Capítulo 1.
El penthouse se encontraba en uno de los edificios más altos del Upper West Side, con ventanales de piso a techo que ofrecían una vista amplia de Manhattan iluminada por cientos de luces. A esa hora de la noche, la ciudad parecía no dormir: el sonido lejano de sirenas, autos y trenes se mezclaba con el murmullo constante del viento entre los rascacielos.
El departamento estaba ordenado, con una decoración sobria y elegante. Muebles en tonos neutros y algunos detalles plateados, una mesa de centro de cristal, sofás amplios y una pequeña biblioteca llena de libros jurídicos, novelas y expedientes antiguos. A pesar de que Gustavo tenía su propio departamento, casi no lo usaba. Desde que Abyzou se había mudado formalmente a la ciudad y al equipo de SVU como detective en formación, él prefería quedarse ahí, cerca de ella, para cuidarla y acompañarla en esa nueva etapa, más aún porque a él lo asignaron como el nuevo fiscal.
Abyzou estaba sentada en uno de los sillones principales, recostada ligeramente hacia atrás. Tenía su laptop sobre las piernas cruzadas y revisaba artículos recientes relacionados con casos del escuadrón. En la pantalla se veían titulares, fotografías borrosas de escenas del crimen y nombres que pronto aprendería de memoria.
Llevaba puesta una pijama de seda color rosado, suave y ligera, que contrastaba con el cansancio que se reflejaba en su rostro. Sus anteojos delgados descansaban sobre la punta de su nariz, y su cabello castaño claro caía en ondas suaves sobre sus hombros. De vez en cuando mordía ligeramente su labio inferior, concentrada… y nerviosa.
Después de unos segundos de silencio, habló sin apartar la vista de la pantalla —¿Y si no les agrado?—preguntó con voz baja, casi insegura.
Al no recibir respuesta, alzó entonces la cabeza, buscando a su hermano con la mirada —¿Gus?—
Desde la cocina, Gustavo apareció caminando con dos copas de vino tinto. Vestía una camisa relajada y pantalones cómodos de pijama, sin la formalidad de sus trajes que solía usar en la oficina. Su expresión era tranquila, aunque en el fondo también llevaba consigo cierta tensión.
—Eres extranjera y ellos van a ser tus niñeras hasta que crean que estás lista, lo cual nunca creerán… obviamente no les agradarás.—dijo con tono burlón mientras se acercaba.
Le ofreció una copa a Abyzou y sostuvo la otra para sí mismo. Al notar la expresión de ella, con una mezcla de preocupación y desánimo, sonrió de inmediato. Con la mano libre, le despeinó suavemente el cabello.
—Tranquila, cuando te conozcan les agradarás, pero prepárate para al inicio no sean tan amables, ¿sí?—añadió, ahora con un tono más cálido. Luego sacó su teléfono, revisó rápidamente algunos mensajes y dio un sorbo a su vino.
Abyzou tomó su copa y la sostuvo entre ambas manos, como si necesitara aferrarse a ella para calmarse. Bebió un pequeño trago antes de responder.
—Tienes razón… ¿tú estás nervioso?—preguntó mirándolo con atención.
—Después de todo estás reemplazando a su antiguo fiscal, no sabemos cómo te recibirán.—
Gustavo levantó la vista y le dedicó una media sonrisa, segura y confiada, la misma que usaba siempre para animarla. —No te preocupes por mí, sé manejar eso, como abogado es normal no recibir bienvenidas cálidas—
Aunque sus palabras sonaban firmes, Abyzou sabía que también estaba asumiendo una gran responsabilidad. No cualquiera llegaba a ocupar un puesto en la fiscalía de Manhattan, y mucho menos trabajando directamente con el equipo de SVU.
Ella asintió lentamente, bajando la mirada hacia su copa —Bien, pero… quiero que sepas que cuando vuelva podemos pedir pizza del lugar que te gusta… aunque odio su pan de ajo.—dijo con una pequeña sonrisa, intentando aliviar el ambiente.
Era su forma de decirle que, pasara lo que pasara, siempre tendría un lugar seguro al cual regresar. Gustavo soltó una leve risa —Lo haremos y yo puedo comprar focaccia de camino a casa—
Dejó su copa vacía sobre la mesa central y se puso de pie. Caminó hacia ella con naturalidad, se inclinó un poco y le dio un beso suave en la cabeza, lleno de afecto fraternal —No te duermas tarde.—le advirtió con cariño.
Abyzou sonrió sin responder. Se quitó los anteojos con cuidado y los guardó en su estuche, el mismo que solo usaba dentro de casa pues le avergonzaba usarlos. Eran parte de su lado más vulnerable, su apariencia.
Cerró la laptop, la dejó sobre la mesa y se levantó lentamente. Caminó hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones, observando por última vez la ciudad a través de las ventanas.
Mañana a esa hora todo sería diferente. Mañana entraría oficialmente al mundo real de SVU: interrogatorios, escenas del crimen, víctimas, presión, decisiones difíciles. Ya no sería solo una aprendiz observando desde lejos.
Mientras se dirigía a su habitación, sintió una mezcla de miedo, emoción y determinación. Una nueva etapa estaba por comenzar.








