PROLOGO
Dicen que el tiempo lo cura todo, pero hay nombres que actúan como sal sobre una herida abierta.
Hoy, mientras la luz de mi celular rompe la oscuridad de la habitación, ese nombre parpadea de nuevo en la pantalla.
No debería importar. Ha pasado una vida entera. Y, aun así, mi corazón late con ese viejo miedo que creía enterrado.
Para entender por qué un simple “hola” se siente como una condena, tengo que contarlo todo.
Desde el principio.
Desde el día en que aprendí que el amor, a veces, se parece demasiado a la guerra.








