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BNHA: Magnum Opus. Season 1.

Sinopsis

Izuku tiene una sola misión, convertirse en el héroe más grande de todos. Está es la historia de como lo consiguió. Tiene un don de fuego que nace de la combinación de los dones de sus padres. Izuku x ¿? Pareja a decidir.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Cap 1

En la actualidad, el 80% de la población mundial nació con dones: habilidades y poderes sobrehumanos que cambiaron por completo el rumbo de la historia.

Todo comenzó en China, con el nacimiento de un bebé capaz de emitir luz desde su cuerpo. Aquel fenómeno aislado pronto se multiplicó, y con el paso de los años, personas con capacidades extraordinarias aparecieron en cada rincón del planeta.

El surgimiento de los dones trastocó las bases de la sociedad. Las leyes y el orden perdieron fuerza frente a quienes se imponían con sus habilidades, usando sus poderes para su propio beneficio.

Sin embargo, también nacieron personas que decidieron empuñar sus dones en defensa de los demás. Estos protectores recibieron apoyo social e institucional, y con el tiempo, la figura del héroe profesional se consolidó como una profesión reconocida y admirada.

Hoy, ser héroe es el sueño de millones de niños, símbolo de justicia y aspiración máxima en un mundo donde lo extraordinario se volvió cotidiano.

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— ¡¡Dekuuu!!

Sal de mí camino, inútil.—

Ordenó un iracundo niño rubio, este tenía una gran cantidad de humo saliendo de la palma de su mano. Este era acompañado por otros dos niños, uno con alas rojas cómo de murciélago y otro con dedos largos y huesudos.

El mencionado Deku era un niño flacucho de cabello verde, este estaba parado, listo para pelear y defender a la chica detrás de el.

— ¡¡Detente, Kacchan!!

¡Si te acercas…!— Declaró a pesar de estar temblando del miedo.

— ¿O qué? ¿Qué harás, Deku?

El chico tembló y vio al rubio acercarse a él.

— ¡Eres un mediocre, Deku!

El rubio se abalanzó como una bestia sobre el peliverde, el pequeño Izuku exhaló liberando una rápida llamada de su boca, la cual golpeó a Bakugo. haciendo detonar su sudor y también empujándolo hacia atrás.

El chico cayó sobre su trasero, con los ojos abiertos miro a Izuku.

El peliverde sostenían una gran llamarada en su mano izquierda.

— No quiero lastimarte Kacchan. Por favor, detente.


El rubio se enojo y se levantó para atacarlo de nuevo.

Pero el peliverde volvió a exhalar fuego, solo que está vez el fuego golpeó el suelo entre ellos frenando el avance del rubio.

— ¡¡YA BASTA!!

¡No quiero pelear!

El niño rubio vio como el fuego en el suelo ardió más fuertemente.

Bakugo miro a Izuku con seriedad a través del fuego. Izuku le devolvía la mirada con determinación.

— Tsk* vámonos, no vale la pena.— Les informo Bakugo a sus otros dos compañeros.

Izuku sacudió la mano con dolor y el fuego se extinguió, tenía la piel ligeramente enrojecida y le ardía un poco.

— WOW, genial muchas gracias Izuku.

Creía que me iba a golpear.

— Tranquila, no dejaré que te haga nada, a ti o a nadie más.

Lo prometo.

Le dijo el peliverde con una genuina sonrisa, a la pelinegra.

La chica se rió ante la determinación adorable del peliverde.

Los niños jugaron juntos por unos 15 minutos hasta que los padres de la chica llegaron apurados para llevársela del parque.

Inko también va y se lleva a Izuku, vos ahora caminaban de la mano dirección a su hogar.

— ¡¡Mamá, Hoy pude usar mí don a voluntad!!

¡¡Fue genial!! ¡Pude salvar a esa chica!

Dominarw mí don y seré un héroe muy popular.

— Jaja claro que si Izu. Lo serás confío mucho en ti, tienes un corazón de oro mí niñito especial.— Le dijo Inko a Izuku mientras se agachaba y le daba un abrazo cariñoso.

— Mamá prometo que haré un mundo mejor, así como All Might.

Te lo prometo, me encargaré de que todos los niños del mundo puedan estar seguros.

— Pero Izu, tu también eres un niño.

El chico se sonrojo un poco y le sonrió a su mamá.

.

.

.

Oscuridad, la suciedad en el suelo siendo golpeada por la fría lluvia, el agua caía sobre la ciudad de Musutafu.

«Musutafu no es una ciudad. Es una carcasa. Un monumento a la apariencia.»

Una cámara de seguridad vieja y defectuosa desciende su mirada por edificios de hormigón manchado, pasando por luces de neón parpadeantes que se reflejan en charcos de agua sucia y aceite.

«Las afueras brillan con la luz de los carteles, con toda la excentricidad de la alta clase; los casinos, los bares y la parafernalia consumista. Pero en el centro, en el corazón de la ciudad, las entrañas sangran.»

Callejón oscuro. Un hombre corre, resbalando en el lodo. Jadea.

Detrás de él, una jauría. Risas crueles.

Uno de los perseguidores chasquea los dedos, soltando chispas. Otro estira sus brazos como cables de goma.

«Dicen que el mundo está en equilibrio… pero el equilibrio no es justicia.»

El hombre tropieza frente a una pared llena de grafitis: rostros de All Might y Endeavor tachados con pintura roja, goteando como sangre fresca. Drones del gobierno zumban por encima, ignorando los gritos, sus luces azules enfocadas en las avenidas ricas.

El grupo lo alcanza.

La violencia es inmediata. No es una pelea de anime. Es una ejecución.

Patadas en las costillas.

Dones usados para quemar piel y romper huesos.

Nadie abre una ventana. Nadie llama a la policía.

«Dicen que los héroes están aquí para protegernos… pero hace mucho que dejaron de mirar hacia abajo.»

La misma cámara apunta a una gárgola de piedra en una azotea adyacente.

Pero no es piedra.

Una silueta agachada. Botas pesadas. Pantalones tácticos. Una chaqueta blindada que absorbe la luz.

El viento azota la lluvia contra una máscara metálica que cubre la mitad inferior de su rostro. Una mandíbula de hierro. Una sonrisa cosida en acero.

«Aquí, los villanos no usan máscaras. No necesitan esconderse. Porque nadie los está buscando.»

La figura se deja caer.

178 centímetros de puro peso muerto y castigo.

Cae de pie. El impacto rompe un charco, enviando una onda de agua sucia hacia los agresores. El sonido es seco, pesado. Como una lápida cayendo.

Silencio.

Los pandilleros se giran.

— ¿Qué demonios es esa cosa? —pregunta uno, con la voz temblorosa.

La figura se yergue lentamente. Los ojos tras la capucha no son humanos; son dos puntos de amarillo neón, fríos, analíticos.

Un siseo mecánico escapa de la máscara. Respiración filtrada.

En su mano derecha, una hoja de metal negro raspa la pared de ladrillo mientras camina hacia ellos.

Scraaaaaaaape.

Chispas anaranjadas iluminan la oscuridad por un segundo.

Se lanza al ataque.

El primero en su camino intenta un gancho derecho.

¡CRACK!

La Sombra mete un codazo corto en la garganta.

¡PAM!

Patada descendente directa a la rodilla. El hueso cede hacia atrás. La nariz del tipo explota contra el asfalto al caer.

El segundo viene por la derecha.

¡Error!

El encapuchado gira sobre su eje, fluido como el agua, duro como el hierro.

Clava un cuchillo táctico en el muslo del atacante, zona blanda, no letal, dolor paralizante, y lo usa de pivote.

Patada giratoria. Talón reforzado contra mandíbula.

Dientes y sangre vuelan mezclándose con la lluvia.

El tercero grita, cargando electricidad en sus manos.

— ¡MUERE!

Las chispas iluminan el callejón, pero solo golpean el aire.

La Sombra se desliza bajo la guardia, entra en su espacio personal.

Suplex invertido contra la pared de ladrillos.

¡CRASH!

El cráneo rebota. El cuerpo cae flácido como un muñeco roto.

El cuarto saca una navaja. Tiembla.

Lo que recibe es una tormenta.

Uno. Dos. Tres. Cuatro impactos al rostro.

El sonido de los nudillos de acero contra la carne es nauseabundo. Húmedo.

El último golpe lo levanta del suelo antes de dejarlo caer inconsciente.

— ¡BASTA! ¡HIJO DE PUTA! —el líder de la banda lanza una llamarada desesperada.

La Sombra rueda por el suelo mojado.

Dos movimientos de muñeca.

Thwip. Thwip.

Dos cuchillos vuelan con precisión quirúrgica.

Uno al hombro armado. El otro al muslo.

El fuego se apaga cuando el tirador cae gritando.

La Sombra ya está encima de él.

Montada sobre su pecho.

¡THUD! Puñetazo.

¡THUD! Puñetazo.

La sangre del criminal mancha la máscara de metal, pintando una sonrisa roja sobre la de acero.

Quedan dos. Uno corre.

El encapuchado se levanta, impasible.

Un clic en su antebrazo. Las bobinas giran.

Un cable de fibra de carbono sale disparado.

Se enreda en el tobillo del que huye.

Tirón brutal.

¡CRACK!

El tipo es arrastrado de vuelta a la oscuridad, sus uñas rascando inútilmente el concreto, gritando hasta que un golpe seco lo silencia.

El último pandillero cae de rodillas. Llora. Se orina encima.

— P-por favor… no… no quiero morir… tengo dinero…

La Sombra camina hacia él. La lluvia limpia la sangre de sus hombros, pero no la de sus manos.

Lo levanta del cuello con una sola mano, pies colgando en el aire.

La luz verde de sus ojos penetra el alma del criminal.

— Entonces no debiste meterte en la mierda.

¡PAM!

Lo estampa contra el suelo. El occipital choca contra el concreto.

Inconsciencia instantánea.

Silencio.

Solo la lluvia.

Solo los cuerpos gimiendo de dolor, rotos, pero vivos. El mensaje es claro: El dolor es la lección.

La Sombra alza la vista hacia la cámara de seguridad de la esquina. Sabe que lo están grabando. Quiere que lo vean.

«El miedo es lo único que entienden.»

Primer plano a la máscara metálica y los ojos verdes brillantes.

«Así que les hablaré en el único idioma que respetan.»

La figura dispara un cable hacia la azotea y desaparece en la noche, dejando atrás el vapor de su respiración caliente en el aire helado.

.

.

.

El sol de la mañana entraba por la ventana de la cocina del apartamento Midoriya, pero la luz parecía fría, filtrada por la pantalla del televisor encendido.

— ...la policía de Musutafu aún no ha identificado al responsable de la masacre en el Distrito Rojo ocurrida anoche —la voz de la reportera era profesional, pero tensa—. Se encontraron cinco cuerpos. Los informes preliminares indican un uso excesivo de fuerza bruta. No hay rastro de Dones elementales, solo traumatismos severos. La policía insta a la calma, pero los foros de la red ya lo han bautizado como "El Espectro".

En la pantalla, mostraron imágenes censuradas del callejón. Manchas pixeladas de sangre sobre el concreto.

Sentado en la mesa, Izuku Midoriya (14 años) observaba las imágenes con una tostada a medio comer en la mano. No había miedo en sus ojos. Había crítica.

— Ineficiente —murmuró para sí mismo.

— ¿Dijiste algo, Izuku? —preguntó Inko, sirviendo más té, tratando de ignorar las noticias horribles.

Izuku tomó el control remoto y apagó la televisión.

— Dije que es ineficiente, mamá. Quienquiera que haya hecho eso... no estaba salvando a nadie. Solo estaba desahogando su ira. Dejó un desastre, causó pánico y ensució el concepto de justicia. Es un animal, no un héroe.

Izuku se levantó. Llevaba el uniforme negro de la Secundaria Aldera, perfectamente planchado. Su postura era recta, sus hombros anchos fruto de años de entrenamiento físico.

— Se me hace tarde para la escuela.

— Ten cuidado, cariño. Con gente así suelta...

— Tranquila —Izuku sonrió, una sonrisa tranquila pero que no llegaba del todo a sus ojos analíticos—. El fuego purifica, mamá. Solo tengo que asegurarme de que mi llama sea más grande que su oscuridad.

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En las calles de Musutafu, un chico de cabello verde caminaba con su uniforme de secundaria. Al pasar junto a una multitud, se detuvo: varios héroes profesionales intentaban contener a un villano con el quirk de hacerse gigante, que había causado destrozos en las vías del tren.

Izuku abrió los ojos con asombro justo cuando Death Arms atrapó un enorme andamio metálico que estaba por caer sobre la gente.

El joven corrió hacia la multitud al ver cómo otro héroe saltaba sobre el techo de la estación para enfrentarse al villano.

Era Kamui Woods, un héroe en ascenso.

—Robo en primer grado, uso ilegal de quirk y daño a la propiedad pública… —sentenció con voz firme, extendiendo su brazo hacia el criminal—. ¡Eres la vil encarnación de la maldad!

Izuku se emocionó y sus ojos brillaron.

—¡Va a usarlo!

El héroe de madera retrocedió un brazo y anunció su técnica:

—¡Prisión preventiva barnizada!

De su mano se extendieron ramas en espiral, pero antes de que pudiera atrapar al villano, un estruendo interrumpió la escena.

Izuku desvió la mirada sorprendido y vio a una enorme heroína rubia que, de una sola patada, había dejado inconsciente al gigante.

—Soy Mount Lady —dijo sensualmente, posando frente a la multitud—. Es mi primer día, espero haberles dado mi mejor ángulo.

Izuku se sonrojó, pensando para sí:

«Ese traje es demasiado atrevido para una heroína… pero vaya que es sexy.»

Rápidamente sacó un cuaderno de su mochila y comenzó a escribir. Anotó el nombre de la heroína, su don y una síntesis de lo que había visto, mientras hacía un boceto rápido de su traje.

Un hombre de la multitud lo observó curioso y sonrió.

—¿Tomas notas? ¿Acaso planeas ser un héroe en el futuro?

Izuku lo miró sorprendido, pero respondió con firmeza.

—Por supuesto. Seré el mejor héroe del mundo, recuerde eso.

Con el dibujo terminado, guardó sus cosas y siguió su camino hacia la escuela.

.

.

.

En otro lugar de la ciudad, un hombre alto, delgado, de largo cabello rubio, hablaba por teléfono.

—¿Qué? ¿Aquí en Musutafu…?

Una voz respondió al otro lado de la línea:

—Sí. Y dijo que quiere verlo hoy. Primero recorrerá la ciudad.

El hombre apretó los dientes.

—Oh, no… eso es malo.

.

.

.

Izuku llegó a su secundaria. Los pasillos estaban repletos de chicos hablando y corriendo; el ambiente era festivo, era el primer día de clases y también el último inicio de curso en la secundaria inferior para su generación.

Con una sonrisa, saludó a algunos compañeros y entró en el aula, ocupando su pupitre habitual. Rápidamente el salón se llenó de voces, risas y conversaciones sobre el futuro.

La charla se interrumpió cuando el profesor entró.

—Bien, hoy hablaremos sobre sus aspiraciones. Supongo que ya está claro que todos quieren convertirse en héroes, ¿verdad?

La clase estalló en gritos de emoción, varios activando sus dones para demostrar sus habilidades. Izuku rodó los ojos con una sonrisa divertida.

—Sé que tienen grandes talentos y que llegarán lejo…

El profesor fue interrumpido por una carcajada.

—¡Jajajaja! No me comparen con estos perdedores. Yo no necesito amigos con quirks mediocres.

La clase se indignó.

—¡Katsuki, eso fue cruel!

—¡Qué te crees!

Bakugo chasqueó la lengua, divertido.

—Ni siquiera tienen nombres, así que cállense.

—Oh, cierto —dijo el profesor—. Tú, Bakugo, quieres ir a la secundaria U.A., ¿no?

El aula quedó en silencio y luego comenzó a murmurar.

—¿La secundaria nacional?

—Se necesita una puntuación de 79 este año para entrar…

—Dicen que los exámenes son brutales. El porcentaje de aprobación es menor al 0,02 %.

Bakugo saltó sobre su pupitre con una sonrisa arrogante.

—¡Obvio! Saqué una A en los exámenes. Yo iré a U.A., superaré a todos y me convertiré en el héroe más reconocido. ¡Dejaré mi nombre grabado en los rankings de los más ricos del mundo!

El profesor entonces recordó algo.

—Ahora que lo pienso… Midoriya, ¿no querías postular también a U.A.?

Las miradas se clavaron en Izuku. Los murmullos no tardaron en llenar el salón.

—Si alguien tiene posibilidades, es él.

—Dicen que es muy fuerte.

—Yo querría que me salvara.

—¿Creen que tenga novia?

Izuku levantó la cabeza de su cuaderno, confundido.

—¿Eh?

Pero lo ignoraron, y las conversaciones siguieron.

Bakugo caminó con furia hacia su pupitre y apoyó la mano contra la mesa de Izuku, generando una explosión sobre la madera.

—¡Bueno para nada! —rugió—. ¿Qué te hace pensar que puedes competir conmigo? ¡Ríndete, Deku!

Izuku lo miró sin alterarse.

—Oye… mis útiles no son baratos, ¿sabes?

—¡Bastardo! ¡¿Qué mierda?! ¡¿Te crees demasiado importante como para despreciarme?!

—¡Ustedes dos, basta! —los interrumpió el profesor, levantando la voz—. Si siguen así, los enviaré a la dirección.

Bakugo chasqueó la lengua y regresó a su asiento. El resto de la clase se quedó en silencio, impresionado.

Izuku, por su parte, era el único que se atrevía a enfrentarse a Katsuki ya que a pesar de no ser amistosos se respetaban mutuamente ambos podían lastimarse si peleaban.

.

El patio estaba lleno, pero Izuku estaba en su propio mundo, sentado en un banco apartado. No estaba comiendo. En su mano derecha, tenia un guante aislante.

Fuuuuuuu...

Exhaló suavemente un hilo de fuego azul, casi invisible por la luz del día, salió de sus labios.

Pero no se dispersó.

Los dedos de Izuku bailaron en el aire, y el fuego obedeció. La llama envolvió la esfera de metal, calentándola al rojo vivo en segundos, y luego... la comprimió.

El metal gimió. Izuku usó su telequinesis para moldear el fuego

En menos de diez segundos, la brisa azul se había convertido en una punta de flecha perfecta, afilada y humeante.

— Temperatura: 1.200 grados. Tiempo de forjado: 8.4 segundos —susurró, anotando los datos mentalmente—. Todavía soy lento. Si quiero penetrar la armadura de un robot de la UA, necesito subir a 1.500 grados en menos de cinco segundos.

— ¡Oye, Deku!

La voz ronca rompió su concentración. El fuego se disipó al instante. La punta de flecha, aun caliente, se extinguió en su mano, protegida por un guante térmio.

Katsuki Bakugo caminaba hacia él, con las manos en los bolsillos. Detrás de él, sus "seguidores" habituales parecían menos confiados que antes. Bakugo no miraba a Izuku con desprecio, sino con esa mirada de perro rabioso que ha encontrado otro perro en su territorio.

— Escuché lo de anoche —dijo Bakugo, deteniéndose frente a él. — Un loco rompiendo cráneos sin usar Don. Suena a algo que un "sin don" resentido haría.

— Es un trabajo chapucero, Kacchan —respondió Izuku sin levantarse. — Fuerza sin dirección. Como una explosión que solo hace ruido y humo.

Las manos de Bakugo soltaron pequeñas chispas.

— ¿Te estás burlando de mí, nerd?

— Estoy haciendo una comparación. —Izuku se puso de pie. Ahora eran casi de la misma altura. — Ese vigilante es un problema. Los villanos son un problema. Y para solucionarlo, no basta con golpearlos hasta que dejen de moverse. Tienes que ser... absoluto.

Izuku miró sus propias manos.

— Voy a entrar a la U.A., Kacchan. Y no voy a ser solo un héroe que "golpea fuerte". Voy a construir una era donde tipos como ese "Espectro" no tengan ni una sombra donde esconderse.

Bakugo chasqueó la lengua y se acercó, chocando su frente contra la de Izuku.

— Inténtalo. Pero recuerda que el acero se funde si el fuego es demasiado fuerte. Y yo soy la maldita supernova.

— Conoces mí don, sabes que más bien soy el herrero. —respondió Izuku, sin retroceder ni un milímetro—. Y el herrero siempre controla el fuego.

El timbre sonó.

La tensión se rompió, pero la promesa quedó en el aire.

Faltaban 10 meses para el examen de ingreso.

El mundo afuera se estaba pudriendo con vigilantes locos y villanos.

Pero en esa escuela, dos monstruos se estaban preparando para salir a cazar.

.

.

El timbre de la Secundaria Aldera sonó, marcando el final del día y, para Izuku, el final de la tortura social. Mientras sus compañeros seguían discutiendo sobre rankings de héroes y rumores, él recogió su mochila y salió del aula con paso rápido, buscando el aire fresco.

Apenas cruzó el portón de la escuela, su teléfono vibró en el bolsillo. Una pequeña sonrisa involuntaria curvó sus labios antes incluso de ver la pantalla. Sabía quién era.

— ¿Hola? —contestó Izuku, relajando los hombros por primera vez en el día.

— Izuku —la voz al otro lado era suave, tranquila, un bálsamo contra los gritos de Bakugo—. ¿Ya saliste?

— Sí, justo ahora. El profesor se extendió un poco con las orientaciones vocacionales. —Izuku se acomodó la mochila—. ¿Tú ya llegaste a la estación?

— Mmh. Estoy frente a la máquina expendedora. La que tiene el café que te gusta.

— Llego en diez minutos. ¿Te parece si pasamos primero por la ferretería del distrito comercial? Necesito... bueno, se me acabó el material de práctica.

Hubo una pausa breve al otro lado, seguida de un sonido que Izuku interpretó como una afirmación divertida.

— Está bien. Yo también necesito munición nueva. Te espero.

La llamada se cortó. Izuku guardó el teléfono y aceleró el paso. No corría, pero caminaba con un propósito que no tenía antes.

.

Al llegar a la plaza de la estación, la vio de inmediato. Yui Kodai estaba de pie junto a las máquinas expendedoras, con su postura perfecta y el uniforme de su escuela impecable. Tenía las manos entrelazadas al frente y observaba a la gente pasar con su habitual expresión estoica.

Pero en el momento en que sus ojos oscuros encontraron a Izuku entre la multitud, su postura se suavizó imperceptiblemente.

— Yui —saludó él, llegando a su lado, ligeramente sin aliento.

— Izuku —respondió ella. Sin decir una palabra más, le tendió una lata de café caliente. Café negro, sin azúcar. Justo como él lo tomaba para mantenerse despierto en sus noches de estudio y de entrenamiento.

— Oh, gracias. —Izuku tomó la lata. Sus dedos rozaron los de ella por un segundo, y aunque ninguno reaccionó exageradamente, Izuku sintió que el calor subía un poco a sus orejas—. Te lo pagaré luego.

— No hace falta —dijo Yui, dándose la vuelta para empezar a caminar. Esperó medio segundo a que él se pusiera a su lado, asegurándose de que sus pasos estuvieran sincronizados—. Vamos.

Caminaron juntos hacia el distrito comercial. No necesitaban hablar todo el tiempo. A diferencia del ruido constante de la escuela, el silencio con Yui era cómodo, como estar en una habitación tranquila. Caminaban lo suficientemente cerca como para que sus hombros chocaran suavemente cada vez que esquivaban a otro peatón, pero ninguno se apartaba.

Llegaron a la Ferretería Murayama, un local viejo que olía a aceite y aserrín. Para la mayoría de los adolescentes, este sería el lugar más aburrido del mundo. Para ellos, era una juguetería.

— Mira esto, Yui —murmuró Izuku, agachándose frente a un estante de tuberías industriales—. Aleación de cromo-molibdeno. El punto de fusión es altísimo. Si logro moldear esto con mi aliento en menos de diez segundos, mi control térmico habrá subido un nivel entero.

Yui se inclinó a su lado, su cabello negro cayendo como una cortina y rozando el brazo de Izuku. Observó la tubería con interés genuino.

— Es denso —comentó ella—. Serviría para un escudo.

— Exacto. Pero es caro... —Izuku suspiró, mirando la etiqueta del precio.

Yui desvió la mirada hacia un contenedor de ofertas a granel: tuercas, tornillos y arandelas de acero inoxidable.

— Yo llevaré esto —dijo, hundiendo la mano en el metal frío. Tomó un puñado de tornillos gruesos—. Son aerodinámicos. Si uso Size en el momento del impacto...

— ...la energía cinética se multiplicaría por la masa repentina —completó Izuku, sus ojos brillando al analizar la estrategia—. Es brillante, Yui. Serían como balas de cañón instantáneas.

Ella lo miró, y las comisuras de sus labios se elevaron unos milímetros. Una "sonrisa Kodai" completa.

— Tú me diste la idea.

Pagaron sus extrañas compras —chatarra industrial para él, tornillos a granel para ella— y salieron de la tienda.

— Tengo hambre —declaró Yui de repente.

— ¿Bollos de carne? —sugirió Izuku.

— Mmh.

Minutos después, caminaban por una calle secundaria, más tranquila, comiendo los bollos al vapor. El cielo comenzaba a nublarse, cambiando la luz naranja de la tarde por un gris metálico.

Izuku mordió su bollo, perdido en sus pensamientos sobre el entrenamiento.

— Tienes algo... aquí —dijo Yui.

Izuku se detuvo. —¿Eh?

Yui levantó la mano. Con el pulgar, limpió con delicadeza una pequeña miga de la comisura del labio de Izuku. El gesto fue tan natural, tan carente de duda, que Izuku se quedó congelado, con el corazón saltándose un latido.

Yui miró la miga en su dedo, luego miró a Izuku, y pareció darse cuenta de lo que acababa de hacer. Retiró la mano lentamente, ocultando su rostro un poco tras su flequillo. Sus orejas, normalmente pálidas, estaban ligeramente rosadas.

— Gracias... —murmuró Izuku, mirando al suelo, sintiendo que su propia cara ardía más que cuando usaba su Don.

— De nada —respondió ella, mirando fijamente un poste de luz como si fuera lo más interesante del mundo.

Retomaron la marcha, pero ahora el aire entre ellos se sentía diferente. Más eléctrico. Más consciente.

— Oye Izuku... —Yui rompió el silencio de nuevo, pero su tono había cambiado. Ya no era relajado—. ¿No te parece que se siente raro el ambiente?

Izuku parpadeó, saliendo de su aturdimiento romántico. Su expresión se afiló al instante, pasando de "chico enamorado" a un ”aspirante a héroe". Frunció el ceño. Su sentido del peligro, algo que había desarrollado gracias al entrenamiento de artes marciales, le decía que algo no estaba bien.

En ese instante, de una alcantarilla cercana brotó un sonido burbujeante.

— Atrás, Yui —ordenó Izuku, soltando sus bolsas y poniéndose en guardia.

En ese instante, la tapa de la alcantarilla salió disparada hacia el cielo. Un sonido de succión repugnante llenó el callejón.

Un torrente de lodo verde oscuro y viscoso emergió como un géiser, bloqueando la salida.

— ¡Mmmh! —Yui ahogó un grito, dando un paso atrás mientras la masa tomaba forma, dominando la calle con su hedor a podredumbre.

— Vaya, vaya... dos jóvenes con energía fresca —ronroneó la masa, formando una boca llena de dientes amarillentos y líquidos—. ¡Justo lo que necesitaba para esconderme de ese maldito rubio!

Una lengua de lodo se disparó hacia Izuku como un látigo.

Izuku reaccionó por puro reflejo.

— ¡Hearth of...!

No tuvo tiempo de exhalar fuego. Dio un salto lateral, rodando por el pavimento.

— ¡Yui, corre! —gritó, intentando alejar al villano de ella.

Pero la chica de cabello negro no huyó. Su rostro, habitualmente inexpresivo, mostró un destello de furia protectora.

Yui metió la mano en su bolsillo y sacó un puñado de tuercas y tornillos que había comprado con Izuku.

— Size. —susurró Yui.

Lanzó las pequeñas piezas de metal hacia el tentáculo de lodo y juntó los dedos de ambas manos.

¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!

En medio del aire, las tuercas se expandieron instantáneamente hasta convertirse en bloques de acero macizo del tamaño de neumáticos. Los proyectiles gigantes golpearon el lodo, dispersando la extremidad del villano y salpicando las paredes.

— No toques... a Izuku —dijo Yui, con voz firme, aunque sus manos temblaban ligeramente.

— ¿Eh? ¿Objetos gigantes? ¡Qué molesto! —gruñó el villano. El lodo se reagrupó, ignorando el daño físico, y se dividió en múltiples zarcillos—. ¡Pero sigues siendo carne blanda!

El villano atacó desde tres ángulos. Yui intentó agrandar una tapa de basura para usarla de escudo, pero el lodo fue más rápido, deslizándose por debajo de su defensa.

Izuku se lanzó frente a ella.

— ¡Atrás!

Abrió la boca, sus amígdalas brillando al rojo vivo, listo para incinerar el ataque. Pero el villano fue astuto. Un tentáculo no atacó, sino que cubrió.

— ¡Te tengo!

El lodo envolvió la cabeza y el torso de Izuku antes de que pudiera liberar la llama. El lodo se forzó dentro de su nariz y boca, sofocando la chispa en su origen.

— ¡Mmmgh! —Izuku pataleó, sintiendo el pánico biológico de la asfixia. Su piel comenzó a calentarse, intentando hervir al villano por contacto, pero la masa era demasiado densa.

— ¡IZUKU! —gritó Yui, perdiendo su compostura habitual. Corrió hacia él, buscando algo, cualquier cosa que pudiera agrandar para salvarlo.

— Quédate quieta o te comeré a ti también —amenazó el villano, apretando a Izuku.

La visión de Izuku se llenaba de puntos negros. No puedo... respirar... mi don no funciona sin aire...

Y de repente, el instinto de peligro de Izuku se disparó, no por el villano, sino por algo que venía de arriba.

¡CRASH!

El asfalto bajo el villano se agrietó como una telaraña. Una onda de choque invisible hizo que las ventanas de los edificios cercanos vibraran.

El villano de lodo, aturdido por la presión del aire, soltó a Izuku, quien cayó al suelo tosiendo violentamente y escupiendo lodo.

— ¡¿Qué demonios?! —chilló el villano.

— ¡Patear basura como tú es mi calentamiento matutino! —rugió una voz femenina, cargada de adrenalina y violencia.

Desde el polvo levantado por el impacto, se irguió una figura atlética: piel morena, leotardo blanco, orejas largas de conejo y unos muslos capaces de partir acero.

Era Mirko, la Heroína Conejo. El puesto número 5. La encarnación de la lucha en solitario.

Izuku aprovechó la distracción del villano y con un fuerte rígido exhaló una gran torecte de fuego que lo expulsó de sus vías aéreas.el fuego súper caliente flameo alrededor de Izuku

— ¡Ustedes dos, cabezas abajo! —ordenó Mirko sin mirar atrás, con una sonrisa salvaje pintada en el rostro.

Izuku agarró a Yui del brazo y ambos se pegaron al suelo.

El villano de lodo intentó huir hacia la alcantarilla.

— ¡Maldita loca!

Pero Mirko ya estaba en el aire. No volaba; saltaba con tal potencia que parecía rebotar en la atmósfera.

— ¡¿A dónde crees que vas?! —gritó, girando su cuerpo como un taladro humano—. ¡LUNA RING! (ANILLO LUNAR)

Su pierna derecha descendió en un arco perfecto.

El impacto contra el cuerpo semilíquido del villano no solo lo golpeó; la fuerza centrífuga y la presión del viento generaron un vacío que atomizó el lodo.

¡SPLAT!

El villano explotó hacia afuera, cubriendo las paredes del callejón de suciedad verde, completamente incapacitado, sus ojos girando en espiral en un charco inofensivo.

— ¡Ja! ¡Strike! —Mirko aterrizó con gracia felina.

Silencio. Solo se oía la respiración agitada de los dos estudiantes.

Mirko se sacudió un poco de lodo del hombro y se giró hacia ellos. Sus ojos rojos los escanearon con una mezcla de diversión y aprobación.

— Tienen agallas, mocosos. Especialmente tú, la de la cara seria —señaló a Yui—. Lanzarle escombros gigantes a un villano... buen instinto.

Yui, que estaba ayudando a Izuku a limpiarse la cara, asintió levemente, con las mejillas un poco coloradas.

— Gracias.

Luego, la heroína se acercó a Izuku. Se agachó para quedar a su altura, invadiendo su espacio personal. Izuku, aún con la garganta ardiendo, sostuvo su mirada.

— ¿Y tú? —Mirko sonrió, mostrando los dientes—. Intentaste quemarlo, ¿eh? Pude sentir el calor desde arriba antes de aterrizar. Pero te faltó velocidad.

— Me... cortó el suministro de oxígeno... —rasposó Izuku, frustrado consigo mismo—. Mi don requiere exhalación. Fue... un error de cálculo.

Mirko soltó una carcajada fuerte, golpeándole la espalda con camaradería (y demasiada fuerza).

— ¡Jajaja! ¡Te estás analizando a ti mismo después de casi morir! Me gusta eso. El rubro necesita gente con cerebro y colmillos, no solo fans que esperan a ser salvados.

Izuku se frotó la espalda, dolorido pero extrañamente motivado.

— ¡Sí! voy… vamos a entrar a la U.A.

— Más les vale. Quiero ver qué hacen cuando aprendas a no asfixiarte.

Yui, con un movimiento rápido e inesperado, sacó su teléfono móvil y se paró frente a la heroína. Su rostro seguía inexpresivo, pero sus ojos brillaban con intensidad fanática.

— Foto —dijo Yui, simplemente.

Mirko parpadeó, y luego sonrió aún más ancho, haciendo el signo de la paz (versión agresiva).

— ¡Claro! ¡Vengan aquí!

Yui arrastró a un confundido y sucio Izuku al encuadre.

Click.

En la pantalla quedó inmortalizado el momento: Mirko sonriendo como una depredadora, Yui mirando a la cámara con su habitual seriedad (pero haciendo una pequeña "V" con los dedos), e Izuku en el medio, despeinado y manchado de lodo, pero con una mirada de determinación absoluta.

— Espero verlos en las grandes ligas, niños —dijo Mirko antes de saltar hacia los tejados, desapareciendo en un solo movimiento.

Izuku miró hacia arriba, hacia donde la heroína había desaparecido. Apretó el puño.

Había sido salvado. Otra vez.

Pero esta vez, no se sentía impotente. Se sentía cerca.

— Yui —dijo Izuku.

— ¿Mmm? —ella guardó su teléfono como si fuera un tesoro sagrado.

— Gracias por cubrirme. Esos tornillos gigantes fueron increíbles.

Yui lo miró, y una sonrisa microscópica, casi invisible, apareció en sus labios.

— Tú me salvaste primero. Estamos a mano.

El cielo terminó de nublarse y las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer, limpiando los restos de lodo de la calle.

.

La lluvia, que había comenzado como un goteo tímido, se transformó rápidamente en un aguacero frío que lavaba las calles de Musutafu, llevándose los restos del lodo hacia el alcantarillado.

Izuku y Yui corrieron buscando refugio bajo la marquesina de una parada de autobús vacía. Estaban empapados, sucios y con la adrenalina empezando a disiparse, dejando paso a ese temblor involuntario que sigue al peligro mortal.

Izuku se apoyó contra el vidrio de la parada, deslizándose hasta sentarse en el banco de metal. Tosió un poco, llevándose la mano al cuello. Todavía sentía la sensación fantasma del lodo invadiendo su garganta.

— ¿Estás herido? —preguntó Yui. Su voz no tenía la monotonía habitual; había un borde afilado de preocupación.

Ella no se sentó. Se quedó de pie frente a él, escrutándolo.

— Estoy bien… solo un poco irritado —rasposó Izuku, intentando sonreír para tranquilizarla, pero la mueca salió débil—. Fue… un error estúpido. Me enfoqué tanto en la ofensiva que olvidé mi necesidad biológica de oxígeno. Si Mirko no hubiera llegado…

Yui dio un paso adelante, invadiendo su espacio personal. Con una delicadeza que contrastaba con su postura rígida, extendió la mano y tocó el cuello de Izuku. Sus dedos estaban fríos por la lluvia, pero el contacto envió una descarga eléctrica por la columna del peliverde.

— Tienes marcas —susurró, trazando con suavidad la zona enrojecida donde el lodo había apretado.

Izuku tragó saliva, nervioso por la cercanía, pero no se apartó.

— Sanará rápido.

Yui retiró la mano, pero no se alejó. Se sentó a su lado en el banco, dejando que sus hombros se tocaran. Sus uniformes mojados se pegaban a la piel, pero el calor que emanaban el uno del otro creaba una pequeña burbuja de confort contra el frío exterior.

— Tuviste miedo —dijo ella. No era una pregunta.

— Sí… —admitió Izuku, bajando la mirada hacia sus manos, que aún sostenían la bolsa con la chatarra industrial—. No de morir. Tuve miedo de no poder hacer nada. De ser… insuficiente.

Un silencio se extendió entre ambos, roto solo por el repiqueteo de la lluvia sobre el techo de plástico.

— No eres insuficiente —dijo Yui con firmeza.

Izuku la miró. Ella mantenía la vista al frente, hacia la calle lluviosa, pero su mano se movió sobre el banco hasta encontrar la de él. La apretó con fuerza.

— Te moviste antes que yo —continuó—. Te pusiste delante de mí. Y cuando me atrapó… no pediste ayuda. Analizaste la situación.

Giró el rostro hacia él, clavando sus ojos oscuros en los verdes de Izuku.

— Eso es lo que hace un héroe. No se trata de ganar siempre. Se trata de no congelarse.

Las palabras de Yui fueron como un bálsamo sobre su inseguridad. Ella no le decía “todo estará bien” de manera vacía. Le daba hechos. Lógica. Justo lo que él necesitaba.

— Gracias, Yui —susurró, devolviéndole el apretón—. Prometo… que voy a mejorar. No voy a volver a ser un obstáculo. Tengo que entrenar. Mucho más.

Yui dejó escapar una pequeña exhalación nasal, casi una risa.

— Ya estás murmurando otra vez.

— ¡Ah! Perdón…

— No pares —dijo ella, recostando suavemente su cabeza en su hombro. Un gesto audaz, pero justificado por el cansancio—. Me gusta cuando murmuras. Significa que estás planeando cómo ganar.

Se quedaron así unos minutos, viendo la lluvia caer mientras las sirenas de policía se alejaban lentamente, llevando al villano que había unido sus destinos un poco más.

Finalmente, la lluvia amainó.

— Debemos irnos —dijo Yui, separándose y recuperando su postura estoica, aunque sus orejas seguían rojas—. Mis padres se preocuparán.

— Sí… mamá va a entrar en pánico cuando vea mi uniforme —Izuku se levantó, sintiendo el frío ahora que ella se había separado.

Caminaron hasta la estación, donde sus caminos se separaban.

— Izuku —lo llamó Yui antes de cruzar los torniquetes.

Él giró.

Por primera vez en el día, ella le dedicó una sonrisa pequeña, pero completa.

— La foto con Mirko. Te la enviaré luego. Ponla de fondo de pantalla.

— ¿Eh? ¿Por qué?

— Para que recuerdes que tienes “agallas”. —Yui se dio media vuelta, ocultando el rubor—. Nos vemos mañana.

Izuku la observó desaparecer entre la multitud, con una sonrisa tonta en el rostro y el corazón latiendo a mil por hora.

— Sí… nos vemos mañana.

.

La lluvia golpeaba con fuerza contra el techo de chapa de un pequeño santuario sintoísta ubicado en la cima de un edificio de oficinas. El ruido del agua ahogaba el bullicio de la ciudad bajo ellos, creando un aislamiento perfecto para dos figuras que observaban la tormenta.

Uno era un anciano de baja estatura, vestido con un traje amarillo y una capa blanca que parecía demasiado grande para su cuerpo encogido. El otro era un hombre esquelético, con la ropa holgada colgando de sus huesos afilados, tosiendo en un pañuelo que se manchaba de rojo.

— Te ves terrible, Toshinori —gruñó Gran Torino, apoyado en su bastón—. Más muerto que vivo.

Toshinori Yagi, el hombre que el mundo conocía como el Símbolo de la Paz, se limpió la boca y soltó un suspiro cansado que se convirtió en vapor en el aire frío.

— La persecución de hoy... fue patética —admitió, su voz carente de la estridencia heroica que lo caracterizaba—. Perdí el rastro del villano de lodo en el alcantarillado por mi límite de tiempo. Y luego escucho que Mirko tuvo que intervenir para salvar a unos civiles.

Apretó el puño sobre la barandilla, frustrado.

— Me estoy oxidando, maestro. Cada día que pasa, el One for All se siente más pesado y mi cuerpo más frágil.

Gran Torino resopló, aunque sus ojos mostraban una preocupación que no quería admitir.

— Es el curso natural de las cosas. No eres un dios, chico. Eres humano. Y a los humanos se les acaba el tiempo.

Toshinori asintió lentamente.

— Lo sé. Por eso he aceptado la propuesta del director Nezu. A partir del próximo mes, seré profesor en la U.A.

— Para buscar a tu sucesor —concluyó Torino.

— Para confirmar a mi sucesor —corrigió Toshinori.

El hombre rubio sacó su teléfono y mostró una foto. En ella aparecía un joven rubio, musculoso, con una sonrisa radiante y un rostro que inspiraba confianza instantánea, aunque un poco caricaturesco.

— Mirio Togata —dijo Toshinori, con una mezcla de esperanza y resignación—. Sir Nighteye ha insistido mucho en él. Es un estudiante de segundo año. Dicen que es lo más cercano a convertirse en el número uno, incluso incluyendo a los profesionales.

Gran Torino observó la pantalla y asintió levemente.

— Tiene la presencia. Y si Nighteye lo aprueba, significa que tiene la capacidad.

— Sí... —Toshinori guardó el teléfono y miró hacia la ciudad lluviosa—. Le transferiré el One for All antes de que termine su segundo año. Lo entrenaré para que, cuando se gradúe, el mundo tenga un nuevo Símbolo listo para brillar. Un sol que no se apague como yo.

La decisión estaba tomada. El destino del poder más grande del mundo ya tenía nombre y apellido.

Y no era Izuku Midoriya.

— Bien. Si ya tenés tu plan de retiro, no me necesitás para eso —dijo Gran Torino, dándose media vuelta y caminando hacia la salida de la azotea.

— ¿Vas a volver a casa, maestro? —preguntó Toshinori.

Gran Torino se detuvo. Sus ojos agudos se desviaron hacia las sombras distantes, hacia la zona donde la noche anterior había ocurrido la masacre de los pandilleros.

— No —respondió el anciano, su voz tornándose dura como el acero—. Me quedaré en Musutafu un tiempo más.

— ¿Por qué?

— Por las noticias de anoche. Ese tal "Espectro"... o como lo llamen en los foros.

Toshinori frunció el ceño.

— Es un vigilante violento. La policía se encargará. O Eraserhead.

— No es solo violencia, Toshinori —interrumpió Torino, golpeando el suelo con su bastón—. He visto muchas cosas en mi vida. He visto villanos que matan por placer, por dinero o por ideología. Pero las fotos de esa escena del crimen...

El anciano cerró los ojos un segundo, recordando la precisión quirúrgica de los golpes descritos en el informe policial que había conseguido por sus propios medios.

— Quien hizo eso no estaba peleando. Estaba ejecutando. Eficiencia militar. Sin Dones llamativos. Frialdad absoluta. —Torino lo miró fijamente—. Ese tipo de oscuridad... si no se corta de raíz, crece. Y me huele a algo viejo. Algo que creí que habíamos enterrado.

— ¿Estás sugiriendo...?

— No sugiero nada todavía. Pero mis instintos me dicen que hay un depredador nuevo en tu ciudad, Toshinori. Y vos estás demasiado ocupado buscando a tu sol brillante como para mirar en las alcantarillas.

Gran Torino se ajustó la capa.

— Vos encargate de la U.A. y del chico Togata. Yo voy a cazar a este fantasma antes de que se convierta en una plaga.

Sin esperar respuesta, el anciano activó su Don. Un chorro de aire estalló bajo sus pies y desapareció entre las cortinas de lluvia, rebotando de edificio en edificio con una velocidad casi invisible.

Toshinori quedó solo en la azotea.

Miró su mano esquelética. Luego, la ciudad.

Se sentía aliviado de tener un sucesor en mente, pero las palabras de su maestro dejaban un frío en su estómago que la lluvia no podía explicar.

— Mirio Togata... —susurró al viento—. TÚ serás la esperanza.

Muy por debajo, en la estación de tren, un chico de ojos verdes y una chica de mirada callada cruzaban los torniquetes, empapados, exhaustos y ajenos a que el poder más codiciado del mundo acababa de ser prometido a otro.

.

Después de sobrevivir al interrogatorio frenético de Inko (“¡¿Te caíste en un charco de lodo?! ¡¿Por qué hueles a alcantarilla?!”) y tras una larga ducha caliente, Izuku estaba en su escritorio.

La habitación estaba a oscuras, iluminada solo por la lámpara.

En la pantalla de su celular brillaba la foto: Mirko salvaje, Yui estoica haciendo la “V”, y él, sucio pero con fuego en los ojos.

Izuku tomó su lápiz.

Pero no abrió el cuaderno de “Análisis de Héroes”.

Abrió uno nuevo. Tapa negra y dura.

En la primera página escribió:

PROYECTO: VULCANO / ITERACIÓN 1

Objetivo: Convertir mi don en una herramienta confiable, estable y explosiva… sin depender de factores externos.

Problema detectado: Baja resistencia física al uso prolongado del don. Exceso de acumulación energética sin rutas de liberación eficientes.

Solución preliminar:

— Entrenamiento de cuerpo completo para soportar mayor tensión.

— Rutina diaria intensiva enfocada en respiración, explosividad y resistencia.

— Uso constante de mi don en intervalos controlados.

— Necesito un lugar donde no moleste a nadie. Donde pueda trabajar horas y horas sin ser interrumpido…

Izuku levantó la mirada.

Y pensó en algo.

En un lugar olvidado. Un lugar enorme, sucio, descuidado… pero perfecto.

La playa Dagobah.

Montañas de basura, electrodomésticos abandonados, restos de chatarra.

Un gimnasio al aire libre. Un campo de entrenamiento improvisado.

Un reto.

Izuku Sonrió con los dientes apretados, con determinación pura.

— Diez meses para el examen de ingreso —murmuró—. Si quiero ser un héroe… tengo que crearme a mí mismo.

Cerró el cuaderno con firmeza.

Su futuro no iba a venir de una reliquia ni un poder concedido.

Él iba a construirlo.

Con sus manos.

Con su sudor.

Con cada kilo de basura que sacara de esa playa.

Izuku Midoriya estaba listo para empezar.

.

.

PARQUE MUNICIPAL — AMANECER:

Izuku corre bajo la bruma matutina. La máscara de entrenamiento restringe el aire; cada respiración suya es un disparo de vapor caliente que se mezcla con el frío del amanecer. Sus pasos son firmes, obstinados. No mira atrás, solo hacia adelante.

-

COMISARÍA DE MUSUTAFU (ARCHIVO) — NOCHE:

Un borrón amarillo cruza el archivo: Gran Torino. Los papeles vuelan, pero el detective dormido no se inmuta.

Torino detiene su mano en una foto: una bota militar marcada en la cara de un pandillero muerto. La mira como si fuera un viejo fantasma regresando.

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BIBLIOTECA MUNICIPAL — TARDE:

Silencio. Lámparas cálidas.

Izuku escribe ecuaciones con una intensidad casi febril.

Yui lo observa de reojo, quieta, serena.

Bajo la mesa, su zapato toca la zapatilla de él. Ninguno se aparta.

El lapicero de Izuku tiembla apenas un segundo.

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PLAYA DAGOBAH — ATARDECER:

Izuku exhala fuego azulado. Constante. Controlado.

La nevera oxidada delante de él se vuelve rojo incandescente; la chapa cruje, se derrite, se colapsa.

Izuku cae de rodillas, agotado. Bebe agua como si se estuviera apagando por dentro.

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CALLEJÓN DEL DISTRITO ROJO — NOCHE:

Gran Torino aterriza sobre una tubería.

Gritos lejanos. Pasos que huyen.

En el callejón solo quedan sangre, arrastre… y un cuchillo clavado demasiado alto para una persona normal.

Torino frunce el ceño.

Esto no es amateur. Esto es entrenamiento. Esto es hábito.

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CENTRO COMERCIAL — DÍA:

Izuku y Yui caminan con helados entre la multitud.

Ella toca su helado: crece sutilmente.

Izuku no lo nota, está distraído mirando ropa táctica en una vidriera.

Yui, con su habitual expresión neutra, acerca una cucharada hacia su boca.

Izuku la acepta sin pensar.

Yui sonríe, apenas… pero lo hace.

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HABITACIÓN DE IZUKU — NOCHE:

El escritorio es un campo de batalla creativo.

Planos de armas improvisadas, diseños de flechas, ensamblajes metálicos.

Izuku lima una pieza real; las chispas iluminan la pared del calendario.

Tres meses tachados.

La fecha del examen de la U.A., rodeada en rojo, late como un corazón.

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TEJADOS DE MUSUTAFU — NOCHE LLUVIOSA:

Torino rebota entre edificios como una chispa amarilla.

Se detiene.

Ve una luz extraña en la costa. No eléctrica. No normal.

Un pulso térmico. Una fragua.

Su expresión cambia.

.

El calor residual ondulaba sobre la arena vitrificada. Izuku jadeaba, el torso desnudo brillando bajo la luz azulada de la luna. Frente a él, el aire todavía vibraba donde la jabalina de plasma se había disipado.

— Tiempo de formación… 3.2 segundos —murmuró, frustrado—. Demasiado lento. Si el objetivo se mueve, estoy muerto.

Una voz áspera lo atravesó como un cuchillo:

— Estás muerto mucho antes de eso, mocoso.

Un escalofrío le recorrió la nuca.

Sus músculos reaccionaron antes que su cerebro.

Izuku giró, inhalando para disparar una ráfaga defensiva.

Pero…

¡PAM!

Una mancha amarilla y blanca lo impactó en el costado, hundiéndole el aire de los pulmones. Izuku salió volando, rodando por la arena hasta estrellarse contra una pila de neumáticos.

— ¡Coff! ¡Ahhh!

— ¡Lento! —tronó la voz—. ¡Telegrafiaste el ataque! ¡Respiraste como si fueras a soplar un pastel de cumpleaños!

Izuku levantó la vista, aturdido.

Un anciano diminuto rebotaba entre montañas de chatarra como una bala de goma.

Demasiado rápido… demasiado preciso.

¿Un villano? ¿El Vigilante? No… No quiere matarme. Quiere humillarme.

— ¿¡Quién es usted!? —gritó Izuku, incorporándose.

El anciano aterrizó sobre una lavadora oxidada.

— ¡Soy el tipo que te está pateando el trasero! ¡Menos preguntas, más pelea!

Y volvió a lanzarse. Un estallido de aire comprimido lo impulsó directo hacia él.

Izuku apretó los dientes.

Movilidad aérea. Patrón impredecible.

No podía apuntar algo lento.

Inhaló, esta vez de forma casi imperceptible. El calor se acumuló en su garganta mientras meditaba la trayectoria. Rebote en el poste. Vendrá por la izquierda.

Ahí.

Izuku exhaló y moldeó.

— ¡Saetas de Apolo!

Tres flechas ardientes salieron disparadas, curvándose en el aire hacia el anciano.

Gran Torino sonrió.

— Bonito truco de feria. Pero…

Se torció en el aire con la agilidad de un mosquito:

Esquivó la primera por milímetros.

Desvió la segunda con un puntapié preciso.

Y atravesó la tercera antes de que terminara de solidificarse.

¡PLAF!

La patada le dio de lleno en la frente.

Izuku cayó de espaldas, viendo fuegos artificiales.

Las flechas se deshicieron en humo.

Gran Torino cayó sobre su pecho, clavándole el bastón en el esternón.

— ¡Mal! ¡Todo mal! —gruñó—. Tienes un Don interesante, chico. Un artesano. Un herrero. Creas armas con fuego: creativo… pero inútil si el enemigo no te deja martillar.

— Yo… intenté predecir… —jadeó Izuku.

— ¡Pensaste demasiado! —le golpeó la frente con un dedo—. "Voy a hacer una flecha”. “Voy a hacer un escudo”. Mientras tú diseñas tu obra de arte, yo ya te rompí tres costillas.

Gran Torino bajó del chico y comenzó a dar vueltas alrededor, evaluándolo.

— Tratas tu fuego como si fuera un tesoro. Lo cuidas. Lo moldeas. Lo mimas.

Se detuvo y apuntó con el bastón.

— El fuego es caos. Y tú eres rígido.

¿Para qué querés una flecha perfecta cuando podés escupir una escopeta de perdigones mal hechos que cubra todo el espacio?

Izuku se quedó sentado, frotándose la frente.

Las palabras golpearon su mente analítica con fuerza.

Perfeccionismo. Cinco pasos. Ritmo roto. Él tiene razón.

— …¿Quién es usted? —preguntó Izuku, esta vez sin rabia. Con respeto.

Gran Torino bufó.

— Podés llamarme Gran Torino. Buscaba ratas por aquí… pero encontré un dragón con frenos.

Sacó un viejo reloj de bolsillo, comprobó la hora.

— Tenés potencia. Tenés instinto. Pero tu flujo de combate está lleno de pausas. Inhalás, pensás, exhalás, moldeás, disparás. Cinco pasos.

Tenés que convertirlo en uno.

Izuku se enderezó, ignorando el dolor.

— ¿Cómo…? ¿Cómo hago eso?

Torino lo miró por encima del hombro, con la inexpresividad de quien ya ha entrenado a un terco antes.

— Respiración continua. No tratés tu Don como un interruptor.

Mantené el fuego en la garganta. Que sea parte de vos.

Y dejá de hacer armas míticas: a veces un ladrillo en la cara gana peleas.

Flexionó las piernas.

— Voy a estar por la ciudad un tiempo. Si te veo entrenar como un robot… te pateo otra vez.

Y la próxima no me contengo.

¡FWOOSH!

El anciano salió disparado hacia los tejados, desapareciendo en la noche.

Izuku quedó solo.

Dolorido. Magullado.

Pero despierto.

— Respiración continua… ladrillo en la cara… —murmuró.

Inhaló.

Pero no retuvo el aire.

Exhaló sin forma, sin objetivo. Solo intención.

Una bola deforme, rápida, fea de fuego salió de su boca y se formó en su mano.

La lanzó y golpeó una pila de basura y explotó, lanzando metralla ardiente.

1,7 segundos.

Izuku sonrió, feroz, iluminado por sus propias llamas.

— Entendido.

.

.

.

.

Habían pasado los meses y el examen de ingreso de Yuuei estaba por comenzar.

El cielo de la mañana estaba despejado sobre la ciudad de Musutafu cuando Izuku Midoriya llegó caminando hacia la imponente entrada de la U.A., la academia de héroes más prestigiosa de Japón. Su corazón latía con fuerza, no sólo por la expectativa del examen de ingreso que le esperaba, sino también por la mezcla de emociones que hervía dentro de él.

Hoy se rendiría primero la parte teórica y, más tarde, la prueba práctica. Y el simple hecho de estar allí ya era un sueño cumplido para muchos.

Pero ese pensamiento se desvaneció en cuanto sus ojos se cruzaron con alguien que jamás esperaba ver tan pronto: Katsuki Bakugō.

El tiempo pareció detenerse.

Ambos se quedaron quietos, a unos pocos metros de distancia, observándose en silencio con miradas cargadas de historia. Entre ellos flotaba una tensión pesada, casi palpable: rabia contenida, orgullo y un retorcido e incómodo respeto mutuo que ninguno admitiría jamás.

Bakugō frunció el ceño con desprecio. Gruñó por lo bajo y desvió la vista con fastidio antes de girarse para seguir su camino hacia la entrada, sin decir una palabra.

Inspirando profundamente para recuperar la compostura, Izuku siguió caminando hacia el vestíbulo principal, mientras una marea de aspirantes llenaba la explanada a su alrededor, ansiosos, nerviosos, todos con sueños de gloria en la mirada.

.

Minutos después, todos los candidatos estaban reunidos en una sala enorme, casi como un anfiteatro moderno, con cientos de asientos dispuestos en forma curva alrededor de un gigantesco monitor holográfico. Las paredes vibraban suavemente con la energía contenida de tantos Quirks latentes, y el murmullo general se apagó cuando una figura carismática apareció en el centro del escenario: el héroe sónico Present Mic.

Con su usual energía arrolladora, levantó la mano y saludó con entusiasmo.

— ¡¡¡BIENVENIDOS A LA U.A., FUTUROS HÉROES!!! —gritó su voz amplificada, haciendo retumbar las paredes—. ¡ES UN DÍA HERMOSO PARA PONER A PRUEBA SUS LÍMITES!

Los murmullos cesaron por completo.

— COMO LEYERON EN LA PLANILLA, HOY REALIZARÁN UN SIMULACRO DE COMBATE URBANO. CADA UNO DE USTEDES PELEARÁ CONTRA ROBOTS VILLANOS DURANTE DIEZ MINUTOS. PUEDEN USAR LO QUE QUIERAN: TRAJES, EQUIPAMIENTO, LO QUE SEA. DESPUÉS DE ESTA EXPLICACIÓN, IRÁN A SUS ÁREAS ASIGNADAS.

Izuku bajó la vista hacia su tarjeta identificatoria. A su lado, para su incomodidad, estaba Bakugō. No se habían cruzado palabra, pero ambos dedujeron que los habían acomodado por escuelas de origen o región, para mantener separados a conocidos y evitar alianzas premeditadas.

«Tienen lógica… así nadie puede hacer equipo con alguien de confianza», pensó Izuku, al ver la tarjeta del rubio para luego volver su atención al escenario.

— EN CADA ÁREA HABRÁ TRES TIPOS DE VILLANOS ROBÓTICOS —continuó Present Mic—. LOS DE NIVEL 1, 2 Y 3. CUANTO MAYOR EL NIVEL, MÁS PUNTOS DAN AL SER DERROTADOS: UNO, DOS O TRES RESPECTIVAMENTE. SU OBJETIVO ES ACUMULAR LA MAYOR CANTIDAD DE PUNTOS POSIBLE USANDO SUS DONES.

Un leve zumbido de nerviosismo recorrió la sala.

— OBVIAMENTE —agregó Mic con tono serio— ATACAR A OTROS ASPIRANTES O REALIZAR CONDUCTAS ANTIHEROICAS SERÁ MOTIVO DE DESCALIFICACIÓN INMEDIATA.

Entonces, un estudiante se puso de pie entre las filas delanteras. Tenía el cabello azul oscuro, corto y prolijo, gafas rectangulares brillando bajo la luz del proyector, y una postura recta como una vara.

— Disculpe, profesor, tengo una duda —dijo con voz clara y firme.

Una luz cenital lo enfocó. Todos lo miraron. Izuku también.

— ENTONCES HABLA, ASPIRANTE 7111 —dijo Present Mic con interés.

El chico se ajustó las gafas.

— En el folleto que nos entregaron figuran cuatro tipos de villanos. Si eso es un error, es imperdonable para una institución de este nivel. Esta es la academia de héroes más prestigiosa de Japón. Quienes estamos aquí deseamos convertirnos en verdaderos símbolos de la justicia. Merecemos información precisa.

Un susurro de sorpresa recorrió la sala. Pero Present Mic sonrió.

— ¡EXCELENTE OBSERVACIÓN! JUSTO IBA A EXPLICAR ESO. EL CUARTO TIPO DE VILLANO NO OTORGA PUNTOS. ES SÓLO UN OBSTÁCULO: ENORME, PELIGROSO Y DISEÑADO PARA COMPLICARLES LAS COSAS EN EL CAMPO. HAY UNO EN CADA ÁREA, ASÍ QUE SI LO VEN... ¡MEJOR EVITARLO!

El estudiante se inclinó respetuosamente.

— Muchas gracias. Disculpe la interrupción.

— NO HAY PROBLEMA, ¡BUENA ACTITUD, ASPIRANTE! —exclamó Present Mic con su característica energía—. PARA FINALIZAR, LES DEJO UN REGALO… ¡EL LEMA DE LA U.A.!

El silencio reinó en la sala mientras la pantalla mostraba una cita.

— “UN VERDADERO HÉROE ES AQUEL QUE SUPERA LOS INFORTUNIOS DE LA VIDA”... COMO DIJO EL GRAN HÉROE NAPOLEÓN BONAPARTE.

Hubo algunas sonrisas discretas en el público.

— ¡VAYAN MÁS ALLÁ...! ¡¡¡PLUS ULTRA!!! —gritó con toda su fuerza.

La sala entera estalló en vítores y aplausos. Izuku tragó saliva, su cuerpo vibrando de emoción contenida. Sabía que este era el inicio real del desafío… y de su sueño de convertirse en héroe.

.

.

Izuku estaba parado en la entrada de un gran campo que simulaba una ciudad, un espacio urbano.

Izuku se colocó frente a la gigantesca puerta de metal que lo separaba del campo de batalla. Sabía que los minutos previos a una prueba intensa eran fundamentales para preparar su cuerpo y su mente. No podía permitirse un solo tirón muscular o una articulación rígida. Recordó los ejercicios de elongación que solía hacer en los entrenamientos de Kickboxing y MMA con su viejo maestro.

Primero, se colocó con los pies separados al ancho de los hombros y llevó ambos brazos hacia arriba, estirándolos bien alto para elongar la espalda dorsal y los abdominales superiores. Sintió cómo el vientre se extendía y la columna se alargaba mientras llenaba los pulmones con aire.

Bajó lentamente los brazos y cruzó uno sobre el pecho, sujetándolo con el otro antebrazo para elongar el deltoides y el tríceps de cada brazo por turno. Al hacerlo, rotó levemente el cuello hacia el lado opuesto para destensar la musculatura cervical y el trapecio, liberando la tensión de los hombros.

Después elevó ambos brazos detrás de la cabeza y tomó el codo contrario con la mano opuesta, tirando suavemente para elongar el tríceps y la musculatura intercostal, preparando los movimientos de golpeo y defensa propios del Kickboxing.

Bajó los brazos con un respiro y pasó a las piernas. Se apoyó contra la fría pared de concreto con una mano y flexionó una pierna hacia atrás, tomando el tobillo con la mano libre y manteniendo las rodillas alineadas. Estiraba así el cuádriceps, esencial para las patadas y desplazamientos rápidos. Cambió de pierna tras unos segundos.

Luego, separó las piernas en un ancho cómodo y se inclinó hacia adelante desde la cadera, con las rodillas apenas flexionadas, tocando la punta de sus zapatillas con ambas manos. Así elongaba los isquiotibiales, los glúteos y la zona lumbar, esenciales para mantener equilibrio, potencia de salto y estabilidad en combate cuerpo a cuerpo.

Izuku giró hacia un costado y adoptó una posición de estocada profunda, bajando la cadera y manteniendo la pierna trasera estirada, con la rodilla delantera flexionada en un ángulo de noventa grados. Este estiramiento activaba los flexores de la cadera, los glúteos y los cuádriceps, importantes tanto en desplazamientos laterales como en patadas giratorias. Repitió el movimiento hacia el otro lado.

Para terminar la rutina, colocó ambas manos en la cintura, arqueó suavemente la espalda hacia atrás y estiró el abdomen, abriendo el pecho y expandiendo las costillas, preparando así el diafragma y la musculatura pectoral. Mantuvo la posición unos segundos antes de volver lentamente a la posición neutra.

Sacudió los brazos con soltura, soltando los hombros, hizo rotaciones suaves de tobillos y muñecas para activar las articulaciones distales, y dio un par de pequeños saltos en el lugar, sintiendo cómo su cuerpo despertaba, ágil, suelto, listo para lo que viniera.

Un leve calor natural recorrió su piel, fruto inconsciente de su Quirk afinado, como un reflejo físico de su concentración.

De pronto la puerta se abrió e Izuku vio a Present Mic sobre el marco de la puerta.

— ¡¡COMIENCEN!!

Nadie hizo nada, menos Izuku que en un estallido de velocidad que sorprendió a todos. El peliverde había comenzado a correr a la velocidad que corren los atletas de alto rendimiento.

— VAMOS EMPIECEN, EL TIEMPO ESTÁ CORRIENDO. ESE CHICO FUE EL ÚNICO QUE LO ENTENDIÓ.

NO HAY CUANTAS ATRAS EN EL MUNDO REAL

Todos comenzaron a correr detrás de Izuku. Una persona en particular aceleró bastante sobre los demás, este veía con sorpresa a Izuku.

« No parece tener un don tipo emisor que le permita mejorar su velocidad, pero tampoco parece tener uno tipo mutante que modifique su capacidad física. ¿Quiere decir que el es así de rápido por su cuenta?»

El que pensaba esto era Tenya Iida, el aspirante 7111.

El peliverde vio a varios villanos falsos del 1P.

Izuku inhaló profundamente y, con un movimiento rápido de sus manos enguantadas en blanco hacia atrás, exhaló una potente ráfaga de fuego. Usando su telequinesis, redirigió el chorro de llamas para que actuara como un propulsor tras su espalda, impulsándolo como una flecha humana hacia el grupo de villanos.

Izuku contuvo el aire y relajó los músculos en pleno vuelo. Giró sobre su eje y, con toda la inercia, lanzó su puño hacia los villanos. Al mismo tiempo, soltó su respiración sobre su propio guante, creando una carga de fuego comprimido que se arremolinó alrededor de sus nudillos. Al impactar, la descarga despedazó el metal como si fuera cartón.

Sin perder tiempo, Izuku cayó en el centro del grupo de villanos. Giró por el suelo haciendo una barrida de breakdance, exhalando una corriente continua de fuego a ras del suelo mientras rotaba. Esto formó un enorme anillo de fuego a su alrededor, una barrera térmica que impidió que los villanos reaccionaran.

Izuku se puso de pie, exhaló fuego en sus manos ahuecadas y lo comprimió en dos formas afiladas.

— ¡Saetas de Apolo!

Lanzó los proyectiles de plasma sólido. Estos atravesaron la armadura blindada de los robots y explotaron dentro de sus cuerpos, fundiendo los núcleos desde el interior.

El peliverde inhaló aire fresco, cruzó los brazos frente a su pecho dejando a los dos robots restantes a cada uno de sus costados.

Cuando Izuku exhaló, extendió los brazos hacia afuera, abriendo su postura de piernas para anclarse firmemente al suelo. El fuego salió de su boca, pero sus manos lo dividieron en dos corrientes, guiando los enormes torrentes de fuego hacia los costados. El calor destruyó a los robots al instante, con todos los circuitos quemados y el metal de su blindaje chorreando como cera derretida.

Varios alumnos veían la destrucción con gran sorpresa.

Izuku giró sobre sí mismo, disipando el anillo de fuego con un gesto de su mano mientras su cuerpo se tensaba como un resorte. Sus ojos verdes brillaron con intensidad. Sintió el calor en su interior fluir como un río desbordado, sus pulmones listos para la siguiente ignición.

— Vamos… —murmuró.

Tres robots de nivel 2 emergieron desde un callejón, sus sistemas de combate activándose al unísono.

Sin dudarlo, Izuku exhaló sobre sus palmas, cargando fuego comprimido en sus guantes blancos hasta que brillaron. Los músculos de sus brazos se tensaron; las venas se marcaron bajo la piel mientras reunía presión.

Izuku saltó con fuerza explosiva hacia el primero. En el aire, exhaló una ráfaga corta que redirigió hacia sus pies para ganar un segundo impulso aéreo (Técnica: Alas de Hermes). Giró su torso, preparó una patada descendente y, usando su mano, cubrió su pierna con una capa de fuego denso justo antes del impacto.

— ¡Haaah!

🔥 ¡Impacto total!

El robot explotó al instante, partido en dos por la combinación letal de la patada de hacha y la temperatura abrasadora que fundió el chasis.

Aterrizó en el centro de la calle en cuclillas, flexionando sus piernas entrenadas en Kickboxing. Su cuerpo giró, las yemas de sus dedos rozando el suelo agrietado. Se irguió con la gracia de un peleador de MMA, caderas firmes, respiración controlada y humo saliendo de la comisura de sus labios.

Dos robots más cargaban desde los costados.

Sin pensarlo, trazó con sus brazos un círculo amplio mientras exhalaba, creando un muro de fuego giratorio que cortó el paso de ambos enemigos. Los robots quedaron atrapados, sus sensores cegados por la intensidad blanca de la combustión.

Izuku flexionó el abdomen, sintió cómo la fuerza de su cuerpo le daba estabilidad. Avanzó con pasos rápidos y pesados hacia el primero, exhalando fuego directamente en su puño derecho cerrado, comprimiéndolo.

— ¡Filo de Ares! —gritó.

de su puño fluyó fuego que formó un en ok me hacha blanca, Izuku golpeó al robot y por calor extremo atravesó la carcasa metálica del robot como mantequilla, la energía acumulada estalló dentro de la máquina, reventando sus circuitos con una detonación interna brutal.

El segundo robot intentó girar para apuntar sus cañones, pero Izuku ya había cargado fuego en su palma izquierda. Giró sobre su eje, ejecutando una patada giratoria. Al mismo tiempo, liberó la carga de su mano izquierda, impulsando el giro con la propulsión térmica para soltar una descarga directamente en el rostro del enemigo.

— ¡Fuego comprimido, ráfaga doble!

El proyectil golpeó la cabeza metálica y la fundió al instante. La carcasa cedió, derritiéndose en un chorro de metal líquido.

Silencio. Solo el crepitar de sus llamas suspendidas en el aire.

Pero entonces… el suelo vibró.

Robot de Nivel 3.

Una sombra titánica cubrió a Izuku. Un coloso metálico de más de 10 metros de altura emergía, activando sus cañones pesados.

Izuku sonrió, con las gotas de sudor evaporándose antes de deslizarse por su piel.

Flexionó las rodillas, anclando los pies firmemente al suelo. Sintió los glúteos y femorales tensarse. Los hombros abiertos, la espalda recta.

— “El grande es mío…” —pensó, con volutas de humo escapando de su máscara de filtración improvisada.

Inhaló profundamente. Exhaló un chorro continuo hacia atrás, creando una propulsión a reacción que lo disparó hacia el titán, dejando un rastro de fuego blanco-amarillo.

El robot lanzó un puñetazo gigantesco. Izuku giró en el aire, liberando una llamarada lateral con su mano derecha para cambiar su trayectoria y pasar rozando el golpe.

— ¡Mi turno!

Giró sobre sí mismo, cargando ambas palmas hacia atrás como toberas, guiando el fuego de su boca para girar como un taladro humano.

Izuku quedó suspendido en el aire, justo frente al rostro del villano de 3P.

Respiró, llenando su capacidad pulmonar al máximo.

— ¡¡Carro De Helios!!

El peliverde apunto con su boca al robot, su tráquea y boca brillaron por la luz y el calor, para luego… ¡BOOM!

Exhaló a través del “cañón” de sus dedos. Generó un chorro de plasma tan concentrado y fuerte que expandió el aire, creando un flujo de fuego puro. Este río chocó contra el robot y la explosión resultante fue tan poderosa que despedazó por completo el cuerpo del robot; su torso explotó hacia afuera, lanzando metralla ardiente en todas direcciones.

Izuku usó una última exhalación hacia el suelo para frenar su caída. Aterrizó suavemente, se puso de pie y, con un giro, miró la destrucción mientras recuperaba el aliento.

Cuando alzó la vista, docenas de alumnos miraban atónitos.

— ¡Y aún no he terminado! —exclamó Izuku, con una sonrisa confiada y vapor elevándose de sus guantes blancos.

Comenzó a correr de nuevo. Encontró varios villanos en su camino y los desmanteló con facilidad, lanzándoles “Saetas” y ráfagas cortantes.

.

Sala de observación

Las pantallas gigantes se tiñeron de un resplandor blanco cegador.

Mirko se cruzó de brazos con una sonrisa peligrosa.

— ¡Ese mocoso es un demonio con patas! ¡Jaja! ¡Me cae bien! Es puro talento natural y violencia bien dirigida.

All Might observaba con una gran sonrisa, cruzando sus brazos.

— Je… ese chico… Su control es increíble. No solo potencia, también precisión. Respira con su Don. Pelea como si el fuego fuera una extensión viva de su cuerpo, no solo una herramienta.

Gran Orca soltó una carcajada grave.

— ¡Ja, ja, ja! ¿No te da gracia, All Might? El chico se parece a Endeavor. Es igual de violento

Aizawa observaba con sus ojos secos y atentos.

— …No es Endeavor. Endeavor fuerza el fuego para abrumar. Este chico lo hace fluir, lo moldea con las manos… es artesanía aplicada a la destrucción. Es natural, no forzado.

Midnight apoyó la mejilla en su mano, sonriendo.

— Tan apasionado… Su cuerpo está trabajado como el de un luchador profesional. Sabe exactamente cómo moverse para que su respiración coincida con sus golpes. Raro ver eso en alguien tan joven… ¡Ahhh!

Cementoss asintió.

— Lo que más impresiona es cómo usa la compresión del aire. Física pura. Este chico no solo arde: piensa cada golpe.

Power Loader gruñó emocionado:

— ¡El calor de ese ataque final podría haber fundido vigas maestras! ¡Es un horno con piernas!

Snipe silbó bajito.

— Y pensar que dicen que despertó su don tarde. Si sigue así… va a hacerle sombra a muchos tops.

Mirko volvió a reír fuerte.

— ¡Quiero verlo en el circuito pro! Ese chico tiene hambre. Lo ves pelear y sabés que va a destrozar cualquier cosa… pero con una sonrisa técnica.

All Might giró un poco hacia Gran Orca, con media sonrisa.

— Tal vez admire a Endeavor… pero su fuego no arde solo por poder. Lo usa para proteger. No es una bomba: es una llama que da esperanza.

Nezu entrelazó las patas en su sillón alto.

— Hmm… Fascinante. Control del cuerpo, del Don y de la situación. Sabe cuándo destruir y cuándo abstenerse.

All Might cerró los ojos, sereno.

— Ese chico… es peligroso para los villanos. No porque destruya… sino porque tiene un corazón capaz de inspirar.

Nezu miró a All Might.

— Entonces, es hora del verdadero desafío.

El director presionó el botón rojo.

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