▬▬ ⚽Capitulo único ⚽
Después del partido contra la Sub-20, con el estadio casi vacío y la lluvia cayendo ligera, Sae esperaba que Isagi terminara de hablar con sus compañeros. Lo llamó con esa voz fría y directa.
— Hola, Isagi, ven.
Isagi se sorprendió, aún con la adrenalina corriendo por sus venas. Caminó hacia Sae, con el corazón acelerado, preguntándose qué podría querer de él.
— ¿Qué pasa, Sae? — dijo, nervioso, tratando de sonar tranquilo.
Sae lo miró fijo, con ese aire arrogante pero curioso que nunca lo abandonaba.
— Quiero saber si lo que vi en la cancha fue suerte… o si de verdad eres alguien que podría alcanzarme.
Esa cercanía, ese reconocimiento disfrazado de provocación, ascendió a Isagi más que la victoria misma.
Isagi no sabía muy bien qué respondió, solo hizo una reverencia rápida y murmuró:
— No sé qué decir, pero… agradezco tus palabras.
Luego se dirigió a los vestidores, pensando en todo lo sucedido mientras se preparaba para ducharse. Sae, desde su punto de vista, tenía un aire maduro, profesional, completamente distinto a Rin. Cada gesto suyo irradiaba seguridad, algo que Isagi no estaba acostumbrado a sentir tan cerca.
— Isagi, ¿creés que te vas a ir tan tranquilo después del partido? — la voz de Rin irrumpió de repente, justo en ese instante.
— Rin, tranquilo, tenía que hacerlo — respondió Isagi con calma, aunque su mente todavía giraba alrededor del encuentro con Sae.
— Debí ser yo, tenía que marcar ese gol — Rin se retiró molesto, dejando a Isagi pensativo, con un nudo en el pecho que no podía ignorar.
Isagi solo podía pensar en los ojos de Sae y la intensidad de ese momento compartido.
Luego del partido, Blue Lock se llenó de un ambiente inesperadamente relajado. Ego, con la ceja arqueada, parecía más resignado que contento, mientras Anri lo miraba satisfecha. La comida estaba servida, había risas dispersas y los jugadores se acomodaban en grupos pequeños, hablando de todo y de nada.
—No puedo creer que Ego haya dejado que hagamos esto —susurró Chigiri a Karasu, sacudiendo la cabeza—. Parece un milagro.
El comedor improvisado de Blue Lock estaba apenas decorado con luces sencillas y mesas llenas de comida. La música sonaba de fondo gracias a un equipo que Reo había traído de quién sabe dónde. La mayoría hablaba en grupos, riendo, comiendo o quejándose de los entrenamientos.
Isagi estaba sentado, mirando el vaso en sus manos, cuando de repente la bocina cambió el ritmo: una bachata suave, contagiosa.
— ¿Bachata en Japón? — Karasu arqueó una ceja, divertido.
— Idea de Reo, seguro — comentó Nagi, encogiéndose de hombros.
Isagi no le dio importancia… hasta que sintió una mirada fija sobre él. Al levantar la vista, Sae Itoshi se le acercaba con calma, como si la pista fuera solo de ellos dos.
— Si pudiste leer mis movimientos en la cancha — dijo Sae, extendiendo la mano — entonces puedes seguirme aquí.
Isagi parpadeó, con el corazón acelerado.
— ¿Q-qué? ¡Yo no sé bailar!
— Entonces aprende — Sae lo jaló antes de que pudiera negarse.
De repente, estaban en el centro del comedor. Bachira soltó un silbido y Chigiri escondió una risa, mientras todos los demás miraban con sorpresa. Sae apoyó una mano firme en la espalda de Isagi, guiándolo con una seguridad desconcertante.
— Relájate, Yoichi — murmuró Sae, con los ojos clavados en los suyos. —Mira mis pasos.
Isagi tropezó al principio, pero Sae lo sostuvo. La música crecía, y poco a poco Isagi comenzó a dejarse llevar, confiando en la guía de Sae. Los giros eran torpes al inicio, pero la cercanía lo envolvía. La calidez de sus manos, la intensidad de su mirada, lo hacían olvidar que todos los observaban.
El salón entero parecía desvanecerse. Para Isagi solo existían esos ojos verdes siguiéndolo con precisión, esa media sonrisa de Sae cuando finalmente lograba un paso correcto.
— No está mal — susurró Sae al oído de Isagi, inclinándose más de lo necesario. — En la cancha eres mi rival, pero aquí… puedes dejarte llevar.
Isagi prefiero callar, seguir los pasos con torpeza.
La música seguía marcando un compás suave pero insistente. Isagi intentaba no tropezar, siguiendo los pasos con torpeza, hasta que notó que Sae lo observaba de frente, sin apartar la mirada.
— ¿Por qué me ves así? — preguntó Isagi, un poco sofocado.
— Porque estás aprendiendo — respondió Sae, y de pronto su ritmo cambió. Guiaba con más energía, haciendo girar a Isagi de manera inesperada, forzándolo a aferrarse más fuerte a su hombro.
Isagi se sonrojó, sintiendo esa fuerza sutil pero dominante en cada movimiento.
— Oye, vas demasiado rápido… —
— No, tú puedes — Sae lo cortó, bajando un poco la voz, mientras lo volvía a atraer hacia sí con un tirón seguro. Sus ojos verdes lo atrapaban, y cada paso era como un reto silencioso.
El pecho de Isagi se apretaba, no sabía si por el esfuerzo o por lo cerca que estaban. Y mientras el ritmo de la bachata seguía, comenzó a sentir que Sae no solo lo guiaba en el baile… también lo estaba arrastrando a su propio mundo.
La canción terminó con un giro inesperado. Sae lo sostenía cerca, demasiado cerca, con la respiración de ambos entrelazándose. Y en ese instante, los aplausos y silbidos de sus compañeros los devolvieron a la realidad.
Isagi se apartó, rojo como un tomate.
— ¡E-eso fue solo un baile!
Sae sonriendo con tranquilidad, pero sus ojos decían otra cosa.
—Claro. Solo un baile… ¿o no?
Fin. ♡








