Capítulo 1
Caminaba por las calles de la ciudad con Peyton, mi mejor amiga, mientras no podía dejar de hablar.
—Estoy muy feliz, Pey… por fin la vida se vuelve a fijar en mí, después de todo lo que pasó con mi ex. Y encima… el trabajo de mis sueños.
—Te lo mereces, Ellie —dijo sin dudar—. Y más después de lo que ese hijo de puta te hizo.
Rodé los ojos, pero antes de responder, Peyton volvió a hablar, bajando un poco la voz.
—Cambiando de tema… ¿te fijaste en la mujer que va delante de nosotras? Dios mío… qué elegancia.
Levanté la mirada.
Y ahí estaba.
Era imposible no notarla. Caminaba con una seguridad que imponía. Todo en ella gritaba lujo… poder. Pero lo que más llamó mi atención fueron sus zapatos.
Suela roja.
Sin verle siquiera el rostro, supe que era una mujer increíblemente bella.
En ese momento, algo cayó de su bolso.
—Ellie, corre… mira eso.
Peyton lo recogió antes de que tocara bien el suelo.
—Es precioso…
Era un sobre de terciopelo rojo escarlata, suave, casi hipnótico al tacto. En el centro tenía un sello negro… y en él, la figura de un hombre y una mujer en una posición claramente erótica.
—¡Oye! ¡Se te cayó esto! —grité.
Pero la mujer no se detuvo. Siguió caminando, subió a un auto y desapareció sin siquiera girarse.
—Uyyy… ¿qué será? —dijo Peyton con una sonrisa peligrosa—. Apenas lleguemos a tu depa, lo abrimos.
—No, Pey. Eso no es de nosotros.
—Ay, Ellie, no seas aburrida… solo una miradita. Y que conste que hicimos el esfuerzo por devolverlo.
Veinte minutos después, estábamos en mi departamento.
—¿Quieres un café? —le pregunté.
—Tráelo… y tráeme unas galletas, Nutella y algo más para picar.
Solté una risa.
—Mi vida, ¿tú crees que esto es un hotel todo incluido? Ya quisiera yo tragar todo lo que tú comes y no engordar ni una pizca.
—Dale, ven… y no pelees tanto que te vas a poner más vieja de lo que estás.
—Oye, ¿quién habla? Si tú eres dos años mayor que yo. Yo sigo siendo una adolescente de 26, ¿okey?
—Ya, ya… ven que me come la curiosidad —dijo frotándose las manos—. ¿Qué será, qué será?
Miré el sobre otra vez.
—Pey… esto está mal. No es nuestro.
Pero cuando lo tuve entre mis manos… dudé.
Era demasiado hermoso. Elegante… pero con un toque tan sensual que hizo que mis mejillas se calentaran sin razón.
Suspiré.
—Bueno… pero ábrelo con cuidado. Sería un sacrilegio romper algo tan… perfecto.
Peyton no perdió ni un segundo.
Dentro había una tarjeta del mismo rojo intenso.
Y entonces la vi.
Dos cuerpos completamente desnudos entrelazados en una composición cargada de tensión y deseo. Él la sostenía con firmeza, elevándola contra su cuerpo, marcando una presencia dominante… controlada, casi peligrosa. Su rostro se inclinaba hacia el cuello de ella en un gesto íntimo, instintivo, como si no pudiera resistirse.
Ella, en cambio, se arqueaba hacia atrás, completamente expuesta, entregada. Su postura no era débil… era confianza absoluta. La forma en que se dejaba sostener, la inclinación de su cuello… todo hablaba de una rendición consciente.
Era un juego entre fuerza y vulnerabilidad. Entre control… y entrega.
La luz marcaba cada línea de sus cuerpos, cada punto de contacto, creando una imagen tan intensa que parecía suspendida en el tiempo.
No era solo algo erótico.
Era… hipnótico.
Debajo, un texto:
“Nos complace invitarte al Obsidian Club el día 06/09 a participar en nuestro evento.”
Me giré hacia Peyton.
—Hay que cerrarlo… esto es una invitación.
—No seas tonta —respondió—. Sigue leyendo. ¿O no te come la curiosidad?
Tragué saliva y giré la tarjeta.
Sentí algo extraño al tocarla. Una especie de electricidad recorriéndome el cuerpo.
En la parte de atrás decía:
Zona VIP #5
Requisitos:
Deben presentar la tarjeta para entrar.
Ropa elegante de noche obligatoria.
En la recepción se les entregará un antifaz que deberán usar durante las primeras dos horas hasta nuevo aviso. No se puede retirar bajo ninguna circunstancia.
Se deben cumplir todas las reglas del juego que serán indicadas al momento del evento.
El incumplimiento de cualquiera de estas normas resultará en expulsión inmediata del club, prohibición permanente de ingreso… y una multa de quinientos mil dólares.
Mis ojos se abrieron lentamente.
Esto no era cualquier evento.
—¡Ayyy, Ellie, chiyo, Pey… debes ir! —dijo prácticamente saltando en el sofá.
La miré como si hubiera perdido la cabeza.
—¿Tú estás loca o se te aflojó el último tornillo que te quedaba?
Levanté la tarjeta otra vez, incrédula.
—Primero: yo no tengo dinero como para ir a un evento de esos.
Segundo: no tengo ni idea de qué trata… pero por la imagen y todo el misterio, esto grita sexo por todos lados.
Peyton soltó una carcajada.
—Y tú ahora haciéndote la santa… si desde que terminaste con Jake no has estado con nadie. Debes tener telarañas ahí abajo.
—¡Serás mala! —le tiré un cojín—. Y no, no tengo telarañas.
—Sí, claro… gracias a Pepito —respondió sin vergüenza—. Y porque te lo regalé yo.
Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreír.
Pepito era un dildo que Peyton me había regalado un mes después de mi ruptura, jurando que un orgasmo me iba a sacar toda la angustia. Estaba loca… pero la quería con mi vida.
—Debes ir, Ellie. De verdad —insistió, esta vez más seria—. El destino te puso ese sobre en el camino. Algo significa. Vas a ver que te la vas a pasar bien.
Suspiré, cruzándome de brazos.
—A ver… supongamos que te hago caso y voy. ¿Con qué ropa? Esto es un evento ultra lujoso y yo no tengo nada para algo así.
—No busques excusas —dijo señalándome—. Cuando se quiere, se puede. Revolvemos tu ropa, la mía… algo vamos a encontrar.
Negué con la cabeza.
—No… no. Yo no puedo hacer esto.
Pero incluso mientras lo decía… mis dedos seguían rozando la tarjeta.









Me ha encantado,esperando el siguiente capitulo