Raspberry crush (En proceso) (LGBT+ 🌈)

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Sinopsis

Oz es el tercero en discordia. El personaje que no acabará con la protagonista porque es rubio, tiene ojos verdes y una personalidad similar a la de un golden retriever. Cuando recibe una flecha que iba dirigida a la protagonista, decide que está harto. Va a estropear la historia todo lo que pueda. Hora de romper las reglas. Contenido LGBT+ (Portada provisional dibujada con menos horas de sueño que un mapache hasta el culo de cafeína, sé que está torcido, por favor, piedad.)

Genero:
Humor
Autor/a:
LadyBerrybell
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo uno: La protagonista se puede ir a la m*erda.

Oz estaba sentado en el banco más alejado del palacio, dando de comer a las palomas blancas que por alguna estúpida razón siempre aparecían cuando La Protagonista entraba en escena.

Te preguntarás cómo es que Oz se percató de que estaba dentro de una historia. Bueno, esto no fue difícil. Si bien tuvo una infancia llena de mimos por parte de sus padres, en cuanto cumplió los quince empezó a notar que algunas cosas no terminaban de encajar.

El mundo, por ejemplo. Oz no podía salir de su reino. Cabalgó a la frontera en una de sus escapadas, solo para comprobar que una barrera invisible no le dejaba avanzar. Las montañas que se alzaban más allá apenas tenían nitidez.

Los libros que había en la biblioteca eran antiguos como la vida misma, pero estaban casi todos en blanco y solo contenían palabras aquellos que mencionaban cosas relacionadas con los devenires de la supuesta profecía. ¿La profecía? Oz no la había escuchado todavía.

A veces, la gente de la calle perdía el rumbo o no llegaba a tener las expresiones faciales bien detalladas.

Por no hablar de los eventos obligatorios. No importa dónde se encontrara; si él debía aparecer en escena, se vería transportado a ese lugar y en la posición correcta. Algunas de sus palabras no seguían su línea de pensamiento.

En resumidas cuentas, una mierda.

Se levantó, estirando los brazos hacia arriba y con pocas ganas de ver a la muchacha joven, delicada, diminuta y supuestamente inteligente que era La Protagonista.

«Ahí vamos de nuevo», pensó Oz.

Las palomas alzaron el vuelo y sus plumas blancas cayeron revoloteando cuando Oz se vio forzado a caminar hacia la muchacha.

Tenía el pelo castaño con un mechón de tono rosa pálido en su lado derecho y le caía ondulado hasta su vientre. Vestía el uniforme de caballero de la corte, aunque tenía un aspecto ajado. Para dar pena, claro.

La Protagonista se secó las lágrimas al verlo.

«Solo llora delante de mí. Bien podría pagarme por aguantarla», pensó. Su mano se movió de forma involuntaria y le quitó una pluma de la cabeza.

—¿Un mal día? —dijo Oz. Aquel diálogo parecía tener un margen de voluntad, pero estaba seguro de que si intentaba insultarla, las palabras no llegarían a sus labios.

Ella lanzó una leve sonrisa. Era demasiado guapa. Brillaba. Espera. ¿Había un rayo de sol saliendo de entre las nubes solo para iluminar a esta tipa?

—No, me he caído en el entrenamiento matutino —mintió La Protagonista. Oz sabía que a la capitana Alice Zestir no le gustaba que La Protagonista fuera cercana al Duque del Norte.

El Duque del Norte, conocido como Reiner y a quien Oz había apodado en su mente como: Maromo tatuado. Se supone que los tatuajes que cubrían su cuello y espalda eran sagrados, pero Oz opinaba que solo estaban ahí por estética.

Las comisuras de Oz se elevaron en una leve y dulce sonrisa. En verdad, él no quería sonreír; estaba ansioso porque terminase este evento canónico.

—No tienes que mentirme, Lily —dijo Oz mientras pensaba en los chocolates que había dejado en la repisa de la ventana. Se iban a derretir—. Te conozco lo suficiente como para saber que te han hecho daño. No lloras por cualquier cosa. ¿Recuerdas cuando subimos a dejar a aquel polluelo en el árbol?

«¿Qué tendrá que ver lo del polluelo con nada de lo que está pasando? Ni siquiera me acuerdo de esa mierda», pensó.

La Protagonista se contagió con la sonrisa de Oz.

—Sí, te caíste y creí que habías muerto.

—Fue la única vez que te vi llorar. Hasta ahora. Dime, ¿qué te han hecho?

Posó con delicadeza dos dedos en el mentón de Lily y la obligó a mirarlo.

—Reiner… —musitó ella.

Al final, todo se resumía en Maromo Tatuado siendo borde.

—Me ha dejado claro que me odia —continuó hablando—. Sé que no pertenezco a este lugar, pero sigo queriendo proteger al reino. Adoro Kalestre.

Oz se había preguntado cómo es que el rey de Kalestre permitía que cualquiera entrara en la guardia real. Llegó a la conclusión de que eso estaba en blanco, como las páginas de los libros de la biblioteca. Se suponía que los siete jinetes de dragón nacían dentro de las grandes casas. Se suponía que él tendría que haber sido uno. Pero la muchacha que su padre adoptó por lástima resultó ser la elegida.

Dejó caer la mano, liberado al fin del guion predeterminado.

—No le hace gracia que su dragón me obedezca —dijo La Protagonista tras un leve suspiro.

«Lo que yo me pregunto es cómo un dragón inteligente y que dota de magia arcana se dedica a obedecer a un simple humano, pero no estamos preparados para esta conversación.»

Cruzó los brazos sobre su amplio pecho. Le resultaba extraño tener los músculos siempre perfectos, por mucho que se dedicara a tumbarse al sol. Era aún más raro que Lily tuviera unas tetas enormes y que se mantuvieran en su sitio sin necesidad de ponerse ropa interior. ¿Acaso no le dolían cuando botaban al correr? Oz sacudió la cabeza esquivando sus pensamientos.

—No permitas que sus malas palabras te dejen así.

Ella le tomó el brazo. Sintió el chispeo que producía su tacto y arrugó el ceño. Caminaron en silencio un buen rato, disfrutando del sol y los jardines.

—¿Te gusta Reiner? —preguntó Oz a pesar de que no le interesaba la respuesta. Sus labios volvían a moverse por su cuenta y riesgo. Vio cómo el rosa tiñó las mejillas de La Protagonista mientras negaba con la cabeza—. Entiendo.

Lily se separó con brusquedad.

—No me gusta. ¿Cómo va a gustarme alguien que me insulta de las formas más retorcidas que encuentra? Ni siquiera le importa que Alice me torture.

—Y, aun así, te gusta. —Esta era sin duda la conversación más absurda que había tenido Oz desde que se había percatado de que su mundo no era más que una historia mal escrita—. Lily, yo…

Antes de que La Protagonista pudiera responder, el tañido de la campana resonó por todo el palacio.

Lily se puso en guardia; llevó la mano a la cintura en la que pendía su espada.

—Nos atacan —apremió ella—. Ponte a cubierto.

Salió corriendo, rauda como el viento. Oz soltó un suspiro. Estos ataques fortuitos por parte del reino oscuro de Weiss siempre terminaban con Tatuado y Protagonista enredados en alguna situación que obligaba a sus cuerpos a tocarse.

Caminó hacia el interior del palacio. Este estaba hecho de una piedra blanca y lisa, con arcos por todos lados y columnas sin venir a cuento en sitios que carecían de sentido.

El interior estaba vacío. No es que hubiera mucho personal, para empezar. A veces, los sirvientes aparecían de la nada para hacer lo que debían y se desvanecían antes de que Oz pudiera pedirles algo.

Su familia lo había enviado a Zarza con la idea de que estudiara magia con el mejor mago del reino, Finn, ya que no tenía la habilidad para ser un jinete de dragón.

Así que subió con cansancio las escaleras que llevaban a lo alto de la torre de Alquimia. Sí, le llamaban torre de Alquimia, pero allí solo se hacía magia. Un sinsentido más.

Entró por las puertas dobles y apartó con el pie el desastre de papeles que había en el suelo.

La torre era lo único que le parecía real. Como si la magia de Finn, de algún modo, hubiese arreglado un poco la trama. O quizás era el hecho de que llevaba vivo ciento sesenta y dos años.

Se acercó a la ventana circular en la que había dejado los chocolates y miró hacia la contienda que se desarrollaba abajo.

—Tenéis dragones. ¡Usad a los dragones, por todos los dioses! —se carcajeó Oz, sentándose en el mullido sofá.

Solo que su culo no llegó al sofá. El humo escoció sus ojos y un dolor lacerante le atravesó la espalda. Cayó hacia delante sobre Lily, en mitad del campo de batalla.