Capítulo 1
“A que te refieres con que es azul?”
“Exactamente eso. Digo que es...azul.”
Richard estaba intentando muy duro no hacer contacto visual con su madre. Por mucho era la conversación más incomoda de la que había sido parte, y su reacción no estaba haciéndolo más fácil.
“Rick, no puede ser azul. Eso no tiene sentido.”
“Mama, puedes solo...sacarme una cita?”
Jennifer mordió sus labios y le dio a su hijo una extraña mirada. Ella no tenía idea de en qué se estaba metiendo—quizás era una llamada de atención, o una forma de hacer preguntas sobre su cuerpo cambiando...pero no, él tenía 18. Él ya había crecido por completo.
“No voy a gastar el tiempo del doctor en algo como eso. No puedes hablar enserio.”
“Mama!”
Era todo lo que Richard podía hacer sin estampar su pie. Su madre aun lo trataba como un niño de diez años, y parecía que no había nada que pudiera hacer para hacer que lo tratara como el adulto en el que sea había convertido.
“Mira,” dijo Jennifer impulsivamente, tomando un pequeño tóper de la alacena debajo del fregadero. “Llévate esto al baño, llénalo, y tráelo. Si realmente es azul, te llevare con el doctor.”
“Mama!”
Richard se quedó atónito ante ella. Como si no hubiera sido suficientemente vergonzoso, teniendo este tipo de conversación con su madre, ahora ella quería que fuera y.…y se masturbara? Mientras ella esperaba afuera del cuarto?
La vio a los ojos, y dentro de unos segundos, se dio cuenta que lo decía enserio.
Con un suspiro, el estiro su mano y tomo el contenedor. Si esta iba a ser la única forma en que su madre le creyera, que opción tenía?
Mientras la puerta se cerraba detrás de él, Jennifer negó con la cabeza. Ella no podía creer que estuviera tan comprometido con la mentira. Si el no salía dentro de unos minutos y admitía que había fingido todo, tendría que...bueno, no estaba segura de que hacer.
En el baño, Richard se sentó en el inodoro y miro fijamente el contenedor de plástico en su mano. Necesitaba ver al doctor, eso estaba más que claro—cuando lo había visto la otra noche, se asustó. No es que un adolescente típicamente tuviera el hábito de examinar su propio semen, pero mientras estaba limpiando, él tendría haber estado ciego para no notar que algo estaba diferente.
En vez de la sustancia blanca liquida y lechosa que normalmente emitía después de una sesión masturbatoria nocturna, su semen había salido azul.
Un azul brillante y vibrante.
Lo miró fijamente impactado por más de unos minutos, antes de conscientemente tomar la decisión de apagar su cerebro y no pensar en eso. Él había limpiado como siempre, luego se acostó en la cama, mirando fijamente el techo impactado hasta que el cansancio le gano y cayó en un extraño y vacío sueño.
La mañana siguiente, abrió el bote de basura que tenía a lado de su cama y encontró el pañuelo.
No había estado imaginándolo. Estaba azul.
“Esto no puede estar pasando,” murmuro para sí mismo, y solo para estar seguro, se masturbo de nuevo. Y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. Afortunadamente era sábado en la mañana, de lo contrario estaría definitivamente tarde para la escuela, o al menos seria interrumpido por su hermana, enviada para despertarlo.
Cada vez que se masturbaba, era el mismo resultado. Su semen era azul como el cielo sin nubes.
Él lo dejo pasar por unos días, hizo algo de investigación en internet, intento abstenerse y luego masturbarse de nuevo, pero nada ayudo. Richard no entendía porque, pero su semen era azul brillante, y nada en el internet podía ayudar a explicar por qué.
Y así, casi una semana después de la primera vez que noto el fenómeno en sus pantalones, Richard se acercó a su madre.
Y ahora ahí estaba.
Con un suspiro, saco su verga y empezó a pasar su mano por ella, Si, presentarse ante su propia madre con un tóper lleno de semen seria uno de los eventos más extraños de su vida, pero...bueno, si sus huevos eran radioactivos, o que tenía algún tipo de parasito raro, era algo que necesitaba saber.
Jennifer no podía creerlo cuando su hijo salió, completamente evitando el contacto sexual, y le entrego un tóper cálido con un líquido azul viscoso.
No podía ser...él no podía...
Ella cautelosamente lo tomo y quito la tapa.
“Que es esto?”
Los murmullos de su hijo no ayudaron a aclarar el tema, y decidió no hacer que lo repitiera. Ella estaba desesperadamente intentando mirar a cualquier lado lejos de la vista de su madre mirando fijamente por encima de sus lentes, inspeccionando de cerca su semen recién producido.
Mientras levantaba el contenedor con la otra mano, el no pudo desviar la mirada.
“Mama!” dijo el preocupado, pero ella limpio sus preocupaciones, y—para su horror—lentamente metió un dedo dentro de la muestra recién producida.
“Cálido,” dijo ella, mirándolo fijamente como un científico que recién había descubierto un nuevo elemento. “Que es esto?”
“Te lo dije,” dijo el, deseando que por una vez, su padre creyera en su palabra o algo. “Es mi...”
“No puede ser,” dijo ella, como si estuviera en trance. “Es tan...”
“Azul,” dijo el, terminando su oración. “Justo como dije.”
Removiendo su dedo, la madre de Richard se lo llevo a su boca. Sacando la lengua, ella cuidadosamente toco la sustancia azul, lamiéndolo hasta que su dedo estaba completamente limpio.
“Wow,” dijo ella. “Sea lo que sea, sabe asombroso.”
“Te dije lo que era,” dijo Richard con horror. “Mama, por favor, no estoy mintiendo...”
“Oh por favor,” dijo ella con desdén. “He probado el semen, y esto no sabe para nada a eso.”
“Pero Mama...”
“Shhh,” dijo ella, llevándose el tóper a la boca, inclinándolo hasta que semen de Richard estaba fluyendo directamente hacia sus labios. Ella hambrientamente lo trago, y cuando estaba vacío, limpio las esquinas con su boca.
Con un sorpresivo eructo, Jennifer repentinamente se dio cuenta de lo que había hecho.
“Richard,” dijo ella, como si notara por primera vez que su hijo estaba en el cuarto. “Que era eso?”
Sintiéndose como la primera vez que había visto su inusual emisión, Richard estaba mirándola fijamente, su cerebro estaba sobrecargado, completamente incapaz de entender lo que le estaba pasando.
“Mi semen...” murmuro el, pero esta vez su madre no tuvo problema en entender.
Hubo una larga pausa, mientras la madre y el hijo se miraban mutuamente.
“Estas seguro?” finalmente respondió Jennifer calladamente, y Richard solo asintió en respuesta. “Que le hiciste? Colorante?”
“Así es como salió,” dijo el, y como si la sacara de su trance, su madre negó con la cabeza.
“No,” dijo ella confiadamente. “Eso no tiene sentido.”
“Es verdad,” dijo Richard, y su madre lo miro directamente a los ojos y respondió.
“Pruébalo.”
Como paso esto? Se pregunto Richard a sí mismo, sus ojos se cerraron de vergüenza. No había tomado mucho de su madre para convencerlo de que la única manera para que lo llevara al doctor, la única forma de que ella le creyera...era si producía un lote fresco para ella justo ahora.
“Enfrente de mí,” dijo ella, “así sabre que no hay trucos.”
Ella no había dicho una palabra sobre su extraño comportamiento hacia la última prueba que le había proporcionado, y el ciertamente no iba a mencionarlo. Pero él sabía que necesitaba atención médica, y apenas podía culpar a su madre por negarse a creerle—su semen era azul. Quien iba a creer eso?
Así que él se tragó su vergüenza y pena, y—por insistencia de su madre—se bajó su pantalón ahí en la cocina, sacando su verga y dándole unas cuantas sacudidas.
Después de un largo periodo de que nada pasara, su madre rompió el silencio.
“Que pasa?”
Qué pasa? Estoy masturbándome enfrente de mi madre, eso pasa.
“Nada,” respondió Richard, no queriendo hacer la situación peor de lo que ya era. “Solo...”
“Oh, Rick...” dijo su madre con un suspiro. “Deja que mami te ayude.”
Los ojos de Rick se abrieron de impacto mientras su mano era reemplazada con la de su madre.
“Mama!” dijo el, abriendo sus ojos para encontrarla de rodillas frente a él, lentamente recorriendo su rápidamente endurecido miembro. “Que carajos haces?”
“Lenguaje,” dijo ella amonestadoramente. “Solo siéntate y deja que me encargue de esto, ok, cariño? Necesitamos llegar al fondo de lo que sea que este pasando, y si esta es la única manera en la que podemos probar que lo que dices es verdad, es lo que necesitamos hacer.”
“Además,” añadió Jennifer con una sonrisa, “está claro que necesitabas una mano.”
Richard abrió su boca para responder, pero después de unos segundos la cerro de nuevo. No sabía que hubiera sido capaz de decir para convencer a su madre...y además, su mano pasando por su miembro se sentía bastante genial...
Dentro de unos segundos él estaba completamente duro, y dentro de unos minutos la mano de su madre lo llevo al borde del orgasmo.
“Mama,” jadeo el, “me voy a venir...”
Jennifer empezó a buscar por un contenedor apropiado, pero antes de que pudiera encontrar algo, la verga de Richard empezó a palpitar, y pronto estaba soltando su semen azul brillante. El primer chorro cayo en su cara impactada, e instintivamente abrió su boca, apuntando el resto de su producción directamente en su boca.
“Oh dios...” gimió ella, una vez que el orgasmo de su hijo estaba completo. Él estaba mirándola impactado, mientras ella juntaba el remanente de semen y empezó a metérselo en la boca. “Richard...”
“Mama!” dijo el, “Que demonios?”
“Cariño sabe muy bien. Oh por dios, no puedo creer que saliera de mi bebito. Oh por dios, por favor...necesito más...”
Mientras ella hablaba, Jennifer comenzó a sentarse, moviendo su boca más cerca de su boca. Antes de que el pudiera decir una palabra, ella deslizo su flácido pene dentro de su boca y estaba frenéticamente lamiéndolo y chupándolo, intentando tener más de su semen azul dentro de ella.
Richard considero intentar empujarla, pero estaba claro que ella no se detendría sin pelear, y él no quería lastimarla. Después de unos cuantos segundos, su verga comenzó a levantarse por tercera vez ese día, y la placentera sensación causada por la boca de su madre era suficiente para disuadirlo de cualquier pensamiento de resistencia.
Estaba claro que la madre de Richard no era extraña a dar mamadas—ella se encargó de tomar todo el largo de su hijo en su garganta con poco esfuerzo, y mientras ella bombeaba su erección, ella jugo con sus huevos y paso un dedo por su pierna, causando placenteras cosquillas que él ni siquiera sabía que fueran posibles.
A pesar de ser su tercer orgasmo del día, la boca talentosa de Jennifer lo hizo correrse en solo quince minutos—mientras se venía, ella ni siquiera vio su semen, solo lo miro con ojos de desesperación y lujuria mientras recibía su semilla en su garganta.
Cuando el termino, era como si el hechizo se hubiera roto. La mujer mayor se sentó mareada, con una mirada conflictiva en su cara, incluso mientras su lengua exploraba su boca para asegurarse de que no se perdiera ni una sola gota del semen de su hijo.
Finalmente, después de una larga pausa, Jennifer miro a su hijo de 18 años mientras apresuradamente intentaba subirse su pantalón.
“Richard,” dijo ella ansiosamente. “...creo que necesitamos llevarte al doctor.”








