Chapter 1
El padre de Lucy era un jugador. Lo había sido toda su vida. Cuando era pequeña, recordaba pasar días sin cenar porque él se había gastado el dinero de la comida en las apuestas. Al crecer, entendió que no era egoísmo, sino una enfermedad. Intentó ayudar a su padre a luchar contra su terrible adicción más de una vez, pero nunca sirvió de nada.
Ahora, su adicción lo había metido en un problema muy grave, y era Lucy quien estaba pagando las consecuencias.
Su padre, desesperado, le había pedido dinero prestado a la persona equivocada: Ruger Harrington. Cuando no pudo pagar su deuda, Ruger fue a buscarlo. Su padre llegó al apartamento de Lucy suplicando ayuda justo cuando Ruger irrumpió por la puerta. Ruger iba a matarlo, Lucy estaba segura de ello. Cuando ella intentó detenerlo, algo cambió. Como si se le hubiera encendido una bombilla en la cabeza.
Ruger se la llevó allí mismo. Su padre intentó impedirlo, pero Ruger le advirtió que si venía a buscarla, la mataría.
Y así fue como Lucy terminó sola en la vieja y descuidada mansión de Ruger.
«Si intentas escapar, te cortaré el cuello», dijo Ruger mientras la arrastraba bruscamente por la puerta. «¿Me entiendes?»
Lucy asintió lentamente, con las mejillas mojadas por las lágrimas.
«El sótano está prohibido», dijo Ruger con tono severo y tajante. «Nunca bajes ahí o será lo último que hagas en tu puta vida».
Ella asintió nerviosa una vez más, y Ruger la llevó a empujones hacia las escaleras. Subieron y entraron en una habitación. Había una cama que parecía haber sido usada. También había una cómoda y una mesita de noche, pero por lo demás, el cuarto estaba vacío.
«Esta es tu habitación», dijo Ruger. «Hay ropa en la cómoda. Me importa una puta mierda si te queda bien o no. El baño está al final del pasillo. Si necesitas algo más, me lo pides, joder. No te pongas a curiosear».
«No... no lo haré», respondió Lucy en un tono bajo y asustado.
Los oscuros ojos marrones de Ruger se clavaron en ella, haciéndola sentir pequeña e insignificante. No pudo soportar su mirada y apartó la vista.
«No juegues conmigo. No soy estúpido. De esto no se sale. Tu padre la cagó y tenía que pagar. Tú eres su pago. Ahora eres mía. Acéptalo o termina muerta, joder. Es tu decisión».
Tras decir esto, Ruger cerró la puerta de un golpe, dejando a Lucy sola en aquel extraño lugar. Se sentó en la cama y se cubrió la cara llorando. ¿Cómo había pasado esto? ¿Qué iba a ser de ella? ¿A qué se refería con que ella era suya? ¿Alguien vendría a rescatarla? ¿Llamaría su padre a la policía?
Demasiadas preguntas le daban vueltas en la cabeza y no tenía respuesta para ninguna.
Lucy no supo cuánto tiempo estuvo llorando. Finalmente, logró controlarse. Llorar no la sacaría de aquel lío. Necesitaba estar tranquila y pensar. Sobre todo, tenía que asegurarse de no hacer enfadar a Ruger.
Él era una bomba de relojería. Su gran estatura y su revuelto cabello negro hacían que se cerniera sobre ella como un monstruo, una bestia. No estaba de broma: la mataría si se lo proponía. Ella lo sabía. Así que solo tenía que esforzarse en... mantenerlo calmado. Al menos hasta ganar suficiente tiempo para encontrar una forma de escapar.
Alguien vendría a buscarla.
Tenían que hacerlo.
Solo necesitaba seguir viva cuando llegaran.




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