Una flor por un poema

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Sinopsis

Recopilación de narraciones. Historias independientes y cortas. Todo lo narrado en esta historia nace de diversos sentires de mi vida. Si te sentís identificado con alguno/s de ellos, te acompaño, deseo que te recuperes. Disclaimer: Algunos de estos escritos tratan temas delicados como intenso dolor emocional, ideas de suicidio, violación, asesinatos y contenido sexual. Leer con discreción y bajo su propia responsabilidad. Personas altamente sensibles atenerse. Todas los escritos me pertenecen. Voy subiendo más a medida que me surjan las ideas.

Genero:
Drama
Autor/a:
Layla Farouq
Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

PRIMERA NARRACIÓN: MANZANA

Un golpe en la mesa, rasguños en la madera, la tormenta era cada vez más intensa. Los relámpagos iluminaban el lagrimoso rostro descompuesto de la ansiedad y la culpa, competía con el diluvio tempestuoso de afuera. Los surcos negros de la desesperación señalaban seguidas noches en vela, orbes oscuros e hinchados miraban fijamente la pared y las cascadas saladas que corrían de sus ojos, paspaban las mejillas que algún día sostuvieron un rayo de sol. De su boqueo no lograba salir ningún sonido, la cascabel se enrollaba en su cuello y el siseo era como un susurro mortal. Los vidrios trataban de hacerla oír, era difícil pero parecía que el viento era demasiado fuerte.

La manzana estaba frente a sus ojos, la tentación, la calma de la tormenta y el fin de la lluvia. Su mano recorría lentamente la superficie, sentía las rigurosidades del mueble. Los vientos soplaban aún más intensamente y en cada centímetro recorrido, la presión en su cuello era mayor, consiguiendo que su rostro se tornara rojizo. Estaba cerca, o eso pensaba, la penumbra distinguía la débil silueta de la fruta pero luego se dio cuenta de que era imposible de alcanzar, la manzana se alejaba cada vez más y la mesa le pareció infinita. Las lágrimas salían desesperadamente y la angustia se apoderó de su expresión. Cuando la puerta cedió a los embistes de las fuertes ráfagas, se abrió de par en par y unas gotas de lluvia salpicaron su rostro morado, algo pareció espantar a la víbora y salió rápidamente deslizándose hacia un oscuro rincón. La tormenta disminuyó, y el llanto había cesado, sus pensamientos eran más claros y alejó la mano rápidamente, asustada de lo que habría significado caer completamente.