1 Concierto
El rugido de la multitud era una ola sónica que golpeaba contra el telón.
—¡Baby! ¡Baby! — resonaba, una marea humana ansiosa por su ídolo.
Detrás de la cortina, el camerino era un espacio reducido, una mezcla de glamour y caos. El aire olía a perfume barato, sudor y nerviosismo contenido.
Un espejo polvoriento reflejaba la imagen de Baby, rodeado por un equipo de maquillaje y vestuario que trabajaba frenéticamente. En una esquina, una pila de ropa cuidadosamente doblada; en otra, botellas de agua medio vacías y auriculares enredados. Pero el centro de atención era Baby, vestido con su imponente traje de cuero negro.
El cuero, brillante y ajustado, parecía una segunda piel, moldeándose a su cuerpo como si fuera una extensión de sí mismo. La chaqueta, de un negro profundo y casi aterciopelado, se ceñía a su torso, acentuando su figura esbelta. Los detalles eran mínimos, pero efectivos: cremalleras metálicas que brillaban con una luz sutil, y un cuello alto que le daba un aire de misterio. Los pantalones, del mismo cuero negro, se ajustaban perfectamente a sus piernas, terminando en botas altas que completaban la imagen de una figura poderosa y elegante.
Baby sonreía, un poco tenso, mientras Nanno, su maquilladora, le daba los últimos retoques.
—Listo para arrasar, ¿eh? —bromeó Nanno, guardando un pintalabios.
—Más o menos —admitió Baby, con una sonrisa nervioso —. Siempre hay un poco de mariposas.
Nanno sonrió.
—Normal. Pero eres un profesional, ya estás listo.
Minho, su manager, apareció de repente, con el ceño ligeramente fruncido.
—Baby, tenemos que salir ya. El show está a punto de empezar —dijo Minho, con un tono más apurado de lo normal.
Baby se levantó, estirando un poco los brazos. —Vamos.
Mientras caminaban hacia el escenario, Baby notó la tensión en Minho.
—¿Pasa algo, Minho? Te ves… preocupado —comentó Baby.
Minho suspiró nervioso
. —Es… mi esposa. Está embarazada y… bueno, estoy un poco nervioso... necesito tiempo para estar con ella.
Baby asintió con comprensión.
—Entiendo. No te preocupes, después del concierto te tomas unas vacaciones para que estés con tu familia, lo prometo.
Nanno, que los seguía, intervino.
—¿Estás seguro, Baby?
—¿Baby? —Minho se mostró preocupado.
—Sí, estoy seguro. ¿Qué podría salir mal? —sonrió Baby levemente.
Nanno lo miró con una mezcla de preocupación y resignación. —Pues… que tengas que buscar un nuevo manager, por ejemplo.
Minho palideció.
—¡Ah! Claro… Pero cuando vuelva… ¿seguiré trabajando contigo?
Baby le puso una mano en el hombro.
—Por supuesto, Minho. Eres como un hermano para mí.
Los ojos de Minho se humedecieron.
—Eres un ángel, Baby.
Baby le sonrió con calidez.
—Vamos,Ya es Hora.
Y con eso, Baby salió al escenario, listo para conquistar al público. Pero no sabía que esa decisión cambiaría su vida para siempre.
La multitud explotó en aplausos y gritos cuando Baby apareció en el escenario. Su sonrisa radiante y su presencia carismática hipnotizaron a todos. Comenzó a cantar
—Una y otra vez,Repetir después vivo en tu cabeza también en tu pies — baby, con su aura demoníaca, inició el canto — soy tu obsesión, tu revolución. Siempre tienes que adorarme, tu ídolo tan especial, sé que para siempre serás mi fan.
—Te fascina mi canción... Ven a darme tu alma y tu corazón— contino baby siguiendo la coreografía con sus bailarines de apoyo—-Tus pecados, ven a confesar,Sientes que mi voz, tu piel, podrá colmar—baby cantó mientras los fans gritaban más fuerte —Yo te pido, súmate a mi coro, mi canción te sale por los poros, dame tu deseo, te voy a mostrar lo que veo— siguió cantado mientras bailaba que los bailarines de equipo lo rodeaban —Mi brillo te embriaga y no quiere salir. Sí, justo yo vine a salvarte. No voy a parar, soy tu talismán, el más amado ,Con mi súper voz y mi estilo, tú me amas— Baby siguió con el rap, una sonrisa adornando su rostro-Gracias, porque ya soy viral y tengo fama, porque soy una fiebre que jamás se pierde, yo le doy sentido a tu existencia.
Baby alzó su mano Haci arriba y la cerro haciendo un puño y siguió cantando.
—Vivo en tu mente, hoy y para siempre te voy a soltar cuando ya no existas más. Mi canción te sale por los poros, dame tu deseo, todo ya consume el fuego, mi brillo te embriaga y no quiere salir. Ya nada puede salvarte, no voy a parar, tu dueño yo soy, soy el más amado.
El rugido de la multitud era un animal salvaje, alimentando la energía de Baby mientras cantaba y bailaba, entregándose por completo a la música y a la conexión con sus fans. Sus movimientos eran fluidos, precisos, una danza hipnótica que cautivaba a miles. No percibía el sudor que le corría por la cara, ni el latido frenético de su corazón. Solo existía la música, la luz, y la inmensa ola de amor que le llegaba desde el público.
En una habitación oscura y fría, a miles de kilómetros de distancia, una computadora transmitía el concierto en vivo. La única luz provenía de la pantalla, iluminando la figura encapuchada de un hombre vestido de negro. Sus manos, manchadas de sangre seca y brillante, sostenían un cuchillo con una precisión escalofriante. El silencio de la habitación era sepulcral, roto solo por el sonido lejano de la música y la respiración entrecortada del hombre. Sus ojos, ocultos bajo la capucha, brillaban con una luz enfermiza.
—Muy pronto… nos volveremos a ver, Baby — susurró, su voz una mezcla de veneno y fascinación. La sonrisa que se dibujó en su rostro era amplia, pero retorcida, una mueca que revelaba dientes afilados y una oscuridad aterradora. —Te lo prometo…
La cámara se movió ligeramente, revelando un detalle horripilante: detrás del hombre, en la oscuridad, se veían varias bolsas negras amontonadas en el suelo. La forma humana de su contenido era innegable, una macabra colección de víctimas.
—No te escaparás, Baby. Este concierto… es solo el preludio. La pieza principal… será nuestra danza final.
Él levantó el cuchillo, la hoja reluciendo bajo la luz de la pantalla. Su mirada se clavó en la imagen de Baby con una intensidad que congelaba la sangre:
—Tu final… serás una obra maestra de arte.
El hombre se volvió, su sonrisa aún presente, y se perdió en la oscuridad. La música del concierto seguía sonando, un contraste irónico con la escena de horror que había sido revelada. La inocencia de la música y la crueldad del hombre creaban una tensión aterradora, una premonición de un encuentro inevitable, un encuentro que cambiaría para siempre la vida de Baby.
Pero cuando salió del escenario, se encontró con una sorpresa inesperada. Un ramo de flores y una nota que decía
"Te estoy esperando". La nota no tenía firma, pero Baby sintió un escalofrío en la espalda.
¿Quién podría haber escrito esa nota? ¿Y qué querían de él? Baby se sintió inquieto y miró a su alrededor, pero no vio a nadie sospechoso. Minho y Nanno estaban allí, sonriendo y felicitándolo por su actuación.
Baby se sintió cada vez más incómodo mientras miraba la nota y las flores. Minho y Nanno parecían no darse cuenta de su inquietud, pero Baby sabía que algo no estaba bien.
—¿Quién podría haber dejado esto aquí?— preguntó Baby, mostrando la nota a Minho y Nanno.
—No lo sé, pero no te preocupes. Seguramente es solo un fan que quiere llamar tu atención— dijo Minho.
Pero Baby no se convenció. La nota parecía demasiado personal, demasiado intensa. Y las flores... parecían estar muertas, como si hubieran sido arrancadas de la tierra con violencia.
—Vamos a ignorar esto y a centrarnos en la celebración— dijo Nanno, sonriendo.
Pero Baby solo suspiró, cruzado de brazos —No, no quiero celebrar. Solo quiero volver a casa. Estoy cansado—.
Minho y Nanno se miraron entre sí, preocupados.
—¿Estás seguro de que estás bien, Baby?— preguntó Minho.
Baby asintió incómodo.
—Sí, estoy bien. Solo necesito descansar.
Minho y Nanno asintieron y se dirigieron hacia la salida. Pero mientras caminaban, Baby no podía sacudirse la sensación de que algo no estaba bien..
La puerta del departamento de Baby se cerró con un suave clic, dejando atrás el bullicio del concierto y la tensión del encuentro con Minho. El apartamento, aunque pequeño, era un santuario de calma. La luz tenue de una lámpara de escritorio iluminaba el espacio, creando una atmósfera acogedora que contrastaba con la oscuridad que acechaba en la mente de Baby. Minho, su manager, se despedía en la puerta, la preocupación grabada en su rostro.
Minho extendió una mano, entregándole un silbato pequeño y discreto.
—Para casos de emergencia, Baby. No te burles. En serio. Cuídate.
Baby quiso reírse, pero la seriousness de Minho le impidió hacerlo. Aceptó el silbato, deslizándolo en el bolsillo de su pantalón. Era consciente de su vulnerabilidad como Omega, una vulnerabilidad que se amplificaba ahora que Minho, su protector habitual, se alejaba para estar con su esposa embarazada.
—No te preocupes, Minho — dijo Baby, forzando una sonrisa—. Mañana mismo voy a la agencia y pido más seguridad. Además, no soy tan indefenso como parezco. Sé defenderme.
Minho asintió, pero su expresión seguía preocupada.
—Lo sé, Baby, pero… ¿qué pasa si un Alfa usa su voz de modo? Sabes que eso puede… anular tu voluntad.
Baby palideció ligeramente. Era una posibilidad real y aterradora. La voz de un Alfa en modo, una frecuencia específica diseñada para someter a los Omegas, era una herramienta poderosa y peligrosa en manos equivocadas. La idea de ser manipulado, controlado, le heló la sangre.
—Lo sé… — susurró Baby, pasando una mano por su cabello.—Pero haré todo lo posible para evitarlo. Mantendré mi teléfono siempre cerca, y… y trataré de estar en lugares públicos.
Minho le dio una última palmada en el hombro, un gesto reconfortante y protector.
—Cuídate, Baby. De verdad. Te quiero como a un hermano.
—Y yo a ti, Minho — respondió Baby, con una mezcla de gratitud y miedo.
Minho se fue, dejando a Baby solo en su departamento. El silbato en su bolsillo era un recordatorio constante de su vulnerabilidad, un símbolo de la protección que ya no tenía tan cerca. La calma del apartamento era engañosa.