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Solo por elección- SakuAtsu (Omegaverse)

Sinopsis

Antes de hablarse, ya se conocían. Entre canchas universitarias y miradas evitadas, Sakusa Kiyoomi y Miya Atsumu aprendieron a existir el uno para el otro desde la distancia, sostenidos por silencios que también fueron decisiones. Un encuentro que no debía suceder, una noche que lo cambió todo y una ausencia elegida desde el miedo dejarán una herida abierta en el tiempo. Años después, el pasado regresa sin pedir permiso, obligando a enfrentar aquello que una vez se abandonó. Porque hay vínculos que no se rompen por destino, sino por elección. Y otros que solo sobreviven cuando alguien decide quedarse. Nota: Los personajes pertenecen al anime/manga Haikyuu!!, obra de Haruichi Furudate.

Genero:
Drama
Autor/a:
Lizeth
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

Solo por elección....................volveré a elegirte



Sakusa Kiyoomi siempre supo quién era Miya Atsumu.



No necesitaba que alguien se lo presentara.


Lo había visto en la cancha universitaria innumerables veces, desde la distancia, durante entrenamientos compartidos y torneos entre facultades. Atsumu era imposible de ignorar: ruidoso, expresivo, demasiado emocional para el gusto de Sakusa. Jugaba como vivía, con el corazón expuesto, sin miedo a ser visto, sin esconder su condición de omega en un mundo que exigía sumisión y silencio.


Sakusa, en cambio, observaba.


Siempre observaba.


Desde la otra esquina de la cancha, serio, contenido, con las manos en los bolsillos y el corazón bajo llave. Sabía que Atsumu era peligroso para alguien como él. No porque fuera débil, sino porque era demasiado vivo. Demasiado libre.


Y Sakusa no se permitía desear lo que no podía controlar.


Por eso nunca se acercó.


No en la cancha.

No en los pasillos.

No cuando Atsumu reía con otros jugadores ni cuando discutía a gritos con su gemelo.


Sabía quién era Miya Atsumu.


Y decidió mantenerse lejos.


Atsumu también lo había notado.


No era ingenuo. Sabía reconocer una mirada persistente cuando la sentía. Sakusa Kiyoomi no le hablaba, no se acercaba, pero siempre estaba ahí. Observando. Midiendo. Como si quisiera memorizarlo sin tocarlo.


—Qué tipo más raro... —murmuró Atsumu una vez, apoyado en la red—. Siempre tan serio.


Y aun así... le llamó la atención.


El destino cruel como siempre decidió intervenir donde el miedo había puesto límites.


El restaurante Miya fue el punto de quiebre.


Atsumu ayudaba a Osamu cuando podía. No era un empleo formal; era familia, rutina, ruido y calor. El lugar estaba siempre lleno, impregnado de aromas y conversaciones superpuestas.


La primera vez que Sakusa entró, lo hizo por insistencia de sus compañeros de equipo.


Y apenas cruzó la puerta, lo sintió.


El aroma.


Dulce, envolvente, con una nota eléctrica que le recorrió la espalda. Sakusa se tensó de inmediato. Un omega.


Alzó la vista... y lo reconoció al instante.


Miya Atsumu.


Esta vez no había distancia segura entre ellos.


Atsumu también lo reconoció. Sus ojos se abrieron apenas un segundo antes de curvarse en una sonrisa ladina.


—Vaya... —pensó—. Así que también comes como una persona normal.


Sakusa quiso irse. Su cuerpo lo exigía. Pero no lo hizo.


Esa fue su primer elección.


—Bienvenidos —dijo Atsumu, acercándose con el cuaderno de pedidos—. ¿Qué van a ordenar?


Su voz era distinta a la de la cancha. Más cálida. Más cercana. Sakusa tragó saliva.


Pidió lo primero que vio y se sentó rígido, lejos del mostrador, intentando ignorar cómo el aroma del omega parecía aferrarse a su piel.


Pero Atsumu no pensaba facilitarle las cosas.


—Oye —dijo al dejarle el plato—, tú eres Sakusa Kiyoomi, ¿no?


Sakusa alzó la mirada, sorprendido.


—...Sí.


—Lo sabía —sonrió Atsumu—. Jugamos en la misma liga universitaria. Siempre tan serio... pensé que nunca hablábamos porque me odiabas.


—No te odio —respondió Sakusa, honesto.


Atsumu parpadeó, ligeramente desconcertado.


—Entonces deberías aprender a hablar más.


Ese fue el primer paso.


Después vinieron las visitas repetidas. Demasiadas para ser casualidad.


Sakusa regresaba con excusas pobres: la comida, la cercanía, el horario. Atsumu lo notó. Osamu también, pero decidió no meterse.


Entre conversaciones breves y silencios cómodos, algo empezó a tejerse entre ellos. Una tensión suave pero peligrosa. Una cercanía que ninguno quería nombrar.


—Siempre te vi desde lejos —confesó Atsumu una noche, cuando el restaurante estaba casi vacío—. Pensé que nunca me hablarías.


Sakusa bajó la mirada.


—Tenía razones.


—¿Como cuáles?


—Tú.


Atsumu rió, pero no hubo burla en su tono.


—Eso es lo más honesto que me han dicho.


Tras varias elecciones ya hechas, llego una que no fue decidida pero sí que cambio todo. Una donde decidió el rumbo de sus vidas.


El primer celo llegó sin piedad.


Atsumu intentó ocultarlo. Pero Fracasó.


El restaurante se llenó de ese aroma desesperado, vulnerable y dulce. Osamu como buen hermano preocupado por su gemelo lo envió a casa sin discutir. Pero Sakusa llegó antes de que pudiera irse.


El instinto fue brutal.


Sakusa luchó contra sí mismo como nunca antes. No quería marcar. No quería reclamar. No quería elegir esto. No quería destruir lo poco que quedaba intacto.


Pero el mundo no fue amable.


Lo que ocurrió no fue romántico. Fue caótico. Miedo, culpa y necesidad.


Después... vino el silencio.



Ante ello Kiyoomi se fue esa misma noche.


No porque dejara de mirar atrás, sino porque si se detenía un solo segundo más, sabía que no tendría la fuerza para seguir caminando.


La madrugada era fría. Tokio seguía respirando con indiferencia mientras él avanzaba sin rumbo fijo, con las manos temblándole y el pecho ardiendo como si cada paso lo alejase no solo de Atsumu, sino de sí mismo.


Se alejaba de todas las elecciones, que para bien o mal, lo llenaron completamente.


No recordaba cuándo había empezado a llorar. O tal vez si, cuando la humedad comenzó a hacer vivas en su mejilla. Pero prefería ignorarlo, prefería no recordar nada de lo que pasó.


Lo que sí recordaba era el aroma.


Ese aroma que ahora parecía adherido a su ropa, a su piel, a su conciencia. Dulce, vulnerable, marcado por el miedo y la necesidad. Todo era de él, de Atsumu Miya.


—No era así como debía pasar... —murmuró, apoyándose contra una pared vacía.


No quería elegir esto.

No quería marcarlo.

No quería reclamarlo.

No quería convertirse en el alfa que los omegas aprendían a temer.


Había visto demasiadas historias romperse de esa forma.


Si me quedo, pensó, lo destruiré.


Esa fue la mentira que eligió creer.


A la mañana siguiente, Sakusa no volvió al restaurante.

Ni al día siguiente.

Ni al siguiente.


Bloqueó números.

Cambió rutinas.

Pidió entrenar en horarios distintos.


Convencido de que desaparecer era un acto de amor.


⸻———————-


Atsumu despertó solo.


El calor del celo aún no se había disipado del todo, pero la ausencia era más dolorosa que cualquier síntoma físico. La cama estaba fría. El aire vacío. Sakusa no estaba.


Se sentó lentamente, llevándose una mano al pecho.


—Idiota... —susurró, sin saber a quién se lo decía más.


Cuando Osamu preocupado entró a la habitación, no preguntó qué había pasado. No hacía falta. Bastó una mirada para entenderlo todo.


—¿Se fue? —preguntó.


Atsumu asintió.


Osamu cerró los ojos un momento.


—Te dije que no confiaras en alguien que huye cuando las cosas se ponen reales.- Exclamo Osamu.


—No huyó —respondió Atsumu en voz baja—. Se asustó.- Trataba de convencerse, asimismo que así era.


—Y eso lo hace peligroso.- Finalizó Osamu. Mientras se acercaba su gemelo y trataba de ayudarlo dándole supresores que lo ayudarían con lo que quedaba del celo.




El diagnóstico llegó semanas después.


Atsumu sostuvo el papel con manos temblorosas, incapaz de respirar correctamente.


—Estoy bien —mintió cuando Osamu quiso hablar.


Pero no estaba bien.


Decidió no buscar a Sakusa.


No por orgullo, sino por supervivencia.


—Si vuelve —dijo Osamu una noche—, será porque decidió hacerlo. No porque lo arrastres.


Atsumu asintió, aunque una parte de él dejó de esperar. Sabía que Kiyoomi Sakusa ya dio su decisión, y él no era capaz de ir a cambiar eso. Tal vez sería por orgullo o dignidad, pero prefería mantener ese sentimiento intacto para no lastimarse, asimismo y a la vida que llevaba dentro de si.


——————————


Ocho años no borran a alguien.


Sakusa terminó la universidad.

Entrenó más que nunca.

Se volvió más silencioso, más rígido.


Y aun así, cada cierto tiempo, el aroma volvía en sueños.


Las elecciones del pasado siempre tienen un peso, ya sea tu presente o el futuro.


La verdad le llegó de la forma más cruelmente simple: una fotografía.


Osamu había subido algo al perfil del restaurante renovado. Una imagen casual: un niño pequeño detrás del mostrador, sosteniendo un balón casi tan grande como él.


Sakusa reconoció esos ojos antes de pensar.


El mundo se le vino encima.


—...Atsumu —susurró.


No pidió explicaciones. No buscó excusas. Comprendió al instante lo que su ausencia había provocado.


Viajó esa misma semana.


Frente al restaurante, se quedó paralizado. El miedo volvió, más pesado que antes. Pero esta vez, había algo distinto.


Una elección que marcaría por completo su vida, una elección elegida desde la....


Responsabilidad y el amor que todavía perdura en su interior. Que siempre quedo como un hueco en el fondo de su ser. Siguió pensé que haya que


Por fin


Entró.


Para su gran impresión al volver a entrar ahí todo parecía igual, sin embargo, había una pequeña silueta que se encontraba ahí. Él seguía tan absorto en recordar los momentos que estuvo ahí hasta que


El niño lo vio primero.


—Hola —dijo el pequeño, curioso—. ¿Buscas a mi papi?


Esa palabra.


Sakusa sintió que el aire se le iba.


Atsumu apareció desde la cocina, con expresión cansada... hasta que lo vio.


—Tú... —la voz se le quebró—. ¿Por qué estás aquí?


Sakusa no respondió de inmediato. Se agachó a la altura del niño.


—¿Cómo te llamas?


—Kiyo —respondió orgulloso—. Juego volley con el tío Samu.


El reflejo era innegable.


Atsumu desde su mismo posición rígido, pidió que el pequeño volviera a la cocina, y este obedientemente, hizo caso a la orden de su papá.


Cuando quedaron solos, el silencio fue brutal.


—No viniste por mí —dijo Atsumu—. Viniste porque lo viste.


Sakusa asintió.


—Y porque entendí demasiado tarde que irme no fue protegerte. Fue cobardía.


Atsumu apretó los puños.


—Yo tuve que quedarme —susurró—. Incluso cuando dolía. Sobrevivir fue mi única opción.- Inconscientemente, dirigió su mano hacia su vientre plano.


Desde la puerta, el niño los observaba, sosteniendo su balón.


—Él pregunta por ti —dijo Atsumu, sin mirarlo—. Sin saber quién eres.


Sakusa sintió el peso completo de sus elecciones.


—No te pido perdón fácil —dijo—. Solo... déjame quedarme. Aprender. Fallar. Pero prometo no irme otra vez.


Atsumu lo miró largamente.


Ocho años de silencio.

Ocho años de heridas.

Ocho años de amor no resuelto.


—No prometo que será sencillo —dijo finalmente.


Sakusa negó con la cabeza.


—Nunca quise algo sencillo contigo.


El niño dio un paso al frente.


—¿Te quedarás? —preguntó.


Sakusa respondió sin dudar.


—Sí.


Y por primera vez, lo hizo.



——————————-


Mi nombre es Kiyo Miya.


El tío Samu dice que soy muy curioso.

Mi papi dice que hago demasiadas preguntas.

Yo creo que solo quiero entender las cosas que nadie me explica.


Cuando era más pequeño, pensaba que todas las familias eran como la mía:

un papi que corría de un lado a otro,

un tío gruñón que cocinaba muy rico

y un restaurante que siempre olía a algo caliente y bueno.


Nunca pensé que faltara alguien.


Hasta que él llegó.


Al principio lo vi desde lejos. Estaba parado en la entrada, muy derecho, como si no supiera si podía pasar. No hablaba mucho. Olía distinto a los demás adultos. No mal, solo... diferente. Como cuando empieza a llover y el aire cambia.


—¿Buscas a papá? —le pregunté.


No sé por qué se me ocurrió decir eso.

Algo dentro de mí lo supo antes que yo.


Después de ese día, volvió.


No todos los días.

No siempre a la misma hora.


A veces se sentaba en una mesa y solo miraba. Otras veces ayudaba al tío Samu a bajar cajas. Nunca me tocaba sin preguntar. Eso me gustaba. Me hablaba bajito, como si yo fuera importante.


Mi papi estaba raro cuando él estaba cerca.


No triste... pero sí cuidadoso.


Como cuando un perrito se asusta y te ladra, y entonces hablas bajito para que no vuelva a pasar.


Vivimos juntos después de un tiempo.


No fue rápido.

No fue como en los cuentos.


Él dormía en otra habitación.

A veces se iba temprano.

A veces se quedaba callado demasiado tiempo.


Yo escuchaba a mi papi llorar algunas noches.

No lloraba fuerte.

Solo ese llanto que suena como cuando uno se queda sin aire.


Yo no preguntaba.

Tenía miedo de romper algo.


Pero pasó el tiempo.


Ellos empezaron a hablar más.

A pelear menos.

A quedarse juntos en la cocina cuando pensaban que yo dormía.


Él me enseñó a lanzar mejor el balón.

Mi papi me gritaba desde la banca que no copiara su mala cara de serio.


Un día le pregunté algo importante.


—¿Te vas a ir?


Él me miró como si esa pregunta pesara mucho.


—No quiero —me dijo—. Pero si algún día tengo que irme, será después de hablarlo. No desaparecería.


No entendí todo.

Pero entendí eso.


Mi papi lo escuchó desde la puerta.


Esa noche no lloró.


Ahora vivimos juntos.


No es perfecto.

A veces mi papi todavía se queda callado.

A veces él se va cuando las cosas se ponen difíciles.


Pero siempre vuelve.


Yo creo se aman. Por que lo puedo decir es que


No gritan.

No prometen cosas grandes.

Solo vuelven.


A veces los miro desde la mesa con mi balón en los pies y pienso:


Ojalá nadie vuelva a lastimar a mi papi.

Ojalá él no tenga que ser fuerte todo el tiempo.

Ojalá yo pueda crecer viendo esto, aunque no sea perfecto.


No sé si él es mi papá. No me importaría si no fuera creo.


Pero cuando juego volley y levanto la mirada,

siempre están los dos ahí.


Y por ahora,

eso es suficiente.













———-

Bueno este fue mi primera historia, sé que es un One-Shot, pero espero les guste porque realmente yo lo disfruté haciendo y escribiendo porque siempre quise hacerlo. Debo confesar que soy una gran consumidor de fanfics de varios Ships o historias, pero este en específico el SakuAtsu es uno de mis favoritos. Trataré algún día de traer otro de alguna de mis parejas favoritas de otros mangas.

Sin más que decir, gracias.

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