Asmodeos: Alma × Alma

Sinopsis

Asmodeos - o mejor dicho Tom - se lo asocia con el pecado de la lujuria, pecado sexual relacionado con el adulterio. ¿Hizo bien Bill en invocarlo?

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

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Durante tanto tiempo mi felicidad se había reducido a una sola cosa, a una sola persona y al lazo que nos mantenía unidos durante mucho tiempo que solo habían sido mentiras, tras mentiras y hoy estaba aquí, frente a toda la universidad, haciendo el ridículo con cámaras grabando por todos lados, con el rostro empapado de lágrimas y el corazón roto a más no poder.

Marc, el amor de mi vida estaba ahí, tomado de la mano de Ría con un bonito peluche como los que me había regalado a mí hace un par de días, burlándose en mi cara, diciéndome cosas que solo dañaban mi estabilidad emocional.

— Lamento que hayas tenido que enterarte de la infidelidad así. — comentó con una mirada fría y no como la de hace unos días que le brillaba los ojos cada que me decía cosas lindas.

Su actitud había cambiado pronto después de tener intimidad. No me contestaba los mensajes, no me hablaba y cuando lo veía salía huyendo con cualquier excusa tonta que me esforzaba en comprender a pesar de causarme tantas inseguridades y ahora veía frente a mi el por qué.

— Me gustabas más cuando te resistias. — siguió. — Pero ahora que he conseguido lo que quería pues ya no me sirves... hasta me da pena verte bien. Eres demasiado feo para andar con alguien tan guapo, apuesto y sexy como yo, Bill Kaulitz. — levanté la mano para abofetearlo con todas mis fuerzas, acto seguido salir corriendo de ahí pero me seguía, logrando alcanzarme. Me devolvió varios golpes que inútilmente no logré cubrir. Mi rostro estaba deshecho. No dolía tanto como me dolía el corazón.

¿Por qué, Marc?

Jamás me había tomado en serio y jamás, nunca nadie en la vida se había burlado de mí de esa manera.

— ¡Nunca vuelvas a ponerme la mano encima!

— Ya, suéltame. — susurré débilmente. Marc hizo un amago de querer darme un último golpe antes de irse. Escupió mi rostro y observó mi cara con asco. Se marcha en medio de risas con sus amigos y su nueva... novia...

Y es que también me olvidé con quién había metido las cuatro patas.

Marc es el chico popular del instituto Elite Way, ese cabeza hueca que siempre consigue lo que quiere para sacar provecho a sus calificaciones y vaya que supo enamorarme, darle justo en el clavo lastimando mi corazón de una forma tan despiadada que a la primera caí como un tonto.

Pero... yo staba tan contento de que alguien tan apuesto y varonil se fije en mí. Cumplía todas mis expectativas de las que había soñado alguna vez en una historia de amor como las que el chico popular si se enamora pero a mí me tocó la peor parte. La parte de la historia triste.

No fue mi oportunidad de amar y ser amado. Esto no es una de esas películas o fanfics románticos donde todo sucede pero al final su amor es correspondido. A mí me votaron al instante y con solo un mes de haber andado.

«Ay, Marc... tenías que ser demasiado encantador para ser real.» — eso pienso estando en el suelo antes de que unas gotas de agua empiecen a caer en mi rostro. Vuelvo en sí buscando mi mochila para levantarme del suelo e irme a casa en medio de aquel aguacero insoportable que mojó mi ropa y también el celular, dejándome sin uno.

Como era una persona pobre me costaría volver a tener un celular por lo que me doy por vencido y termino tirándolo en la cesta de la basura.

Una vez en mi casa me metí a la pequeña habitación para desvestirme y darme un baño. Mamá por suerte no estaba y estaría demasiado relajado sin tener que darle explicaciones de mi rostro hinchado o de los brazos con las heridas recientes que me acabo de provocar bajo la ducha en las muñecas y piernas, casi muy cerca de la entrepierna mientras lloraba sin consuelo.

El agua se lleva toda la sangre que sale de mi y arde. Tomo asiento en la regadera para abrazarme a mi mismo, escondiendo la cabeza en esta y no puedo parar. A mí mente se me viene los lindos recuerdos que tuve con Marc y las veces en las que me dijo que haría todo por mí.

¿Es que acaso fueron mentiras?

Parecía muy sincero cuando me las decía mirando mis ojos pero claro, claro que tenía que actuar demasiado bien para que le creyera porque cuando empezó a molestarme lo trataba demasiado mal, no le creía nada porque ¿quién se iba a fijar en un chico como yo así de extraño?

Sí, quizás era muy feo, demasiado alto, delgado, con un cabello tan negro y alborotado, emo pero... mierda. Sonó tan sincero cuando me dijo lo encantador que me veía así...

— Bill, ¿estás ahí? — golpeó mi madre la puerta haciéndome volver en mi maldita realidad.

Cerré la llaves del agua para no seguir desperdiciando y envolví mi cuerpo en la toalla antes de salir a darle la cara. Le sonreí de lado, luego beso su mejilla.

— Hola cielo... — sonrió. — Quería que sepas que ya llegué. Ahora calentaré la cena, ponte cómodo y baja. — asiento con la cabeza, observando como me daba una última caricia antes de irse por el pasillo.

Yo mordí mi labio inferior.

Sabía que estaba haciendo lo posible por verse fuerte conmigo. Desde la muerte de mi hermano en el accidente automovilístico mamá se sumió en una fuerte depresión y le cuesta salir de ella, ¿y cómo no? si Tom lleva muerto tan solo medio año.

Yo también lo extrañaba mucho, muchísimo. Me sentía solo sin él, sin mi otra mitad.

Cuanta falta me hacen sus bromas tontas.

«¿Cómo hubiera sido todo si no se hubiera accidentado?» — con esa pregunta atascada en mi cabeza suspiré ya estando en la habitación cambiado, secando mi cabello para después ir a sentarme en el comedor.

Mamá había puesto tres platos de comida... otra vez.

— Mamá, hay uno demás. — murmuré tomando mi cubierto, sin parar de observar el asiento en el que se sentaba Tom y Simone se tapó la cara, luego de suspirar entrecortado.

— Perdóname, Bill. No puedo. — mordí mi labio inferior sin ver como salía corriendo rumbo a su habitación. En cambio yo traté de seguir comiendo pero no podía, también me ha puesto de a malas verla tan triste.

Decidí a salir a caminar un poco ahora que la lluvia había cesado. Compré una botella de coca cola para ir al parque donde íbamos todos a fingir ser una familia feliz.

Joder, que recuerdos venían a mi cabeza y lloraba.

Mierda.

¿Qué puedo hacer para que todo vuelva a ser como antes? ¿qué carajos debo hacer para que Tom vuelva a la vida?

Y puta madre, cómo si fuera una cosa del destino el viento empezó a soplar con una fuerza terrible hasta que un volante me azotó el rostro. El viento calmó y yo lo tomé con manos frías para leer lo que estaba escrito.

Tenía un logo bastante extraño que jamás había visto y tuve unos deseos incontrolables de ir corriendo a casa a encerrarme. Claro que me dejé llevar.

Estando en casa, me encerré en la habitación de Tom. En esa que jamás tuve la valentía de abrir. Ahí me vi teniendo la cuchilla con la que estúpidamente tallaba en cada árbol que venía un "B y T". La paso por mi muñeca inconscientemente.

La sangre cayó en el volante y la luz se fue. Me asusté terrible cuando veo la hoja de papel empezar a brillar. Su modelo cambió y unas letras se empiezan a dibujar con mi sangre.

Lo agarré entre manos y ahí decía que formará aquel logo en el suelo. Cosa que no dudé en hacerlo tan arriesgado porque la curiosidad podía conmigo.

Lo siguiente que me pedía era un accesorio favorito. Por lo que coloqué dentro de ese logo mi anillo de una piedra negra llamativa. Pedía un mechón de cabello. El artefacto usado con el que me he abierto la herida y un espejo. Para el espejo corrí hasta el de mi cuarto para llevarlo a la habitación de Tom. Pedía veladoras y usé las que mamá tenía cerca del retrato de Tom con su nombre.

No sé con qué propósito estaba pasando esto pero en mi cabeza tenía que era una señal de mi hermano mayor.

— Okay... — mordí mi labio inferior al tener las cosas listas. Al reverso de la hoja había una oración que no dudé en leer a voz alta luego de ponerme dentro del círculo. — Deus coeli, Deus terrae. Deus Angelorum, Deus Archangelorum, Deus Prophetarum, Deus Apostolorum, Deus Martyrum, Deus confessorum, Deus Virginun, Deus, qui potestatem habes donare vitam post mortem, réquiem post laborem, quia non est alius Deus

praeter te, nec esse poterit verus, nisi tu, creator coeli et terrae, qui verus Rex es, et cujus regni non erit finis: humiliter majiestati gloriae tuae supplico, ut hunc famulum tuum de inmundis spiritibus liberare digneris. Per Christum Dominum Nostrum... amen.

El espejo explotó dando un ruido estruendoso. Los cristales me salpicaron al cuerpo y me tapé la cara para no joderme más, aquel logo debajo de mis pies desapareció en la madera y la vela se consumió en un instante. La luz empezó a parpadear junto con una ola de frío que me consumió el cuerpo. Es como si estuviera dentro de un refrigerador a cero grados.

Me abrazo a mi mismo, temblando mientras camino de espaldas para refugiarme en una esquina en la pared. No sé qué había sido todo esto pero no ha funcio...

— ¡Mierda! — grité ante la sombra que apareció a mi lado cuando veo de soslayo y corro a refugiarme en la cama perfectamente tendida, envolviéndome en ella sin dejar de temblar. — Carajo, carajo, carajo.

— Te puedo escuchar.

— ¡Aaagrh! — grité nuevamente saltando de la cama cayendo torpemente al suelo y lo vi parado en frente de mi con esas patas de cabra, el torso humano. Una cara tan fea que no pude evitar hacer una mueca y suspirar, cagandome de miedo. — Hola soy... — aquel demonio empezó a toser algo blanco de repente, casi atragantadose en su polvo. — Un rato. — pidió dándose la espalda para seguir tosiendo.

Yo ladeo la cabeza con el ceño fruncido.

— ¿Qué te pasa?

— Es que... ni para asustar sirvo...

— Ah... — arqueo ambas cejas. — ¿Y... quieres agua?

— Por favor. — salí de la habitación lentamente con la mente en blanco hasta la cocina para ir por un vaso de agua y llevarle a esa cosa para que beba. Él lo hizo con urgencia y luego volteó a mi, con una sonrisa maliciosa apretando el cristal en su mano. Empezó a soltar carcajadas mientras yo me crucé los brazos. — Mua ja ja ja ja ja jaaaaaa.

Ya no daba miedo.

— ¿Quién eres? — corté su risa muy serio. Él me miró con el ceño fruncido.

— ¿No sabe quién soy? — dice, volviendo a ensanchar una sonrisa para nada tenebrosa, es más, era ridícula.

— No. Qué feo estás, en serio. Tan feo como una patada en las bolas. — otra vez su sonrisa de esfumó. Mirándome con sorpresa se encogió en el suelo, abrazándose a si mismo.

— Joder, nadie haber hablado a Daemon de esa forma. Daemon sentirse triste. No sentirse a gusto con humanos en tierra.

— Oh. — tapé mi boca tragando una risa al verlo así. — Oh, por dios.

— Humano hacerme sentir estúpido.

— Ya. — exploté en risas arrodillandome en frente para verlo de cerca. — Lo siento, más que dar susto das como que pena, vergüenza, asco... ¿no podías asomarte en una mejor versión de tí?

Y se soltó en llanto. — Humano haber invocado a Daemon para burlarse en cara por ser feo. Daemon no dar miedo.

— Pues no.

— Salir de habitación. Daemon querer estar solo. — yo seguía riendo de la situación que estaba pasando frente a mis ojos pero no podía evitar tomarlo con humor porque si lo veía de otra forma si que estaba a punto de mearme en los calzoncillos.

— Ya, ¿y si tomas una versión más... agradable? — él de inmediato se pone de pie, limpiando sus lágrimas para cambiar de forma y presentarse en una versión de Britney Spears desnuda. — ¡No! ¡Así no! — exclamé escandalizado tapándome la cara sonrojado.

— ¿No te gusto así? soy tu cantante favorita. — hablaba sensualmente. — Mírame... it's Britney Bitch, pum, pum, pum... gimmie, gimmie more

— ¡No, no, no! ¡cámbiate!

— ¿Y así? — lento abrí los ojos para verlo y estaba como Marc, igualmente desnudo. Hice una mueca de disgusto que le hizo romperse en risas escandalosas. — ¡Ja, ja, ja! ¡Humano probar sopa de su propio chocolate!

— Eso no es gracioso. Además exageraste con la entrepierna, la de Marc es más pequeña.

— ¿Eh? — rápido la cambiaba a una polla tan diminuta que ahora a los dos nos causó tanta gracia y nos revolcamos en el suelo cagandonos de risa ya menos tensos.

— Basta, ese no está bien.

— Mhmm, ¿humano que va a querer?

— Ahm...

— Ya sé que quiere. — entonces se levantaba del suelo y dejándome atónito hizo algo que me dejó con la boca muy abierta y los ojos de par en par.

Tuve mucha taquicardia y ganas de llorar.