Amantes en silencio

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Sinopsis

AMANTES EN SILENCIO* _Sabrina Evans, una mujer que solo le importa sobrevivir, hará lo que sea para lograr su única meta, incluido infiltrarse en una poderosa organización criminal, los Moretti. Lo que debía ser un trabajo cómo guardaespaldas con la tarea de robar información valiosa y confidencial, se convierte en una aventura prohibida dónde ella y "su jefe", Ángelo Moretti, sueltan su pasiones más profundas aún cuándo saben que muchas cosas están en juego. El peligro acecha en cada rincón, desde su relación prohibida, organizaciones en guerra y dos hermanos locos que buscan, o poder o estatus. En este juego de supervivencia, Ángelo y Sabrina solo tienen dos opciones en su relación: MATAR O MORIR.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo I

La habitación es oscura, sin luz más que la de las ventanas en el techo, y silenciosa, a menos dentro pues detrás de la salida está llena de susurros.

Tomo la botella que está en la mesa y con rapidez la lanzó a la puerta de madera a penas abierta, impidiendo que Darius, amigo de mi abuelo, salga de la habitación con sus subordinados.

–No estoy de acuerdo- habló, dirigiendo mi mirada a su espalda.

–¿...entonces? – pregunta, sin atreverse a voltear su mirada y menos su cuerpo– Planeas destruir todo lo que el señor Moretti construyó con baño de sangre, cortar lazos con los Winters solo ayudará a dejar en claro tus intenciones.

–Tu sabes que esa no era mi intención– habló apretando los dientes con rabia.

–Lo que sé, es solo lo que veo– declara con firmeza, volteando solo unos segundos su mirada hacia mí– Nosotros ya no tendremos tratados con ustedes, así que traza una línea en tu territorio porque los Moretti y los Benedit son enemigos desde ahora.

-Que así sea –sentenció– Debes saber que tus ideas anticuadas no harán que el negocio crezca –Darius voltea con rabia, dirigiendo una mirada de rabia– De ahora en adelante no hay aliados, solo guerra.

–Angelo, apenas eres un crío, tu no sabes como se maneja esto. Llegara la ruina de los Moretti de eso estoy seguro.

–Ya lo veremos– sonrió con confianza.

Darius tomá el pomo de la puerta preparado para salir, pero antes, a un mirando su espalda, sentenció de una vez nuestro trato roto.

–Una advertencia antes de que escapes– Su espalda se tensa debajo de su traje– No vuelvas jamás de lo contrario solo encontrarás la muerte.

Escucho como los puños de Darius crujen con rabia antes de asotar la puerta. Pasan segundos para escuchar afuera el bullicio de la conmoción, y solo un minuto para que Sairy, mi amigo y mano derecha, entre con cara de angustia y preocupacion. Sairy ha estado a mi lado desde que subi a la cabeza del negocio tras la muerte de mi madre quién era la jefa al morir mi abuelo.

–¿Qué pasó? –pregunta con rapidez nada más encontrarse con mi mirada– Darius iba tan molesto ni siquiera me dirigió la palabra. Angelo, ¿qué fue lo que hiciste?

Lo miró un momento antes de bajar la mirada y observar a las afueras de la única ventana de la habitación.

–Lo que mi madre tuvo que haber hecho hace mucho tiempo –contestó– aplastar esas absurdas ideas y reglas antiguas. Gracias a ellos nuestra posición está por lo suelos pero conmigo al mando recuperaremos todo lo que nos fue robado.

Me miró sorprendido, pero después solo suspiro y me dirijo una mirada aburrida.

–Estás loco –afirmó sin dudar– No sabes lo que acabas de hacer. Darius es, bueno, era nuestro mejor aliado. No solo era amigo de tu abuelo, su territorio también es muy grande –Dejó su expresión despreocupada y la reemplazo por una sería– Sabes que declararle la guerra significa la muerte.

–Calma hombre– sonrió un poco –tengo un haz bajo la manga, te aseguro que si inician la guerra ganaremos– suelto con confianza.

Sairy solo suspiro por segunda vez.

– Espero y sepas lo que estás haciendo.

[...]

Un Año Después.

Territorio del Clan Benedit

[...]

–Vamos Sabrina, golpea más fuerte sé que puede dar más.

–Carajo Héctor, ¿qué quieres que haga? Tengo dos costillas rotas, últimamente los entrenamientos son más duros. Deja de buscas hombres más grandes o terminarán matándome.

–Si quieres ser la mejor no puedes quejarte de un simple dolor porque tengas tus costillas rotas tendrás que aprender a soportar el dolor de balas en tu cuerpo, esta vida no es facil o matas o te matan.

–No quiero ser aguafiestas Héctor, pero los discursos motivacionales no son lo tuyo— Declara, con el ceño fruncido.

Héctor solo rueda los ojos y se marcha dándose la vuelta y Sabrina solo suspira con aburrimiento.

Al estar sola deja que su cuerpo caiga al suelo y dirige su mirada al cielo gris.

Sabrina no entiende como acabo así, con deudas y metiéndose en problemas legales que le costarían su libertad.

Pero la vida no es fácil y ella no están valiente como quiere creer. Le da miedo vivir sin tener una vida digna, tener que ver que por más que se esfuerza el dinero no cubrirá todo lo que necesita. Que la tachen de cobarde por buscar la salida más fácil, no le importa, al menos ya no.

Sabrina sobo su rostro con frustración y con rabia. Si ya había terminado así al menos iba a morir dando pelea y no atrapada en prisión.

O eso esperaba, pero todos sabemos que la vida no es justa y nunca salen las cosas como queremos.

De repente un ruido fuerte resonó desde la entrada del gimnasio. Sabrina se levantó rápidamente con sus sentidos alertas y un momento después Héctor regresa corriendo con una expresión de preocupación.

–¡Tenemos compañía! –anunció Héctor, con voz grave.

Sabrina se levantó con dificultad, ignorando el dolor en sus costillas.

–¿Quién es? –preguntó, preparándose para lo peor.

–No lo sé –contestó Héctor– Pero vienen armados y no parecen amistosos. El lider está preparando a todos.

Sin perder un segundo Sabrina se dirigió a la habitación contigua para tomar su pistola. La vida que había elegido no era fácil, pero al menos sabía cómo defenderse.

Los pasos se oían más cerca y el corazón de Sabrina latía con fuerza mientras salía al pasillo junto con Héctor y los demás chicos que estaban practicando.

No fue que llegaron los demás junto con Darius, su líder, que Sabrina pregunto con enojó.

–¿Qué demonios está pasando? –exigió.

–Los Moretti –dijo Darius, con su voz firme y su expresión inquebrantable– An decidido que esta guerra es lo mejor para sus intereses. No estan dispuestos a negociar.

Sabrina sintió una oleada de enojo y determinación. Ella había oído historias del Alemán, el joven mafioso que había tomado el control con mano de hierro, sabía que este enfrentamiento no sería sencillo.

Héctor le dio un rápido asentimiento antes de dirigir a los hombres a sus posiciones. Sabrina tomó aire, enfocándose en lo que venía. Este no era el futuro que había imaginado, pero era lo que tenía que enfrentar.

De pronto la puerta principal se abrió de golpe y varios hombres entraron apuntando con sus armas. Sabrina, escondida detrás de un pilar, esperó el momento adecuado junto con otros más.

La tensión en el aire era palpable y sin esperar Darius se adelantó, enfrentándose a los intrusos.

–¿Moretti no entiende que esto no nos llevará a nada bueno? –exclamó Darius, intentando razonar una última vez con un hombre alto que tenía una cicatriz cruzándole en el brazo izquierdo.

Sabrina sabía que era el líder del escuadrón enemigo pues era el único en la delantera.

–El tiempo para hablar ha terminado, señor Darius. Ángelo ha decidido que es hora de cambiar las cosas.

Antes de que Darius pudiera responder los disparos resonaron por todo el lugar.

Sabrina salió de su escondite con su arma preparada y su mirada se encontró con la de Héctor, ambos sabían que tenían que luchar con todo lo que tenían.

Los disparos llenaron el aire y Sabrina se movió con rapidez a pesar del dolor en sus costillas. Héctor estaba a su lado, cubriéndolá y disparando con precisión. La tensión en la habitación era palpable, y el eco de los disparos reverberaba en las paredes de concreto.

–¡Cuidado! –gritó Héctor, empujando a Sabrina a un lado justo a tiempo para evitar una bala que pasó rozando su hombro. Ella asintió en agradecimiento y regresó al combate.

Darius, con una expresión feroz, lideraba a sus hombres con una mezcla de experiencia y rabia contenida. No iba a permitir que Ángelo destruyera todo lo que había construido.

Ángelo, por otro lado, se encontraba en una posición estratégica, observando cómo se desarrollaba la batalla. Había planeado cada movimiento meticulosamente y confiaba en que su estrategia funcionaría. Su mente fría y calculadora no permitía distracciones, ni siquiera los remordimientos.

De repente un estruendo fuerte sacudió el edificio pues una explosión había estallado en una de las paredes laterales, creando una nube de polvo y escombros. Sabrina y Héctor se vieron obligados a retroceder buscando cobertura.

–¡Tenemos que salir de aquí! –exclamó Héctor, mirando a Sabrina con urgencia.

Sabrina asintió, pero sus ojos grises reflejaban la determinación de no rendirse.

Justo cuando parecía que las fuerzas de los Moretti estaban ganando terreno, un grupo de refuerzos de Darius llegó, equilibrando la balanza. La lucha se intensificó y el caos se apoderó del lugar.

Sabrina se encontró cara a cara con uno de los hombres del otro bando. Sus miradas se cruzaron y con un movimiento rápido Sabrina logró desarmarlo y dejarlo inconsciente. La adrenalina corría por sus venas, pero el dolor en sus costillas la recordaba que debía tener cuidado.

Mientras la batalla continuaba Angelo observaba desde la distancia. Sabía que esta guerra recién comenzaba y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para asegurarse de que su visión se hiciera realidad, sin importar el costo.

Los sonidos de la batalla llenaban la sala y Sabrina trataba de mantener el control a pesar del caos a su alrededor. Cada disparo, cada grito, aumentaba su determinación de sobrevivir y luchar hasta el final.

Héctor, a su lado, estaba centrado en mantener a raya a los atacantes. Sus habilidades y experiencia eran evidentes, y su presencia daba un impulso a los que luchaban junto a él. Y Darius, a pesar de su edad, demostraba por qué había sido un líder respetado durante tanto tiempo.

En el otro lado de la sala Ángelo Moretti observaba el enfrentamiento, aunque su expresión permanecía imperturbable, había una chispa de emoción en sus ojos. Sabía que esta batalla era un punto de inflexión y si ganaban consolidarían su posición y enviarían un mensaje claro a todos los que osaran desafiarlos.

De repente Sabrina sintió un dolor agudo en su costado. Había sido alcanzada por una bala. Tropezó, pero se negó a caer. Héctor la vio y corrió hacia ella, disparando contra los atacantes mientras avanzaba.

–¿Estás bien? –preguntó, su voz cargada de preocupación.

–He tenido días peores –respondió Sabrina con una sonrisa débil– No es nada que no pueda manejar.

Héctor la ayudó a levantarse y la cubrió mientras ella volvía a disparar. La batalla continuaba y la determinación de ambos era inquebrantable.

En ese momento las puertas traseras se abrieron de golpe y un grupo de hombres entró rápidamente. Eran más hombres de los Moretti, bien armados y listos para acabar con cualquier resistencia. Sabrina y Héctor se vieron rodeados.

Darius se adelantó con su rostro lleno de furia.

–¡Nunca te dejaremos tomar lo que es nuestro! –gritó.

Angelo dio un paso adelante con su arma en la mano.

–Darius, tu tiempo ha terminado. Este es un nuevo comienzo para todos. Para mí y para ustedes.

La tensión alcanzó su punto máximo. Sabrina apretó su arma, preparada para luchar hasta su último aliento, pero en ese momento una voz resonó por toda la sala.

–¡Detengan esto! –gritó una mujer, entrando a la sala con determinación.

La mujer, que se veía valiente y fuerte, dejó sorprendido a todos por su aparición, pero ella se dirige decida hacia Angelo sin cortar contacto visual.

–No puedes seguir así. Si quieres que tu clan prospere, debes encontrar una manera de unir, no de dividir. Este derramamiento de sangre solo traerá más destrucción –dijo, con sus ojos grises llenos de una pasión.

Angelo borró su sonrisa de victoria y no apartó su mirada anhelante de la mujer. Pero sus ojos confusos por un momento, se volvieron fríos de repente.

–No pienso confiar en ninguna de tus palabras. De una mujer como tú que solo es traición.

En esos pequeños momentos donde la atención de todos estaba en Angelo y la mujer, Darius aprovecho para escapar junto a sus pocos hombres, entre ellos Sabrina, matando a todos lo que se le ponían en frente.

Sobrina estaba sangrando un poco, pero a un con el fuego de su ira encendido y un odio creciente en su interior.

*bueno hasta acá el primer capítulo de amantes en silencio espero lo hayas disfrutado mucho hasta la próxima besitos ♥️*vamos a actualizar dos capíulos por semana