Llego Florentino

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Sinopsis

Profundamente inspirado en el realismo magico, mi relato busca evocar la perdida y la pregunta del ¿Que hubiera sido de? desde una sombria fantasia que no busca el terror directamente

Genero:
Thriller
Autor/a:
Erv Oñt
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Página 1

I

En las primeras semanas de agosto en la iglesia de la parroquia de Sevilla marfil compartían una amarga noticia ignorada por los pobladores.

“Rosario Paloma la hija mayor del Paloma partió de este mundo la noche de ayer, en el hospital del pueblo de alado, su corazón no resistió más su propio peso y se fue con ella a las nueve, el funeral será mañana y el entierro pasado mañana, oración por su familia en este duro momento”.

La misa termino después del corte final de los ecos de guitarras llorosas y voces roncas cantando lamentos despaciosos, eran repartidas las últimas tazas de café y galletas acompañadas de cajas aun no abiertas de vasos y azúcar, pues a la Rosario su funeral hubo más sillas vacías que quienes vinieron a despedirse de ella.

En la esquina de la segunda fila de sillas ya con tres gentes, frente al ataúd estaba llorando Soledad Flor, preguntándose con los ojos cerrados por la hinchazón como siendo ella una de las pobladoras más viejas de la parroquia, quien crio a la ahora finada, su ahijada tenga que despedirse de ella, lamentándose a lado en una silla de plástico inestable por una pata rota, estaba Amancio su hermano igual de viejo

—Ya Sole, ella ya descansa, deja te busco aguita—

Con un delicado paso hasta la mesa del dispensador de agua, sus ojos cansados reconocieron viejo el cuaderno de cuentos de la familia tirado en el tacho de basura, que tenían escrito en el forro con marcador el nombre del hijo de Rosario.

—Sole ¿En dónde está Antonio? —

las lamentaciones quedaron en silencio al darse cuenta de lo que esa ausencia significaba, esforzándose en abrir los ojos legañosos agarro a su hermano de ambos hombros con sus manos pecosas

—¡Antonio! — — ¡Amancio Antonio juro quemar la casa carmín! —

corrieron a la salida con riesgo de caer hasta que un rostro emergió de la oscuridad de la noche frente a la puerta de la iglesia

—¡Antonio! — —¡¿porque te saliste?! —reclama Soledad secándose las lágrimas.

II

El joven de ojos verdosos cerraba con fuerza los labios y mantenía la mirada hacia su madrina con la expresión de querer huir de su cuerpo estático.

—Disculpen haber venido ya tarde, quería despedirme de Rosario, perdón Tonito, perdón Soleita y Amancio, soy yo Florentino—

Emergiendo más arriba de la nuca del joven vestido con una camisa de tela fría, una silueta que nadie de la parroquia reconocía, de aspecto fuerte y vestido de negro, pelo castaño hasta el cuello con una “mascara” tapándole la nariz y los ojos.

—Madrina ese muerto fue enviado por la casa — Antonio soltó los labios

y el eco de un puñete tumbo al piso a ese extraño.

La mayoría de invitados siguieron su camino sin interrupción, alejándose del eco de la discusión de los tres en plena noche, el más joven colapso contra el envejecido asfalto de la carretera principal adornada por luces amarillas y siluetas de casas coloniales, a pesar que le tiro con todo y prótesis facial, con gusto amarco al inconsciente colina abajo cubriéndolo con su gabardina de algodón, hacia una casa alta y atrás de esta una bajita de adobe cerca de los árboles.

El olor a café con agua de hierbas abrigaba la fría mesa con el cuaderno viejo en la mesa de sala de la casa carmín, la casa donde han vivido siempre la familia del finado Paloma.

—me llamo Florentino— pronuncio el señor. —Jeremías contaba historias sobre mí con Miguel y Claudia hace tantos años, cuando llego la noticia de que falleció Rosario, los dos quedaron en ir al entierro mañana, pido disculpas si suena imprudente, pero tambien me llego la noticia que vendían esta casa ¿es cierto? —

Soledad que poseía un paso más fuerte le dio una breve guía por ambos pisos de la casa, mientras admiraba las figuras talladas de la escalera de madera, las rusticas ventanas de madera despintadas y los ahora cuartitos vacíos, pues hace mucho que Rosario ya no vivía ahí y Antonio prefería dormir con sus padrinos Flor, en la vivienda de adobe y cemento.