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Luna Carmesí

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Sinopsis

Uno es su pareja destinada. El otro la conoció hace cuatrocientos años, y jamás superó el haberla perdido. Bellatrix Martina Williams llegó a Inglaterra para estrechar lazos con su familia. No esperaba terminar inmersa en una guerra sobrenatural, descubrir la vida secreta que su padre ocultaba, ni encontrarse atrapada entre un Alfa que reclama su alma y un Príncipe vampiro que la llama «Princesa» como si lo hubiera dicho mil veces antes. Porque, en efecto, así ha sido. Ella solo que aún no lo recuerda.

Genero:
Romance
Autor/a:
EL Suárez
Estado:
Completa
Capítulos:
67
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Mi vida anterior

Me desperté a las 5:45 con la alarma. No escuché ronquidos, así que Agus no estaba en casa. Salí de mi habitación y vi que la puerta del otro dormitorio estaba cerrada. Tín. Él estaba ahí. Desde que mi padre murió hace ocho meses, he dedicado todo mi tiempo a trabajar y a cuidar de mis hermanos. Por ellos, haría cualquier cosa. Mi hermano menor termina la secundaria este año y siempre lo hemos malcriado muchísimo. El del medio es un genio total, y siempre le digo que, haga lo que haga, nunca debe dejar los estudios.

Mamá era latina y papá inglés. Vivimos en Sudamérica, pero papá nos enseñó inglés desde pequeños. Cada uno tiene un nombre en español y otro en inglés. Mi padre, Richard Alistair Williams, cortó todo contacto con su familia en Inglaterra y, después de que mamá falleció, perdimos el contacto con la suya también; nunca les gustó demasiado papá. Así que ahora solo somos mis hermanos y yo, y, sinceramente, es difícil.

Todo empezó un día que llegó una carta a casa. Debería haber sospechado que una carta en 2016 era algo inusual. Era de una tal Eleanor Jager, una tía de papá. Decía que se había enterado de lo de "nuestro rebelde Richard" y que sabía que ahora estaba sola con mis hermanos; se moría de ganas por conocernos. Nos invitó a visitarla en Inglaterra. Aunque papá cortó lazos con su familia por elección propia, mencionó a la "tía Ellie" una o dos veces.

Agus, mi hermano del medio, no había venido a casa. Me di cuenta porque su mochila no estaba tirada a medio abrir en el sofá. No es noticia, tiene 23 años y puede hacer su vida, pero aun así es molesto. Me preocupo por el idiota. Sé que probablemente esté en la cama de alguien más después de una gran noche, pero también tiene responsabilidades en esta casa.

Para Agus 6:03Avísame cuando llegues a casa

Andrew Agustín Williams es mi hermano del medio; no es precisamente el más responsable y siempre se escapa en cuanto puede para estar con alguien. Nunca lo he visto enamorado ni genuinamente interesado en nadie, pero sé que, a su manera rara, es capaz de amar, porque nos quiere a Tintín y a mí.

Fui a despertar a mi hermano menor: Tintín. Thomas Valentín "Tintín" Williams, 17 años, nuestro bebé. Soy su tutora legal, algo increíblemente difícil a los 25 años, pero Agus ayuda, más o menos, sobre todo con dinero.

—Vamos, Tín, levántate —dije mientras empezaba a abrir las persianas—. Sabes que no puedes llegar tarde.

—Cinco minutos más —murmuró como un niño pequeño, dándose la vuelta en la cama.

—No, Tín. No me hagas la vida más difícil de lo que ya es.

Le quité las sábanas de un tirón.

Mis hermanos comparten habitación. Es grande y tiene una computadora muy buena que Agus usa para trabajar. Hay figuras de anime y videojuegos por todas partes, además de pósteres de fútbol, de superhéroes y más anime. He visto un montón de películas de superhéroes y anime solo para tener algo en común con ellos; incluso he jugado videojuegos, aunque soy pésima y no los disfruto realmente. De hecho, ni Agus ni yo somos grandes fanáticos del fútbol. Ir al estadio era algo que hacían siempre papá y Tín juntos, pero ahora Agustín ha tenido que acompañarlo para que Tín no vaya solo. Papá era hincha de Peñarol, y obviamente mi hermano pequeño, obsesionado con el fútbol, también. Mi otro hermano llama a sus hinchas "un montón de marginales, barras bravas y degenerados". Y, sin embargo, ya ha ido al estadio Campeón del Siglo varias veces y van a ir al partido despedida de Tony. Nunca lo diría en voz alta, pero creo que le está empezando a tomar cariño al equipo porque lo ha acercado a su hermano.

Las cosas en su cuarto están desordenadas; se nota que se vive ahí, pero últimamente no siento que haya vida cuando entro.

Todo ha sido complicado desde lo de papá. Por suerte, Agustín consiguió un trabajo remoto haciendo cosas de programación que no entiendo mucho, pero le pagan en dólares. Yo tengo un trabajo normal en un call center, nueve horas al día, cinco días a la semana, y gano apenas un poco más del salario mínimo, pero alcanza. El problema es que, como hoy, Agus a veces desaparece y me deja a cargo de Tín. Sé que ya no es un niño, tiene 17 años, pero siento que está creciendo demasiado rápido y que se me escapa de las manos. Las charlas "de hombre a hombre" no están ocurriendo porque el idiota no está aquí, y cuando le pasa algo, no dice ni una palabra.

Me llamo Bellatrix Martina Williams. Estudié administración de empresas pero tuve que empezar a trabajar a los 18 para pagar los cursos de programación de Agustín y para que Tintín pudiera seguir jugando al fútbol en su club. En cuanto a mí, creo que lo que realmente me gusta es la Historia, y por eso me vuelve loca no saber qué pasó entre papá y su familia.

Corrí a la cocina. Cuando abrí la heladera, solo había medio limón seco. No podía creer que nadie hubiera comprado leche. Respiré hondo, un gran error. Todo olía a grasa. La pileta estaba llena de platos de ayer. Nadie había abierto la ventana. Iba a matarlos.

Cuando papá vivía, estábamos en una casa linda. Cada uno tenía su cuarto, teníamos patio delantero y trasero. Papá cocinaba como los dioses, así que siempre teníamos comida casera. Ahora nadie sabe cocinar y todo es pasta, arroz, ramen, frituras... La cocina no se ve como antes y ya no se siente como ese lugar de reunión que papá lograba. Nuestro departamento es pequeño, sin nada de verde. Dos habitaciones, por eso Agus y Tín comparten una. Se pelean mucho por eso, pero siempre terminan en la misma pregunta: ¿quién se va a ir y a dónde iría? Agustín técnicamente podría alquilar un monoambiente, pero sabe que si me deja sola con Tín sería brutal, y Valentín tendría que empezar a trabajar. Así que vivimos amontonados y él se queda. No nos sobra el dinero, pero nos arreglamos. Y ahora mismo no hay comida porque son unos idiotas que no compraron nada. Siempre esperan que yo haga todo.

Después de que Tintín finalmente se despertó, era demasiado tarde. Salió usando una camiseta de Peñarol, la de Pacheco, súper emocionado por el partido despedida. Debí haberle dicho que se cambiara, porque la usó para ir a la escuela, jugó al fútbol con ella, la sudó toda y nunca la lavó. Pero hemos sido demasiado permisivos con él desde que murió papá. De todos modos, como ya íbamos tarde, me callé la boca, le di dinero para que comprara algo para desayunar y salí disparada al trabajo.

Apenas salí del edificio, lo vi de nuevo: el tipo de la cicatriz en la cara, paseando a su perro. No quiero juzgar, pero apostaría lo que fuera a que se para junto al árbol de la entrada y empieza a moverse en cuanto me ve salir. Siento que me sigue hasta la parada del ómnibus. Como si no tuviéramos suficientes problemas, ahora también tengo un acosador.

Revisé mi teléfono antes de entrar, pero el idiota no había dado señales de vida.

Después de una llamada interminable con un cliente cuya compra no tenía repuestos disponibles —el repartidor tuvo un accidente, la mercancía se perdió y no llegaba hoy ni mañana—, llegó el típico cliente maleducado.

Respiré hondo y salí a mi descanso.

De Agus 10:14

Llegué a casa ;)

Para Agus 13:34 ¿No ibas a avisar a las 10???

De Agus 13:46

Soy un profesional :) mientras termine mi trabajo, no hay problema ;)

Es un idiota. No sé qué estándares tengan en su empresa, pero en la vida real es un desastre. Aun así, no puedo negar el alivio que siento al recibir un mensaje suyo y saber que su preciada personalidad sigue intacta.

Después vinieron los errores del sistema, los correos por contestar, la señora mayor que no tenía idea de lo que hacía, más peleas con el sistema, una discusión con mi supervisor y, finalmente, el viaje a casa.

Lo único que quería era llegar y dormir. Estoy agotada. Ser un adulto responsable es lo peor. Estaba parada en el ómnibus, tratando de conectar mis auriculares al teléfono, cuando se abrió la galería de fotos. Me tropecé, atrapé el celular en el aire y me encontré mirando la última foto que me tomé con papá. Solo nosotros dos. Tín la tomó. Mi hermano pequeño había hecho carne a la parrilla por primera vez, su primer asado; una ocasión trascendental que tenía que quedar inmortalizada en una foto. Agus guarda su propia copia con mucho cuidado. Tintín quería que yo también me tomara una foto con papá, ya que si no, sería la única sin mi foto de "parrillera profesional". Así que en la foto estamos solo nosotros, sonriendo por algo que dijo Valentín, parados frente a la parrilla en nuestra vieja casa.

Llegué a casa y algo se sentía raro. Estaba tan cansada que no me di cuenta de inmediato: era el clic del teclado y del mouse. Cuando Agus trabaja, se encierra, pero la casa estaba completamente a oscuras, la puerta del dormitorio de los chicos estaba abierta y luces y sombras parpadeaban por todas partes: videojuegos. Mi sorpresa se duplicó cuando me di cuenta de que Agustín no estaba; era Tín en la computadora. Un jueves. Con un examen de Historia del Arte mañana.

—Tín. —Suspiré y me pasé una mano por el cabello—. ¿Por qué no estás estudiando?

—Ya estudié —respondió sin apartar la vista de la pantalla, bajándose apenas un lado de los auriculares para dejar un oído al descubierto—. Es solo un examen.

—No creo que quieras repetir el año. —Respiré un poco más aliviada—. ¿Qué pasa, Tín?

—Nada. —Siguió jugando.

—Sé que algo pasa. —Dije rápido, antes de que pudiera molestarse—. Si no quieres hablar conmigo, habla con Agus, pero sácalo. No te lo guardes. —Hizo un sonido extraño, algo entre un resoplido y un gruñido, y su rostro se tensó. No pude decir si era por el juego o por mis palabras.

—¿Dónde está Agus?

—Tuvo que ir a la oficina. —Siguió jugando, sin mirarme.

Salí a comprar algo para cenar y, cuando volví, Tín estaba sentado esperando. Valentín es el típico adolescente que ha pegado el estirón demasiado rápido y todavía no sabe bien qué hacer con su cuerpo: flaco y alto, más alto que Agustín. Su cabello castaño claro caía frente a sus ojos grises, escondiendo esa mirada hermosa que tiene. Pero sus hombros caídos lo hacían ver derrotado. Había salido con los auriculares colgando del cuello, lo cual era extraño; eran unos buenos, regalo de cumpleaños de Agus, y siempre los tenía puestos o guardados con cuidado.

—Me amenazó, Tina. —Se paró frente a mí. Sus ojos temblaban, al borde de las lágrimas.

Solté la bolsa de inmediato, di un paso hacia él y lo atraje a un abrazo. Tintín me devolvió el abrazo y las lágrimas aparecieron. No entendía nada.

Respiró hondo, se separó y empezó a caminar de un lado a otro, mordiéndose la manga de su sudadera.

—¿Tín? —pregunté con cautela.

—No quería decir nada para que no te preocuparas, pero hay alguien en el juego que me ha estado acosando, y sabe dónde vivimos. —Su expresión era de terror puro—. Me envió una foto tuya de esta mañana, cuando salías para el trabajo.

—El acosador —dije, atónita.

—¿Tienes un acosador? —Me miró, indignado y confundido, y se sentó a mi lado.

No podía procesar lo que decía Valentín además de todo lo demás. Ahora entendía: no era paranoia. El tipo del perro había estado esperándome, observándome, y era aterrador.

—Hay un tipo raro con una cicatriz que pasea a su perro y pensé que empezaba a moverse en cuanto yo salía para el trabajo. —Mi voz salió apenas como un susurro—. Ahora me doy cuenta: era él. No era paranoia.

—¿Qué vamos a hacer? —Tenía miedo.

Mi hermano pequeño estaba genuinamente aterrorizado y yo no podía protegerlo.

—Hablaremos con Agus cuando llegue.

Esa noche, Agustín llegó agotado. Le explicamos todo.

—Ya sabía que alguien intentaba hackear la computadora, vi que la cámara se encendía un par de veces. —Se pasó una mano por el cabello y se desplomó en el sofá—. Hice todo, lo juro. Los borré de nuestro dispositivo... pero no pude sacarlos del juego. —Miró a Tín, quien solo se encogió de hombros.

—Tenemos que hacer algo —dije finalmente.

—Denme hasta el viernes —dijo mi hermano—. Se acercan las evaluaciones de fin de mes y, si consigo el ascenso, nos mudamos. —Agustín movió las manos como si intentara agarrar algo invisible—. Cambiamos todo: el barrio, el departamento, la computadora, todo.

Pero tampoco me encantaba la idea de depender enteramente de mi hermano.

Cada día hasta el viernes se sintió como una eternidad. Más desalentador, más callado, más solitario, más gris... pero el jueves tocamos fondo.

Había estado lidiando con insomnio por tanta preocupación, así que no podía dormir, pero resultó que no era la única. Abrí la puerta de mi habitación con cuidado porque creí haber escuchado algo, y con la situación del acosador... Encontré a Agus sentado en el sillón. Estaba descalzo, con las puntas de los pies apoyadas en el borde, las rodillas dobladas y pegadas al pecho. Una mano agarraba sus piernas con fuerza mientras se balanceaba ligeramente. En la otra, sostenía una fotografía.

—Lo siento, papá. No los estoy protegiendo como prometí.

Me escabullí de vuelta a mi cuarto tan silenciosa y rápidamente como pude, pero no cerré la puerta. Fue un error, porque pude escuchar a nuestro pilar sollozando, y eso me rompió.

Los últimos días en el trabajo había estado discutiendo con mi supervisor y no estaba rindiendo bien. Así que me despidieron.

Para Agus 10:59

Me despidieron

De Agus 11:05

Estamos jodidos

Pero al llegar a casa, mi sorpresa fue ver a Tín allí en lugar de a Agus. Valentín debería haber estado en la escuela. Agustín debería haber estado trabajando. En su lugar, mi hermanito estaba en la mesa, revolviendo la comida sin probar bocado, totalmente desconectado.

“Sé que es un momento difícil, Tín, pero...” No sabía qué decir. Las cosas acababan de empeorar.

“Siento que nada es igual”, dijo de repente. “Mis amigos, la escuela, nada se siente bien, yo...” No sabía cómo seguir. Se levantó y vino hacia mí. Le di unas palmaditas en la espalda. “Nada tiene sentido, Tina”.

“No digas eso, Tín”.

“¡Pero es la verdad!”. Se levantó, enfadado. “¡Nos están acosando y nadie hace nada!”. Estaba furioso, pero luego algo cambió, incluso sus hombros se desplomaron. “Y mis amigos, mis profesores... apenas han pasado ocho meses”. Me miró. “Y ahora todos esperan que siga adelante, que lo deje atrás como si nunca hubiera pasado”.

Me partía el alma ver a mi pequeño rayo de sol sin nada de luz, con los hombros hundidos y sus ojos grises llenos de tristeza. “Papá habría hecho algo”.

“Lo sé”. Nos quedamos en silencio un momento. “Y nadie te va a pedir que olvides a papá”.

“¡Te equivocas! ¡No entiendes nada!”. Su ira seguía creciendo.

“Yo también perdí a papá, Tín”, dije con un poco de dureza.

“¿Por qué siento que fui el único que lo perdió?”. Sus palabras eran una acusación, un grito ahogado. “Siento que perdí a mi estrella guía”.

Para Tín, papá lo era todo. Mamá murió cuando él nació, y el único padre, madre, tío guay, tío estricto y tía que cocina bien era papá. Valentín nunca tuvo abuelos, tíos, primos, nada. Solo papá y nosotros. No es lo mismo, pero perdí a mamá a los ocho años y sé lo brutal que es eso. Quizás esa sea la diferencia: Agus y yo, de alguna manera, ya habíamos pasado por perder a alguien tan importante. Los besos, los abrazos, la voz que cantaba suave y siempre nos llamaba a bailar, se fueron de un día para otro. Mi vida cambió por completo cuando murió mamá. Pero Valentín nunca experimentó eso.

“Agus y yo nunca seremos como papá”, empecé, “pero vamos a quererte incondicionalmente. Lo sabes, ¿verdad?”.

“Tan incondicionalmente que mi hermano consigue un match en Tinder y desaparece”.

Valentín se levantó y se encerró en su habitación. Honestamente, no sé qué está pasando. Agus y yo siempre hemos sido muy unidos, pero ahora siento que ya no confía en mí, que no me cuenta nada. Y ahora con Valentín, siento que no soy suficiente. Necesita a su hermano mayor y el idiota no está aquí. Muchas veces pienso que Agustín lo complica todo más de lo necesario. En el fondo, deseo que algún día sea nuestro salvador.

Me senté y noté que había una carta sobre la mesa. No era un recibo, era algo serio, un sobre grueso. Dirigido a “Bellatrix Martina Williams y hermanos”. Aunque quería abrirlo, prefería hacerlo con Agus cerca. Me quedé allí unos minutos, congelada en mi asiento, pensando. Claramente iba a tener que hablar con Agustín cuando lo viera.

Para Agus 19:29

¿Dónde estás? Tenemos que hablar

Me duché e hice arroz con verduras, o un pobre intento de ello. Tín se sirvió un plato pero se lo llevó a su habitación. Comí sola. Aún quedaba más en la olla, porque había hecho suficiente para el idiota también. Conociéndolo, cuando por fin decidiera aparecer, estaría muerto de hambre.

Lavé los platos y me senté de nuevo con el sobre misterioso. No creía que pudiera esperar hasta mañana. Pero antes de poder abrirlo, escuché llaves en la puerta y Agustín entró. Su pelo negro azabache y lacio fue lo primero que noté. Él y yo tenemos la misma altura; Tín es más joven pero el más alto de todos. Su piel pálida, blanca como la de papá, apenas se veía bajo su ropa negra y holgada que cubría casi todo su cuerpo. Pero cuando por fin giró la cara hacia mí, no tenía su habitual expresión de satisfacción, superioridad o burla engreída. Traía una bolsa de comida rápida.

“¿Cómo estás?”, preguntó, pasando de largo sin mirarme y dejando la bolsa en la mesa. Algo fallaba, estaba evitando el contacto visual. “Se fue el internet, así que fui a casa de Daniel para terminar un sprint”. Lo dijo como si nada.

Puede que el internet se hubiera ido unos minutos, pero yo había estado en casa todo el día y habíamos tenido internet. Y como no tengo ni idea de qué es un sprint...

“¿Tu teléfono también se quedó sin servicio?”. No quería que toda mi rabia saliera a la luz, pero era inevitable. “Son casi las once y no contestaste a nada”.

“Se me agotó la batería”. Se encogió de hombros como si nada. “No soy Tín, Martina. No necesitas rastrearme”.

“¡Esto no se trata de rastrearte!”, le grité. “¡Todo se está desmoronando!”. Golpeé la mesa y Agustín se sobresaltó.

Sé que intenta no sentir nada tras sus capas de sarcasmo e ironía.

“¡Tín no está bien, nos necesita a ambos y tú nunca estás!”. Salió casi como una súplica.

Miré de reojo la puerta de la habitación. Me acerqué a Agustín para bajar la voz.

“Tintín se siente perdido. Aún no ha superado la muerte de papá, la situación del acosador no ayuda y no sé cómo ayudarlo”.

“Yo...”. Agustín se quedó sin palabras.

“Siempre tengo que lidiar con la casa y con Tín”. Lo dije lo más tranquila que pude antes de que pudiera darme una excusa. “No soy madre, y no te pido que seas padre, pero estoy haciendo esto sola”.

“Oh, así que ahora eres la mártir de la familia”. Respondió con su sarcasmo clásico. “Claro, nadie más sufre por aquí, la pobre Martina, ella es la única”. Su respiración se aceleró. “Papá murió, pero nosotros seguimos vivos”, dijo, de pronto calmado. “¿Sabes lo que eso significa? Significa que tenemos que seguir viviendo. ¿Por qué no lo intentas tú y te buscas una vida?”.

Esa última frase dolió, porque tiene razón. Vivo para ellos y a través de ellos. Quizás sea hora de empezar a vivir para mí.

“¿Qué es este sobre?”, preguntó de repente, mirándolo y luego mirándome a mí.

“No lo abrí. Tal vez sea la nueva vida que pedí por correo”, le respondí, usando su propio sarcasmo.

Abrimos el sobre y nunca esperamos lo que había dentro:

Queridos Bellatrix, Andrew y Thomas:

Admito que esa frase inicial me tomó por sorpresa, pero claro, para los angloparlantes debe ser perfectamente normal usar nuestros nombres en inglés. La carta no estaba en español.

Espero que esta carta los encuentre lo mejor posible durante un tiempo tan doloroso. Mi nombre es Eleanor Jager, aunque en sus registros familiares, si su padre alguna vez mencionó algo, puede que aparezca como “tía Ellie”.

“¿Tía Ellie?”, Agus estaba escéptico.

“En realidad”, empecé a explicar, “el único pariente de papá del que sé algo es la tía Ellie. Él la mencionó un par de veces. Ah, y nuestros abuelos”.

“Nunca me habló de su familia”, añadió con un toque de resentimiento.

Su padre, Richard, era mi sobrino, el hijo de mi querida y difunta hermana Bellatrix. La familia Williams se unió a la herencia Jager y vinieron a vivir a Jager Manor. La repentina desaparición de Richard hace tantos años dejó un vacío inmenso en nuestra familia y en mi corazón. Él y yo éramos muy cercanos.

“¿Una mansión?”, Agustín se quedó atónito.

“Papá nunca me dejó decirles esto, pero la familia Williams siempre tuvo mucho dinero”.

“¿Y aquí estamos, pasando hambre?”. Eso fue una acusación; casi tira la carta al otro lado de la habitación.

“¡AGUSTÍN!”.

Recientemente, y con gran dolor, supe de su fallecimiento. Las palabras no alcanzan para expresar mi pena, no solo por haber perdido a nuestro rebelde Richard por segunda vez, sino por saber que ustedes, su sangre, su legado, se han quedado solos en el mundo. Él nunca habría querido eso para ustedes. Me duele profundamente no haber estado allí para ayudar a cargar con ese peso.

“Sigo sin estar seguro de esto”. Agus no estaba convencido.

No puedo cambiar el pasado, pero puedo ofrecerles un futuro. Esta casa, Jager Manor, fue su hogar. Los recuerdos más felices de la juventud de Richard viven entre estas paredes. Es grande, quizás demasiado para una anciana sola, y me aterra la idea de que se llene de ecos.

Por lo tanto, con todo el amor que le tuve a su padre, les extiendo una invitación formal: vengan a Inglaterra. Vengan a casa. He incluido tres billetes de avión abiertos y todos los documentos necesarios; mi abogado se ha encargado de todo. Está todo pagado. No necesitan traer más que su equipaje y la disposición de darle una oportunidad a esta tía vieja, que desea, más que nada en el mundo, conocer a los hijos de su amado sobrino y cuidarlos.

No están solos. Tienen una familia esperándolos con los brazos abiertos.

Con todo mi amor,

Tía Ellie

Agustín seguía escéptico, revisando cada página del sobre. Y efectivamente, todo lo que la tía Ellie había descrito estaba ahí, además de una pequeña nota de su abogado exponiendo las condiciones de su propuesta. Pero la conclusión era clara: billetes, alojamiento, todo lo que necesitáramos estaba cubierto por ella. No teníamos ninguna responsabilidad financiera. Solo entonces Agus empezó a parecer más confiado.

Todas las cartas y los billetes estaban extendidos sobre la mesa. Tín había salido de su habitación.

“¿Qué es todo esto?”, preguntó confundido.

“La solución a todos nuestros problemas”, dije con seguridad.

“Ir allí es una locura”, murmuró Agustín, sosteniendo los billetes cerca, revisando por centésima vez que nada fuera falso.

“¿Y quedarse aquí no lo es?”. Estallé. “Me despidieron, nos están acosando, no estaremos a salvo ni aunque nos mudemos de barrio...”. Miré a Agus. “Sabes que seguirán hackeándonos y descubriendo dónde vivimos. Tintín está sufriendo en la escuela... ¿por casualidad encontraste el amor verdadero y por eso no quieres ir?”. Ahora usaba su propia arma contra él. Solo resopló.

Valentín ya tenía el teléfono en la mano.

“¿A dónde vamos? Buscaré los vuelos más próximos”.

Todo se sentía completamente surrealista, pero viendo cómo nuestra vida aquí se desmoronaba, la decisión fue fácil. Era una solución desesperada para un problema sin salida. Aunque sabía que no era racional. Sabía que la familia de mi padre tenía dinero. No estaba segura de los detalles; la verdad es que nunca entendí por qué papá cortó todo vínculo con ellos. Nunca hablaba de eso, sin importar cuántas veces pregunté. Pero deduje que no fue porque lo trataran mal, así que lo de “rebelde Richard” de la carta bien podría ser cierto. Necesitamos un cambio. Mis hermanos no sabían nada de la fortuna de la familia Williams hasta esa carta. Y yo... yo necesito respuestas. ¿Por qué papá dejó atrás a una familia adinerada para venir a vivir una vida modesta aquí?

Cuando desperté, todo lo que pude hacer fue mirarlo y sentirme agradecida. Pronto sentí mi teléfono vibrar. No me importaba nada, él había vuelto. Una felicidad que no puedo describir me invadió... y luego el teléfono otra vez. Lo agarré, molesta, y miré la pantalla: 25 llamadas perdidas entre Tín, Jim, Stephen y Jason... ¡Agus! Empecé a revisar los mensajes.

De Jason 6:45

¿Bella? ¿¿¿Dónde estás tú y Andy???

De Jason 7:15

No hay nadie en la casa de los hombres lobo

De Jim 7:20

Tina, ¿estás bien?

De Tintín 7:21

¿¿¿QUÉ COÑO PASÓ??? ¿¿¿DÓNDE ESTÁS??? ¿¿¿Y AGUS??? ¿¿¿ESTÁS BIEN??? :O

De Tintín 7:25

TINAAAAAAA

De Jason 7:40

¡Acabo de ver que la jaula está destruida!

De Tintín 7:45

¿¿¿ESTÁS BIEN??? :( TINAAAAAAA T.T

De Jim 7:45

Tina, por favor. Contesta.

De Stephen 8:01

Bella, todos están preocupados. Andrew no está aquí, la jaula está rota, Max no está aquí, tú no estás aquí....

De Stephen 9:08

Acabo de oír que estás bien, ¿es cierto lo que dicen?

De Jason 9:15

¿Está Andy contigo? :( Bella, estoy muy preocupado, no quiero que le pase nada. Te llamo, ¿vale?

De Jim 9:23

Tina... ¿Es verdad? ¿ÉL ha vuelto?

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