¿Por dónde empiezo…?
En tres… dos…
«¡Skyler!»
…uno.
La voz es aguda, casi histérica. ¡Madre mía del amor hermoso!
«¡Ven aquí y dame un abrazo! ¡Déjame verte! Oh, cielo, estoy tan feliz de que estés aquí. ¡Estás impresionante! Perdona, sé que me pongo muy intensa, ¡pero es que estoy tan feliz!»
Y ahí estoy yo. ¿El vestido? Perfecto. ¿El pelo? Impecable. ¿Los labios? Peligrosos. ¿Los zapatos? Preciosos y totalmente imposibles de llevar.
¿La única mujer soltera en un radio de cinco kilómetros? Obviamente.
Las bodas son una parte importante de mi vida. La mayoría de las veces, todo el mundo gana. De vez en cuando te topas con alguna bridezilla obsesionada con Pinterest, claro, pero sobre todo hay alegría y me sirven para pagar las facturas.
Sinceramente, me encantan las bodas.
Adoro a las novias, incluso a las histéricas. A los novios que intentan mantener la compostura mientras por dentro están dando volteretas. A las madres que lloran desde la primera nota. A los padres que están perfectamente, totalmente tranquilos, hasta que llega el momento de tomar la mano de su hija.
Me encantan los momentos que nadie más capta. Las miradas. Los dedos temblorosos. La forma en que alguien suelta un suspiro justo antes de decir sí, quiero. Yo los atrapo. Los congelo. Los entrego como prueba de que el amor existe.
Me encanta todo eso. Especialmente cuando puedo ser una invitada en vez de la fotógrafa. Y sobre todo esta, porque mis dos mejores amigos por fin, por fin se van a casar.
Sería perfecto si la mitad de los invitados no estuviera en una misión para buscarme pareja con el primo de alguien. Pero así son las cosas.
«Hola, Linda. Felicidades. ¡Estás radiante! Me alegra mucho verte».
«¡Ha pasado una eternidad! ¿Cómo estás, cariño? ¿Has venido sola? Porque…»
Y aquí empezamos.
«…tienes que conocer a Roger; es el hijo de mi prima. Es contable y su madre se preocupa porque nunca tiene tiempo para salir, lo cual es una pena, porque es encantador y responsable, el marido perfecto…»
Hemos pasado de cero a marido en menos de diez segundos. Naturalmente, ahora que los niños se van a casar…
«...y le dije: Melissa, tengo justo a la chica ideal. Espera a que la veas…»
«¡Mamá! ¿Estás intentando buscarle pareja a Skyler otra vez? ¿Esta vez le toca a Tad?»
Y ahí está ella.
Mi mejor amiga. La novia. Laura, radiante e irritante, injustamente perfecta.
«Ay, venga ya, Laurie, buscar pareja es una palabra muy fuerte. Solo pensé que ella y Roger deberían conocerse. Aunque, ahora que mencionas a Tad…»
«Mamá. Necesito a Skyler en la parte de atrás, es urgente. Y papá te está buscando, ve a por él».
Laura le lanza un beso al aire y me guiña un ojo mientras Linda sale corriendo para encontrar a su marido y salvar el mundo.
«Bueno, hola, desconocida». Laura me agarra de las manos. «Estás de infarto. Ese vestido debería ser ilegal. ¿Te estás divirtiendo? ¿Estás lista para la fiestaaaa?»
«Veo que alguien ha empezado pronto con la barra libre». Me río y la atraigo para abrazarla. «Laura. Estás impresionante. De verdad que no puedo dejar de mirarte».
«Ay, cállate. Todavía ni siquiera me han terminado el peinado. Pero sí, obviamente soy la novia más guapa que existe. Al menos en este edificio. Y tú eres la dama de honor más espectacular que ha pisado este sitio».
«Un brindis por la humildad».
La adoro.
«Mira, Sky, quería hablar antes de que todo empiece, pero Sean dice que ya somos adultos y que no será raro, ¿verdad?… ¿lo has visto ya?»
«¿Visto a quién? ¿A Sean? No, todavía no…»
«Skyler. Sabes a quién me refiero. ¿Ya has visto a Connor?»
Ah.
Ya había oído a las damas de honor comentar que el padrino estaba criminalmente bueno, así que sabía que había llegado.
«No», respondo. «Todavía no. De todos modos lo veré en la ceremonia; no es como si pudiera desaparecer».
Sus ojos se suavizan.
«Cielo, no quiero que esto sea incómodo para ti».
«No lo es, te lo prometo. Han pasado cinco años, Laura. Todo está bien. Somos… amigos, supongo, aunque no hablemos ni nos veamos. Él es el mejor amigo de Sean, así que era lógico que fuera el padrino. No es ninguna sorpresa verlo hoy. No te preocupes».
Vale. Supongo que te mereces un poco de contexto.