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ANOMALIA DEL VELO

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Sinopsis

En un mundo donde el poder se activa a través del vínculo, tocar es un acto peligroso. Ella fue entrenada para resistir. Él, para cortar conexiones antes de que se vuelvan irreversibles. Pero cuando sus cuerpos se acercan, el Velo no se quiebra: permanece. El deseo no libera, ata. Y cuanto más intentan controlarse, más evidente se vuelve que ceder puede ser la única forma de sobrevivir.

Genero:
Fantasy,Romance
Autor/a:
D. Stana
Estado:
Completa
Capítulos:
39
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El Velo no tiembla

*El sistema observa antes de permitir.* 

El Salón del Acuerdo siempre me recordaba que el silencio tiene peso, una densidad física que se asienta en los pulmones y te obliga a medir cada inhalación. No era un silencio de paz, sino de vigilancia. Como miembro de la Casa Aeren, mi lugar estaba predestinado: el tercer anillo. Éramos el círculo de los observadores, los testigos silenciosos cuya única función era validar con nuestra presencia el flujo inalterable del Velo. Nos entrenaban desde la infancia para ser recipientes vacíos; el ideal de nuestra estirpe era convertirnos en anclas, figuras estáticas que no permitieran que las corrientes emocionales del mundo exterior hicieran mella en la estructura del sistema.

—Procedan —ordenó una voz desde el Consejo, una frecuencia despojada de humanidad que rebotaba en las paredes de mármol frío.

En el centro del salón, el aire comenzó a distorsionarse. No era algo que se pudiera ver con los ojos, sino con esa segunda percepción que todos cargábamos como una maldición o un regalo. El Velo empezó a agitarse. Frente a mí, dos personas fueron conducidas al núcleo del círculo. Un hombre y una mujer, unidos por un vínculo que el sistema no había autorizado. En su cercanía se percibía una estática peligrosa, una vibración que el Velo intentaba sofocar sin éxito. Estaban demasiado cerca, sus energías se entrelazaban de una forma que desafiaba la gestión educativa y emocional que se nos imponía.

Entonces, él entró.

No hubo un anuncio oficial, porque los Velkyn nunca lo necesitan. Su presencia es el anuncio. Kael Thorne caminó hacia el centro con una parsimonia que helaba la sangre. Vestía de negro absoluto, una figura que parecía absorber la poca luz que se filtraba por los altos ventanales. A medida que avanzaba, el Velo a su alrededor se calmaba de golpe, como si la realidad misma se amedrentara ante su paso. Era la primera vez que yo veía una anulación en persona, y la teoría que me habían enseñado en los manuales de la Casa Aeren se sentía ridículamente insuficiente ante la brutalidad de la práctica.

Kael se detuvo frente a la pareja. Ellos temblaban, no solo de miedo, sino por la sobrecarga sensorial de tener sus almas expuestas. El Velkyn alzó la mano derecha. Fue un movimiento lento, casi elegante. Entre sus dedos, el aire pareció cristalizarse en una aguja de vacío. Con un gesto seco, descendió la mano y el vínculo ilegal se quebró.

No hubo gritos. El silencio que siguió fue mucho más aterrador. La pareja se desplomó, no por dolor físico, sino por la súbita ausencia de todo lo que los hacía ser ellos mismos. Sus rostros se tornaron máscaras de indiferencia gris. La anulación no mataba el cuerpo, pero drenaba el color de la existencia.

En ese momento, ocurrió la anomalía. Kael Thorne, en lugar de retirarse como dictaba el protocolo, levantó la vista. No fue un movimiento al azar para comprobar el orden del salón. Fue un impacto directo. Sus ojos buscaron los míos a través de la distancia entre el círculo central y el tercer anillo. Sentí una presión suave y persistente detrás de mi esternón, un eco de la aguja de vacío que acababa de usar.

Elara, me dije a mí misma, no apartes la mirada. Si parpadeas, el sistema te detectará.

Sostuve su mirada con una terquedad que no sabía que poseía. Él pareció notar que, a diferencia de los otros observadores que bajaban la cabeza o se estremecían de repulsión contenida, yo estaba allí, presente y sólida. No era un vacío que él pudiera dominar. Él me observaba como un depredador que encuentra una grieta en un muro que creía impenetrable.

Cuando el Consejo dio por terminada la sesión y los guardias comenzaron a retirar los cuerpos vacíos de la pareja, yo seguía sintiendo el rastro de su atención sobre mi piel. Había sido vista, y en un mundo donde la invisibilidad es la única forma de supervivencia para una Aeren, eso equivalía a una sentencia de muerte o a un despertar.

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