Peces peludos

Los rayos de sol se enredan con el azul del cielo, decorado de nubes blancas que se pasean con el viento.
La arena a sus pies se ve pintada de un anaranjado tostado, lo que le da una apariencia deliciosa. Siente la arena entre los dedos, calentada por el sol, mas no aparta los pies de ella.
Escucha distraída las olas que golpean en la orilla. Las voces animadas a su alrededor y el grito de algunos despistados que se han alejado y están por ahogarse.
Busca a los famosos “peces peludos” pero apenas logra ver sus colas sobresalir del agua. Espera a que alguno se deje ver, pasea sus ojos alrededor, atentos a toda clase de personas que caminan en la playa. Aquellos que corren torpes buscando la sombra, persiguiendo la chancla perdida entre las olas, o jugando con la arena a orillas del mar. Hasta que un animado pez avanza trastabillando en la orilla, brincando graciosamente por todas direcciones. Igual a como se espera ver a un pez fuera del agua, pero este no ha de secarse, sin embargo, no ha hallado otra forma de moverse.
“Peces peludos”, aunque no es pelo lo que cubre sus cuerpos, sino abundantes y largas escamas medio puntiagudas que toman la apariencia de finos cabellos marrones y brillantes al sol.
Escucha sus graciosas voces. Saltan fuera y dentro del agua, como si aquello se tratara de lo más normal del mundo, como si lo hubiese visto muchas veces antes; y por un momento esa visión parece un sueño empapado con gotas de agua que salpican y brillan igual que estrellas. Fascinada por el espectáculo del mar y las criaturas, ha olvidado que en realidad no recuerda como ha llegado ahí.
Busca alrededor, pero ni ella sabe qué, hasta que sus ojos dan con un par de hombres de traje que marchan con dificultad en la arena. Aislinn echa un vistazo al resto de las personas, a quienes no parece impresionarles.
Su piel morena reluce a la luz del día, tan brillante como las olas. Su mirada es curiosa a los detalles extraños que la rodean. Sigue con la vista a los hombres de traje hasta que salen de la arena, donde están las escaleras que conducen a un pequeño mercado.
Se levanta de la toalla en donde ha estado sentada, retira la gran sombrilla sobre su cabeza, insegura de que ambas le pertenezcan a ella. Busca a los hombres entre la multitud del mercado. Encantada escucha como todos en el lugar son güeros y de ojo verde. Hasta que alcanza a ver a los hombres trajeados que robaron su atención, apartados del resto, en lo que parece ser otra parte de la plaza, cubierta de lonas blancas.
Se abren paso entre ellas y desaparecen a ojos de Aislinn; alimentada por la curiosidad (olvidando al pobrecito gato que murió por curioso) se encamina hasta donde se han escondido esos hombres. Escucha cada vez más lejos el bullicio del mercado, pero el ruido de todas ellas no desaparece por completo
Asoma su cabeza apartando las lonas con las manos. Fuerza sus ojos a ver algo entre las sombras, y, sin darse cuenta, termina rodeada de toda esa oscuridad. Envuelta en silencio y viento helado que no trae ningún aroma o sonido
