Hāṣekī ; Hopev Os. por hiarvi_13 en Inkitt
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Hāṣekī ; hopev os.

Sinopsis

[Omegaverse] «Cuando el poder reside en las manos de un solo hombre, existen deseos siniestros y ocultos que desean despojarlo. En el mundo del sultanato no existen complacencias o desequilibrios. Todos obedecen a las palabras del alfa que se sienta en el trono. Pero, tal vez, el poder no solo se mide con ordenes, sino con la inteligencia de un solo omega, cuyo aroma debilita un sistema tambaleante desde su llegada a palacio». ➤ Historia Original. ➤Hoseok top / Taehyung bottom. ➤ Inspirado en la serie 'El Sultán'. ➤ Género: Romance, drama, época del sultanato otomano. ➤ Diferencia de edad en la pareja secundaria. ➤ Prohibida la Copia/Adaptación. ➤ Publicado: 03/05/26

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
hiarvi_13
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El sonido lejano del mar, las olas que se acercaban a la costa y, luego, se alejaban, como si intentaran huir del enojo de quien había considerado ese espacio como sagrado dentro de sus reglas, fue lo único que se percibió. En la habitación no existía un solo ruido, más que el del fuego consumiéndose en la chimenea y el arrullo de la noche. Nada parecía interrumpir la calma o el vacío dentro de esas cuatro paredes, pero su mente seguía siendo demasiado bulliciosa. Los consejos seguían siendo indolentes, los murmullos continuaban siendo dagas clavadas en su cuerpo, difíciles de retirar, sin antes haber encontrado la furia de sus ojos.

Taehyung intentó calmar su propio enojo, pero fue imposible. Incluso con el sonido sereno de las olas en medio de la noche, por muy lejanas que se encontraran, seguía manteniendo su iracunda determinación, envuelto en ese fuego abrasador que relucía con el brillo azul intenso en su mirada, como si se trataran de dos zafiros en medio de la oscuridad, dispuestos a arrasar con todo frente a él.

Valide Sultan lo permitió, mi señor —dijo su fiel criada, de rodillas frente a él, después de haber descubierto la causa de su enojo—. La designó como su acompañante ella misma, sin escuchar los consejos de la señorita Fiora.

Taehyung no mostró sorpresa alguna por esa información, pues le era común reconocer entre sus adversarios a la madre del Sultán, cuyas acciones le eran poco satisfactorias desde siempre. Haberla eliminado en el pasado habría resultado mucho más provechoso, pero no pudo conseguirlo, debido al cariño que sus hijos conservaban por esa mujer.

La muestra de bondad le había servido como una tregua temporal, pero con el paso de los años fue disipándose, hasta hallar en ella un obstáculo difícil de erradicar. La Valide Sultan, haciendo uso de su influencia y poder, siempre conseguía ponerle de los nervios, con tanta indulgencia que Taehyung solo podía pensar en lo mucho que disfrutaría encontrar un arma lo suficientemente filosa para deshacerse de ella sin que lo culparan.

—Ahora mismo… ¿se encuentra con esa mujerzuela? —exigió saber el omega, al mismo tiempo que presionaba con fuerza su propia ropa.

—El Sultán la recibió para no ofender a su madre, pero desconocemos las acciones tomadas por él —anunció la criada—. Su guardia personal solo nos informó que pasaría la noche en sus aposentos hasta el amanecer.

Taehyung emitió una risa sarcástica, mientras tomaba asiento en el enorme sillón tras él. Las imágenes del alfa tomando como amante a otra omega no hizo sino aumentar su enojo. Incluso con los años transcurridos y las tradiciones otomanas bien estudiadas, no se acostumbraba al hecho de que su esposo, siendo el Poderoso Sultán, necesitara de otras mujeres para entretenerlo cuando él no se hallaba disponible.

—Entonces, han permitido que esa otra mujer continuara oculta entre las demás —comentó, mientras sus ojos se posaban sobre el fuego de la chimenea—. Ahora, envían a una sustituta para intentar confundirme…

—Hemos investigado el paradero de esa otra mujer, pero Valide Sultan y las sultanas, hermanas de nuestro señor, la protegen como si se tratara de alguien valiosa.

—Por supuesto, ustedes no podrían descubrir algo tan importante, siendo simples criadas. —Taehyung tomó la pequeña daga sobre la mesa, la cual llevaba sus inscripciones por órdenes del propio sultán—. Ve con Ryuseok y pídele que mande a llamar a Seokjin.

—Mi señor, es de noche y esto podría…

—¿He pedido alguna aclaración sobre el horario? —preguntó, colérico—. Manden a llamar a Seokjin, incluso si es tarde. Él está obligado a responder.

—Cómo ordene, mi señor —dijo, entonces, la criada, mientras se ponía de pie.

—Y llama a Nayeon —anunció—. La necesito para realizar una visita nocturna a mi adorada suegra.

La criada no tardó mucho en cumplir sus órdenes, llevando a la fiel sirvienta a los aposentos del omega. Nayeon, quien había cuidado de él desde que ingresó en el palacio siendo un simple esclavo, apareció sin una pizca de sorpresa, conociendo con mucha ventaja lo que ese tipo de maniobras realizadas por la Familia Real causaban en el omega. La mujer, tan hermosa como leal, hizo una reverencia frente a él, esperando que mencionara lo que estaba dispuesto a realizar como venganza. Taehyung todavía continuó meditándolo, pues no deseaba importunar a sus hijos o a su propio esposo con un reclamo tan directo, pero la indignación le era tan poco grata que no podía mantenerse callado por mucho más tiempo. Así que, incluso si todavía resultaba poco apropiado enemistarse con su suegra públicamente, estaba dispuesto a realizarlo, pues no guardaría silencio ante tal humillación una vez más.

—¿Dónde se encuentran los príncipes en este momento? —quiso saber el omega, antes de realizar cualquier acto que llamara la atención de su familia.

—Todos se encuentran en sus habitaciones, mi señor —dijo la criada—. El príncipe Hyungseok partió esta tarde a su nueva provincia, mientras los más pequeños fueron arropados por las criadas hace una hora. No existe manera de que alguno responda o se entere de lo que usted intenta hacer.

—¿Y Yeonjun? —cuestionó esta vez, un poco preocupado—. ¿Tomó el mismo camino o se escabulló por los pasillos de palacio como dos noches atrás?

—Temo que su intervención sirvió para que ese amorío prohibido desapareciera por completo, Hāṣekī —respondió ella—. Aquel hombre rechazó a nuestro príncipe, como bien usted se lo ordenó, y fue enviado a las fronteras para luchar. Si el joven Yeonjun se encuentra despierto ahora mismo, no se debe a un encuentro nocturno, se lo aseguro.

Taehyung suspiró pesadamente al imaginarse el estado de su hijo tras un enamoramiento roto de manera repentina con un alfa de clase inferior. Había sido poco laborioso descubrir que tal hombre había dispuesto sus últimos esfuerzos con el propósito de pedirle la mano al Sultán, siendo, tal vez, aceptado por el gran amor que sentía este por su único hijo omega. Sin embargo, Taehyung no estaba dispuesto a entregárselo de manera tan fácil, sin obtener algo bueno a cambio.

Incluso si el amor por sus hijos había influenciado cada una de sus decisiones desde el principio, y todavía se encontraba luchando en ese palacio por el bienestar de todos, no podía ofrecer un regalo semejante a hombres que no consiguieran nada para la familia. Yeonjun era un príncipe muy solicitado, lleno de belleza y de la sangre noble que muchos en ese imperio deseaban. Siendo el único hijo omega del Sultán, y su mayor adoración, no podía desaprovecharse de tal manera. No, con un hombre que no valía ni siquiera cinco libras. ¿Qué podría hacer por ellos si de pronto el hijo mayor del sultán decidía orquestar una guerra contra sus hijos? ¿Acudiría con un ejército de simples artesanos para luchar a su favor?

Taehyung no quiso ni imaginarse lo poco digno que sería un yerno con tan bajo rango, por eso, obligó a que el alfa le rompiera el corazón al príncipe y huyera al otro lado del país, aun si tuvo que amenazarlo con el bienestar de su familia.

Yeonjun, ahora, se encontraba con el corazón roto, producto de un primer amor fallido, pero se repondría con el tiempo y, entonces, se permitiría amar al hombre que él dispusiera como su futuro marido. De esa manera, sus hermanos no sentirían el peligro de las acciones cometidas por el príncipe Hyunsu (hijo mayor del Sultán) y Yeonjun tendría un alfa que lo adorara y protegiera de sus enemigos.

—Si todos se encuentran en sus aposentos y el Sultán ahora mismo disfruta de la compañía de alguien más, no existirá alguien que me detenga —anunció el omega—. Le haremos una visita a Valide Sultan, ya que tengo algunos asuntos que discutir con ella.

—¿Cree que aceptará su presencia a tan altas horas de la noche?

—Aun si odia verme, lo hará —mencionó Taehyung—. No solo porque está obligada a responderme, siendo yo el esposo de su hijo, sino también porque disfruta poniéndome de los nervios y deseará saber qué ha ocasionado este regalo.

—¿Qué sucederá si el Sultán se entera?

—No tiene derecho a decir nada, pues él ha ocasionado esta respuesta de mi parte, tras aceptar a esa mujer en su lecho.

Nayeon no cuestionó más su accionar y lo siguió fuera de la habitación, cruzando todo el camino trazado hasta los aposentos de la madre del Sultán. Como esperó, una de sus criadas más leales lo esperaba en la puerta, dispuesta a negarle cualquier entrada en un horario poco apropiado. Esto, sin embargo, no detuvo al omega con la misma fortaleza con que le hubiera gustado a la mujer mayor. Taehyung ingresó de igual manera, encontrando a su suegra en el mismo asiento largo donde recibía a las cortesanas y mujeres de palacio.

—¿De qué se trata esto? —preguntó, indignada, mientras veía al omega realizar una reverencia frente a ella—. ¿Es que ahora no respetas mi posición como madre del Sultán? ¿Qué haces aquí, después de advertirle a mi criada que no deseaba ninguna visita?

—He oído sus advertencias, sultana, pero creo que sus verdaderos deseos no han sido transmitidos con claridad. Si estoy aquí es porque sus acciones me han obligado, no por un gusto o mérito propio.

—¿Qué estás insinuando?

—Sé que envió a esa mujer a los aposentos de nuestro Sultán para humillarme y recordarme que, pese a mi título de esposo legítimo, no tengo el derecho suficiente para negar este tipo de obsequios de parte de terceros —acusó—. Si deseaba otorgarme tal grave golpe, lo ha conseguido, pero debería recordar que la víctima que recibe el primer golpe puede decidir dar la otra mejilla o devolverla.

La indignación en la madre de su esposo fue transparente, pues una acusación directa no era algo que disfrutara o deseara escuchar por la noche. Aun así, y conociendo lo orgullosa que era, Taehyung no se sorprendió de que intentara mostrarse imperturbable frente a él.

—Usted sigue menospreciándome, pese a todo lo que le ha dado a la dinastía —dijo el omega—. Cinco príncipes, ni más ni menos, que comparten el poder de su familia. ¿Acaso encontró este tipo de desafíos mientras criaba a nuestro Sultán? ¿Recibió golpe tras golpe durante su estadía en palacio o solo se esmera con los omegas que antes servían a la Familia Real?

—Cuida tus palabras, Taehyung, porque estás sobrepasándote.

—¿He dicho alguna mentira, Valide Sultan? —El omega dio un paso adelante—. Pese a sus deberes dentro de palacio y su estricta personalidad, he respetado cada una de sus reglas, he sido un yerno disciplinado y he amado a su hijo como ningún otro omega en este palacio. ¿Debo ser castigo severamente por eso? No hice nada para ofenderla y mis hijos son tan educados como obedientes. No he fallado en nada de lo que las costumbres dictan, pero aun así, usted desea separarme del Sultán, enviándole omegas tanto como puede.

La mujer se acomodó en el asiento, como si eso ayudara a que su molestia disminuyera, sin embargo, pareció tener un efecto poco deseoso, pues su rostro transmitía todo tipo de sentimientos, alejados de la serenidad.

—Me parece haberte comentado la primera vez que fuiste presentado ante mí, teniendo pretensiones poco apropiadas para un esclavo, que el amor no está permitido en el harem del Sultán —dijo—. El amor solo esclaviza a las personas, las ata de manera que su voluntad queda a merced de la persona que ama. ¿Qué beneficioso sería que el Sultán se encadenara de esa manera, siendo el dueño del mundo? ¿Crees que lo ayudará a vencer a sus enemigos? ¿Un acto tan poco agraciado como el amor?

Taehyung bajó la mirada en silencio, escuchando cada una de sus palabras.

—El harem existe para que el orden dentro del palacio se mantenga. Si el Sultán empieza a preferir a un solo omega, no existiría tal jerarquía. Así que, incluso si él te bendijo con la distinción de ser su esposo legítimo, no tienes derecho a involucrarte en este tipo de decisiones. Reconoce tu lugar y agacha la cabeza como todos aquí lo han hecho.

—El Sultán y yo nos amamos —respondió el omega—, y debería respetar eso.

—No te equivoques, Taehyung, puede que tú ames a mi hijo, porque tu consciencia te obligó a hacerlo; pero Hoseok no es alguien tan débil. Te prefiere, lo acepto, y ha tenido hijos solo contigo desde que apareciste por aquí. Pero, sabe tanto como yo lo que el amor podría causar. Si él lo hace, y espero que no sea el caso, no te lo demostrará con la constancia con que piensas. No como te gustaría.

La Sultana se puso de pie y, esta vez, caminó para encontrarse con el omega, quien parecía reflexionar vagamente sobre las palabras ajenas.

—No seas pretencioso ni cometas tantas faltas, recuerda que no soy la única que espera un solo error tuyo —aconsejó—. Si eres un poco más inteligente, tal vez, descubras que tus celos no deberían ser los únicos que pueden gobernar en tu corazón.

—Usted intenta apartarme de su lado y, ¿ahora se atreve a darme un consejo?

—Es evidente que mi opinión ha dejado de tener influencia en mi hijo hace un tiempo, pero mis consejos siguen moviendo su voluntad, tal y como debería suceder contigo. —La mujer lo observó desde su superioridad, como lo hizo todo el tiempo que se mantuvo en el interior del palacio—. Sé que esta mujer no va a representar un verdadero peligro para ti, porque te has desecho de tantas a lo largo de los años que pienso en ellas como objetos de tu diversión. Sin embargo, deberás conocer que el Sultán no va a desperdiciar esta oportunidad. Y sea contra ti o contra mí, la usará tanto como le plazca.

—No voy a permitirlo… —murmuró entre dientes el omega.

—Como te lo he dicho hace un momento, puedes deshacerte de ella cuando desees. Estoy segura de que mi hijo conoce sobre tus arrebatos, pero ha dejado pasar cada uno de ellos, por el bienestar de la familia. Sin embargo, no puedes detener que esta noche duerma a su lado, tanto como yo no puedo impedir que él siga prefiriéndote como su esposo.

Esa declaración pareció ser suficiente para la mujer alfa, pues no dijo más y regresó a su lugar inicial, dando por terminada esa reunión. Taehyung no tuvo más razones para quedarse, después de haber escuchado su declaración, así que volvió a realizar una reverencia frente a su suegra y abandonó los aposentos con el corazón encendido de la más pura furia.

A pesar de haber descubierto la realidad de sus maniobras, no pudo extinguir el fuego de los celos en su interior, conociendo que su esposo probablemente estaba disfrutando de la compañía de otra en ese momento. Así que, sin importar lo que pudiera decir después, cuando intentara reclamarle por sus acciones inapropiadas, iba a encargarse de eliminarla como había hecho con anteriores amantes.

Taehyung regresó a su alcoba sin la tranquilidad que deseó haber obtenido en esa reunión. Nayeon lo siguió en todo momento, hasta que lo dejó adentrarse solo en sus propios aposentos. Allí, y como había dicho anteriormente, se encontraba Seokjin, vestido de manera formal, tras haber sido despertado en medio de la noche, aguardando por sus órdenes, como un lacayo fiel.

—Hāṣekī Sultan —saludó, mientras hacía una reverencia—. ¿Necesita de mis servicios?

Taehyung suspiró pesadamente, antes de recostarse en el sillón. Estaba tan agotado en ese momento que apenas se había dado cuenta de todo el tiempo transcurrido atrapado en los aposentos de su suegra. Vio al hombre de pies a cabeza, dándose cuenta del sudor que perlaba su frente. Si Seokjin se había apresurado a tomar su caballo y cabalgar al palacio, pese a la distancia existente con su lugar de reposo, debía ser única y exclusivamente por su llamado repentino. De otra manera, el alfa no habría abandonado su lecho tan tarde por la noche.

—Me complace saber que continúas respondiendo a mis órdenes, pese a todo —comentó, mientras lo observaba.

—Se lo dije una vez, mi Señor, soy su siervo y estoy dispuesto a seguir sus órdenes hasta el último día de mi vida —confesó—. Mi lealtad le pertenece.

Taehyung lo sabía, pues mucho tiempo atrás lo había conocido siendo el cuidador de cerdos de un gran funcionario. El alfa, incluso siendo alguien de baja casta, poseía tal inteligencia que había conseguido obtener su atención desde el primer momento, a pesar de ser un sirviente. Por eso, dejó que intentara escalar más, mientras lo vigilaba en silencio, descubriendo hasta donde era capaz de llegar.

Seokjin, como era de esperar, no se quedó en ese puesto mucho tiempo. Continuó ascendiendo hasta convertirse en uno de los criados leales del hombre y, cuando el puesto no le satisfizo demasiado, lo asesinó con un poco de veneno, acusando a otro alfa de haber cometido tal injuria. La acusación le sirvió para que muchos a su alrededor lo consideraran un sirviente leal, pues acompañó a la familia en los funerales, a pesar de haber sido el principal verdugo.

Tal muestra de astucia no hizo más que despertar la curiosidad del omega, por lo que decidió acudir a su esposo para advertirle que su hijo omega necesitaba de un nuevo maestro para aprender a montar a caballo, sugiriendo a ese hombre como único candidato para hacerlo. Pese a la extrañeza de su pedido, el Sultán accedió a contratarlo y, entonces, supo que ante él se encontraba un alfa hambriento de poder, pero consciente del lugar donde se encontraba.

En su primer encuentro detectó muchas de sus inseguridades y debilidades, por lo que supo manejarlo todo el tiempo de manera correcta, hasta que sus intereses coincidieron en una misma línea y Taehyung no tuvo más alternativa que concederle su favor, a cambio de lealtad.

Cuando Seokjin juró con su vida serle leal, supo que estaba hecho para ser su propio verdugo, el único en quien confiaba para eliminar a sus adversarios y el hombre que podía entregarle la cabeza de su mayor enemigo, si jugaba muy bien sus cartas.

—La nueva concubina que trajeron al palacio está causándome problemas innecesarios —le dijo, luciendo esos ojos azules furibundos que hacían temblar a los criados—. Mi suegra está jugando con mi paciencia, tomando este tipo de recursos para separarme de su Majestad. ¿No consideras apropiado que yo intervenga antes de que esa mujer se crea superior a mí?

— Hāṣekī, le prometo que ningún omega en este mundo se atrevería a intentar rivalizar con usted sin temer por sus acciones —halagó el alfa—. Aquella mujer es solo un peón más de la Valide Sultan, por lo que será fácil quitarla del camino si es lo que usted se propone.

—Pensé que era sencillo, pero ha permanecido en este lugar dos largos meses, sin que yo lo supiera —respondió el omega—. La han ocultado bien, haciéndola pasar como una simple criada de Valide Sultan, pero siempre tuvieron planes para ella. Una mujer joven y fértil, ¿cómo no iba a ser un arma poderosa en mi contra?

—Oí que el Sultán la recibió en sus aposentos…

—Y ahora están encerrados en ese lugar, sin que yo pueda intervenir directamente. —Un gruñido salió de lo más profundo de su ser—. El Sultán también juega con mi paciencia. Está castigándome por haberlo desobedecido hace unas semanas al no recibirlo en mis aposentos, cuando me sentía indispuesto. Debe sospechar que no me afectaba un mal diferente al de los celos, cuando esa princesa polaca apareció aquí intentando obtener su favor.

—¿Considera que aceptó a esa mujer como venganza?

—Incluso si él se ve influenciado por los dichos de su madre y toma este tipo de oportunidades como liberaciones espontaneas, sé que no tiene otro motivo esta vez más que el de la venganza. —Taehyung soltó una risa incrédula—. Conoce mi opinión sobre el harem, por eso, decide cometer este tipo de actos.

La frustración era evidente, pero aun así el omega no se atrevía a pensar en algún castigo para su esposo, pues no tenía el poder suficiente para hacerlo. Al menos, esa excusa era siempre propuesta cuando alguien se lo comentaba. Sin embargo, y aunque quiso mostrarse contrariado, todos allí conocían el inmenso amor que el omega profesaba hacia el Sultán y el nulo deseo en su corazón de perjudicarlo, incluso si este se lo merecía.

—Si usted me ordena encargarme de esa mujer… —insinuó Seokjin.

Taehyung, sin embargo, negó.

—Puedo encargarme de ella yo mismo, a pesar de mi extrema frustración —dijo el omega—. La verdadera razón de mi llamado, Seokjin, no está relacionado a este asunto, sino a lo que realmente intentaron hacer conmigo, a través de esa mujer.

—¿A qué se refiere?

Valide Sultan es muy astuta y conoce bien mis debilidades. Sabía con mucha ventaja que una nueva mujer en la cama del Sultán iba a desquiciarme por completo y me mantendría ocupado por unas semanas. Tiempo suficiente para que la madre de Hyunsu orqueste sus propios planes, ahora que mi hijo ha viajado a gobernar su provincia.

—El príncipe Hyungseok es ahora el favorito de su Majestad, por eso fue enviado a la provincia principal para ser gobernador. ¿Cree que intenten atacarlo, mientras se encuentre allí, teniendo a los hombres del Sultán a su lado?

—La madre de Hyunsu es una mujer demasiado pretenciosa. Que mi hijo reemplace al suyo como príncipe de la corona la ha desquiciado. No pienses que la guardia de su Majestad ha conseguido ahuyentarla. Hará hasta lo imposible por quitarlo de ese puesto.

—El príncipe Hyungseok no cometería un error como su hermano…

—Eso lo vuelve un blanco ideal para mis enemigos. —Taehyung suspiró pesadamente—. Esta vez, Seokjin, no son simples tentativas contra su vida. Elaborarán un plan para eliminarlo, antes de que el Sultán pueda hacer algo.

Seokjin sabía muy bien como actuaban los hombres del príncipe Hyunsu, pues había sido testigo de algunos crímenes ocultos de su parte. Muchos hombres fueron asesinados con días de diferencia para que el Sultán no se diera cuenta de esas maniobras, pero siempre respondían a los mismos lacayos del alfa, siendo estos fieles seguidores suyos.

Y, aunque dudara de que realmente el príncipe era el autor de todos esos delitos, conocía que su madre era una mujer desquiciada y estaba dispuesta a cometer los peores actos con el único propósito de colocar a su hijo en el trono. Esto, por supuesto, daría paso al fratricidio, dándole muerte a sus propios hermanos, incluso al príncipe omega Yeonjun, quien no tenía más culpa en ese acontecimiento que ser hijo del Sultán.

—Tengo hombres leales en la corte del príncipe Hyunsu, mi Señor —dijo el alfa—. Muchos de ellos responderán a mí cuando el momento llegue.

—No seas tan confiado, Seokjin. Muchos hombres podrían cambiar de bando si sus vidas peligran o si se les presenta la oportunidad de obtener dinero.

—Estos, sin embargo, han sido bien entrenados para no aceptar nada de eso. —Seokjin soltó una risa pretenciosa—. Pero, entiendo su preocupación, Hāṣekī; y debe saber que no soy tan crédulo con las promesas de esos hombres. Por eso, envié a muchos de los guardias del rey al palacio de su Majestad, el príncipe Hyungseok. Ellos aguardarán entre las sombras y lo protegerán si su hermano intenta hacer algo en su contra.

—Parece que pensaste en eso, mucho antes que yo…

—¿No lo he dicho antes, mi Señor? —Seokjin volvió a realizar una reverencia frente al omega—. Mi lealtad es suya. Siempre responderé a su llamado, si usted así lo desea.

Taehyung volvió a sonreír, dejando a la vista sus ojos azules intensos en el frío de la noche. Se acercó unos pasos al hombre, conociendo ya sus intenciones, y movió la ficha que siempre había querido mover desde que encontró en él al sirviente perfecto para todos sus crímenes.

—Sé qué hace mucho tiempo tu lealtad no es la única razón por la que sigues a mi lado, Seokjin —confesó el omega—. Te mueven otras ambiciones que he sabido reconocer los últimos años.

—Mi Señor…

—Has sido un sirviente leal durante este tiempo, por lo que me encargaré de premiarte como corresponde.

Seokjin colocó una rodilla en el suelo, como si eso lo llenara de la misma distinción de antaño, pero el omega era consciente de lo que su corazón realmente dictaba; por lo que estaba dispuesto a colocarlo en un lugar mucho más alto, solo para arrebatarle el puesto a su peor enemigo. Entonces, todo estaría a su favor, tanto social como políticamente.

—Ayuda a que mi hijo sobreviva estos meses en su provincia y, a cambio, te elevaré a ser un importante Paşa dentro de la corte de mi esposo —prometió el omega.

—Mi Señor, eso sería demasiado peligroso —aconsejó el hombre—. Si usted me propone como su candidato, el Sultán podría pensar que he obtenido su favor de manera ilegal. Y, entonces, me castigará.

—Seokjin, ¿acaso eso ha sido un problema para ti? —Taehyung soltó una risa—. Acepta el regalo que te ofrezco con la más fingida humildad, porque esto solo es un paso dentro de mis planes. No estoy siendo misericordioso con ello, pues mi real obsequio es otro.

—¿A qué se refiere?

Taehyung lo observó a los ojos, tan oscuros como pretenciosos. El hombre frente a él había dejado de serle fiel porque su corazón se interpuso de manera poco provechosa. Seokjin respondía solo a sus propios sentimientos, por lo que continuaba a su lado sin la mayor culpa. Y seguiría de esa manera hasta el día de su muerte.

La razón era sencilla y Taehyung estaba dispuesto a usarlo a su favor.

—Si no te conviertes en Paşa, no podría ofrecerte el puesto de Gran Visir dentro del imperio —continuó. Seokjin se sorprendió tras escucharlo, pero no tuvo nada para decir—. Te necesito en el puesto más alto, si deseo obtener un poder mayor al que poseo ahora.

—Pasará mucho tiempo antes de que consigamos desaparecer a nuestro Gran Visir —dijo el alfa—. Sabe que el Sultán lo considera casi un hermano y no lo relevará de su puesto, a menos que cometa un gravísimo error.

—Pero, ya lo ha cometido. —Taehyung empezó a reír—. Nuestro querido Gran Visir ha desestimado su propio matrimonio, siéndole infiel a la hermana de nuestro Señor con una simple criada. Y no, bastando con ello, ha tenido un hijo con ella. ¿Qué otra ofensa más grande podría cometer ese hombre?

—Su amistad se acabará, pero deberán existir otras razones para despojarlo por completo de ese puesto. —Esta vez, fue Seokjin quien sonrió—. Tal vez, si orquestamos una acusación falsa hacia usted, la confianza del Sultán podría reducirse gradualmente.

—Tendrá que ser una acusación muy grave para que él intente sabotearme…

—He pensado en muchas ahora que el príncipe Hyunsu fue exiliado a una provincia lejana.

Taehyung agradeció que nadie más los escuchara en ese lado del palacio, pues la complicidad entre ambos era demasiado notoria. Si el Sultán se enteraba de tales reuniones secretas o de las conspiraciones allí orquestadas, estaba seguro de que lo castigaría de manera severa, pues Seokjin parecía tener esa ambición que le hacía falta en todo momento.

—Pero, aun así, mi Señor, será difícil que yo tome el puesto de Gran Visir, a pesar de que consigamos eliminar a su enemigo —recordó el alfa—. Pondrán a otro Paşa como reemplazo. Uno que responda a la Valide Sultan o una de las sultanas.

—Es por eso que he decidido brindarte lo que siempre has querido, Seokjin —anunció el omega—. Ayúdame a quitar del camino al Gran Visir y a eliminar a mis enemigos y, a cambio, te daré la mano de mi hijo Yeonjun en matrimonio.

Más que el título de Gran Visir o el poder que obtendría cuando se convirtiera en la mano derecha del Sultán, lo que realmente pareció hacer feliz al hombre fue la propuesta de un casamiento entre él y el joven príncipe, pese a la enorme diferencia de edad que existía entre ambos.

Taehyung sonrió a sus adentros al conocer que Seokjin no podría traicionarlo, incluso si él mismo se convertía en un problema, pues su lealtad ahora reposaba en un miembro de la dinastía, cuya sangre era similar a la suya. Yeonjun, aun siendo joven y con poca experiencia en el mundo del sultanato, seguía siendo el hijo del poderoso Sultán, el único omega entre sus hermanos y el más amado. Si existía un obsequio mayor a ese, el alfa no dudaría en entregárselo y le daría su favor a cualquiera que desposara a su hijo y lo hiciera feliz.

Por eso, Taehyung preservó tan recelosamente la mano del omega, con el único propósito de entregárselo a un hombre que pudiera ayudarlo a conseguir sus objetivos y consiguiera proteger a sus hijos desde el puesto alto en el que lo colocara. Seokjin era el hombre indicado, no solo por ser su leal sirviente, sino también por el amor enfermizo que sentía por su hijo desde que era un joven de apenas 12 años, cuyos encantos lo habían hechizado hasta ponerlo de rodillas muchas veces.

Si la diferencia de edad hubiera significado un problema para el omega (pues Yeonjun apenas había cumplido los 17, mientras Seokjin rozaba los 35), Taehyung, tal vez, habría cambiado de planes; pero era conocido por todos que eso no significaba nada en la dinastía. No importaba nada más que el poder y la familia.

—Si usted me concede tal honor, Hāṣekī Sultan, le entregaré mi lealtad una vez más por el resto de mis días —juró, mientras se postraba a sus pies—. Eliminaré a sus enemigos con mi espada y dejaré el camino libre para usted una vez más.

Taehyung sonrió, orgulloso, conociendo lo que ese solo movimiento causaría para él.

—Así es, Seokjin… —respondió—. Tu lealtad es lo único que me entregarás a cambio de este hermoso y preciado regalo. Pero, debes saber que, si llegas a traicionarme, Yeonjun dejará de pertenecerte, para siempre.

—Se lo juro, mi señor. No le seré desleal, nunca.

Eso fue suficiente para él. Satisfecho, vio en Seokjin al hombre por el que apostaría para esa ambición, mientras él se encargaba de eliminar las pequeñas piedras en el camino por su cuenta.





Lo que Taehyung consideró una molestia minúscula pronto se convirtió en un verdadero problema, pues el Sultán había permanecido dentro de sus aposentos los días siguientes, teniendo como invitada nocturna a la misma concubina, sin el más mínimo remordimiento. Como era de esperar, el omega intentó olvidarse de ese asunto, centrándose solo en el tema de su hijo, pero fue difícil ignorarlo demasiado tiempo, pues los rumores comenzaban a esparcirse por todo el palacio como pólvora, convirtiéndolo en un esposo poco digno del Sultán, dejando de ser visible para él con una rapidez casi enfermiza.

Los rumores, por supuesto, no hicieron más que elevar su estado de molestia, convirtiéndolo en un león enjaulado que podría tomar medidas más extremas de continuar escuchando tales ofensas. Esta vez, sin embargo, no podía acudir a Seokjin como en anteriores ocasiones, pues el alfa se preparaba para ascender de rango, mientras cuidaba del bienestar de su hijo mayor, a quien parecía irle bien en su nueva residencia, pese a los cuestionamientos de muchos pobladores de la zona.

Taehyung lanzó su propio Başörtü hacia uno de los sillones, mientras respiraba entrecortadamente, sin obtener un alivio mayor al del sentido de venganza. Inhaló un poco de aire para calmarse, pero no consiguió hacerlo, sino hasta que su hijo apareció en la habitación, luciendo tan preocupado como solo él podía estarlo, después de haber escuchado los rumores infundados de las criadas del harem.

—Papá —saludó el joven omega, mientras realizaba una reverencia—, escuché los susurros de las criadas cuando venía a visitarte. ¿Es cierto lo que dicen? ¿El Sultán ha conseguido una nueva favorita?

Taehyung respiró hondo para no perder la paciencia frente a su hijo, pero le resultaba tan difícil que solo consiguió emitir un gruñido. Yeonjun, como era de esperar, bajó la cabeza por un momento hasta que el omega debió mostrarse mejor presentable para responder sus dudas.

Valide Sultan le envió un hermoso obsequio a tu padre y él lo recibió —mencionó con una serenidad poco creíble—. Nuestro Señor solo disfruta del presente enviado por su madre. No existe razón para preocuparse por algo tan banal.

Yeonjun sabía que su tranquilidad era fingida, pues podía vérsele en el rostro lo molesto que estaba por esa situación. No solo por su evidente ceño fruncido, sino también por los ojos color azul intenso que resplandecían con furia.

—Tal vez, yo podría hacer algo para hablar con mi padre y…

—¡Eso está prohibido! —exclamó el omega—. No puedes involucrarte en los asuntos de tu padre con tanta libertad. Él es el Sultán, el gobernador del mundo, y, sea agradable para nosotros o no, su voluntad siempre será ley. No voy a permitir que mis hijos tomen partida por mí, porque eso sería enemistarlos con su padre y eso no es aceptable.

—Entonces, papá, ¿continuarás sufriendo por esto todo el tiempo? —acusó el menor—. Sé que las reglas lo dictan de esa manera, pero no puedo ignorar el sufrimiento que cargas con una situación similar. Mi padre ha tenido favoritas en el pasado, ya que es el Sultán, pero ninguna te había afectado de tal manera. ¿Piensas que no he visto lo mucho que este asunto te molesta? ¿Debería quedarme quieto mientras tú sufres?

Taehyung observó a su hijo con ternura, tras comprobar que él conseguía entender sus sentimientos mejor que nadie. Ambos, siendo omegas, comprendían ciertas situaciones del otro con mayor conocimiento que los otros integrantes de su familia; pero, posiblemente, Yeonjun era quien mejor lo conocía, pues él lo acompañaba en sus exilios o castigos brindados por el Sultán, cuando cometía alguna locura que le disgustaba.

Así que era válido descubrir en él un enojo similar al suyo, aunque eso no significara que le guardara rencor a su padre. Jamás se permitiría ser gobernado por un sentimiento tan oscuro, siendo él tan amado y consentido por el alfa.

—Los problemas entre tu padre y yo no deberían perjudicar la buena relación que tienes con él —aconsejó, mientras se acercaba para darle un beso en la frente—. Yeonjun, recuerda que, entre tus hermanos, eres la adoración de nuestro Sultán por ser su único hijo omega. Pero, nunca des por sentado tal privilegio. Tu padre puede ser muy piadoso y permisivo cuando se trata de ti, pero jamás consentirá que lo desafíes. Así que, no te involucres demasiado, porque yo me encargaré de que esto no vuelva a ocurrir.

—¿Planeas hacer algo, papá?

Taehyung le dedicó una sonrisa, al mismo tiempo que peinaba sus cabellos.

—Déjame este asunto a mí, por favor, y procura vigilar a tus hermanos menores para que no se metan en problemas.

Yeonjun no parecía demasiado convencido con esas palabras, pues todavía era consciente del dolor que su padre sentía en el corazón tras escuchar tales rumores. Cierto rencor se instaló en su pecho al reconocer la crueldad de su abuela y del propio Sultán, pero no dejó que esto oscureciera demasiado su alma, pues no deseaba odiar a nadie en su familia. No era apropiado que lo hiciera, cuando el omega le repetía todo el tiempo que debía hacer todo lo posible por ayudar a sus hermanos y protegerlos de sus enemigos.

Esto podría haber determinado muchas de sus acciones y, aun cuando su corazón todavía permanecía roto por lo ocurrido con el alfa que amaba, no iba a permitir que ese tipo de debilidades lo distrajeran de su verdadero objetivo. Dejó ir el dolor para centrarse solo en sus hermanos y el peligro en el que estaban envueltos desde que sus enemigos decidieron colocarlos como objetivos de sus planes. Estaba dispuesto a tomar cualquier medida o aceptar una simple orden de su padre omega si eso le permitía ayudarlos.

Así que aguardó el tiempo suficiente, intentando averiguar qué planes ideaba Taehyung contra esa criada, pero todo descubrimiento debió detenerse cuando la presencia de alguien más fue anunciada por un criado. Yeonjun dejó ir las manos del omega por un instante, recibiendo en su visión la figura del alfa Seokjin, quien años atrás había sido su maestro en el arte de cuidar y montar a caballo.

—Mi príncipe —saludó el alfa, realizando una reverencia—, no sabía que se encontraba en este lugar. Lamento no haber traído un obsequio para usted también.

Yeonjun observó en sus manos el pequeño cofre que mantenía envuelto en una tela roja. No se había percatado del objeto hasta ese momento, por lo que dedicó al hombre una sonrisa débil, llena de ternura.

—No debe preocuparse, Seokjin Agha —dijo el joven príncipe con voz suave—, comprendo que se encuentra aquí para ver a mi papá.

—Fui llamado hace una hora, por eso, estoy aquí —respondió el hombre, más que encantado por tener una conversación breve con el príncipe—. Hāṣekī Sultan requiere mis servicios.

—¿Es acaso Seokjin Agha el hombre fiel que manejará este asunto a tu lado?

Taehyung, quien no se había perdido ninguna de las acciones del alfa, desde que ingresó a la habitación, tuvo una sonrisa enorme en los labios, lo que pareció extrañar al omega. Sin embargo, este abrupto no le impidió responder a su pregunta.

—Seokjin Agha fue a la provincia de tu hermano ayer, por lo que le pedí me trajera algunas joyas que solo confeccionan en Manisa —respondió—. Ya que es un hombre muy leal, debo pensar que consiguió lo que tanto le pedí.

—Por supuesto, mi Señor.

—Oh, que divertido —comentó el joven príncipe, sonriendo—. Espero que, en un próximo viaje, pienses en mí y le permitas a Seokjin Agha me traiga un bonito collar a mí también.

—Sus deseos son mis órdenes, príncipe.

Yeonjun volvió a sonreír con la gentileza que lo caracterizaba. Se despidió de su padre con una reverencia y también de Seokjin, siendo gentil al dirigirse a él. El alfa mantuvo una sonrisa intacta en los labios, como si esa corta conversación hubiese sido suficiente para él. Taehyung no tuvo reparo en señalarlo, una vez que su hijo desapareció por el pasillo, pues había detectado muchas veces ese tipo de comportamientos en su fiel sirviente. Si existía algo que podría desmoronar por completo a Seokjin, tras años de astucia, era solo un saludo del joven príncipe.

—Espero que el obsequio en tus manos sea de lo más útil; de lo contrario, haberle mentido a mi hijo tan descaradamente no habría servido de nada.

Taehyung se encaminó hacia la ventana, tomando asiento sobre el aterciopelado mueble y colocándose una vez más el Başörtü sobre la cabeza. Movió su mano hacia el alfa para que se acercara, después de que este por fin despertara de la ensoñación.

—El veneno que pidió hace unos días, Hāṣekī —dijo, abriendo el cofre—. Solo bastará un par de gotas para eliminar a cualquier molestia en su camino.

Taehyung tomó el pequeño frasco en sus manos, elevándolo hasta que la luz del exterior le mostró el contenido traslucido. Un líquido amarillo se extendía en el interior, teniendo ciertas muestras de veneno que se movilizaban de un lado a otro como burbujas. El veneno perfecto para terminar con la mujer que estaba arruinándole el buen humor los últimos días.

—Tal efectividad en un frasco tan diminuto —comentó, sonriendo—. Realmente, has conseguido elevar mi buen humor, Seokjin, pero todavía existe la cuestión de esa mujer. ¿Cómo podría entregarle algo semejante si es protegida por mi suegra y el propio Sultán?

—La estrategia que tengo en mente es un poco arriesgada, pero efectiva —informó Seokjin—. No puedo asegurarle que el Sultán no se enfurecerá con usted por hacer algo semejante, pero se quitará del camino una molestia demasiado pretenciosa.

—No temo al enojo de su Majestad, incluso si decide expulsarme del harem y enviarme al viejo palacio por un tiempo. Lo conozco demasiado y sé que, eventualmente, cuando su furia se disipe pedirá que regrese aquí con una excusa convincente. No puede evitarlo, porque, tanto como yo, todavía me necesita a su lado y no puede prescindir de mí con tanta facilidad.

Y, aunque muchas veces había visto al Sultán tomar otras mujeres por mero capricho, Seokjin era consciente de que las palabras del omega no eran mentira. Muchas veces, solo se encargaba de restregárselo para castigarlo o hacerlo enojar, pues siempre necesitaba de su presencia dentro del palacio. No por algo, Taehyung era su esposo legal y también el omega que había dado a luz a cinco de sus hijos, cuando la norma dictaba que solo debía tener uno.

—Podemos separar a su Majestad de esta concubina ahora que se encuentra ocupado con el tema de la guerra —dijo el alfa—. Ella regresará al balcón de las favoritas y, como en cada cena, tendrá que probar un solo bocado. Entonces, podría usted aprovechar la oportunidad para colocar este veneno entre sus alimentos.

—El Sultán cena con esa mujer cada noche, ¿por qué piensas que podría alejarse lo suficiente para que yo actuara? ¿No está también la presencia de mi suegra involucrada en este asunto?

—Bueno, es sabido que una petición del joven príncipe podría hacerle cambiar de opinión… —insinuó Seokjin.

—No deseo involucrar a mis hijos en esto.

—Lo sé, mi señor, pero no existe otra oportunidad para terminar con este problema. —Seokjin retrocedió unos pasos, dejando el cofre sobre la mesita decorativa—. Si el joven príncipe le pide a su padre cenar juntos, no tendrá el corazón para negárselo. Ordenará a su favorita que regrese a sus aposentos y usted tendrá la oportunidad perfecta.

—¿Y qué haríamos con Valide Sultan?

—Es conocido también que nada le importa más en el mundo que la dinastía. Un pedido del joven príncipe la apartará del camino con la misma eficacia con que el propio Sultan abandonará a esa omega durante la cena.

Taehyung soltó una risa corta, pero llena de satisfacción. Tal estrategia, incluso si involucraba a su hijo, no estaban tan mal elaborada. La sencillez era lo que merecía esa mujer, pues sus planes apostaban por algo más cruel para ella, un castigo mayor al de un simple veneno sobre su comida que podría alertar al alfa de lo que estaba haciendo a sus espaldas.

La argucia de Seokjin, sin embargo, le había parecido más prudente. Un movimiento sencillo en medio de una cena inocente. ¿Por qué no hacerlo, conociendo de igual forma el desenlace de esa historia?

—¡Nayeon! —mandó llamar, cuando el plan le pareció correcto. La mujer apareció poco después, realizando una reverencia frente al omega—. Pídeles a mis hijos que se preparen para cenar con su padre esta noche. Y también mándale una invitación a Valide Sultan, estoy seguro de que va a desear mucho pasar tiempo con sus nietos.

—¿Debo mandarle algún mensaje al príncipe Yeonjun? —preguntó astutamente la mujer, presintiendo el plan del omega.

—Deseo que vaya a visitar a su padre y se lo proponga él mismo. —Se encogió de hombros—. Si voy yo, seguramente no creerá que mi hijo es quien lo está pidiendo.

—Como ordene, Hāṣekī Sultan.

Cuando la criada salió y Taehyung encontró una buena forma de acabar con su enemiga, se dirigió a Seokjin, con la sonrisa intacta, y le dijo:

—Entonces, ¿has encontrado una ropa adecuada para tu ascenso?






No fue necesario que el Sultán escuchara una segunda petición para que despidiera a su favorita de sus aposentos esa noche en favor de su hijo. Bien conocido era que, entre todos sus hijos, a quien más cariño le guardaba era al príncipe Yeonjun, no solo por ser su único hijo omega, sino también por haber nacido la misma noche que la victoria se alzó para su ejército. Lo consideraba una bendición y el más noble de su familia, por lo que siempre estaba dispuesto a realizar cada uno de sus pedidos. Esta vez, no fue la excepción, por lo que el Sultán se reunió con sus hijos a la hora de la cena, siendo su madre también una de las invitadas principales.

Hoseok, quien había conseguido victorias para su padre desde temprana edad, fue el único buen candidato para heredar el trono tras la partida del Sultán anterior. Aun con hermanos que todavía deseaban desplazarlo, el alfa no había cometido un solo error, siendo guiado por su progenitora en cada una de sus decisiones, hasta conseguir el trono. Con apenas 21 años, ascendió como el gran Sultán del mundo, teniendo a muchos funcionarios arrodillados a sus pies, una vez que se encargó de poner orden en todo el imperio. Ganó guerras y anexó territorios con ayuda de su ejército, siendo proclamado el más poderoso de todos los Sultanes.

Parecía invencible para el resto del pueblo, pero poseía debilidades muy bien conocidas por todos en el palacio. Una de ellas era su familia y la otra, por supuesto, era su esposo.

—¿Taehyung no nos acompañará esta noche? —preguntó, cuando vio a todos sus hijos sentados a su alrededor, pero no al omega.

—Papá se ha encontrado indispuesto estos días, por favor, discúlpelo, su Majestad —respondió Yeonjun—. Después de… ciertas situaciones, ha preferido descansar en su alcoba.

Hoseok sonrió de manera cínica, al mismo tiempo que observaba a su madre.

—¿Continúa mostrándose indispuesto a nuestras reuniones, pese a ser esta una cena familiar con nuestros hijos? ¿No sería prudente que responda a mi llamado y asistiera?

—Le aseguro, su Majestad, que papá no actúa como un caprichoso en esta cuestión. Fui a visitarlo esta mañana y lo encontré enfermo. Tiene un constante dolor de cabeza que le impide salir demasiado de sus aposentos. Apenas ha respirado un poco de aire libre el día de ayer, cuando envió una carta para mi hermano Hyungseok.

—Parece que algo siempre está aquejándole cuando se trata de una petición realizada por el Sultán —comentó la madre de Hoseok—. Su enfermedad desaparece mágicamente cuando él se encuentra ocupado.

Yeonjun tuvo intenciones de responderle, pero prefirió guardar la calma. Su padre le había indicado esa misma tarde que no debía entrar en conflicto con su abuela, pues él sería el único culpable si ella decidía enfadarse durante la cena, por haberle comentado sobre los problemas que existían en su relación.

Por eso, decidió guardar silencio, aunque no fuera el único que se abrazara a esta estrategia, pues el Sultán no volvió a comentar sobre el tema y prefirió pasar tiempo con sus hijos, hablando con ellos sobre lo que habían hecho los últimos días. Yeonjun se esforzó por mostrarse alegre en su compañía, aunque todavía le pesara el corazón por su reciente ruptura. Mantuvo el buen ánimo durante la cena, haciendo sonreír también al Sultán, quien parecía disfrutar de ese momento familiar con entusiasmo.

Incluso si la ausencia de Taehyung todavía se mostraba en sus hijos menores, ninguno se atrevió a cuestionar su decisión, creyendo que el omega se encontraba en sus aposentos guardando reposo como bien había indicado el príncipe.

Sin embargo, y contra sus pensamientos, el omega se había dirigido de inmediato al balcón de las favoritas, realizando una jugada astuta, al mandar a todas las criadas del harem a los baños para asearse antes de dormir. Nadie más que él se encontraba en ese lugar y, teniendo toda la libertad en sus manos, ascendió hasta el balcón de las favoritas, donde encontró a la omega, junto a su compañera. Ella lucía feliz y llevaba un vestido amarillo de la más fina seda.

«Un regalo del Sultán, debo suponer», pensó.

Ambas omegas realizaron reverencias frente a él, conociendo el lugar que ocupaba en el palacio. A Taehyung, tal muestra de respeto, pareció no importarle, pues era sabido que sin importar lo que intentara decir para defenderse, dicha mujer no iba a continuar viva después de ese encuentro. No solo por haber pasado varias noches con su esposo, sino también por haberse convertido en el arma perfecta de su suegra en su contra.

—Luces muy contenta para ser una simple favorita, Aliah —dijo el omega, mientras daba un paso adelante—. ¿Es por qué nuestro Señor prometió llamarte esta noche? ¿O has caído en la trampa de la ambición al pedir más de lo que está permitido en este harem?

— Hāṣekī Sultan, le prometo que yo no me atrevería a tener tales aspiraciones con su Majestad —dijo de inmediato—. Todos aquí conocen que su corazón le pertenece solo a usted.

—Eso se te ha olvidado durante estos días, ¿o me equivoco? —Taehyung dio otro paso hacia adelante—. Te aliaste con mi suegra para obtener el favor del Sultán y, luego, quisiste restregármelo en el rostro. ¿O crees que olvidé que te has paseado por el harem con todas esas joyas preciosas, intentando llamar la atención de las criadas? ¿Qué gritabas a los cuatro vientos, Aliah? ¿No habías dicho que el Sultán ahora te prefiere y que pronto tendrías un hijo suyo?

—Hāṣekī Sultan…

—Es una pena que te hayas creído superior a mí solo porque acompañaste a su Majestad por las noches con tanta frecuencia, pero debes aprender que tu lugar nunca va a rivalizar conmigo. He dejado ya de ser un criado para convertirme en el esposo legal del Sultán. ¿Sabes cuanto tiempo me llevó conseguirlo, pese a tener su corazón? Y, ahora tú, vil serpiente, ¿crees que puedes igualarme con solo unas noches de sexo? —Taehyung empezó a reír—. Parece que las palabras aduladoras de mi suegra te han arrebatado el sentido común o, tal vez, nunca lo has poseído realmente.

Taehyung hizo un movimiento con los dedos hacia sus acompañantes, quienes rápidamente se pusieron en marcha contra ambas mujeres.

—Tu insolencia ha sido demasiado grave para que yo piense en perdonarte —amenazó—. Así que, ahora, me temo que deberás reunirte con las amantes que no conocieron su lugar en el pasado y terminaron falleciendo de manera inesperada.

La omega intentó pedir ayuda, pero se le fue impedido todo movimiento inadvertido. Una de las mujeres que lo acompañaban cubrió sus labios con una mano, impidiendo que las palabras se le escaparan. La otra omega, por su lado, debió ser desmayada por uno de sus sirvientes para que no se atreviera a decir nada sobre ese episodio.

—Espero que hayas disfrutado la compañía de mi esposo el suficiente tiempo, porque será lo último que te permití hacer en vida, querida Aliah.

La mujer todavía intentó defenderse, amenazándolo con recibir un castigo por haberla desaparecido, pero Taehyung no le tomó mucha importancia. Dejó la bandeja de comida sobre la mesa decorativa y, bañando de varias gotas de veneno un pedazo de pan, se lo introdujo en la boca. Incluso si la omega se negó a darle un bocado, el líquido ingresó en su garganta con extrema facilidad, condenándola a tener espasmos agresivos poco después.

Taehyung no pudo apartar la mirada de ella, cuando la vio convulsionando en el suelo, mientras vomitaba sangre a causa del veneno. Su piel fue poniéndose más pálida en cada esfuerzo para respirar. Sus ojos se inyectaron en sangre y sus manos sujetaron fuertemente su propio cuello, buscando un poco de aire fresco para llenar en sus pulmones, pero nada funcionaba. El veneno continuaba su rumbo con el paso de los minutos hasta obstruirle las vías respiratorias por completo. No sobrevivió más de cinco minutos, tras ingerir dicho líquido, y cayó muerta sobre la alfombra, portando todavía el vestido que esa misma mañana le habían obsequiado.

Taehyung suspiró con aburrimiento, antes de que su mirada se fijara en su acompañante. Pensaba dejarla viva un poco más, pero siendo ella su coartada perfecta, no iba a conseguirlo. Así que, como Seokjin se lo había indicado, dejó una carta de suicidio sobre la mesa, y ordenó a los sirvientes que la colgaran de un poste, incluso estando inconsciente. Ella murió unos minutos después de despertar, con la soga alrededor del cuello, observando como el esposo del Sultán había planeado culparla desde el primer instante.

Con ambos trabajos resueltos y sin un solo testigo que lo delatara, Taehyung abandonó el harem en silencio, escabulléndose por los pasillos que solo él conocía, hasta su alcoba. Midió el tiempo y supo que sus hijos todavía continuaban con el Sultán, por lo que decidió asearse y colocarse el camisón para dormir.

Ordenó a todas las criadas que mantuvieran en secreto su salida y que comunicaran su indisposición si alguno de sus hijos decidía visitarlo antes de regresar a sus aposentos. Luego, fingió dormir hasta que la noticia sobre la muerte de ambas criadas se esparciera por todo el palacio, pero el cansancio finalmente logró vencerlo solo diez minutos después.

La noche fue buena compañera para el omega, la brisa fresca que se adentraba por el balcón, el aroma a incienso que las criadas habían dejado para él esa noche, como si fuese un deseo silencioso de que por fin encontrara un poco de paz. Taehyung pareció sentirlo, a pesar de encontrarse dormido, como también sintió la mirada siniestra en medio de su alcoba, una sensación de peligro que le arrebató el sueño y obligó a que su cuerpo reaccionara casi de inmediato, al notar que alguien más se había hundido en su propia cama.

Taehyung tomó la pequeña cuchilla bajo la almohada e intentó agredir a la persona que se cernía sobre él como un buitre, pero el hombre fue mucho más rápido y consiguió someterlo, apretándole el cuello y recostándolo una vez más sobre el almohadón. Cuando Taehyung abrió los ojos una vez más y reconoció el aroma a menta característico de su esposo, un gran alivio se apoderó de su cuerpo, pero no fue demasiado prolongado, pues Hoseok lo observaba en medio de la oscuridad con los ojos carmesí resplandeciente, dispuesto a castigarlo por una ofensa que el omega no comprendía del todo.

—¿Otra vez estás jugando a mis espaldas, Taehyung? —le preguntó con una mirada tan escalofriante que el omega comenzó a temblar bajo él, mientras la presión en su cuello aumentaba—. Asesinas a mi favorita y niegas tu presencia durante la cena con nuestros hijos. ¿Deseas que te castigue severamente por estas ofensas?

Su aroma navegó alrededor de la habitación, como si intentara invadir ese espacio también con su presencia. Taehyung lo disfrutó en silencio, recordando lo mucho que adoraba ese tipo de acciones, incluso si atentaban contra su propia integridad. Su toque familiar, agresivo, apasionado; rápidamente acarició su corazón con una ternura que hizo sonreír ligeramente al omega.

—Finalmente, su Majestad, ha dejado su rencor de lado para verme —dijo con dificultad, sintiendo como los dedos del mayor se aferraban a su garganta para medir qué tanto necesitaba ser silenciado—. ¿Ha disfrutado de mi lejanía estos días?

—Taehyung… —siseó entre dientes, analizando cada uno de sus movimientos.

—Lo extrañé, Sultán —confesó el omega—. Cada noche pedí a nuestro dios que me permitiera tener una vez más su favor, pero siempre se negaba a verme. Ahora, su corazón finalmente me ha concedido una oportunidad. Usted se encuentra aquí, a mi lado, tocándome una vez más.

Y, como si necesitara hacerlo para que sus palabras fuesen aceptadas, el omega acarició la mano que apretaba su garganta con suavidad, intentando transmitirle sus sentimientos a través de una caricia tan simple, además de hacerlo con palabras.

Hoseok no respondió de inmediato, sopesando lo que el omega estaba intuyendo, una vez más desarmado frente a esa sumisión y lealtad eternas que determinaron su matrimonio desde el comienzo. La inspección le duró apenas unos segundos, pues reconocía en el omega al mismo hombre que una vez juró quedarse a su lado, pese a sus fallos o castigos, manteniendo el orgullo intacto, pero también el amor que lo ataba a él desde siempre.

—No vine a verte movido por el deseo; sino a buscar respuestas sobre la muerte de mi favorita —le dijo con tono serio—. Sé que has sido tú el culpable, como lo fuiste de muchas otras muertes en el pasado. No te esfuerces en buscar excusas, pues conozco tus formas para eliminar a tus enemigos, incluso si te esmeras en despistar a los miembros de la guardia real.

—¿Me acusa de esa muerte sin una prueba confiable, mi Sultán?

—Tú y yo conocemos los pecados que hemos cometido, Taehyung —le recordó—. Así que la falsa modestia no podrá convencerme de tu inocencia. Acepta tu delito y recibe el castigo por atentar una vez más contra la vida de una concubina de mi harem.

Taehyung no les brindó demasiada importancia a sus acusaciones, pues se encontraba tan enamorado de él que podría haber tomado la responsabilidad, incluso si no era el real culpable. Solo podría fijarse en esos hermosos ojos color carmesí que continuaban buscándolo en los pasillos y que se mantenían encendidos cuando lo acompañaba en sus ciclos de calor, dispuesto a tomar todo lo que el alfa estaba dispuesto a brindarle.

—No conservo más pecado que el de amarlo, su Majestad —respondió—. Desde mi primer día dentro de palacio hasta mi muerte, mi corazón será completamente suyo. No poseo más culpa que el de un omega enamorado, cuyos sentimientos siempre buscan su aceptación.

—El amor no se trata de poseer a la persona hasta arrebatarle todo, Taehyung.

—Pero, usted me ha despojado de todo desde siempre, mi Señor. —El omega le mostró una mirada suave, amorosa, tan tierna que el alfa no pudo quitarle los ojos de encima—. Mi voluntad, mi corazón, mi juicio; todo se lo ha llevado desde nuestro primer encuentro. Así que, incluso si eso no parece bueno para usted, no me culpe por el egoísmo con que mi amor se encamina. No, cuando yo he sido completamente suyo desde siempre y continuaré siéndolo hasta que decida abandonarme sin reparo.

Tales palabras dulces parecieron convencerlo un poco más, pues la presión en su cuello desapareció, dando paso a una caricia en su mejilla. Taehyung se acurrucó contra sus dedos, buscando ese calor familiar que extrañaba por las noches.

—Tu devoción no puede cubrir tal delito —le advirtió—; pero no puedo exiliarte de nuevo, cuando te deseo con tanto entusiasmo.

—Mi Sultán…

—Tu astucia me conmueve el corazón, Taehyung, pero también ha despertado en mí un deseo poco honorable. —Acariciando su mejilla, el alfa decidió emitir sus feromonas, causando muchas reacciones físicas en el omega—. Si mi madre se entera de que he disfrutado de tus celos con tan poca vergüenza, seguro me juzgaría. Pero, no puedo negarlo demasiado tiempo. Si acaso esperé un final como este para mi concubina, tras conocer tus celos, quedará en mi consciencia el resto de mi vida.

Una sonrisa siniestra se le dibujó en los labios tras confesar ese secreto, obteniendo solo una respuesta positiva de parte del omega. Taehyung, cada vez más embelesado por su presencia en la alcoba, no se negó a tomar asiento sobre la cama, quedando a poca distancia del rostro de su amado esposo.

—Si tanto has extrañado verme, ¿no deberías tener la gentileza de servirme con tu cuerpo una vez más, Taehyung? —le susurró, al mismo tiempo que acariciaba con los nudillos la mejilla ruborizada del omega.

—Mi cuerpo solo responde a sus caricias y necesidades, su Majestad.

—Entonces, acepta cada una de mis exigencias dentro de tu lecho, junto a ese corazón tuyo que se enciende del más apasionado amor —ordenó—. Ha sido un largo tiempo y no estoy de humor para aceptar más indisposiciones de tu parte.

Taehyung acarició la piel de su pecho, la cual salía a relucir debido a la túnica que vestía. El color dorado de su ropa advertía el alto estatus en el que se encontraba, pero también le recordaba que ese hombre, tan poderoso y arrogante, continuaba siendo su esposo y alfa, el mismo que se opuso a las costumbres y lo elevó a un puesto tan codiciado, pese a no tener un valor más grande que el de un simple criado.

Hoseok, sin embargo, parecía no responder con el mismo costumbrismo a ese dilema, pues continuaba prefiriéndolo por las noches, cuando le resultaba poco atractivo jugar con su paciencia. Todavía conservaba el recuerdo de su calor, junto a las noches compartidas en su juventud, sin que los hijos le quitaran su atención demasiado tiempo. Por eso, ahora que todos estaban en la edad adecuada para cuidarse solos, estaba dispuesto a someterlo una y otra vez a sus caprichos, aun cuando sus acciones lo hirieran. Pues sabía que Taehyung no respondería con lágrimas a tales travesuras, sino con el rastro de la sangre entre sus dedos.

—Si continúas enojado por mis aventuras, tendrás que alejar tu mal humor, cariño —le susurró el alfa, mientras deslizaba el camisón sobre sus hombros—; porque deseo que tu mente solo se dedique a complacerme esta noche.

Taehyung sintió la brisa helada sobre su piel, cuando el alfa le arrebató la ropa. Desnudo, bajo sus manos, no pudo hacer mucho para defenderse de su extremo éxtasis, ni tampoco tuvo el valor para alejarse demasiado. Acarició todo su cuerpo con la yema de los dedos, desvistiéndolo también, hasta que llegó a sus pantalones. La fina tela se le adhirió pronto a la piel, dejando en evidencia el bulto pronunciado bajo ella.

Dadas sus exigencias, Taehyung no pudo permitirse un poco de tiempo para acostumbrarse una vez más a la sensación del sexo, tras varias semanas en abstinencia. Tuvo que actuar rápido para que el alfa no se arrepintiera demasiado pronto de cederle el control; por eso, cuando Hoseok se acomodó mejor sobre la cama y lo invitó a reaccionar a la ola de placer que sus feromonas causaban, el omega no desaprovechó un solo segundo en pensamientos tontos. Se arrodilló sobre las sábanas y se inclinó lo suficiente para acariciar su miembro con la lengua.

El placer fue evidente para él, su rostro adoptó un tono rojizo, mientras usaba su boca para estimular la polla de su amante. Sus movimientos no fueron lentos ni pausados, entregó todo lo que poseía desde el primer segundo, la experiencia de haberlo hecho una y otra vez en el pasado, la familiaridad de ese calor en el interior de su boca, junto a los dedos enroscados en su cabello. Taehyung lo tomó tanto como pudo, alternando sus manos para que fuese mucho más placentero para el alfa. Pero, incluso así, sabía que no podría conseguir el éxtasis entre caricias delicadas, pues Hoseok nunca era un amante gentil cuando se entregaba al placer.

Siendo un alfa que amaba la guerra y se había conseguido muchas victorias en el campo de batalla con los años, la suavidad no era un término que conocía. No, cuando se trataba de algo ajeno a sus hijos. Solo en ese aspecto se permitía ser cauteloso y gentil, servicial para escucharlos, pero también estricto cuando lo requería. Un sultán que velaba por el bienestar de su imperio y las generaciones que lo sucederían.

Sin embargo, en el lecho no podía ser tan paciente. Su placer era lo primordial y, aunque muchas veces había compartido tal distinción con su amante, siempre fue autoritario en ese aspecto. Por eso, cuando Taehyung hundió su garganta lo más que pudo, el alfa no dudó en presionarlo constantemente, sujetando su cabello para que llegara mucho más profundo. El omega, como era de esperar, lo consintió, contagiado de la misma urgencia y el mismo placer.

Permitió que lo tratara con rudeza, que embistiera con fuerza en el interior de su garganta, follándolo sin piedad, como si intentara advertirle lo que pasaría con él solo poco después. Lo sintió tan vívido, tan transparente que no pudo sino ofrecerse a sí mismo para que descargara toda su furia y, cuando el alfa, por fin alcanzó el punto máximo de lo que la lujuria podía permitirle, le arrebató ese instante para observarle a los ojos directamente. Taehyung, con las mejillas empapadas de lágrimas, debido al placer, no hizo sino ofrecerse a su éxtasis una vez más, acariciándose el cuerpo para tentarlo a tomar eso que le pertenecía.

Hoseok, entonces, movido solo por su ambición y la urgencia de su cuerpo por liberar aquello construido en cada una de sus caricias, no se dejó engañar otra vez. Lo tiró a la cama, hasta que solo pudo ver su parte trasera y hundió su cabeza con una sola mano para que no se le ocurriera interrumpir sus acciones. Con la otra mano, masajeó el perfecto culo que se le presentaba, el mismo que estaba rebalsando en lubricante natural hasta deslizársele por los muslos.

Taehyung gimió tanto como se lo permitió la corta respiración que mantenía sobre los almohadones, mientras el alfa todavía mantenía sus dedos recorriendo la forma perfecta de sus glúteos. Lo acarició con una mano completa y dio ligeros golpes que pronto colorearon de rojo la piel perfectamente nívea de su intimidad. El omega no hizo sino mover sus caderas para tentarlo una vez más, hasta que los juegos previos le parecieron demasiado extensos para continuar.

—Mi hermoso omega, mi amor… —pronunció Hoseok—, haces que pierda el juicio cuando te presentas tan permisivo ante mí. ¿Es acaso tu manera de atrapar mi voluntad?

Hoseok masajeó su propia polla con su mano libre, aumentando las feromonas que intoxicaron la habitación demasiado pronto. Taehyung se llenó de expectativa, deseoso de volver a sentirlo en su interior, tras semanas de silenciosa distancia entre ambos. No podía permitirse cometer un error en ese instante, ni tampoco dar por sentado su propio encanto. Si el alfa lo consideraba tan poco conveniente para su vida, no le importaba demasiado. Había conseguido todo lo que siempre persiguió desde que fue llevado a ese palacio: poder, una familia y a ese apuesto hombre como esposo.

—Has permanecido a la espera de mi llamado, ¿no es así? —sonriendo, decidió acariciar su piel suavemente—. No te preocupes, cariño, antes de que parta a la guerra me encargaré de llenarte con mi semilla para que tengas otro hijo mío.

Taehyung gimió cuando lo sintió alinearse contra su agujero. El semen se deslizó por sus muslos, confundiéndose con su propio lubricante, enrojeciendo su piel. Deseó vivir ese momento un poco más, pero Hoseok no era nada cariñoso cuando se encontraba necesitado de su calor. Se hundió de un solo golpe en su interior, provocándole un gemido que casi desgarró su garganta.

—Entonces, podría nacer la misma noche que mi bandera sea colocada y sería una bendición como nuestro hermoso Yeonjun —susurró en su oído—. O podría nacer en mi regreso, cuando su padre haya obtenido una nueva provincia para que pueda manejarla cuando alcance la mayoría de edad.

Su aire de grandeza solo causó un estremecimiento en su cuerpo. Taehyung intentó sostenerse en la cama con los brazos, pero no fue permitido. Su esposo tomó ambas manos y las dejó tras su espalda, inmovilizadas por su propio tacto para que pudiera brindarle una visión mucho más privilegiada de lo sometido que se encontraba a sus deseos.

—No me importa las circunstancias de su nacimiento o si debemos batallar un poco más para criarlo con perfección —continuó—. Siempre y cuando sea un hijo tuyo, encontraré pocos defectos y lo amaré tanto como pueda.

—¿En su corazón… existe un lugar para otro hijo?

—Mi amor, ¿no te dije hace mucho que he dejado de buscar príncipes en otras concubinas? —Una risa se le escapó de los labios, arrogante, tentadora—. Si eres fértil, continuaré buscando una familia contigo. Y, cuando no lo seas más, me conformaré con los que tenemos. ¿No es mi promesa, después de todo? ¿Crees que un Sultán se atrevería a incumplir lo que juró en su noche de bodas?

El omega asintió en silencio, reconociendo con firmeza el sentimiento compartido por la permanencia de esa familia. Le permitió soñar con algo semejante, conociendo bien que estaba preso de ese amor inmenso hacia el alfa, y reaccionó a sus movimientos con el mismo ímpetu. Hoseok disfrutó esa complacencia y decidió acabar con el suplicio que le significaba el alargue de sus deseos. Empujó en su interior con un ritmo apresurado desde el comienzo, agresivo, sin un solo atisbo de piedad. Sus pieles se unieron una y otra vez en embestidas firmes y certeras. Taehyung sintió cada golpe con lucidez, cada uno de los dedos que presionaban su piel y dejaban su huella con tinta carmesí, cada gruñido emitido por lo estrecho que se sentía su propio interior.

Adoró las palabras del alfa entre susurros, las promesas de un amor eterno que coincidían con sus movimientos, la fragancia que lo envolvía hasta perder los sentidos. Reaccionó a cada uno de los estímulos y se movió con destreza en cada golpeteo, siguiendo su ritmo, hundiéndose en lo más profundo de su libido.

Taehyung lo adoró con la rudeza de un alfa que conocía su dominio, el aroma de hombre fuerte que se deslizaba entre sus sentidos, ese cuerpo lleno de cicatrices por batallas pasadas, pero también fornido y cálido. Lo extrañaba con una locura poco vista y estaba dispuesto a cometer cualquier delito en su nombre si eso conseguía sentenciarlo a solo pertenecerle el resto de su vida. No lo iba a negar, mucho menos detendría su ambición, no cuando tal semental había conseguido entregarle todo lo que deseaba con tanta facilidad.

Hoseok no se detuvo, continuó arremetiendo en su interior varias veces, vanagloriándose de aquel estrecho agujero que siempre se abría solo para él, acariciando el esbelto cuerpo del omega, como si se tratara de una obra de arte inalcanzable. No lo dejó descansar, a pesar de sus constantes gemidos lastimeros, pues creía que no era prudente hacerlo. Cuando su polla se encontró saciada y a punto de llegar a ese instante de alto placer, jaló de su brazo para reincorporarlo en la cama y cambió la posición de su cuerpo para verle el rostro.

Taehyung, ruborizado y lloroso, le dio la bienvenida con una mueca del más puro placer, con esa mirada intensa que llevaba escrito todo el amor que sentía. Tal devoción y lealtad no hizo sino enamorarlo un poco más, haciéndole perder la cabeza en medio de aquel delicioso sexo. Hoseok lo besó, como no había podido hacer las últimas semanas y permitió que el omega se abrazara a él, intentando aferrarse todavía a la poca cordura que le quedaba.

El beso fue largo, intenso, con ambas lenguas buscándose entre sí, mientras sus cuerpos se fungían en uno solo entre embestidas y sudor. Hoseok arremetió un par de veces más, hasta que no tuvo más autocontrol para alargar ese encuentro y eyaculó en el interior de su agujero. Taehyung, al recibir tal estimulación lo acompañó solo un poco después, rindiéndose en sus brazos cuando el cansancio lo descompuso por completo.

Las respiraciones entrecortadas de ambos y la liberación bastaron para que el alfa los recostara sobre las sábanas, intentando recuperar el aliento perdido en esa entrega. Hoseok sonrió de satisfacción y besó la frente de su compañero, sellando la promesa que había dicho minutos atrás y haciéndole ver que todavía guardaba un poco de ternura para él, pese a su agrio humor.

—Nunca puedes disimular demasiado bien tus intenciones, Taehyung —dijo el alfa, tras sentarse en la cama para ver mejor la noche en el exterior—. No llegué aquí con certezas de nada, pero declaraste tu crimen sin una pizca de remordimiento. ¿Sabes que puedo castigarte por hacerlo fácil para mí?

Taehyung también se reincorporó en la cama, aunque la fría brisa todavía acariciara su cuerpo desnudo, y se apoyó en el brazo de su esposo.

—Puede hacerlo, su Majestad —le dijo el omega, aun recuperándose de las sensaciones placenteras de minutos atrás—. Sabe que no voy a negarme si desea exiliarme otra vez. De todas formas, volveré aquí, a su lado, cuando el enojo abandone su corazón.

Hoseok soltó una risa corta que el omega adoró.

—¿He dejado de generar miedo en ti? —cuestionó, al mismo tiempo que elevaba su mentón con un dedo—. Tal vez, he sido permisivo contigo todos estos años…

—Mi corazón responder al miedo hacia su humor cambiante, pero también al amor que me es compartido desde hace mucho, mi señor —respondió—. Me necesita en este lugar para criar a los príncipes y para acompañarlo durante las noches. Me ama con la misma intensidad con que yo lo hago y sé que no podrá tenerme lejos mucho tiempo. Conseguirá perdonarme con una sola excusa que coloquen sobre su mesa.

—Si me casara con otro omega, ¿dejarías de pensar que eres el único en conseguir mi perdón?

—¿Lo intentará? —Taehyung lo observó con sus oscuros orbes lleno de temor, pero también de amor—. ¿Me arrebatará el título que ha creado para mí, sin importarle lo que eso causará en mi corazón? Aquí tiene a su fiel servidor, mi Sultán, no debe buscar a otros omegas.

—A este fiel servidor se le olvida que debe actuar con precaución mientras mi madre todavía se encuentre en este palacio. —Hoseok le sostuvo el rostro con una de sus manos, haciendo presión en su mejilla—. ¿Crees que pasará por alto la muerte de esa criada? Ahora piensa que me encuentro descansando, pero mañana todos en palacio lo sabrán y, sin importar qué artimaña has tejido esta vez, mi madre colocará la culpa sobre tus hombros.

Valide Sultan puede emitir todo tipo de comentarios si lo desea. La única opinión que atesoro y espero es la suya. ¿Es acaso la muerte de esa criada tan importante para que me desaparezca de su vida, su Majestad?

Aşkım*, Hayatım* —susurró—. No existe nadie con mayor importancia que tú en este palacio. Has llenado de alegría mi vida, así que mereces esta distinción.

—Mi Sultán… —dijo, acurrucándose en su tacto.

—Toma la vida que quieras, pero no tientes a la suerte —advirtió—. Si una acción tuya llega a enfurecerme, el castigo será severo. Y mi amor no podrá hacer nada por ti.

—Lo entiendo, mi Señor.

Hoseok volvió a besarlo, aunque esta vez solo dispusiera de suavidad para sus labios, junto a una caricia de sus finos dedos sobre su mejilla. Cuando el omega pareció volver a tener un buen humor, lejos del miedo o los celos, el Sultán pidió un poco de incienso para la habitación y tabaco para perder el sueño. Taehyung lo acompañó durante toda su estadía, después de haber disfrutado de sus besos un poco más. Y, cuando terminaron de hacer el amor por segunda vez, las reflexiones invadieron su conversación.

Taehyung no pudo privarse de la preocupación tras encontrar en sus palabras una dificultad futura durante la guerra. Se mostró inconforme con muchos de sus planes, pero no opinó más allá de lo permitido, pues deseaba conservar su tranquilidad.

—Tendré que ejecutar a uno de los Paşas de mi corte —anunció durante la madrugada, mientras Taehyung masajeaba sus hombros con suavidad—. Ha cometido algunos actos de corrupción a mis espaldas y, aun cuando merece una oportunidad por sus hazañas financieras, no puedo permitirle tales libertades. Ser compasivo no ayudará en nada.

—Sé que nuestro Gran Sultán tomará una buena decisión —respondió el omega—, pero, si me permite darle un consejo…

—Me gustaría escucharte.

—Si el puesto queda libre tras su ejecución, ¿no podría pensar en Seokjin Agha como su reemplazo futuro?

Hoseok lo observó en silencio, intentando descubrir si sus palabras tenían algo escondido o solo se trataba de un consejo inofensivo brindado por el esposo del Sultán.

—¿Tienes algún interés en ese hombre como consejero?

—Me temo que no conozco a Seokjin Agha más allá de lo permitido —respondió—. Pero, durante todos estos años ha servido fielmente a la corona. Al principio, como instructor de caballo de nuestro Yeonjun y, después, como maestro de armas de nuestros hijos menores. Le ofreciste el puesto de guardia del pasillo dorado y lo cumplió al pie de la letra, pese a lo mucho que me disgusta saber que otros omegas caminan por allí entre temporadas.

Hoseok acarició su mejilla, cuando supo que ese recuerdo estaba arrebatándole la serenidad.

—Sin embargo, he visto su diligencia, y considero que merece ese puesto más que nadie —continuó—. ¿No cree que su Majestad ha dejado ingresar a muchos funcionarios corruptos los últimos años y ahora merece un hombre leal que conoce su propia inferioridad?

—Elevarlo a tal distinción podría traerme desventajas también —señaló el alfa—. Habladurías que comenzarían a cuestionar mis decisiones.

—Nadie se atrevería a ofenderlo, después de conseguir la victoria en su próxima guerra. —Taehyung lo abrazó por la espalda suavemente—. Una vez que el Gran Sultán del mundo vuelva victorioso de su campaña, ¿existirá alguien que critique sus decisiones? Nadie podría vencerlo en su propio juego, mi Señor, nunca.

La extrema adulación no era una buena forma de convencerlo, pero sabía que en ese aspecto no existía otra salida. Cuando el alfa besó su mejilla con cariño, antes de tomarlo por última vez esa noche, supo que había implantado en su cabeza la duda necesaria para que lo meditara con detenimiento.

A los pocos días, el mismo hombre que una vez atrajo riquezas al imperio fue ejecutado por corrupción y enriquecimiento a costas del Tesoro imperial. Hoseok lo llevó a cabo como una reprimenda a los hombres que intentaban imitar su comportamiento, implantando un miedo generalizado entre sus súbditos, pues tal hombre parecía ser tan cruel como poderoso.

Taehyung esperó pacientemente a las noticias sobre el alfa que lo reemplazaría, batallando en silencio contra su propia suegra, tras descubrir que ella había colocado a su propio candidato sobre la mesa de posibilidades. La decisión del Sultán no solo iba a determinar por quién se veía más influenciado, sino también el poder que ganaría en cuestiones políticas desde ese instante.

Cuando las puertas de su habitación se abrieron, dando paso a uno de sus fieles sirvientes, supo que esa victoria estaba colocada en sus manos, elevando su estatus en silencio, hasta vencer a su querida suegra.

Taehyung no pudo evitar la sonrisa que se le formó en los labios cuando descubrió que esa misma tarde Seokjin había sido nombrado Paşa dentro de la corte del Sultán. Si alguno de sus enemigos se percató de ello, no le importó demasiado. La cámara de Paşas ahora le pertenecería y, con esto, el poder que acontecía sobre el gran imperio.

Esto era determinante para que consiguiera proteger a su hijo y al propio Sultán de sus enemigos. Estaba decidido a mantenerlo en su trono hasta que no le quedaran más fuerzas para reinar y, entonces, ningún hijo que no poseyera su sangre tomaría ese puesto. Solo los niños que él mismo había dado a luz y que significaban su unión con el esposo que amaba.

—¿Hay algo más que desee Hāṣekī Sultan? —preguntó Nayeon tras él, cuando lo descubrió en el balcón más alto del palacio, observando al horizonte.

El título que su esposo había creado para él pronto lo llenó de orgullo. El imperio que ahora le pertenecía, tras ser un pobre esclavo traído de tierras orientales, sería el lugar donde viviría hasta el día de su muerte. No perdería nada en el camino, sin conseguir algo a cambio, y mantendría para sí mismo el amor del Sultán, el calor familiar y el poder.

—Prepara a Yeonjun para visitar a su padre —anunció, al mismo tiempo que acariciaba su anillo de zafiros con suavidad—. Mientras más encuentros tenga con Seokjin, más rápido aceptará su futuro matrimonio con él.

Entonces, nada lo detendría en su camino. Ninguna suegra con los días contados, ningún hijo reacio a tomar por esposo a su sirviente, ni una criada que intentaba ocupar su lugar. Todo estaría en sus manos. Todo. Incluyendo el corazón del propio Sultán.



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