El Precio De La Lealtad por Tessa Michelle en Inkitt
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El Precio de la Lealtad

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Sinopsis

En un submundo gobernado por cinco linajes criminales, la lealtad es un disfraz y la venganza el único motor. Tras un asesinato a manos de tres mujeres de la élite, una cacería humana se desata cuando los líderes de las mafias Cavalli y Zoran descubren el crimen. Valeria, Haydhen y Alicia deberán enfrentar el pasado las persigue, sobrevivir a traiciones amorosas, secuestros y alianzas peligrosas con sus propios enemigos para salvar sus imperios y sus vidas. Romance épico con final feliz asegurado

Estado:
En proceso
Capítulos:
16
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo 1: La Corona de Hielo

Valeria.

La brisa helada de la noche envuelve mi cuerpo mientras camino de regreso al interior de la gala. Un enorme salón con candelabros y luces cálidas, las paredes revestidas de mármol y oro incrustado en los relieves de los picaportes. En la pista de baile, varias parejas danzan en círculos con la música romántica de fondo, giran sobre sí mismas, se separan y vuelven a unirse.

Tomo asiento en uno de los divanes de color escarlata que se encuentran dispersos por la sala. Disfruto de una copa de champán y del suave tintineo que hace el cristal contra los anillos en mi mano. Me gusta esta sensación. El peso de los diamantes en mi cuello y la forma en la que el vestido de seda se ciñe a mi cuerpo como una segunda piel, quizá solo haría falta algo de compañía, la persona correcta con la cual podría disfrutar de este lujo. Mientras tanto, en la espera, bajo las lámparas de cristal de la gala, soy exactamente lo que siempre he sido: inalcanzable.

Cansada de mirar a la gente bailar y pasar andando delante de mí, me levanto del diván y me acerco a un grupo de mujeres en la sala. Aunque estoy presente, apenas escucho la conversación, todas hablan de lo mismo, sobre diamantes, bonos y dinero. La misma conversación protocolaria de la que ya estoy aburrida. Me encantaría salir de aquí y realmente disfrutar de esta noche, desde aquí puedo ver la luna resplandecer por los ventanales de la sala.

—Estás radiante, Valeria. —Dice una mujer de la mediana edad cuyo nombre he olvidado, pero recuerdo que su esposo es dueño de medio distrito financiero.

Le devuelvo la sonrisa de catálogo, perfecta, pero vacía. Sé en dónde me encuentro. Seguramente Alicia está tras bambalinas preparando su espectáculo, y Haydhen probablemente está escondida cerca de las cortinas y los balcones, deseando ser invisible. Mientras yo me encuentro parada en medio de las falsedades de la sociedad.

Entonces, lo siento. Una presión en el hombro, ligera como una pluma, pero para mí es tan pesada como el plomo, Axel. No necesito girarme para saber que está ahí. Su presencia rompe la armonía de la sala. Sin siquiera acercarse, huele a cuero que no encaja con los esmóquines de seda. Cuando finalmente me doy la vuelta, lo veo. Tiene el pelo castaño perfectamente peinado, aunque manteniendo ese aire desalineado. Lo que destaca son sus ojos verdes, demasiado expresivos e intensos, que me recorren con una intensidad que me hace querer empujarlo lejos.

—Valeria. —Su voz es un susurro grave que ignora cualquier protocolo social.

—Señorita Lyran para ti, Axel. —Respondo, bajando la mirada hacia mis uñas. —¿Qué haces aquí? No recuerdo haber contratado seguridad extra.

Da un paso adelante, mientras agacha la mirada, se detiene demasiado cerca como para ser algo casual. Es ridículo lo mucho que lo intenta. Ha pasado meses siguiéndome, enviándome flores que termino tirando, cartas que acaban en la basura y apareciendo donde menos lo espero. Doy un paso hacia atrás, marcando incluso más espacio del necesario.

—Solo un baile. —Me pide, con un tono tan suplicante, que casi consideraría patético. —Por favor. Solo una pieza y me iré.

El salón se queda en silencio a nuestro alrededor, es como si algo en la escena hubiera atraído más atención de la necesaria. Era de esperarse, soy la heredera de la mafia Lyran y es bien sabido entre los clanes que estoy falta de prometido. Siento varias miradas sobre nosotros. Axel está ahí, un hombre que podría matar a cualquiera en está habitación con sus manos desnudas, un sicario a sueldo prácticamente mendigando por un poco de mi interés.

Es momento de marcar la línea, no es posible que, siendo hija de una de las familias más poderosas de la ciudad, la gente me relacione con un sicario, con un hombre que ha manchado sus manos y perdido su dignidad en ello.

—Mírate, Axel. —Digo bajo en un susurro y desdeñoso, que solo él alcanza a escuchar. —Este baile es para personas que construyen imperios, discúlpame, pero no formas parte de ello.

Veo un destello en sus ojos verdes, aunque no se inmuta por el insulto. Se queda ahí, con la mano extendida, frente a lo más selecto de la ciudad procesando el rechazo. Aunque no debería sorprender a estas alturas, siendo ya varias las veces que nos vemos en esta situación.

Me doy la vuelta, dejándolo con la mano en el aire y seguramente la poca dignidad que le queda en el suelo. Mi corazón se acelera, aunque intente negarlo mentalmente, mi intención no era humillarlo, pero lo cierto es que debo ir marcando los límites. Si la mafia Lyran empieza a ser relacionada con personas como él, que hacen el trabajo sucio de otros, pronto la gente va a pensar que mi familia está en malos pasos y eso es algo que no puedo permitir. Mientras me alejo, sé que me está mirando, así como también sé que volverá apenas se le presente otra oportunidad.

Al salir el frío de la noche, me eriza la piel, miro por sobre mi hombro y Axel ya ha desaparecido. En mi descuido, al volver la vista al frente, choco con una persona que reconozco de inmediato. Su cabello blanco con las puntas moradas destaca en cualquier lugar y, al mirar sus ojos tan llamativos, uno azul y el otro gris, es imposible no reconocerla. Haydhen me mira de arriba abajo, antes de negar con la cabeza.

—Otra vez has dejado tirado a ese chico, ¿verdad? —Su tono es una mezcla de decepción con preocupación, aunque no estoy segura de sí es hacia mí o hacia Axel.

No logro responder verbalmente, así que solo me encojo de hombros. Ella sujeta mi brazo con firmeza y me arrastra a un rincón de la gala.

Me lleva hasta los jardines del salón, me lleva a una parte arbolada, donde las hojas se mecen al compás del viento y la música lejana.

Suelta mi brazo para abrazarse a sí misma, mira un par de veces a los alrededores antes de hablar con la voz tan baja que apenas supera a un susurro.

—Ese chico, Axel, he oído rumores de que es el primogénito de los Durand y no solo un mercenario.

Sin poder contenerme, suelto una risa incrédula, mientras mis manos se posan en el encaje de la cintura de mi vestido.

—¿Axel? Por Dios, él no es más que un mercenario, es imposible que esté relacionado con los Durand.

Ella simplemente niega con la cabeza, y sus labios forman una línea recta.

—Luego no digas que no te advertí, Valeria.

Dice con un tono gélido, aunque en su mirada bicolor brilla con preocupación. Sin decir más, pasa al lado mío, dejándome sola al pie del árbol.

Miro sobre mi hombro y lo único que alcanzo a ver es el velo negro de su vestido entrando de nuevo a la gala. Me apoyo en el tronco del árbol, sintiendo la corteza rugosa en el escote de mi espalda.

Por más que intente, me sigue pareciendo ridícula la sola idea de que Axel sea el primogénito de los Durand, que es una de las organizaciones más poderosas del submundo, conocida por el tráfico masivo y sus métodos prácticos para eliminar a la competencia. Se les considera calculadores y, por ende, inteligentes, algo de lo que Axel carece.

Apartando aquellas ideas irracionales, vuelvo a la gala justo cuando las luces cálidas pasan a unos tonos rojizos, indicando el inicio del espectáculo.

Antes de tomar mi lugar cerca del escenario, me dirijo al bar, queriendo tener una copa en mano para cuando inicie la función, pero ni siquiera necesito llegar al bar para que el mismo iluso de los ojos verdes me tienda una copa.

Hago un rápido escrutinio, notando que su cabello castaño no duró demasiado tiempo ordenado antes de volver a estar revuelto, como suele estarlo.

—Acéptala, prometo que no está envenenada.

La suavidad de su voz hace un divertido contraste con el repentino nudo en mi pecho, ya que hasta este momento no había considerado jamás la posibilidad de que él se atreviese a dañarme. Algo imprudente de mi parte no haberlo pensado, sabiendo desde siempre su profesión.

—Supongo que me ahorras la espera en el bar. —Intento forzar una sonrisa de catálogo, aunque con él nunca ha logrado salirme.

Él deja escapar una risa grave, da un paso más cerca, antes de mirarme con los ojos entrecerrados.

—Valeria, a esa sonrisa se le nota a leguas lo falsa que es.

El nudo en mi pecho que hace unos momentos dominaba mi cuerpo ahora se disuelve en pura indignación. Doy dos pasos hacia atrás, y mi tono sale más tosco de lo que esperaba.

—¿Quién te crees para hablarme de ese modo? No es de tu incumbencia cómo me comporte.

Desafiando por completo mi tono y mi postura, él me habla con la misma suavidad, pero con un tono más bajo, como si contara un secreto que las damas y caballeros de la sala no deberían conocer, y quizá sea así.

—Todo lo que te relacione es de mi incumbencia, Valeria. Todo.

Sin esperar respuesta, pasa a mi lado y, aunque me voltee, es imposible detenerlo sin armar una escena, entonces me deja ahí, sin estar segura de si debería interpretar eso como amenaza o como otro de sus extravagantes piropos.

Entonces una música vibrante llena la sala y me hace voltear al escenario justo donde se encuentra Alicia, luciendo un atuendo que la hace ver tan inocente como magnífica.

Con micrófono en mano, comienza a cantar y moverse por el escenario, haciendo que su cabello pelirrojo dance al compás de la música, atrayendo consigo varias miradas.

Las damas y caballeros alternan su atención entre las pláticas formales, los saludos protocolarios y el llamativo espectáculo.

Me muevo entre la gente intentando llegar a una parte menos concurrida, y es así como termino de frente a Haydhen, quien está mirando a Alicia desde una mesa apartada en el rincón.

—¿Se ha agotado tu energía a media velada? —Pregunto con tono suave, mientras tomo asiento a su lado.

Ella bufa con fingida irritación, con los codos en la mesa y la cabeza apoyada en las manos.

—Sabes bien que odio estos eventos.

Una risa suave escapa de mis labios al pensar que tengo toda la certeza de que ella preferiría estar viendo películas hasta tarde, sumida en sus bocetos.

—Lo sé muy bien, al igual que sé que no te perderías ver modelar a Alicia uno de tus diseños. —Respondo haciendo un vago gesto a la susodicha que sigue bailando.

Haydhen finalmente deja ir un poco al aburrimiento mientras estira su cuerpo del mismo modo que haría un gato adormilado.

—De todos modos, al acabar la función me iré, no me interesa seguir rodeada de esta gente de lino y encaje.

Ninguna de las dos dice palabra luego de eso, nos quedamos viendo a Alicia dar su función. Mueve su cuerpo con práctica creando ondas y curvas mientras su parece hipnotizar al público.

Cuando la música empieza a bajar ella da unos últimos giros. No me molesto en ocultar mi sonrisa, la primera que doy en toda la noche que no busca ser perfecta, aplaudo junto con Haydhen y toda la sala estalle en vítores y aplausos.

Alicia con una sonrisa eufórica hace algunas reverencias suaves con la cabeza, vuelve a tomar el micrófono y su voz dulce resuena en el salón.

—Muchas gracias a todos por estar aquí, espero hayan disfrutado de la función, y les deseo a todos una linda velada.

Los aplausos la despiden mientras ella da la vuelta para irse tras bambalinas. Haydhen no necesita más para ponerse en pie y empezar a recoger sus cosas.

—¿Segura que no quieres quedarte? —Ella no me dirige la mirada mientras acomoda su vestido al ponerse de pie.

—No, ya he tenido suficiente de este ambiente social. Por cierto, ¿Quieres venir conmigo y te paso a dejar?

Niego con la cabeza, pero antes de que pueda responder verbalmente ella me gana la palabra.

—Entre tratar de nuevo con Axel de ese modo e irnos, sería mejor que me acompañarás. Lo dije en serio cuando hablé contigo sobre los Durand.

Con algo de reticencia poso las manos en mi cintura, pero finalmente la acompaño fuera de la gala, ya que tiene razón, no podemos llamar mucho la atención. No, luego de lo que hicimos.


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Estaré publicando alrededor de 2 capítulos semanales, pido una disculpa por las flatas de ortografía, aunque intento evitarlas. ¡Tengan bonito día, linda tarde o dulces sueños! ❤❤❤

¡Cuéntale a Tessa Michelle lo que piensas sobre este capítulo!
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