In The Sky
En un lugar como cualquier otro, que realmente da muy igual, había una vez de todas esas veces que existieron, existen y existirán en este y muchos más relatos escritos por ahí, o aquí mismo. una bella princesa solitaria, vivía entre las nubes y nunca vio nada más allá de las enormes nubes que la rodeaban, arriba, abajo, todo eran nubes, esponjosas, con formas aleatorias, y sin colores, la bella princesa gozaba de perfecta salud, gran belleza y un gran castillo, nunca supo cómo llegó allí, familia, amigos, conocidos, ella nunca vio nada como eso, ni siquiera tenía un nombre para sí misma y decidió llamarse “princesa”, simplemente porque sí.
Ella caminaba con total desinterés por todas partes que a la vez eran ninguna, ya que todo era exactamente igual por todos lados. Las nubes, que eran todo lo que la rodeaba, solían llegar a ella, traslucidas, mágicas e intocables, podía sacudir su brazo en ellas y allí seguirán, sin opción, sin decisión, ¿para que existían?, era molesto, solo un estorbo en su visión a todas partes, blanco, blanco, blanco, en todas partes, todo el tiempo.
Un día se cansó de esto, empezó a lanzar todas las cosas que tenía hacia arriba, nada cambio, pero se percató de que cuando las cosas caían, un hoyo parecía abrirse en las nubes de abajo, la princesa se centró en ello, lanzo más cosas, necesitaba ver más, pero las molestas nubes volvían a tapar aquel hoyo rápidamente, como si no quisieran que viera nada, eran un fastidio y aun así ella logro ver algo diferente allí, algo más que su mundo espumoso y aburrido, cómodo pero insuficiente, decidió atar su tobillo con una soga a una de las columnas cercanas a el balcón, había algo allí y tenía que saber lo que era, la princesa con mucho valor bajo lentamente, lo más posible, pero seguía sin ver nada, por ello se estiro y se estiro, algo, había algo verde allí abajo, estaba fascinada hasta que su atención se desvío a sus dedos, en sus manos y luego en sus brazos, era blanco, traslucido, intocable, ella era… Entro en pánico rápidamente pero no tuvo el tiempo suficiente para pensar en lo que pasaba o que hacer al respecto, cayo con velocidad inminente y miedo ahogante, su plan solo era de ida, no de regreso.
Una nueva nube se levantó entre todas las demás, y se unió a ellas, esponjosa, con formas cambiantes, y sin colores, con un hermoso castillo en su interior, esperando que la existencia que dentro de él vive, sofoque su curiosidad o que jamás la tenga y goce lo más posible de esa solitaria y reducida paz que ahora ella echaría de menos.








