El Síndrome del Impostor de un Escritor de Videoju

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Sinopsis

"Ojalá la vida fuera tan fácil como en un cliché arquetípico. Si pudiera elegir un rol, me gustaría escoger ser el protagonista, pero al mismo tiempo creo que jamás podría hacerlo. Tal vez preferiría ser un piano." Escribir para no morir de hambre es una cosa; escribir para que el mundo no te olvide es otra. Jean Flores es un estudiante atrapado entre la precariedad de su hogar y el peso de un talento que no se atreve a reclamar. Cuando una oportunidad en la industria de los videojuegos lo obliga a vender su mejor y único trabajo, Jean descubrirá que ser el "protagonista" es el rol más doloroso que le ha tocado interpretar. ¿Es el éxito una bendición, o solo la fosa común de los que alguna vez soñaron?

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Hubiera preferido empezar a caminar de otra forma

—Dime si puedes entender lo que te voy a decir. —Preparándose para preguntar y bajo el sonido de un seco suspiro, la señorita Dayanne sacó una pila de arrugados papeles, con más de una pegatina marcando y uno que otro rayón rojo, de su bolsa de mano.

—¿Sabes lo buena que es esta idea?— poniendo mi borrador al frente mío, preguntó confundida.

—No lo sé, no soy editor Dayanne.

—Pero eres escritor, ¿Te crees muy gracioso verdad imbécil?— me respondió con una sonrisa algo fastidiada.

—¡Wow gracias por el cumplido, has hecho realidad mi sueño!

—Maldito mocoso.

Uno o dos golpes después finalmente me comporté.

—Ya te dije que no quiero trabajar en esa idea por ahora, me encuentro en una situación algo complicada.

—¿Que situación seria esa?—Me miró de reojo apoyandose en el escritorio.

—Creo que tengo un bloqueo —mire al piso por un segundo y luego a la ventana—, lo que te entregué ni siquiera está terminado, no sé que agregar para el final.

Ese sucio borrador ni siquiera tiene un nombre, solo fué algo que se me ocurrió de repente, y gracias a mi poca creatividad me quedé sin ideas para el final. Después de escribir más del noventa porciento del borrador y dárselo a una editora que conozco para que lo viera, cometí el error de decir que no quería terminarla, y así llegamos a esto.

—Además no creo que sea tan buena como dices, la verdad lo veo solamente como algo amateur.

—De verdad eres un imbécil —Dayanne cerró sus ojos y se volteó poniendo su mano sobre su sien con una expresión egocéntrica y de falsa preocupación—, ¿Qué clase de escritor se rinde con su novela solo por un bloqueo?

—Eres un monstruo, con razón sigues soltera.

—Te pasaste, con eso no se juega.

Luego de un poco de silencio, la señorita Dayanne, levantandose con un suspiro, se acercó a mi poniendo su mano en mi hombro.

—Oye Jean, deberías tener un poco más de confianza en tí. —Puso una sonrisa suave en el rostro, muy anticlimático para la situación—de verdad tienes mucho talento, solo intenta disfrutarlo un poco.

Aunque siempre nos ataquemos verbalmente, es de las pocas personas con las que me abro de verdad, tal vez sea porque es la única persona que me ha dicho que soy talentoso en algo. Por eso, de verdad aprecio a la señorita Dayanne.

— Te llamaré si decido que hacer.— después de decir esas palabras, me despedí. Ella solo me asintió y me devolvió la despedida con la mano.

Con la tenue iluminación del crepúsculo —o el ocaso, como sea—, me dirigí a tomar el metro. Ya iba muy tarde, se supone que debería llegar a las 7 a mi casa, pero mi día fue bastante más ajetreado que de costumbre. Fuí a la escuela, estuve trabajando un rato y le mostré a la señorita Dayanne mi idea. Cuando me di cuenta, el tiempo se había ido.

Llegué a la estación, y cuando me dispuse a pagar para subir al tren.

—Maldición, mi tarjeta del tren no tiene nada.— me quedé sin dinero para pagar y tuve que irme a pie a casa, la cual no estaba cerca.

Finalmente llegué cerca de las 9 p. m. Mis padres no me recibieron muy calurosamente, de hecho, ni siquiera se dieron cuenta de que había llegado.

Estaban ocupados discutiendo sobre que hacer hacer con las cuentas de la luz. Suele pasar a fin de mes.

Subí a mi habitación, sin haber comido nada, y me puse a pensar un poco en como continuar la historia. Por más que me maté la cabeza no pude pensar en nada útil, por lo que me fuí a dormir, después de todo, tendría que ir a la escuela mañana.

No logré dormir nada.


Asi siguió mi rutina durante poco más de una semana, aún sin poder hallar algo que solucionara mi bloqueo.

Esta era la primera vez que me ocurría. Tiempo atrás escribí algunas historias cortas que me ayudaron un poco de manera económica, incluso llegando a ganar premios en línea. Pero eso cambió ahora que quise probar hacer una novela.

De verdad quería hacer algo grande esta vez, aunque veo un poco distante el cumplimiento de ese deseo.

Debo empezar a ser más responsable

—Tal vez debería vender mi idea —dije entre risas para mi mismo—, por lo menos le ganaría algo, en vez de dejarla enterrada.— Me pasé la mano por el rostro, ignorando el cansancio, y ese momento recibí una llamada. Era Dayanne.

—¿Hmm? Que querrá esta mujer —Fruncí el ceño, no me gusta hablar por teléfono—¿Hola?

—Buen día Jean, espera ¿Qué te pasa? Parece que hablo con un muerto.

—¿Podrías dejar de insultarme en cada frase que dices? Dormí mal anoche, eso es todo.

—Perdón, no sabía que te gustaba el cine dramático.

—¿Eso que carajos tiene que ver?

—Decidí bajar la voz. Me di cuenta de que la gente me empezaba a mirar raro por gritarle al teléfono en una estación del metro —Bueno, bueno, ¿Quieres ir al grano?

—Bueno, que aburrido y grosero. En fin, ¡Tu editora favorita te consiguió una oportunidad única!

—Primero, no eres mi editora favorita, eres la única que conozco. Segundo, ¿En qué me metiste esta vez?

Digo esta vez porque anteriormente me metió en un concurso de relatos cortos para una antología, sin decirme. Y también me robó un manuscrito con la excusa de darme una sorpresa cuando fuera publicado, cosa que no pasó porque lo envío por correo a la dirección equivocada. Mi historia terminó en una tienda de dulces en Madrid. Así que era válido que estuviera preocupado.

—Eso fue cruel mocoso imbécil — Dijo Dayanne al borde de las lágrimas, aparentemente—, deberías estar agradecido, te conseguí trabajo en un proyecto AAA.

—Espera un maldito segundo, ¿Como que proyecto AAA?— por la sorpresa se me quitó el sueño.

Si saben un poco de la industria del entretenimiento, sabrán lo masivas que suelen ser estas cosas. Hablamos de miles de millones.

—¡Si! Te recomendé con un amigo en la industria, vió tu trabajo y quedó impresionado con tu nivel a pesar de ser joven. Dijo que te quería en su equipo aunque sea para que vayas tomando experiencia.

En serio no me lo podía creer. Me ofrecieron un puesto para un gran proyecto. Era la única oportunidad que tenía para ser alguien reconocido Pero al mismo tiempo nacieron mis dudas.

—Espere, señorita Dayanne, no es que pueda abandonar mis responsabilidades de repente.

—Hablaré con tus padres, de hecho me dirijo a tu casa en este momento.—Al principio me pareció escucharla con un tono bastante orgulloso, y ya sabía la razón.

—Por favor, solo concéntrate en llegar a esta dirección —Como si fuera ficción o algo así en ese momento llego una ubicación en mi teléfono—, necesito que estes ahí antes de las 9, ¡nos vemos después, bye!

—¡Espera! ¡¿Me estás diciendo que falte a clases asi como así?! ¿Hola?Maldición ya colgó.—Me llevé las manos a mi rostro para procesar lo que había pasado momentos antes.

—Asi que la ubicación es en el distrito comercial, exactamente en... ¿Actimotion Games?

Una desarrolladora bastante aclamada por sus buenas entregas y la calidad de estas. A pesar de no haberme podido poner un traje o algo así, decidí ir en uniforme de todas maneras.

—Buen día, tengo una cita con...

¡Mierda! Dayanne ni siquiera me dijo a quien buscar cuando llegara.

—Parece que tú eres de quien Day me habló —un hombre, probablemente de veintitantos, de media estatura y com traje fue quien me dijo esas palabras—, pensé que sería un mocoso creído, pero no puedo evitar notar que eres alguien decente para tu edad.

¿Por qué todos los adultos usan la palabra mocoso para todo?

Fue algo repentino que alguien me leyera tan fácilmente, pero mantuve la calma.

—Un placer, mi nombre es Jean Flores. vengo porque mi editora, la señorita Dayanne me recomendó para algo en esta empresa.

—¡El gusto es mío muchacho! Soy Amadeus Claimer, el director creativo de la empresa.—Fue un fuerte apretón de manos lo que selló nuestra presentación.

—Ahora, señor Claimer, me gustaría saber más del proyecto, me dijeron que podría adquirir más experiencia con esta oportunidad.—De manera relajada pero formal, dije con la mayor educación que podría demostrar, aunque por dentro me estaban matando los nervios.

— Claro chico, sígueme por acá.— sonrió y seguido, empezamos a caminar.

Tomamos el ascensor y me explico todo sobre cada departamento por el que pasamos. Me interesó bastante conocer acerca de estas cosas, porque por supuesto, jugué bastantes videojuegos en mi infancia. Aunque no fueran los más nuevos o grandes, al final siempre tienen un desarrollo parecido.

—Por último, señor Flores, esta es la sala dónde se trabaja con las ilustraciones, El departamento de arte. Cada imagen del juego se crea por las personas del equipo, aunque la mayoría trabaja desde casa, ya que la comodidad es mayor.

Me ofreció sentarme y probar dibujar algo con los materiales que había. Ciertamente no desaprovecharia esta oportunidad. Jamás podría comprar cosas de esta calidad.

Me dió una descripción para un personaje, bastante sencillo por cierto, y empecé a dibujar. Terminé el boceto en unos 5 minutos y un coloreado sencillo en 20. Cuando miré a donde estaba el hombre resultó que se había ido, seguramente se ocupó en otro asunto y se fue para dejarme terminar.

—Esto, se siente muy bien. —Fue lo único que salió de mi boca mientras miraba la ciudad desde los ventanales. No puedo negar que sentí bastante paz en ese momento, la suficiente como para caer dormido.


—Oye, despierta... ¡Que despiertes!

Un golpe en la cabeza me sacudió antes de levantarme de repente. Obviamente enojado grité:

—¡¿Que carajos estas loco?!— miré bien y había una chica, no creo que pasara de 22. Repentinamente me arrepentí de ser tan irrespetuoso.

—L-lo lamento, me quedé dormido.—Mire hacía abajo encogiendome de hombros por la vergüenza.

La chica, que tenía una boina blanca, me observó de arriba a abajo, cerrando sus ojos con una mueca de resignación y un suspiro.

—Yo también, me disculpo, perdón por golpearte —se llevó la mano derecha a su otro brazo, una señal de vergüenza. —Bien, ¿que hace un estudiante aquí? Eso si me parece raro.

—A-ah si, soy Jean Flores, me recomendaron como pasante para el próximo proyecto de la compañía, mucho gusto.—Extendí mi mano como saludo, gesto que fué devuelto por la chica.

—Me llamo Emi Saint, aunque eso es solo un pseudónimo, en realidad mi nombre es Ema Vandal. Soy una de las ilustradoras. También estoy como pasante.

¿Asi que Ema Saint, eh? Este hombre no pierde tiempo, solo busca alto nivel. Esta es de las mejores ilustradoras que conozco. Siempre veo su arte en redes y la he visto trabajando en varios proyectos de buena planificación.

—No creí encontrarme con Ema Saint trabajando en este juego. — solté una pequeña sonrisa, sin verme sorprendido.

—No pensé que reconocieras ese nombre, me sorprende que conozcas mi trabajo —tambien esbozó una sonrisa—, de hecho, estoy algo estresada, este sería mi primer gran proyecto.

—Me siento igual, aunque solo vaya a ver, esto es muy grande para mi.— me abrí sinceramente, no podía hacer nada más. Esta podria ser una oportunidad para entrar en alguna parte de la industria.

—Y dime Jean, ¿Como es que te trajeron aquí para este proyecto?

—Preguntó con cierta curiosidad combinada con algo de duda.

—Mi editora me recomendó, dijo que a alguien en la empresa le había gustado algunas cosas que escribí. Y pues me envió aquí.

—Así que eres escritor, aunque pareces algo joven, de seguro te pondrán a ayudar a los guionistas que están escribiendo la historia.—La noté algo positiva, y no es para menos, seguramente habrá guionistas reconocidos con los que trabajaré.

—¿Y publicas bajo tu nombre o con un pseudónimo?—Era obvio que quisiera saber donde encontrar mi trabajo. Cualquiera preguntaría aunque fuera por cortesía.

—Hace un tiempo que no he publicado nada, pero trabajé bajo el pseudónimo de J.F. en las cosas que publiqué, aunque no fueron muchas cosas, solo historias cortas.— con algo de vergüenza miré a otro lado.

Elegí ese nombre porque no me sentía cómodo revelando el verdadero. A veces me daban escalofríos de solo pensarlo. Solía imaginarme lo horrible que sería que alguien en mi escuela, por ejemplo, se enterara de que publicaba cosas. Me angustiaba.

—¿Acaso dijiste J.F.?—La vi un poco confundida por mis anteriores palabras, como si eso fuera sorprendente.

—Si, eso he dicho.

—¡¿Entonces tú eres J.F.?! ¡Eres mucho mas joven y bajo de lo que pensaba, incluso debo tener casi tu misma edad! ¡Y pensar que tu eras quien escribía esas obras maestras!

Me encontré sorprendido por su propia sorpresa. Era como si una niña conociera a la muñeca Barbie en persona o algo así.

—Porque te sorprendes tanto, ya me estás asustando.—Al final, el más sorprendido era yo.

—Es que tus historias son hermosas. Me las he leído todas, además tu trabajo es muy popular en varios sitios de internet. De hecho me entristeció un poco cuando dejaste de publicarlas.

Sus palabras cada vez me estaban confundiendo más. ¿Como es que nunca me enteré del impacto que causaba lo que escribía?

Sentí algo mojado por mis mejillas y cuando me toque el rostro, resultaron ser lágrimas.

—¿Oye te encuentras bien?—la cara de Ema cambio de sorpresa a preocupación de un segundo a otro.

—S-si si estoy bien, gracias. —me seque la cara a la carrera y me calmé —La verdad nunca me di cuenta de que mi trabajo le había gustado a la gente. La única persona que siempre me recordó que tenía talento fué mi editora, Dayanne, y nunca le creí.

Ahora mismo me encontré en una situación bastante complicada. Por un lado quería creer que de verdad tenía habilidad para escribir, y por otro lado no creí ser suficiente. Aunque ya no quería pensar más en eso. Tal vez, por primera vez, de veras quería creer.

—Así que has despertado, Mr. F —Una voz conocida interrumpió el momento—, parece que ya conociste a la señorita Saint.—Recuperé la compostura y respondí:

—Si, ya la conocí.—Obviamente ignorando el golpe que me dió.

—Buen día señor Claimer, me enviaron para que me dé los detalles de la historia, necesito las especificaciones para que el equipo empiece con el arte conceptual.

Claimer, con una tenue sonrisa en el rostro, dijo unas palabras que me llenaron de una combinación de risa, preocupación y decepción:

—No hay historia todavía. —Y ya, eso fué.

—¡¿Qué?! ¡La fecha de estreno es en ocho meses!—Ahora si que me preocupe, no porque el proyecto fuera a fracasar, por lo menos no solo por eso, sino por la manera en que el señor Claimer me miraba en ese momento.

—No hay historia porque no tenemos un escritor que nos dé la idea todavía.—Soltó con un tono de pesimismo actuado, hasta me dió un poco de risa interna.

—¡Entonces consiga uno! No podré terminar todo a la carrera.—Ema se notaba bastante histérica, su pelo castaño se empezaba a erizar.

—Tranquila señorita Saint, ya lo he conseguido.

Primero, Claimer me miró, y luego Ema lo hizo. Yo observé atrás, abriendo lentamente los ojos y rogando que el que limpiaba las ventanas estuviera detras y fuera un genio de la literatura, aunque claramente eso no ocurrió.

—Espera un momento, no querrás que...

—Señor J.F., necesito que escriba la historia de este juego.—Dijo Claimer tomándome de los hombros.

—¡Espere señor Claimer, él es muy joven, no puede poner sobre sus hombros la responsabilidad de escribir algo de tal calibre!—De verdad agradecí su preocupación, y también la entendía. Tal vez todos me digan que escribo bien, pero algo de este nivel es demasiado.

—Señor Claimer, Emi tiene razón, es demasiado para mi, y es poco tiempo también. No puedo lograrlo.

—Se que es una elección muy grande, así que dejaré que lo pienses y me des tu respuesta después.

—¡Pero no hay una elección, no puedo hacerlo!—Me sentía impotente y miserable, era una oportunidad de oro, pero para mí era inalcanzable incluso con la oportunidad frente a mí.

Claimer puso su mano en mi hombro y me dijo estas palabras:

—Un Abeto no nace siendo un piano de alta gama. El artesano debe seleccionar el Abeto más fino para la tabla armónica, aquel que sepa vibrar, y luego rodearlo de un armazón de Arce y Haya que soporte toneladas de presión. Se necesita el Ébano para las teclas y el metal fundido para las cuerdas —miró un momento por los amplios ventanales a la ciudad y de nuevo puso su mirada en mí—.

No todos los Abetos, por muy nobles que sean, terminan bajo el martillo de un pianista. Muchos se quedan en el bosque, olvidados, en silencio. Otros se convierten en simples tablones. Solo unos pocos aceptan el proceso de ser cortados, tensados y afinados para contener toda la música del mundo. Qué prefieres, Jean: ¿Convertirte en el alma de un piano o seguir siendo un árbol que se desvanece en un bosque donde nadie te escucha?


Salí del edificio, mirando al vacío. Seguramente era la sorpresa, o la ansiedad. Afuera observé un rostro conocido. Con un café y sus características gafas de sol, me esperaba apoyada en una pared la señorita Dayanne. Empecé a caminar y cuando pasé por enfrente de ella seguí de largo.

—¡Oye no me hagas correr con un café por dios!—No respondí. Finalmente se puso a caminar a mi lado.

—Y bien Jean, ¿Que tal te fue?—Me quedé en silencio unos segundos y me digne a contestar.

—¿Quieres que escriba un juego triple A?—No escuché nada por un momento.

—Lamento no habertelo dicho antes, probablemente ni siquiera habrías ido a la cita.—Se notaba un poco de culpa en su tono y empecé a sentirme mal.

—Perdoname por hablarte así. Pero ni siquiera puedo terminar una novela, ¿y quieres que escriba algo así?

—Oye Jean, si no puedes hacerlo está bien, no tienes que preocuparte por eso. Pero esta es una oportunidad única en la vida, hay muchos escritores y guionistas que matarían por un trabajo como este. Y no fuiste elegido para esto porque tuvieras contactos o hicieras trampa para ascender, fuiste elegido porque tienes talento, y mucho.

Por segunda vez en el día empecé a sollozar un poco.

—¿Está segura se que podré con esto?

¿Como sé que de verdad no me metiste en esto solamente hablando con alguien?

—De verdad eres un idiota.—Dayanne me detuvo y me abrazó. Pude sentirme más tranquilo.—Yo no llamé a nadie, Claimer me contacto a mi de hecho. Leyó tus obras y vió potencial en tu estilo. Alguien se fijó en tu trabajo.

—Ten confianza en tí, te lo pido, eres alguien que puede llegar lejos.

No estaba seguro del todo. Quería hacer algo grande por primera vez, pero al mismo tiempo me daba miedo la idea de arruinarlo todo. Pero tomé una decisión

—Intentaré trabajar con ellos, señorita Dayanne.—Aun siendo abrazado, escuché un sollozo que no era mío— Ya pero no tienes que llorar.

—¡No estoy llorando!—Estaba llorando.

—¡Si estás llorando, escucho como te sacudes los mocos!

—¡Cállate mocoso! ¿Qué más quieres que haga? ¡Estoy orgullosa de ti!

—Me alegra escuchar eso.—Sonreí sinceramente.—No la decepcionaré.

—Eso espero idiota.