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Once upon a Kink | Minjoong

Sinopsis

Serie de One shots eróticos donde la pasión, la fantasía y ciencia ficción se mezclan, donde cada uno ocurre en un universo distinto, con un hilo en común, Hongjoong, Mingi y un deseo que nadie se atrevería a confesar.

Genero:
Fantasy/Scifi
Autor/a:
ly
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1. Once Upon a Danger Frequency


“Érase una vez, una distópica ciudad donde el sonido es capaz de alterar las sensaciones humanas, y consecuentemente cierta música se vuelve ilegal. Pero Hongjoong nunca ha sido muy bueno siguiendo las reglas, por ello se vuelve el mejor mezclador de La resonancia, y una particular noche un cantante acude a él, curioso pero rozando lo peligroso.″

⭑Cyberpunk, Humiliation Kink, Size Kink, Hands Kink, Choking Kink, Tecnología experimental, Sci-Fi, Tóxico⭑

TW: Violencia leve, Lenguaje explicito, BDSM Leve.



Las calles olían a un perpetuo ozono, mientras el neón de las luces se derramaba sobre los transeúntes. La gran ciudad dividida entre brechas sociales, donde los ricos vivían sobre nubes metálicas, y los más pobres se arrastraban entre los desechos, los cables y el humo.

Una ciudad que ya no respiraba por sí misma, gobernada por la tecnología pero sumergida en la distopía del precio a pagar por ello.

Mingi observaba la oscura y solitaria calle, con grandes charcos y poco mantenimiento en su asfalto, pero en el fondo de esta, estaba completamente iluminada esa puerta a la que se dirigía, incluso podía ver cómo vibraba el aire a su alrededor, del retumbar del sonido proveniente de dentro.

Aunque Song Mingi lo tenía todo, viviendo en la superficie, fama y dinero, su música sonaba en los grandes y petulantes edificios de metal de los barrios superiores, no era suficiente, y había algo que parecía ser su respuesta, con lo que ha pasado días y semanas obsesionado. En busca del mejor.

Le llamaban, La resonancia.

Era una creación hecha para mejorar y alterar el cerebro, a través de los implantes que cada ciudadano tenía en esta nociva ciudad, pero se había pervertido con el tiempo para generar placer en quienes lo usaran, el mismo placer que una droga convencional. Y para aquellos que se regocijaban en solo la miseria de una vida en este lado del distrito, era perfecto cuando buscaban sentir y refugiarse en algo.

Su función era algo compleja, a través de la música, frecuencia y vibraciones podía causar sensaciones, alucinaciones y mucho más.

Song Mingi, creía que era lo único que le faltaba para alcanzar el máximo éxtasis en sus canciones, por ello su objetivo aquella noche, era conocer a la leyenda de la resonancia, Kim Hongjoong. El hombre más aclamado y experto mezclador de la resonancia.

Su pieza clave.

No acostumbrado a no obtener lo que deseaba, allí estaba, en lo más bajos barrios del distrito, con el insufrible olor de este, pero listo para obtener lo que quería, como siempre.

Mingi peina su cabello largo hacía atrás, rozando levemente la parte izquierda de su cien, donde estaba la línea plateada que mostraba que su implante estaba bajo su piel, listo para experimentar la tan pedida sensación, pero sabía que para conseguir sus objetivos, debía tomar los riesgos, ya que valdrían la pena finalmente.

Se encamina a la puerta al final de la estrecha calle, el humo de un edificio invadiendo su visión. Pero una vez frente a la puerta se acomoda el pesado saco, y estira los guantes de su mano, dándole una sacudida a su cuerpo.

Golpea la puerta con los toques necesarios para el código.

Al ser una droga poco convencional, la policía estaba tras de ello sin cesar, no por el bienestar de aquellos que la consumían, ya que la sociedad los trataba como desechos, sino por el hecho de ser comercializada, y no ganar un solo centavo de ello.

Por ello se refugiaban para consumirla en clubs secretos, llamados ECOs.

A Mingi le costó un par de manos rotas e investigación para conseguir lo suficiente, por ello al terminar de dar los golpes exactos, la puerta se abrió para él y a través de esta se coló el sonido ensordecedor del interior.

El sitio vibraba por sí solo, y te hacía vibrar los tímpanos, incluso aún estando en la entrada, donde esperaban varios hombres altos, con más partes de metal que de piel. Le estiran un conector de inmediato mientras lo miran de arriba abajo, examinándolo.

No era normal que alguien como él se paseara por sus calles, pero les convenía más, que el gastara allí dentro.

Uno de ellos con un lector lee su implante para cobrar la módica cantidad por entrar a la primera fase del ECOs, y otro le inserta el conector, para instalar el inhibidor que haría que el consumo allí dentro, no fuera detectado por ninguna entidad gubernamental.

—¿A dónde viene? —Dice uno de ellos, aún sin dejarlo pasar, su voz es profunda.

Mingi lo observa con desdén, y suspira.

—Vengo a ver a Kim Hongjoong.

Uno de ellos gruñe en respuesta a sus palabras.

—Nadie puede venir a verlo. Así que es mejor que vuelvas por donde viniste, ricachón.

—Bien, pago cualquier cantidad, y puedes revisarme, sólo vengo a verlo —Responde Mingi firme, con la barbilla arriba.

Ambos se miran y lo meditan un rato hasta que uno de ellos asiente, y vuelve a pasar el lector para cobrarle, una suma que Song consideró motivo de risa, pero quizás para ellos significaba mucho.

—Avisaremos a los del piso superior, pero seguramente el señor Kim va a pedirle más.

—El dinero no es problema —Dice Mingi y avanza cuando la puerta se abre para él.

Mientras los va dejando atrás y la puerta se está cerrando, los escucha discutir entre ellos no haber cobrado una mayor cantidad. Con lo que él está de acuerdo.

Todo dentro es un caos de luces y sonidos, la vista palpitaba con el cambio de luces, y la gente en el interior se retorcía en la pista, moviendo sus cuerpos de formas curiosas, incluso no les importaba chocar sus cuerpos contra el de Mingi, quien se abría paso entre ellos, no sentía efecto alguno en este espacio, pero el sonido le hacía retumbar cada parte de su cuerpo, como si se metiera en él para vibrar desde su interior.

Vió una puerta al costado, y vió a un hombre grande, también hecho de más reparaciones que humanidad, quien asintió en su dirección, llamándolo.

—Kim Hongjoong —Le dice una vez está cerca, este parece hablar con alguien mientras toca su implante, esté expuesto hacía afuera, a diferencia del suyo que vivía escondido bajo su piel.

—Espere.

Mingi comenzaba a impacientarse, era demasiado protocolo para un lugar clandestino como este, donde cualquiera venía a saciar sus mundanos vacíos.

—Puede subir, pero tiene que esperar fuera de la cabina, el señor Kim está ocupado, y tampoco puede acceder al resto de las zonas en su espera.

Mingi asiente, no le interesaba entrar en las zonas de consumo, quería probarlo de la mano del creador, porque él no era cualquiera.

Lo hace subir por una estrecha escalera, oscura y solo iluminada por las luces de neón en el borde de las paredes, el olor allí dentro era mucho más fuerte a ozono, e incluso a sudor.

Cuando llega al siguiente piso mira a los costados, había más presupuesto allí, así que era evidentemente para reuniones importantes. Había sofás planos de los que reconocía la costosa marca, e incluso lámparas con hologramas.

El maldito se estaba haciendo una fortuna,pensó Mingi apoyado en sus rodillas. Su orgullo comenzaba a ser herido por lo mucho que le estaba haciendo esperar.

Unos largos minutos después, la puerta al costado emite sonidos de sus cerraduras por dentro, de manera automatizada y la puerta se abre.

Se levanta, para mirar al interior, sus grandes botas hacían un ruido al chocar contra el piso bajo sus pies.

Una vez se adentra a la habitación lo recibió una vista panorámica, casi todos las paredes eran ventanas de principio a fin, había un tablero de música, con varias computadoras junto a este, varios grandes parlantes, y un gran sofá plano. Las luces neón iluminaban el sitio entre azul y verde, más las luces provenientes de la ciudad a la distancia, que se colaba por los vidrios, que comenzaban a mojarse por una lluvía que se avecinaba.

Allí olía diferente, sin embargo su origen no podía negarse.

—¿Qué hace un hombre de arriba revolcándose en los barrios más bajos del distrito?

La voz lo sorprende, pero no se inmuta, se voltea lentamente, para encontrarse una silueta más baja de estatura de lo que espero. Estaba en pantalones de cuero y una camisa abierta con varios retazos, su cabello era largo y oscuro cubriendo los costados de su rostro, pero podía ver la línea plateada de su implante cruzar su ceja. Era precioso, aunque no quisiera admitirlo en voz alta, no había visto alguien con ese rostro y figura nunca antes.

—¿Kim Hongjoong? —pregunta Mingi con la voz grave.

El extraño sonríe ampliamente recostado al marco de la puerta.

—Un placer, ¿puedo saber con quién tengo el gusto de hablar? —Le dice de manera burlona, sacando un poco de quicio al alto.

—Song Mingi.

Hongjoong abre la boca, para luego tocar su barbilla, como si estuviera pensando algo.

—Creo que he oído ese nombre, no estoy familiarizado con la industria musical de los de arriba... Muy sosa para mi gusto.

Eso solo lo hizo apretar su mandíbula, veía el tono burlón de su voz e incluso el brillo divertido de sus ojos, era obvio que no sería fácil lidiar con él. Pero no había algo que Song no pudiera lograr con un poco de esfuerzo. O dinero.

Kim se mueve y cierra la puerta a su espalda, y toda la seguridad se cierra en automático alrededor del marco.

Mingi debe suspirar para decir lo siguiente por sobre su orgullo.

—Estoy buscando conocer tu trabajo, dicen mucho que tu música o te roba el alma o te la devuelve, y quiero ver cual de las dos —Le dice, mientras empuja su mejilla desde el interior con su lengua.

No sería fácil.

—¿Por qué? Lo tienes todo, ¿Por qué alguien como tú quiere probar un producto tan sucio como el mío?

Su tono de voz seguía siendo condescendiente, mientras caminaba lentamente en su dirección, pero una vez ante él se dejó caer en la silla ante el tablero, cruzando sus piernas, y mirándolo, incluso examinándolo de arriba hacía abajo.

Había una especie de tensión entre ellos volando por el aire, para Song era la persona más atractiva que había visto en su vida, y hubiera tomado la oportunidad de coquetearle, si no era por las circunstancias, y por supuesto, su actitud poco digerible que arruinaba su inmaculado aspecto.

—Busco algo nuevo.

Hongjoong suelta una risita, mientras su mirada se detiene a sus manos, las cuales Mingi movía para quitar los guantes de estás, estirandolas.

—La princesa se aburre en su gigante y alto castillo solitario... ¿Quién lo diría? —Le dice Kim, para luego mirarlo hacía arriba y poner su cabeza de costado.

—Mira, no estoy para juegos, te pago la suma que te plazca, sólo no me jodas —Se desespera Mingi, apretando su mandíbula.

Otra risita sale de los labios del más bajo, girando levemente en su silla, mientras seguía examinandolo, parecía meditar su decisión. Pero ese brillo de diversión en sus grandes ojos bailaba sin cesar, con esa media sonrisa en la comisura de sus labios, a Song le daba el presentimiento que algo de ello llamaba su curiosidad, y algo de diversión.

Maldito.

—Bien. Pero espero que estés dispuesto a pagar unos cuantos digitos...

Se voltea en su silla, inclinándose sobre su computadora, no sin dar un último vistazo en su dirección, volviendo a pasearlo de pies a cabeza con sus ojos.

—Toma asiento, grandote.

Mingi frunce el ceño por el apodo, y por la orden, pero se mueve para sentarse en el sofá de frente al tablero, mientras Hongjoong mueve las manos sobre su computadora, moviéndose también por el resto de pantallas en la mesa.

—Ponte esto —Le estira los auriculares individuales, no sin volverlo a barrer con la mirada.

Incluso siente que sus dedos rozan con los suyos más del tiempo, pero Song comienza a pensar que es la paranoia de estar en los barrios bajos.

—Necesito que te recuestes —Le ordena, y Mingi lo sigue, apretando su mandíbula—, a ver que tanto aguanta el niño rico...

Le da un guiño antes de presionar unos cuantos botones, y Mingi suelta un bufido antes de cerrar los ojos, prefiriendo no mirarlo por lo mucho que le está sacando de quicio.

El sonido empieza, envolvente, como si lo hiciera físicamente, abrazando su cuerpo, bailando de izquierda a derecha en sus oídos, comenzando a hacerle sentir cosquilleos en el cuerpo y una sensación lo empieza a llenar, es una euforia inexplicable, estremeciendo su cuerpo, el sonido vibra en sus oídos pero hace vibrar también cada fibra de su piel, es como si estimularán sus sentidos todos juntos, haciéndole soltar un jadeo, puede ver colores y formas aún con sus ojos cerrados.

La música es un viaje en sí, subiendo y bajando como una montaña rusa, y siente que se mueve con ella, como si flotara, y fuera tan ligero como una nube. Es casi la mejor sensación que ha sentido, hasta que la música cae y solo queda silencio, el término del efecto es inmediato, no quedan efectos secundarios.

Por lo que Mingi abre sus ojos y se quita los auriculares.

—Eso fue... Diferente.

Hongjoong hace un puchero fingido.

—¿Diferente? Me ofendes... Pero, es una frecuencia bastante básica, puedo entender la definición.

Song levanta las cejas y busca la mirada del más bajo, su rostro pretendía inocencia por sus facciones delicadas, pero sus ojos brillaban aún, divertidos, y traviesos, si ya no era por la resonancia, no entendía porqué lo era.

—¿No estás satisfecho, niño rico?

Mingi gruñe ante el apodo, odiaba todos los apodos que le estaba poniendo, y esa expresión de burla que ahora le volvía a mostrar. Pero su objetivo iba más allá, cumplirlo era más importante para su ego que esta instancia.

—Te voy a ser sincero... Quiero incluir la resonancia en mi música.

Hongjoong abre su boca, en una forma circular, como si con aquella expresión de asombro, hubiera entendido todo, incluso desde la ironía.

—Oh... ¿Entonces?

Mingi bufa y se apoya en sus rodillas, quedando un poco más cerca de Kim en su silla frente a él.

—Quiero hacer sentir a las personas con mi música, lo impensable... Que no puedan dejar de escucharla.

Hongjoong amplía su sonrisa casi con maldad, ese brillo de diversión bailó en su mirada casi complacido.

—Quizás tengo lo que buscas... Sólo que está en fase experimental.

Mingi se sienta más al borde del sofá, casi saboreando la victoria.

—Esta resonancia es para placeres más carnales, sexuales se podría decir, sólo que tiene dos detalles, es indetectable en el implante...

A Song le brillan los ojos.

—Pero, es extremadamente adictiva.

De nuevo Hongjoong hace un puchero con los labios, inclinando su cabeza hacía él. Mingi parece no titubear en su determinación.

—Quiero probarla.

Kim sonríe, la curiosidad de ambos parecía coincidir regocijándose.

Las luces de la ciudad exterior parecieron intensificarse con el pasar de algunos autos, iluminando sus rostros por los costados, remarcando sus expresiones decididas, casi como un buscando ser cómplice.

—¿Estás seguro?

—El dinero no es problema.

Hongjoong suelta una carcajada, volviendo a pasearlo con la mirada.

—Puedo verlo. Pero, si la pruebas tú mismo, ¿no te da miedo?

Mingi niega, sus ojos determinados reflejando el brillo neón. De alguna manera, esa necesidad era guiada por una combinación de ego, hambre de éxito y de sentir algo nuevo.

—Está bien... Pero te advierto, esto no es ni parecido a lo que acabas de probar.

—Estaré bien.

Song se recuesta en el sofá de nuevo, ahora mirándolo con desdén, no pude evitar recorrerlo con la mirada también, tenía una silueta adictiva. Y el aire entre ellos, se hacía cada vez más pesado.

—No se si me gusta o lo odio, esa terquedad tuya... Los ricos son algo extraño.

Mingi se ríe, incluso viéndolo, sabiendo que vive con lujos y se permite algo que el resto de los de abajo no tenía, Hongjoong parecía negarse a sí mismo a verse como alguien rico. Se preguntaba qué tanto los despreciaba.

—Sólo debo darte un par de detalles antes, grandote.

Se encoge de hombros, no le importa abrirse de piernas y descansar sin pudor en su sofá, mirándolo, sobre todo la mirada de Kim que siempre viajaba por su cuerpo, cayendo en sus manos apoyadas en sus muslos.

—Necesito saber tus preferencias, que te excita...

—¿Cómo?

Hongjoong lo mira con su sonrisa ladina, estaba disfrutando de esto. Pero Mingi no podía decir nada al respecto, él también.

—Esta frecuencia amplía las sensaciones corporales y los estímulos externos. Por ende, es una experiencia más acertada si es personalizada. Pero tranquilo grandote, sólo hablaré... No te emociones.

Song se pasma, dejando salir una risa, sin embargo, está viendo de cara su ambición, y de alguna manera, no le disgusta la idea, Kim era caliente, no sería molesto a fin de cuentas.

—Pero si dices una palabra, voy a hacerte la vida imposible...

Hongjoong pone los ojos en blanco, y se inclina un poco más, esperando.

—Me gusta que me desafíen, que me llamen nombres, tanto que no se si quiero golpear o besar, que me hagan sentir inferior...

—Suena un poco a humillación.

Mingi se encoge de hombros.

—Como quieras llamarlo.

Hongjoong sonríe amplio, a Song comenzaba a hartarle esa malvada sonrisa, pero también, había algo que lo atraía de ella, era como un insulto silencioso.¿Desde hace cuánto no lo miraban con ese desafío?

—Tal vez no somos tan diferentes.

Mingi rió con honestidad esta vez, pero más con ironía. Como si pudieran ser parecidos.

Kim se encargó de pasar un par de minutos en calibrar el audio, manteniendo a la expectativa a Song, quien miraba curioso, con más tiempo libre de seguir observando a Hongjoong, tenía unas caderas amplias, y unos muslos que se marcaban con esos pantalones de cuero. Era casi obsceno para él, arriba no se veían ese tipo de vestimentas.

—Prepárate, esto no es el mismo juego de niños que el anterior —Le advierte Hongjoong, acercándose a arreglar el auricular en sus oídos.

Sus ojos quedaron cerca, por lo que por un instante sus miradas se pausaron en el otro, compartiendo un aliento enredado, parecía detenerse todo, mucho más cuando más autos pasaron y la luz por las ventanas se intensificó, revelando sus rostros pasmados viendose. Pero aquello mismo los hizo volver a la realidad, separándose.

—Esta vez puedes mantener los ojos abiertos, sólo no te masturbes en mi sofá.

La voz burlona de Kim, lo hizo poner los ojos en blanco.

—Quisieras —Le respondió, acomodándose recostando su cabeza levemente y abriendo sus piernas.

Hongjoong le advierte cuando está por comenzar, y entonces presiona el botón, que comienza el sonido, uno muy diferente, más que sentir que lo empieza a envolver como el anterior, siente que empieza desde sus adentros a medida que sube, como si se vinculara con sus latidos, y como si lo tocaran desde el interior. Su cuerpo empieza a sentirse estimulado en cada poro, como si de ellos brotara una caricia, es casi como si la vibración de la música le indujera el mismo placer de ser tocado.

Mingi suelta un jadeo cuando siente un tirón en su entrepierna, empieza a sentir su miembro endurecerse, como si estuviera siendo acariciado, reiteradas veces.

—Mirate, que patético... —La voz de Hongjoong se coló entre el sonido de los auriculares, casi ampliada pero no estaba usando micrófono.

De alguna manera el sonido estaba enlazado al implante, por lo que podía escuchar el exterior, pero sólo su voz. Como único foco.

—Tan patético que ya estás completamente duro, con una sola frecuencia —Continua Kim, sonriendo, acercándose con su silla entre sus piernas abiertas—, ¿No te da vergüenza?

Mingi suelta un gemido inconsciente, sus palabras parecen encender algo en su interior, haciendo cada estímulo de los sonidos aún más intensos, con sólo esto podía sentir el borde de un orgasmo. A diferencia de una droga común que te hacía perder un poco la conciencia, esta parecía hacerte hipercosciente.

—¿Vas a correrte en tus pantalones? ¿Sin que nadie te toque? —Le dice Hongjoong, riéndose, y estira su pie para presionar su entrepierna.

Song suelta un gruñido, extasiado por completo, pero no es sólo la resonancia, Hongjoong se ve emocionado, incluso con un leve rubor en su rostro, hablándole de la manera que más lo ponía, mientras lo tocaba con desprecio. Era como las puertas del cielo abiertas.

O del infierno.

Y no puede detenerse a sí mismo, a pesar de ser hiperconsciente de sus acciones y de sus deseos, no se detiene a sí mismo, quizás por eso.

Es consciente de lo que quiere. Más que nunca.

Mingi se sienta derecho y se acerca a Hongjoong, tirando de sus cabellos para atraerlo cerca de su rostro, lo ve jadear ante el tirón, pero lo mira más desafiante que nunca, con la barbilla hacía arriba, sus ojos distrayéndose por su cuerpo, su rostro y sus labios.

Hongjoong se muerde el labio cuando vuelve a tirar de su cabello.

—Patético —Se ríe Kim sobre sus labios.

—Maldito —escupe Mingi sobre los suyos.

Una corriente recorre su cuerpo y Song sólo puede gruñir, su ropa interior está húmeda en la punta de su miembro, cada fibra de su cuerpo continuaba vibrando y mucho más mientras más cerca lo tenía. La resonancia seguía haciendolo temblar desde sus oidos.

—¿Quieres que te toque? ¿O que te la chupe? Suplica, quiero verte —Se continúa burlando Hongjoong, pero recibe un tirón de cabello.

Mingi gime cuando los estímulos se intensifican con el ritmo de la música y el pie en su entrepierna lo aprieta más.

—¿No dijiste que la experiencia era más acertada si era personalizada? Si vas a provocarme, hazlo bien —Escupe entre dientes Song tirando de sus cabellos hasta que sus labios rozan al hablar.

Hongjoong se ríe.

—De verdad no somos tan diferentes...

Sus labios chocan juntos como un estallido, silencioso pero arrasando con todo. Es húmedo, caliente y desesperado, quemando todo a su paso, Mingi tira del cuerpo de Hongjoong en su regazo, gimiendo al sentir su calor, cada toque era duplicado con la sensación que le daba cada bajo y cada frecuencia, era una experiencia inexplicable, casi onírica.

La calidez de sus cuerpos se acopló, manos por todos lados pero ambos tenían un objetivo, recorrer al otro, incluido el interior de sus bocas, hasta que no les dió el aire para seguir el beso, separándose para jadear por oxígeno.

—¿Qué quieres hacer, grandote? —Jadea Hongjoong, tirando de su gran mano para ponerla en su cuello—, si ya estás al borde...

Para Kim fue el primer objeto de su deseo, aquellas grandes manos, dedos largos y gran palma, sólo anheló saber cómo se sentirían en su cuerpo más pequeño, abarcando todo su cuello, incluso envolviendo su cintura o trasero con ambas manos, haciéndolo sentir más minúsculo. Solo pudo gemir suavemente cuando sintió el toque.

Mingi aprieta levemente la mano en su cuello, mordiendo su labio, el sólo peso de su cuerpo y la silueta de su trasero contra su entrepierna, se sentía como el máximo placer, expandido por la resonancia en sus oídos repitiendose.

—Joder, callate —Jadea Song, sus labios buscan desesperado su piel, besando y mordiendo su mandibula—, ¿No eres patetico tu también? Gimiendo en mi regazo necesitado y ni siquiera estás escuchando nada...

Hongjoong pone los ojos en blanco, sintiendo las grandes manos recorrer su cintura y luego caer en sus glúteos, apretandolos, aunque eran grandes, parecían perderse entre esas manos gigantes.

—Cierra la boca, estás lleno de ti mismo —Escupe Kim, pero así como Mingi, las palabras solo le excitan más.

Entonces tira de él por su cabello también, para unir sus rostros y mientras roza sus labios, busca uno de los auriculares y se lo pone.

—Veamos si escuchamos lo mismo, y quién de nosotros es el más patético aquí.

El sonido empieza a consumirlo desde el interior, haciendo su cuerpo caliente y como si abrieran cada poro y fibra de su cuerpo para solo sentir el placer mismo más puro que pudiera existir.

—Joder —Gime Hongjoong, frotandose contra la entrepierna de Mingi.

No esperan mucho para chocar sus labios, incluso golpeando los dientes del otro, pero son sus cuerpos y deseos los que hablan primero, la resonancia sólo despertando lo más carnal de su interior, aquellos que definitivamente no expresarían en voz alta, e incluso empujarían al fondo de su mente.

Incluso sus propios gemidos parecen tener eco en la música que ahora compartían. Una vez se separan, Hongjoong solo puede tomar su mano para lamer con esmero los dedos, mientras sus pantalones son tirados con fuerza, incluso siendo rotos sin consideración.

A ninguno de ellos le importó mientras se repartían besos y mordidas en la piel del otro, dejando marcas en el cuello de Hongjoong y en el pecho ahora más descubierto de Mingi, quien bajando la ropa interior de Kim, ahora introducía los dedos en su entrada, empujando al seco, con apenas su saliva de por medio.

Hongjoong gime, sintiendo el leve ardor pero disfrutándolo más de la cuenta, chocando sus frentes juntas.

—¿Ni siquiera puedes hacer eso bien? —Jadea Kim, con su rostro contra el suyo—, parece que nunca preparaste a nadie.

Mingi gruñe, mordiendo su labio, y moviendo con más fuerza sus dedos, la calidez de su interior le llamaba, quería sentirla en su miembro goteante. Ambos tenían las pieles erizadas mientras el sonido los unía en una nueva especie de placer, haciéndolo flotar y desplomarse al mismo tiempo, con cada vena corriendo la sangre caliente de adrenalina y éxtasis.

—¿Y a ti nunca te metieron nada? Estás estrecho pero deshaciéndote como un cualquiera sólo en mis dedos.

Hongjoong gime cuando siente su punto ser tocado varias veces, su miembro comienza a gotear sobre su abdomen, y se inclina más hacia adelante levantando su parte trasera contra los dedos.

—Hijo de puta —Solo puede responder, temblando—, metelo de una vez.

—Suplica —Le dice Mingi sobre el oído, mordiendo su lóbulo.

Cada palabra dicha con brusquedad, cada insulto, sólo los llevaba a un nuevo punto de excitación, era una probabilidad muy baja conseguir a alguien parecido en gustos tan peculiares, y habían hecho click, de una manera que ninguno esperó jamás.

—Bastardo, te quiero dentro, ahora —Le dice Hongjoong con brusquedad, teniendolo del rostro para mirarlo—, ¿Quién te crees para hacerme suplicar?

Mingi suelta un gruñido cuando su miembro da un salto por la corriente que corre hacía este.

—Eres un maldito jodidamente caliente —Escupe Song de vuelta, mientras retira sus dedos y se encarga de desabrochar sus pantalones.

Hongjoong lo ayuda mientras besa su cuello, dejando mordidas también, parecía que cada caricia estaba hecha con brusquedad y a la vez tocaban los lugares más especiales en su ser, complaciendo cada poro necesitado de su cuerpo.

El sonido de la música y la vibración de las frecuencias aumentan, haciendo vibrar sus cuerpos, y mientras las luces de los autos pasando les iluminan los cuerpos de nuevos, encontrándolos siempre en un escenario distinto, Mingi se alinea a la entrada de Hongjoong y sin parar un segundo, impulsa su pequeño cuerpo por la cintura hacía abajo, para que devore de inmediato su miembro.

Kim suelta un gemido largo, pero araña su pecho mientras muerde su labio, demandando que se mueva de inmediato, por lo que el llamado no espera, Song, se mueve desde abajo, mientras aprieta sus mejillas traseras y estira para dar mejor acceso a su entrada.

—Mierda —Maldijo Hongjoong entrecortado, cerrando los ojos, cada ola de placer era acompañada con la vibración del sonido, era como un obsceno viaje inexplicable.

Su cuerpo sube y baja, entrecortando sus gemidos y jadeos, mientras Mingi lo observa desde abajo, empujando sus caderas hacía abajo, dejando marcas en estas por el duro agarre, cada golpe se hace aún más indecente, haciendo sonidos que retumban entre las cuatro paredes, mientras el ritmo se intensifica, casi al unísono de los latidos y el clímax de la música.

—¿Eso es todo? Hazlo más fuerte —Demanda Hongjoong, ahora empujando su torso para apoyarse en él.

En el apoyo sobre su pecho se impulsa para mover sus caderas, teniendo el control del ritmo de las embestidas, montandolo con más fuerza e intensidad, golpeando su propio punto reiteradas veces, sacándole gemidos.

—Muéstrame lo único que sabes hacer, montar y recibir mientras gimes todo necesitado y patético —Le insulta Mingi, palmeando su trasero.

Ambos chocan sus frentes mientras comparten una mirada mezclada entre odio y placer, pero implícitamente suplicando por más, incluso sintiendo el borde del éxtasis que ningún hombre había sentido, parecían no tener suficiente, y no saciar su hambre tan fácilmente.

—Maldita sea —Gruñe Mingi, cuando los golpes son cada vez más frenéticos, Hongjoong se movía con habilidad arriba.

—No me digas... ¿Estás por venirte? ¿Tan pronto? —Se burla Hongjoong, a pesar de que su voz se corta por el movimiento fuerte y se ahoga en gemidos.

Mingi palmea su trasero en respuesta, soltando un gruñido, tirando de su cuerpo para cambiar la posición, poniendo a Kim bajo suyo, y elevando sus piernas para continuar el mismo las embestidas, los golpes ahora más profundos y certeros por la posición, convirtiendo al más bajo en un desastre de gemidos, sobre todo al sentir ser manejado con tanta facilidad con sus manos, como si fuera ligero y pequeño.

Mingi ve como Hongjoong se retuerce cuando su punto está siendo tocado sin piedad , su cuerpo se sacude contra la tela del gran sofá.

—¿Tan pronto? —Se burla de vuelta Song, ahora en control del frenético movimiento.

Kim se estremece y busca de la mano de Mingi perdido en el placer de la penetración pero deleitado cuando la gran mano envuelve su cuello guiada por la suya. Ni siquiera razona lo que está por decir perdido en la sensación de placer.

—Mierda, eres tan grande —Gime, mordiendo su labio, sus cabellos se mueven con el movimiento—, eres un deleite cuando te callas.

Mingi gruñe pero ríe al mismo tiempo apretando su agarre en su cuello y con la otra mano en su pequeña cintura.

—¿Te gusta que te supere? Eso es adorable... Pero si quieres que me calle, cállame.

Hongjoong choca sus labios para dejar mordidas en la boca del otro con rabia, mientras la resonancia los comienza a unir con el ritmo desesperado de cada golpe, húmedo y prohibido, pero querían mucho más.

Ambos empiezan a sentir el cosquilleo en la punta de sus dedos, y no sólo allí, incluso en el medio del pecho, en el estómago, cada fibra de ellos se retuerce en placer, en busca del tan esperado orgasmo, entre sonidos de la ciudad, las luces neón bañando sus pieles y un montón de jadeos y choques de pieles, están por experimentarlo.

—Vamos, no te detengas —Exclama Hongjoong, estremeciéndose y arqueandose, sus miradas no se despegan.

—Eso, pidelo. Un poco más...

—Eres un completo idiota —Responde Kim, pero un gemido lo interrumpe.

Cada parte de sí se los advierte, y no hacen falta más que un par de desenfrenadas embestidas para que ambos alcancen el clímax, derramándose entre el abdomen y su interior, sus vista nublandose entre colores y formas, sus esencias sin detener su derrame mientras experimentan el orgasmo más extenso que alguna vez sintieron, cada toque de sus pieles se sentía triplicado, como un eco en su interior, haciéndolos gemir y deshacerse en el otro clavando las uñas en la piel, mordiendo y queriendo fundirse, era como un increíble viaje onírico del que no querían volver, pero que se fue deshaciendo poco a poco, dejándolos aún sobreestimulados.

Y aún al recuperarse entre jadeos, se miran, mientras como por increíble casualidad, los auriculares se caen de sus oídos, trayendoles un poco de conciencia a la instancia.

Pero Hongjoong le sonríe y Mingi le devuelve la sonrisa, ambos tienen desafío y ambición en sus ojos, con las pupilas dilatadas.

—Vas a jodidamente trabajar conmigo.

—Ni que lo digas, mierda...

A pesar de lo que habían dicho con el calor del momento, aquello pareció perderse en el viento, las palabras no eran mucho para Hongjoong, aunque Mingi tenía la idea que lo hacía con el solo propósito de sacarlo de quicio. Tuvo que aparecer en el ECOs más de una vez, insistiendo para que terminará de aceptar trabajar en su álbum, de trabajar en conjunto.

—¿Otra vez tú? —Le decía Hongjoong cuando le abría la puerta del estudio en el piso superior.

Muchas veces le cerraba la puerta en la cara, pero esta vez la dejó abierta para dejarlo pasar. Song venía con un cheque digitalizado ya listo, en cada visita agregaba un cero en la cifra que le pagaría por su trabajo, aunque eso no llamaba mucho su atención.

—Si, ¿te molesta mi cara? —Le escupe la respuesta, con una media sonrisa.

Hongjoong se sienta y se gira para mirarlo de pies a cabeza, le gustaba mirarle las manos sin disimulo mientras le irrespetaba con esa mirada de burla perpetua.

—Un poco, te salva un poco que eres algo sexy.

Mingi ríe en seco, y deja el cheque en su tablero.

—Agregué un cero.

—Que tacaño.

—Agregaré tres y es mi última oferta —Gruñe Song, el dinero no era problema, pero su ego lo era.

Hongjoong lo medita tomándose la barbilla, y luego lo vuelve a observar, de alguna manera la respuesta de su toma de decisión no parecía estar en los números.

—Bien, trabajaremos en mi casa —Acepta finalmente, sacándole un suspiro—, no pienso ir a tu mundo de cámaras y seguridad.

—¿Por seguridad? —pregunta Mingi levantando la ceja.

—De hecho no, por placer —Se burla Hongjoong dándole un guiño.

Definitivamente sería un dolor de cabeza, pero su ambición por lograr su objetivo era superior. Y además, fue inevitable, la manera en que tuvieron sexo aquella noche, no se lo sacaba de la mente, no sabía si era la resonancia o la quimica sexual que tuvieron, pero debía experimentarlo al menos una vez más para corroborarlo, y no le molestaba.

Y así empezaron a trabajar en conjunto, entre refunfuños y peleas constantes, no faltando el brillo de burla y sarcasmo de Hongjoong en ello, que contribuía a su dinámica de enemigos, pero Mingi no podía negar lo bien que trabajaba.

Era único en su clase, su estudio que a diferencia del ECOs, estaba lleno de luces entre rosas y moradas, también tenía grandes ventanales para mirar fuera de la ciudad, a pesar de vivir entre los barrios más bajos y recónditos del distrito para no ser encontrado con facilidad, era lujoso, contaba con todo lo necesario que cualquier estudio al que Mingi había ido.

Cada vez que Song iba, se sentía menos bienvenido por él, pero de alguna manera eso les gustaba, cómo terminar discutiendo, haciéndose insultos y de alguna manera, sin saber cuando empezó, besándose con furia parecida al odio con el que se decían las cosas.

—Me tienes harto —Bufa Hongjoong luego de despegarse del beso, un hilo de saliva y un jadeo queda entre sus labios—, eres tan caliente pero tan insoportable...

—Lo mismo digo —Dice Mingi con una risa, observando su silueta, en esa ropa ajustada le llamaba más de lo habitual.

Kim pone los ojos en blanco y lo empuja por el hombro para caminar hacía el tablero de nuevo, los ojos de Song se deslizan hacía su trasero, cada vez se veía más voluptuoso.

—Te odio, deja de mirarme el culo.

—No parece —Se burla Song, caminando tras él para sentarse a su lado y continuar el trabajo.

—Deberías probar callarte.

Mingi acerca su silla a la suya y Hongjoong lo mira con la barbilla hacía arriba.

—Hazme callar.

Es entonces cuando su dinámica traspasó las barreras, y no siempre las peleas terminaban en silencios, sino en gemidos y ecos de sus cuerpos chocando con brusquedad. Ninguno de los dos podía negar que no habían conocido nunca a alguien con la misma compatibilidad en la cama, incluso viniendo de mundos distintos, era como si simplemente encajaran.

Es así como las noches para trabajar en su proyecto pasaron de ser una o dos a la semana, a ser tres y cuatro, bajo la neblina densa de la ciudad iluminada y quejumbrosa, comenzaron a verse más seguido, estrechando más su extraña conexión.

—Traje algo decente para comer —Dice Mingi sacándose el saco y las capas de ropa, estirando su cuerpo.

Hongjoong lo mira desde el mesón de la cocina con una taza en la mano.

—¿Decente según quién? Ustedes los de arriba tienen un gusto terrible.

Estaba en pijama, y era la faceta que más comenzaba a gustarle a Mingi, a pesar de que odiaba esa expresión y tono irónico de su voz, cada vez se le hacía más difícil negar su atractivo, sobre todo cuando esa camiseta grande era delgada y podía ver a través de ella su pecho firme y su pequeña cintura.

Hongjoong al otro lado lo miraba con odio y desdén, siempre con la misma actitud, buscando echarlo de su casa. Pero, sus ojos no dejaban de mirar sus manos que ahora marcaban más sus venas, imaginandolas en los sitios donde podía tomarlo y hacerlo sentir minúsculo, manejandolo como a un muñeco a su merced.

—Según la gente que no vive en una madriguera de ratas.

Kim bufa caminando en su dirección.

—¿Entonces qué haces aquí? Lárgate.

Mingi se encoge de hombros recostado a la puerta cerrada de la entrada sacándose el cinturón, mientras Hongjoong se acerca lo pasea con la mirada, toda su silueta se marcaba más por las luces detrás de él abrazándola a los costados, olía fuerte a colonia, y a su vez al olor tosco a metal de la ciudad.

—Aburrimiento.

—¿Seguro? Llevas aquí tres días.

Sus dedos pican por tomarlo de las amplias caderas y estamparlo en la pared para mordisquear y besar esas clavículas expuestas, pero preferiría morderse la lengua que pedirlo en voz alta.

—Podría irme —Le responde, ambos miran los labios del otro.

—Entonces vete, ¿Qué esperas? —Dice Hongjoong, se pone de puntas pisando sus botas negras para estar frente a frente.

Sus alientos se enredan y se mezclan, mientras se miran con fuego por los ojos, ambos sentían esa electricidad en cada desafiante e insultante palabra, por lo que era siempre una bomba contratiempo. A nada de explotar, eso parecía fascinarles, y no sólo eso, volverlos cada vez más adictos a la sensación.

—Pero no lo hago, menos si tu me lo ordenas.

Entonces en nada Hongjoong termina estampado contra la puerta de la entrada después de ser elevado y cargando por las caderas, envuelve sus piernas en el cuerpo del más alto y gime cuando siente la gran mano de este apretando los sitios exactos, pensando que quizás si había algo más adictivo que la resonancia.

Mingi comprueba cada noche su desacertado experimento, no sólo era la resonancia, había una chispa entre ellos que estaba haciéndolo más adicto que cualquier frecuencia.

—No, así no —Le corrige Hongjoong fuera de la cabina otra noche de tantas, mirándolo con su usual desdén.

Mingi gruñe, sacándose los auriculares y fulminandolo con la mirada.

—Entonces hazlo tú, genio.

—Lo haría mejor, si tuviera tu voz —Le responde Hongjoong, sacándole el dedo medio desde el otro lado de la cabina.

El más alto le devuelve el gesto, pero observando el costado de su rostro mientras este trabaja en otra de las pantallas haciendo ajustes. Aunque la resonancia con la que trabajarían en su música era subliminal y más sútil, seguía evocando sensaciones en ellos, por lo que se miraban al grabar a través de ese cristal con un hambre oculta.

Su lazo estaba volviéndose en sus narices, especialmente fuerte, casi como la verdadera droga.

—No —Le vuelve a detener Hongjoong, y Mingi gruñe.

De por sí su pecho vibraba y su cuerpo estaba caliente, como reviviendo sensaciones, al punto perfecto para continuar grabando, escupiendo las rimas. Hongjoong lo detenía, para mirarlo mal y darle sugerencia a los golpes, que aunque le molestaban y lo hacían odiarlo de sobremanera, comenzaban en un punto a mandar corrientes a su entrepierna.

—¿Realmente tienes un jodido problema conmigo o es que te encanta escuchar tu propia voz? —Interrumpe molesto Song.

Hongjoong suelta una risa burlona, que le cala en el ego, pero le da esa punzada de excitación.

—Ambas cosas. Pero ver esa cara que pones es bastante más divertido.

—Jodete.

—Jodeme.

Ambos se miran casi en un silencio, el ruido de la ciudad colándose por la ventana abierta, y la música sonando en el fondo de los auriculares de ambos, haciendo sus cuerpos e implantes vibrar en la misma sintonía, aquella que empezaba a despertar sus deseos.

—Ven a rogar por ello entonces —Se burla Mingi, no esperando que se levantara de inmediato, para ir dentro de la cabina.

Se pregunta el porqué de su accionar, cuando lo ve caminar hacía la puerta para entrar decidido, entonces observa sus manos, este día traía muchas pulseras y anillos en esta, y reconocía que al cantar las usaba mucho, podrían ser el móvil. Conocía la preferencia de Hongjoong por sus grandes manos y se había burlado de ello, tanto como lo había usado a su favor.

—¿Vienes a suplicar? —Sigue el juego Song, cuando está dentro de la cabina junto a él.

Hongjoong se acerca a él y lo tira de su camisa, para acercar sus rostros. Sus alientos eran pesados, y el calor dentro del pequeño espacio comenzaba a subir.

—Ni en tus sueños.

—¿Eso crees?

Mingi mueve su mano a su cuello, acariciándolo por la parte trasera antes de apretar este, sosteniéndolo con fuerte agarre, para luego tirar de sus cabellos. Kim levanta la barbilla desafiante, ninguno de los dos bajaba la guardia. Pero veía sus pupilas dilatarse cuando la otra mano, que deja caer las hojas en esta, se desliza a su cuello.

Lo aprieta levemente, casi envolviendo todo el delgado cuello. La expresión de Hongjoong parece ser inmutable, pero Song comenzaba a conocer más que nadie, que estaba siendo derrotado por la excitación que le causaba.

—¿Y ahora?

Hongjoong sonríe con maldad mientras se muerde el labio, inclinando su cabeza.

—¿Eso quieres? ¿Que te suplique para subir tu jodido ego de ricachón? Eres tan miserable...

Mingi ríe, su erección palpita y sus cuerpos están cada vez más apretados al del otro.

—Entonces, ¿Qué haces aquí? ¿Tu trabajo?

—Claro —Responde con sarcasmo Hongjoong ahora desliza sus cortas manos al borde sus pantalones—, no haces nada bien, tengo que darte un empujón...

Sus labios se rozan con brusquedad, compartiendo jadeos, el agarre de la mano de Mingi es más fuerte en su cuello y Kim suelta un gemido antes de morder los labios del otro e iniciar un beso guiado por la rabia, una rabia que es la cúspide de su placer.

—Sigue grabando —Le advierte Hongjoong cuando se separan por aire, y entonces éste comienza a bajar por su torso sin dejar de mirarlo.

Mingi lo observa cuando baja lentamente hasta caer de rodillas ante él, el sonido es de su ropa siendo bajada y la música con resonancia en el fondo, sólo ellos y esa nube extasiante que siempre flotaba cuando estaban juntos, ahora sus sentidos siendo duplicados por el mismo efecto.

Su miembro de pronto fue liberado ante el rostro de Hongjoong quien no espera para lamer la longitud con esmero, y Song está hipnotizado con la vista, así que acaricia sus cabellos despeinados, y luego deslizando sus dedos a su boca para hacerlo lamerlos.

—Esto te debe fascinar, eres experto ¿no? —Le dice Mingi, moviendo su dedo fuera de sus labios húmedos.

Su mirada era intensa, mientras tomaba su mano y volvía a besar sus dedos, jugando con su lengua en estos, haciéndolo estremecer, nunca en su vida creía poder llegar a conocer a alguien como Kim Hongjoong. No dos veces.

—¿Por qué? ¿Tienes quejas de mis habilidades? Te vienes tan pronto cada vez que te la chupo que me da risa...

Mingi se ríe ofendido y tira de sus cabellos para hacerlo volver a su miembro. Ambos conscientes de que eran escuchados y grabados por el micrófono, eso solo incentivando su excitación.

Hongjoong sabe como deshacerlo entre sus labios, lamiendo la longitud, jugando en la punta y luego devorandolo por completo, todo sin despegar un segundo sus miradas, casi insultándose y retandose con estas. Song gruñe y tira su cabeza hacía atrás perdido en la sensación húmeda y de succión.

Aunque le costaba aceptarlo, era el mejor en esto.

El ritmo de su cabeza comenzó lento y tortuoso, en busca de hacerlo suspirar y pedir más, pero solo obtuvo un tirón de sus cabellos para hacerlo avanzar, Hongjoong complacido por la acción continua aumentando la velocidad, desapareciendo una y otra vez la gran longitud en su boca.

Los ojos de Kim están lagrimeando y sus labios desbordan saliva, pero eso sólo tenía a su erección a todo dar en sus pantalones, la cual empieza a acariciar por sobre la tela.

—¿Sólo chuparla te pone así? A ver, si lo haces bien prometo joderte contra el vidrio.

Las palabras de Mingi son burlonas pero son interrumpidas por un gemido cuando Hongjoong profundiza el movimiento, y juega con la punta con habilidad, llevándolo al borde en pocos minutos, haciendo vibrar su cuerpo.

La música y su resonancia comienza a vibrar con ellos, al ritmo de sus latidos y las sensaciones de su cuerpo. No hace falta mucho para que Mingi se estremezca y tire de los cabellos de Hongjoong para moverse contra su boca con más fuerza y frenesí en busca de su climax, el cual está tocando con la punta de sus dedos y lo consigue en un par de estocadas más, derramándose en el interior de su boca, mientras Kim lo traga en un gemido.

—Que buen chico, cada vez más precoz —Se burla Kim, limpiando la comisura de sus labios—, de tanto que hablas, parece que el que muere por joderme eres tú.

—¿Quieres ponerlo a prueba?

—Demuestrame lo contrario, anda —Continúa retando Hongjoong, ahora levantado, lo mira hacía arriba y se empieza a abrir los pantalones.

Mingi lo empuja contra el vidrio de la cabina, casi tirando al suelo el micrófono, sin importarles mucho más que el desafío en los ojos del otro.

Las barreras se rompieron por completo a medida que pasaba el tiempo, dormían y despertaban juntos la mayoría de veces, entre insultos y roces, había un implícito lazo afianzándose y creándose con fuerza, aunque no lo aceptaran en voz alta.

Por ello cuando se acercaba el final del proyecto, había un extraño aire en el apartamento, como si no supieran que incurriría después, cómo debían comportarse, y si esto se seguiría repitiendo. Pero era evidente, nadie diría una palabra.

Las personas en este distrito eran más orgullo que humanos en cierto punto.

—¿Cuándo es el lanzamiento? —Le pregunta Hongjoong trabajando en el tablero dándole la espalda.

Mingi en el sofá mira el calendario en la pantalla del reloj digital mientras se estira.

—Es la siguiente semana.

—Irá un montón de gente idiota y opulenta debo suponer.

Mingi afirma con un ruido mientras se levanta en busca de su camiseta, estaba solo en boxers, y la ropa que anteriormente tenían puesta estaba regada por muchos sitios debido al apuro con que se las quitaron.

—Si, incluso el dueño de Seguros KD... No me emociona la idea en lo más mínimo.

Hongjoong se voltea lentamente, con una expresión neutra, pero sus ojos parecían haber cambiado, el brillo divertido no estaba.

Mingi creyó que fue impresión, el hombre que mencionó era el dueño de la única y más grande red de seguros en el distrito, en una ciudad como la suya, era el hombre más rico de todos, ya que todos necesitaba seguros para poder seguir subsistiendo en esta distopía, pero así mismo podría ser la persona con más enemigos en los barrios bajos.

Las entidades gubernamentales y grandes empresas no tenían piedad con los de bajos recursos.

Quizás no fue buena idea mencionarlo.

Los días de la semana llegaron con rapidez, ambos trabajaron más que nunca en el proyecto, Mingi se quedó cada día en su casa, compartiendo sus pieles lo más posible de alguna manera despidiéndose implícitamente, pero la sola idea para Song, era rara, causándole una extraña sensación en el estómago.

Como si no quisiera despedirse.

Por ello aquella noche, un día antes del lanzamiento y su evento de estreno, su boca habló primero que él.

—¿Quieres ir?

Hongjoong se giró hacía él, mientras mordía su pulgar, era una costumbre que tenía cuando estaba concentrado.

—¿Por qué? ¿Quieres que sea tu apoyo emocional? —Dice en un suave tono de broma, al que estaban acostumbrados.

Sus muslos se rozaban cuando ambos estaban sentados en el tablero juntos, y era casi una costumbre sentir el calor del cuerpo del otro.

—No, pero si no quieres ir...

—Bien, voy porque seguro darás caviar o alguna mierda a los invitados.

Mingi se ríe, poniendo los ojos en blanco. Hongjoong se encoge de hombros y se arregla en su asiento, como si eso lo hubiera motivado más a trabajar en los resultados finales, ya solo corroborando y puliendo.

—Entonces esto tiene que quedar mejor que nunca —Dice Kim, con una mirada determinada y una sonrisa.

El día llegó, Hongjoong vistió con prendas que Mingi le había comprado, cada una de las prendas eran de marca, incluso la ropa interior, y su implante tenía un inhibidor especial, cortesía suya, para poder no ser detectado por los controles de seguridad. Por suerte su rostro no era conocido aún ni asociado a la resonancia, a pesar de ser el mayor exponente, por ende no le fue necesario ocultarlo.

En el camino Kim iba en un auto separado, que iba siguiendo de cerca al de Mingi. Observar la ciudad de los de arriba era una experiencia extraña para él, era igual de brillante y sombría pero de alguna manera una clara división gigante al pasar de sus barrios, cada carretera estaba cuidada, los edificios eran estructuras perfectas aunque urbanas, y habían más autos de lujo, con un montón de carreteras elevadas y brillantes, había simplemente otro aire.

Las luces neón se colaban por la ventana mientras trataba de ignorar el paisaje y suspirar.

Había llegado la hora.

Mingi pasó el evento de lanzamiento saludando a un montón de personas, siendo felicitado por todos, el punto de su ambición había llegado a lo más alto, era como el clímax de su vida y carrera musical, pero tenía una sola persona en su mente, Hongjoong.

En el gran salón todos esperaban pacientes, iluminados por las luces de lámparas doradas y las paredes metálicas petulantes reflejaban la iluminación. Cuando llegó el momento de Song subir, todos aplaudieron, mientras daba su discurso, miraba la cara de todos, sabiendo que no había un rostro de honestidad, pero en su mundo, estaba acostumbrado a las falsedades.

Cuando lo presentó y la música empezó, las luces se atenuaron y todos miraron expectantes, pero sólo Mingi volteó a la esquina en una mesa lejana, estaba Hongjoong, con una expresión neutral, solo y con una copa en su mano.

Todos parecían emocionados al escuchar cada pista, algunos comenzaron a verse más eufóricos y otros sólo sonreían y sudaban un poco, justo el efecto que buscaban, esa leve sensación subliminal de placer, que podría generar la sutil dependencia.

Sonrió en la comisura de sus labios, todo había salido como planeaba y en efecto, nadie sospechó nada. Pero había algo que sentía le faltaba, la satisfacción se sentía inconclusa.

Entonces oyó un grito en medio de la sala, alarmandolo.

Se giró y una de las más grandes mesas, donde estaba su padre y amigos, aquel hombre, dueño de Seguros KD, se desplomaba en el piso, mientras las personas a su alrededor pedían ayuda. Todo comenzó a pasar en cámara lenta cuando vió lo sucedido, la ayuda llegó de inmediato como era usual aquí arriba, en tiempo record.

El hombre se había desplomado muerto mientras apretaba su brazo.

Volteó al reproductor y el final de la última canción estaba sonando, la duración era más larga de la que recordaba.

Y fue así como al buscar con la mirada a Hongjoong, ya no estaba en la pequeña mesa.

La realización cayó en sus hombros, quedando pasmado.

Había sido él.

Todos a su alrededor estaban más preocupados por aquel hombre, que regía un imperio de ceros en ese mundo, más que de salud como debía ser. Pero menos le pudo importar, saliendo por las escaleras traseras del escenario apresurado.

Nadie sabría, trabajaron en la frecuencia de su música para que fuera indetectable, y además, nadie pensaría mal de alguien como Song Mingi.

Pero él lo sabía todo.

Y lo que más sabía en aquel momento, era que lo había utilizado.

Corrió una vez fuera, sin importarle el clima nublado sobre la iluminada ciudad y las pequeñas gotas de llovizna mojando su costosa ropa. Corrió en busca del auto en el que llegaron, y no lo consiguió, hasta que pensó que podría estar en el camino más cercano que dirigía a los barrios bajos.

Fue allí donde corrió con más ímpetu, en busca de una respuesta, que por algún motivo, le estaba causando ansiedad, desespero.

Y le exigía un¿Por qué?Casi dolorosamente.

En la larga carretera, en la que mientras más avanzaba, más descuidada y oscura se volvían las calles, sobre todo, no había controles, ya que no a mucha gente le importaba ir en ese camino con una sola dirección, la parte marginada de la sociedad, sus pies comenzaban a dolerle, y fue entonces que lo vió al borde de esta, casi llegando abajo.

Estaba detenido allí, con el saco que le había comprado en su hombro, despeinando su cabello junto a un letrero neón y encendiendo un cigarrillo.

Mingi lo abordó de inmediato, corriendo en su dirección y empujando su hombro.

—¿Qué hiciste? —Le exige con la voz cansada, pero no menos firme, estaba ardiendo de ira, una que esta vez no llevaba a ningún lado su lazo.

—Terminé lo que tenía que haber terminado hace tiempo.

Hongjoong apenas lo mira, tomando una calada del cigarro, su rostro parecía impasible iluminado por un costado con la luz verde, pero sus ojos, estaban profundamente diferentes.

—Eso es un asesinato —Escupe Song, quitandole el cigarro de entre las manos para tirarlo—, ¿Que mierda, Hongjoong?

El llamado suspira y se frota el rostro.

—No. Fue Justicia. Ese hombre mató a mi madre mientras se acostaba con ella, el maldito dueño del seguro más grande del distrito no pudo salvar a la mujer que retuvo como su amante durante años —Escupe, el odio comienza a desbordar de él—, la resonancia solo ajustó el ritmo de su corazón, ese tipo ya estaba podrido por dentro...

Mingi se pasma, al obtener la nueva información, pero había en él una picazón dolorosa en su pecho, se sintió usado, rememorando todo el tiempo que pasaron, aunque al principio solo fue mera satisfacción, ahora lo veía como algo más. Y había sido traicionado.

—¿Entonces yo también fui parte de tu jodido plan?

Hongjoong negó y se levantó, para enfrentarlo más de cerca, ahora había una visible ofensa en aquellos ojos.

—Tu fuiste lo único real. Lo nuestro se salió de mi plan, no puedo fingir algo así... Pero no podía dejar pasar esto por un vínculo.

Mingi no puede moverse y sus labios caen abiertos cuando quiere decir algo, siente el calor de su cuerpo cerca, y sólo siente un reflejo, de tocarlo y acercarlo, pero se detiene a sí mismo.No era un maldito drogadicto por él.

—¿Por qué me miras así? Tú también quisiste usar la resonancia para controlar y dominar a la gente, no somos tan diferentes... Pero tenemos distintos motivos.

Las palabras que Hongjoong escupe se vuelven molestas, pero al punto de ser dolorosas, porque era una realidad, tampoco era casto para señalar al resto, pero estaba herido y lleno de rabia, no podía verlo con claridad. Pero lo entendía, y eso era la peor parte.

—Bien, vete a la mierda —Responde Mingi, volteandose y despeinando sus cabellos—, esto se acabó.

Hongjoong aprieta su mandíbula y tira el saco en sus pies, y se quita los zapatos para también tirarlos hacía él.

—Nunca empezó —Responde Kim molesto, dándole un último vistazo—, pero gracias por todo.

Y eso le caló dentro de la mente, Mingi lo observó irse y su corazón pareció caerse pesado, aunque quiso maldecir y controlarse, cada paso que lo veía dar lejos más le dolía, y más le dolió no haber aunque sea sostenido su mano cuando vió el dolor en sus ojos al contar lo que aquel hombre hizo.

Quizás no era diferente a los que lo rodeaban, egoísta y velando por sí mismo.

¿Pero quién no estaba corrompido y roto en un mundo como el suyo?

Y eso no lo dejaba dormir por las noches, empezaba a desdibujar la línea poco a poco sin saber si era culpa o extrañar ese calor a su lado, incluso sudaba en las noches y pasaba sin apetito, como si se tratara de una abstinencia. Pero tenía la resonancia a su alcance, en los archivos en los que trabajaron solo que eso no funcionó, no sentía lo mismo, ni intentándolo con otras pieles lo pudo lograr.

Nunca se volvió adicto a la droga.

Se volvió adicto a Hongjoong.

Y eso lo estaba carcomiendo vivo por dentro, su pecho era solo un hueco ahora. Miraba y escuchaba los archivos en los que trabajaron en su inmenso departamento con vista panorámica de la alumbrada ciudad y sólo estaba lleno de soledad.

Abrió archivo por archivo hasta que consiguió aquel que quedó grabando mientras tenían intimidad en la cabina, y la sola risa de Hongjoong entre las grabaciones le estremeció la piel, le erizó cada vello de su cuerpo y lo hizo temblar. Justo como si escuchara la resonancia por primera vez.

No podía perdonarlo, pero tampoco podía odiarlo.

Se sacudió el cabello con desespero, tocando su implante y buscando su celular, en busca de su número.

No podía un segundo más.

Hongjoong en el otro extremo del distrito, dividido por la brecha social gigante y las divisiones estructurales, miraba la pantalla de su computadora en su frío departamento, escuchando el mismo audio, con el pecho hundido.

Entonces su teléfono vibró, una llamada entrante.

El nombre de Mingi en la pantalla.

Lo tomó sin pensar.

Ya no era la resonancia, era el eco de la voz del otro, que no paraba de llamarlos de vuelta. Y no podían evitar volver.








holi de nuevoo, estaba muy emocionada por traerles este nuevo proyecto, una serie de one shots con capitulos ilimitados asjk, está lleno de retos creativos para mi, pero de generos que amo escribir, cada capitulo es un one shot de un universo completamente distinto, donde voy a explorar fetiches/kinks a través de elementos fantasticos y de ciencia ficción, en cada capitulo encontraran la sinopsis, temas a tocar y tw de cada uno, espero les guste y lo disfruten, los estoy haciendo con mucho amor, cada tanto nos veremos por aquí cuando suba un os nuevo, gracias siempre por leer!<3333

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