Capítulo 1, parte 1. Lo que llegó del cielo.
Capítulo 1, parte 1. Lo que llegó del cielo.
Si esa noche no hubiera salido a tirar la basura, en realidad, creo que nada de esto hubiera pasado.
Esa noche levanté la vista pues mis ojos estaban resecos por el aire del norte. Vi lo que según me enteré después, millones en todo el mundo presenciaron al mismo tiempo; una aurora boreal con una gradiente de tal envergadura que abarcó todos los colores del arcoíris. Era hermoso como el alma de un dios desgarrándose por todo el cosmos.
Un fenómeno natural así solo ocurre en regiones del norte, o en circunstancias muy específicas, en el resto del mundo. Recuerdo haber leído que en 1859 el evento Carrington fundió telégrafos en gran parte del mundo y en 2003 las tormentas de Halloween dañaron varios satélites, causando auroras boreales por todos lados, no sería la primera vez que algo así ocurre.
Pero para ser sincero, lo primero que hice en ese momento fue revisar los refrigeradores. El jefe había recibido un lote entero de helado napolitano esa mañana y si el patrón perdía dinero, mi paga estaría en riesgo. Mi menor preocupación era una tormenta solar y sus consecuencias. Por suerte, todo operó con relativa normalidad por el resto de esa noche.
Hoy lunes 20 de mayo del 2030, me tuve que levantar temprano para ir a una escuela mexicana que, desde hace poco, me es indiferente. Desde que introdujeron el nuevo sistema educativo por orden de la P.P.S.M, el ritmo de la economía mexicana se ha rezagado tanto como la de Estados Unidos, además tengo cosas más importantes que hacer que penes de plastilina y estudiar a castro.
Por cierto: ¿Qué hago yo, un alumno de secundaria hablando de política y sucesos históricos? Bueno, lo creas o no, mis gustos son bastante exóticos según palabras de mi madre. Aunque honestamente, los gustos de esa mujer son más exóticos que los míos...
La situación actual es mala, tan mala que estoy forzado a pensar en ello para matar el tiempo en esta maldita clase de detención.
—Oye ¿Sabías que Don Raúl vendió su tienda? Dijo algo acerca de que el gobierno va a parar unas oficinas ahí.
—¿Don Raúl vendió su tienda? Ahora Carolina se va a mudar.
—Oye no es como si te la pudieras chingar ¿Sabes?
Rodé los ojos. Alonso e Isaac tienen gustos bastantes turbios, no entiendo porque les gustan las gordas.
Uh, si, quizá no tengo derecho a opinar porque no soy guapo pero la obesidad no es de mi agrado. Prefiero un peso normal, quizá una güerita. Si, tal vez no debería estar pensando en mujeres, solo saben complicar la vida.
Pero ¿Sabes qué es más complicado?
Comer atún, no sé cómo les gusta comer atún, ni que fueran gatos.
—Señor Hansel.
—¿Qué pasa señor gato?
El prefecto Luis me miró con una ceja en alto, su postura firme me recuerda mucho a ese tipo que sale en el comercial de...
—Señor Luis —me corregí mordiéndome la lengua.
—Si sigues perdiéndote entre pensamientos vas a reprobar este año.
—No lo sé, no tiene sentido, me quitaron el cuarenta por ciento de la calificación porque me rehúse a hablar de penes falsos, eso debería ser un crimen.
El prefecto Luis me miró un largo rato antes de sentarse en la butaca frente a mí, su pelo negro parece aun más áspero que ayer. Creo que no sería una buena idea mencionarlo en voz alta, no sé qué tipo de shampoo usa.
—Se que no te gusta, tampoco a mí, pero la escuela que me tocó ya no existe —ajustó sus gafas cuadradas —, solo intenta aguantar, el año pasado ganaste un premio ¿No?
—Si, por explicar porque los pandas deberían estar extintos.
Luis cerró la boca con un suspiro leve, después se puso de pie con una mirada resignada.
—Vuelve a casa, los demás también —me miró una última vez con incomodidad—, si quieres hablar de algo puedes decirme.
—Lo tendré en cuenta.
Levanté ambos pulgares antes de tomar mi mochila, ahora que lo pienso si salgo por la ventana puedo llegar antes a la salida, el patrón se va a enojar si no llego a tiempo.
—¡Pero usa la puerta!
No le hice caso a su grito, un salto de metro veinte no es tan malo si sabes caer bien.
—¡Carajo!
Termine rodando sobre la tierra.
El sabor es casi nostálgico, recuerdo haber comido tierra cuando era un niño solo porque me gustaba el olor cuando llovía.
Jeje, eso era divertido.
Corrí junto a la cancha y salí del enrejado con facilidad. Mi celular dice que son las 14:34, mami y papi deben estar con sus amigos aún, solo me dejan llegar después de las 18:30. Qué bueno que el jefe me deja hacer horas extras.
—🎶Dulces, dulces, mantequilla y frappe.🎶
Quiero dulces, papi no me dejaba comerlos pero de pronto comenzó a comprarlos, no sé a qué se deberá pero mami también comenzó a regalarme cositas. Me gustaría unos patines, así podría patinar al trabajo, el jefe me paga bien pero últimamente hay menos ventas.
Necesitamos ventas.
Ahora que lo pienso, las calles están más vacías que de costumbre. Me paré un momento cuando un auto Chevy atravesó la avenida con un escape silencioso. La última vez que revisé el INEGI había unas ciento cincuenta mil personas, supongo que los matrimonios ya no son tan comunes hoy en día. Uh, tengo hambre...
¿Un frappé? Pero dónde, creo que si voy dos cuadras abajo está el local de Don Federico, espero que esté abierto. Corrí dando pequeños brincos.
Es hora de una malteada.
—¡Don Federico! —grité a todo pulmón al ver su portón abierto.
—Hansel, qué pasa ¿Vas a casa?
—Nop —me detuve con un saltito frente a su local —, es hora de trabajar, me das una malteada de vainilla por favor.
—Vainilla, sale vale.
Don Federico comenzó a sacar helado y leche del refrigerador, me gusta comprarle porque es un buen tipo, aunque su esposa es una vieja cascarrabias. Escuché que envenenó a unos perros hace poco, bueno no la puedo juzgar a mí también me mordieron una vez.
Oh, el mandil de Federico es azul, normalmente usa uno rosado. Creo que se lee como Pink en inglés, es como el algodón de azúcar o el helado de fresa, me gustan las fresas pero no en helado.
—Serían quince pesos.
—Pero es de litro.
—No hay pedo, eres cliente preferencial —dijo moviendo el dedo en el aire.
—¡También vendré mañana!
Pagué con tres monedas de cinco y me fui, ya rifé, eso está chido.
—🎶He-la-do, he-la-do, me pondré gordo con he-la-do 🎶
Pronto llegué al local del jefe, aunque como siempre no estaba, no sé qué me preocupa más si su alcoholismo o que sea yo quien tenga que abrir tan seguido.
Deje mi malteada en el suelo para poder abrir el candado, ese tipo está loco por dejarme una copia de la llave.
—Uy patroncito ya mamo hahaha, bueno no.
Me gusta tener un lugar donde pasar el rato. La cortina se abrió poco a poco, pesa de a madres está chingadera, me voy a morir.
—¡Arriba!
Puje con mi vida hasta que por fin se levantó, y un pedo enorme también salió, este día se llamará la victoria del señor pedo.
Cuando recuperé el aliento sacudí mi playera, me gustan los días de educación física porque los uniformes son bastante cómodos. Entre la oscuridad encontré el apagador con facilidad, la luz parpadeo un poco antes de iluminar la tienda, es pequeña pero solía ser bastante popular hace unos años.
—Polvo, polvo y más polvo.
Me asegure de lavar bien mis manos en el lavabo del baño, no me gusta el polvo, hace que estornude como un gato. Bueno los gatos me hacen estornudar pero también son lindos así que eso es diferente.
—Ahora bien, estamos abiertos.
El aire del exterior en plena tarde entró como un soplo de paz. Oh normalidad, me gusta mi normalidad, solo tengo que esperar hasta que sean las nueve para poder ir a dormir a casa. Quisiera que al menos mami cocine hoy, últimamente llegó y todo está cerrado, ya ni me acuerdo cómo es la sala.
—Que fastidio, cuando sea grande me iré a rentar y pondré una tele grande en mi habitación.
Infle las mejillas con más desgano que fastidio. Debería comprarme un celular o algo así, el patrón me paga mil quinientos la quincena así que ya tengo suficiente dinero.
Dinero, dinero, dame tu dinero, hehe.
Veamos, todo está tranquilo y es bastante temprano...
Me siento aburrido, no puedo simplemente dormir aquí o me van a hacer lavar los pisos otra vez.
¿Dónde estará el patrón?
Mi teoría más aceptada es que es un alíen, no ha envejecido en cinco años así que no es normal, debe ser algún tipo de reptiliano que viene a conquistar el mundo.
🎶“Din Dan Don”🎶
Ah, parece que alguien entró a la tienda, ese tipo.
Tiene un traje como el de J, parece un federal o algo así y viene directamente a mí.
—Oye, tienes un celular o un teléfono, agente federal —el tipo sacó una placa.
—Eh, nop, pero ahí hay una caseta —dije apuntando al exterior.
El señor doctor profesor Patricio giró la cabeza con una lentitud extraña, es como si su cuello estuviera roto o algo así, terminó regresando al exterior.
¿Será que la placa es real? No lo sé, escuché que venden placas del FBI en el mercadito así que quizá sea un loco, bueno mientras no sea de un cartel.
Según mi súper reloj con calculadora marca Casio, entro ahí a las 17:17 así que lleva unos quince o veinte minutos hablando. No puedo creer que tenga tantas monedas, sabe doctor profesor Patricio esa morralla me podría venir bien en la caja.
Hablaré con el patrón para que contrate una línea de teléfono fijo. Ah, qué rayos con el planeta, ya está oscureciendo. La noche llega demasiado rápido últimamente, me preguntó si mami y papi dejarán ir a sus amigos más temprano.
—Oye niño —el hombre entró está vez con pasos lentos —, necesito una recarga y unos Marlboro rojo.
—No tengo recargas Patricio —dije demasiado rápido como para darme cuenta.
—¡Demonios! —espeto pateando el anaquel de papitas.
—Ah, cigarros Marlboro no tengo pero si los Andy o como se pronuncie esto.
—Bien, dámelos.
—Son 150.
—¿150? —parecía indignado.
—Es el precio no me juzgues, el patroncito los pone.
El señor doctor profesor Patricio rodó los ojos dándome un billete de quinientos, no puedo evitar mirarlo con una ceja arriba, sabes acaba de usar un montón de monedas allá afuera.
—No tengo cambio Don.
Él, estoy seguro de que estuvo a punto de explotar, se agarró la cabeza fuerte y respiro como una bestia, al final sacó un billete de doscientos.
—Quédate con el cambio.
Tomó sus cigarrillos con brusquedad y se fue, con suerte no volverá.
—¿Qué haré con 150 extras? Ese tipo no me cayó bien.
Las horas pasan rápido cuando no hay clientes, me gustaría poder pasar el rato con algo aparte de la tarea, quizá la computadora de mi habitación pero es de escritorio. Honestamente no se como compro unos cigarros de cincuenta pesos en ciento cincuenta sin revisar, me llevaré algo más tarde.
Le voy a pedir una laptop a mami, papi podría comprarla pero aún no cobra. A veces no se en que trabajan esos dos, papá se va de la ciudad muy seguido pero mami también está fuera todo el tiempo, siempre llega tomada. Cómo sea, seguramente dirán que sí, les diré que comprarme cosas nuevas para cambiar mi entretenimiento es fundamental, puedo decirles también que es para la escuela pero eso sería muy evidente.
Mi reloj sonó con un ligero “Pitt” cuando marcó las nueve de la noche con tanta familiaridad al igual que siempre. Es hora de volver a casa.
Metí mis libros en una mochila llena de frituras que mañana meteré como merma, si de todas maneras no se vende alguien debe comérselas, sería un desperdicio pasarlas a la merma de atrás.
Cuando cerré la puerta y bajé la cortina me di cuenta de que el frío es bastante molesto, no debería helar así, estamos en primavera. No soy muy fan de este suéter, pero no puedo negar que es bastante abrigado, ¡viva los intercambios gratuitos del gobierno!








