🌹MALA COSTUMBRE 🌹

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Él dijo “aléjate”. Yo escuché “quédate”. Y ahora ya no puedo decirle que tenía razón. 🌹🖤🌹🖤🌹 Todo el mundo conoce el final. Pero nadie quiere hablar de cómo empezó. Cuando conocí a Vael, no vi peligro. Vi algo que quería entender. Algo que quería que me eligiera. Él no buscaba a nadie. Y yo no era del tipo de persona que insiste. Pero lo hice. No fueron grandes gestos románticos. Fueron decisiones pequeñas. Quedarme cuando debía irme. Responder cuando debía callar. Cruzar límites que parecían inofensivos. Él decía que me alejara. Yo decidí que no hablaba en serio. A veces pienso que intentaba protegerme. Otras, que sabía exactamente lo que estaba haciendo. Y hay días en los que no sé si el problema fue que él no supo amar… o yo no supe parar. Mala costumbre no es una historia de amor imposible. Es la historia de cómo dos personas pueden avanzar hacia el borde convencidas de que todavía están a tiempo. Y cuando por fin entendieron lo que estaba pasando, ya no quedaba nada que salvar.

Estado:
Completado
Capítulos:
28
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

PRÓLOGO

Querido Vael:

Un martes cualquier decidiste que ya no podías seguir aquí… y desde entonces, cada martes no es un día más, sino un recordatorio.

Te escribo esto cinco años después, y todavía no soy capaz de escribir la verdad sin sentir que estoy traicionando algo. Porque decirla así, tan limpia, hace que parezca simple. Y no lo fue.

Tú no eras simple.

Nunca lo fuiste.

Pero lo decidiste así.

Pero te fuiste de la forma más silenciosa posible. Solo. Lejos de mí. Sin darme una última oportunidad para poder hablar contigo, sin poder tener una despedida que me permitiera odiarte en paz. Moriste como vivías: sin hacer el ruido suficiente para que alguien entendiera que estabas rompiéndote.

Durante mucho tiempo intenté convencerme de que no había nada que pudiera haber hecho para cambiar tu final. Que tu historia empezó mucho antes de mí. Que tu dolor no llevaba mi nombre. Y que yo solo fui una parada más en un camino que ya estaba torcido.

Pero tú y yo sabemos que esa no es toda la verdad.

La verdad es que me pediste que me fuera.

No una vez.

No en medio de una pelea.

No como una amenaza.

Me lo dijiste con esa voz baja que usabas cuando algo te importaba de verdad.

Y yo te escuchaba… pero, a la vez, no lo hacía.

Porque pensaba que tenías miedo, que estabas probándome. Que si me quedaba lo suficiente, si te demostraba que no todo el mundo te abandonaría, algo cambiaría en ti.

Nunca entendí que, a veces, el mayor acto de amor no es quedarse.

Es irse cuando te lo piden.

Pero yo me quedé.

Incluso cuando me empujabas lejos.

Incluso cuando me humillabas.

Incluso cuando me mirabas como si yo fuera lo único que podía salvarte… y, al mismo tiempo, destruirte.

Te juro que creí que estaba luchando por nosotros.

Ahora sé que estaba alimentando nuestra mala costumbre.

La mía por no saber cuándo parar.

Y la tuya por no saber cuándo soltar.

No fue el amor lo que te mató. Fue esa repetición constante. Esa forma de volver siempre al mismo punto. Esa insistencia que yo llamaba destino, pero que en realidad solo era incapacidad.

Incapacidad de aceptar que no podía salvarte.

Incapacidad de aceptar que tú no querías ser salvado.

Hay algo que nunca te dije.

Hubo momentos en los que supe que todo esto iba a terminar mal. Lo sentía en el cuerpo. En como se me cerraba el pecho cuando me mirabas demasiado tiempo. En la manera en que tus advertencias dejaron de sonar a desafío y empezaron a sonar a cansancio.

Lo supe.

Pero nunca fui capaz de irme.

Porque prefería ser la que se quedaba antes que la que te abandonaba. Sin entender que quedar fue solo otra forma dejarte solo.

Ahora repaso cada recuerdo y me pregunto cuál fue el último momento en el que todavía estabas aquí de verdad. El último día en el que todavía había algo que pudiera sostenerte. El último instante en el que, si yo hubiera dado un paso atrás, tú no habrías dado el último.

Nunca encuentro ese momento exacto.

Solo encuentro tus advertencias.

Tus ojos cuando me decías que me alejara.

Mi voz diciendo que no me iría.

Vael, mi amor, si alguna vez quisiste protegerme, lo hiciste de la única manera que sabías. Y yo, lo convertí en un reto.

Si alguna vez intentaste que no te siguiera hasta el final, tampoco supe verlo.

Me acostumbré a tu oscuridad como si fuera un lugar al que pertenecía. Me acostumbre a tus silencios, a tu rabia, a tu forma de romper las cosas antes de que alguien pudiera romperte a ti.

Y tú te acostumbraste a que yo no me fuera.

Te escribo esto porque ya no puedo decírtelo. Y porque nunca tuve el valor de mirarte y admitir que yo también estuve equivocada.

Solo me queda pedirte perdón, mi vida.

Lo siento.

No supe irme a tiempo, Vael.

Y esa siempre será la parte que más me duela de nuestra historia.

Pero no es solo el que te hayas ido.

Es que ya nunca sabré quién hubieras sido si hubieras decidido quedarte un poco más.

Nunca sabré cómo habría sido verte envejecer.

Si habrías aprendido a dormir sin sobresaltos.

Si algún día habrías dejado de tensar la mandíbula como si el mundo estuviera a punto de golpearte otra vez.

Si habrías podido querer sin sentir que estabas perdiendo algo.

Nunca sabré si hubiéramos tenido una vida aburrida.

Me duele que no haya un después.

Ya no habrá una casa compartida.

No habrá un domingo en familia.

No habrá un “lo conseguimos” dicho entre risas cansadas.

No habrá una versión adulta de nosotros que miré atrás y diga que sobrevivimos.

Solo existirá esta historia.

Y tu ausencia.

Me duele pensar que, en algún momento de ese martes, dudaste.

Que quizá miraste al techo.

Que quizá pensaste en quedarte.

Que quizá solo necesitabas unas horas más.

Y yo no estaba allí.

No para salvarte, ni siquiera para abrazarte.

Solo para recordarte que, a pesar de todo, había alguien que aún te necesitaba aquí.

Si hubiera sabido que nuestro tiempo sería tan corto, habría dejado de discutir contigo. Habría dejado de intentar demostrar nada, de luchar contra ti. Te habría querido mejor, sin exigencias, sin saber que un martes cualquiera ibas a decidir que ya no podías más.

Te amé, Vael.

Te amé más de lo que nunca amaré a nadie.

Más de lo que supe demostrar.

Más de lo que supe proteger.

Más de lo que supe entender.

Y ahora tengo que vivir con la certeza de que el único lugar donde seguimos juntos es en estas páginas.

Que ya no habrá otra oportunidad.

No tendremos otra vida para poder corregir esta.

Que no habrá un universo donde lleguemos a tiempo.

Solo existe este.

Y en este, llegamos demasiado tarde.

Creo que esa es la forma más cruel de quererte, mi amor.

Seguir imaginando, noche tras noche, la vida que pudimos tener.

Te amo.

Siempre tuya,

E.