedo poner en palabras?

Es que encuentro cierto consuelo,

como si hubiera encontrado el confort,

en declararme una víctima de la vida.

Y es así, como sin darme cuenta,

que escribiendo termino mostrando más que mis oscuridades;

me dejo ver entero.



Ansiedad

Por favor, no me presiones;

la saliva en mi boca

se evapora,

mi lengua raspa el paladar.

Quiero gritar,

pero sólo resuena un eco,

con punzantes advertencias

al compás del latido de mi corazón,

bombeando como el aleteo

de un pájaro herido.

La pierna inquieta,

¡quiero salir!,

correr… pero moriría en el camino.

Maldita ansiedad,

temblorosa en mis manos,

no puedo asir un solo pensamiento,

no los alcanzo,

y todos son caóticos.

Maldita ansiedad

que encierra

a quien quiero ser.



Éxtasis

Eso sentí,

después de un largo día juntos.

Siento que podría compartir la vida con vos, sin miedos.

Vimos tu película favorita,

y entre escenas,

sentí una conexión donde en tus brazos me sentí reconfortado.

Pero la despedida llegó,

otra vez.

Te subiste al colectivo,

y un “te amo” se te escapó,

como quien deja caer algo sin querer… o tal vez queriendo.

No sé si fue adrede,

pero lo dijiste

sin pensarlo, casi sabiéndolo

como si lo hubieras esperado todo el día.

Y yo, sin pensarlo,

te lo devolví,

“te amo”.



Dopamina

Elévame

Llévame al borde de la euforia

Dame un beso

que me arranque los pies del suelo.

Haceme caminar por el límite

que divide el cielo del infierno,

sin importar el frenesí

de los extremos que me llaman.

Dame mi dosis,

dopamina en forma de tu presencia,

chispa que me hace ver colores.

Haceme olvidar, por un breve momento

que con tu partida

voy a una caída en picada

al oscuro precipicio

del abismo de tu ausencia.



Presente

Si sé que solo te puedo dar mi presente

Si sé que solo tengo este instante vos

¿por qué angustiarme por un mañana

que tal vez no nos pertenezca?

¿Por qué me aquejo por momentos del pasado?

Si hacerlo me da ansiedad

Que más me queda que tenerte ahora

Aprovechar mientras los kilómetros entre nosotros se achican con cada encuentro

Y pasar la noche juntos

Sin temer a demostraciones muy intensas

Porque eso es de tibios

Y sin temer a que habrá mañana

Si ahora es tan reconfortante.



Sueño a contrarreloj

Y nos movemos tan rápido,

como si el tiempo supiera

que te extrañé desde siempre.

Quiero descubrirte entero,

hasta lo que escondés,

lo que no le contás a nadie,

lo que es muy íntimo en vos.

Quiero pasar un invierno juntos,

un primavera donde florezcamos los dos,

un verano donde el sol te pinte la piel.

No quiero que te vayas nunca más,

porque cada despedida duele un poco más,

cada última noche en la que tenemos para dormir juntos,

y las promesas que nos quedan sin cumplir

como las películas que no vimos,

y la receta que no te cociné.

Porque el tiempo nos juega en contra,

y corre más rápido,

pero yo ya soñé una vida con vos,

y en ese sueño, nuestro tiempo no se escapa.



Día Cero

Esta vez no fue lo mismo.

Siempre me despedías con un beso antes de irte.

Yo, entredormido, te veía ir.

Pero esta vez fue diferente.

Te seguí hasta la puerta

Te observé marcharte,

hasta que te desdibujaste en la distancia.

Y ahí lo supe

el día se acercaba.

Aquel del que no hablábamos,

pero sabíamos que llegaría.

Ese día al que preferimos hacerle la vista gorda,

hacernos los tontos

para estirar el momento

como si pudiéramos retener un poco el tiempo.

Pero siempre fui consciente

de que me estaba mintiendo.

Porque siempre lo supe.

Sabía que iba a doler.

Y aunque no puedo fingir,

tampoco quiero renunciar

a zambullirme en la intensidad

de lo que me provoca quererte.

———-



Espantapájaros

Lo que sentís por mí se está apagando,

así lo siento

se está fugando

progresivamente.

Mientras la distancia te hace olvidar nuestras noches.

Se escurre entre tus manos,

como si fuera agua.

No se puede volver a levantar.

No hay nada que pueda hacer,

más que volver al silencio de mi soledad,

volver a clavarme en la tierra

en la que estuve erguido, como un espantapájaros.

Nomás agradecerte,

con un nudo en el pecho

la breve oportunidad

de experimentar un amor tan sano,

tan fugaz,

tan cuidadosamente efímero.



Te odio, no te vayas

Desearía no necesitarte,

pero encontré el sol y la luna

clavados en tu mirada.

Quiero apartarme,

alejarme necesito

pero estoy encadenado a tu sombra.

Te odio por hacerme esto,

pero no me escuches…

ni te escapes.

Porque en tus pasos

está el ritmo de mi corazón.

Ojalá te alejes.

Y que montañas nos separen

así podría saber

si sos capaz de moverlas

solo por estar cerca mío.

No te alejes.

Pensar en tu distancia

me hace querer arrancar

cada rosa de casa rosedal,

como si destruyendo la belleza

pudiera vengar mi dolor.

Pero no quiero sonar desesperado.

Pero es que creo que ya lo estoy,

desde que descubrí que tu tono de voz podría cambiar

sin siquiera hablar.

Si acaso queres irte,

¿quién soy yo para detenerte?

Solo voy a esperarte

varado en un desierto,

con un paraguas,

esperando una mirada que me mienta

diciendo que aún me amas.

Pero si no volves…

entonces que el odio me salve,

que me enseñe a olvidar tus versos

y a escupir tus besos.

Que me de fuerzas

para no escribirte más poemas

aquellos que escribí con mi sangre

sin ofrecerte ninguna condición.



Caída al abismo

Qué maldición esta

de siempre ir un paso adelante

de tu palabra,

de saltar al abismo

antes de pedirme que espere.

Pienso tan rápido

que dibujo monstruos en tu silencio,

y mis ideas

que se creen sabias

te malinterpretan cruel.

Creo firmemente saber

que pensás de mí

aunque tu boca esté muda

y tus ojos no digan nada.

y busco en cada expresión

en cada gesto no dado

una respuesta corta

para que mi alma,

despavorida

piense,

muy convencida

que me abandonas.



Funeral

Pensar que no elegís mi corazón

es sentir un puñal hundirse en el pecho.

Como si tu “no”

arrancara, con manos frías,

mi corazón aún latiendo.

Lenta, agonizante,

tu pérdida se vuelve un velorio sin fin:

un funeral eterno

al que me niego a asistir.

Entonces, llamo al silencio,

me vendo los ojos

para esquivar tu desdén,

ese menosprecio silente

que anula mi presencia.

———-



Ingrato

Vaya ingrato,

decidiste volverte

al desechar mis suspiros

e ignorar las mariposas

que crecían en mi pecho,

hasta asfixiarlas,

hasta verlas morir

corroídas por tu indiferencia oxidadosa.

Qué ingratitud la tuya:

esquivar mi mirada,

deshojar mis anhelos,

quemar, una a una,

las últimas capas de ternura

que en silencio te ofrecía.

Baldazos de agua

echaste al fuego

de la pasión

que te tenía.

Provocaste una inundación

y así,

ahogaste mi corazón.



Misma lección

Misma maldita lección, otra vez.

Y mi corazón agonizante no se detiene

de querer seguir latiendo,

más fuerte de lo que mis manos pueden sostener.

Maldigo el mísero segundo

en que la idea cruzó mi cabeza:

que habría quien sueñe con mis atributos

y, a pesar de mis tormentas,

me demuestre que sería capaz

de arrancarse cualquier extremidad

a cambio de oír mi voz por la mañana.

Misma maldita lección,

y mi espíritu, que no se abraza a su soledad,

y tercamente busca un hueco

donde mimetizarse

para sentirse a salvo en el refugio de brazos ajenos.



Una vida sin el sol

¿Cómo pensarme solo

si no puedo imaginar una noche

sin estrellas que cuenten mi insomnio,

sin un cielo celeste

al que buscarle formas entre nubes?

Si pensar que mis pasos no tendrán compañía me aterra,

imaginar la enfermedad sin abrigo

es ya una forma de agonía.

¿Cómo hago yo,

que crecí entre mis silencios,

para asumir que moriré igual?

Yo, que me acostumbré a mi soledad,

y ahora no soporto

ni el eco de mi propia voz…

¿Cómo podría describir

una vida sin el sol?



Lápiz

Un lápiz

nacido del roble del bosque más alto

traza en una hoja,

trasparente como el agua,

palabras que aún no sé nombrar en voz alta.

Aunque a veces prefiera la tinta china,

es él quien me ayuda a construir

aquello que tanto anhelo encontrar

incluso cuando me siento nada.

Palabra tras palabra,

verso tras verso.

Me sostiene,

me adorna el caos

me permite mantener el control

en este mundo

tan brutalmente emocional.



Las tardes que serán

Las tardes que serán

y las que han sido

se confunden en una sola,

como un amor inconcluso

ante las colillas de un cigarro

regadas sobre un nuevo libro de poemas.

Palabras frescas nutren mi ser

como una historia repetida,

una lección

que aún no termino de aprender.

Me aferro a lo que no quiero mirar:

una verdad cruda,

un secreto

que sólo yo sé guardar.

Tarde eterna

junto a mis reflexiones y conclusiones,

llenas de un bolsillo repleto

de recuerdos que duelen,

inaccesibles al tiempo

y a su olvido.



Cajón de zapatos

Hay crudeza en las palabras

que mi mente me susurra al oído,

pensamientos de martirio,

revelaciones de lo ya vivido.

Necesito atestiguarlo

guardar cada zapato en su cajón,

ponerle orden al desorden

antes que la tierra absorba mi pulmón.



Mariposas atadas

Alambre en mi boca

aunque tire, raspa,

y descose mi interior.

Sangro por los ojos,

para nublar la torpeza

de malas decisiones

tomadas con masoquista precisión.

Nudo de alambre

atando mariposas en mi interior.

Aunque tire

me descose el interior.



Dios

Dios:

palabra que encierra un poder inmenso,

un canto alzado contra la injusticia,

un grito lanzado al viento:

¡Dios!

¿Es acaso posible

cargar tanto dolor en soledad?

¿Y quién decide

qué es dolor y qué no?

¿Cuánto puede doler algo?

Solo yo lo sé,

porque solo a mí me hirió el corazón.

Entonces,

¿no soy yo quien debe clasificarlo?

Lo guardo todo

en una vasta bodega,

oscura, helada

donde se archivan

mis recuerdos más temidos.



Manos profanadoras

Camioneta derruida

Puertas sujetas con alambre oxidado,

labios con sabor a antigüedad,

manos que me envuelven

como objeto de deseo,

flor que alimenta su nostalgia,

vicio hambriento de mi juventud.

Manos que no cesan,

tocan, profanan,

con sed insaciable

de lo que me pertenece.



Al borde de la ansiedad

Por favor, no me presiones;

la saliva en mi boca se evapora,

mi lengua raspa el paladar.

Quiero gritar,

pero sólo resuena un eco,

con punzantes advertencias

al compás del latido de mi corazón,

bombeando como el aleteo

de un pájaro herido.

Al borde me encuentro,

en el filamento del camino,

equilibrando mi sombra

sobre la cuerda floja.

En la llanura profunda de mi psique,

un campo de batalla,

arduo y hostil,

pero resiliente.

La pierna inquieta,

¡quiero salir!,

correr… pero moriría en el intento.

Respiro, aspiro;

no es aire lo que expulsan mis pulmones,

es fuego,

un incendio que me quema por dentro.

Maldita ansiedad,

temblorosa en mis manos,

no puedo asir un solo pensamiento,

todos se escapan,

todos son caóticos.

¿Qué más puedo hacer con las llamas?

Las esquivo,

las tomo a mi favor,

intento no arder en mi propio incendio.

Raíces que se alzan en ramas,

todas las reclamo como mías,

no las evito,

las transformo.

Si he de estar en el borde,

prefiero elegir la realización

antes que la locura.

Maldita ansiedad

que encierra

a quien quiero ser.



Al Borde

Al borde me encuentro,

en el filamento del camino,

equilibrando mi sombra

sobre la cuerda floja.

En la llanura profunda de mi psique,

un campo de batalla,

arduo y hostil,

pero resiliente.

Energía turbia,

aire de smog y polvo;

Respiro, aspiro;

no es aire lo que expulsan mis pulmones,

es fuego,

un incendio que me quema por dentro,

un volcán activo.

¿Qué más puedo hacer con las llamas?

Las esquivo,

las tomo a mi favor,

intento no arder en mi propio incendio.

Raíces que se alzan en ramas,

todas las reclamo como mías,

no las evito,

las transformo.

Si he de estar en el borde,

prefiero elegir la realización

antes que la locura.



Manual de contención

Tengo que aprender a calmar mis aullidos,

a controlar el desgarro que se arrastra hacia mi garganta

a mantener la vela encendida aunque el viento sople con furia en la oscuridad.

Si logro hacerlo,

quizás sea esa la única forma de sostener mi libertad,

esa que tanto peligra

antes mis constantes precipitaciones.

Por eso los Martines me observan con lupa,

como insecto de microscopio.

Quieren encerrarme en una jaula,

como a una paloma a la que ya le han arrancado las alas.

Pero no saben que así no detendrán su sangrado.

Solo lograrán forzarla

a atragantarse con sus propias vísceras.



Juicio

En tela de juicio.

Las paredes se volvieron transparentes

si tomo un café a la mañana,

o una dosis para la migraña,

si respiro hondo

o si tiro la mesa.

Anestesia

antes de que mi destino

pierda paciencia.



Vaivén

Bailando en un vaivén

sin camas,

entre quienes juran querer ayudarme

pero no me dejan dormir.

La luz irrumpe en mis sueños,

juntos a llantos de madrugada,

padres de familia,

heridos de guerra.

Bailando en un vaivén

sin camas,

me tienen de un lado al otro,

mareado.

Mientras pasos constantes

gritos de auxilio

súplicas a Dios

piden por salud, piden por piedad.

Se entrometen en mi sueño,

ese que nunca llega,

que se vio usurpado.



El muerto III

La anciana, que no teme a los muertos porque ya no le teme a nada,

se sienta junto al pozo seco y se abanica con una rama de árbol seco.

—Te va a costar más de lo que crees, le dice.

Ese tramposo aprendió a disfrazarse del tiempo.

El muerto no responde, pero algo en sus ojos vacíos titila.

¿Tiempo? ¿Qué forma tiene el tiempo para un condenado como él?

El caballo relincha, inquieto. El polvo se levanta sin que sople el viento, al viento del ala de un gavilán merodeando la zona.

—Dicen que el tramposo plantó un diente suyo en cada rincón de este pueblo viejo,

y que de cada uno creció un hombre distinto.

Algunos fueron curas, otros criminales.

Hasta niños.

Pero todos comparten una sombra ajena, torcida. Todos en este pueblo, son fruto del tramposo.

El muerto observa las tumbas.

Una está abierta, recién cavada.

Pero no hay cuerpo.

—Ese pozo no da agua. Da nombres, susurra la anciana.

Entonces, por primera vez en siglos,

el muerto habla.

—¿Y qué nombre dio hoy?

La anciana sonríe.

La piel se le descuelga como cortina vieja.

Pero sus ojos centellean con un fulgor que recuerda al fuego.

El tuyo, dijo la anciana.

El muerto no se inmuta.

Ni el caballo.

Pero el aire se tensa como cuerda de arco.

Hay algo que ha cambiado.

—Tal vez, dice la anciana mientras se levanta…

el tramposo ya no se esconde.

Tal vez… ahora te busca a vos.

Y se va, dejando tras de sí

el eco de una verdad que nadie había considerado:

¿Quién persigue a quién?

¿Será que quizás el tramposo escapó de su juicio final no por cobardía, sino por romper con un orden impuesto por la Madre Vida?



Curita, otra vez

pero esta vez no duele,

hay pasos suaves en mi piel

y el alma, aunque rota, se mueve.

En los pasillos del hospital,

vendas que intentan detener

la herida que quiere callar.

Hilos de fe,

el miedo queda atrás,

algo en el pecho renace, estoy de pie.

Quiero juntar cada trozo,

pedacito tras pedacito,

y armarme, aunque tembloroso,

sin apuro.

Mis trozos,

los recojo

me enseñan cómo sanar.

Perdón, mamá.

Perdón, papá.

Esto es por mí,

hoy me abrazo sin culpa,

me empiezo a cuidar.

Esto es por mí,

por la paz que merezco,

una brisa que me muestra

un nuevo comienzo.

Mis compañeros y yo,

algo en común:

queremos ver el sol

brillar sobre el campo de flores.

Y así, bajo el cielo lleno de luz

volver a nacer,

con la luz del ocaso

bañándonos la piel.



Carretera

Transitamos la carretera,

un viaje sin destino fijo

con paradas técnicas,

paradas para apreciar el paisaje.

Tomando un presente de cada una de ellas

y dejando migas para no perdernos.

Un viaje unidos,

rumbo a un horizonte sin nubes negras,

sin tormentas que nos persigan.

Las dejamos atrás,

kilómetros de sombra a la distancia,

hasta que, al mirar hacia atrás,

todo se vuelva

borroso.



La palabra

¿Qué es la palabra,

cuando tantas veces me fue negada,

ocultada

en la sombra de mis labios?

Aquella que callé en su momento

hoy vuelve como guía.

La palabra que usé como arma,

como fuerza de destrucción,

también es bloque de construcción.

Conjunto de letras y sonidos

que dan forma,

que nombran,

que verbalizan lo innombrable,

que categorizan lo que me desborda.

La palabra como linterna

en lo más hondo de las cuevas de mí mismo.

La palabra como herramienta

en esta construcción

de lo que soy.



El anillo

Otra vez, otro sueño.

Otra mañana despierto,

confundido,

vuelto a mis sueños.

Despierto entre bruma y eco,

perdido en mi propio hueco.

Vuelvo a soñar con ese anillo que perdí.

Nunca creí que importara tanto

hasta que se volvió

un sueño recurrente.

¿Qué quiere decir?

Todavía no sé.

¿Una promesa quebrada?

¿Una parte silenciada?

¿Un ciclo que no se cierra,

un lazo que aún me encierra?

Tal vez es solo el reflejo

de un vínculo mal parejo,

con otro… o con mi propio abismo,

quizás conmigo lo mismo.

Pero al final del sueño,

el anillo vuelve al dueño.

Lo hallo entero, brillante, plateado,

como un recuerdo callado.

Y al cerrar mi mano en él,

me encuentro a mí, otra vez fiel.

———



Ramas

Vuelvo a dejar crecer

mis raíces en esta tierra fértil

que me abraza, paciente cada vez que pierdo una flor.

Brotan ramas nuevas en mí,

y me convierto en un árbol invernal

de brazos interminables

donde ya no nacen flores.

Cada pétalo ha caído,

y su muerte silenciosa

se funde con el frío

del pavimento hostil.



El templo

El templo

donde mojo mis pies

y la frescura acaricia mi piel.

Mis rodillas ya no raspan el suelo,

y mi voz,

ya no es ajena, es mía.

Mis manos, atadas a mi cuerpo,

puedo sentirlas, vivas, presentes.

He caído, una y otra vez,

de rodillas,

pero ya no es castigo,

no es martirio.

Puedo sentir mi voz susurrándome

“estás a salvo”.

Los olores vuelven a ser familiares

y hay calor,

pero no llamas.

Estoy en mi templo,

en mis entrañas.

Soy yo

quién ha puesto sal en la herida

quien ha exorcizado a cada demonio.

Los monstruos fueron desterrados,

perdidos en la oscuridad

ante la antorcha que hincé

en el centro de mi corazón.



En el mar

En el mar,

en la brisa

en el eco hueco que dejan las olas

al rasguñar el vacío que dejaste en mí,

te busco.

Busco tu mirada,

pérdida, cada día

esperando que me respondas

en forma de oleaje.

Miro cada ocaso,

cada vez que la luna decide esconderse

temerosa por no traerme respuestas.

Con la esperanza de una respuesta tuya,

mientras el agua moja mis pies llenos de arena.

A veces he pensado,

cuando la neblina de tu ausencia me trae tempestades,

en dejar empapar mis pies

hasta que el mar inunde mis pensamientos

y pueda reencontrarme con vos,

allí,

en el mar.



Café de estrellas

Un bosque de estrellas

en tu café, oscuro.

Me pierdo en el grano más amargo

cuando el carmesí de tus labios

moja el sorbo de la taza,

humeante.

Derritiendo el cristal más puro,

diáfano.

Como el esmeralda de tus ojos,

lágrimas en forma de gotita.

Dejan perlas en la arena,

regadas en tus huellas,

marcan cada paso

en el laberinto que conduce a mis infinitos.

———-



Enséñame

No importa no saber,

enséñame.

Señalá la luna

y mentime que puede ser mía.

No importa la edad que nos separe,

podés mostrarme lo que ignoro.

Me gusta aprender

mientras recorro con los dedos

los mapas ásperos de tu piel curtida,

cada cayo,

cada marca del tiempo,

como un secreto que se deja acariciar.

Tu voz grave me envuelve,

me roza por dentro,

y en tus brazos fuertes

siento que podría caer

y seguir cayendo

sin romperme.

Me sostienen, me abrigan,

me mantengo caliente

como un lazo que no se rompe.

Palabras que abrigan,

que saben a certeza,

a refugio.

Quiero absorber lo que es tuyo,

digno de tus fantasías,

ser moldeado por tus deseos,

convertirme en lo que más codiciás.

Enséñame,

con la lengua,

con las manos,

con el cuerpo entero.

y voy a ser

tu aprendiz más fiel,

tu tesoro más dócil,

tu placer mas constante.

———-



Imperio de hormigas

Como un ave fénix,

resurjo del incendio

con las alas llenas de brasas ardientes

y el corazón entre las manos.

Recojo mis escombros;

de mis ruinas saqué vísceras y huesos,

y los fundí en ladrillos incandescentes.

Cada amanecer coloco uno,

como si soldara mi alma

a la estructura de un templo dorado.

Avanzo con la precisión

de un imperio de hormigas:

infatigable, silencioso, invencible.

Mis pies se hunden hasta tocar

el pulso caliente de la tierra;

de allí crecen raíces

y, entre ellas, estallan jazmines

que superan la hermosura

de cualquier vida anterior.

Las flores venenosas

que un día corrompieron mi savia

caen como lágrimas negras,

se disuelven en mi sangre

y renacen en un fulgor de agua bendita.

———-



Flúor

Campos de color flúor,

flores que brillan en tonos dispares,

todas queriendo sobresalir.

Y yo, meciéndome entre ellas,

el viento alzando mi pelo,

un gramo de calma artificial

navega en mi sangre

como un barquito en plena tempestad.

Una tina repleta de burbujas,

burbujas color flúor,

flotando en la espuma.

Un poema breve sobre cosas lindas,

aunque hay días

en que todo se siente

como un cuarto recién pintado,

sin muebles.

Pero al menos ya no quiero

arrancarme los ojos.

Puedo secarme las lágrimas,

hacer mi cama.

Una tregua,

en esta guerra contra mí mismo.

———-



Soy

Soy lo que descubro al mirarme en tus ojos.

Soy energía:

una chispa que estalla,

una llama que no se apaga.

Soy creatividad desbordante,

soy sueños,

soy ideas,

soy metas.

Soy lo que quiero ser cuando sea grande,

soy lo que soñaba ser de niño.

Soy mi propia voz,

soy mi navegante en las mareas de la vida.

Soy azúcar que endulza,

soy compañía que acompaña,

brazos que reciben,

oídos que escuchan.

Soy ternura, acolchada en plumas,

soy luz en la oscuridad,

soy propósito,

soy resiliencia.

Soy todo lo que habré logrado

cuando mi tiempo se apague,

cuando la vida se retire de mí.

———-



A las siete del mar

Estoy en calma.

Sereno.

Me encuentro como el mar a las siete de la mañana

mientras las gaviotas sobrevuelan encima de mi cabeza

en busca de algo, que aún no comprendo que.

No voy a ceder.

No voy a volver a rumiar en mi cabeza,

ni a seguir escarbando en el recuerdo más tormentoso.

Como el vapor que escapa

del café más caliente en la mañana,

me elevo, ligero

de la oscuridad de la taza.

Con ímpetu voy a clavar mi bandera

en esta montaña,

aquella que supo resistir cada invierno,

aquella que supo resistir cada avalancha.

Sereno.

Contemplo el río,

observo la paciencia de sus aguas al correr.

Sin darme cuenta

observo mi reflejo,

y puedo reconocerme.

Aún sin hambre

codicio sus peces.

Veo el río y pienso,

cuántos habré de pescar.

————



La cima del mar

Caracoles, estrellas de mar,

me encuentro nadando,

y me termino buscándome.

Cinco sirenitas me acompañan

en la profundidad del mar.

Conozco ya sus abismos,

pero aspiro a tocar

la espuma leve de la superficie.

Caminos de algas y de coral

guían mi nado,

mi propósito de ver

la luna en paz, por primera vez.

Veleros y grandes buques,

humanos en la arena,

la cima de la torre de Babel.

Ya vi cada abismo del océano

hasta las Marianas descendí.

Pero ahora mi espíritu tiene apetito,

y mi alma el gusto encendido.

Ver mil y un eclipses

desde la cima del mar.

———-



Guerra

El terreno ya está llano,

sin moros en la costa.

Rendido, sí,

pero con vida.

Ya no me quedan más granadas,

ni ganas de esconderme en trincheras.

Perdí batallas, pero gané la guerra

de no ser lo que me lastimó.

No hace falta sentir más miedo

de vigilar la puerta

o de que el cielo tiemble con estruendos,

el silencio ya no da miedo.

Más bien celebrar,

que a pesar de mis heridas,

y a pesar de que ardan,

me hacen sentir más vivo aún.