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LA ESPADA DEL PRÍNCIPE

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Sinopsis

En un reino donde las mentiras, los secretos, la deslealtad y la ambición abundan, tenemos a nuestros dos valientes generales Winter y Akira, los encargados de proteger el reino, ambos guardan un gran secreto, pero no son los únicos; el rey también tiene un secreto, que al saberse… lo cambiaría todo, pero para que esto no suceda abra que saber manipular y mover bien los hilos.

Genero:
Romance
Autor/a:
Arianava22
Estado:
Completa
Capítulos:
24
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

El reino de Valtoria es conocido por ser uno de los más fuertes, pues fue creado por la alianza de tres clanes: el primero es el Clan del Lobo, cuya frase representativa es: «La manada siempre se protege»; el segundo es el Clan del León y su frase es: «El liderazgo y la autoridad lo son todo»; el tercer clan es el del Halcón, cuya frase es: «Los estrategas llegan a la cima».

El Clan del Lobo reside en el palacio central, pues el actual rey, Cedric I, emana de ese clan, y los otros dos clanes residen en palacios alrededor del principal.

Hace veinte años… hubo un incendio en el palacio central cuando apenas el príncipe Zed, quien era el nieto del rey, tenía días de haber nacido. Mientras su madre Liria lo cuidaba, vio las llamas e intentó escapar con él en brazos, pero una viga cayó sobre ella. Entonces, un guardia la vio y se apresuró a ayudarla. Liria le entregó al niño, ya que sus piernas estaban destrozadas por la viga, y le hizo jurar a aquel guardia que lo protegería y lo alejaría del reino para siempre. El guardia se llevó al niño; entre la confusión, el rey no vio salir a nadie.

Dos años después… en un frío invierno, dentro del reino nacieron los mellizos Winter y Akira. Su padre, Draven, era un general del ejército del rey Cedric I. Cuando los niños cumplieron nueve años, su padre murió mientras intentaban tomar una base enemiga y, aunque lo consiguieron… él no tuvo tanta suerte y falleció apuñalado por una espada en el estómago, o bueno… eso es lo que se dijo. Uno de sus compañeros corrió inmediatamente a contarle todo a su esposa, Ivy. Ella no podía creer lo que estaba escuchando; ese mismo guardia le advirtió que el rey iría personalmente a darle la noticia y también le contó lo que él había visto la noche anterior a la muerte de su esposo. Ella estaba completamente aterrada de escuchar la verdad.

Más tarde, aquel guardia murió por un ataque enemigo y, como se lo había dicho a Ivy, el rey llegó con algunos guardias y tocó la puerta. Ella rápidamente escondió a Akira y le prohibió salir; porque si el rey o algún guardia descubría que un niño había nacido dentro del reino, era inmediatamente llevado para ser criado por las sirvientas y, una vez que cumpliera los siete años, sería entrenado para ser parte del ejército. También escondió a Winter en su habitación. Ivy abrió la puerta y el rey entró. Se sentó en la mesa para decirle:

—Tu esposo está muerto, mi gran general, mi mejor amigo se fue por defendernos hasta el último momento.

Ivy cayó de rodillas en el suelo y comenzó a llorar desconsoladamente. Aunque ya sabía todo, fingió sorpresa. En eso, el rey la levantó y le propuso matrimonio; ella obviamente no aceptó, pero el rey no iba a darse por vencido tan fácil.

—Por la noche vendré por ti, así que alístate porque mañana mismo nos casaremos.

—No puedo hacerlo, yo amo a mi esposo y tengo una hija —dijo Ivy limpiándose las lágrimas y con un tono amargo.

—Eso no es problema, tu hija estará muerta para mañana. Nadie debe saber que mi nueva esposa ya estuvo casada antes. Si no te casas conmigo, tu hija también morirá —dijo el rey fríamente.

—Da igual. Si me caso la matará y si no, también lo hará. ¿Cuál es la diferencia entonces?

—Bueno… si te casas conmigo lo tendrás todo y tendremos más hijos, no me basta con uno solo. Además, el muy idiota perdió a su esposa y a su hijo en un incendio.

Ivy aceptó porque no tenía de otra; entonces el rey se fue. En ese preciso instante, ella fue con sus hijos y les hizo jurar lealtad y cariño mutuo. También les hizo prometer que por nada del mundo dirían que eran hermanos. Ambos preguntaron por qué, pero Ivy solo les dijo que era mejor si nadie lo sabía. Después del largo juramento, les pidió que trajeran hongos ostra para la cena, pues eran los favoritos de su padre. Ambos niños asintieron y salieron.

En cuanto Ivy los vio alejarse, tomó una hoja y una pluma para escribir una carta. Estaba desesperada por terminarla antes de que sus hijos volvieran; en esa carta escribió todo lo que había pasado con su padre y por qué tomaría una decisión que les rompería el corazón. Después de un rato, terminó y la escondió en uno de sus libros, esperando que sus hijos la leyeran cuando crecieran. Luego tomó una de las dos espadas gemelas de su esposo y se la clavó en el estómago. Mientras la sangre brotaba de su herida y las lágrimas salían, solo podía susurrar pidiendo perdón a sus hijos; sus ojos se tornaron borrosos por las lágrimas y la pérdida de sangre.

Los niños recolectaban los hongos y algunas bayas porque Winter quería. Akira no se molestaba, pues él siempre cuidaba de su hermana. Al volver a casa, vieron a su madre tendida en el suelo sobre un enorme charco de sangre. Ambos se horrorizaron y gritaron de dolor; ninguno entendía lo que estaba pasando, así que Akira tomó a Winter de la mano y la llevó afuera. Él se guardó las lágrimas y solo podía abrazar a su hermana a manera de consuelo.

El rey volvió por la noche y vio a ambos niños llorando frente a la puerta. Rápidamente identificó a la hija de Ivy, pues Winter tenía un parecido muy fuerte con su madre. Les preguntó qué hacían ahí, entonces Akira le contó todo. El rey le preguntó quién era, y él respondió que solo era un huérfano que jugaba todas las tardes con Winter. El rey no preguntó más, entró a la casa, confirmó que ella estuviera muerta y les dijo a los guardias que la enterraran junto a su esposo. Winter, al escuchar eso, se soltó a llorar aún más; el rey, conmovido por su llanto, tomó a ambos y los llevó con él hasta el castillo.

Akira fue enviado a entrenar con el ejército y Winter fue enviada con las sirvientas; aunque como solo se la pasaba llorando, no hacía bien sus deberes y era castigada. Casi todos los días recibía golpes de la sirvienta principal. Akira también recibía castigos, así que entrenaba día y noche para tener más fuerza. De vez en cuando visitaba a Winter y, al verla con tantos moretones, decidió enseñarle a pelear a escondidas de las sirvientas para que pudiera defenderse la próxima vez. El rey los observó a escondidas y se dio cuenta de que Winter tenía un gran potencial, así que hizo lo impensable: envió a Winter a entrenar con su ejército. Ella estaba feliz porque estaría junto a Akira.

Durante un año ambos fueron entrenados, pero para pertenecer al ejército debían completar su primera misión. Akira lo logró con éxito, aunque después de ello se puso realmente mal, al punto de tener alucinaciones, fiebre, náuseas y pesadillas, pero luego de una semana volvió a estar normal.

El guardia que se llevó al príncipe Zed volvió para llevarle noticias al rey sobre su nieto y decirle que estaba vivo. Antes de llegar a la oficina del rey, encontró a Winter sentada en una esquina llorando, así que se acercó a ella y, al ver su uniforme, le preguntó:

—Hoy es el día de tu iniciación como guardia, ¿cierto?

Winter asintió. Él se sentó junto a ella y le dijo:

—Piensa en lo que más quieres e imagina que el hombre con el que debes acabar lastimó a quien tanto amas; entonces, para que no vuelva a lastimar a nadie, debes acabar con él.

Winter dejó de llorar en ese momento, se levantó y le agradeció con un abrazo. Se dirigió al cuarto que le habían asignado y allí encontró a un hombre amarrado a una silla y con un pañuelo tapándole la boca. Él gritaba de desesperación, pero Winter cerró los ojos e imaginó a aquel hombre acabando con su hermano. Después de un suspiro, tomó la pistola de su bolsillo, le quitó el seguro y disparó sin más. Abrió los ojos y permaneció ahí, mirando al hombre que se desangraba… Después de media hora, un general le abrió la puerta, la felicitó por su puntería y le dio la bienvenida al ejército. Akira también le dio la bienvenida.

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