Untitled chapter 1
Familia Russo.
(…)
La familia Russo tiene tanto poder en sus manos que pocos se oponen a ella. Muchos se preguntan cómo es la persona que lidera semejante grupo.
(…)
En una sala oscura entraron varias personas.
Sobre una silla vieja cayó una persona. Su cabeza cubierta con una bolsa de tela se inclinó un poco al caer.
Un solo bombillo fue encendido, revelando mancuernas en las muñecas del hombre.
El hombre de pipa humeante arqueó los labios. El humo llegó hasta el techo.
— ¿Es este?
— Sí, jefe…
Asintieron. El hombre dio una profunda calada, llenando sus pulmones de humo. De igual forma la alegría llenaba su corazón. Y sin embargo, también albergaba algo de decepción.
— ¿Tan sencillo fue atrapar al jefe de la familia que nos tenía amarrados como perros?
Lo tentaba a reír de ironía.
La familia Russo mantenía el control del bajo mundo, siendo signo genuino de terror y orden.
Es más, según sabía, fue atrapado mientras iba acompañado de escasa escolta. Eso era…
Demasiado vulnerable…
— Buen trabajo. Serán recompensados más tarde…
Los hombres supieron ocultar su entusiasmo tras una máscara de desinterés.
— Mmm, mm…
— Oh, ya despertó, que suerte…
Terminó de aspirar el humo de su pipa, anticipando lo que vendría.
El humo se filtró por los espacios abiertos entre su sonrisa como la boca de un horno.
Chasqueó los dedos. Los hombres de tez negra retiraron la bolsa. El rostro del infame hombre fue revelado.
— ¡…!
Oh, diablos…
¿Enserio?
Esperaba muchas, muchas cosas.
Más no esto…
No esperaba un chico de rostro tierno.
El chico ni siquiera contaba con 30 años. Cabello despeinado y color ocre, ojos de miel clara y rostro perfilado.
Sus ojos se movieron. El letargo del somnífero aun debía estar activo.
Dio una mirada silenciosa desde abajo. Se vio tan pequeño y desorientado.
Volvió a chasquear los dedos.
— ¡Mm! ¡Brrr!
Una cortina de agua fría cayó sobre él, helando sus huesos. Fue especialmente satisfactorio verlo retorcerse.
El agua goteó de su cabello mojado. El sonido de los charcos a sus pies retiró el silencio.
Finalmente, pudo ver bien sus ojos
Casi no brillo en ellos. Nublados como una nube de tormenta.
Dio otra sonrisa humeante.
— Discúlpame por la bienvenida tan ruda. Me preocupaba que siguieras dormido…
Confesó, levantando una mano. Removió su cabello con gestos algo rudos.
…para después abofetearlo. El placer provocó cosquillas en sus dedos.
El rostro del joven se giró tras el sonido seco.
¿Este niño de cara bonita era el cabecilla de los Russo?
— ¿Cuántos años tienes? ¿16? ¿20?
Si no fuera por el tatuaje oficial en la parte trasera de su cuello, habría tenido dudas.
Dio otra bofeteada en la otra mejilla, disfrutando cada segundo.
— ¿Y bien? ¿No vas a responder-
— Franco…
— ¿…?
Su nombre salió de su boca de manera calmada y sin prisa.
El chico enderezó la espalda, revelando su rostro enrojecido.
Lo más extraño fue su mirada.
La mirada de un lobo…
— Me gustaría una explicación a esto.
“¿Debería tomar esto como una traición a la familia Russo, Franco Martello?”
Ah, jaja…
¿Enserio hacía esa pregunta tan estúpida?
Se llevó una mano a la frente, retirando el cabello con gestos rápidos.
— ¿Acaso alguien en la familia más tomaba las decisiones importantes? Me parece poco creíble que alguien tan ingenuo como tú haya liderado tanto tiempo la familia…
Es más, la familia siempre se movía en base a secretos.
Él, el cabecilla, nunca mostraba su rostro en las reuniones como tal. Siempre iba detrás de una máscara que cubría su rostro, dejando a la imaginación todo lo demás.
Lo más extraño era no poder ni siquiera reconocer su voz. ¿Era cierto que esa máscara tenía algo que ver con eso?
— Pero entiendo porque escondes esa cara… No muchos estarían felices de servir a un jefe con cara de bebé…
Con el índice y el pulgar sostuvo sus mejillas, ejerciendo presión justo en los lugares que golpeó.
Russo parpadeó lentamente.
— ¿Estamos en tu base principal?
Este tipo…
Abofeteó con todas sus fuerzas. De no ser por los hombres que aseguraban la silla, se habría volcado.
Jaló de su cabello. Un hilo de sangre bajó de su labio roto.
— Parece que no entiendes en qué tipo de situación te encuentras… Estás en mí poder…y puedo, y haré todo lo que quiera contigo…
Soltó su cabello, sacudiendo el agua y la sangre de su mano.
— Por supuesto, primero te dejaré al cuidado de mis hombres. Sabes bien qué tipo de trato esperar, debo suponer…
Justo cuando terminó de hablar, la puerta de la habitación se abrió. Un hombre encorvado entró, empujando un carrito con herramientas oxidadas y manchadas de sangre seca. El rodar del carro se detuvo a un metro del pelicastaño.
Martello no se olvidó de puntear la frente del joven, enterrando su uña en círculos.
— No te preocupes, Duno es muy bueno en lo que hace. Seguro se harán amigos…
Retirándose, pasó al lado del mismo hombre.
“Encárgate de sacarle toda la información que tenga, Duno…”
Susurró sobre su hombro, marchando a beber algo para celebrar.
No necesitó oír una respuesta. Su voz era la ley.
Los hombres de negro lo acompañaron a la salida. Otros se quedaron a vigilar lo que habría de suceder.
— Que lástima que vayas a perder esa carita tan linda… En otra vida podrías haberla usado para ganar dinero…
Evocando un sonido oxidado y recurrente, la puerta de hierro cerró.
(…)
Una vez sentado en su sillón cubierto de terciopelo, Franco colocó los pies sobre la mesa. Expulsó obra bocanada de humo.
Una vez estuvo seguro de haber dado tres caladas más, le dio una mirada al hombre detrás de él.
— ¿Qué tal está el señuelo?
El gran hombre llevó un dedo al auricular puesto en su oído, diciendo:
— Siendo perseguido, como estaba planeado…
— Ya veo.
Eso era bueno.
A fin de cuentas, sería malo si supieran que fue él quien secuestró al líder de los Russo. Necesitaba conseguir tiempo mientras extraía información de él. Por eso preparó un señuelo para que su gente persiguiera mientras tanto. Incluso se tomó la molestia de disfrazar a sus hombres de otra familia y hacer la operación lo más alejado de su base principal.
Dio un trago directo de la botella de vino, extasiado con lo bien que iban las cosas.
Incluso el tigre más feroz se rendiría ante el dolor. Era cuestión de tiempo para que el muchacho soltara todo.
Después de todo, solo es un niño. Dudo mucho que esté acostumbrado a las torturas.
Hace 10 años que tomó el mando, y desde entonces había asumido el control del bajo mundo, rodeado de lujos y beneficios.
Y sin embargo, solo ahora pudo ver su rostro real…así de desconfiado era de las demás familias aliadas.
Por lo que sabía, solo tenía confianza con sus quintinos o padrinos, con quienes se reunía personalmente cada semana a planificar y resolver problemas del bajo mundo.
Con la información que conseguiría, seguro que podría obtener muchos beneficios a corto y a largo plazo…
Miró el reloj en la pared. Apuntaba a una hora desde que dejó al chico en manos de Duno.
¿Estará demasiado impaciente por querer resultados tan pronto? Aun si era un niño, seguía siendo parte de esa familia tan problemática y orgullosa. No soltaría los frijoles de inmediato.
Tomó otro trago, humedeciendo su garganta.
— ¡…! Ey…
— ¿…?
Su guardia se llevó la mano a su comunicador, haciendo una mueca indescifrable.
— ¿Qué sucede…? Ey…
Franco dejó de beber.
— ¿Qué pasa?
El moreno presionó sus cejas.
— Tobías comenzó a decir algo, pero se cortó a la mitad… Sonaba apremiante.
—…
¿Apremiante?
¿Por qué? ¿Pasó algo? ¿Quizás el Russo terminó muriendo antes de soltar todos los frijoles? Eso sería menos que favorable para nosotros…
— ¿Qué dicen los demás?
Tobías no fue el único que dejó de guardia allí. Dejó al menos otros cuatro a vigilar el proceso.
Después de hacer un momento de silencio, una gota de sudor fluyó de la mejilla del moreno.
“No escucho nada, señor…”
(…)
— ¿Q-Qué demonios?
Al entrar, lo primero que vio fue el cuerpo de Tobías. Su rostro con un agujero en medio de las cejas.
Y él no era el único.
El cuerpo de Duno yacía contra el suelo. De a parte trasera de su cabeza rezumaba sangre. Recibió un disparo desde la boca, destrozando todo lo demás.
— Esto es… ¿Cómo?
Tobías y el resto de guardias tenían muertes similares.
¿Qué pasó aquí?
Es más…
…faltaba esa persona.
Las esposas tiradas al piso le dieron su respuesta.
Empezó a reír…
Esto no era gracioso.
¿Cómo pudo escapar? Estaba esposado… ¿Alguien lo ayudó?
Pero no recordaba saber de intrusos… ¿Quizás alguien interno? ¿Una traición?
Miles de posibilidades pasaron por su mente.
— Comunícate con los demás.
—…
— ¿Qué sucede?
El silencio de su subordinado no le agradó.
— Señor…he intentado ponerme en contacto con ellos, pero…
“Nadie ha respondido”
(…)
¿Cómo que nadie ha respondido?
Fue lo primero que quiso saber.
Sin embargo, recibió su respuesta poco después de salir a los pasillos.
Su respuesta vino en forma de muerte.
Sus subordinados tirados como balaje, con agujeros en sus frentes. Algunos tenían miembros rotos o áreas completamente destrozadas.
Martello y su guardaespaldas se movió entre ellos. No encontraron ninguno vivo.
Esto era demasiado…
Incluso si tenía un traidor, esto no tenía sentido.
¿Quizás fue traicionado por más de tres personas?
Su rostro ardió de ira y confusión.
En medio de su odio, llegaron al comedor.
Allí halló al culpable.
— Llegas tarde…
Sentado en su silla y con los pies montados sobre la mesa, terminó de beber una botella de Chenin Blanc hasta acabar la última gota.
En el piso, contra las paredes y sobre la mesa yacían varios guardias. Todos muertos.
Apartó la botella vacía de sus labios, relamiendo los restos dulces ácidos y dulces del vino.
— ¿Por qué tardaste tanto en venir?
— T-Tú…
— ¡Maldito!
El moreno a su lado sacó el arma ya preparada, apuntando directo a la frente del chico. Alguien capaz de algo así era un peligro para el jefe, un peligro que no dejaría pasar por alto.
Pero él fue más rápido.
— ¡…!
Un disparo impactó entre las cejas del moreno. Su cuerpo cayó en cámara lenta. Martello lo vio caer en seco sobre su espalda.
El cañón exhaló una bocanada de humo gris.
¿Cuándo sacó el arma?
— Martello…
“Tomaste una mala decisión.”
— ¡Tch!
Ansioso, corrió del lugar, dejando atrás el cuerpo de guardia recién caído.
—…
Russo suspiró, tomando otra botella.
No es que él fuera a dejarlo escapar.
(…)
— ¡Esto no tiene sentido! ¿¡Cómo pudo con todos mis guardias!?
¡Tenía como mínimo 50! ¡Una buena puntería no podría con tantos!
Necesitaba salir de aquí y pensar las cosas con calma. Sabía los mecanismos ocultos para escapar, ese chico no podría atraparlo sin tener una idea de estos.
Debería haberlo matado al instante. Haberle roto los dedos y sacarle los ojos…
— Huyendo sin mirar atrás… Qué acto más cobarde para el líder de los Martello…
— ¿Eh?
Un disparo atravesó su rodilla.
Cayó hacia adelante, golpeándose la frente.
¿Quién…? ¿¡Era ese chico!?
Giró la cabeza, buscando reconocerlo, pero un cañón entró en su boca, golpeando algunos dientes.
Solo pudo ver alguien vestido de negro.
— No eres adecuado para ser líder, Franco Martello…
“Quedas relegado de tu cargo”
(…)
Los pasos se oyeron resonar en el pasillo.
Evadiendo los cuerpos tirado aquí y allá, llegó al amplio comedor.
Sobre la mesa rodaban varias botellas vacías de una variedad de vinos, principalmente de los más dulces. Los amargos no fueron tocados.
Sentado sobre la mesa estaba Russo, terminando de beber una botella de Abadal Picapoll.
— Ah, maestro… Te tardaste…
—… Nunca me tardo.
— ¿Qué paso con Materllo?
— Muerto.
— Ya veo… Qué lástima.
“Pensaba interrogarlo un poco…”
Su maestro no dijo nada, conociendo su falta de necesidad para tal cosa. Existían otros modos de conseguir información aparte de preguntar directamente.
Y sin embargo, cuando estaba de ese modo, no se podía razonar bien con él.
Ritmo cardiaco acelerado, iris dilatado y mejillas ruborizadas de excitación.
Cuando estaba así, su raciocinio era prácticamente inexistente.
Él no quería extraer información…
…solo quería divertirse con su captor.
Como un gato jugando con un ratón antes de devorarlo…
(…)
— ¡Jefe!
Del auto bajó un pelinegro de tatuajes de dragón sobre su cuello. Tropezó de camino a Russo, pero nada le disuadió de llegar y apretarlo en sus brazos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
— ¡Pensé que nunca lo volvería a ver…!
Russo parpadeó.
Su mirada aguda se calmó. Sus ojos volvieron a hacerse redondos.
Dio unas palmaditas sobre él.
— No te preocupes tanto, Sergei… Estoy bien.
— Patético. ¿Quieres avergonzarnos?
— ¿¡…!? ¡Tú…!
Detrás, un rubio arribó con las manos dentro de los bolsillos.
Dio una mirada intensa, llevando una mano al pecho para saludar.
— Ya nos encargamos de señuelo, jefe.
— Ya veo. ¿Dieron problemas, Even?
— No mucho. Se volvieron dóciles en cuanto los atrapamos…
Sergei lo soltó.
— Sí, además…
“Me encargué personalmente de hacerlos sufrir por molestar al jefe…”
Alegó, cargando negro en sus ojos sin vida.
El peli-plateado detrás tuvo que estar de acuerdo.
Incluso Sergei se vio obligado a cambiarse antes de venir, debido a la suciedad que se adhirió a él.
— ¡Daba mucho miedo! ¡Deberías haberlo visto, jefe!
— Tch, silencio, mujer…
— ¡Irina no se calla!
Alguien más apareció, portando una sonrisa radiante y peligrosa al mismo tiempo. Su pelo rosa se movió sobre sus hombros.
Ella sacudió la pólvora de la ropa de castaño.
— Volvamos a casa, jefe.
A este pedido, el castaño… Elio Russo, sonrió y sonrió.
— Sí.
(…)
—…
El silencio reinaba en el salón. A la mesa, los hombres del bajo mundo no sabían cómo reaccionar ante el líder.
Todo porque sabían que el día de ayer había sido secuestrado.
…y sin embargo, estaba allí, intacto.
Como si nada hubiera pasado…
¿Ya estaba bien?
Una sirvienta de pelo liso trajo Panna cotta, sirviéndole primero al líder al extremo de la mesa, quien no esperó para comer de él. No sabían exactamente si le gustaba o no, debido a la falta de vista de su cara por la máscara.
Un anciano de canas blancas carraspeó, decidiendo llevar la palabra.
— Líder, nos enteramos que fue secuestrado por los Martello ayer… ¿se encuentra bien para esta reunión?
Hubo silencio, que pronto fue roto por el jefe, quien apoyó la mejilla y movió el cubierto de manera relajada.
— No tengo ningún problema, Wallace. Gracias por preocuparte.
— Oh, ¿es así? Es un alivio…
¿Era verdad?
¿Estaba bien?
— Además, debo aclarar de manera oficial que la familia Martello se ha diluido de momento por falta de miembros… Es una lástima.
—…
¿Falta de miembros? ¿No fue su gente quien los exterminó a casi todos?
Todos miraron inadvertidamente al tutor de la familia Russo. Su cabello levantado de negro resaltaba. Su mirada sin emoción y severa daban el toque se gracia.
Ese tipo era el mejor asesino de la familia Russo. Por lo que sabían, tenía mucha más edad de la que aparentaba.
— Las habilidades del mejor asesino son de temer.
— Solo hice lo que debía hacer.
Si fueran ellos quienes volvieran sus armas al líder de los Russo, apuntaría directamente a ellos sin dudar.
Y ellos lo sabían.
— S-Sí…
Que peligroso.
Con ese tipo de su lado, muchos enemigos serían borrados antes de hacer un daño real. No por nada eran temidos.
Bruno entrecerró la mirada.
Están equivocados.
Él que realmente mató hasta saciarse, fue Elio, no él.
Le dio una mirada.
Llevando gestos relajados y elegantes, comió su postre sin preocupación a la vista.
No parecía haber asesinado a más de diez personas hace un día.
— ¿Qué estás esperando? Antes de hablar de cosas importantes, me gustarían que comieran un poco.
¿O no tienen hambre?
— ¡…! C-Claro que sí.
Todos empezaron a comer su porción.
— ¿…?
Uno de los líderes vio que faltó por servir uno de los postres de nata. Un extra al que nadie le prestó atención.
¿Acaso no contaron bien?
— ¿…? ¿¡…!?
El postre se movió…no…desapareció…
¡Vio como una de sus esquinas desapareció de la nada!
— Luigi, ¿sucede algo?
— Ah, no…nada. Lo siento.
D-Debería haber visto mal. Quizás seguía ebrio. Sí, eso debía ser.
(…(
Oficina principal, 12 pm.
El único sonido en la oficina era el bolígrafo moviéndose sobre el papel.
— Si tan solo Martello no hubiera hecho nada innecesario…
Ahora tenía mucho trabajo reorganizando los restos de su familia. Aunque podía deshacerse de todos, aun existían personas que podía aprovechar.
Sus párpados cayeron unos segundos. Se removió el cabello, buscando aligerar el sueño.
— ¿No deberías está durmiendo ya, niño?
— ¡…!
Por el marco de su ventana entró un par de zapatos negros de marca.
Cabello casi negro con tintes azules. El brillo lunar detrás provocó que se tuviera un velo blanco.
— ¿Novak?
El hombre entró campante, llevando sus manos dentro de los bolsillos con unos aires relajados.
— Si no duermes apropiadamente no crecerás, jefe.
— Ya no soy un niño, tengo 25 años.
— ¿Es así?
Sentando sobre el escritorio, retiró su flequillo, revelando el círculo rojo sobre su frente de piel blanca.
— No importa cuánto te mire, más que un hombre herido, pareces un niño intimidado por chicos más grandes…
— Tú y tus metáforas…
Retiró su mano después de suspirar.
— ¿Te trataron rudo?
— No más de lo necesario…
Novak se rio, dando una mirada a los documentos puestos en orden.
— Pero no entiendo por qué decidiste no destruir la casa Martello por completo. Yo lo habría hecho sin dudar.
— Aun hay personas que puedo aprovechar. No me gusta desechar cosas útiles.
— Cosas útiles, eh…
Señaló su rostro.
— ¿Cómo yo, por ejemplo?
—…
Los ojos dorados del joven tuvieron una pausa al fijarse en él…pero luego prosperaron de ternura.
— ¿Qué estás diciendo? Tú eres parte de mi familia.
—…
Novak mostró sorpresa.
…para luego sonreír, sudando frío.
— Estás jodidamente loco…
— No tiene sentido ser tímido. Eres parte de las personas que aprecio…
— Sabes bien que no me refiero a eso…
— ¿Entonces a qué te refieres?
—…
Novak aflojó el cuello de su ropa. El aire aquí lo hizo sentir sofocado.
Como si estuviera en un espacio pequeño y oscuro.
— ¿Conseguiste lo que te pedí?
— ¿Estaría aquí si no?
Colocó un sobre la mesa. Elio lo recogió, revisando el contenido.
— Allí están las partes involucradas, como quienes apoyaron silenciosamente el plan de Martello. Puse todos los detalles más mínimos.
— Ya veo, gracias.
— Mañana habrá un baño de sangre.
— No digas cosas como esa. Sabes que odio la sangre y la violencia sin sentido…
— Lo sé.
Sin embargo, si hay una razón lógica detrás, no existe cosa que no estés dispuesto a hacer.
— Mañana te haré llegar el pago.
— Sí, sí. Lo sé.
Marchó a la ventana que dejó abierta, a punto de irse.
— Espera, Novak…
— ¿Qué?
— Mañana habrá una reunión con el resto. Deberías venir.
— ¿…? Sabes que no me interesan esas reuniones. Soy más de traer información directamente…
— Aun así, deberías venir de vez en cuando a mostrar tu cara. No mucha gente te conoce fuera de nuestro círculo…
— Incluso si dices eso…
Elio apoyó su lado derecho sobre su mano.
— ¿Y si fuera una orden?
—…
Paralizado al instante, no tuvo como responder. Su cabeza podría rodar si decía algo sin pensar.
Los labios de Elio aflojaron.
— No seas tonto.
El rostro de líder despiadado se despejó, dando paso a una suavidad esponjosa y gentil. Fue abrazado por dicha suavidad, sintiendo algo extraño subir por su espalda.
— No estás obligado a venir, solo es una invitación…
Miró a otro lado.
— No eres gracioso cuando eres así.
— No se supone que lo sea… Y no solo quiero que estés allí para mostrar tu cara. Tu compañía me agrada.
—…
Tuvo escalofríos.
— Realmente das miedo, jefe.
Tirando una risa seca, salió por la ventana.
—…
Elio vio el aire soplar por la ventana que el otro se negó a cerrar. Sintió frío, por lo que se movió para cerrarla adecuadamente.
— Ya se fue. ¿Crees que vendrá mañana?
— Quizás sí, quizás no.
— Eso no es muy específico…
— Es ese tipo de persona…
— Supongo que es verdad…
Asintió, girándose a la otra figura en la oficina.
Alguien que solo él y Bruno podían ver.
(…)
Bruno era un hombre muy, muy ocupado.
Y sin embargo, siempre tenía que cuidar de alguien.
En esta ocasión, le tocó un niño de 5 años.
Miró sus brazos y piernas; débiles. Mirada; demasiado suave. Postura; insegura.
El pequeño de 5 años se escudó detrás de la falda de la señora de traje negro.
Un trabajo importante de Bruno, era entrenar el próximo jefe de la familia. Hasta ahora, llevaba varias generaciones, incluyendo la actual.
Sin embargo, los niños que él tenía bajo su tutoría, siempre tenían algún tipo de afinidad con el bajo mundo.
Este venía de afuera. Un foráneo.
— Elio, él será tu tutor a partir de ahora, salúdalo…
La mujer intentó sacarlo detrás de ella. El niño asintió a modo de saludo, aun aferrado a su falda, su salvavidas.
— ¿Cómo te llamas?
Ya sabía su nombre, pero igual debía preguntar.
El niño bajó la mirada, temblando un poco.
— E-Elio…
Dijo con aires tímidos.
— ¿Sabes por qué estás aquí?
— N-No… ¿Me van a p-poner a…trabajar?
— No. Te enseñaré a ser un buen líder y a liderar esta familia, la familia Russo, tu familia biológica.
— ¡…! ¿Bio…lógica?
— Sí.
“La familia en la que estabas, no era tu familia real”
(…)
El actual líder de la familia comenzó a mostrar un decaimiento en su salud justo después del asesinato de su hijo mayor.
— Pensar que sería traicionado por uno de sus hombres más cercanos…
El viejo maldijo, y envió a matar todos los implicados.
Aun así, su hijo no volvió a la vida.
— Que problema. Mi otro hijo no puede heredar la familia, es ciego…
Su segundo hijo tuvo la mala suerte de nacer ciego. Era una desventaja demasiado pesada para un jefe cuya vida estaría en peligro casi a diario.
— Supongo que tendremos que buscar otra alternativa… ¿Qué opinas, Bruno?
— Lo que usted ordene, jefe.
— No me importaría oír tu opinión. Antes no tenías escrúpulos en imponerme tus palabras.
— No recuerdo bien esos tiempos…
— Yo sí. Después de todo… ¡Hiciste que una manada de perros hambrientos me persiguiera durante una hora! ¿¡Cómo podría olvidarlo!?
Bruno miró a otro lado.
— ¿Eso pasó? ¿No estabas solo jugando con ellos?
— ¡Ningún niño de 10 años jugaría con unos pitbulls de ese tamaño!
Respiró hondo, tocando su pecho. Emocionarse aceleró su ritmo cardiaco.
— Tenemos que buscar el próximo heredero… Necesito tu ayuda con eso.
“Solo tú puedes saber si alguien será capaz de sobrevivir tanto tiempo a esta posición…”
— Sí…
Después de todo, fue él quien lo seleccionó como próximo líder de la familia.
(…)
Mientras instruía al niño para ser el próximo jefe, echó un vistazo a su expediente.
Según esto, formaba parte de la línea de una persona que se marchó hace dos generaciones...
Una rareza en este mundo tan peligroso eran las personas que se desligaban de la mafia y seguían con vida.
Bajo el juramento omerta de no contactar nunca con la policía, se hicieron una nueva vida en otro lugar. Cualquier contacto con las autoridades violaría el acuerdo de silencio, lo que daría lugar al exterminio inmediato.
Fueron inteligentes y no abrieron la boca y siguieron con sus vidas, viviendo como personas normales.
Al menos, hasta la generación de Elio.
Frunció el ceño con el siguiente párrafo.
La madre de Elio sufría esquizofrenia, llegando a intentar matarlo cuando tenía 4 años. Su padre lo defendió, pero terminó matándola en respuesta, lo que provocó que fuera enjuiciado por homicidio.
Después de eso, Elio terminó al cuidado de su tía, una mujer divorciada en tres ocasiones. Por lo que sabían, su trato no fue el mejor. Según palabras de los vecinos, la mujer acostumbraba a menudo golpear cuando se enfurecía. Elio se llevaba la peor parte.
Y sin embargo, fue una molestia quitarle a Elio cuando fuimos por él.
Él y Vivian tuvieron que amenazarla seriamente para que dejara ir al niño.
Por más extraño que pareciera, tenía el don que los anteriores líderes tenían.
“Suerte”
Suerte para no morir prematuramente.
Por eso ningún jefe de los Russo hasta ahora tuvo una muerte violenta. Todo porque tenían este don.
— ¡Maestro! ¡Ayuda!
Aunque a veces me hace dudar.
— Enfréntalo como un hombre…
Contestó, prendiendo un cigarrillo.
— ¡Pero no soy un hombre!
¡Solo tenía 5 años!
Mientras corría, un chihuahua de ojos saltones lo perseguía detrás.
No importa cómo lo mirara, esto era demasiado para él.
Bruno no pensaba lo mismo.
Un buen jefe debe ser valiente.
Sin embargo, entrenar la valentía de este niño era todo un reto.
Solo tenía talento huyendo y escalando muebles.
— ¡Maestro, ayuda!
Se subió a un cajón en un santiamén. El chihuahua ladraba más abajo.
— Elio… ¿Cómo esperas convertirte en el próximo líder si lo único que haces es huir?
— ¿Eh? P-Pero… ¿Debería dejar que me muerda?
— No me refiero a eso.
El perro fue pateado lejos, dejando en shock a Elio.
— Quiero que luches.
Lo encaró, esperando una reacción.
El niño tembló, para después…
…estirar fuerte sus mejillas.
— ¿¡Cómo pudiste hacer eso!?
— ¿Eh? ¿Hacer qué?
— ¡Patear al perrito! ¿¡Eres un demonio!?
—…
¿El perro?
¿Hablaba del mismo perro que lo persiguió antes?
Elio se bajó del mueble, marchando hacia el animalito. Lo levantó en brazos, frotando su cabeza.
El perro reveló los dientes, desconfiado. Lo mordería seguro.
Dudo que siga queriendo ayudarlo cuando lo muerda…
Abrió su hocico, endureciendo el ceño.
…pero Elio cerró su hocico con una mano.
Sin dudar, sin pensarlo dos veces.
— Silencio.
El perro dejó de gruñir, intimidado por la orden.
—…
Bruno se quedó estático.
No porque deseara estarlo…
…sino porque la orden de antes penetró en sus huesos.
Una orden apremiante. Una imposible de rechazar.
— Maestro…
Llegando a sus pies con el perro en brazos, lo miró.
— ¿Podrías llamar a un veterinario para él, por favor?
—…
Apagó el cigarrillo, llevando una mano a su pecho.
— Como ordene…
“Futuro jefe”
(…)
Temprano en la mañana, tocaba el desayuno del jefe de la familia Russo.
Como cualquier otro día, le sirvieron la comida en la habitación (dependiendo de su humor, comía en el comedor o en su cuarto) y se retiraron.
Se quedó sobre la cama, mirando aletargado el carrito de mesa llena de comida.
— ¿Sin apetito hoy?
Parte de su comida flotó por arte de magia, él no se mostró confundido ni sorprendido.
Todo porque veía exactamente quien lo movía.
— ¿Puedo comerme esto?
— Claro…
— ¡Gracias!
Elio bostezó, frotando su cabello.
El peli-castaño más adelante devoró la comida como si no hubiera mañana.
— No comas demasiado.
— No te preocupes por mí. Como fantasma, me es imposible engordar…
Alzó el pulgar, llevando a la boca otro bocado.
Aunque ni siquiera puedes flotar como un fantasma normal…
Trayendo oro fundido en sus pupilas, y cabello como castañas, el primer jefe de la familia Russo se presentó.
(…)
Como antepasado fundador de la familia, Giovanni Russo tenía mucha importancia para la familia en sí como figura principal y de estatus. Alguien que plantó terror y admiración en partes iguales en quienes conocía.
Sin embargo, llevaba mucho tiempo muerto, por lo que pocos sabían cómo se veía.
Al menos hasta ese día, cuando Elio lo vio por primera vez.
Salieron de la ducha, miró lo que quedaba de comida. ¿Pensaba comérselo todo?
— No te lo comas todo. Por tu culpa creen que como como un cerdo en las mañanas.
— Seguro estarían contentos de saber que alimentan al antepasado de la familia.
— Como si pudiera hablar de ti sin parecer un loco…
Seguro los terminaría preocupando sobre su salud mental.
— Deberíamos pedir tiramisú para el postre.
— ¿Cómo es que el infame antepasado de la familia se redujo a un glotón?
— Conviértete en un fantasma y a ver cómo te va…
Antes de poder responderle, un sonido provino de la ventana.
El informante entró campante, sin preguntar o pedir permiso.
— ¿Estás hablando solo?
— ¿¡Novak!? ¿¡Q-Qué haces aquí!?
— ¿No dijiste que viniera la reunión de hoy? Decidí llegar temprano, nada más. Olvídate de eso, ¿hablabas con alguien?
— ¡Ack!
¡Demonios!
— ¿Cómo crees? ¿Ves a alguien aquí si no?
—…
Novak miró a otro lado, llevando una mano a su boca.
— Supongo que el jefe ha trabajado demasiado. Ha empezado a sucumbir ante el estrés.
—…
Realmente no podía decir que hablaba con un fantasma…
Novak se paseó, tomando del carrito de comida.
— ¡A este paso no quedará nada para mí!
— ¿No comiste tú todo esto?
— ¡…! Bueno, sí, pero…
— Entonces no deberías tener problema en que coja un poco…
Y sin embargo…
No tenía migajas en la boca, aun cuando afirmó haber comido.
No obstante, Novak decidió dejarlo pasar. No tenía sentido buscar donde no debería.
— ¿…? ¡Ey!
Poniendo las manos sobre la toalla, removió su cabello húmedo hasta volverlo una mata desarreglada.
— ¿Olvidaste que eres alguien importante? Necesitas lucir intimidante, no como un perro mojado…
— No creo verme mejor ahora…
Incluso ahora, parecía más un cachorro siendo limpiado, que un jefe capaz de aterrorizar a otros.
— Y deberías pedir otra ropa de dormir. Esta te hace ver más joven de lo que eres…
Se burló de su pijama de color marfil. Si cualquier otro lo viera, no pensaría que gobernaba el bajo mundo.
— Pero me gusta…
— Nadie preguntó si te gustaba.
— Tampoco pregunté tu opinión.
(…)
Aun después de ser acogido por los Russo, y tener todas sus necesidades cubiertas, el sentimiento de soledad dentro de él seguía patente. Las dudas no olvidaron sumarse.
¿Qué pasaría si no podía cumplir las expectativas de todos? ¿Lo echarían de aquí?
¿Dónde y cómo estaría su padre? ¿Volvería a verlo algún día?
Recordaba la mirada enloquecida de su madre al momento de tomar el cuchillo. Ida, murmurando incoherencias, lo miró con ojos pantanosos.
No entendió nada de lo que dijo. Y por más que preguntara, tampoco obtuvo su respuesta.
Cerró los ojos en cuanto vinieron las siguientes imágenes de lo ocurrido.
No quiero recordar.
Quiero olvidar.
Se repetía día a día, intentando dejarlo todo atrás.
Sin embargo, mientras su padre estuviera dentro de ese pasado, nunca podría prescindir de él.
Miró la hora en el reloj. Marcaba las 5 AM. Pronto vendría ese hombre a despertarlo.
Su tutor era un hombre aterrador que nunca sonreía. Parecía capaz de cualquier cosa. No podía actuar natural cando estaba con él.
Al menos sabía cómo sobrellevar en cierta medida los cambios de humor de su tía. Cómo actuar para no aumentar su enojo y evitar más abuso del necesario.
Miró el reloj otra vez. Apenas habían pasado unos segundos.
Realmente no quería verlo.
Sin embargo, si no coopero con ellos, me echarán a la calle.
¡O algo peor! ¡Podrían enterrarlo en algún lugar por ser un niño malo!
— Ya es hora de ponerme de pie, o el maestro se enojará otra vez…
— Ese idiota debería entender que eres un niño en crecimiento y que por lo tanto, deberías dormir mucho para crecer bien…
¿Eh?
Oír palabras…en la habitación qué solo ocupaba él, lo paralizó.
Miró a su lado derecho.
Sobre una silla, un hombre de ojos dorados y cabello castaño miraba el techo.
—…
¿Mis ojos no me engañan?
— Bruno vendrá en cualquier momento. Será mejor que te vistas rápido, o ese demonio comenzará a quejarse… A veces me pregunto si no tiene ningún hobby además de resolver crucigramas, ¿Cuántos años cree que tiene?
—…
— Aunque han pasado más de cincuenta años, ese tonto sigue siendo igual de rígido que el día que lo conocí. ¿No piensa cambiar nunca? Apenas viste distinto… ¿Eh?
Al bajar la mirada del techo, la mirada del hombre se topó con la del niño…que tenía en mano un cuchillo que le dio Bruno por si era necesario defenderse.
—…
El hombre dejó caer la mandíbula.
Elio respingó cuando este se puso de pie.
— Ey…
“¿Puedes verme, niño?”
— ¿Eh?
¿Qué tipo de pregunta era esa? ¡Claro que podía! ¡No era ciego!
— ¿V-Vienes a matarme?
¿Vino a matarlo por ser el próximo líder de la familia? Aunque el maestro Bruno le dijo que habría gente que lo intentara, ¿no era demasiado pronto? Apenas llevaba medio mes aquí…
— ¡Así que de verdad puedes verme!
El hombre aplaudió alegre.
— Y no existe necesidad de ese cuchillo. No te haré daño.
“La tía decía lo mismo”
Sonreía y le decía que se acercara, para después explotar y descargar su frustración con él con sus puños y pies.
— Entiendo que no confíes en mí, pero realmente no te haré nada. Tampoco creo que puedas hacerme daño con eso…
— ¿Q-Quieres apostar…?
Incluso un golpe en el pie dolía. Si se movía bien, tal vez podría herirlo.
Aunque…
Sus manos no paraban de temblar. ¿Podría golpearlo así?
— Eres un niño muy terco, Elio.
— ¡…!
Acercándose, se paró frente a él, traspasando la distancia que los mantenía separados.
El cuchillo…lo atravesó. Pero no hubo sangre.
De hecho, tampoco sintió nada.
— ¿Lo ves? No puedes hacerme daño.
“Ya estoy muerto.”
—…
Elio se desmayó.
— ¿¡Elio!?
(…)
— ¡De verdad no estoy mintiendo! ¡Un hombre de ojos dorados está aquí ahora mismo! ¡Justo allí!
Bruno se llevó unos dedos al entrecejo, mientras que el doctor anotaba algo.
En una sala blanca, Elio era diagnosticado.
— ¡Ah, mire! ¡Se está riendo! ¡Se ríe de mí!
Bruno miró al doctor.
— Moretti, ¿Qué crees que cause estas alucinaciones?
Ignoró el “¡No son alucinaciones!” y se concentró en el hombre de cabello largo.
— Bueno, acaba de salir de una familia de tendencias abusivas, y actualmente está siendo presionado para encajar aquí, así que es probable que esté demasiado estresado y haya comenzado a crear alucinaciones de sus miedos…
— ¡No miento! ¡Realmente está allí! ¡Incluso está tomándose su café, doctor! ¡Dice que le faltó azúcar!
— Vendo cómo tiene un concepto bien definido de él, debe representar su constante estrés bajo toda la presión que está recibiendo. Necesita reposar.
Bruno suspiró. Cuanto quería prender un cigarrillo y fumarlo de una sola calada.
— Está bien.
— ¿”Está bien”?
El hombre de bata blanca aproximó su rostro tan cerca que el tutor de negro retrocedió instintivamente. La mirada acusadora del otro le sacó una gota de sudor.
— ¿Q-Qué?
— ¿Realmente me harás caso?
— Si es por el bien de su salud mental, hacerte caso tiene todo el sentido del mundo…
Moretti inclinó una ceja, formando una expresión discordante.
— Estaba seguro que harías caso omiso y lo seguirías presionando con tu entrenamiento de porquería. Me alegra que aun tengas algo de sentido común…
— ¡…! ¿A qué vino eso?
El doctor se fue, tirándole su espalda sin la menor duda. Empujó al niño a su lado, girando la cabeza.
— Me alegra saber que sigues teniendo algo de humanidad, querido Bruno. Sigue conservandola un poco más…
— ¿Qué-
La puerta fue cerrada en su cara.
(…)
— Soy Aurelio Russo, el antepasado de la familia Russo.
—…
— ¿Seguirás sin decir nada?
No respondas.
Metido bajo las sábanas, se escondía de la presencia que recién descubrió hace unos días.
Lo malo, era que nunca se callaba.
— No seas así, dime qué comida te gusta más. Hace muchos años que no tengo con quien hablar, di algo. ¿O no quieres hablar porque soy básicamente una antigüedad?
Solo debía ignorarlo y pronto se iría.
— ¿Bruno no da miedo enseñando? Podría ayudarte con tus estudios para sorprenderlo…
— ¿…?
Sacó la cabeza de su fuerte de mantas.
— ¿P-Puedes?
— Claro. Entre él y yo, ¿Quién es más accesible?
—…
No tuvo que pensarlo dos veces.
(…)
Bruno llegó a la puerta de la habitación de Elio.
Según Moretti, debo darle tiempo para digerir su nueva vida y situación.
Solo esperaba que no tuviera que esperar demasiado para seguir el entrenamiento que tenía pensado para él. Tenía muchas cosas que aprender como próximo líder.
“Allí está el Bruno impaciente que conozco.”
Oyó a Moretti decir con una sonrisa en su mente. Disipó su molesta cara, y decidió tocar.
Pero escuchó la voz de Elio antes de tocar la madera.
Como buen adulto, pegó el oído.
— ¿Así se resuelve esta fórmula?
¿…?
¿Con quién hablaba? Aun no tenía amigos con quien hablar. ¿Sería Irina? No, ella estaba ocupada en otro lugar.
— ¿Entonces a Bruno se le dan fatal los juegos de azar?
¿Qué?
— ¿Tan mala suerte tiene?
¿Cómo él…?
— Pensar que siempre tomaría el jóker en cada turno… Su suerte debe ser terrible…
Los ojos de Bruno se aguzaron como navajas.
Sí, era malo en juegos de azar. Los juegos de cartas entraban en esa categoría, pues su mazo siempre era malo, y cuando se trataba de escoger la carta de las manos de otro jugador, siempre terminaba tomando el jóker y perdía.
Sin embargo…
Hace cuarenta años que no juego cartas con nadie. Debería ser imposible que alguien sepa sobre eso…
La puerta se abrió de golpe.
Estiró la mirada.
Solo vio a Elio frente a su escritorio (Al cual apenas llegaba con ayuda de unos cojines). No vio a nadie más.
— ¡Ah! ¡Cuidado-
Pero una silla se cayó de repente en medio de la habitación sin nadie que la tocara.
—…
Bruno llegó a pocos metros de la silla.
— Aurelio…
“¿Eres tú?”
Bruno no podía verlo, pero Elio sí.
Vio al fantasma sudar a mares, llevando una sonrisa congelada de nerviosismo.
— Eh, pequeño Elio, ayúdame por favor…
Elio miró a Bruno.
— Lo siento.
— ¡…! ¿Piensas abandonarme?
— Elio.
— ¿S-Sí?
— ¿Puedes ver a Aurelio? ¿Cómo se ve?
— Eh… Nervioso…
— Ya veo…
El hombre alisó su traje.
— Dame tu mano, Elio…
¿Eh?
— C-Claro…
No es que pudiera negarse, así que le dio la mano.
En ese momento, la mirada perdida de Bruno, se fijó en un punto…en Aurelio a dos metros de él, alejándose.
Definió una sonrisa aterradora.
— Ya te vi…
— ¡…!
¿Qué? ¡Eso debería ser imposible! ¡Solo Elio podía verlo!
Ah…
Bruno levantó la mano del pequeño Elio que sostenía, aun llevando su expresión malvada.
— Elio me prestó su capacidad de verte…
—…
Ya valí…
(…)
— ¿Desde cuando estás aquí?
— Desde hace dos años…
— ¿Por qué estás aquí?
— No lo sé. Aun cuando traté de ver otros lugares, solo puedo llegar a lugares donde están personas que son descendientes míos.
— ¿Por qué tienes esa cara tan molesta?
— ¡Es la cara que me dio mi madre!
Bruno suspiró, mirando ahora a Elio.
— ¿Por qué no me dijiste de esto?
Elio respingó, mirando abajo. Sus manos jugaron entre sí.
— Yo…yo lo intenté…
— Tu explicación no fue muy clara que digamos…
— Yo…es que yo…bueno…
— ¡Bruno, eres un imbécil!
— ¿¡Huh!?
Siendo empujado, el fantasma recogió al niño en brazos y lo acunó contra su pecho.
— ¿Esperas que te dé una explicación detallada como si fuera un adulto? ¿No ves que solo tiene 5 años? Solo lo estás intimidando…
— Entonces puedes tocar cosas físicas… Eso explica porque ha desaparecido tanta comida…
— No evadas el tema. ¿Realmente puedes decir que eres un buen tutor si lo único que provocas en tu alumno es miedo?
—…
Dio una mirada al niño.
Elio enterró la mirada, evitándola.
No lo veía como un adulto de confianza, solo como una figura de miedo.
En cierto sentido, no era diferente a su tía.
Metió la mano en su bolsillo, buscando su cajetilla de cigarrillos.
Pero antes de sacar un cigarrillo de él, un manotazo de Aurelio tiró la caja al suelo.
— ¿Vas a fumar frente a un niño de 5 años? ¿Quieres hacerlo un fumador pasivo?
—…
Aun muerto, la mirada de reproche seguía siendo igual de afilada.
— Está bien…
“¿Cómo debería actuar, entonces…?”
(…)
A la hora acordada, se llevó a cabo la reunión entre el jefe y sus quintinos.
— Temprano como siempre, Sergei.
El peli-plateado se inclinó profundamente.
— ¡Nunca podría dejarlo esperando, jefe!
— Si tan solo todos fueran igual de puntuales que tú…
— Esos imbéciles no saben ser responsables. ¡Me encargaré de ellos yo mismo!
— Bueno, no podemos condenarlos a muerte solo por 3 minutos de retraso.
Apenas terminó de hablar, llegó el siguiente quintino, Luigi.
Con su cabello cuidadosamente peinado hacia un lado, se inclinó, tomó la mano del jefe, y besó el anillo en su dedo.
— Doy mis saludos al jefe. Lamento la tardanza.
— No hay problema. Puedes tomar asiento, Luigi.
Luigi hizo como ordenó, ignorando los gruñidos de Sergei a un lado.
Even llegó, tomando asiento en silencio y saludando al jefe de manera comedida, como acostumbraba.
La siguiente en llegar fue una mujer de vestido rojo y negro. Un velo negro cubría su rostro, solo dejando al descubierto labios bermellones.
— Jefe, mis saludos a usted.
Tomó la mano de Elio, pero este evitó que besara el anillo.
— No es necesario. Arruinarás tu labial…
— Oh…
Un rubor cubrió sus mejillas. Llevó unos dedos a sus labios.
— Siempre sabes qué decir para estremecerme, jefe.
— ¿…?
Encantada, tomó asiento.
Bruno suspiró.
El resto de los padrinos llegaron al poco tiempo.
Solo quedaba un asiento vacío…
El de Novak.
— Tch, así que tampoco vendrá esta vez. Ese bastardo…
Sergei mostró los dientes. Como deseaba darle su merecido a ese presumido…
— Supongo que no se puede hacer nada…
Dijo Elio, sonriendo con resignación. Abrió la boca para dar inicio.
Pero la puerta fue abierta sin permiso de nadie.
Novak entró, llevando un saco poco propio de él.
— Eh, ¿llegué tarde?
— ¡Tú…! ¿¡Estás aquí!?
Sergei no podía creerlo. Que ese lunático estuviera aquí.
— Pensar que vendría esta vez…
Luigi abrió la boca, dando una mirada al jefe en el otro extremo.
Rezumaba alegría.
— Gracias por haber venido, Novak. No sabes lo feliz que estoy de tenerte aquí con nosotros…
—…
Giró el rostro, causando la indignación de Sergei.
— ¿¡Ignoras al jefe!? ¿¡Quieres morir!?
Elio lo volvió a sentar al tirar de su brazo.
— Vamos, vamos, Sergei, comencemos, no nos preocupemos por pequeñeces…
La reunión dio comienzo…
O debería haber sido así.
— No puedo hablar bien teniendo el estómago vacío.
A sus palabras, entraron varias criadas. Entregaron una porción de genovesa a cada uno.
Novak miró su comida.
— ¿Tengo que comer esto? Realmente no me gustan mucho las cosas dulces…
Elio le sonrió en respuesta.
— Todos comeremos.
—…
Eres un maldito dictador, ¿sabías?
No podía creer que estuviera bajo su mando, para empezar.
La vida termina tomando giros bastante extraños…
(…)
Hace 10 años.
Asistir a la secundaria siendo el heredero de una familia de mafiosos fue algo que pensó imposible.
De hecho, la escuela sabía bien de su origen, manteniéndolo en secreto de los jóvenes hasta cierto punto.
Por ejemplo, los padres advirtieron incansablemente a sus hijos no “meterse” con cierto estudiante por el bien de todos.
— ¡Jefe! ¡Tocamos en la misma clase!
Irónicamente terminó en el mismo salón que Sergei, uno de sus subordinados más recientes.
No se olvidaba de lo agresivo que fue al conocerlo en segundo año. Un perro con rabia habría sido más pacífico.
Sin embargo, ahora…
— ¿Jefe? ¿Acaso se siente mal? ¿Está fatigado? ¿Quiere que le dé un masaje de hombros?
— Sergei…
¡Por favor, actúa más como un compañero de clases, y no como un subordinado!
El chico lo siguió como un perro faldero a su nuevo salón, preguntándole qué cosas querría para comer el almuerzo, pese a que apenas comenzaba el día.
Su actuación no era la mejor para lo que deseaba.
Quiero tener una vida de instituto lo más normal posible, y no me estás ayudando a tenerla.
— Uh, lo siento…
En medio de eso, chocó el hombro de alguien más, empujando la frente de tal persona contra la pared.
— ¿Quiere que lo ayude con su bolso?
Se detuvo, tomándole el hombro.
— Sergei…
— ¿Sí?
— Haz silencio, por favor.
— Ah.
— Y deja de actuar como mi subordinado mientras estemos aquí.
— S-Sí…
Uh…menos mal…
Se giró de vuelta, traspasando la entrada a su salón de clases.
Sin embargo, al estar distraído, chocó contra el hombro de alguien más. Un golpe seco y sin anestesia para su frente.
— ¡L-Lo siento mucho!
Enderezado, frotó la zona de su frente. Fue entonces que pudo dar una mejor mirada a la persona que chocó accidentalmente.
Alto. Mucho más alto que él. Cabello negro como petróleo, y postura confiada. Mirada penetrante y silenciosa.
Ah…
¿Acaso…lo hice enojar?
Esa mirada fría se marchó y dio paso a una sonrisa calmada.
— Jaja, no hay problema. Los accidentes pasan…
— ¡…!
El cambio lo tomó desprevenido.
— Ah… C-Claro…
Menos mal, no está enojado…
— ¿Cuál es tu nombre? Soy Novak…
— Ah, soy Elio…Elio Farina…
Usó el apellido de su padre por recomendación del maestro. Sería tonto decir su apellido de mafioso en un espacio público.
El chico sonrió. Aquella sonrisa hizo que Elio suspirara para sus adentros.
— Pareces alguien amable…
— ¿D-De verdad?
Su maestro se lo decía todos los días…y no como elogio.
“Un jefe debe ser cruel cuando es necesario. Si nunca muestras los dientes, ¿cómo esperas que toda esa manada de bestias salvajes te obedezcan?”
Una mano acabó sobre su cabeza, removiendo su cabeza.
¿Mm?
— Solo un pequeño consejo para ti, Farina…
— ¿Eh?
Sus ojos no pudieron seguir el cambio de escena. De un momento a otro, estaba contra la pared, con la mitad de la cara escociéndole horrores. Su mente mareada dio vueltas, ensordecida por el dolor.
Sobre su oído, un aliento cálido y frío a la vez habló:
—…deberías fijarte más la próxima vez…
La presión no aflojó, aumentando.
— ¡Infeliz!
— ¡Wow!
Aun sonriente, detuvo la patada de Sergei. Ágil como un gato giró su pierna y asestó una patada a su estómago.
— Buen intento, perro faldero…
— ¡Ng!
Aun aguantando el cabello de Elio, pintó su sonrisa de insana diversión.
— Pareces un cachorrito tirado en la calle… ¿Te duele?
Soltó sus dedos. Elio cayó al piso.
El resto del salón tuvo miedo, retrocediendo. Novak los miró, llevando un dedo a sus labios.
— Shh… Sería malo si un profesor se diera cuenta…
“¿No?”
Todos tragaron saliva, bajando la cabeza.
— ¡T-Tú…! ¡Te mataré, malnacido…!
Aun en el suelo, Sergei no se rindió en intentar recuperar el aliento.
— ¿Oh? Eres resistente, perro faldero…
— ¡Kuh!
Pisó la espalda de Elio, afianzando la planta hasta aplastarlo contra el piso. Elio, que había intentado levantarse, nuevamente fue derribado.
— Si tan solo tu amo fuera igual de bueno que tú…
La ira se subió a la cabeza de Sergei.
— ¡…! ¡Tú…!
— Y adiós…
— ¿¡Muh!?
Cuando el chico se puso de pie con una insaciable sed asesina, Novak simplemente empujó adelante a Elio y se apartó. Sergei cambió de objetivo al instante, tomando a Elio en brazos con cuidado.
Miró adelante, y el delincuente ya ocupaba su asiento como si nada.
— ¡Ey-
Entró el profesor. Les dio una mirada.
— ¿Eh? ¿Qué hacen en el piso, chicos? Vayan a su asiento.
— Ugh…
Vio a Novak de reojo. Lo vio actuar como un buen estudiante. Le dio repulsión.
Una mirada burlona provino de él, como si dije “¿Serás capaz de hacer algo tan simple como esto?”
— Tch… Es que…mi amigo se cayó y se lastimó el rostro. ¿Podría…llevarlo a la enfermería?
— Oh…
El profesor dio una mirada. Levantó el flequillo de Elio y vio la parte hinchada.
— Está bien, les doy permiso, pero debes regresar en cuanto lo lleves, ¿ok?
Sergei quiso protestar, pero se contuvo. Asintió en silencio.
No podía llamar la atención.
Sostuvo a Elio del hombro y lo llevó fuera del salón.
Novak no se olvidó de apoyarse en una mano, mirando los movimientos algo torpes del peli-avellana al ser escoltado.
Realmente parecía un cachorrito perdido.
…
— Tienes una suerte terrible si terminaste topándote con alguien así de malo tu primer día en tercer año.
Aurelio suspiró. Elio suspiró. A ojos de Bruno, se vieron como gotas de la misma agua.
— Bueno…
Aurelio sonrió, sacando un arma de un cajón.
—…vayamos a matar a ese bastardo, o el apellido Russo estará en vergüenza los próximos 50 años.
— ¡…! ¿¡Señor Aurelio!?
Bruno le quitó el arma al fantasma (que por cosas de la vida, podía tomar cosas físicas).
Aurelio frunció el ceño, perdiendo la diversión de sus ojos.
— ¿Eh? ¿Tienes algo que decir, Bruno?
“Porque ahora no tengo mucha paciencia, ni siquiera para ti…”
—…
Lo sé.
Nunca has tenido paciencia con quienes te han ofendido. Los matabas apenas conseguías la oportunidad.
— Pareces pensar que esto amerita tu participación…
— ¿No lo hace?
— No. Es una simple riña de niños…
— ¿Ah?
El fantasma lo tomó de los hombros. Bruno decidió no mencionar la uñas presionando su piel.
— ¿Estás bromeando? Golpeó a mí Elio. La mafia se mueve por el diente por diente, ¿no?
Retiró sus manos, apretando en respuesta sus muñecas con la misma fuerza.
— Aunque es cierto que en este mundo la venganza es algo común, ahora no es momento de incluirnos en ella.
— ¿Qué?
Bruno miró a Elio. Su mirada penetrante lo atravesó.
— Elio, si no puedes resolver esto por tu cuenta los próximos 5 meses…
“Me desharé de esa chica que tanto te gusta…”
— ¡…!
La mirada de Elio cambió a pura desesperación.
En su clase estaba una chica que le interesaba. Bruno hablaba de ella.
— Pero ella…no tiene nada que ver con esto…
— Es una debilidad.
Tomando su hombro, susurró a su oído.
— Y los enemigos no pasarán por alto una debilidad. Necesitas demostrarme que puedes proteger la vida que deseas con tus propias manos.
— Ghk…
— ¡Ey! ¡Eso es demasiado, Bruno!
— Estoy siendo misericordioso. Podría amenazar toda su clase, pero solo amenazo una estudiante.
— Incluso si dices eso…esperar que lo haga todo solo…
— Nadie dijo que estaría solo.
Frotó el cabello de Elio.
— Dinero, personal, conexiones, puedes usar los recursos de la familia Russo como gustes para resolver tu problema.
—…
— En lo único que no te ayudaré, será en tu enfoque.
“Depende de ti decidirlo…”
…
“Realmente lo siento, jefe…por no poder ir con usted… ¿Qué clase de subordinado soy?”
— No te presiones demasiado.
Tuvo que abandonar a Sergei en su casa por una fiebre alta de casi 40°. El chico incluso intentó acompañarlo en su estado, pero a medio camino por las escaleras se desmayó de fiebre. Tuvo que ser devuelto a su cama de descanso.
Muy arrepentido de poder ir con él, le advirtió que no se acercara a “ese” tipo problemático.
Lo entendía, pero…
…las cosas no siempre sucedían como uno quería.
— Ah, ¿eres tú? ¿Te volviste a perder?
— Ah…
Lo encontró pisoteando los rostros de varios estudiantes de segundo año.
— ¿Por qué esa expresión sorprendida? Estos tipos me hablaron de manera grosera antes, así que les enseñé cortesía básica…
Saltando del montón de cuerpos pisoteados, dijo llegando hasta él, inclinándose con las manos en los bolsillos.
— ¿O quieres que también te dé una lección a ti?
—…
Contuvo la respiración.
— Je, patético…
Al verlo temblar de manera patética, se retiró y con el hombro lo derribó. El chico cayó sobre su trasero, adolorido por el golpe y la caída.
El otro giró la cabeza, dándole una larga mirada al retirarse. Rayó la burla y el entretenimiento.
Era tan divertido molestarlo…
— Y-Yo…
— ¿…?
Oyendo su intento de hablar, se detuvo.
Elio giró la cabeza al mismo tiempo, encarando su mirada. Desenterró emociones que el otro desconocía.
—…te domesticaré, así me tome una eternidad.
—…
Ah…
¿Qué me…domesticará?
¿Habla de mí?
— Pff… ¡Jajajajajaja!
Dio pasos más cercanos al chico caído. Se cernió sobre él, ampliando una sombra sobre su pequeña figura.
— ¿Domesticarme? ¿Tú a mí? ¿Estás soñando, o simplemente te fumaste algo antes de venir?
—…
Elio tembló un poco…pero no retiró su mirada, tampoco sus palabras.
— No perderé… Te haré mi perro, Novak.
— Ah…
Incluso lo llamó por el nombre sin miedo.
— ¡Ng!
— ¿Por qué no lo haces ahora?
Tirado de su cuero cabelludo, le sonrió, mostrando los colmillos. El rostro de Elio se contorsionó de dolor.
Presionó los dientes, no dándole el gusto de sufrir como él quería.
— ¡…! ¿¡…!?
Novak sintió la presión de dientes en su pierna. Soltó a Elio, fijándose, pero no vio nada allí.
¿Qué fue eso? ¿Algún perro?
Sonó el timbre de entrada.
— Ah… bueno, nos vemos después, Elio.
— Ha, ha, ha…
Elio lo vio irse, recuperando la calma.
Su cabello fue devuelto a su forma original. Aurelio lo hizo.
— Si tan solo tuviera un arma, le habría metido varios balazos en la frente a ese creído.
Elio sonrió.
— El maestro Bruno te dijo que no podía hacer algo así.
— Tch.
…
Hora de receso.
Golpeando la pared detrás de su cabeza, el muchacho fue acorralado por el estudiante de cabello negro, Novak.
— Dame todo tu dinero…
— ¡E-Eh…! P-Pero yo…
— No tengo todo el día. Dámelo ya mismo…
— Ugh… S-Sí…
A punto de llorar, sacó su cartera con dedos temblorosos.
Atrapado por su debilidad, no tenía cómo defenderse de las demandas de Novak.
— ¿Eh? ¿Por qué tú…?
— ¿…?
Pero apareció alguien.
Una espalda tan frágil como la suya.
¿No era el niño que fue golpeado por Novak su primer día de clases?
¿Qué hacía Elio allí?
— Ah, ya entiendo…
Novak se apoyó en la pared, moviendo las cejas de expectación.
— ¿Viniste para hacerte el héroe? ¿Para domesticarme con el bien?
—…
Elio presionó los labios, temblando un poco. Al otro le divirtió verlo intentar aparentar calma y valentía cuando carecía de ambas.
— Veamos si piensas lo mismo si te rompo los dien—
Un fajo de billetes golpeó su cara.
Rebotó en el piso.
— ¿¡…!?
El chico de fondo miró el dinero en el piso. ¿Todo ese dinero era real? ¿Sus ojos no mentían? Y Elio se lo lanzó como si nada…
—…
Novak miró el dinero, aun con la cara algo dolida por el golpe.
La mano de Elio seguía en posición de lanzamiento, habiendo sido el responsable.
— Ten, dinero… ¿No es lo que querías?
—…
Este…este niño…
Los dedos de Novak temblaron.
¿Acaso quería morir?
No…primero que nada, ¿de dónde sacó todo este dinero? ¿Asaltó un banco de camino aquí? ¿Tenía padres ricos?
Marchándose junto al estudiante sin mirar atrás, declaró:
— Cuando necesites más, pídemelo.
“Te daré todo lo que quieras.”
…
En casa, Novak contó el dinero.
Era real. Totalmente real. ¿Qué tienda robó ese niño? ¿O era verdad que tenía padres ricos?
—…aunque siempre viene caminando como cualquier persona…
No venía en limosina ni nada, tampoco destacaba por ser sociable y tener muchos amigos. Además de su perro faldero, no tenía a nadie más con quien pudiera ser cercano. Lo único que destacaba en él era su cara de cachorro perdido.
Ja…
Oyó pasos. Debía ser su padre. Guardó el dinero, sin intención de compartirlo con ese borracho.
— Bueno, ¿por qué no aprovecharlo?
No podía rechazar ayuda caritativa.
Al día siguiente.
— Ey, Elio…
A primera hora del día, golpeó la mesa del chico, asustando a su otro amigo. Elio levantó la mirada a la mano extendida.
— Dame todo tu dinero, ahora.
—…
— ¡…! ¿¡Quién te crees que eres? ¡Eres un desvergonza—
— Sergei.
— Ah…
Una palabra bastó para callarlo, como el perro que era.
Elio quiso sacar el dinero de su bolso, pero Novak lo detuvo.
— No así… Derrama todo su contenido en el suelo…
—…
Sergei enrojeció. Una orden de Elio bastaría para que se pusiera de pie y le cerrara el pico a ese idiota.
No obstante…
— ¿¡Jefe!?
Así lo hizo, desparramando todo en el piso, incluido el dinero que Novak quería. La boca de Novak formó una sonrisa floja.
— Ja… ¿Seguro que no estás siendo domesticado tú?
Dijo, recogiendo el dinero de paso. Dio unas palmadas a la cabeza de Elio.
Que chico más tonto…
Cuando se fue, Sergei explotó de ira.
— ¡Ese bastardo! ¡Jefe, ¿por qué…? ¿Por qué dejó que ese tipo hiciera lo que quisiera…? ¿En que-¡…!
Vio una diminuta sonrisa en la boca de su jefe. Una apenas perceptible.
…
“Dame dinero.”
“Necesito más…”
“Trae más mañana.”
“Dame tu almuerzo también…”
“Déjame copiar tu tarea”
“Oh, lo siento, tu cuaderno se me cayó en el charco de por allá…”
Los intercambios se hicieron habituales. No existía día en que Novak no viniera con una petición para él. Sergei estaba hasta el límite de su ingenio.
Sin embargo, la pequeña sonrisa de su jefe evitaba que perdiera los estribos.
…
— Bruh…
Sufriendo los efectos de la resaca, Neville se frotó las cejas. El café de su esposa debería haber sido más fuerte.
— ¿Qué?
Antes de salir de casa para ir al trabajo, encontró un joven de cabello ocre frente a la puerta.
— Ah, buenos días, mi nombre es Elio.
“¿Me permite un segundo de su tiempo?”
…
¿Qué es esto?
Al llegar a casa, Novak vio un auto demasiado caro para estar allí. Apestaba a dinero sucio. Su padre casi se acostaba sobre él, acariciándolo como si fuera su niño precioso.
— ¡Ah, llegaste, Novak!
— ¿Qué es esto?
¿Y de dónde salió?
— Jeje, hijo…
— ¿…?
Su padre tomó su hombro, frotando su nariz con una sonrisa.
— Deberías haberme dicho que eras alguien tan bueno… Pensar que podrías hacerte un amigo tan conveniente. ¡Estoy orgulloso de ti!
¿Qué?
¿Amigo?
¿Quién?
— ¡Incluso pagó mis deudas! ¿Puedes creerlo?
— ¿De qué estás hablando?
— No te hagas el tonto. Estamos hablando de tú amigo.
¿¡Qué amigo!?
— De todos modos, este auto es demasiado caro para sostenerlo. Lo mejor sería venderlo..
— ¿Qué estupideces dices? Esto es mío, no se lo daré a nadie más.
Tan egoísta como siempre.
— Pero olvídate de eso, tu amigo te está esperando adentro.
— ¿Qué?
…
Las sorpresas no se acabaron.
— ¿Qué haces aquí?
Cuando no vio a Elio venir ese día a clases, pensó que la presión había sido demasiado para él.
Sin embargo, aquí estaba, sentado en el sillón de su casa.
— Ah, Novak, por fin llegaste, tú amigo está aquí…
Su madre se había arreglado, ataviada de su mejor vestido. El que usaba para aparentar frente a otros.
Elio vestía un traje hecho a medida de color blanco. Incluso llevaba guantes.
La mirada que le dio fue una cálida.
Extendió los brazos. Sintió redes alrededor por un instante.
— ¡Novak!
—…
— Me da un poco de vergüenza que llegaras tan temprano, pero no puedo hacer nada respecto a eso.
— ¿Qué?
— ¿Qué haces allí, Novak? Ven y toma asiento ya.
Su madre rio…la risa falsa.
Risa para aparentar.
¿Por qué debería aparentar frente a un estudiante como Elio?
— Tu amigo nos contó de cómo se conocieron y todo. Es tan conmovedor.
¿De cómo se conocieron?
¿Conmovedor?
Elio se ruborizó un poco.
— Sí. Novak ha sido muy bueno conmigo. Me siento afortunado de haberlo conocido.
—…
¿Qué diablos era esto?
Su madre sonrió.
— Pensar que lo salvarías de unos matones y lo protegerías a partir del primer día. No puedo estar más orgullosa de ti, Novak.
¿Qué?
— Incluso vino a presentarte con nosotros y a mostrarnos su gratitud… Que buen chico…
Gra…titud… ¿Gratitud?
— Sí.
Elio llevó una mano a su pecho.
— Es injusto que solo Novak haga cosas por mí. Yo también quiero ayudarlo y ser un buen amigo. En cuánto me enteré de su deuda familiar, decidí ayudar con los con los fondos de mi familia.
— ¿Pero eso no causaría problemas más adelante? Nuestra deuda es muy…grande…
— No se preocupe por eso, señora.
“Mi familia tiene dinero de sobra.”
— Ah, ya veo.
Relajó sus mejillas, mostrando una sonrisa más vivaz.
Fue allí que Novak entendió por qué actuaban tan extraño. Tan felices y amables.
A ellos no les importaba si esto era real o no. Solo quería aprovechar la oportunidad. No les importaba si su sinceridad era real. Lo único importante era tomar cuánto podían.
En cierto sentido, eran iguales a él.
— Novak…
— ¡…!
Elio tomó su mano, sonriente.
— Soy un poco inútil en todo lo demás, sin embargo, si se trata de dinero, te apoyaré con todo lo que tenga.
“Así que sigue siendo mi amigo, por favor…”
Una presión invisible rozó su cuello.
…
— ¡No se preocupe, jefe! ¡Conseguiré el almuerzo que tanto desea!
Elio sonrió a medias.
— Aunque podemos simplemente pedírselo a Bruno después…
No tenía que luchar por la comida.
— Como su subordinado, debo demostrar que puedo con esto. No solo puede resolverlo ese tipo.
Le alzó el pulgar.
— Solo confíe en mí.
— Ese chico…
No tenía que ir tan lejos por él…
¿¡…!?
Sin previo aviso fue derribado de su asiento El ruido fue escandaloso a sus oídos.
— ¡Tú-¡kuh!-
El zapato de Novak acabó pisando su estómago, manteniéndolo en el piso. Tomó de su sándwich a medio comer y le dio una mordida maliciosa.
Con su pecho bajo presión, Elio apretó el tobillo sobre él, mirando arriba.
Un depredador lo miraba fijamente.
— ¿Creíste que bajaría la cabeza obedientemente después de lo que hiciste? ¿Qué sería domesticado?
—…Ng…
Aun aguantando su tobillo, presionó los dientes…
…y sonrió en medio de su lucha.
— ¿De verdad? ¿Comer de mi comida no…lo demuestra ya?
“¿No estás comiendo de la comida de tu amo…?”
—…
La vista del delincuente parpadeó en blanco y rojo. Destrozaría cada parte de este niño. No dejaría nada de él intacto.
— ¡Cállate!
— ¡Ugh!
Pisoteó su estómago, asestando un segundo golpe. Pensaba repartir más. Lástima que no pudo seguir.
— Eres insistente, perro faldero…
Atrapó el puño de su seguidor, que había regresado al oír el escándalo.
Novak preparó su otro puño para romperle la nariz, y dejarlo de testigo para ver en primera fila como sometía a su amo a una masa de carne irreconocible.
¿¡…!?
Dos manos sujetaron su cabeza y asestaron un rodillazo a su estómago. Movimientos silenciosos y certeros.
— ¡Ng!
Sus tobillos fueron golpeados. Su cuerpo fue derribado, con otro peso encima.
El chico de cabello ocre.
Sus manos protegieron su cabeza de la caída, lastimándose en el proceso.
— Novak…
Totalmente sentado sobre su estómago, llevó su mano a su cuello, apretando.
Una presión que le cortó la respiración a medias, y que sin embargo, era más pesada que la de un yunque. Más amenazante que el filo de una guillotina.
— Puede que no lo veas…pero…
Colocó sus rostros lo suficientemente cerca para mirar los ojos del otro.
—…ya tienes un collar con mi nombre escrito. Eres mío…
Solo vio soles encendidos, ardientes como magma.
— No me importa cuánto tardes en aceptarlo…
“Ya es un hecho…”
Esos no eran los ojos de un cachorro perdido.
Sino los de un lobo dominante.
Por primera vez en su vida, se estremeció.
— Ah…
El lobo sonrió, llevando una mano a su sonrisa, mostrando sus dientes afilados y una mirada ruborizada de alegría.
— Esa era la cara que quería ver…
“La cara de alguien con miedo…”
…
Recordando aquello, Novak tuvo escalofríos.
Porque apenas había sido el principio de la pesadilla.
El acosado se volvió el acosador.
Lo seguía a todas partes, y se involucraba en todos los aspectos de su vida.
Cuando deseaba quitárselo a golpes, este de alguna manera terminaba sobre él diciendo las misma palabras de aquella vez.
“Eres mío.”
Perdió la cuenta del número de veces que escuchó esa oración. Palabras posesivas y con un extraño hedor a ternura.
Sus padres fueron totalmente encantados por él. Se convirtieron en sus perros falderos. El resto de su familia también.
“Por favor, sigue siendo el amigo de Elio.”
Le dijeron. Le repitieron sin parar.
Porque si a ojos de ellos dejaba de serlo, perderían todos sus beneficios.
En algún punto se volvió amenaza.
“No te atrevas a desechar tu amistad con Elio.”
“No hagas nada que lo moleste.”
“Sé bueno con él.”
Todo por interés.
Aun así, decidió seguir insistiendo en no ceder el control. No se rendiría a ese cachorro.
Fue por ese entonces, que su padre murió.
Tuvo un accidente automovilístico. Su cuerpo fue partido en trocitos.
Después del funeral, se apartó con Elio y lo jaló del cuello. Sus manos temblaban.
— ¡Fuiste tú! ¿¡No es así!? ¡Planeaste esto desde el principio…!
¡Asesinar a tu padre para darle miedo y hacerlo sumiso! ¡Era demasiado obvio!
Elio guardó silencio durante unos segundos, levantando la mirada, tomando sus manos.
— Te equivocas, Novak.
“Yo no hice esto. Fue un accidente común y corriente…”
¿Qué?
No…
— Tienes que estar mintiendo…
Debía…
¿Su padre murió entonces por casualidad?
— Debería haberlo vigilado más. Nunca pensé que conduciría borracho en medio de la noche…
Confesó, abrumado por la tristeza.
A-Ah…
Novak cayó de rodillas.
Si no podía culparlo a él, ¿entonces qué haría con este dolor en el pecho?
Si odiaba, podría encubrirlo, pero ahora…
— Lo siento…
—…
Recogiendo su cabeza, lo abrazó, envolviéndolo de su calor.
— Lamento no haber evitado esto… Me aseguraré de cuidar de tu madre para que nada malo le pase…
—…
— A fin de cuentas…
Lo separó, tomando su rostro entre sus manos cálidas.
— Eres mío, y yo cuido de mis pertenencias.
—…
Perdió el aliento.
Fue sofocado. Se sintió mareado.
¿Desde cuándo…tenía estas cadenas apretadas en el cuello?
— ¿Verdad?
Sus labios temblaron. Quiso apartar su mejilla del toque de su mano. Un toque tan tierno y lleno de oscuridad.
Sin embargo, no pudo apartarse, como si esa mano fuera un imán.
— Sí.
“Soy tuyo.”
Así que por favor, cuida de mi familia.
(…)
—…
Novak miró el techo, y pensó:
Tal como lo pensé, ese tipo da miedo.
Elio tosió en su puño.
A decir verdad, nunca pensó ser tan insistente.
Simplemente que…con cada inversión, los deseos de ver resultados crecieron, y…en algún punto, renunciar a Novak se le hizo imposible.
Quería, no…necesitaba tenerlo con él.
En algún punto, dejó de pensar en obtenerlo.
Para él ya era un hecho que era suyo.
Por ese objetivo, gastó mucho dinero.
Todo por él.
— ¡Cachorro!
— ¡Ah…!
El mismo Novak se colgó de él, algo ebrio. El resto estaba casi igual, bebiendo como si no hubiera mañana. ¿Cuánto tiempo llevaban así?
El pelinegro lo jaló.
— Tengamos una partida de vencidas, como en los viejos tiempos…
— ¿Eh? ¿Ahora?
— ¿Por qué no? ¿Temes perder?
— Eh, pero…aún no he comido…
No se encontraba en su mejor momento. Su estómago rugía…
— Dices que no has comido pese a todos los postres que te has zampado… ¿Su estómago tiene un problema? Y no acepto un no por respuesta…
Aclaró, entrelazando sus manos por encima de la mesa. Los demás se interesaron al ver la típica postura de competencia.
— Ah, un partida de vencidas entre el jefe y Novak el informante…
— ¿A quién apostamos?
— ¿Quién se acabó la genovesa? Ni siquiera la probé…
— Ah, me comí tu parte…
— ¡Maldito!
— ¡Dele, jefe! ¡Usted puede!
— A-Ah… ok…
Era débil ante la presión social. No tuvo opción más que aceptar. Todo el mundo lo miraba.
La sonrisa del informante se volvió diabólica al verlo rendirse.
Aun recordaba cuando lo obligaba a jugar vencidas por despecho. Ni siquiera podía mover su brazo un centímetro. Era tan adorable verlo ponerse rojo como un tomate mientras trataba de empujar su brazo. A veces incluso lloraba de frustración.
No importaba si le pertenecía, podía descargar su frustración vendiéndolo cuantas veces quisiera en vencidas.
— Yo seré el árbitro.
Dijo Sergei, con sus manos sobre las suyas.
— 1, 2…
¡3!
Veamos cuanto has mejora—
El mundo se volteó por completo. Sus oídos pitaron, su visión borró toda imagen estática, y un dolor mordió todo su lado derecho. Creyó haber muerto por un segundo.
Incluso la mesa usada para jugar se partió a la mitad. Acabó en el suelo, en shock.
¿Eh?
¿Eh?
¿Que acababa de pasar?
Aun no podía levantarse.
— ¡Ah, Novak! ¿Estás bien? Lo siento, ¿Me excedí?
Vio la cara preocupada del jefe desde arriba.
Esto era…imposible.
¿Acaso…perdió?
¿Por Elio?
¿Ese cachorro?
Levantó su otra mano (la otra no la sentía).
— ¿¡Acaso eres un monstro!?
Elio hizo una pausa, se rascó la mejilla, ruborizándose.
— ¿Practiqué un poco?
— ¡Eso no se logra practicando!
Sabía que su fuerza aumentó, pero no a este punto.
Realmente…todos los Russo son monstruos…
Las risas de los demás quintino no se hicieron esperar, llenando el salón hasta el techo de voces atrancadas de burla y admiración.
— Directo al suelo. Nadie más le pedirá al jefe una partida de vencidas…
— ¡Como era de esperar del jefe!
— No exageres, Sergei.
Elio renegó sus alabanzas y se inclinó, ofreciendo la mano al caído Novak.
— Vamos, ponte de pie, Novak. Lamento haber usado mucha fuerza… A la próxima seré más cuidadoso.
—…
Esa sonrisa inocente lo hizo lucir como el cachorro sumiso de siempre.
Aceptó su mano.
…aun sabiendo la posesividad escondida detrás.
Una que él mismo individuo desconocía hasta cierto punto.
Tocó su cuello…
El collar seguía allí…
…y nunca se iría.
— Eres increíble, jefe…
Tampoco deseaba que lo hiciera.
Después de todo…
Ambos somos posesivos a nuestra manera…
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
De repente tuve ganas de escribir un poco de la mafia, así que yo, que no tengo tiempo libre, y estoy hasta arriba de tarea, decidí invertir mi tiempo en investigar para este one-show. Espero que haya valido la pena.
Normalmente voy por nombres ingleses o japoneses, pero estos nombres italianos me gustaron mucho.
Creo que salió decente, tomando en cuenta que es mi primera vez escribiendo de este tema.
Y sobre Bruno, y su papel como espíritu, no le den muchas vueltas. El mundo creado aquí es muy similar al mundo normal, pero con algunas criaturas increíbles de fondo.
Así como Sebastián de Kuroshitsuji se mezcla con el entorno, Bruno hace lo mismo, formando los próximos líderes de la familia.
Incluso si Elio al principio parecía un caso perdido, es un hecho que la sangre Russo corre por sus venas, jaja. Me pregunto si lo demostré.
Sobre el caso de su padre (me inspiré en un caso de la vida real), en unos pocos años saldrá. Gracias a sus conexiones, logró cuidarlo aun en la cárcel. Piensa traerlo con él en cuanto sea liberado. Me imagino su sorpresa al saber que su hijo es el capo del bajo mundo.
Espero que la lectura haya sido disfrutable. La revisión tomó años, puesto que a veces no sabía si agregar o quitar. Espero haber pellizcado algo de la esencia de lo que quería exponer aquí.
Con eso dicho, Analyn se despide de todos ustedes, mis amados y pacientes lectores, ¡bye bye!