Capítulo 1
Cuando habitaba en el tercer cielo Dios me permitió pisar el gran monte de Sion, cuya ladera herbosa resplandecía su belleza con todo tipo de claveles y rosas que decoraban su césped, sin que ningún ángel pudiese llegar a la cúspide por ser un lugar sagrado y santo: leones jugaban con las cebras, y los becerros con los lobos, mientras las golondrinas coreaban ¡Adonai! Las mariposas brillaban sin cesar en honor a su majestuosidad.
Admiraba lo creado por ÉL, ya que su fuerza no tenía límites y su presencia es incomparable. ¡Elohim! Sin principio, sin fin.
Contemplaba la ciudad de oro, aquella ciudad dorada rodeada de nubes azules y blancas cuyos edificios irradiaban rayos amarillos mucho más fuertes que los rayos de la lumbrera mayor, Es ahí que escuché su voz: –Azrael, en este momento entrarás a mi divino aposento. Al hablarme el Omnipotente me percaté que en el cielo aparecía una puerta con un resplandor que era indescriptible. Presencié una escalera de oro empinada, en la que me dirigía a lo más alto, de la cual una luz de su rostro resplandecía entre las nubes.
De repente, no pude ver nada, todo en mi alrededor iluminaba, por lo que me puse de rodillas adorando al Señor, ¡aquel que todo lo puede! ¡Aquel que todo lo sabe! Y decidiendo postrarme opté por obedecer sus designios.
–Azrael, ahora que te encuentrasinclinado frente a mi presencia escucha con atención lo siguiente. Fueron sus sabias palabras.
–Lo escucho con atención Elohim, sus deseos son órdenes.
–Lo que te voy a decir solo mi hijo y mi Espíritu lo saben, a pesar de que Lucero está al cuidado del trono, hay secretos que él no tiene conocimiento de su existencia, pero que pronto por sí solo se enterará y es ahí que todo dará un giro inesperado.
Escuchaba con tanta atención lo que Dios decía, sintiendo cada palabra suya dentro de mi ser, dándome vigor y aliento para cumplir con lo que me ordene o me designe. –A la derecha de mi trono posa el libro de la vida, un libro que solo los nombres de los seres humanos llenos de bondad y amor están grabados, pero si de justicia se convierten en injusticias y de puros a impuros sus nombres se borrarán. Y es a ti a quien he escogido para que protejas y castigues a mi futura creación, quienes algunos desobedecerán y no cumplirán con mi mandato; serás tú, el juzgador, el castigador de aquellos que sobrepasen sus límites y cometan atrocidades o barbaridades.
En este instante recibe no solo mi venia y bendición sino también mi espada justiciera, exterminadora y flamígera a tu servicio, para que con ella hagas lo que en mi Ley determina, y tengas la fuerza y domino sobre las tinieblas.
No solo Lucero se revelará, también legiones lo harán por ser de libre albedrío, elegirán los placeres y deleites de la maldad. De ellos también te encargarás porque el querubín protector los liberará del Seol. Serán fieras hambrientas que buscarán a quién devorar, pero la misma oscuridad les dará el peor de los castigos. De acuerdo a sus fechorías debes hacerlos padecer para después regresarlos a la prisión eterna. En el día del juicio todos serán juzgados y sentenciados, demonios y humanos, ningún malvado quedará a salvo. Confío en ti Azrael, pero es tu decisión la que determinará tu propio destino. Sé que no me vas a traicionar, yo jamás me equivoco.