Dominando a la Bestia (Monster Romance) [+18] [ACTUALIZANDO]

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Sinopsis

Dos reinos divididos por el odio. Un príncipe entregado como sacrificio. Y una bestia que resultó ser su única salvación. Lucian, el príncipe de Anthros, siempre creyó que la paz se escribía con tinta. Pero cuando su propio hermano lo traiciona, vendiéndolo en matrimonio a un tirano para consolidar su poder, Lucian comprende que, para su reino, él solo es una moneda de cambio. Sin embargo, el destino tiene otros planes. Durante un accidente termina cayendo al lago a punto de perder la vida una gran bestia lo termina salvando. Su salvador, Fenris, el imponente Rey Lobo de piel gris, quien lo reclama no como un trofeo de guerra, sino como un invitado bajo su protección. Atrapado en un reino de instintos, bosques ancestrales y secretos enterrados bajo la nieve, Lucian descubrirá que los verdaderos monstruos no siempre tienen garras... y que la libertad que tanto anhelaba podría estar, irónicamente, en el corazón de la bestia que le enseñó a amar de verdad. Nota: La imagen de portada utilizada no es de mi autoría ni de mi propiedad. Los derechos corresponden a su autor. Inicio [16/05/2026]

Genero:
Romance
Autor/a:
Sam_NM
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Para todas las personas que merecen una historia de amor

Nadie esta preparado para recibir a su padre en pedazos.

Mi padre no murió como se describía en los pasajes antiguos. No hubo últimas palabras poéticas ni una bendición final para sus hijos. Solo hubo el silencio abrupto de una corona cayendo sobre el lodo. Todo su cuerpo se encontraba destrozado: garras, cortes y su propia espada clavada en la mitad de su torso.

Más de una persona se perdió en la gran guerra.

Se suponía que se daba este llamado para terminar con todos los conflictos, pero lo único que ocasiono fue una era de caos.

Dos reinos, dos especies y la misma cantidad de sangre derramada.

El Reino de Terra siempre se enorgullecía de su belleza. Sus murallas de mármol, sus torres de caliza y las túnicas de seda de sus nobles pretenden proyectar una imagen de pureza y orden absoluto. Durante siglos, nos llamamos a nosotros mismos la cúspide de la creación, dividiendo nuestro territorio en siete regiones que funcionaban como los pilares de la civilización humana. Todas esas regiones tenían como gran jefe a Anthros, mi región.

Al otro lado se reencontraba El Reino de la Gran Grieta.

La otra cara de luna, aquellas tierras abandonan de toda imagen de salvación. En ellas habitaban las denominas bestias, animales que lograron adquirir conciencia, una aberración para Terra. Ellos no conocen el mármol; conoce el musgo, la madera vieja y el pelaje. Es un reino indómito, fragmentado en clanes de bestias que nosotros, en nuestra arrogancia, siempre consideramos inferiores. Pero el odio es un maestro eficiente, y tras décadas de escaramuzas, las bestias aprendieron lo que los hombres ya sabíamos: que un pueblo unido es un arma de destrucción masiva. Bajo el mando del Rey de Luperca se convirtió en leyenda ante alzarse con los humanos y poner fin a las discriminaciones ante la gran guerra.

La Gran Guerra no terminó con un tratado heroico, sino con el sonido de un cuerpo cayendo al lodo. Mi padre, el Rey de Anthros, murió en la última ofensiva en los valles del norte. No hubo gloria, una demostración que seguir perdiendo gente solo termina en la destrucción de ambos reinos.

Valerius, mi hermano mayor, fue quien tuvo que llenar ese vacío. Lo vi transformarse en una sola noche. Esa noche me contaba un cuento para intentar calmarme, soñaba con tener su confianza. Pero la calidez de su risa se extinguió, reemplazada por una rigidez oficial que parecía no darle descanso ni en sueños. La corona de oro que heredó de nuestro padre no era un adorno; era una carga que le obligaba a ver enemigos en cada sombra. Como nuevo Rey, Valerius se obsesionó con la fortaleza. Anthros estaba herida, sus recursos agotados y su moral por los suelos. Las regiones empezaban a dudar de la autoridad de un monarca tan joven, y el fantasma de la guerra acechaba en los pasillos del palacio.

De tal modo toda su juventud se esfumo para demostrar a toda su nación lo que era capaz.

Por mi parte, me convertí en su segundo al mando. Mientras Valerius se dedicaba a reconstruir los muros y a endurecer las leyes, yo me encargaba de la diplomacia. Creía que mi labor era vital. Pasaba noches enteras estudiando los borradores del Tratado de Paz Universal, un documento que buscaba silenciar los tambores de guerra entre Anthros y Luperca. Mi objetivo era simple: lograr que las siete regiones humanas firmaran primero, para que luego Valerius y el Rey de Lucian pudieran reunirse en una cumbre final y sellar el destino del mundo con una firma.

Creía que Valerius compartía mi visión. Creía que, al igual que yo, él quería evitar que más seres vivos tuvieran que recoger los retos de sus seres queridos en el campo de batalla.

Qué poco conocía al Rey en el que se había convertido mi hermano.

La mañana en que cumplía su décimo año en el reinado, Valerius me citó en el Gran Salón. El sol golpeaba los vitrales, proyectando sombras alargadas sobre los mapas que yo mismo había trazado con esperanza. Valerius caminaba de un lado a otro, con la mano siempre apoyada en el mango de su espada, como si esperara un ataque en cualquier momento.

—Las firmas regionales están casi completas, hermano —mencione, intentando romper el hielo—. Si logramos que la Región del Este se una al pacto, el nuevo rey de Luperca no tendrá otra opción que aceptar nuestros términos comerciales. Es la oportunidad que necesitábamos para terminar todo este caos.

Valerius se detuvo y soltó una carcajada que me heló la sangre. Era un sonido seco, carente de toda humanidad.

—¿Caos? —preguntó, girándose hacia mí—. El caos es lo único que mantiene a los hombres alerta, Lucian. Tú hablas de prosperidad y de buenos términos con las bestias, pero yo hablo de supervivencia. Ese tratado que tanto defiendes no es más que un trozo de papel que los lobos usarán para limpiarse las garras cuando decidan que tienen hambre otra vez.

—Es un proceso, Valerius —insistí, dando un paso al frente—. Según las cartas enviadas de la Gran Grieta ha mostrado disposición. Incluso menciona que el nuevo Rey de Luperca está intentando en generar un futuro estable. Si nos reunimos con él, si firmamos ese tratado después de las regiones...

—¿Tocarías a uno de ellos?

Me detuve en seco.

—¿Qué cosa dices hermano? —suelte entre risa—. Hablas como si ellos fueran una clase de plaga.

—No respondiste mi pregunta, Lucian.

—C-Claro que los tocaría, no son...

—Tienes miedo de esas bestias. Sabes que, con sus garras, esos dientes y esos ojos podrían devorarte sin la posibilidad que puedas defenderte.

—Eso no quita que hemos acabado con varios de ellos, la especie de aves casi están al borde de la extinción y ni hablar de los simios que solo quedan tan pocos que deben quedarse en otras regiones. Ellos perdieron tanto como nosotros...

De repente mi hermano libero su espada golpeándola en el suelo con gran intensidad.

¡CÁLLATE! —el grito de mi hermano resonó en las bóvedas, haciendo que los guardias en la puerta se tensaran—. Deja de tratar a esas Bestias como uno de nosotros, Lucian. No habrá apretones de manos con el monstruo que mató a nuestro padre. He permitido que sigas con este juego de diplomacia solo para mantener a los señores regionales tranquilos mientras yo aseguraba la verdadera salvación de Anthros.

Mi mente empezó a trabajar a toda velocidad, pero nada de lo que imaginaba me preparó para lo que vendría.

—He aceptado el tratado solo como una cortina de humo —continuó Valerius, su voz volviéndose gélida—. Mientras tú hablabas de paz, yo negociaba con el Rey Alaric de la Región del Este. Él desprecia a las bestias tanto como yo, y posee el ejército más grande de toda la humanidad. Pero Alaric es un hombre que no da nada gratis. No quiere promesas, quiere un ancla. Quiere unir su región al nuestro para que Anthros y el Este sean una sola fuerza imparable.

—¿Alaric? —el nombre me produjo náuseas. Era un tirano conocido por su crueldad—. Valerius, no puedes unirte con ese sujeto, es capaz de arruinar todo este proceso, nuestra madre...

—No nombres a esa traidora. Padre la asesina una vez que empezó a hablar cosas positivas de las bestias —levanto su espada acercando la punta de ella peligrosamente en mi cuello—. Debería hacerlo lo mismo contigo.

—Hermano...

—Pero hice un trato con Alaric. Quiere una alianza política sólida. Quiere al príncipe que conoce los engranajes de este reino. Te quiere a ti.

El mundo se detuvo. Sentí como si el suelo de mármol se abriera bajo mis pies.

—¿A mí? —susurré, incrédulo—. Soy tu hermano. Soy tu sangre. No puedes entregarme a un hombre como Alaric solo para ganar más soldados. ¡Estás perdiendo la cabeza!

Valerius me agarró por el brazo, apretando con una fuerza que me dejó moretones instantáneos. Sus ojos no mostraban piedad, solo una determinación manchada de locura.

—Reacciona, Lucian. ¿Crees que el reino de las Bestia está sentando esperando el tratado? De seguro estarán buscando la mayor alianza con todo su reino, todo encabezado con ese nuevo rey. Necesito que la boda se realiza lo más pronto posible, no pienso perder más tiempo que pueden aprovechar esos perros.

Me soltó con un empujón que me hizo tropezar. Me quedé allí, temblando, mirando al hombre que alguna vez me protegió de las pesadillas y que ahora me entregaba a una de carne y hueso. Todo mi trabajo, todo mi fuerzo no fue más que una distracción para no enterarme de la cruel verdad. No era un sacrificio por la paz; era un anzuelo para una guerra aún más sangrienta.

Valerius se ajustó la capa y se dirigió a la salida del salón, pero se detuvo antes de cruzar el umbral. No se dio la vuelta para mirarme cuando dictó su sentencia final.

—Sera mejor que te vayas despidiendo, Lucian. Una vez realizara la boda partirás como esposo del Rey Alaric.

Me causa gracia cómo fue la creación de esta historia; y es que, al igual que muchos de mis libros, se originó basándose en un ship, más exactamente en Bowser y Luigi. No me culpen por shippearlos, el internet me impulsó a alimentar mi mente romántica. Lo curioso es que siempre quise hacer una historia de ellos tipo La Bella y la Bestia, pero en versión gay, obvio. No fue hasta que decidí hacer un fanfic de ellos que, luego de pensarlo mucho (unos cinco minutos), opté traerlo a mi cuenta principal y, con ese fanfic, escribir mi primera historia monster romance con tintes de fantasía.

No soy fanático de la fantasía; en general, me suele molestar leer un libro de ese género. Pero no puedo imaginar otra historia con ellos como pareja donde no exista la fantasía. Claro que ahora no tenemos a una tortuga y a un fontanero verde; ahora son un príncipe y un rey lobo. Lo furro no se lo quita nadie.

En mis planes originales estaba que esta historia fuera un omegaverse de bestias. Pero como Ojos color de Luna ya tenía tintes de La Bella y la Bestia, no quise hacer otro omegaversecon ese estilo. Así que no habrá hombres embarazados, pero sí muchos encuentros sexuales. Gays, obvio.

En fin, espero que les interese mucho esta nueva historia. Desde aquí les digo: no esperen que cree una mega fantasía épica al estilo de Juego de Tronos o El Señor de los Anillos. Más bien será una fantasía más ligera, donde el romance es el punto clave.

Antes de terminar, vamos con las:

Advertencias:

La historia contiene escenas sexuales explícitas, lengua vulgar u obsceno, violencia, incluyendo asesinatos explícitos, tortura, gore, discriminación, racismo y xenofobia.

Por último, no soy el mejor escritor del mundo; soy consciente de que tengo dificultades con la escritura y la redacción. Les pido disculpas si la historia no les parece bien escrita. Si notan algún error, ya sea gramatical u ortográfico, estaré muy agradecido si me lo hacen saber.

Con todo dicho, espero que disfruten esta historia y estaré muy contento de leer sus opiniones.

¡Feliz lectura a todos!

Los quiero, bye <3

Fecha de Inicio: 16/05/2026