Capítulo 1
Holaaa que tal?
Bueno como están viendo aquí hay un remake de este fic en el que estuve trabajando, mas elaborado, mejor escrito y muchas cosas mas. Bueno el espero que le guste mucho ya que estuve trabajando mucho tiempo en este fic y no se como quedara
Mantiene cosas del original como el hecho de que es Harem, pero el inicio, la trama y algunos personajes cambian con respecto al original así que espero y lo disfruten
Pd: En este fic estaré probando un nuevo formato de escritura
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El silencio reinaba en la vasta oficina celestial, una habitación iluminada solo por el tenue resplandor dorado que emanaba naturalmente de las paredes. Michael se quedó inmóvil frente a su escritorio, observando la última hoja del interminable papeleo que por fin había terminado. Era una tarea necesaria, una obligación como líder del Cielo... pero sin importar cuántos siglos pasaran, seguía siendo insoportablemente aburrida
Se recostó en su silla, dejando que sus alas se abrieran un poco mientras soltaba un largo y profundo suspiro que reverberó suavemente en el enorme recinto. Por un momento, solo se escuchó el eco sutil de su propia respiración. Paz. Tranquilidad. Soledad
Una soledad que nunca había pedido
De pronto, como si el silencio mismo lo invocara, un nombre emergió desde lo más profundo de su memoria
–“Adán...”La palabra salió cargada de una amargura que pocas veces se permitía mostrar; un peso emocional impropio del majestuoso líder del Cielo
Aquel nombre... aquel ser
Su hermano menor, El primer humano, El padre de la humanidad, El recipiente del poder de su Padre
Años, siglos, milenios habían pasado desde que Adán se marchó del Cielo. Y aun así, la ausencia seguía sintiéndose como una herida que nunca terminó de cerrar. El Cielo entero había cambiado desde su partida. Los ángeles lo extrañaban, el Edén quedó marcado por su ausencia, y él... Michael... había cargado con un vacío que jamás había confesado
Se enderezó apenas, sus dedos rozando la superficie del escritorio como si buscara anclar sus pensamientos. Los recuerdos, tan vívidos que casi parecían reales, comenzaron a invadirlo sin permiso. Vio flashes de un Adán pequeño, dando sus primeros pasos por el jardín celestial, con una sonrisa tan luminosa que incluso los ángeles veteranos se detenían a admirarlo. Vio su mirada curiosa, sus preguntas interminables, su inocencia pura
Y luego, inevitablemente, llegó ese recuerdo
El día en que Adán decidió irse del Edén con Eva
Michael cerró los ojos, su expresión endureciéndose con una mezcla compleja de tristeza, melancolía y frustración contenida
–“Aquel día... debí detenerte” Susurró, aunque sabía que no era verdad. Nunca habría levantado una mano para impedir las elecciones de su hermano. Jamás.
Recordó a Adán ya crecido, tomando la mano de Eva con una firmeza suave, una determinación imposible de quebrar. Recordó la conversación silenciosa, el intercambio de miradas que decía más que cualquier palabra. Adán ya no era el niño que cuidaban con esmero... era un ser completo, con voluntad propia, con responsabilidades que lo trascendían
Y él se fue, eligió caminar junto a Eva, enfrentar el dolor del mundo, vivir y morir como humano... aunque su destino final había sido otro
Michael apretó los puños con fuerza
Para Gabriel había sido igual de duro. A veces la encontraba mirando al horizonte del Cielo, con la misma expresión que él llevaba ahora. Ambos habían sido quienes más cerca estuvieron de Adán, quienes lo vieron crecer, reír, caerse, aprender, rebelarse y finalmente tomar su camino. Ese niño que alguna vez corrió por los prados celestiales ahora vagaba por la Tierra como un padre errante, un guardián silencioso que nunca regresó
–“¿Sigues caminando sin rumbo, hermano...?”Preguntó al aire, como si esperara una respuesta que jamás llegaría
La oficina, enorme y solemne, se sentía ahora demasiado vacía. Los papeles apilados ya no importaban. El silencio era pesado, casi sofocante. Michael se llevó una mano al rostro, masajeando suavemente el puente de su nariz mientras intentaba disipar la punzada en su pecho
El Cielo había cambiado. El mundo había cambiado. Pero el vacío que Adán dejó... ese permanecía exactamente igual
–“Si tan solo supiera por qué te fuiste realmente...”Murmuró con voz baja, llena de un anhelo antiguo
Aunque la respuesta, en el fondo, la conocía: Adán no pertenecía al Cielo. Nunca lo hizo, el pertenecía al mundo que debía guiar
Michael respiró profundamente, dejando que su aura se estabilizara
Aun así...Aun así lo extrañaba y no era el único
El Cielo entero esperaba, incluso ahora, que algún día el primer hijo regresara
Pero aun con su decisión aquella dolorosa elección de dejar ir a su hermano menor y respetar el camino que él mismo había elegido, Michael sabía que no podía permitirse realmente hacerlo. No del todo. No mientras el destino del Cielo dependiera, en esencia, de Adán
Porque Adán no era solo el primer humano
Erala última conexión viva con el poder de su Padre, la chispa final, el fragmento más puro y antiguo que quedaba de Él.
Y con cada día que pasaba, esa chispa… crecía
Michael bajó la mirada hacia sus propias manos, observando cómo un tenue halo dorado temblaba alrededor de sus dedos. Era un reflejo debilitado del poder que alguna vez dominó los cielos sin esfuerzo. Un recordatorio de lo que habían perdido. De lo que ya no podían recuperar
–“Su poder… no dejará de aumentar”
Murmuró con voz grave, casi resignada
Sabía que Adán no buscaba poder, ni gloria, ni tronos. Siempre había sido así: humilde, sincero, inocente en ciertos aspectos, pero sabio en otros que nadie más comprendía. Pero poco importaban sus intenciones cuando el mundo sobrenatural entero observaba su existencia como si fuera una joya imposible, un tesoro que podía definir el destino de todas las facciones
Michael cerró los ojos, dejando que esa verdad lo golpeara una vez más
Adán era alguien a quien no podía proteger… pero tampoco podía perder
El poder que residía en su interior era algo que escapaba incluso al entendimiento de los dioses actuales. No era magia. No era energía divina. No era un Sacred Gear, ni un concepto, ni un milagro. Era algo más viejo. Más profundo
Era el eco directo del Creador
Un poder tan antiguo como la existencia misma, un poder que, en su plenitud, podía torcer las leyes que regían el universo
Podía moldear la lógica
Reescribir los límites
Doblar la realidad al simple antojo de quien lo empuñara… si es que alguien pudiera controlarlo
Michael apretó los dientes, molesto por la idea
–“Si alguien llegara a tomar su poder… incluso el simple intento sería un desastre”
Los recuerdos de las facciones cruzaron su mente como un desfile incómodo. Demonios de alto rango, Ángeles Caídos ambiciosos, dioses exteriores que nunca habían aceptado la existencia del Creador… y aun aquellos seres independientes, como vampiros o youkai, que sabían que la balanza de su mundo podía romperse con un solo error
Todos lo sabían
Todos querían algo de él
Todos lo observaban a la distancia, esperando la oportunidad perfecta
Y el Cielo… el Cielo no era la excepción
Michael respiró hondo. Tuvo que admitirlo, aunque le doliera: “No podemos permitirnos perderlo… no otra vez”
Sin la presencia de Adán, sin ese fragmento vivo del poder divino, el Cielo seguía en pie únicamente por inercia
Las estructuras creadas por su Padre, los sistemas que mantenían el equilibrio angelical, las leyes que permitían el flujo de luz divina… todo eso dependía, en su núcleo más profundo, de la existencia de esa chispa original
De Adán
Un estremecimiento recorrió su espalda cuando se permitió contemplar la posibilidad de un mundo sin él,Un mundo donde esa chispa se apagara
El Cielo simplemente… colapsaría, no de inmediato, pero sí inevitablemente, se llevó una mano al pecho, donde sintió un leve tirón energético. El Cielo entero resonaba con la vida de Adán, lo sentía, siempre lo había sentido
Ese era el don (o la carga) de ser el líder de los ángeles
Y aunque su hermano se alejara cada vez más, aunque caminara sin rumbo por la Tierra como un trotamundos, aunque no quisiera carga alguna…Michael sabía que no podía mirar hacia otro lado, porque incluso ahora, mientras el mundo parecía estar en paz, mientras los conflictos entre facciones estaban en calma, mientras Adán disfrutaba de la brisa de un campo verde…El riesgo seguía siendo real
–“Te alejas de nosotros… y aun así eres lo único que sostiene este cielo.”
Su voz cargó una mezcla de tristeza y determinación
El silencio volvió a llenar la oficina, pero esta vez ya no era pacífico
Era tenso
Era pesado
Y era el preludio de algo que Michael ya comenzaba a sentir en lo más profundo de su ser
La paz no duraría, no cuando un poder como el de Adán continuara creciendo, no cuando tantas manos ansiosas esperaban la oportunidad de alcanzarlo
Y no cuando el Cielo, el Infierno y la Tierra dependían… de él
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La habitación de Gabriel, alguna vez un punto brillante dentro del Cielo, un lugar donde la luz parecía bailar incluso sin una fuente visible, ahora estaba envuelta en una sombra suave pero persistente. No era oscuridad literal pues en el Cielo tal cosa era prácticamente imposible, sino una oscuridad emocional. Una atmósfera pesada que parecía absorber la calidez que antes caracterizaba ese espacio
Las cortinas de luz divina que descendían desde el techo ya no brillaban con la misma intensidad. Los tonos dorados que usualmente iluminaban su habitación habían adoptado un matiz más pálido, débil, casi apagado. Como si incluso la luz extrañara a quien solía llenar ese lugar de risas y ternura
Gabriel estaba sentada al borde de su cama, las alas caídas a los lados, sin la gracia habitual que las mantenía extendidas y firmes. Su cabello, normalmente tan luminoso como el amanecer, colgaba un poco más bajo, como si la tristeza hubiera añadido peso a cada mechón. Su mirada estaba perdida, fija en un punto inexistente del suelo
El ambiente lo decía todo, era un espacio sin alegría, sin color, sin aquella vibración amorosa que siempre acompañaba a la Serafín y todo había comenzado el día que él se fue
Su Adán
Su bebé
Como siempre lo había llamado, incluso cuando él ya era un adulto perfectamente capaz y seguro de sí mismo
Ella inspiró lentamente, su pecho temblando apenas al recordar aquel momento. La imagen de Adán sosteniendo la mano de Eva se clavó en su memoria como una aguja helada. La partida que había cambiado el Cielo. La partida que había transformado su cálido refugio en esta habitación silenciosa, triste, rota. Sus labios temblaron un instante antes de abrirse
–“Eva… esa mujer…”
Murmuró con un tono que nunca antes se había escuchado en ella
No había odio en sus palabras… pero sí había resentimiento. Dolor. Una punzada de celos que jamás admitió en voz alta frente a sus hermanos. Para Gabriel, Eva había sido muchas cosas… pero sobre todo, había sido la usurpadora. La que llegó desde el Edén y capturó el corazón de su pequeño. La que lo alejó de sus brazos. La que se lo llevó lejos… demasiado lejos
Las manos de Gabriel se apretaron contra sus propias rodillas, arrugando un poco los pliegues de su túnica blanca
–“Te lo llevaste… nos lo quitaste a todos”
Su voz se quebró apenas, un susurro frágil
Recordaba cuando Adán era apenas un niño. Cuando ella lo cargaba con facilidad, cuando él reía y se aferraba a sus ropas con total confianza. Cuando lloraba y corría hacia ella buscando consuelo, cuando se dormía sobre su regazo sin preocupaciones. Cada uno de esos recuerdos golpeaba su pecho con fuerza, como si el tiempo insistiera en recordarle lo que había perdido. Sus ojos brillaron con lágrimas no derramadas.
Desde que Adán abandonó el Cielo, su habitación había perdido la vida. Aquellos dulces recuerdos que antes la hacían sonreír ahora la atormentaban con nostalgia. Era como si el Cielo entero hubiera absorbido su tristeza, reflejándola en cada rincón
El miedo también se había instalado allí, en el fondo de su corazón. Un miedo silencioso, oculto pero constante
El miedo de que Adán, su pequeño, estuviera solo
El miedo de que su poder creciera demasiado y lo lastimara
El miedo de que las facciones lo encontraran primero
El miedo… de que nunca regresara
El viento ligero si es que podía llamarse viento a esa brisa celestial rozó su mejilla, como si intentara consolarla. Ella cerró los ojos y apretó los labios con fuerza
–“Adán… mi dulce niño… ¿Dónde estás ahora?”
El eco de su pregunta se perdió en la habitación, sin respuesta
Gabriel recostó la frente contra sus manos, dejando que sus alas temblaran un poco. Nunca había deseado lastimar a Eva, ni odiarla. No era propia de ella esa emoción… pero la soledad, la pérdida, la nostalgia… habían envenenado algo dentro de su pecho
Ella amaba a Adán con un cariño puro, casi maternal. Y su partida la había arrancado de raíz
Ahora solo quedaba el vacío
El recuerdo
La incertidumbre
Y un deseo profundo mudo, reprimido de verlo regresar algún día a esa habitación que una vez estuvo llena de luz
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Naruto abrió los ojos lentamente, una expresión calmada reposando sobre su rostro mientras las nubes blancas se deslizaban en el cielo. Se incorporó con serenidad, apoyando una mano en la hierba suave que se movía al compás del viento
– “¿Cuánto tiempo dormí?” Se preguntó, su voz apenas un murmullo que se perdió entre el susurro del campo
Adán, como había sido llamado durante siglos antes de tomar su nuevo nombre, dejó que su mirada recorriera el enorme campo verde que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. El viento golpeó suavemente su piel, cargado de vida, de olor a tierra y libertad. Era... gratificante. Más de lo que él admitiría en voz alta
Se puso de pie con lentitud, casi con solemnidad. Su figura se mantuvo firme mientras alzaba la vista hacia el cielo azul y eterno que se desplegaba sobre él. Una sonrisa suave apareció en sus labios, cálida, casi nostálgica
– “Ya han pasado cientos de años, Eva... ellos progresan bien...”Murmuró, hablando hacia el horizonte como si su voz pudiera cruzar el tiempo mismo
Sus “hijos”, aquellos descendientes lejanos que habían heredado su voluntad y su fortaleza, habían avanzado más en los últimos años de lo que él hubiera imaginado. Y eso lo llenaba de un orgullo silencioso
Sin mucha prisa, Naruto comenzó a caminar, dejando que sus pasos se hundieran suavemente en la hierba fresca. No tenía un rumbo fijo. No lo había tenido desde hacía siglos. Su vida, una vez definida por batallas épicas, destinos inevitables y un propósito claro, había tomado el giro opuesto: el de un trotamundos sin mapas ni obligaciones, un espíritu libre que recorría el mundo simplemente por el placer de observar cómo sus hijos (la humanidad) crecían, aprendían, y daban forma al futuro
Desde la Gran Guerra entre las facciones, esa había sido su rutina... o su forma de paz. Un equilibrio extraño para alguien como él, que en vida había sido forjado en combate y tragedias. Ahora, en cambio, se permitía disfrutar del viento jugando con su cabello, del susurro de los árboles, del murmullo lejano de un río que corría sin preocuparse por nada más que fluir
Sus pies avanzaban a un ritmo lento, despreocupado, como si cada paso buscara saborear el mundo que algún día él había ayudado a iniciar. Y aun así, una sombra de ironía cruzó su sonrisa
–“Aunque con mi suerte... esto no durará mucho” Comentó, sin dramatismo, solo con esa aceptación suave de quien ya conoce demasiado bien el curso impredecible de su destino
Siguió caminando, permitiendo que la luz del sol bañara sus hombros. El cielo estaba despejado, una enorme cúpula azul que parecía acogerlo como un viejo amigo. A lo lejos, el canto de algunas aves rompía la quietud del paisaje, y Naruto levantó la vista para seguir su vuelo
Cada día, el mundo cambiaba un poco más. Las facciones (ángeles, demonios, fallen, youkais, vampiros y muchos mas) habían entrado en una era más estable desde la Gran Guerra, pero él sabía que la paz en ese mundo nunca era algo garantizado. Su intuición, su instinto, su propia historia... todo le decía que algo eventualmente volvería a perturbar el equilibrio
Y aun así, no era algo que lo preocupara realmente
–“Estoy cansado de luchar... pero si mis hijos me necesitan, siempre responderé” Sus palabras fueron suaves, casi un pensamiento en voz alta que se desvaneció entre la brisa
Siguió avanzando. El terreno empezó a elevarse, transformándose en pequeñas colinas desde las cuales podía verse el valle extendiéndose como un manto verde infinito. Naruto se detuvo un momento en la cima de una de ellas, observando cómo el viento hacía ondular la hierba, creando pequeñas olas que parecían saludarlo a su paso.
Ahí, por un instante, una sensación de nostalgia lo envolvió. No tristeza... sino ese tipo de melancolía cálida que solo se siente al recordar algo demasiado valioso.
“Eva... ojalá hubieras visto lo lejos que han llegado” Murmuró con serenidad
El mundo avanzaba, crecía, se equivocaba, aprendía. Y él estaba allí, no como un dios, no como un líder, sino como un padre silencioso que caminaba entre las sombras de la historia, sin pedir nada a cambio
De nuevo retomó su marcha, permitiendo que el camino lo guiara. No importaba a dónde lo llevara. Tal vez a una ciudad moderna llena de luces y tecnología, tal vez a una aldea pequeña donde la vida aún se movía con calma, o tal vez... a otro conflicto inevitable
Porque, al final de todo, Naruto ya conocía demasiado bien la verdad de su existencia
La paz podía ser larga, pero nunca eterna
Y en algún punto, algo una chispa, un desequilibrio, un evento inesperado volvería a necesitar de él
Pero por ahora...solo caminaba, sin prisa, sin destino y sin cargas...por ahora
Solo él, el viento... y el mundo que había estado observando durante cientos de años








