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Ascend Corp - Piso 3

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Sinopsis

Subir no siempre significa avanzar. A veces, significa exponerse. El Piso 3 de Ascend Corp no se gana solo con talento. Se sobrevive con carácter. Leila llega ahí con méritos propios, con una reputación que ya no pasa desapercibida y con una relación que, por primera vez, siente real. Alex sigue a su lado, firme… aunque ahora desde otro lugar, otro nivel, otra mirada. Pero el nuevo jefe no es como los anteriores. Carismático. Brillante. Peligroso. Julián no oculta lo que es: un hombre acostumbrado a obtener lo que desea, dentro y fuera de la oficina. Para él, el poder también se ejerce con sonrisas, insinuaciones y juegos que nunca parecen inocentes. Y Leila —inteligente, íntegra, distinta— se convierte en un reto que no piensa ignorar. Mientras tanto, viejas sombras regresan sin mostrarse del todo. Información anónima. Dudas sembradas con precisión. Sospechas que no parecen casuales. Alex empieza a sentirlo: algo se mueve bajo la superficie, algo quiere romper lo que él y Leila han construido. Entre ambición, lealtad, deseo y manipulación, el Piso 3 exige decisiones más duras, silencios más pesados y una pregunta inevitable: ¿Hasta dónde puede resistir una relación cuando el poder decide intervenir? En Ascend Corp, nadie asciende sin pagar un precio. Y esta vez… el costo podría ser el corazón.

Estado:
Completado
Capítulos:
26
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Día 1

Desperté con un aroma que no pertenecía a mis mañanas.

Café recién hecho. Pan tibio. Algo floral.

Abrí los ojos despacio, todavía envuelta en esa frontera suave entre el sueño y la vigilia, y lo vi. Alex estaba de pie junto a la cocina pequeña de mi departamento, con la camisa remangada y una expresión concentrada que no le conocía… como si preparar el desayuno fuera una tarea importante, casi solemne.

—Buenos días —dijo al notar que lo miraba.

Su voz, baja. Tranquila. Íntima.

Me incorporé apenas, y entonces los vi: tulipanes, apoyados con cuidado sobre la mesa. Rosas pálidos, abiertos apenas, como si también estuvieran despertando.

—No tenías que… —empecé.

Alex se acercó a la cama y se sentó a mi lado.

—Sí tenía —respondió—. Quería hacerlo.

Se inclinó y me besó. No fue un beso apresurado. Fue lento, cálido, de esos que no buscan confirmar nada porque ya lo saben todo. Sus manos encontraron mi cintura con naturalidad, como si ese lugar le perteneciera desde siempre.

—¿Dormiste bien? —preguntó, rozando su frente con la mía.

Asentí.

—Contigo, sí.

Sonrió.

El desayuno fue simple. Café, fruta, pan. Pero hubo risas suaves, miradas largas, silencios cómodos. Alex me observaba como si aún no terminara de creer que estábamos ahí, compartiendo algo tan cotidiano.

—Hoy es importante —dijo al final—. Piso 3 no es cualquier cosa.

—Lo sé.

—Y aun así… —me tomó la mano— quiero que recuerdes cómo empezaste el día.

No hizo falta decir más.

Llegamos juntos a Ascend Corp.

El edificio se veía igual que siempre, pero no lo sentí igual. Subimos hasta el piso donde se dividían nuestros caminos. Frente al ascensor que me llevaría al Piso 3, Alex se detuvo.

—Te veo más tarde —dijo.

—Bajas al dos.

—Sí.

Me besó una vez más. Breve. Discreto. Pero lleno de promesas.

Las puertas se cerraron y, por primera vez, sentí el peso real del cambio.

En el Piso 3 todo era distinto. Más amplio. Más silencioso. Más… observado.

A lo lejos vi a Lauren, revisando algo en una sala de cristal. Me acerqué.

—Llegaste temprano —le dije.

—Tenía nervios —admitió—. ¿Y tú?

—Desayuné bien.

Lauren sonrió como si entendiera más de lo que dije.

No alcanzamos a seguir cuando una voz interrumpió:

—Señoritas.

Nos giramos.

El jefe estaba ahí.

Carismático. Seguro. Sonriente. De esos hombres que parecen llenar el espacio sin pedir permiso.

—Luego conversamos —dijo—. A sus estaciones, por favor.

Su tono fue amable… pero definitivo.

Después de que el jefe pidiera que cada quien fuera a su estación, conocí a mis nuevos compañeros poco después. Nombres, apretones de mano, miradas curiosas. Nadie sabía nada de mí, y eso me tranquilizó. Empezar desde cero tenía algo de alivio

Una mujer de Recursos Humanos tomó la palabra para formalizar las presentaciones.

—Antes de comenzar con los proyectos —dijo—, quiero dar la bienvenida a quienes se integran hoy al Piso 3.

Sentí cómo varias miradas se acomodaban sobre mí incluso antes de escuchar mi nombre.

—Leila —continuó— viene del Piso 2. Destacó por su capacidad de análisis, liderazgo operativo y criterio para la toma de decisiones bajo presión.

Hubo un murmullo bajo. No de desaprobación. De evaluación.

Algunos asentían. Otros me miraban con curiosidad abierta. Un par, con reserva.

—Esperamos que su experiencia aporte estructura y nuevas perspectivas al equipo.

No fue una presentación exagerada. Fue precisa. Profesional. Y eso la hizo más pesada.

Incliné ligeramente la cabeza, agradeciendo sin sonreír demasiado. No era el momento.

El jefe tomó la palabra enseguida.

—Bienvenida, Leila —dijo con ese carisma que parecía automático—. Aquí nos gusta la gente que sabe pensar… y que no se intimida fácil.

Algunos rieron.

Yo sostuve la mirada sin responder.

—Nos va a ir bien contigo —añadió—. Ya lo verás.

No sonó como promesa. Sonó como intención.

Nos dividieron por áreas y fue ahí donde comencé a conocerlos de verdad.

—Soy Mateo —dijo uno, estrechando mi mano—. Procesos internos.

—Camila —añadió otra—. Estrategia de crecimiento.

Nombres, cargos, sonrisas medidas. Todo correcto. Todo contenido.

Hasta que alguien se inclinó apenas hacia mí, bajando la voz.

—Ten cuidado con creer que aquí todo es tan transparente como parece.

—¿Alguna razón en particular? —pregunté.

Sonrió sin responder.

Ahí entendí que el Piso 3 no funcionaba con advertencias directas. Funcionaba con silencios.

Más tarde, durante un receso breve, la vi entrar.

Julia.

Venía acompañada por alguien de administración, pero no necesitó presentación para llamar la atención. No por imponerse. Por seguridad.

—Ella es Julia —anunció la misma mujer de RH—. Estará colaborando entre Piso 2 y Piso 3 en temas de coordinación y seguimiento.

Julia me buscó con la mirada casi de inmediato.

—Leila —dijo, acercándose—. Por fin coincidimos aquí arriba.

Su sonrisa fue genuina. Abierta. Casi un alivio en medio de tanta cautela.

—Parece que nos están subiendo el nivel a todas —respondí.

—O probándonos —dijo en voz baja—. Todavía no decido.

Nos reímos apenas.

Noté algo entonces: mientras algunos compañeros observaban mi llegada con interés profesional, la presencia de Julia cambiaba el ambiente. No competía. Conectaba. Y eso no pasaba desapercibido.

El jefe volvió a tomar la palabra, esta vez apoyado despreocupadamente en la mesa.

—Me gusta ver caras nuevas —dijo—. Mantiene despiertos a los que ya estaban cómodos.

Algunos rieron. Otros no.

—Aquí se crece rápido… si saben jugar bien sus cartas.

Sentí una mirada clavarse en mí.

Julián.

No fue descarada. Fue calculada. Como si ya hubiera decidido que yo era una carta interesante.

No aparté la vista.



El día terminó con Lauren y yo bajando al Piso 2. Ella se quedó con Julia, riendo, poniéndose al día. Yo busqué a Alex.

Estaba saliendo de su oficina cuando me vio.

—¿Cómo fue? —preguntó.

—Intenso.

—Ven.

Salimos juntos.

En el coche, Alex me miró de reojo.

—¿Te quedas conmigo esta noche?

No lo dudé.

—Sí.

No fue una noche que necesitara palabras para explicarse. Fue cercanía. Fue piel contra piel. Fue risa, susurros, y esa forma tranquila de sentirse en casa sin haberlo planeado.

Y mientras me dormía, entendí algo con claridad:

El Piso 3 no solo iba a exigirme más en el trabajo.

Iba a poner a prueba todo lo que empezaba a importarme.

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