Introducción
Gabriel García Márquez inició su celebre Crónica de una muerte anunciada con un spoiler: “El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”. Supongo que yo podría comenzar esto igual, después de todo, pese a habernos preparado para la ocasión por los últimos nueve meses o hasta más, el pánico se apoderó de nosotros y, cual si fuésemos un par de condenados a muerte, sentimos el corazón a punto de salirse del pecho.
La última vez que estuve en una sala de preparto fue hace más de quince años, cuando Odalys estaba a punto de ingresar a quirófano para el nacimiento de Odette. Después de la vasectomía, jamás habría imaginado volver a pisar un sitio como este y menos en una situación tan peculiar.
—No me sueltes.
Mis manos y las de Ricky permanecen enlazadas en todo momento, aunque solo uno será sometido a este procedimiento quirúrgico, ambos estamos aterrados.
—Muchachos, cálmense, todo saldrá bien —nos dice Sebas con tranquilidad, apretando un hombro a cada uno.
Entonces, dicho todo esto, el inicio podría ser así: el día programado para la cesárea, Ricky y yo nos levantamos a las cinco de la mañana, luego de casi toda una noche en vela, y es que, en palabras de Ed: ¿cómo carrizo podríamos estar tranquilos? O más bien, ¿cómo coño llegamos a esto? La respuesta se remonta a poco más de un año atrás.






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Que?! Espera a que se sometieron y en que se metió Rikcy?!