Personalizar legibilidad
Aa

¡Por los calzones del príncipe!

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

¿Qué pasa cuando el corazón se rompe... y alguien aparece demasiado pronto para volver a creer? Isabelle no está buscando amor. Mucho menos problemas. Acaba de salir de una relación que dejó grietas profundas y lo único que desea es tranquilidad, salir de la rutina y un poco de paz. Pero la vida -y la Navidad- tienen otros planes. Entre mañanas frías, chocolate caliente, árboles navideños y planes improvisados con amigas, alguien aparece sin avisar: encantador, insistente, misterioso... y demasiado convincente para ser ignorado. Isabelle no confía en las promesas, ni en los hombres que parecen demasiado perfectos. Aun así, algo en él insiste en quedarse. Y como si eso no fuera suficiente, una noche deja algo más que recuerdos confusos: unos calzones masculinos, peculiares y difíciles de ignorar, aparecen misteriosamente bajo la cama de Isabelle, desatando preguntas, risas incómodas y una curiosidad que no logra apartar. Mientras la ciudad se llena de luces, secretos comienzan a asomarse. Un príncipe ausente, discursos que no dan la cara, mentiras cuidadosamente maquilladas y deseos escritos en pequeños papeles que quizás no sean tan irreales como parecen. Porque no todos los deseos llegan solos. Algunos llegan con compañía. Y otros... también llegan con la verdad. Una historia romántica con humor, tensión emocional y espíritu navideño, perfecta para quienes creen en las segundas oportunidades, pero saben que sanar el corazón no siempre es sencillo.

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
H. Solis
Estado:
Completado
Capítulos:
16
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

CAPÍTULO 1. Los calzones

ISABELLE

—¡Despedida de soltera!

El flash del celular me ciega por unos segundos antes de que las luces parpadeantes de la discoteca vuelvan a golpearme los ojos. El ambiente vibra, lleno de risas y gritos emocionados. Las chicas bailan en la pista, formando un pequeño círculo que gira y grita sin parar. Dina levanta una botella de licor y la agita con energía, como si estuviera bendiciendo la noche. Luego la acerca a su boca y bebe sin pensarlo, tragando todo lo que cae. Me agarra la mano y me arrastra hacia el centro, empujándome hasta quedar frente a ella. Me empuja la botella hacia los labios para que beba, así que se la arrebato, la inclino y dejo que el alcohol caiga en mi boca sin detenerme.

Alguien me quita la botella, y parpadeo para ver a Irina bebiendo un sorbo largo y orgulloso. Me río, disfrutando del momento. Es la despedida de soltera de Dina; se casa en dos días con Mikkel, y está decidida a vivir esta noche como si fuera la última. Y nosotras, por supuesto, la acompañamos. Cada quien celebra algo distinto, pero al final todas terminamos aquí, bailando, riendo y bebiendo lo que sea que llegue a nuestras manos.

Hace demasiado tiempo que no me divertía así. El trabajo me tenía atrapada, drenada y malhumorada, pero hoy, finalmente, renuncié. Se lo digo al universo, a las luces de la discoteca y al mundo entero: no tendré que volver a ver a mi jefe horrible. Ese hombre es un gruñón malhumorado y desagradable. Solo pensar en él me amarga la noche, pero en cuanto recuerdo que ya no debo soportarlo, una sensación deliciosa me recorre. Por fin me libero.

Llevaba meses queriendo renunciar, pero cuando hoy le pedí permiso para salir unas horas antes y se negó con su cara arrugada y su tono de ogro, terminé de decidirme. Trabajar en un restaurante, por pequeño que sea, me deja agotada. Mis turnos empiezan muy temprano en la mañana y terminan casi a medianoche; siempre quedo encargada de limpiar absolutamente todo antes de irme a casa. Me pregunto en qué momento pensé que era buena idea trabajar en un restaurante, cuando tengo un título profesional que podría estar usando en otro lugar, en cualquier otro lugar.

Aun así, sé que debo buscar trabajo pronto. El próximo mes toca pagar el arriendo y también mis pequeños caprichos.

Y, además de mi renuncia, tengo otro motivo para celebrar: por fin me deshice de mi exnovio infiel. Jair. Solo pensar en su nombre me da rabia. Ese idiota tuvo el descaro de arrodillarse con un anillo después de mantener una relación oculta con mi prima durante dos años. Dos años. Jair y yo llevábamos cinco juntos, y él decidió arruinarlo todo. Y quién sabe con cuántas más estuvo antes de ella. Cuando intentó proponerme matrimonio, aproveché para escupirle en la cara todo lo que sabía, cada mentira, cada traición.

Fue su madre quien me lo contó todo. Esa señora es lo más parecido a una madre para mí desde que me mudé lejos de mis padres y hermanos. La quiero, aunque haya traído al mundo a esa desgracia de hombre. Ella lo crió, pero yo ya no pienso cargar con él. Y no pienso volver con él jamás.

—Mira hacia allá.

Sigo la mirada de Krisha, curiosa, y levanto las cejas cuando veo al hombre que señala. ¿Castaño? ¿Pelirrojo? No lo sé bien, pero su atractivo es imposible de ignorar. Sonrío de lado, mordiéndome el labio. ¿Cómo no mirarlo? ¿Cuánto tiempo lleva aquí? No lo había notado antes. Suelto una risita.

—Es muy guapo —admito, volviendo hacia Krisha.

Ella asiente y me guiña un ojo.

—Actúas tú o actúo yo —dice entre risitas.

Niego con una sonrisa y vuelvo a bailar, dejándome llevar por la música mientras fijo mis ojos en el hombre que sostiene un vaso y ríe con otros. Incluso con la luz mínima puedo leer su actitud: seguridad, ego, descaro. Todo en él grita “problema”.

De pronto, alguien choca conmigo y vuelvo la cabeza. La bebida de una chica cae sobre mi vestido azul, empapándolo por completo en la parte delantera. Gruño al sentir el líquido frío resbalar.

—¡Oh, lo siento! —exclama ella, intentando secarme con las manos.

—No te preocupes —le digo por encima de la música, fingiendo calma.

Mis amigas me miran con expectativa, esperando que reaccione, pero saben que no soy conflictiva. Soy tranquila, torpe y demasiado consciente de que no quiero armar un espectáculo aquí, y menos cuando el hombre atractivo está cerca. Así que me alejo hacia las escaleras para ir al segundo piso, donde están los baños. Refunfuño mientras esquivo cuerpos sudorosos y atravieso el pasillo vibrante.

Entro al baño y me encuentro con un par de chicas ebrias que salen riendo a carcajadas. Estoy ebria, sí, pero no tanto como para perderme. La música suena más lejana aquí, amortiguada por las paredes. Me acerco al espejo, tomo unas toallitas del dispensador, las humedezco y paso una por mi cuello y pecho. Intento limpiar el vestido, preocupada por la mancha que se expande. Bufo, resignada.

Mi celular vibra. Lo saco y hago una mueca al ver el nombre en la pantalla.

Jair: De verdad, perdóname, cariño. Te juro que no era mi intención.

Ridículo. Patético.

Isabelle: Son las 3 de la mañana. Deja de joderme, imbécil.

Guardo el celular de inmediato. No entiende. No habrá nada nunca más. Me engañó con mi prima; tengo dignidad.

Retoco mi maquillaje y reaplico labial mientras observo mi reflejo cansado pero decidido. Entonces la puerta del baño se abre y aparece el tipo pelirrojo de abajo. Se detiene al verme y abre los ojos, sorprendido.

—Oh, lo siento… me equivoqué de baño —dice con una risa apenada.

—No te preocupes —respondo con una sonrisa suave.

Se gira para irse, pero lo detengo.

—Espera.

Se queda bajo el umbral, sosteniendo la puerta. La música entra como una ola pesada.

—¿Pasa algo? —pregunta.

“Actúas tú o actúo yo”.

Levanto el rostro, intentando ser seductora. Sus ojos me analizan, expectantes. Me acerco, respirando su aroma a colonia fina mezclada con alcohol. Es tan alto que debo levantar exageradamente la mirada para ver sus ojos azules, profundos e intensos. Me humedezco los labios.

—Soy Isabelle —digo, extendiendo la mano.

—Yo soy Fernando —responde.

Y ahí se rompe toda mi fantasía. Jair ya me parecía feo, pero este… este tiene un nombre aún peor. Un nombre imposible de gemir. No me imagino diciendo “dámelo todo, Fernando”. Solo pensarlo me da risa interna. Sacudo esos pensamientos y vuelvo a enfocarme en su atractivo.

—¿Quieres que te muestre dónde está el baño de hombres? —sugiero con interés. Él intenta hablar, pero lo interrumpo—. O podemos… usar este.

Él arquea una ceja y se echa hacia atrás. Aprieto los labios. Me mira raro, frunce un poco el ceño y suelta una risa corta antes de salir al pasillo.

—Bien, iré a buscar el baño de hombres. ¡Hasta luego!

Cierro el puño discretamente al verlo alejarse y desaparecer detrás de una puerta. Tal vez me pasé un poco de tragos. Bajo las escaleras y vuelvo con mis amigas. Otra vez la música, la pista, el sudor, las risas. Bailo con ellas, canto, salto, bebo sin pensar. Intento borrar el pequeño golpe al ego que ese hombre me dejó y decido que lo mejor es beber como si mañana no existiera.

El mareo llega, ligero al principio. El alcohol empieza a hacer su magia, llenándome de una euforia cálida. Grito, liberando algo dentro de mí que necesitaba salir desde hace tiempo.

Esta noche, prometo disfrutar mi soltería. Mi desempleo. Y mi libertad.

***

Abro los ojos con un gruñido y aparto la almohada, soltando un resoplido cansado. La luz del día entra sin piedad por la pequeña ventana y me golpea directo en los ojos. Me arden las sienes con cada latido, y el estómago me da vueltas. ¡Por Dios! No debí beber tanto anoche. Si todavía viviera bajo el techo de mis padres, estoy segura de que mi madre me habría dado un sermón de esos que dejan marca en el alma.

El sonido de mi celular me obliga a incorporarme bruscamente. Me enredo con las sábanas como si quisiera destruirme a propósito. Extiendo el brazo hacia el escritorio, donde está mi teléfono, junto a la laptop y varias envolturas de comida. Contesto la llamada sin mirar siquiera quién es.

—¿Hola? —bostezo con toda la pereza del mundo.

—¡Buenos días, Belle! —saluda mi hermano Roy desde el otro lado, rebosante de energía.

—¿Todo bien? —murmuro, masajeándome la cara.

Voy hacia el baño y me observo en el espejo. Hago una mueca. Tengo el maquillaje completamente corrido y el cabello convertido en un nido de pájaros. Llevo puesta una bata simple… y nada más debajo. Genial.

—Sí, claro —contesta Roy, aunque lo escucho pensativo. Quiere decirme algo.

—¿Pasa algo? —pregunto, regresando a la habitación.

El desastre es casi artístico. Busco mis bragas por todos lados para tirarlas al cesto de la ropa sucia, aunque puede que ya estén ahí. Me inclino para mirar debajo de la cama y encuentro lo que parecen ser las bragas que usé anoche.

—Quería saber si puedes darnos un poco de espacio en…

—¡Ah! ¡Unos calzones! —exclamo al encontrarlos, dejándolos caer.

—¿Qué?

—¡Nada! —digo rápido, apartándolos con el pie como si fueran radioactivos.

—¿Entonces aceptas?

—¡Sí, sí! —respondo distraída, analizando los calzones.

Tiene coronas estampadas. Demasiado extravagantes. Y extraños. Con un lápiz los levanto como si fueran una evidencia criminal y los dejo caer dentro del cesto de la ropa sucia. ¿Quién demonios usaría algo así?

—Perfecto. Nos vemos en dos semanas.

Cuelga. Dejo el celular sobre la cama y me quedo mirando al vacío. ¿De quién son esos calzones? Le doy vueltas a la idea, pero no logro recordar nada. Recorro el departamento con la mirada, buscando pistas, pero no hay absolutamente nada que me ayude a reconstruir la noche.

No estoy segura de haberme acostado con alguien. Mi cuerpo se siente normal. Si hubiera estado con alguien, podría percibirlo. Además no veo… fluidos corporales extraños sobre mi cama o en algún lugar del resto de la habitación.

Cubro mi boca y suelto un chillido. Me meto a la ducha y dejo que el agua me despierte mientras intento arañar algún recuerdo que mi cerebro borra con maldad. Cuando salgo, abro el armario y elijo un vestido sencillo, me lo pongo sin secarme el cabello. Me calzo unas sandalias bajas y voy a la cocina sin detenerme a pensar demasiado. No tengo tiempo para mi ritual habitual. Bufé al ver cojines tirados por el suelo.

Abro los gabinetes y preparo cereal. Como de pie, apoyada en el mesón. Sin embargo, me siento un poco asqueada al pensar que alguien estuvo en mi casa anoche y que, además de ver todo este desastre, hicimos cosas. Dejo el cereal a la mitad.

Recojo los cojines, agarro mi bolso, mi celular y salgo del departamento desordenado y sin color. Bajo las escaleras y me cruzo con un vecino. Me sonríe y le devuelvo el gesto. Bajar y subir cinco pisos sin ascensor es una tortura diaria. El edificio es viejo, sucio y se cae a pedazos, pero es lo que puedo pagar sin quedarme sin cenar. Mis amigas tienen mejores lugares, ya sea porque sus trabajos son buenos o porque sus novios tienen más dinero que sentido común. Jair era igual de pobre que yo. Y encima me engañó. Algunas amigas me han ofrecido un cuarto, pero nunca acepto. No quiero incomodar.

Tomo un taxi y doy la dirección. Mientras avanzamos, noto la diferencia hiriente entre las zonas ricas y pobres. Yo, claramente, habito en la zona equivocada. Al llegar a la casa de Krisha, pago y camino hacia la puerta. Golpeo suavemente y oigo pasos. La puerta se abre y un tipo sin camisa me recibe como si fuese lo más normal del mundo.

—¡Oh! Lo siento —me tapo los ojos de inmediato y doy la vuelta—. Vuelvo luego.

—¡No! ¡Nena, vuelve! —grita Krisha desde adentro— ¡Y tú, largo! Ve a vestirte y vete a donde vivas.

Me giro y la veo ajustándose el pantalón de pijama. Se hace a un lado para que entre y paso a su acogedora casa. Está un poco desordenada, pero comparada con la mía es un paraíso moderno y cálido. Tiene chimenea y luces suaves. Quisiera una casa así.

—Ya me voy, hermosa. Dejé mi número en tu escritorio —dice el tipo, ahora más vestido.

Krisha le abre la puerta y él se marcha guiñándola. Ella me mira avergonzada y me empuja suavemente hacia la cocina.

—¿Desayunaste? —pregunta abriendo la nevera.

—Un poco —admito, mintiendo a medias.

Me mira con reproche. Siento un poco de vergüenza por recibirle comida. Me siento como una limosnera.

—¿Tienes hambre?

—Bueno… sí.

—Siéntate. Haré huevos revueltos, tostadas y jugo. —me sonríe.

Me ubico en uno de los banquillos de la cocina, jugueteando con mis dedos. Trago saliva.

—Oye, Kris… —murmuro— ¿sabes si volví con alguien anoche?

Ella se queda congelada un segundo.

—¿Volviste con alguien?

—Encontré algo bajo mi cama —confieso, incómoda—. Por el desastre sé que no estuve sola. ¿Viste a alguien?

—¡Ah, sí! —recuerda de golpe— Saliste con un hombre.

—¿Lo recuerdas? —me acerco.

—Belle, bebimos como degeneradas. Pero te ayudaré a averiguarlo… después de la boda.

—¡¿Después?! —me quejo, exasperada.

—Come las tostadas —me dice, poniéndolas frente a mí—. ¿Qué encontraste?

Me muerdo el labio. Es humillante decir que estuve con un tipo que usa calzones estampados con coronas.

—Había unos calzones —no digo el resto.

—¿Unos calzones? —se gira— ¿Segura?

—¡Tenían coronas! —grito, y ella estalla en carcajadas. Yo también—. No puedo creerlo.

—Pensé que te gustaban más rudos —ríe.

—¡Por Dios! Encontrarlos fue… peculiar.

—Bueno, al menos este sí se llevó los suyos —bromea sobre el chico con el que ella durmió anoche.

En realidad yo no suelo hacer ese tipo de cosas… Acabo de terminar una relación. Nunca hago algo como eso.

—¿Cómo se llama?

—Ni idea —dice, sirviéndome los huevos.

Nos quedamos viendo un programa de chismes en la TV pequeña de la cocina. En ese show suelen criticar a todas las estrellas de televisión.

—Si yo fuera una de esas famosas, estaría llorando en mi mansión —digo riendo mientras como el desayuno con calma.

—¡Oh! —exclama de repente—. ¿Has visto al príncipe?

—¿De España?

—No, tonta. ¡El príncipe Jacob!

—Nadie lo conoce. ¿Qué dices?

—Dicen que su madre está enferma y él tomará el trono, pero necesita esposa. Y es un mujeriego. Aunque oí que lo casarían con alguien más de la realeza.

—¿Y tú cómo sabes eso?

Ella me fulmina.

—Belle, te compraré una televisión, lo juro.

Río mientras la escucho.

—Dicen que es rubio, alto y de ojos verdes. Un galán. Si lo encuentro, me caso.

—Claro, ya estás cerca de los treinta —la molesto, sabiendo que los treinta son un número aterrador para ella.

—¡No lo digas! —se lamenta—. Seré soltera por siempre. Ni siquiera tengo una relación estable con alguien.

Algunos minutos después, vamos a su habitación. La veo lanzar ropa desde su armario.

—¿Vas a botar esto?

—Ya no me queda —dice.

Recojo la ropa; está casi nueva. Incluso algunas tienen las etiquetas todavía. De todas formas, noto que Krisha tiene muy buen estilo. Me encanta esta ropa.

—Tal vez use algo para la boda —susurro. Tomo carteras e incluso zapatos que ella me regala—. Oye… ¿sabes de algún empleo?

Ella reflexiona.

Yo pienso en lo arruinada que está mi vida: sin trabajo estable, engañada por mi ex y mi prima, departamento horrible, recogiendo ropa ajena. Y todo justo antes de diciembre.

—Puedo hablar con mi jefe. Dame tu hoja de vida —dice—. Seguro te acepta.

Sonrío.

—¡Bien!

***

Sollozo mientras veo a mi amiga avanzar con un hermoso ramo de flores hasta quedar frente a su futuro esposo. ¡Ay, qué emotivo! Limpio mis lágrimas con cuidado, temiendo arruinar mi maquillaje. Krisha y Sophie me abrazan al notar que estoy a punto de romper en llanto. Susan me observa con diversión y un toque de ternura. Suspiro temblorosamente, intentando recuperar la compostura. Irina me dedica una sonrisa alentadora.

Cuando la boda termina, los novios salen del lugar radiantes. Sonrío al verlos subir al auto y alejarse. Me alegra verlos felices, pero un nudo amargo aparece en mi pecho al recordar que Jair me engañó.

También quisiera casarme algún día, aunque empiezo a sospechar que las relaciones no fueron hechas para mí.

Mi primer novio, a los catorce, me dejó por no querer acostarme con él; a los dieciséis, otro me dejó porque yo solo había sido una apuesta; y con Jair… cinco años desperdiciados por nada.

Aún me cuesta creer que ese idiota me engañara con mi prima. Y ella, otra cínica. Ni siquiera se disculpó; simplemente huyó al pueblo.

Krisha roza mi brazo y me sonríe.

—¿Todo bien, Belle? —susurra.

—Sí… eso creo —respondo, bajando la voz. Ella aparta un mechón de mi cabello.

—Belle, cariño… sé que sigues afectada —su mano cálida pasa por mi mejilla húmeda y yo bajo la mirada, avergonzada—. Jair fue un idiota. No te obligues a ser fuerte todo el tiempo, preciosa. Deja que salga, ¿sí? —me sonríe con cariño y me sacude suavemente—. ¡Ánimo!

—¡Chicas! ¿Qué esperan? ¡Vamos! —Sophie grita desde el fondo—. ¡La fiesta nos espera!

—Vamos ya. Sophie, Irina y Susan nos esperan —Krisha entrelaza su brazo con el mío y caminamos hacia el carro de Sophie, donde nos subimos todas antes de dirigirnos a la fiesta.

Cantamos a coro, gritando la letra con la música a todo volumen. Río escuchando sus voces desafinadas y sus imitaciones exageradas. Me siento ligera, feliz de estar con ellas.

Llegamos al lugar de la fiesta y las chicas entran bailando, haciendo ruido como si fueran parte del espectáculo. Me río al verlas aplaudir. Me uno al baile ridículo y grito con ellas hasta llegar a nuestra mesa. Un poco después entran los novios tomados de la mano. Susan me pasa una copa de champaña; le doy un buen trago, sintiendo el líquido bajar por mi garganta. Los novios bailan el vals, mientras todos guardan silencio… excepto Irina y Sophie.

—Y entonces le dije: “cariño, ¿sabes qué? Escúpeme”.

—Oh, por Dios, eres una sucia —Sophie ríe.

—Estaba muy caliente ese día. Ese tipo…

Susan las calla y ellas ríen bajito. Yo ruedo los ojos con una sonrisa. Dina y Mikkel terminan el vals y bajan del escenario para sentarse. La música cambia y la pista se llena. Veo a dos chicos saludarse y uno de ellos me parece increíblemente atractivo.

—Eres una zorra cazadora, Belle —Sophie ríe, y yo la sigo—. Ve por él.

—Depende de cuántos tragos lleve encima —susurro, llevándome la botella de licor a los labios.

—¡Ay, Belle! No hagas eso aquí—Irina me regaña, y todas estallamos de risa—. Usa la copa. Sé una borracha fina.

Las horas pasan entre risas, música y baile. El alcohol recorre mi cuerpo y me siento desinhibida. Normalmente soy tranquila, pero cuando bebo me transformo. Muevo el trasero con la música y mis amigas me vitorean.

La música se detiene y todos sueltan un abucheo suave. Dina sube a la tarima tambaleante y golpea el micrófono.

—¡Voy a lanzar el ramo, perras! —grita.

Nos reunimos alrededor. Siento la competencia arder entre Kris y yo; ambas lo queremos. Ella me mira desafiante y yo le devuelvo el gesto. Estoy tan borracha que sé que no lo atraparé.

Dina cuenta en voz alta y todas gritamos cuando lanza el ramo. De repente, Irina y Kris están forcejeando por él. Me cubro la boca, viendo todo girar a mi alrededor.

—Chicas, es solo un ramo —Susan intenta separarlas.

—¡Estas no son mis amigas! —grito, muerta de vergüenza. Camino tambaleante hacia mi mesa, tomo mi bolso y me dirijo a la salida—. ¡Hasta luego!

***

Me aparto el cabello de la cara, despertando al fin. Oigo golpes en la puerta principal, así que salto de la cama y corro hacia allí, golpeándome el pie con el sillón. Maldigo y abro. La mujer de la recepción está ahí, mascando chicle ruidosamente.

Sus labios rosa chillón lucen pegajosos. Sus cejas negras y marcadas parecen dibujadas con carbón. Me estremezco por dentro, pero trato de disimular.

Me examina de arriba abajo con fastidio y dice:

—La renta subió.

—¿Ah?

Extiende su mano llena de billetes. La miro como si estuviera loca. Rueda los ojos.

—Dame dinero. Son cuarenta dólares más.

—¡¿Qué?! —chillo—. ¿Cómo que subió la renta? ¿Cuándo? Nadie me avisó.

—Te vine a buscar ayer, pero no estabas —dice, encogiéndose de hombros—. El dueño pidió que cobrara en cada apartamento —escupe el chicle al suelo y me da asco.

—Pero yo…

—Eres la única que se queja —dice con fastidio—. ¿Vas a pagar o no?

—No tengo empleo… estoy buscando —murmuro. No tengo un centavo porque gasté todo en comida y en el vestido de la boda—. Dame un mes y te pago.

—¡¿Un mes?! —grita—. ¡El próximo mes será más caro!

Me llevo una mano al rostro, sintiendo el estrés trepar por mi espalda.

—Una semana —pido.

—Hablaré con el dueño —me lanza una mirada cargada de fastidio y se aleja por el pasillo.

La observo mientras va puerta por puerta pidiendo dinero. Bufo, cierro mi puerta y me dejo caer contra ella.

Necesito un empleo. Y lo necesito ya. No puedo seguir viviendo así.

¡Cuéntale a H. Solis lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

2

Me encanta

Divertido

2

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

1

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes