Personalizar legibilidad
Aa

Obsession with love: The Price.

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Obsession with Love: The Price. Secuela.

Estado:
En proceso
Capítulos:
12
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

El precio del silencio.

– Señor Hwang, me temo que tendremos que inducirlo a coma… de inmediato.

El médico habló en voz baja, pero cada palabra cayó como plomo.

Hyunjin había pagado por discreción absoluta desde el primer segundo: una transferencia silenciosa, una cláusula de confidencialidad que valía más que la vida de cualquiera en esa sala.

– ¿Cuánto tiempo? —preguntó Hyunjin. Su voz salió rasposa, como si llevara semanas sin usarla.

El médico miró la carpeta antes de contestar, sin levantar los ojos.

– Al menos tres semanas. Quizás más. Su cuerpo está al límite. Las infecciones se han extendido por todo el organismo. La desnutrición es extrema: ha perdido casi el cuarenta por ciento de masa muscular. Los riñones están fallando, el hígado inflamado, el corazón presenta arritmias constantes. Ya sufrió un paro cardíaco en el vehículo de rescate. Lo reanimamos dos veces. La tercera… no sé si logremos traerlo de vuelta.

Hyunjin apretó los puños. El médico siguió, sin suavizar nada.

– La sepsis ya está avanzada. Si no lo inducimos ahora, entrará en shock multiorgánico en cuestión de horas. Su organismo simplemente… se está apagando. No responde a los antibióticos convencionales. Necesitamos bajarle la temperatura corporal, detener todo para darle una mínima oportunidad.

Hyunjin cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, su mirada era un vacío negro.

– Va a mejorar —dijo. No era una pregunta. Era una orden.

El médico lo miró por primera vez con algo parecido a compasión real.

– Haré todo lo posible. Pero debería prepararse, señor Hwang. Su estado es crítico. Lleva semanas al borde. Si no respondemos ahora… no llegamos a mañana.

Hyunjin no contestó. Solo giró la cabeza hacia el vidrio de observación.

Del otro lado, Felix parecía alguien que ya no pertenecía a este mundo.

La piel, antes dorada, ahora era pálida y translúcida, pegada a huesos que se marcaban con crueldad. Los moretones cubrían casi todo el torso, mezclados con manchas amarillentas de infección.

Las vendas empapadas apenas contenían lo que ocurría debajo. El pecho subía y bajaba con esfuerzo, ayudado por el respirador que forzaba aire en pulmones que ya no querían trabajar solos. El monitor pitaba débil, inestable, como si cada latido fuera una pelea.

Hyunjin apoyó la frente contra el vidrio frío. El contraste con el calor que le ardía dentro del pecho era insoportable.

El médico se quedó un momento más en la puerta.

– Cuando despierte… va a necesitar mucho más que medicina. El daño no es solo físico. Lo que vivió… —hizo una pausa— dejó marcas que no se ven en las radiografías.

Hyunjin no se movió.

– Sáquenlo de este infierno —murmuró contra el vidrio—. Eso es todo lo que pido.

El médico asintió y salió.

Minho y Seungmin llegaron poco después, silenciosos, trayendo café que nadie tocó. Se sentaron a ambos lados de Hyunjin como dos sombras guardianas.

– ¿Cómo está? —preguntó Minho en voz baja.

– Vivo —respondió Hyunjin—. Por ahora.

Seungmin miró a través del vidrio y apretó la mandíbula.

– Bang se escapó —dijo sin rodeos—. Encontramos un túnel. No dejó rastro.

Hyunjin no apartó la vista de Felix.

– Encuéntrenlo —ordenó, la voz baja pero letal—. Y cuando lo hagan… tráiganmelo vivo.

Ninguno de los dos discutió.

Las horas se convirtieron en días.

Felix entró en coma inducido esa misma noche. El médico explicó que era la única forma de darle una oportunidad.

Hyunjin no se movió del pasillo. Dormía en la misma silla, comía lo mínimo, hablaba solo cuando los médicos le daban actualizaciones cada pocas horas.

La noticia de las explosiones en Geoje inundó todos los canales. El gobierno hablaba de “incidente industrial masivo”. Nadie mencionaba nombres.

Aún.

Hyunjin miró la televisión del pasillo sin expresión.

No sentía arrepentimiento.

Solo un vacío que crecía cada vez que miraba a Felix a través de ese vidrio.

Cada pitido débil del monitor era un recordatorio.

Cada día que pasaba sin que Felix abriera los ojos era una sentencia.

Y cada noche, Hyunjin murmuraba lo mismo contra el cristal:

– Aguanta, Lix… por favor. Solo un poco más.

No lloraba. No podía.

Pero la culpa lo estaba devorando vivo.

Y sabía que, cuando Felix despertara —si lo hacía—, nada volvería a ser como antes.

Ni para él.

Ni para ninguno de los dos.


Pasaron cinco semanas y media.

El hospital privado en las afueras de Seúl parecía una tumba con aire acondicionado.

Las luces blancas nunca se apagaban del todo.

Los pitidos de las máquinas se habían vuelto parte del silencio.

Hyunjin ya no contaba los días. Solo contaba las respiraciones de Felix a través del vidrio.

Esa mañana, el médico entró a la habitación de observación con la carpeta en la mano y la cara más seria de lo habitual.

– Lo vamos a despertar hoy —dijo sin preámbulos—. Las infecciones están controladas. Los órganos están respondiendo. Pero… señor Hwang, tiene que estar preparado. El cuerpo puede despertar, pero la mente… la mente todavía está en ese lugar.

Hyunjin asintió. No dijo nada. Llevaba semanas sin decir casi nada.

A las 11:47 de la mañana, el equipo médico bajó las dosis.

Felix tardó casi cuarenta minutos en abrir los ojos.

Primero fue solo un parpadeo. Luego un temblor en los párpados. Después, un jadeo ahogado cuando el respirador se desconectó y el aire entró por su propia nariz.

Hyunjin estaba de pie al otro lado del vidrio, las manos apoyadas en el marco, los nudillos blancos.

Felix miró el techo un segundo. Luego giró la cabeza despacio, como si cada movimiento le costara años.

Sus ojos se encontraron con los de Hyunjin.

Y todo el aire de la habitación desapareció.

Felix se encogió sobre sí mismo. El monitor empezó a pitar más rápido. Intentó mover las manos, pero las vías intravenosas y las correas suaves lo mantuvieron quieto. Sus ojos se abrieron tanto que parecía que iban a salirse de las órbitas.

Hyunjin dio un paso hacia la puerta.

El médico lo detuvo con una mano en el pecho.

– Déjeme entrar primero.

Hyunjin se quedó congelado en el umbral.

Felix lo vio. Y el pánico fue inmediato.

Empezó a temblar. No gritó. Solo respiraba rápido, demasiado rápido, como un animal acorralado. Sus labios se movieron sin sonido. Las lágrimas empezaron a caer sin control.

El médico se acercó despacio, hablando en voz baja.

– Felix… estás seguro. Estás en el hospital. Nadie va a hacerte daño. Soy el doctor Kim. ¿Me recuerdas?

Felix no contestó. Solo miró a Hyunjin otra vez. Y cuando sus ojos se cruzaron, algo se rompió dentro de él.

Hyunjin dio otro paso.

Felix retrocedió todo lo que pudo en la cama. El cuerpo entero se tensó. Las manos intentaron cubrirse el pecho, la cara, como si todavía esperara golpes.

– No… —la voz salió rota, casi inaudible—. No te acerques.

Hyunjin se detuvo en seco. Como si le hubieran disparado.

El médico levantó una mano para que Hyunjin no avanzara más.

– Felix, respira. Hyunjin solo está aquí porque…

– No —repitió Felix, más fuerte esta vez. La voz le temblaba, pero había algo feroz debajo—. No quiero… no quiero verlo.

Hyunjin sintió que el suelo se movía.

Se quedó ahí, a tres metros de distancia, con los brazos caídos a los costados. La cara pálida. Los ojos rojos de tanto no dormir.

Felix lo miró directo. Y en esa mirada no había amor. No había alivio. Solo miedo puro y crudo.

– Por favor… —susurró Felix, y la voz se le quebró—. Déjenme solo.

El médico miró a Hyunjin. Una mirada que decía “ahora no”.

Hyunjin tragó saliva. Dio un paso atrás. Luego otro.

– Está bien —dijo, aunque la voz le salió rota—. Me voy. Solo… solo avísenme cuando pueda entrar.

Felix cerró los ojos con fuerza. Las lágrimas seguían cayendo.

Hyunjin salió al pasillo. La puerta se cerró detrás de él con un clic suave que sonó como un disparo.

Se apoyó contra la pared. Deslizó la espalda hasta quedar sentado en el suelo. Se pasó las manos por la cara y se quedó ahí, respirando entrecortado.

Minho apareció al final del pasillo. No dijo nada. Solo se sentó a su lado en silencio.

Hyunjin habló sin mirar a nadie.

– Me tiene miedo.

Minho no contestó de inmediato.

– Acaba de volver del infierno, Hyunjin. Dale tiempo.

Hyunjin soltó una risa amarga, sin humor.

– Tiempo… —repitió—. Le di tres meses. Ahora quiere que le dé mas tiempo.

Se quedó callado un rato largo.

Al final, solo murmuró:

– Si me pide que me vaya para siempre…

Minho lo miró de reojo.

– No lo hará.

Hyunjin no contestó.

Dentro de la habitación, Felix seguía temblando.

El médico le ajustó la manta con cuidado.

– ¿Quieres que le diga que no entre más?

Felix tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz era apenas un hilo.

– Sí… por ahora. Solo… solo déjenme solo.

El médico asintió.

Y Felix cerró los ojos otra vez.

No lloró más.

Pero el miedo seguía ahí, latiendo debajo de la piel como una segunda respiración.

Y Hyunjin, al otro lado de la puerta, sintió por primera vez lo que era estar realmente solo.


Dos semanas después del despertar, el silencio en la habitación ya no era solo de máquinas.

Felix había pasado esos días hablando lo mínimo.

Miradas rápidas, respuestas cortas, el cuerpo siempre encogido bajo las sábanas.

El médico decía que era normal: el trauma todavía lo tenía atrapado. Las pesadillas llegaban todas las noches.

A veces gritaba sin palabras. Otras veces solo lloraba en silencio hasta que el sueño lo volvía a llevar.

Hyunjin no entro más a la habitación.

Se quedaba en el pasillo, sentado en la misma silla de siempre, con la puerta entreabierta para oír su respiración.

Solo entraba cuando el médico lo autorizaba y Felix dormía.

Dejaba notas pequeñas en la mesa: “Comiste algo hoy?”, “El médico dice que estás subiendo de peso”, “Estoy afuera si me necesitas”. Nunca firmaba con “te amo”. Sabía que esas palabras ahora pesaban demasiado.

Esa tarde, el sol entraba débil por la ventana.

Felix estaba sentado en la cama, la espalda apoyada en las almohadas, mirando la pared como si allí estuviera escrito algo que solo él podía leer.

Hyunjin golpeó suavemente la puerta abierta.

– ¿Puedo pasar?

Felix tardó en contestar. Asintió una sola vez, sin mirarlo.

Hyunjin entró despacio, como quien camina sobre vidrio roto. Se quedó de pie a tres metros de la cama. No se acercó más.

– El médico dice que mañana te pueden dar el alta si quieres —dijo en voz baja—. Tus análisis mejoraron. Ya no estás en riesgo.

Felix siguió mirando la pared. Sus dedos jugaban con el borde de la sábana.

– Quiero irme —murmuró al fin.

Hyunjin sintió que el aire se le escapaba.

– Claro. Te llevo a donde quieras. A tu antiguo departamento, si prefieres. O…

Felix negó con la cabeza antes de que terminara la frase.

– No quiero volver a ninguno de los dos lugares.

Hyunjin tragó saliva. Esperó.

Felix levantó la vista por primera vez en días. Sus ojos seguían llenos de miedo, pero también había algo más: cansancio profundo, como si llevara años sin descansar de verdad.

– Necesito… un lugar donde no me sienta encerrado. Pero tampoco solo. No sé explicarlo.

Hyunjin se quedó quieto. Pensó en todas las casas que tenía, en los penthouses, en los departamentos seguros. Ninguno servía. Todos tenían recuerdos.

– Hay una casa en Muju —dijo al final, la voz suave—. En las montañas. Lejos de todo. Tiene un invernadero grande, jardín, aire puro. Nadie te va a molestar. Puedes cerrar la puerta de tu habitación cuando quieras. Yo… me quedo en otra ala. O duermo afuera si prefieres. Solo quiero que estés seguro mientras te recuperas.

Felix lo miró largo rato. Hyunjin aguantó la mirada sin parpadear.

– No voy a tocarte —agregó Hyunjin, y la voz le tembló un poco—. No voy a entrar si no me lo pides. Solo… déjame cuidarte desde lejos. Hasta que decidas qué quieres hacer.

El silencio se estiró.

Felix bajó la vista otra vez. Sus dedos seguían retorciendo la sábana.

– Está bien —dijo al fin, casi en un susurro—. Solo por ahora.

Hyunjin soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. No sonrió. No se acercó. Solo inclinó la cabeza.

– Mañana te llevo. Todo está listo. Ropa nueva, comida que te gusta, nada que te recuerde… nada.

Felix no contestó. Solo cerró los ojos y se recostó un poco más.

Hyunjin se quedó ahí un minuto más, mirándolo. Luego dio media vuelta y salió sin hacer ruido.

En el pasillo, se apoyó contra la pared y se pasó las manos por la cara. Minho estaba ahí, esperándolo como siempre.

– ¿Aceptó? —preguntó Minho.

– Aceptó la casa —contestó Hyunjin—. Pero me miró como si todavía estuviera en esa bodega.

Minho no dijo nada. Solo le puso una mano en el hombro un segundo.

Esa noche, Hyunjin no durmió en la silla del pasillo. Se quedó en la sala de espera, mirando el techo.

En su bolsillo llevaba la cajita de terciopelo que había comprado meses atrás en Japón, antes de que todo se derrumbara. No la había abierto ni una vez.

Sabía que todavía era demasiado pronto.

Pero también sabía que, aunque Felix lo odiara ahora, él no iba a soltarlo.

No podía.


Dos días después, el auto blindado salió del hospital al amanecer.

Felix iba sentado atrás, con la cabeza apoyada en la ventana, mirando cómo Seúl se quedaba atrás. No habló en todo el viaje. Hyunjin iba adelante, al lado del chofer, sin girarse ni una vez.

Cuando llegaron a la casa en Muju, el sol ya estaba alto.

La finca era grande pero discreta: madera oscura, ventanas amplias, un invernadero de vidrio que brillaba al fondo. El aire olía a pino y tierra húmeda.

Felix bajó del auto despacio. Miró la casa un largo rato.

Hyunjin se quedó a unos pasos atrás.

– Tu habitación está arriba, en el ala izquierda —dijo en voz baja—. Tiene su propio baño, balcón y cerradura por dentro. Nadie entra sin que tú abras.

Felix asintió apenas.

Caminó hacia la puerta principal sin esperar a nadie. Hyunjin lo siguió a distancia.

Cuando Felix cruzó el umbral, se detuvo un segundo en el vestíbulo.

Miró todo: los muebles nuevos, las paredes claras, la ausencia total de recuerdos.

Luego subió las escaleras sin decir nada.

Hyunjin se quedó abajo, en la entrada, con las manos en los bolsillos.

Desde arriba se oyó el clic suave de una puerta cerrándose.

Y por primera vez en meses, Hyunjin sonrió con tristeza.

No era una victoria.

Era solo el comienzo de algo que todavía no sabía cómo iba a terminar.

¡Cuéntale a Luciana know lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

3

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

1

Emotivo

Profundo

1

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

1

Bien escrito

Trama absorbente

1

Trama absorbente

Buenos personajes

1

Buenos personajes

Diálogos potentes

1

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Leer ahora
Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Leer ahora
Destino Secreto

Karin Rogowski: Gut geschrieben und beschrieben. Die Charaktere und Situationen sind stimmig und nehmen einen gefangen. Mich hat das Buch ab der ersten Zeile fasziniert, genau wie die anderen Bücher davor. Sehr guter Schreibstil und eine sehr gute Übersetzung, nebenbei bemerkt. Dankeschön, dass Du Deine Bücher ...

Leer ahora
The Contract Wife

dazzling: The story was good and very interesting.

Leer ahora
A Blessing in Disguise

Roxann: This was an amazing book. The characters and plot were amazing and you are an awesome writer. Every book I have read by you is just amazing. I thank you and on to the next ❤️

Leer ahora
Luna de Verano - Die Gefährtin des Alphas (Band 1)

C.: Ich habe so oft herzhaft gelacht. Was für eine tolle Geschichte. So schön geschrieben. So schön, flüssig lesbar. Ich lieb‘s. Mir tun die Herren in der Geschichte fast leid, die Frauen sind reine Naturgewalten. Lustig, verschmitzt, offen, direkt. So schön. Danke für diese Geschichte und das wir sie l...

Leer ahora
Ruthless Lord

Ock: romance captivante. Hâte de lire la suite

Leer ahora
Stripped Shadows

Pfefferwinz: Richtig gut geschrieben und spannend bis zum Schluss.Ich kann es nur absolut empfehlen und bin auch schon bei der Fortsetzung, ... soweit wie sie eben schon fertig gestellt ist. Ich bin sehr gespannt was noch kommt ♥️Danke für die Bereicherung meiner Freizeit. Für mich der perfekte Ausgleich zumArbe...

Leer ahora