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De fondo a mi mundo

Sinopsis

Para Aiki Hirose, el primer día de clases era solo eso: un día más. Conocía a casi todos, se llevaba bien con todo el mundo y su atención estaba en sus amigos y en lo que vendría. Había un chico sentado al fondo del salón, siempre callado, siempre solo. Al principio, para Hirose, él no era más que una sombra, alguien que estaba ahí pero a quien ni siquiera notaba. Un compañero más entre tantos. Pero poco a poco, las cosas empezaron a cambiar. Empezó a notar cómo ese chico -Nakamura- lo miraba de reojo, cómo se ponía rojo como un tomate cuando sus ojos se cruzaban y cómo huía despavorido cada vez que intentaba acercarse. ¿Por qué actúa así? ¿Le caigo mal? ¿O es que... hay algo más? Esta es la historia de cómo un chico invisible pasó a ser el centro de todo su mundo. Contada desde los ojos de quien al principio no lo veía, pero que terminó viendo solo a él. ✨ Una historia de amor dulce, divertida y llena de sentimientos, basada en "Ganbare! Nakamura-kun!!", contada desde la perspectiva de Hirose. • Historia basada en "Go for it, Nakamura!" • Punto de vista de Hirose • No contendrá escenarios del manga original será creado.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Kiminie.chui
Estado:
hace 5 meses
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: El chico del rincón


El primer día de clases de secundaria, el salón era un caos de voces, risas y maletas. Yo caminaba entre los pupitres saludando a todos, buscando un sitio cerca de Takeuchi y los demás chicos que ya conocía. Todo me parecía nuevo y emocionante; no podía esperar a empezar este año.

En un momento, mientras hablaba con mi amigo, mi mirada se desvió por todo el salón. Vi caras felices, caras nerviosas, grupos que ya se estaban formando... y al fondo, sentado completamente solo, estaba él.

Un chico de cabello oscuro, con la mirada clavada en su pupitre como si el libro vacío fuera lo más interesante del mundo. Tenía los hombros encogidos, como si intentara hacerse pequeño para que nadie lo notara.

—¿Quién es ese? —le pregunté a Takeuchi, señalando disimuladamente con la cabeza.

Mi amigo miró por donde le indicaba y se encogió de hombros.

—Ni idea. Debe ser nuevo.

Asentí y volví la vista al frente. Bueno, hay muchos compañeros nuevos, pensé. Es imposible conocerlos a todos de una vez.

Y así pasó el tiempo. Pasaron semanas, luego meses. Yo seguía siendo el mismo: siempre rodeado de gente, respondiendo cuando el profesor preguntaba, participando en todo lo que podía. Él... él seguía igual.

Siempre en el mismo sitio, siempre callado, siempre intentando pasar desapercibido. La verdad es que, al principio, casi me olvidaba de que existía. Era como un objeto más del salón, algo que estaba ahí pero a lo que no le prestas atención.

Pero poco a poco, empecé a notar cosas.

A veces, cuando yo hablaba o reía, sentía una mirada fija en mí. Al levantar la vista, siempre era él. En cuanto nuestros ojos se cruzaban, su cara se ponía roja como un tomate, giraba la cabeza de golpe y se ponía a revisar sus cosas con mucha intensidad, como si yo lo hubiera sorprendido haciendo algo prohibido.

¿Le caigo mal? me preguntaba a veces. O tal vez soy yo el que lo pone nervioso. Tenía que admitir que, cuando se ponía serio, su expresión se veía un poco intimidante, aunque en el fondo pareciera un gatito asustado.

Un día, mientras salíamos del salón, se le cayó un cuaderno al suelo. Yo iba justo detrás de él y me agaché rápido para recogerlo.

—Oye, se te cayó esto —le dije, extendiéndole el objeto.

Él se giró de golpe, con los ojos muy abiertos, y pareció entrar en pánico. Antes de que yo pudiera decir nada más, él se lanzó, agarró el cuaderno de mis manos con mucha fuerza, casi me lo arranca, y solo logró balbucear:

- ¡G-gracias!

Y salió corriendo como si le persiguiera un fantasma. Me quedé ahí parado, con la mano aún extendida, mirando hacia el pasillo por donde desapareció.

—Vaya... —susurré para mí mismo, soltando una pequeña risa—. Este chico es realmente extraño.

Ese día aprendí su nombre. Escuché al profesor llamarlo: Nakamura Okuto.

Desde ese momento, dejó de ser solo "el chico del fondo". Ahora tenía nombre, y por alguna razón que no entendía bien, cada vez que entraba al salón, mis ojos buscaban automáticamente su rincón.

¿Estará ahí? ¿Estará mirándome otra vez?

Era solo curiosidad, me decía. Solo quería saber por qué actuaba de esa forma tan rara. Nada más.

...¿Verdad?

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