Capítulo 1: No somos iguales
Paloma odiaba el ruido
Odiaba los lugares llenos, la música tan alta que no te dejaba pensar... y sobre todo, odiaba no poder escucharse a sí misma.
Por eso no sabía que hacía ahí.
Luces parpadeando.
Gente gritando.
El suelo vibrando con cada golpe de batería.
Se cruzó de brazos, incómoda.
-Solo es un rato -murmuró.
Hasta que empezó la música.
No era como lo que ella escuchaba.
Era más... agresivo. Más real. Más vivo
Y entonces lo vio.
Miguel Mora.
Estaba en el escenario, con la guitarra colgando y los dedos moviéndose como como si no necesitaran pensar. Cabello largo, mirada intensa... completamente perdido en su propio mundo.
No estaba actuando.
Estaba sintiendo cada nota.
Paloma frunció ligeramente el ceño.
No le gustaba ese tipo de música.
Pero...
No podía dejar de mirarlo.
Había algo en él.
Algo incomodó.
Algo que no encajaba con su mundo tranquilo.
La canción terminó.
Aplausos.
Gritos.
Miguel levantó la cabeza... y la encontró.
Entre toda la gente.
A ella.
Paloma apartó la mirada al instante, incómoda.
Pero sintió algo raro en el pecho.
Como si ese momento hubiera durado más de lo normal.
Como si él no la hubiera visto por casualidad.
Más tarde, afuera, el aire, era distinto.
Silencioso.
Por fin.
Paloma cerro los ojos un segundo... hasta que escuchó pasos.
-No pareces de este lugar.
Su voz.
Rasposa.
Segura.
Demasiado cerca.
Paloma abrió los ojos.
Miguek Mora estaba ahí.
Sin escenario.
Sin luces.
Pero con la misma intensidad.
-Y tu sí, ¿no? - respondió ella.
Él sonrió de lado.
Yo hago el ruido.
Silencio.
De esos que dicen más de lo que deberían.
Miguel la observó con detalle.
Sin pena.
Sin disimular.
-¿Por qué me mirabas?
Paloma sintió el calor subirle al rostro.
-No te estaba mirando.
Él soltó una pequeña risa.
-Claro.
Se asercó un poco más.
-Entonces explícame porque no dejabas de hacerlo.
El corazón de Paloma se aceleró.
No por miedo.
No completamente.
-No me gusta tu música- dijo, intentando recuperar el control.
Miguel levantó una ceja.
-Entonces te gusta perder el tiempo.
Silencio otra vez.
Pero silencio diferente.
Más tenso.
Más peligroso.
- Paloma- dijo ella finalmente.
Miguel repitió su nombre despacio.
-Paloma...
Como si lo guardara.
-Miguel- respondió él.
Ella asintió.
-Lo sé.
Sonrió.
Esa sonrisa.
La que no era tranquila.
-Entonces esto ya no era casualidad.
Y aunque Paloma aún no lo entendía...
Acababa de entrar a un mundo que no era suyo.
Y Miguel Mora no era alguien que dejara las cosas a medias.