Capitulo 1
Las luces de la pasarela se atenúan lentamente. El público —un selecto grupo de coleccionistas, fotógrafos underground y amantes del latex fetish— contiene la respiración. Marinette había diseñado todo para este momento: la música electrónica grave, el humo sutil, el olor a cuero nuevo y perfume caro.
Y entonces aparece ella.
El traje es exactamente como lo imaginaste: látex rojo brillante con lunares negros grandes, tan ajustado que parece pintado sobre su piel. El cuello alto abraza su garganta, el escote en forma de corazón deja sus pechos casi expuestos, empujados hacia arriba por el material implacable. Las mangas largas terminan en guantes que llegan al codo, y las botas altas de tacón la hacen caminar con una seguridad felina. Su cabello está recogido en una coleta alta y larga que se balancea con cada paso, y la máscara roja con lunares negros cubre sus ojos, dándole un aire misterioso y dominante. Gotas de un lubricante especial (o tal vez solo sudor de los nervios) resbalan por el látex, haciendo que brille bajo los focos como si estuviera mojada de deseo.
Marinette se detiene al final de la pasarela, posa con una mano en la cadera, la otra levantada en un gesto regio. Mira directamente a la primera fila… directamente a Adrien.
Él está sentado con traje negro impecable, pero su expresión lo delata: mandíbula tensa, pupilas dilatadas, las manos apretadas en los reposabrazos. Sabe quién es ella. Siempre lo ha sabido, en el fondo. Pero verla así —tan expuesta, tan poderosa— lo destroza.
El aplauso estalla. Luces se apagan. Fin del show.
En el backstage, el camerino privado es un caos controlado de telas, espejos enormes y luces tenues. Marinette se quita los tacones con un suspiro, pero no se cambia. Deja que el látex siga pegado a su piel caliente.
La puerta se abre sin llamar.
Adrien entra, cerrándola detrás de él con un clic suave.
—Marinette… —su voz sale ronca—. Ese traje… eres tú. Eres Ladybug.
Ella se gira lentamente, apoyándose en el tocador, cruzando los brazos bajo sus pechos para realzarlos aún más.
—¿Y si lo soy, gatito? —responde con una sonrisa ladina—. ¿Qué vas a hacer al respecto?
Adrien da un paso adelante, pero ella levanta una mano enguantada.
—No tan rápido. Esta noche, aquí mando yo.
Se acerca a él con pasos deliberados, el látex chirriando suavemente con cada movimiento. Lo empuja contra la pared junto al espejo de cuerpo entero.
—Mírate —susurra, obligándolo a girar la cabeza hacia su reflejo—. Mira cómo me miras. Cómo se te nota todo.
Baja la mano y roza la evidente erección bajo sus pantalones. Adrien gime.
—Quítate la camisa —ordena ella—. Despacio.
Él obedece, botón a botón, revelando el torso definido que ella ha fantaseado durante años. Marinette se pega a su espalda, sus pechos presionados contra él, el látex frío y caliente a la vez.
—Ahora… tócame —dice—. Pero solo con la lengua. Quiero que pruebes lo que diseñé para ti.
Adrien se arrodilla sin dudar. Empieza por las botas, subiendo por las pantorrillas, lamiendo el látex brillante. El sabor es salado, artificial, adictivo. Llega a los muslos y Marinette separa las piernas ligeramente, dejando que vea que no hay nada debajo: el traje tiene una cremallera oculta justo ahí.
—Ábrela —susurra ella—. Con los dientes.
Él lo hace, temblando. El látex se abre revelando su sexo ya empapado. Adrien gime contra su piel antes de hundir la lengua, lamiendo con devoción mientras ella enreda los dedos en su cabello rubio.
—Así, gatito… —jadea Marinette—. Haz que tu Lady se corra en tu boca. Demuéstrame cuánto me deseas.
Él acelera, chupando, lamiendo círculos en su clítoris hinchado. Marinette echa la cabeza hacia atrás, la coleta golpeando su espalda, gimiendo sin control. Sus caderas se mueven contra su cara, el látex rozando sus mejillas.
Cuando se corre, es intenso: un grito ahogado, piernas temblando, fluidos resbalando por el traje ya brillante.
Pero no ha terminado.
Lo levanta, lo empuja al sillón frente al espejo. Se sube a horcajadas sobre él, abriendo más la cremallera.
—Míranos —ordena, agarrando su barbilla para que vea el reflejo: ella encima, dominante, el traje abierto, sus pechos bamboleándose mientras baja sobre su polla dura.
Entra despacio al principio, saboreando cada centímetro. Luego acelera, montándolo con fuerza, el látex chirriando, sus gemidos mezclándose.
—Dime que eres mío —exige ella, clavándole las uñas en los hombros.
—Soy tuyo… joder, Marinette… siempre tuyo —jadea él, empujando hacia arriba.
Ella se inclina, besándolo con furia mientras cabalga más rápido. El espejo refleja todo: sus cuerpos chocando, el látex brillando con sudor y deseo, su coleta balanceándose como un látigo.
Cuando Adrien está al borde, ella se detiene.
—No hasta que yo diga.
Lo tortura un poco más, moviéndose lento, apretándolo dentro de ella. Finalmente, se inclina a su oído:
—Córrete dentro de mí, gatito. Lléname como siempre has querido.
Él obedece con un gruñido profundo, llenándola mientras ella se corre de nuevo, apretándolo con fuerza, gimiendo su nombre.
Se quedan así un rato, jadeando, pegados. El látex aún brillante, ahora con huellas de sus manos y gotas de todo tipo.
Marinette sonríe contra su cuello.
—La colección se llama “Prohibida”… pero creo que esta noche acabamos de romper todas las reglas.
Adrien ríe débilmente.
—Y apenas empieza la temporada de desfiles.
Ella lo besa una vez más, posesiva.
—Entonces prepárate, modelo. Porque la próxima vez… te quiero en la pasarela conmigo.
Fin.








