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Amores imposibles que se hacen posibles

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Sinopsis

Uma es una chica de 17 años obligada a mudarse de la casa donde se crió, aquella la cual guardaba recuerdos de su madre fallecida, para irse a vivir a otra ciudad. Nahuel, un joven humilde quien vivió una vida de engaños ¿Quien iba a pensar que sus caminos se cruzarían… nuevamente?

Estado:
hace 8 meses
Capítulos:
23
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1

El El despertador sonó tras una larga noche de sueño. No quería levantarme de la cama, ese sueño quería que no terminé porque era el único lugar dónde podía verla, tocarla, hablarle. Traté de volver a meterme en él pero el hombre más insoportable del mundo me despertó. Simón, mi hermano mellizo, se adentró a mi habitación para subirse en mi cama y empezar a saltar.


- Uma, no tenes idea de lo que acabo de encontrar- Con un salto cayó sentado en la cama, en su cara había una expresión de emoción, en la mía, de irritabilidad.


- Claro que no voy a tener idea si no se de que mierda me estás hablando. - Amaba a mi hermano, pero era un pesado.


-¡De esto!- Y en sus manos, las cuales había ocultado detrás de su espalda en todo este tiempo, se lucía una cajita miniatura.


-¿Que? Es una caja - Dije con la voz cansada y no solo por haberme despertado hace un rato.

- Olvidate de la caja. La sorpresa está adentro - Abre la caja con una sonrisa en sus labios. Dentro de ella se encontraba un anillo plateado con una perlita transparente en el centro.


- Tenes 17 años para casarte Simon, no jodas - Mi hermano puso los ojos en blanco.


- No es mío, la encontré en el cajón de papá - Escuchar eso me hizo levantarme de un salto. Visualice de cerca aquel anillo, no era el de mamá, si mal no recuerdo ese era dorado.


- ¡Papa se va a casar! - Dijo Simon esperando que yo reaccione como él lo estaba haciendo. ¿Papá? No podía ser cierto. Papá no podía casarse, no nos dijo nada, esto era un mal entendido.


-¡Chicos!- Se escucha desde el salón de abajo, papá había llegado. Le arrebaté la caja a Simon, el cual comenzó a seguirme para quitármela, cuando salí corriendo del cuarto.

- !Uma¡ ¡Dámelo! Va a saber que estuve husmeando entre sus cosas.


-¡Jodete! - Fue mi respuesta mientras bajaba las escaleras.


- ¡Chicos, chicos! ¿Qué es este quilombo? - Mi padre apoyó las compras en la mesa y nos miró a ambas con cara de desentendido, pero cuando vio mis manos, el contenido que estaba en ellas, vi como su cara se contrajo en un destello de preocupación - ¿Qué haces con eso?


- Yo no fui - Dijo Simon. Lo mire con cara de fastidio y luego puse la mirada en la mano derecha de mi padre, allí no estaba el anillo, aquel que lo unía a mamá. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cuánto tiempo habrá estado sin el anillo? Apreté los dientes muy fuerte controlado mi enojo.


- ¿Qué es esto? - Pregunté.


- Una caja - Dijo Simon. Ya me estaba sacando de quicio, no estaba para bromas, pero lo ignoré.


- Chicos, siéntense -dijo señalando el sillón detrás de él. Simon y yo nos sentamos en el grande mientras que papá se dirigía al chico, frente a nosotros - Iba a contárselos durante la semana. Nos vamos a mudar. En la Plata conocí a una mujer, me enamoré. Llevamos dos años saliendo.


¿Dos años y no nos dimos cuenta? Papá viajaba a La Plata por trabajo. Nosotros vivíamos en un pueblo llamado Escobar, a dos horas de distancia. El administraba un colegio allá, todo obra de la herencia del abuelo.


- Y... ¿Quién es la afortunada? - Pregunto Simon riendo. En cualquier momento le pegaría una patada ¿Acaso no le afecta para nada esta situación?


- La preceptora del colegio de allá - Dijo papá sonriendo. Se lo veía muy enamorado y eso no hizo mas que aumentar mi enfado - La semana que viene nos vamos a La Plata, estoy muy emocionado de que la puedan conocer, es una mujer excelente.


- ¡¿Qué?! Aparte de mudarnos de esta casa ¿Vamos a vivir con ella? No la conozco.


- Eso, ¡¿Qué?! - Repitió Simon luego de mi. A mi sorpresa se levantó y abrazó a papá - Felicitaciones y muchas gracias. Busqué miles de excusas para poder cortarle a Julieta, me diste la perfecta.


Mi hermano me miró y su sonrisa se borró cuando vio que mis ojos estaban llorosos.


- Déjanos solos, Simon - Dijo mi padre sin quitar su mirada de la mía. Mi hermano obedeció y subió a su cuarto, no sin antes darme un apretón en el hombro - Quisiera saber tu opinión.


- Mi opinión es que me estás sacando del único lugar dónde tengo recuerdos de ella ¡No es justo! Y encima pretendes que la reemplace con otra, que fácil te olvidaste de mamá.


- Hija, mamá falleció hace diez años, tengo derecho a enamorarme de otra persona - Mi padre tenía razón pero eso me generaba más bronca, no me iría de esta casa jamás - Nunca en mi vida me voy a olvidar de tu madre ¿Si?


- No es ese el problema, papá. No quiero irme de esta casa, los recuerdos que hay en ella, no quiero perderlos.


Mi padre se levanto dd su sillón para venir al mío. Se sentó y yo apoyé mi cabeza en su hombro mientras él me acariciaba los pelos de la cara de mi rodete desarmado.


- Uma, los recuerdos de esta casa los vas a tener siempre acá - Me dijo mientras señalaba mi corazón - La casa no es un recuerdo, los momentos si lo son. Y en cuanto al reemplazo, tu madre jamás va a serlo, ella es única.


Asentí varias veces dándole la razón, me gustaba que se refiera a mi madre en modo presente. Le di un beso en la mejilla y fui hacia mi habitación, me acosté en la cama y respiré con un sonido audible. Me quedaba una semana para despedirme de este lugar, y comenzar una vida rodeada de gente desconocida.despertador sonó tras una larga noche de sueño. No quería levantarme de la cama, ese sueño quería El despertador sonó tras una larga noche de sueño. No quería levantarme de la cama, ese sueño quería que no terminé porque era el único lugar dónde podía verla, tocarla, hablarle. Traté de volver a meterme en él pero el hombre más insoportable del mundo me despertó. Simón, mi hermano mellizo, se adentró a mi habitación para subirse en mi cama y empezar a saltar.


- Uma, no tenes idea de lo que acabo de encontrar- Con un salto cayó sentado en la cama, en su cara había una expresión de emoción, en la mía, de irritabilidad.


- Claro que no voy a tener idea si no se de que mierda me estás hablando. - Amaba a mi hermano, pero era un pesado.


-¡De esto!- Y en sus manos, las cuales había ocultado detrás de su espalda en todo este tiempo, se lucía una cajita miniatura.


-¿Que? Es una caja - Dije con la voz cansada y no solo por haberme despertado hace un rato.

- Olvidate de la caja. La sorpresa está adentro - Abre la caja con una sonrisa en sus labios. Dentro de ella se encontraba un anillo plateado con una perlita transparente en el centro.


- Tenes 17 años para casarte Simon, no jodas - Mi hermano puso los ojos en blanco.


- No es mío, la encontré en el cajón de papá - Escuchar eso me hizo levantarme de un salto. Visualice de cerca aquel anillo, no era el de mamá, si mal no recuerdo ese era dorado.


- ¡Papa se va a casar! - Dijo Simon esperando que yo reaccione como él lo estaba haciendo. ¿Papá? No podía ser cierto. Papá no podía casarse, no nos dijo nada, esto era un mal entendido.


-¡Chicos!- Se escucha desde el salón de abajo, papá había llegado. Le arrebaté la caja a Simon, el cual comenzó a seguirme para quitármela, cuando salí corriendo del cuarto.

- !Uma¡ ¡Dámelo! Va a saber que estuve husmeando entre sus cosas.


-¡Jodete! - Fue mi respuesta mientras bajaba las escaleras.


- ¡Chicos, chicos! ¿Qué es este quilombo? - Mi padre apoyó las compras en la mesa y nos miró a ambas con cara de desentendido, pero cuando vio mis manos, el contenido que estaba en ellas, vi como su cara se contrajo en un destello de preocupación - ¿Qué haces con eso?


- Yo no fui - Dijo Simon. Lo mire con cara de fastidio y luego puse la mirada en la mano derecha de mi padre, allí no estaba el anillo, aquel que lo unía a mamá. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cuánto tiempo habrá estado sin el anillo? Apreté los dientes muy fuerte controlado mi enojo.


- ¿Qué es esto? - Pregunté.


- Una caja - Dijo Simon. Ya me estaba sacando de quicio, no estaba para bromas, pero lo ignoré.


- Chicos, siéntense -dijo señalando el sillón detrás de él. Simon y yo nos sentamos en el grande mientras que papá se dirigía al chico, frente a nosotros - Iba a contárselos durante la semana. Nos vamos a mudar. En la Plata conocí a una mujer, me enamoré. Llevamos dos años saliendo.


¿Dos años y no nos dimos cuenta? Papá viajaba a La Plata por trabajo. Nosotros vivíamos en un pueblo llamado Escobar, a dos horas de distancia. El administraba un colegio allá, todo obra de la herencia del abuelo.


- Y... ¿Quién es la afortunada? - Pregunto Simon riendo. En cualquier momento le pegaría una patada ¿Acaso no le afecta para nada esta situación?


- La preceptora del colegio de allá - Dijo papá sonriendo. Se lo veía muy enamorado y eso no hizo mas que aumentar mi enfado - La semana que viene nos vamos a La Plata, estoy muy emocionado de que la puedan conocer, es una mujer excelente.


- ¡¿Qué?! Aparte de mudarnos de esta casa ¿Vamos a vivir con ella? No la conozco.


- Eso, ¡¿Qué?! - Repitió Simon luego de mi. A mi sorpresa se levantó y abrazó a papá - Felicitaciones y muchas gracias. Busqué miles de excusas para poder cortarle a Julieta, me diste la perfecta.


Mi hermano me miró y su sonrisa se borró cuando vio que mis ojos estaban llorosos.


- Déjanos solos, Simon - Dijo mi padre sin quitar su mirada de la mía. Mi hermano obedeció y subió a su cuarto, no sin antes darme un apretón en el hombro - Quisiera saber tu opinión.


- Mi opinión es que me estás sacando del único lugar dónde tengo recuerdos de ella ¡No es justo! Y encima pretendes que la reemplace con otra, que fácil te olvidaste de mamá.


- Hija, mamá falleció hace diez años, tengo derecho a enamorarme de otra persona - Mi padre tenía razón pero eso me generaba más bronca, no me iría de esta casa jamás - Nunca en mi vida me voy a olvidar de tu madre ¿Si?


- No es ese el problema, papá. No quiero irme de esta casa, los recuerdos que hay en ella, no quiero perderlos.


Mi padre se levanto dd su sillón para venir al mío. Se sentó y yo apoyé mi cabeza en su hombro mientras él me acariciaba los pelos de la cara de mi rodete desarmado.


- Uma, los recuerdos de esta casa los vas a tener siempre acá - Me dijo mientras señalaba mi corazón - La casa no es un recuerdo, los momentos si lo son. Y en cuanto al reemplazo, tu madre jamás va a serlo, ella es única.


Asentí varias veces dándole la razón, me gustaba que se refiera a mi madre en modo presente. Le di un beso en la mejilla y fui hacia mi habitación, me acosté en la cama y respiré con un sonido audible. Me quedaba una semana para despedirme de este lugar, y comenzar una vida rodeada de gente desconocida. no terminé porque era el único lugar dónde podía verla, tocarla, hablarle. Traté de volver a meterme en él pero el hombre más insoportable del mundo me despertó. Simón, mi hermano mellizo, se adentró a mi habitación para subirse en mi cama y empezar a saltar.


- Uma, no tenes idea de lo que acabo de encontrar- Con un salto cayó sentado en la cama, en su cara había una expresión de emoción, en la mía, de irritabilidad.


- Claro que no voy a tener idea si no se de que mierda me estás hablando. - Amaba a mi hermano, pero era un pesado.


-¡De esto!- Y en sus manos, las cuales había ocultado detrás de su espalda en todo este tiempo, se lucía una cajita miniatura.


-¿Que? Es una caja - Dije con la voz cansada y no solo por haberme despertado hace un rato.

- Olvidate de la caja. La sorpresa está adentro - Abre la caja con una sonrisa en sus labios. Dentro de ella se encontraba un anillo plateado con una perlita transparente en el centro.


- Tenes 17 años para casarte Simon, no jodas - Mi hermano puso los ojos en blanco.


- No es mío, la encontré en el cajón de papá - Escuchar eso me hizo levantarme de un salto. Visualice de cerca aquel anillo, no era el de mamá, si mal no recuerdo ese era dorado.


- ¡Papa se va a casar! - Dijo Simon esperando que yo reaccione como él lo estaba haciendo. ¿Papá? No podía ser cierto. Papá no podía casarse, no nos dijo nada, esto era un mal entendido.


-¡Chicos!- Se escucha desde el salón de abajo, papá había llegado. Le arrebaté la caja a Simon, el cual comenzó a seguirme para quitármela, cuando salí corriendo del cuarto.

- !Uma¡ ¡Dámelo! Va a saber que estuve husmeando entre sus cosas.


-¡Jodete! - Fue mi respuesta mientras bajaba las escaleras.


- ¡Chicos, chicos! ¿Qué es este quilombo? - Mi padre apoyó las compras en la mesa y nos miró a ambas con cara de desentendido, pero cuando vio mis manos, el contenido que estaba en ellas, vi como su cara se contrajo en un destello de preocupación - ¿Qué haces con eso?


- Yo no fui - Dijo Simon. Lo mire con cara de fastidio y luego puse la mirada en la mano derecha de mi padre, allí no estaba el anillo, aquel que lo unía a mamá. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cuánto tiempo habrá estado sin el anillo? Apreté los dientes muy fuerte controlado mi enojo.


- ¿Qué es esto? - Pregunté.


- Una caja - Dijo Simon. Ya me estaba sacando de quicio, no estaba para bromas, pero lo ignoré.


- Chicos, siéntense -dijo señalando el sillón detrás de él. Simon y yo nos sentamos en el grande mientras que papá se dirigía al chico, frente a nosotros - Iba a contárselos durante la semana. Nos vamos a mudar. En la Plata conocí a una mujer, me enamoré. Llevamos dos años saliendo.


¿Dos años y no nos dimos cuenta? Papá viajaba a La Plata por trabajo. Nosotros vivíamos en un pueblo llamado Escobar, a dos horas de distancia. El administraba un colegio allá, todo obra de la herencia del abuelo.


- Y... ¿Quién es la afortunada? - Pregunto Simon riendo. En cualquier momento le pegaría una patada ¿Acaso no le afecta para nada esta situación?


- La preceptora del colegio de allá - Dijo papá sonriendo. Se lo veía muy enamorado y eso no hizo mas que aumentar mi enfado - La semana que viene nos vamos a La Plata, estoy muy emocionado de que la puedan conocer, es una mujer excelente.


- ¡¿Qué?! Aparte de mudarnos de esta casa ¿Vamos a vivir con ella? No la conozco.


- Eso, ¡¿Qué?! - Repitió Simon luego de mi. A mi sorpresa se levantó y abrazó a papá - Felicitaciones y muchas gracias. Busqué miles de excusas para poder cortarle a Julieta, me diste la perfecta.


Mi hermano me miró y su sonrisa se borró cuando vio que mis ojos estaban llorosos.


- Déjanos solos, Simon - Dijo mi padre sin quitar su mirada de la mía. Mi hermano obedeció y subió a su cuarto, no sin antes darme un apretón en el hombro - Quisiera saber tu opinión.


- Mi opinión es que me estás sacando del único lugar dónde tengo recuerdos de ella ¡No es justo! Y encima pretendes que la reemplace con otra, que fácil te olvidaste de mamá.


- Hija, mamá falleció hace diez años, tengo derecho a enamorarme de otra persona - Mi padre tenía razón pero eso me generaba más bronca, no me iría de esta casa jamás - Nunca en mi vida me voy a olvidar de tu madre ¿Si?


- No es ese el problema, papá. No quiero irme de esta casa, los recuerdos que hay en ella, no quiero perderlos.


Mi padre se levanto dd su sillón para venir al mío. Se sentó y yo apoyé mi cabeza en su hombro mientras él me acariciaba los pelos de la cara de mi rodete desarmado.


- Uma, los recuerdos de esta casa los vas a tener siempre acá - Me dijo mientras señalaba mi corazón - La casa no es un recuerdo, los momentos si lo son. Y en cuanto al reemplazo, tu madre jamás va a serlo, ella es única.


Asentí varias veces dándole la razón, me gustaba que se refiera a mi madre en modo presente. Le di un beso en la mejilla y fui hacia mi habitación, me acosté en la cama y respiré con un sonido audible. Me quedaba una semana para despedirme de este lugar, y comenzar una vida rodeada de gente desconocida.

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