"Ella Tiene el Control"

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Sinopsis

⚠️ ADVERTENCIA IMPORTANTE Esta obra es 100% ficción. Todo lo que ocurre en la historia es producto de la imaginación del autor y no representa hechos reales ni aprueba comportamientos dañinos. El contenido puede incluir abuso, manipulación, violencia psicológica o sexual, y no está destinado a menores de edad ni a personas sensibles. Al continuar leyendo, aceptas que comprendes que esto es ficción, y que cualquier efecto emocional o interpretación es totalmente bajo tu propia responsabilidad. El autor no aprueba ni respalda ninguna conducta presentada en esta obra y no se hace responsable de cómo el lector perciba o reaccione ante el contenido.

Genero:
Drama
Autor/a:
Miguel Ángel
Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1

Nyla estaba furiosa. Acababa de enterarse de que su novio la había engañado con otra mujer. La rabia le hervía en las venas como lava. Sin pensarlo dos veces, le había roto la cara a ese imbécil con un puñetazo que lo dejó tirado en el suelo, sangrando y gimiendo. "¡Hijo de puta!", le gritó antes de salir dando un portazo. Ahora era su ex, y ella no iba a derramar ni una lágrima por él. En cambio, canalizó toda esa ira en el gimnasio. Cargaba pesos que habrían hecho tambalear a la mayoría de los hombres, levantando barras cargadas con discos que resonaban como truenos cada vez que las dejaba caer. Sudaba profusamente, sus músculos hinchados y definidos brillando bajo las luces fluorescentes. 😡🤬😡🤬😡🤬😡🤬😡🤬🤬🤬

Después de una serie brutal de sentadillas, se paró frente al espejo, jadeando. Se miró de arriba abajo: su cabello rojo fuego cayendo en mechones sudorosos sobre sus hombros anchos, sus brazos tatuados como serpientes enrolladas, listos para estrangular a cualquiera que se cruzara en su camino. Su top negro ajustado apenas contenía sus pechos voluminosos, y sus abdominales marcados como una armadura de acero se contraían con cada respiración. Sus muslos eran columnas de músculo, y sus shorts negros ceñidos resaltaban sus curvas letales. "Maldita sea, soy una diosa", murmuró para sí misma, flexionando los bíceps. Le gustaba lo que veía. Esa fuerza la hacía sentir invencible.

A su lado, en el espejo, se paró un chico de unos 19 años. Tenía un físico normal, nada impresionante: delgado, sin músculos definidos, pero con una apariencia atractiva. Ojos grandes y expresivos, cabello oscuro revuelto, y una sonrisa tímida que lo hacía parecer inocente. Intentaba levantar unas mancuernas ligeras, pero su postura era torpe, como si estuviera ahí más por obligación que por pasión. Nyla lo miró de reojo. A pesar de su falta de músculos, había algo en él que la atraía: esa vulnerabilidad, esa frescura juvenil. Hacía tiempo que no tenía relaciones sexuales, no desde que ese idiota de su ex la había traicionado. 🤬😡🤬😡 Y este chico... parecía tan tierno, tan fácil de devorar. 🫦🫦🫦🫦🫦

Decidió acercarse. "Oye, ¿necesitas ayuda con eso?", le dijo, su voz ronca por el esfuerzo reciente. Era mucho más alta que él, midiéndole al menos una cabeza, y su presencia imponente lo hizo tartamudear. "Eh... n-no, gracias. Solo estoy... practicando", respondió él, nervioso, bajando la mirada. Pero Nyla no se iba a detener. Empezó a hablarle, comentando sobre rutinas de entrenamiento, riéndose de sus chistes torpes. El chico se sonrojaba, pero respondía, atraído por su confianza arrolladora. Hablaron por un rato largo, al punto de que el gimnasio empezó a vaciarse. La gente se iba, las luces se atenuaban en algunas áreas, y solo quedaban ellos dos charlando cerca de las máquinas.

Finalmente, el chico miró su reloj. "Bueno, me tengo que ir. Voy a cambiarme", dijo, recogiendo su toalla. Nyla sintió un calor creciente en su entrepierna. No iba a desaprovechar esta oportunidad. 🥵 Había pasado demasiado tiempo sin sexo, y este chico era perfecto: dulce, inocente, y completamente a su merced. Lo vio dirigirse al vestuario de hombres, y esperó unos minutos hasta que el gimnasio estuviera desierto. Nadie la vio entrar sigilosamente al área de los vestuarios. El chico estaba solo ahí, sin camisa, solo con unos pantaloncillos deportivos ajustados. Su torso era liso, sin vello, delgado como un adolescente. Estaba de espaldas, buscando algo en su casillero.

Nyla se acercó con pasos sigilosos, su sombra cubriéndolo por completo. Era mucho más grande que él en tamaño: sus músculos la hacían parecer una amazona al lado de un niño. Puso una mano en el casillero por encima de su cabeza, encerrándolo contra el metal frío. "Hey, dulce", murmuró, su aliento caliente en su oreja. El chico se giró bruscamente, los ojos abiertos como platos. "¿Q-qué haces aquí? Esto es el vestuario de hombres...", balbuceó, retrocediendo un paso, pero chocando contra el casillero.

Nyla sonrió, depredadora. Extendió una mano y la colocó en su mejilla, acariciándola con dedos ásperos por el entrenamiento. "Me pareces muy dulce, ¿sabes? Tu actitud, tu timidez... me encanta". Su voz era baja, seductora, pero con un filo de dominancia. El chico se tensó, incómodo. "Eh... gracias, pero... no deberías estar aquí. Por favor, déjame...", intentó decir, pero ella no lo dejó terminar. Con la otra mano, bajó lentamente, rozando su pecho desnudo, bajando por su abdomen plano hasta llegar a la cintura de sus pantaloncillos. Metió los dedos por debajo de la tela, tocando directamente su pene flácido. Lo sintió endurecerse involuntariamente bajo su toque, pero el chico jadeó de shock y miedo.

"¡No! ¿Qué estás haciendo? ¡Para!", exclamó él, intentando apartar su mano. Sus mejillas ardían de vergüenza, su cuerpo temblando. Era la primera vez que una desconocida lo tocaba así, y el pánico lo invadió. Intentó empujarla, pero Nyla era mucho más fuerte. Sus músculos se flexionaron, inmovilizándolo fácilmente contra el casillero. "Vamos, relájate. Lo vas a disfrutar", le susurró ella, ignorando su protesta. Apretó su pene con más firmeza, masturbándolo lentamente a través de la tela delgada. El chico se retorció, incómodo, sintiendo una mezcla de excitación forzada y terror. "¡Por favor, no! No te conozco... esto no está bien!", suplicó, su voz quebrándose. Lágrimas empezaron a formarse en sus ojos, pero Nyla lo besó con fuerza, metiendo su lengua en su boca, ahogando sus palabras.

Él intentó apartarla de nuevo, empujando con ambas manos contra sus hombros tatuados, pero era como empujar una pared de acero. Nyla lo levantó ligeramente del suelo con una sola mano, demostrando su superioridad física. Bajó sus pantaloncillos de un tirón, exponiendo su pene ahora semierecto por el roce constante. "Mira qué lindo eres", ronroneó ella, arrodillándose un momento para lamer la punta, saboreando el sabor salado de su sudor y pre-semen. El chico gimió involuntariamente, pero su rostro era de pura angustia. "¡Detente! ¡Esto es abuso! ¡Alguien ayúdame!", gritó, pero el gimnasio estaba vacío, y su voz se perdió en el eco.

Nyla se levantó, quitándose su top y shorts con rapidez. Sus pechos grandes rebotaron libres, sus pezones endurecidos por la excitación. Lo empujó al suelo, sentándose a horcajadas sobre él. Su coño húmedo y depilado rozó contra su pene, lubricándolo con sus jugos. "Shh, no llores. Solo déjame usarte un poco", dijo ella, guiando su pene dentro de ella con una mano. Entró fácilmente, su fuerza obligándolo a penetrarla. El chico sollozó, sintiendo la violación en cada centímetro: era virgen, y esto no era como lo había imaginado. Intentó girarse, arañarla, pero ella lo sujetó por las muñecas con una sola mano, cabalgándolo con furia. Sus caderas se movían como pistones, sus músculos abdominales contrayéndose mientras lo follaba sin piedad.

"¡Ah, sí! Eres tan apretado... tan inocente", gemía Nyla, sus tetas rebotando contra su pecho. El chico lloraba abiertamente ahora, su cuerpo traicionándolo con una erección que no quería. "Por favor... duele... no quiero...", murmuraba entre sollozos, pero ella aceleró el ritmo, frotando su clítoris contra su pelvis. Lo besó de nuevo, mordiendo su labio hasta sacarle sangre, disfrutando de su resistencia inútil. Finalmente, Nyla alcanzó el orgasmo, gritando de placer mientras sus paredes vaginales se contraían alrededor de su pene, ordeñándolo. El chico eyaculó involuntariamente dentro de ella, su cuerpo convulsionando en una mezcla de vergüenza y liberación forzada.

Se levantó, jadeando, mirándolo tirado en el suelo: temblando, cubierto de sudor y lágrimas, con semen goteando de su pene flácido. "Fue divertido, dulce. No le digas a nadie", le guiñó un ojo, vistiéndose rápidamente y saliendo como si nada. El chico se quedó ahí, roto, preguntándose cómo una desconocida había podido abusar de él así.