Introducción
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Todo aquello era inevitable, que un día le pillara uno de esos monstruos y se la comieran era inevitable, que se transformara en uno de ellos era inevitable, que los hombres siguieran utilizándola para que la protegieran era inevitable, que algún día moriría sola era inevitable. Pero prefería aplazar aquellos acontecimientos si estaba en su mano evitarlos. Gema de la Rosa era una mujer que había sobrevivido toda su vida con lo que tuviera en mano, si era su cuerpo era su cuerpo, si era su habilidad social era su habilidad social, si era su mínimas habilidades de enfermera eran sus habilidades de enfermera. Fuese lo que fuese ella nunca se rendiría y seguiría viviendo, seguiría hacia adelante ocurriese lo que ocurriese.
Por eso cuando se encontró con aquel grupo no dudó en mentir. ¿Estaba mal mentir a ojos de Dios? Si. Sin embargo estaba convencida de que Dios vería su acto como un acto de supervivencia, y sus pocas ganas de encontrarse tan pronto con él, así se autoconvence de que sus malos actos son actos guiados por Dios para no abandonar su divina tierra tan pronto.
Todos allí parecían buenas personas, desde aquel hombre tan guapo que le dijo que había sido policía hasta el granjero que le dejó acampar en sus tierras mientras le ofrecían agua y algo de comida.
"Espero que comprendas que todo lo hacemos por nuestra seguridad."
El hombre que parecía ser el líder del grupo le habló mientras le quitaba sus armas. No eran demasiadas, unos cuchillos y una pistola que logró robar del motel antes de abandonarlo.
"¡Lo comprendo perfectamente! No me conoces y debes mantener a tu gente a salvo, yo solo pido unirme a ese grupo que tanto proteges y puedo ser útil para vosotros a cambio, también protegeros con mi vida si hiciera falta."
"¿Cómo podrías ayudar?"
El otro policía habló, dijo que se llamaba Shane. Entre ambos parecían jugar al papel de poli-bueno, poli-malo y ella estaba más que acostumbrada a ellos.
"Antes de que todo ocurriera era estudiante de medicina, no se me daba muy bien así que lo abandoné para centrarme en ser enfermera. No es mucho, lo sé pero sigo estudiando y podría ser de ayuda."
"Dice la verdad." – el policía bueno, llamado Rick se dirigió al otro policía. – "entre sus cosas lleva algunos libros de medicina, quizás Hershel también se ofrezca para enseñarle."
"Como ya has dicho, ya tenemos a Hershel."
"Más ayuda no vendrá mal, sabrá cocinar y limpiar también. Hará lo que sea."
No sabía cocinar, no sabía limpiar pero si eso la ayudaba a sobrevivir aprendería de la mejor ama de casa que hubiese, no lo dijo para no quitarse punto del poli-bueno.
"También significa una boca más para alimentar."
"Por favor." – los interrumpió en un susurro y ambos le miraron. – "no seré una molestia, si falta algo de comer yo no comeré, seré la última siempre. Si hay que buscar comida lo haré. Pero no me dejen tirada."
Con sus ojos miró hacia sus propias manos con las que jugaba. Sabía tomar el papel de jovencita perdida, sin nadie y a los que los hombres estúpidos tomaban como su protección porque su cerebro de macho alfas no les dejaba pensar más allá de que era una mujer a la que podían tomar de todas las formas que ellos quisieran porque estaban haciéndole un favor.
"Está bien pero ella empezará hoy mismo a ayudar."
El poli-malo cedió y la miró por un instante, ella apartó la mirada. Sabía que a ese tipo de hombres les gustaba que lo retaran, al menos no públicamente porque luego en lo privado querían a una mujer que los dominara. Era el mismo cuento de siempre, y ella sabía jugarlo muy bien. Su profesión no le pedía solo tener un aspecto físico memorable sino también unas actitudes correctas para que la siguiente vez fuese escogida de nuevo.
Como había llegado casi en la noche las mujeres del lugar no le dieron demasiado trabajo, ninguna le había echado, ni le había insultado a lo que ella no estaba acostumbrada. Usualmente cuando una mujer la veía era porque era una prostituta como ella o porque había pillado a su marido yendo a aquel lugar y se enfadaba con ellos, si, pero ellas recibían también por parte de su enfado como si unas mujeres de la vida tuvieran una mejor opción que solo callar, follar y obedecer. Nadie pedía el acta de matrimonio en la entrada, si fuera así no entrarían ni la mitad de los clientes.
"Oye, debes estar cansada, ¿por qué no descansas?"
La mayor de ellas le dijo mientras le tomaba del brazo. La mujer canosa apenas había parado allí, tenía ojeras y muy mal aspecto. Como si llevaran muchísimo tiempo sin descansar.
"Tú deberías descansar también."
"N-no, yo aunque me tumbe seré incapaz de dormir."
Carol, así se llamaba se marchó dejándola con una mujer rubia que se llamaba Andrea, ella tampoco había parado en la cocina, al parecer prefería ir tras los hombres con aquel arma que sujetaba para terminar con los zombies también. No había nada de malo en ello pero para ella le parecía poco inteligente acercarse a esos seres si alguien más podía hacerlo en su lugar.
"No te lo tomes personal. Ella está mal por lo de su hija."
"¿Su hija?"
"Lleva varios días desaparecida y no hay ni una señal de donde pueda estar."
"Lo siento mucho."
Aquellas palabras podían ser las únicas que dijo de corazón desde que estaba allí.
Andrea la dirigió hacía el campamento donde había dejado sus cosas anteriormente y donde a partir de ahora dormiría con ellos. No era gran cosa pero tener un techo donde comer y pasar el día y gente con la que poder dormir para tomar turnos vigilar, aquel sitio era el cielo.
Al menos eso pensaba hasta que lo vio allí parado, viéndola llegar. No cambió su rostro, no movió ni un músculo, solo lo miró mientras Rick le explicaba quién era ella. Él la conocía y ella a él, no por nada se había criado en el mismo lugar y él había sido uno de los clientes que más le había visitado. Aunque al contrario de aquellas veces, el capullo de su hermano no estaba a su lado.
No abrió la boca, no le habló frente a ellos, guardó su secreto pero su mirada no le había dejado en toda la noche. Intentó dormir un par de horas sabiendo que para ese hombre ella era un libro abierto en un lugar en el que ella misma lo había cerrado con llave.








