Cadencia emocional

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Sinopsis

Un autoproclamado "perdedor de primera" y el chico nuevo, con buen aspecto y un secreto bajo la manga. Cuando las amistades fracasan y todo el mundo te enseña a irte, a veces solo hace falta una persona para enseñarte a quedarte.

Genero:
Romance
Autor/a:
CosmicChaos
Estado:
Completado
Capítulos:
15
Rating
5.0 9 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Cadence

¡Hola! Me llamo Cadence McClaine, tengo dieciocho años y soy estudiante de último año en el Roosevelt High, en este pueblo de mierda que es Roosevelt. Aquí la mayoría trabaja en el aserradero y, si estás en el instituto, o haces deporte o eres animadora, o eres un pringado. Pues ese soy yo… Cadence McClaine, pringada de primera.

En este pueblo de mierda solo tengo dos amigos, bueno, ahora uno, pero ¿quién lleva la cuenta? Macy Anderson, que es tan "pringada" como yo, es la que ha aguantado conmigo todos estos años, y luego está Colton Linley.

Colton, o Colt, como siempre lo hemos llamado, no es como nosotros, pero de alguna manera conectábamos… o al menos lo hacíamos. Ya llegaremos a eso.

Conocí a Macy en segundo año, cuando se mudó aquí, pero a Colt lo conozco desde el jardín de infancia, cuando su familia se instaló en la casa de al lado. Aunque se convirtió en deportista en cuanto llegamos al instituto, se quedó con nosotros en vez de largarse con los populares… hasta hace poco.

Sé que suena a cliché y, créeme, me he regañado por ello cada día desde que me di cuenta, pero llevo dos años colada por Colt. Ya, ya lo sé, es una tontería enamorarse de tu mejor amigo, pero es peor, mucho peor.

En el último año, le ayudé a conquistar a Tanya Phillips, la capitana de las animadoras y una zorra de cuidado, después de que me confesara que le gustaba. Gracias a mí, empezaron a salir hace casi dos meses, y desde entonces dejó de comportarse como mi mejor amigo para convertirse en un simple conocido… cuando no me ignora por completo.

Sí, debo de ser masoquista, porque ahora que salen juntos, tengo que escuchar al tío con el que llevo dos años fantaseando follándose a su novia, ya que mi ventana da justo a su habitación. A veces odio mi vida.

Antes siempre dejaba las persianas abiertas y la ventana entreabierta para que circulara el aire, pero ahora ni me atrevo. No estoy dispuesta a destrozarme más por accidente, escuchando o viendo a *ellos* en acción. Sé lo que estás pensando: *¿por qué ayudaste al tío que te gusta a ligarse a una tía que ni siquiera soportas?!*. Pues si tienes la respuesta, me encantaría oírla, porque yo desde luego no la tengo.

—¡Cade! ¡Vas a llegar tarde! —Sí, es mi madre, y no, no voy a llegar tarde de verdad. Son solo las siete y cuarto, pero ella cree que el instituto es como un trabajo, donde hay que llegar veinte minutos antes para no arriesgarse a retrasarse.

Antes salía temprano para pasar un rato con Colt junto a su coche antes de que sonara el timbre, pero ahora pasa todo su tiempo con Tanya, y Macy nunca llega más de diez minutos antes, así que me lo tomaré con calma.

—¡Ya casi estoy, mamá! —Me doy un último vistazo en el espejo de cuerpo entero y sonrío al ver mi estilo casual, una de las muchas cosas que me diferencian de los *populares*. A ellos les van las marcas y las chicas van vestidas como si fueran a una discoteca, no a clase. Pero yo no.

Hoy llevo mis vaqueros holgados de siempre, una camiseta negra que dice *No sé cuál es mi animal espiritual, pero seguro que tiene rabia* y mis Converse negras. El pelo recogido en un moño despeinado y el único maquillaje que llevo es un poco de eyeliner y corrector para disimular las ojeras.

Con la mochila y el móvil en la mano, salgo de casa y me subo a mi Dodge Ram plateada, la camioneta que mi padre insistió en comprarme porque, cito textualmente: *Mi niña no va a ir por ahí en un cacharro. Con esta bestia, no hay conductor que no te vea venir*.

Eso fue lo último que hizo mi padre por mí antes de confesar que llevaba años engañando a mi madre y, otro cliché para ti, dejó preñada a su amante. Seguro que adivinas con qué familia se quedó, pero por si acaso, te doy una pista: no fue con la *mía*.

Llego al instituto y aparco en mi sitio de siempre, otro suplicio que me impongo, porque está justo enfrente del de Colt, donde, como era de esperar, está morreándose con Tanya delante de su coche.

Estoy a punto de bajarme cuando un coche desconocido se mete en el sitio de al lado, así que espero a que aparque antes de abrir la puerta, no vaya a ser que sea el gilipollas que le abre la puerta a otro coche, y salgo de un salto.

Macy ya viene hacia mí, pero se detiene en medio del pasillo, con los ojos clavados en lo que —o en quien— ve en el coche de al lado. Cojo el móvil y la mochila, cierro la puerta justo cuando el conductor del Honda negro desconocido se baja.

Es alto, pero *muy* alto. Tiene un cuerpo tonificado, pero no excesivamente musculoso, el pelo negro corto por los lados y largo por arriba, recogido en una coleta, y hasta se le ve un tatuaje asomando por el cuello de la camiseta.

—¡Cade! —Bueno, *su* fascinación duró poco.

—Hola, Mac. ¿Café? —Asiente, y el chico nuevo se gira para coger algo del coche, dándome la oportunidad perfecta de admirar su cara preciosa y sus ojos verdes increíbles. Me pilla mirándolo y sonríe con suficiencia, pero como no soy de las que se avergüenzan, me encojo de hombros, dejando claro que me ha pillado, pero que me da igual.

—¡Dios, sí! Tengo *chisme* para ti, chica. —Pongo los ojos en blanco, asegurándome de que lo vea, aunque nunca le afecta.

—Uno, no he tomado suficiente cafeína para tus *chismes*, y dos, ya sabes que odio el drama. Así que quédate con tu té y tráeme un mocha de menta con cuatro shots. —Me engancha del brazo y me arrastra hacia el paso de cebra.

Nuestra cafetería favorita está justo enfrente del aparcamiento del instituto, así que *quizá* vamos más de lo socialmente aceptable, pero… bueno, ¡café!

—¿Queréis lo de siempre? —Nuestro barista favorito, Matthew, está coladito por Macy, pero la pobre, Dios la bendiga, no se entera. Estoy segura de que Matthew es el único tío con el que *no* coquetea, lo cual es raro, porque flirtea con casi *todos* los del género masculino.

—Sí, Matt, gracias. —Matt le guiña un ojo y se gira hacia el cliente de atrás.

—¿Ya sabes qué quieres? —Dejo quince dólares en la barra e intento empujar a Macy hacia el otro extremo, donde dejarán nuestros cafés, pero no se mueve. Levanto la vista y la veo mirando detrás de mí.

—¿Qué nos recomiendan, señoritas? —Esa voz grave me pone la piel de gallina, pero cuando me giro y veo al chico nuevo, por suerte, se me activa el instinto de no hacer el ridículo.

—Ah, nosotras *no* somos señoritas, pero si te gusta el café con marcha, el mío es un mocha de menta con cuatro shots. Si prefieres algo más suave, hacen un buen latte. —Matt se ríe mientras deja mi taza en la barra.

—Cade, no he conocido a *nadie* que le guste el café tan cargado como a ti. No te dejes engañar, cuando dice cuatro shots, son cuatro *extra*, así que en total son *ocho*… en una taza. —Deja el café de Macy en la barra y le lanza su sonrisa habitual, acompañada de un guiño que, como siempre, le pasa desapercibido.

—Suena bien. —Matt lo mira con los ojos como platos, pero una parte de mí —muy pequeña— quiere quedarse a ver su reacción.

—Uf, alerta zorra. —Así es como Macy anuncia que Tanya se acerca, pero me encojo de hombros y doy un sorbo a mi café.

—Hola, Cade. —Escuchar la voz de Colt es agridulce, porque una parte de mí recuerda todos los momentos en los que fue un amigo increíble, siempre ahí para mí, mientras que la otra recuerda cómo me evita cuando está con Tanya y sus amigas, o cómo ya no se molesta en hablar conmigo.

Como ahora, por ejemplo. Solo me habla porque estamos a unos pasos de distancia, pero aparte de lo básico, la conversación no va a ir a ningún lado.

—Colt. —Veo que se estremece un poco con mi tono frío, pero la verdad… me importa un bledo.

—Joder, está buenísimo. Gracias por la recomendación. —Me giro lentamente con el ceño fruncido y miro al chico nuevo mientras se toma su café como si no fuera una dosis casi letal de cafeína en un vaso de papel. Lo miro con los ojos entrecerrados, decepcionada e intrigada a partes iguales por su falta de reacción.

—Vaya, no era la reacción que esperaba. —Se ríe, y joder, si no me hace algo raro por dentro.

—Perdona si te he decepcionado, nena. ¿Puedo acompañar a estas no-señoritas de vuelta al instituto? —Lo estudio un segundo, esperando en secreto ver alguna reacción al café que me diga que *no* le está gustando, pero solo me regala una sonrisa pecaminosamente guapa.

—Sí, nos encantaría. Vamos. —Macy, demasiado contenta con su oferta, sale disparada, dejándome en medio de ella y el chico nuevo, cuyo nombre debería aprender para no seguir llamándolo *el chico nuevo*.

—¿Y ustedes, no-señoritas, tienen nombre? —¡Vaya! Pensamos igual.

—Yo soy Macy y esta es Cadence. —Le lanzo una mirada asesina a Macy por soltar mi nombre completo, el que solo usan cuando estoy metida en un lío de los gordos.

—Cade, solo mi madre me llama Cadence, y solo cuando la cabreo. —Se ríe y asiente, pero sus ojos parecen estudiarme… y es raro. La gente no me estudia, joder, la mayoría ni siquiera *me mira*.

—Yo soy Lucian, pero todos me llaman Luc. —Macy está babeando por él, pero o no se da cuenta o es demasiado educado para señalárselo.

Es raro, pero casi parece que no le interesa, y eso no tiene *ningún* sentido, porque todos los tíos van detrás de Macy. Es como una mezcla rara de pringada y zorra, pero así es Macy, y he aprendido a ignorar su actitud coqueta.

Parece que todos los tíos quieren echar un polvo con ella solo para luego hacer como si no existiera. No lo entiendo, pero lo acepto tal cual es.

Llegamos al aparcamiento con Macy hablando sin parar a Luc, aunque él no parece molestarle.

—¿Y dónde vivías antes de mudarte aquí? —Macy le pone voz de *quiero comerte*, esa que siempre me hace poner los ojos en blanco… y este momento no es la excepción. Luc me mira justo a tiempo para pillarme y sonríe antes de responderle.

—Nos hemos movido mucho. Estábamos en Chicago antes de venir aquí, y antes en San Diego. —Es muy sutil, pero noto un deje de tensión en su voz que me hace prestarle atención.

—Ah, ¿y cuánto crees que os quedaréis por aquí antes de volver a mudaros? —Nos detenemos junto a mi camioneta y él se apoya con naturalidad en el capó de su coche mientras da otro sorbo a su café.

—Creo que nos quedaremos un tiempo. Nos mudábamos tanto por el trabajo de mi madre, pero mis padres acaban de divorciarse, así que ahora estoy aquí con mi padre. —Le sonrío con complicidad, pero Macy… bueno, Macy parece emocionada. Es casi vergonzoso, la verdad.

—¡Me alegro de que te quedes! —Antes de que pueda responder, suena el timbre y Macy me da su abrazo incómodo de siempre antes de largarse, dejándome a mí y a Luc ahí plantados, en un silencio incómodo.

—Perdona por ella. Es que… bueno, es Macy sin filtros. ¿Qué tienes en la primera clase? —Saca un papel doblado del bolsillo delantero de sus vaqueros y me lo da. Lo cojo y le paso mi café para que lo sujete mientras lo desdoblo y le echo un vistazo.

—Vaya, parece que tenemos las mismas clases, excepto tu quinto bloque de Educación Física y el sexto de Talleres de Automoción. Vamos, puedes seguirme por ahora, y en el almuerzo te enseño dónde ir para las dos que no compartimos. —Recojo mi café y le devuelvo su horario.