¿Tú eres mi master?
Lo que les contare en este relato es algo casi imposible de creer, pero le prometí a alguien que contaría su historia y planeo cumplir esa promesa.
Acababa de aterrizar en Tokio, fue un viaje muy largo en avión donde me pase viendo peliculas de samuráis y algunos animes ligeros. Venia de turista para conocer esta ciudad con la que estaba fascinado.
No soy japones pero mi padre si lo era, así que él me recomendó que me quedara con mi primo en su departamento, que también era fanático de las peliculas de samurái como yo. No iba a desaprovechar esta oportunidad de tener una estadía gratis, así que acepte su oferta y apenas me baje del avión, fui directo al departamento de mi primo quien me esperaba con los brazos abiertos.
-¡Primo, llegaste! - Me recibió Iori, un joven de mi misma edad, con cabello negro liso, delgado y muy vivaz. Vestía shorts azules y una polera blanca con una impresión de su banda favorita "XJAPAN". Él era medio japones, igual que yo. Nos abrazamos y me hizo entrar a su hogar.
-Me alegra verte, Iori. Ya paso casi un año desde que fuiste a visitarnos. -Dije mientras me sacaba los zapatos, los ponía a un lado de la puerta y entraba con mi maleta.
-Ni que lo digas. Se siente como si hubiese pasado mas tiempo, adelante déjame mostrarte donde dejar tus cosas.
Me mostro su departamento, era el típico lugar donde vivían máximo 2 personas pero estaba muy ordenado y acogedor. Me parecía increíble lo amplio que se podía ver un departamento pequeño cuando todo estaba en su lugar. Después de unos minutos de ver su hogar, nos sentamos en el sillón.
-Pues este es mi humilde morada, puedes quedarte el tiempo que quieras... ¿Qué te paso en la mano? - Pregunto al ver mi mano derecha.
-Ah, si, creo que es un sarpullido, aunque no me da comezón. -Me mire el dorso de la mano que estaba rojo, pero lo extraño era que el sarpullido tenia un diseño muy extraño. -Incluso me eche crema, pero sigue igual.
-Mmm, quizás tengas que ver a un medico por eso, pero antes... - Iori saco un objeto envuelto en un tela y me lo entregó. -Aquí esta tu encargo, me lo entregaron ayer desde la tienda.
Lo tome con sorpresa, me imaginaba lo que era pero estaba muy ansioso de verlo. Lo desenvolví y ahí estaba, una verdadera espada japonesa hecha a mano. Se la encargue a mi primo hace mucho tiempo, para que un herrero la hiciera.

-¡Increíble, una verdadera katana! ¡Muchas gracias, Iori! Siempre he soñado con tener una de estas. Incluso he tomado clases de kendo en mi país, pero tener una espada hecha en Japón es muy distinto a tener una replica.
-Totalmente de acuerdo. Aunque debo advertirte que esa es una espada sin filo, si tuviera filo, no podrías llevarla en el aeropuerto. -Se excuso Iori rascándose la parte de atrás de la cabeza.
-Me lo imaginaba, pero no te preocupes. No tenia planeado usarla contra nadie, jajaja. -Dije mientras admiraba la espada por todos lados, era pesada pero no tanto como para no moverla con destreza. Estaba emocionado por mostrársela a mi maestro de kendo cuando volviera.
-¿Sabes que deberíamos hacer? Vamos al parque a sacarnos fotos con tu espada. Los cerezos están florecidos, por lo que se verán muy bien en las fotos.
-¡Que buena idea tuviste! ¡Vamos ahora mismo aprovechando que todavía hay sol! -Me levante de un salto y me volví aponer mis zapatos, mientras Iori se levantaba del sillón y me siguió con una sonrisa.
Ninguno de los dos tenia idea de lo que pasaría en ese parque.
Llevábamos una hora en el parque tomándonos fotos con mi nueva espada, haciendo todas las poses que me habían enseñado en clases mientras mi primo tomaba fotos de todos los ángulos. El parque era precioso, arboles nativos por todas partes, el pasto muy bien cuidado y una hilera de cerezos en flor por todo el camino principal. La estaba pasando muy bien, pero la sensación en mi mano se sentía como si me ardiera. Tuve que parar con la sesión por que ya me estaba doliendo demasiado.
-¿Estas bien? ¿Te duele la mano, cierto? - Dijo Iori guardando su celular en el bolsillo mientras se acercaba a mi.
-Me arde un poco y mira, ahora no se ve como un sarpullido, parece mas un tatuaje... -Le mostré el dorso de mi mano pero justo en ese momento, vi algo sobre nosotros. -¡Cuidado!
Empuje a mi primo justo a tiempo, un samurái vestido de negro había caído desde el cielo, atacándonos con su gigantesca espada. Su ataque fue tan poderoso que provoco un pequeño cráter en el suelo del parque.
Ambos estábamos en el suelo, sorprendidos del ataque el samurái negro, nos miro con sus ojos rojos y amenazantes. Volvió a levantar su espada, pero en ese momento apareció otra persona, un espadachín con una particular espada. Vestía un kimono blanco, tenia el cabello negro en una larga trenza y tenia facciones finas y delicadas.
Con un solo corte, hizo retroceder al samurái negro unos 10 metros, quien alcanzo a bloquear el ataque con su propia espada.
En unos segundos, se paro entre nosotros y nuestro atacante. Me miro a los ojos, con una expresión curiosa e incrédula. Entonces preguntó:
-¿Tu eres mi maestro?
Yo no sabia a que se refería, por lo que solo me encogí de hombros, aun impresionado por todo lo que estaba pasando.
Hizo una expresión de exasperación con su boca.
-Me refiero a si tu me invocaste... ah, ya veo la marca en tu mano. Si, fuiste tu. - Dejo de mirarme con sus bellos ojos y se concentro en el samurái negro. - Bien, entonces es hora de encargarme de este oponente, antes de que pueda matarte.
Se puso en posición de combate y ataco con su espada. Era u espadachín experto, con habilidades fuera de lo común. Era como ver una danza con espadas, pero mucho mas mortífera. El samurái negro estaba a su mismo nivel, pero después de unos minutos de combate, despareció en una nube de polvo que él mismo levanto con un pisotón en el suelo. Fue tan poderoso que se sintió como un temblor.
Mientras nos limpiábamos el polvo de los ojos, nuestro defensor se acercó a nosotros y me levanto del suelo, sujetándome del brazo.
-Levántate, tenemos que perseguir a nuestro enemigo. - Me dijo el femboy espadachín. Tenia una voz suave y andrógina.
-Espera un momento. ¿Quién eres tu? ¿Quién era ese tipo que nos atacó? No entiendo lo que esta pasando.
El femboy me miro extrañado.
-¿No lo sabes? Tu eres mi master y yo, tu sirviente, soy un espíritu heroico. Me puedes llamar Saber. - Envaino su espada mientras decía esto. - Desde ahora somos parte del Ritual de la Luna Creciente donde combatiremos contra otros espíritus heroicos.
Yo estaba aun mas confundido.
-Ahora entiendo menos que antes. ¿Podrías explicarme esto desde el principio? - Ayude a Iori a levantarse del suelo, que aun seguía mirando a Saber con la boca abierta.
Saber miro en la dirección que desapareció el samurái negro y suspiró, ya no servía de nada perseguirlo, ya había escapado. Entonces se dio la vuelta.
-Bien, te explicare todo PERO mientras comemos. Ha pasado mucho tiempo desde que me invocaron y tengo hambre. Vamos, guíanos a tu casa.
-Ehh, claro, como quieras.
Fue entonces que nos dirigimos al departamento de mi primo y después de comer la cena, nos explico todo el asunto del Ritual.
Cuando termino de explicar solo podía pensar en una cosa... esto era demasiado para mi.









Perfecto, perfecto