Capítulo 1
Para Nitori Aiiko, Matsuoka Rintaro era la chica más perfecta de todas las chicas que podrían asistir a la Academia Samezuka, vivir en Iwatobi, existir en la región de Tottori, nacer, estar de paso y/o residir permanentemente en Japón y toda Asia en general, misma afirmación la podía extender desde la punta más alejada del mundo hasta darle tres vueltas sobre el eje de la tierra y luego de hemisferio a hemisferio hasta el mismo punto de partida en Noruega.
Y repetir lo mismo en otros sitios, a todas direcciones sin importarle en lo absoluto cualquier comentario en contra.
Aiiko podría enumerar más de mil quinientos puntos positivos acerca de la próxima capitana del equipo de natación de la Academia, podía revisarlos incluso sin mirar su diario donde día a día escribía una anotación positiva; aún si hubiese sido un día negativo para la pelimagenta, Nitori siempre encontraba algo bueno en la situación más oscura.
Y Rintaro lo sabía, Rin sabía bien que aquella chica de cabello plateado corto hasta los hombros siempre decorado con una cinta morada y fleco pequeño enmarcando sus facciones siempre estaría cerca para motivarla, ayudarla y ser su adorable kohai; siempre expresando todo lo que podía aprender de ella y cómo mejoraba día a día con el único motivo de ganar la simpatía de Rintaro y ella estuviera orgullosa. .
Y aunque a muchos les podría parecer intensa, para la mayor de ambas era demasiado linda, paciente, disciplinada y un gran apoyo emocional si se permitía aceptarlo.
Durante la ceremonía de graduación donde la antigua capitana del equipo de Natación, Mikoshiba Seika, le decía adiós a la preparatoria, Rintaro estaba absorta en sus pensamientos, dispuesta a hacer algo definitivo, mucho más importante que tomar la capitanía del equipo el siguiente año.
Rintaro no dijo mucho al final de la ceremonia, solo rompió la fila para alcanzar al grupo de primer año donde la chica del lunar debajo del ojo derecho caminaba hacia el jardín, tomando a esta misma por el brazo, apretando un poco para obligarla a romper fila también y salir a un lado.
Aiiko soltó un grito de sorpresa, pero al ver el rostro de su senpai, simplemente confío, llevando sus pasos torpes y apresurados donde la más alta le indicaba.
—¡A-ah! Ma-matsuoka-senpai ¿Pasa algo? —preguntó apurada, después de ser llevada debajo de uno de los árboles más alejados de todo el alboroto de despedida y buenos deseos para los recién graduados.
Los ojos azules de Nitori se fijaban sobre las facciones serías, firmes y, por cómo apretaba el ceño al mirarla con esa mirada guinda bastante intensa, ligeramente molesta.
—Acepta una cita conmigo, Aiiko-chan —lo dijo, sería y concentrada en las palabras correctas que debía decir, mientras arrugaba un poco más el uniforme formal de la chica de primer año pues aún la mantenía sujeta por el brazo.
Rintaro fue la única testigo de cómo los ojos de por sí redondos de la peligris se abrieron en su totalidad, llenos de algo que no era incredulidad, más bien de sorpresa sensata y alegría que le era imposible externar de formas normales justo en ese momento.
El silencio se interpuso entre las dos, dejando que el viento frío de los residuos del invierno pasará entre ambas, mientras Rintaro esperaba cualquier respuesta y Aiiko intentaba procesar todo lo que estaba pasando.
Pues de todas sus predicciones de año nuevo justo esa no había salido, o tal vez era parte de la suerte al estar en el ranking 23 o quizá había muerto esa mañana y estaba viviendo el cielo en carne propia.
—...
La mayor soltó un suspiro después de esos segundos interminables donde el viento no era lo único helado en la escena, podía aceptar ese silencio como una negativa, aunque su ego no lo quisiera, entendía las razones por las cuales Nitori podía simplemente rechazarla sin más explicaciones.
Nadie más que ella sabía cuán mala y cruel había sido con su ex compañera de habitación durante los primeros meses de convivencia.
Pero deseaba creer que Aiiko estaba buscando la mejor forma para rechazarla sin lastimar sus sentimientos.
—¿Sabes? No es necesario que digas nada, yo entiendo que no quieras salir conmig...
—¡Sí quiero! ¡Rintaro-senpai llévame a una cita contigo por favor! —la menor reaccionó antes de la sentencia de dejar morir la invitación, dando un brinco pequeño en su lugar para llamar la atención, salir de su ensoñación y, seguido de eso, hacer una profunda reverencia para solicitar que acepte su aceptación para la cita.
Rin dio un paso hacia atrás al verla sobrereaccionar y solo soltó una risa, asintiendo con la cabeza.
—Bien, ¿Nos vemos el lunes en la estación del centro? Me gustaría pasar por ti pero no quiero meterte en problemas.
Y de nuevo Nitori solo brincó de la emoción, aceptando todas y cada una de las propuestas de su adorada senpai.
Incluso le aceptaría viajar a Marte de ser necesario y no sé opondría en lo absoluto.
La mañana del lunes pasó con tal lentitud que parecía ser un fallo en la realidad, aunque solo era producto del nerviosismo y ansiedad que parecía haber nacido en Rintaro de la absoluta nada.
Pues le asustaba ser plantada por el buen juicio de Aiiko recordando todas las razones por las cuales salir con su senpai eran simplemente un error.
La esperaba sentada en una de las bancas de la estación, aquella que quedaba a la mitad de todos los convoyes y era imposible no mirarla desde cualquiera de las puertas de la cual descendiera.
Estaba vestida con una linda blusa de hombro caído roja, su cabello mediano y ligeramente ondulado descansaba sobre su hombro descubierto en una coleta baja, maquillaje discreto, skinny jeans oscuros y botas para dar aquella vibra de ser una chica ruda, además de algunas pulseras sobre su mano izquierda, un reloj de pulsera pequeña en la otra y un ramo de rosas rosas frescas y todas ellas recién abiertas.
No eran muchas en realidad pero eran un lindo detalle, al menos a su parecer.
Su pie derecho golpeaba contra el piso de forma desesperada mientras veía su propio reloj y segundos más tarde, no los suficientes para dejar que la hora cambiara, al de la estación encima de ella.
Los trenes pasaban, uno tras otro, todos cumpliendo a la perfección su itinerario, pero ni un solo rastro de Aiiko.
Rintaro soltó un suspiro, negando con la cabeza mientras comenzaba a convencerse a sí misma que había sido una mala idea y quizá debería dejar las flores en la banca para no regresar con ellas por todo el camino de derrota al regresar a casa.
Se levantó de la banca, mirando por última vez el reloj de la estación mientras un nuevo tren se estacionaba y se escuchaban las puertas abrirse sonoramente.
Y ahí, el cuerpo bajito y delgado de la chica a quien estaba esperando salió, vestida con un hermoso vestido blanco con limones amarillos como estampado con un corte parecido al de un overol de jardín, una blusa rosada tenue de cuello peter pan, un suéter tejido amarillo brillante, tenis bajos, completamente blancos y muy limpios, su listón morado muy común en ella pero con un moño pequeño en un costado y una pequeña bolsa de un cachorro labrador de peluche a un lado.
Su mirada azul se pegó primero al cartel con el nombre de la estación y asintió, soltando un suspiro al ver qué había llegado antes de buscar a Rintaro para reunirse a ella o esperar tranquilamente en el anden.
Sonrió de oreja a oreja cuando vio a su senpai parada a unos cuantos metros de ella, saludando con la mano antes de caminar veloz y nerviosamente hasta ella, plantandose frente de la más alta.
—Lamento la demora, Rintaro-senpai —Aiiko tomó nerviosamente la correa de su bolsa que sobre su pecho descansaba, antes de hacer una reverencia frente de ella para darle seriedad a sus disculpas —Me confundí de ruta, terminé a cuarenta minutos de aquí y tuve que regresar al punto de conexión cuando ya era tarde, ¡Por favor acepta mis disculpas!
Rin se sorprendió, haciendo un movimiento con la mano para quitarle importancia y pedirle de paso que se levantara.
—No importa, me alegra que hayas llegado —confesó, sonriendo de oreja a oreja mientras le veía recobrar la postura y así poder mirarla mejor —estás muy linda.
Nitori se sonrojó al escucharla, agradeciendo de nuevo, ahora con voz un poco más baja y un movimiento rápido de cabeza.
De nuevo unos segundos de silencio, era la primera vez que salía con otra chica, incluso desde Australia, así que no sabía cómo funcionar.
Incluso cuando le pregunto a Masato como había sido pedirle a Haruya que salieran juntas, sus palabras no fueron de mucha ayuda
“Solo le prometí que después del cine iríamos a la piscina, Haruya es una chica de gustos sencillos” —fueron las palabras que su antigua compañera de equipo en la primaria le había dado, cero ayuda si era sincera.
Naoki, otra de sus antiguas amigas y ahora rivales por estar en diferentes escuelas, fue quien le dio la idea de llevar las flores que más le recordarán a Aiiko.
“Ren la primera vez que salimos me dio un ramo de girasoles y lirios” —había comentado la rubia, mientras tomaba de su malteada y volteaba a ver a su excéntrica novia de cabellos azules, uñas rosadas a juego de sus lentes, quien sonrió de forma muy altanera luego de ser presumida con tanto entusiasmo. —” Tenían una nota sobre toooodo lo que le recordaban ellas de mi, ¿¿verdaaaaad Reeeen-kun??”
Y así la fachada de superioridad de la peliazul fue tirada por el enorme sonrojo arrebatado por la pequeñita rubia de estilo gyaru mientras le sacaba la lengua para burlarse un poco, una manera bastante rara que tenía Naoki de amar, al parecer.
—¿Senpai? —Aiiko ladeó el rostro luego de darse cuenta que llevaban mucho tiempo solo estando una frente a la otra, preocupada por que tal vez estaba teniendo una revelación y, posiblemente estaba buscando una excusa para saltarse la cita.
Rintaro parpadeó varias veces para dejar de pensar en sus amigas, donde Masato reía al ver sobrereaccionar a Ren mientras Naoki seguía burlándose de ella y sostenía a Haruya quien miraba la gran fuente del centro comercial donde estuvieron el sábado después de las graduaciones.
—Si, lo siento Aii-chan —la pelimagenta regresó al presente y acto seguido, estiró el ramo de flores frente a la más baja, mirando a otro lado para evitar un poco sentirse rebasada por los sentimientos y que el nerviosismo no le ganará.
Nitori sonrió de oreja a oreja mientras tomaba el pequeño ramo de flores, acariciando los pétalos de una de.ellas y sonreía, su rostro seguía de un tono rojizo tenue, suspirando como único recurso para manejar lo que estaba sintiendo en ese instante, apretándolo contra de su pecho y poder oler sobre ellas.
—Son hermosas, muchas gracias Senpai
Rin no pudo evadir por mucho tiempo la escena, volteando a ver a la chica quien hundía su nariz entre las seis flores, completamente feliz por el regalo y eso le hacía sonreír y bajar la ansiedad de creer que todo estaba arruinado.
—Entonces vamos a...
Pero sus palabras no terminaron de salir cuando, después de levantar la cabeza a una velocidad mayor a cualquier otro movimiento, tomar aire con la boca y dejar salir un estornudo sin esconderse ni un poco como la etiqueta lo pedía, Aiiko la interrumpió, sorbiendo rápidamente la nariz.
Antes de estornudar un par de veces más y tener que llevar su índice debajo de la nariz para espantar un poco el cuarto estornudo que amenazaba con salir.
—Lo siento Rin-senpai —murmuró la menor mientras sacaba un pañuelo de tela de los bolsillos escondidos en la falda de su vestido, suspirando —No sé de dónde salió eso —confesó, antes de volver a guardarlo y sonreír, aún si sus ojos estaban húmedos por tan violenta y sorpresiva reacción de su cuerpo.
Matsuoka no le tomó importancia, volviendo a hablar pero ahora solo pidiéndole que la siguiera, tomando levemente el codo de la menor para decirle por dónde caminar.
Su primera parada sería una linda cafetería con temática de ositos de peluche, podrían ver desde la terraza algunos de los árboles de Sakura aún en su floración mientras tomaban algo y platicaban más a fondo de cosas, aún si vivir juntas por todo un ciclo escolar les había hecho conocerse bastante bien.
No tardaron mucho en llegar a la cafetería, Aiiko miraba los souvenirs de osito que podían comprar mientras Rin solucionaba el tener que esperar demasiados minutos por una de las mesas al aire libre, pues al parecer muchas personas habían tenido la misma idea de detenerse a mirar la floración en ese mismo lugar.
Aii no fue testigo de cómo Rintaro Matsuoka, estudiante ejemplar de la Academia Samezuka había intentado colar un billete en la libreta de reservaciones de la hostess, quien solo la miró extrañada y le regresó el billete, agregando unos quince minutos más a su espera.
—Matsuoka-senpai, mira —Nitori se acercó a su mayor, con un par de osos llaveros abrazados unidos por un imán para simular el abrazo, uno de color magenta y otro blanco, sonriendo de oreja a oreja —¿Quieres compartir un llavero conmigo?
Rin miró el adorable llavero en la mano libre de la peligris, luego la miró con más brillo en esos ojos que tanto parecían gustarle y solo asintió.
—Solo si yo puedo tener al oso blanco —tomó el llavero de las manos de la chica para mostrárselo a la empleada a quien había intentado sobornar minutos antes, preguntándole por el precio del conjunto de peluches, para volver a sacar el mismo billete de la.discordia.
—oh no, Rintaro-senpai! —Nitori se apuró a decir, poniendo una mano sobre la de la mayor mientras abrazaba el ramo para poder manipular correctamente su bolsita de perrito y sacar su monedero —Yo quiero regalartelo, c-como agradecimiento por las flores y y...
—No —su diestra se puso sobre el monedero rosa de la chica, bajándolo para que dejara de buscar, suspirando —dejame pagarlo, yo te invité y quiero que no te preocupes por nada.
La menor iba a seguir discutiendo sobre que ella quería pagar, pero se vio interrumpida de nuevo por un estornudo, luego de rozar su nariz contra de las flores y darle una ventaja a Rin para pagar al dúo de ositos antes de que la más baja pudiera hacer otro movimiento.
Al final de cuentas era la chica más rápida en el agua que conocía y claro que lo sería en la tierra y el aire.
La hostess miró la adorable interacción de las chicas, aceptando el pago con el dinero sucio que se limpiaba de todos sus pecados por esa acción de comprar un llavero de ositos, tomando dos menús para llevarlas hacia la terraza al lugar prometido.
Mientras caminaban detrás de la empleada de la cafetería Rin le entregó su osito magenta a Aii, quien lo colgó en el cierre de su bolsa perrito mientras la más alta lo sujetaba a una de las presillas de su pantalón.
La cita en la cafetería estaba saliendo como debía, mientras ambas comían postres, platicaban y jugueteaban un poco podían ver el hermoso espectáculo natural que tanto parecía encantar a Rintaro, quien se perdía cada cierto tiempo viendo como las flores caían a montones.
Únicamente siendo interrumpida cuando escuchaba a Aiiko estornudar y notar como los otros comensales cuchicheaban sobre “los pocos modales” de la linda chica del vestido de limones, quien intentaba cubrirse a sí misma para no estornudar libremente..
Rin miraba mal a las personas que volteaban a ver a Aiiko con cara de asco, retándolos desde su asiento para hacerlos regresar a sus asuntos.
La peligris soltaba bastantes “lo siento” cada vez que se veía obligada a estornudar y se sentía mal por incomodar a los demás.
A pesar de eso pudieron terminar sus postres y cafés antes de seguir con su aventura.
La siguiente parada había sido el acuario, donde habían tenido un paseo divertido, habían visto un show sobre los pingüinos y, por supuesto, Aiiko Nitori había estornudado muchas veces, tanto que había perdido su oportunidad de interactuar con los pingüinos por parecer enferma y un riesgo biológico para los animales.
Rin la miraba extrañada, pensando si quizá la chica estaba resfriada después de todo.
Y una vez más, muchos “lo lamento” se escucharon por parte de la chica del suéter amarillo.
La siguiente parada había sido a tomar un helado y la historia se repitió, más estornudos, más malestar por parte de Nitori y una preocupación real por Matsuoka, cuando, mientras caminaban para terminar con sus helados la chica del cabello magenta lo tuvo presente, Aiiko había comenzado a estornudar cuando recibió las flores; las flores eran las culpables de todo.
Sin pensarlo se las quitó, yendo hacia uno de los botes de basura para tirarla.
Pero la menor la siguió, negando con la cabeza.
—¡No, senpai no! ¡Espera! —suplicó, al alcanzarla sostuvo con fuerza el brazo de la otra que tenía al ramo y estaba a punto de soltarlo dentro del bote, sorbiendo su nariz.
—¡Aii, déjame tirarlas! ¡Te están haciendo daño! —jalando el brazo para que la soltara y poder hacer lo que debía
—No, no, ellas son inocentes —luchó, quejándose y evitando estornudar para no darle mas motivos, pero Rintaro parecía no entender razones. —¡Es la primavera! ¡Soy alérgica a la primavera en general pero no a las rosas afortunadamente!
Rin se detuvo, volteando a ver a la otra completamente extrañada, como si no creyera su historia.
—¿Cómo que eres alérgica a la primavera?
Nitori asintió, dejando de forcejear con su cita, sorbiendo una vez más los residuos de su alergia.
—Si, demasiadas cosas pasan en el ambiente estos días, tengo medicinas pero las olvidé en casa —confesó, volviendo a sacar el pañuelo para limpiarse —y pensé que no las necesitaría pero... Ya vi que si.
Rintaro abrió los ojos, entregándole de vuelta el ramo de flores a la chica, mientras se rascaba la nuca y veía como los ojos, aunque rojos por la alergia, volvían a brillar al ver su ramo completamente sano y salvo, aunque un poco sacudido.
Así fue como la siguiente parada no fue la estación del tren a las 4 pm, sino a la farmacia más cercana, afuera de esta, sentada en la banquita disponible frente a la fachada de la misma estaba Aiiko Nitori, después de tomar sus medicinas con un lindo cubrebocas de boca de osito, esperando a que estás hicieran efecto.
Balanceando un poco sus piernas en el aire.
Una vez lograda la estabilidad de la chica más joven, ambas decidieron volver a casa, Rintaro llevando a Aiiko hasta su casa primero.
—Lamento arruinar así la cita, Rintaro-senpai —se apuró a decir cuando caminaban por la estrecha calle donde vivía, aún con sus flores, el llavero colgado en su bolsa y sujetándose al que llevaba Rin en su pantalón y otros regalos del acuario.
—¿De qué hablas? —la mayor volteo a verla, deteniéndose entre casas, haciendo que la otra también lo hiciera —vi cosas muy geniales con una dulce chica a mi lado, lamento haber sido impulsiva y casi tirar las únicas flores que no te dan alergia.
Nitori soltó una risita negando con la cabeza.
—Creo que es lindo que intentaras cuidarme —murmuró, volviendo a caminar juntas hasta la casa de los Nitori.
Rin apretó los labios, estaba a punto de dejarla en su casa y sabía que ambas estaban esperando algo en ese momento.
Aii se detuvo, frente a la chica para despedirse.cordialmente, tomando aire filtrado por el cubrebocas para hacer una despedida formal, antes de sentir como el brazo de la más alta le sujetaba por la cintura y la hacía acercarse, levantando con la mano libre el cubrebocas para dejar sus labios libres.
Y sin esperar más juntar ambos pares de labios en un beso, un beso que Rin había logrado suave, apenas como un movimiento de labios sobre los ajenos, para después sentir como Aii se pondría de puntitas, pasaba sus brazos detrás del cuello de la otra y abría la boca un poco, para dejar que la más alta dieran el paso que deseaba y parecía contener.
Rintaro abrazó con firmeza el cuerpo de la otra, usando su mano derecha para acariciar la espalda de esta durante el beso que había profundizado y bajar hasta donde la curva de su espalda desaparecía y comenzaba una diferente.
Se separaron un par de minutos después, con las mejillas sonrojadas y un secreto en conjunto, Aii suspiró dando un paso hacia atrás, sonriendo.
—Gracias por todo, sen... Rin-chan —sonrió, acomodándose el cubrebocas, suspirando gracias a la felicidad.
—¿Nos vemos el jueves? —Rintaro preguntó, nerviosa, sonrojada y rascando su mejilla, lamiendo sus labios para recordar el sabor de la chica.
Aiiko asintió, volviendo a acercarse para besarla de nuevo, dándose tiempo para hacer del nuevo beso igual de profundo y lento.
—Bien, nos vemos el jueves, novia —Aii soltó después devolver a dar el paso hacia atrás y acomodarse no sólo el cubrebocas, sino también la falda al sentirla un poco levantada por ser abrazada y sin más que agregar se apuró a entrar a su casa, esperando que su madre no la haya visto desde la ventana comportarse de esa manera tan “descarada”.
Rin sonrió luego de oír ser llamada “novia”, regresando hacia su casa mucho más feliz, sin desear cambiar ni un solo detalle del recuerdo de ese día, cantando por lo bajo mientras deseaba que el tiempo pasará más deprisa y así poder besar a Aiiko una vez más